Capítulo 2
CONFESIONES Y CONMOCIONES: Entre el Cielo y el Infierno.
Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi y TOEI Animation Co., 1976.
1915 En algún lugar del Atlántico.
Alistear estaba muy nervioso, demasiado a decir verdad. Eran las tres de la mañana y, obviamente al joven le costaba trabajo conciliar el sueño.
-Es la primera noche que paso con Candy –el joven sonrió débilmente - ¡Vaya! Esa frase se escucha bastante comprometedora –reflexionó mientras que un arrebatador sonrojo lo invadía. El solo hecho de pensar el significado implícito hacía que las hormonas del joven se desbordaran.
Sus labios se curvaron en una sonrisa seductora. Solo así: En sus momentos a solas, Alistear Cornwell podía darse el lujo de hacer su sueño de adolescente realidad. De pronto la imagen de Patricia se apoderó de su memoria.
-No. No puedo hacer esto. No puedo regresar al pasado –Stear suspiró resignado –ella no se lo merece-. Stear trató de contener todos sus sentimientos que cuál remolino lo arrastraba. Solo que en este caso, el muchacho podía sentir cierto gozo por ser arrebatado por el remolino.
La falta de sueño del primogénito no era el incómodo sillón en el que estaba pasando la noche. Les habían asignado una habitación conyugal a "Los Cornwell", sin embargo, obviamente, la pareja no compartiría el lecho y, pese a la insistencia de Candy en ser ella la que ocupara el sillón, Alistear no se lo había permitido. Era un caballero y nunca permitiría que su damisela durmiese en semejantes condiciones.
Aunque la falta de sueño de Alistear no era precisamente el incómodo sillón o el vaivén de las olas del mar que estaba ligeramente embravecido. Estaba en una especie de estado híbrido. Era celestial porque no podía creer la imagen de Candy profundamente dormida, totalmente exhausta por las lágrimas que había estado derramando durante toda la tarde. Mirarla ahí, hasta cierto punto tan débil y tan ausente del peligro en el que estaban colocando su vida era una imagen totalmente conmovedora para el chico. Ese angelical rostro tenía la peculiaridad de llenarlo de amor y nostalgia por una adolescencia feliz. En cambio, el muchacho también sentía un infierno. No podía comprender qué había llevado a Candy a separarse de Terry si él mismo la había visto partir con la sonrisa llena de esperanza al encuentro del joven aristócrata. Además, estaba el hecho de que le preocupaba la reacción que seguramente habrán tenido los Andrew al encontrar su carta y, por si eso hubiese sido poco, Alistear y Candy habían llevado personalmente una misiva al consorcio Andrew dirigida al Tïo Abuelo a fin de explicarle más claramente la decisión de los chicos de partir al frente de guerra. Un telegrama no habría sido suficiente.
-¿Qué escribiremos Candy? –Le había preguntado el chico –" Tío, encontré a Candy en el muelle. Va conmigo a la guerra." – El muchacho sonrió tratando de hacer ligero el momento -. Creo que es mejor enviar una extensa carta dirigida al tío.
-Pero el tío abuelo está desaparecido. Escuché que Archie te lo decía hace apenas una semana –había contestado la rubia.
-Ya no más. Apareció el mismo día que saliste de Chicago. Lo sé porque nos lo presentaron a Archie y a mí. Después de eso abandoné la mansión. La tarde apenas caía y no sabes cuánto me alegro porque de otro modo, estoy seguro de que estarías haciendo esto sola.
La pareja entonces se aseguró de que su carta saliera como entrega personal hacia Chicago. Vieron a uno de los hombres de confianza de George salir de inmediato en su auto rumbo a la ciudad de los vientos con la epístola.
Alistear se acomodó ahora en el sillón. La imagen de su linda novia vino a su mente.
-Patty, espero que puedas perdonar esto que hago – el muchacho esperaba que Annie, Archie y Patty pudieran apoyarse. Había contado con Candy para que los fortaleciera, pero ella estaba ahí, frente a él, dormida, totalmente ajena a lo que vendría después-. Estoy seguro de que Albert será el pilar perfecto para la familia.
A Alistear no le sorprendió la noticia. Desde que lo vio sin barba y con lo pelo corto, vio en el joven amnésico la imagen misma de Anthony. No cabía duda, este era el tío de Anthony, el mismo que alguna vez el rubio les había comentado que su mami llamaba "Pequeño Beth." Entonces Stear sonrió al recordar el gesto que hizo Candy cuando le reveló la identidad de su padre adoptivo.
