Cap.2

Goenji caminaba rápidamente por la ciudad mientras que arrastraba a Aphrodi detrás suya. Este se estaba muriendo de vergüenza y de nervios, el pelos-parados le había contado un gran secreto, le había quitado su primer beso y encima ahora ... ahora quería ... a Aphrodi se le salían todos los colores con sólo pensarlo.

Ya era de noche, y las luces de Inazuma Town estaban encendidas. Pasaron por una calle bastante ancha y llena de gente y tiendas. "Rebajas ..." Pensó despreciativamente el rubio. De repente se chocó con alguien, con la espalda de Goenji más bien, quien se había parado de repente y se encontraba mirando una tienda de helados. En ese momento se giró y miró a Aphrodi soltando una sonrisita pícara.

- ¿Te apetece un helado? – preguntó.

- Si pagas tú ... – contestó el peli-largo.

- Por supuesto – dijo y entró en la tienda con Aphrodi tras suya.

Aphrodi se paró y se quedó mirando atónito la tienda. Era increíble, las paredes, naranjas y verdes, contenían dibujos de helados con caritas, el techo era iluminado con luces de colores, y el suelo, de baldosas que iban cambiando de color. Más que una heladería parecía una discoteca.

Goenji se acercó al mostrador y llamó a Aphrodi, quien se había quedado totalmente embobado con la decoración.

- ¿De que lo quieres?

- ¿Eh? ¡A si¡ Emmm ... pues – miró la lista de helados y puso esa carita de pensativo, consiguiendo que fuese ahora el pelos-parados quien se sonrojara. – ¡ De fresa por favor ! – dijo alegre.

- Una copa XL de fresa por favor.

- ¿Una copa? – preguntó el pelos-largos curioso.

- Tú ve a coger asiento, ya iré yo después.

Aphrodi obedeció sin rechistar y al rato Goenji volvió con un helado, el helado, una gigantesca copa de unos 60 cm de diámetro llena de helado de fresa con dos cerezas y dos lindas cucharitas rosas.

- ¡¿Pe-pero que coñ ...c-crees que me voy a comer todo eso?

- No te confundas, nos lo vamos a comer, entre los dos.

Dicho esto se sentó al lado del rubio, cogió una de las cucharas, un poco de helado, y se lo comió, chupando la cuchara al acabar. Aphrodi le miró con los ojos abiertos como platos y sonrojándose con el último gesto del pelos-parados.

- Tu turno- dijo el delantero de fuego mirando sensualmente al otro rubio.

Este cogió la otra cuchara y repitió los pasos del otro, chupando la cuchara aun más sensualmente. Así estuvieron un buen rato, como dos idiotas, sacándose los colores mutuamente hasta que el helado se fue acabando dejando solamente las cerezas. Aphrodi cogió una, la mordió y miró a Goenji, diciendo demasiado. El pelos-parados hizo lo mismo con la otra mitad de la cereza y, después de sacarse el molesto hueso de la boca, cogió al otro por la cintura y le besó, compartiendo la sabrosa fruta. Como la heladería estaba vacía le daba igual, no había nadie ahí que les conociera e igualmente no pasaba nada por la imagen afeminada del pelos-largos.

Volvían a caminar por la calle, igual que antes, Goenji delante y Aphrodi detrás, quien se moría por lo ocurrido el la heladería. Ese chico era increíble besando, igual que con el fútbol, dejaba fuego allí por donde pasaba.

Otra vez, se chocó con la espalda del pelos-parados, esta vez, en frente de una juguetería, bueno, más bien una "peluchería". La verdad es que todos los peluches del escaparate eran realmente lindos, había perritos azules muy chiquititos, cocodrilos verdes con pajaritas un poco más grandes, y así hasta llegar a unos increíbles osos panda multicolor casi tan grandes como él.

- ¿Pasamos? – dijo el pelos-largos y miró a Goenji, quien se encontraba observando la tienda con la misma cara con la que miró al campo de fútbol. – Goenji, ¿qué pasó aquí?

- En esta tienda le compré hace tiempo un panda de esos. – Ok, definitivamente, Goenji era el novio ideal, pensó el pelos-largos.

- ¿Quieres pasar? – dijo el capitán del Zeus.

- No, mejor, vamos a mi casa, ya es muy tarde y la caravana Inazuma nos queda muy lejos. Aphrodi, quédate a dormir, estaremos solos – Aquello no era una proposición, era una orden a la cual no se podía decir que no, pero Aphrodi era muy Aphrodi.

- ¡Pero Goenji¡ ¡¿Es que tú no tenías pareja?

