No hago más que bajar a Urgencias cuando uno de los nuevos residentes me intercepta con una enorme sonrisa.
- ¿Usted es el doctor House?
Lo miro burlón.
- ¿Y qué si le digo que soy un paciente?
- Alto, ojos azules, barba de unos... cinco días, y bastón con flamas... - señala cada cosa que menciona con la mano derecha mientras se toma la solapa de la bata con la mano izquierda. - Es House, - afirma convencido. Y vuelve a sonreír.
- ¿Qué quieres?
Rebusca en su bolsillo y saca un papel. Y tiene letra de ella.
- La doctora Cameron me dio esto para usted... Ella acaba de terminar su turno.
Le arrebato el papel bruscamente y me mira satisfecho. Parece esperar algo.
- ¿No tienes trabajo que hacer aquí?
Mete las manos en los bolsillos y me mira. Ya quiero borrarle esa sonrisa de un bastonazo en los dientes.
- Mi turno empieza en cinco minutos. Y tengo órdenes de escuchar lo que responda a la pregunta que está en el papel.
Le devuelvo la mirada alzando una ceja. Y en silencio me cuelgo el bastón del brazo para leer la nota más cómodamente.
"¿De verdad que sabes dónde encontrarme? Se me murió un paciente y he ido a enterrarlo."
Dejo caer mis hombros y se me escapa un suspiro. Siento la mirada del residente clavada en mí. Mi cabeza vuela y cierro los ojos en un esfuerzo por abstraerme de mi ruidoso entorno. ¿Qué tiene que ver un paciente muerto con que yo la encuentre? ¿Y por qué va a enterrarlo ella? ¿Acaso se consiguió un trabajo de medio tiempo para pagarse la tintura rubia? De verdad que no la veo de sepulturera...
Levanto la cabeza cuando veo la chispa de luz en mi cabeza. Y el medicucho me sigue sonriendo curioso.
- Monster Trucks, - digo. Y él vuelve a meter la mano en el bolsillo para sacar un paquetito que me extiende.
- Le deseo buena suerte, doctor House, - llega a decirme antes de voltear y entrar a Urgencias. Pero ya no le presto atención, todos mis sentidos ocupados en rasgar el papel. Se me cae una llave que me apresuro a recoger mientras leo otra nota adjunta.
"La llave de tu moto, para que no tengas que subir a Diagnósticos. Tu casco está en poder del guardia de seguridad."
Corro al estacionamiento. Eso, si a lo que yo hago puede llamársele "correr", pero no es momento de divagar sobre ello ahora. La cuestión es que, aprovechando el fin de mi propio turno, en menos de cinco minutos estoy en la carretera, conduciéndome al estadio de choque de autos, lugar donde se organizara la exhibición de Monster Trucks hace unos años. Nuestra "no-cita".
Para cuando llego ya es de noche. Y agradezco que San Valentín ha caído en día laboral; de lo contrario esto estaría lleno de parejitas melosas y globitos rojos con forma de corazón. Y optaría por marcharme sin siquiera averiguar por qué diablos Cameron me ha enviado aquí.
Nada más quitarme el casco y veo que se me acerca un tipo vestido de empleado del correo.
- ¿Es usted Gregory House?
- ¿Quién pregunta? - le espeto. El tipo (negro y con pinta de jugador de básquet) me sonríe (¿por qué diablos todo el mundo me sonríe hoy?). Se quita una enorme mochila de la espalda y la apoya en el suelo para abrirlo y buscar algo dentro. Tras un minuto saca un sobre de papel madera y una enorme agenda electrónica que pone en mis manos.
- Firme en la pantalla con ese lapicito que está ahí. Tengo un sobre para ested de parte de... - consulta el remitente con cara rara. - ... ¿la sepulturera?
Ruedo los ojos divertido.
- Sí, es para mí, - afirmo mientras dejo mi autógrafo en el aparato. Y cuando se lo devuelvo me da mi sobre, pega media vuelta y desaparece sin dejar rastro.
Yo ya estoy ocupado en mi sobre. Esta vez lo abro con cuidado para evitar que se me caiga algo importante, pero al meter la mano y echar un vistazo descubro que sólo trae una carta.
"Tú también eres un puzzle para mí. Uno de esos de 1000 piezas que parecen que podría pasar una vida antes de que lo resuelvan.
Tú me has quitado una pieza, y es la que te falta para resolverme. Búscame en el mismo lugar donde te la llevaste.
Parece que son dos los puzzles que pueden resolverse esta noche."
La parte inferior del papel está doblada envolviendo algo y engrapada. Al palpar con mi pulgar puedo decir que hay algo pequeño, cuadrado y duro allí. Y me desesperaría por ver qué es, pero otra escritura junto a la grapa me está deteniendo.
"Aquí dentro está la pieza que me falta. Cuando ya no se te ocurra en qué pensar para averiguar qué es, abre esta solapa y encontrarás la pista."
Leo y releo las líneas una y otra vez, intentando descifrar lo que quiere decirme. A ella le falta una pieza... ¿pero qué pieza? Un tornillo no es, no creo que esté loca... Bufff... Esto está más difícil que cualquiera de mis casos difíciles. Sigo pensando... pero a decir verdad la sola idea de que ella haya pensado acertijos para mí me tiene embotado... Así que quito la grapa y abro el doblez del papel.
Y entonces comprendo todo.
Porque pegado a la hoja hay un trocito de espejo donde veo reflejados mis propios ojos.
Y entiendo que lo que ella siente que le falta... soy yo.
Una hora más tarde, en el restaurante de nuestra cita, le coloco en el cuello una cadenita con un dije en forma de pieza de rompecabezas. Y miro el brillo en sus ojos sabiendo que ambos estamos completos. Porque, como piezas de puzzle, nosotros dos encajamos perfectamente.
FIN