-Nos dijo a Archie y a mí que recuperó la memoria hace unas semanas, pero creyó que tú y Terry lo necesitarían ahora más que nunca, por eso esa misma tarde se presentó ante la tía –le había explicado a su prima que ya estaba mareada. Stear no sabía si era por la noticia, por la depresión o por el mar, pero Candy cayó en sus brazos perdiendo el equilibrio, aunque no el conocimiento.
Eso fue lo único que convenció a la rubia para escribir una breve carta explicándole a Albert. Según ella, con eso era suficiente para que el patriarca comprendiera la razón por la que la chica deseaba poner tierra de por medio y sentirse útil. Pero en realidad la joven no escribió nada más que una despedida sin aclarar los motivos que la habían llevado a tomar semejante decisión.
Finalmente, después de una noche en vela la aurora los alcanzó. Stear se metió a bañar aún de madrugada. La austeridad de su camarote era algo a lo que no estaba acostumbrado, por un momento se preocupó por Candice, sin embargo después recordó que esa chica era la más fuerte que hubiese conocido jamás y que seguramente no le molestaría tal austeridad. Stear debía ser un chico fuerte si quería ser el apoyo que la rubia necesitaba ahora.
La temperatura del agua era perfecta. Lentamente empezó a tranquilizar los pensamientos del joven y a aclararle la mente. Su deseo al venir a ofrecerse como voluntario era pilotear un aeroplano, sin embargo, dadas las pocas posibilidades de vida de los pilotos aliados el chico tomaba la importante decisión de permanecer en tierra. Si Candy no hubiese estado ahí no lo habría dudado, pero ahora debía cuidar su vida para salvaguardar la de la pecosa tanto como fuera posible.
Los dieciocho años de Stear empezaban a hacerse notar en él. Su espalda empezaba a ensancharse y sus piernas y brazos ganaban volumen lentamente. Sus ojos brillaban como siempre, dándole al joven la impresión de haber robado la oscuridad de la noche para ponerla en sus ojos, no sin el brillo de las estrellas. Alistear era un joven muy buen mozo, inteligente, siempre de buen humor, dispuesto a sacrificarse y a asegurarse de que las cosas marcharan bien. Elevó mil plegarias al cielo por los amigos que se quedaron en América, incluyendo a Terry. No sabía cómo reaccionarían ni Archie, ni Albert ni Terrence ante la noticia de que Candy estaba con él en el frente de guerra. El chico simplemente encogió los hombros.
-Supongo que no me queda más que cuidar de ella si quiero entregar cuentas saldadas – el chico cerró las llaves de agua y se dispuso a vestirse.
-La cuidaremos juntos Stear –le pareció escuchar. Stear miró para todas direcciones, pero no vio a nadie alrededor, sin embargo sintió una paz deliciosa; familiar sería la palabra correcta.
-¿Anthony? –Alistear miró hacia el cielo y sonrió - ¿Fuiste tú verdad? No importa que ya no respondas. Sé que estarás aquí para nosotros. Gracias primo.
Alistear terminó de arreglarse y despertó a su amiga. Era una dormilona, pero además, estaba cansada. Era tiempo de que se acostumbrara a levantar temprano porque les vendrían tiempo de trabajo arduo.
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Terrence despertó unos pocos días después con el ánimo aún por los suelos. El frío del invierno le calaba hasta el alma. Pero era aún mucho más el frío de su alma. Extrañaba a su ex novia, hubiese deseado quedarse a su lado para siempre. Con nostalgia miró la pequeña cajita de terciopelo en cuyo interior se encontraba la única joya que había traído consigo de Europa: El anillo de compromiso que perteneciese a su abuela y, que le había regalado siendo todavía un niño, poco antes de que la Duquesa falleciera.
-Este anillo debe ser usado solo por la mujer que ames Terry –le había instruido –mi matrimonio fue arreglado, quiero que por lo menos una vez simbolice la razón para la que fue hecho tan magistralmente-. El joven cerró sus ojos para recordar la sonrisa de su abuela.
-Al parecer tus deseos no serán cumplidos abuela. No ahora-. Un insistente llamado a su puerta rescató al aristócrata del que podría haber sido el inicio de un triste soliloquio. Con desgano dejó la cajita de terciopelo sobre su mesa de noche, tomó su bata de dormir y se dirigió a la puerta de su departamento.