- Tenía, tú lo has dicho. – hizo una pausa – Si quieres ... te lo explico en mi casa.

Aphrodi se limitó a asentir y le siguió. Llegaron a un edificio blanco, aunque no muy alto. Entraron, subieron por el ascensor, y pararon en la cuarta planta. Entraron en el piso de Goenji, se notaba que tenía dinero, no llegaba al nivel de Kidou, ni mucho menos, pero tenía. El lugar tenía una decoración moderna, paredes blancas, con cuadros y fotos. El pelos-parados le condujo hasta su habitación, le dio algo de ropa y, señalando el baño, le dijo que se duchara. Aphrodi aceptó encantado, una ducha no le vendría mal.

Mientras el pelos-largos se duchaba, Goenji se sentó en el sofá y empezó a pensar en todo lo sucedido aquel día. Comenzaron el entrenamiento por la mañana como siempre, después habían parado para comer y habían continuado con el entrenamiento de la tarde. Una vez terminado este, decidió ir al hospital a ver a su hermana y a Someoka. Al salir se encontró con Aphrodi y fueron al campo de fútbol, allí le contó todo lo que sentía por cierta persona y cometió la mayor locura del día, le besó, aunque lo había hecho por pura necesidad, falta de roce. Después se lo llevó de allí, llegaron a la heladería donde cometió la segunda locura, pasaron por la "peluchería" y allí se encontraba, pensando en el tercer y último acto del día para saciar su necesidad y enseñarle a Aphrodi lo que es el amor.

El capitán del Zeus había acabado hace rato de ducharse, pero se había quedado sentado en la taza del váter del cuarto de baño de Goenji pensando en lo que podría pasar si salía de allí, pero claro está, no podía quedarse en aquel baño para toda la eternidad, así que salió temeroso de lo pudiera pasar esa noche. Fue al cuarto del pelos-parados y dejó allí su ropa, entonces le buscó por la casa y se lo encontró tirado en el sofá con la mirada baja. Puede que se hubiera arrepentido de todo lo sucedido, quizás hubiese sido mejor haberle parado los pies, aunque la verdad era que le tenía intrigado con todo lo referido a esa persona que le tenía enamoradito. Se acerco a él y se sentó a su lado, apoyando una mano en la rodilla del otro a la vez que le hablaba.

- Goenji, me tienes preocupado con tanto misterio, por favor, puedes contarme todo, no le diré nada a nadie ...

El llamado le miró, y notó como la sangre empezaba a salir de su nariz. Aphrodi se encontraba en frente suya, con todo el pelo mojado, que estaba empezando a empapar su camiseta haciendo que se le marcara su precioso cuerpo. El pelos-largos sólo atinó a sonrojarse al ver la reacción del otro y a taparse.

- ¡¿Es que no se te puede hablar en serio? - se quejó.

- ¡No es culpa mía! ¡Eres tú por presentarte así delante de mi! - se defendió el otro mientras se tapaba la nariz como podía – Ahora voy a ducharme yo – se levantó del asiento y se alejo, parándose en la puerta del salón – si quieres cenar algo ahí está la cocina, no te preocupes, mi padre estará en el hospital toda la noche, me llamó antes para decirme que tenía mucho trabajo hoy.

Dicho esto se fue. Aphrodi no tenía hambre después de haberse comido aquel helado, así que simplemente se quedó por ahí mirando y cotilleando la casa. Vio varias fotos de la familia de Goenji, de pequeño era realmente lindo la verdad, pero lo que más le llamó la atención fue el padre de este y su madre. A él se le veía feliz en algunas fotos, pero se dio cuenta de que había otras pocas en las que la madre de Goenji no salía, y todos parecían bastante más serios. Se imaginó el motivo.

Por fin, después de un rato el pelos-parados salió del baño y encontró a Aphrodi en la entrada, mirando un bonito cuadro que representaba el fondo del mar. El capitán del Zeus le miró y fue ahora él quien se tuvo que tapar la nariz. Ahí se encontraba Goenji, con el pelo mojado al igual que él, pero sin camisa.

- ¡Luego me dices a mi! ¡Tápate! – le gritó.

- Esta es mi venganza – se acercó a él, le cogió de la mano y lo arrastró hasta su habitación, tirándole encima de la cama y colocándose sobre él. – Vamos a por la tercera locura del día ... Aphrodi.

Se acercó a su cuello y empezó a besarle dejándole marcas y chupetones. El pelos-largos se mordió el labio de abajo mientras se moría de vergüenza.

Aquella noche iba a ser larga ... y muy divertida.