Con su nuevo papel estelar y su carrera viento en popa, había tenido los medios para adquirir un departamento un poco más parecido a lo que él estaba acostumbrado a tener. El golpe de la puerta era cada vez más fuerte.
-Ya voy –dijo en voz alta - ¿Quién puede ser a esta hora? Ni siquiera son las seis de la mañana.
Una inesperada sorpresa le esperaba del otro lado de la puerta. Un cuarteto de jóvenes con un enorme signo de interrogación en sus rostros estaba ahí. Albert, pulcramente vestido, representando todo el poder y la arrolladora personalidad que poseía; Archie, como siempre, elegante aunque ojeroso y unos cuantos kilos menos; Patty, tan ojerosa como Archie y finalmente; Annie Britter con claras muestras de haber llorado toda la noche. Terrence de pronto sintió un vuelco, al principio delicioso pues esperaba ver aparecer entre la pandilla a su Señorita Pecas; sin embargo, tampoco estaba Alistear. La sagacidad de su mente finalmente le permitió cambiar su hermoso sueño por una señal de desconfianza, pero esta desconfianza llegó tarde pues Archie reaccionó de inmediato.
-¡Maldito Terry! –El fuerte puño de Archivald Cornwell desató su frustración en el rostro de Terry.
Terry ni se imaginaba el terrible coraje de los amigos de Candy y, ya que él también estaba lleno de frustraciones, decidió que "El elegante" era el mejor contenedor para vaciarlas. Terry y Archie se envolvieron en un terrible encuentro de golpes. Los puños iban y venían con fuerza. Las palabras y amenazas se dejaban escuchar por todo el piso del edificio. Y, obviamente, los objetos caídos y rotos por el enfrentamiento de los ex condiscípulos no se hicieron esperar.
Ni las chicas ni Albert se movieron un solo paso. Tampoco hicieron una sola exclamación. Era como si las muchachas estuvieran también descargando su coraje al presenciar la terrible pelea.
¿Albert? Bueno Albert sentía el mismo coraje de Archie. La carta no le había sido de mucha ayuda para comprender los motivos de Candy para enlistarse como voluntaria, sin embargo, la noticia apenas la mañana anterior anunciando el compromiso de matrimonio de Terry y Susana aclaró cualquier duda en el grupo de amigos.
Alistear había estado dando señales de su interés por lo que ocurría en el campo de batalla, pero hasta la mañana anterior no podían creer todavía lo que Candy había hecho. Lo único que les daba un poco de consuelo era saber que se habían encontrado y estaban juntos. Así que Albert prefería que Terry se enfrentara a los puños de Archie y no a los de él, porque, enamorado como estaba de su pequeña, podría olvidar que Terry era su amigo. Definitivamente era mejor que Archie se desquitara con el duquecito, ya después hablarían claramente y le pedirían todo tipo de explicaciones y… lo peor: Le darían la razón de su enojo. ¿Enojo? NO. ¡Furia! Furia era lo que sentían los cuatro integrantes del grupo en ese momento. Y ese aristócrata malcriado, sin saber, sin que le dieran la oportunidad de explicar, en ese momento estaba pagando algo que no debía. Candy había decidido dejarlo, y él no tenía conocimiento de las acciones de la pecosa tras abandonar el San José.
Aunque para Terry era también bastante gratificante descargar su desamor precisamente en Archie. Lo sabía enamorado de la pecas y, ahora que ella estaba libre, temía que Archivald pudiese ser un perfecto rival. Cuando los chicos hubieron agotado casi todo su dolor, Albert decidió detenerlos. Su fuerza y su altura era suficiente para controlarlos a ambos, sin embargo, atrás de él surgió la no menos preocupada figura de George, la mano derecha de William Albert y le ayudó a separar a los muchachos.
Después de la tempestad viene la calma. Tras algunos gritos de Albert para impresionar a los muchachos encrespados y orillarlos a tranquilizarse por fin logró que los chicos abandonaran el deseo de seguir con la porfía. Los ojos de los contendientes estaban llenos de dolor y rencor de uno hacia otro; la agitación tremenda en el pecho de ambos delataba el esfuerzo que habían invertido en hacerse daño. De hecho lo habían logrado, aunque a Terry le había ido peor, probablemente porque Archie estaba en un estado imposible de describir y había sacado una fuerza bruta inclusive desconocida para él proveniente de su dolor. Todo el enojo que tenía hacia Terry lo descargó rompiéndole el labio y dejándole un ojo morado. Terry en cambio, solo estaba enojado, pero desconocía los motivos de Archie, por eso sus golpes no eran tan lastimeros como los del menor de los Cornwell.
-Bueno ya. Espero que con esto haya sido suficiente para ambos, porque tenemos que hablar –Albert también estaba alterado, pero era el mayor de los jóvenes, sabía que en alguien debía caber aunque fuera solo un poco de cordura. Los ojos del patriarca estaban encendidos pero con ausencia.
-¿Quieren explicarme qué significa todo esto? ¿Por qué se presentan en mi casa y de pronto este –dijo –señalando despectivamente a Archie – comienza a golpearme? –En ese momento Terry se limpió un hilo de sangre que abandonaba su labio.
-Terry –Albert respiró profundo, moduló la voz para no seguir discutiendo, sin embargo sus ojos delataban su dolor - ¿Qué pasó contigo y con Candy? ¿Por qué la hiciste venir ilusionada y ahora anuncias tu compromiso con la señorita Marlowe?
-Mi vida privada es algo que no ventilo con nadie – espetó – y eso deberías saberlo ya Albert. Terry tenía un gesto de falsa indiferencia. Su cuerpo trataba también de estar de acuerdo con lo que el chico hablaba, pero Albert lo conocía demasiado bien como para caer presa de la actuación de Terry Grandchester.
-William – le dijo –mi primer nombre de pila es William y no es que quiera que me llames de tal manera, de hecho no me gusta, es para aclarar por qué estamos aquí-. Tras un respiro y viendo que Terry estaba intrigado, molesto o defraudado, continuó-: William Albert Andrew, soy el padre adoptivo de Candy – explicó clavando sus ojos en los de su amigo. Azul cielo y azul zafiro de encontraron y desafiaron-. Por eso me siento con el derecho de pedir explicaciones. Te suplico que no nos desviemos del tema, contestaré todas tus preguntas después, ahora explícanos qué sucedió con Candy –reconociendo esa sonrisa de medio lado de Terry que buscaba levantar su sillón favorito del suelo para sentarse, decidió continuar – necesitamos que nos digas qué sucedió… ¿Por qué ella se fue de voluntaria al frente de guerra y tú anuncias tu próximo matrimonio?
Terry pasó de su mejor actuación al esconder su asombro ante la revelación de la identidad de su amigo a la negación. ¿Qué era eso que Albert estaba diciendo? No le impresionaba el abolengo recién descubierto, de hecho, era algo que sospechaba, pues sus pláticas en el Blue River eran el marco perfecto para que Terrence descubriera que ese trotamundos era un joven de la más fina educación. Eso saltaba a la vista. Obviamente era sorprendente su identidad como el patriarca de la familia Andrew y, por lo tanto padre de Candy, pero Terry escondería ese asombro. Tras la última declaración de su amigo, Terry sintió como si de pronto le hubiesen puesto una daga en la garganta y el rostro del aristócrata palideció terriblemente. Ahora entendía los golpes de Archie, quien por cierto seguía apretando los puños en algún rincón del apartamento sin que sus amigas se atrevieran a acercarse. Lo conocían muy bien y sabían del terrible dolor del chico; ambas lo estaban compartiendo con él, en la misma intensidad, cada una a su manera, pero en la misma intensidad.
-¿Qué dijiste Albert? – A estas alturas Terry empezaba a sentirse mareado, afortunadamente ya había logrado levantar el sillón, así que de inmediato se sentó – creo que no escuché bien lo que dijiste –la voz de Terry se escuchó débil – por favor Albert dime nuevamente lo que dijiste –ahora un nudo en la garganta definitivamente le impidió continuar. Pasó sus largos dedos por su cabello que caía desordenado cubriendo su rostro, escondiendo la amenaza de lágrimas de los intrusos en su apartamento.
-Vamos Terry no te cierres a la realidad y explícanos lo que sucedió – exigió Archie – necesitamos comprender lo que Candice hace en medio del Atlántico a punto de llegar a un infierno a estas alturas.
-Terminamos – dijo secamente. ¡Diablos! ¿Por qué no se largaban de una vez por todas para que él pudiera quedarse solo para desahogar este maldito dolor que lo aprisionaba?
-Eso es claro, pero nosotros ahora somos su único apoyo, deseamos serlo. Necesitamos saber el estado en el que se dio de alta en el ejército.
-Un momento – Terry miró al cuarteto, de pronto sus ojos mojados se abrieron con asombro, solo George estaba con ellos -¿Dónde está el inventor?
-Con ella – respondió también secamente Archie mientras que los sollozos de Paty y Annie se dejaban escuchar.
Terry supo que no tenía opción: Estaba destrozado física y anímicamente. Aunque sus piernas le exigían salir corriendo y tomar el primer barco rumbo a ese infierno. Su corazón le gritaba que no la dejara sola. Pero su sentido de honor le decía que más que nunca debía cumplir con su palabra entregada; si Candice se había sacrificado a tal grado, el debía cumplir con su parte del sacrificio. Tomó una enorme bocanada de aire, con su mano hizo un elegante movimiento invitando a sus ahora, nuevamente amigos, a sentarse.
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-¿Ahora sí me vas a decir lo que ocurrió entre ustedes? –preguntó Alistear mientras la abrazaba tras haberla encontrado llorando en la cubierta con la vista fija hacia el occidente.
-Sí Stear, necesito decírselo a alguien – Candy hundió su cabeza en el pecho de su amigo, se secó las lágrimas y luego buscó sus ojos. La oscuridad de esos ojos de alguna manera lograba tranquilizar su tribulación.
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La pareja separada ahora por muchísimos kilómetros se enfrascó en la difícil tarea de explicar los pormenores de su separación.
El triste relato fue descrito con lujo de detalles por cada uno de los involucrados. Todos los que, sin saberlo eran parte de la mutua audiencia, se sintieron conmovidos por el tremendo sacrificio de la pareja para que Susana Marlowe obtuviera lo que reclamaba. No era sencillo ni para Terry y Candy ni para sus amigos comprender cómo las circunstancias habían separado a la pareja. Ellos eran los primeros en haber descubierto que deseaban estar juntos y, también eran los primeros en ver sus sueños truncados por las terribles circunstancias.
Cuando el triste relato terminó en una perfecta sincronía con quien lo narraba prácticamente del otro lado del Atlántico sobrevino un silencio. Todos trataban de entender, de asimilar lo que había ocurrido. Sintieron de todo: Coraje, frustración, rabia, enojo, admiración, respeto… lástima, dolor.
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-¿No hay otra solución Terry? – Preguntó Albert – probablemente podrías velar por ella sin necesidad de casarte.
-No Albert, ya lo he pensado muy bien. La decisión está tomada – Terry miró tristemente a Archie –: Créeme que quien más lamenta que Candy está en ese maldito barco soy yo – le dijo apretando sus puños y sus dientes. Archie se limitó a mover su cabeza afirmativamente sin emitir una sola palabra. De todos los presentes era quien más sufría. En ese maldito barco viajaban su único hermano y la mujer que amaba.
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-¿No hay otra solución Candy? – Stear abrazó a la chica que temblaba imparable.
– No Stear. Terry debe dar a Susana lo que pide, ella perdió su pierna por él – trató de convencerse como tantas
veces en las últimas noches.
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-Pienso que deben volver a estudiarlo y buscar la manera de volver a estar juntos – aconsejaron Albert y Stear nuevamente en total sincronía.
-No. Esto es lo mejor. Ambos cumpliremos nuestras promesas – respondieron Candy y Terry totalmente seguros de la decisión que habían tomado.
Aún a miles de kilómetros los corazones de los enamorados lloraban juntos y una vez más repetían la triste despedida.
Terry desposaría sin dudar a Susana Marlowe a fin de honrar la promesa que le había hecho a Candy y ella se esforzaría por buscar su felicidad.
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De mi escritorio: Bueno pues nos llevamos a la parejita a la guerra. Veamos cómo se desenvuelven.
No se enojen por el puñetazo de Archie para Terry. No me imagino a Archie llegando muy "polite" a buscar a Terry tras el anuncio de su compromiso. Además... si ese par no se pelea dejarían de ser ellos. La que se moleste porque Archie golpee a Terry recuerde que Terry golpeó a Archie sin decir agua va cuando lo vio salir de su cuarto en el San Pablo. Digamos que fue ajuste de cuentas ¡JiJiJi!
Muchas gracias por leer. A todas... mil gracias por sus mensajes de apoyo... tengo problemas con mi máquina, pero haré todo lo posible por tener el capítulo 16 de Sin Renunciar para el Viernes. ¡Estoy emocionada! (Uno se encariña con las historias).
Las invito a leer uno que otro One Shot que he publicado: 46b, Mirando al mar, Todo cambió. Creo que pueden gustarles.
Un abrazo chicas.
