Recuerden por favor dejen sus review a esta humilde servidora su opinión es valiosa, de ustedes depende mi éxito o fracaso jiji besitos!
Aclaro los personajes de esta historia lastimosamente no me pertenecen… Más la trama de esta historia si jeje
Capítulo I
UNA MIRADA FURTIVA
—Kagome, se hace tarde— grito desde el primer piso sango.
Rápidamente cerré mi diario, y me arregle un poco frente al espejo —Voy— Grite agitada mientras me ponía de pie y salía corriendo de la habitación.
—Otra vez desconectada del mundo kag, si no fuera porque te conozco y sé que si te esfuerzas podrías socializar como la gente normal, te diría ermitaña— Decía sango mientras me acercaba, un tazón de cereal.
Sonreí tontamente, sabía que tenía razón, yo definitivamente no había nacido el día de ser sociable, si fuera por mí, tomaría el papel de gasper, transparente al frente de las personas, me era más fácil pasar desapercibida ante todos. Nunca fui sobresaliente en los deportes, y tampoco era la más inteligente de mi clase, mantenía un promedio decente, que me alcanzaba para estudiar literatura, que era la profesión que deseaba.
Tome un cubierto, y comencé a comer velozmente, era tarde el tiempo se me paso de manera rápida escribiendo. Sango me miraba con cara de pocos amigos, pero preferí ignorarla total, que de malo eran unos minutos tarde.
Ambas vivíamos en un pent-house de dos pisos, era pequeña a la vista pero para sango y para mí era una especie de mansión. Era de color Blanco en su totalidad. La planta alta constaba de tres habitaciones y dos baños, la primera habitación era la de sango, era hermosa decorada a su gusto, de color rosa vieja, con cosas conservadoras y sencillas, mesillas de noche colocadas a los lados de su cama, y un closet amplio, sin contar con el mueble donde estaban colocadas las fotos de su familia, el tv y todo tipo de cosas. La segunda habitación era mi refugio, mi escondite personal; era pequeña muy pequeña en comparación a la de sango, pero a mí, me encantaba. Era de color crema, con mariposas pintada por doquier, tenía una cama pequeña, con una mesilla de noche al costado, donde poseía las cosas importantes y mi computador. En la pared frontal, había colocado en lo alto una gran cartelera llena de imágenes y detalles especiales. A la derecha estaba un closet de tamaño adecuado, y delante de esta se encontraba un pequeño balcón, el cual tenía vista hacia la parte exterior de mi hogar. La última habitación del pasillo era la de huéspedes, casi siempre habitada como depósito.
—Termina de arreglarte ya y vámonos kag— Lo último lo dijo sonriendo, tratando de disimular su enojo por la tardanza.
Sonreí internamente, sango siempre me decía lo mismo antes de salir. Llevaba un pantalón de mezclilla de color negro, algo holgados y una camisa manga larga a botones de color verde oliva, una coleta alta, y el único adorno en mí, era una cadenilla de oro. –Ya estoy lista- le dije sonriéndole, bien sabía que ella odiaba que no me arreglara, pero es que así siempre había sido yo. Realmente nunca he encajado bien en ese misteriosa palabra llamada "feminidad".
Recogimos nuestros libros, y pertenencias mientras caminábamos hacia la puerta.
—Juro que un día de estos misteriosamente mientras lavo tu ropa no aparecerá kag…— Decía por lo bajo, yo solo alcance a reírme y salir detrás de ella. Nos montamos en el auto, arranque el motor, mientras ella seguía enfurruñada hablando por lo bajo de mi guardarropa, y del desperdicio de mi físico.
Maneje despacio por la residencia; aunque éramos de clase media-baja, teníamos ciertas comodidades gracias a nuestras familia, nuestra amistad era de toda la vida, por eso para economizar la vida a nuestros padres compartíamos residencia, ambas decidimos estudiar en la misma universidad, yo literatura y ella medicina, ya íbamos por el segundo semestre de nuestras respectivas carreras, convivíamos en armonía, nos queríamos como hermanas, ella es el único ser humano con quien socialice desde siempre, mi contacto con la humanidad le decía yo.
Justo al cruzar la esquina que nos llevaría a la salida, vimos un gran camión de mudanza, me extraño pues pensé todas las casas estaban habitadas.
—Quienes serán— Murmuro sango, viendo fijamente al camión y a las personas que entraban y salían del pent-house.
—Ni idea, pero al parecer empacaron hasta la casa donde Vivían anteriormente— Bromee a sango al ver la cantidad de objetos que tenían.
Sango rio por lo bajo, y se puso a buscar una emisora en el radio. —ah, no hay nada bueno en estos canales…— Se quejaba sango. Al llegar al portón, toque el control de seguridad para abrir, mientras esperaba estacionada que terminase de abrir por completo, voltee mi rostro hacia la casa de los nuevos inquilinos, y fue allí cuando por primera vez en mi vida, me congele en un instante, por tan solo una mirada.
Un chico de contextura delgada, estaba en la entrada de la residencia, con la mirada puesta en las personas que bajaban la mudanza, no era mayor a 20 años diría yo, bastante atractivo, de nariz perfilada, y de mentón firme, sin embargo con cierto aire infantil en el rostro, aunque algo serio y misterioso.
De pronto volteo el rostro y me vio directamente a los ojos, sentí que me congele al instante, era una mirada inescrutable, pero desafiante, sin embargo la más hermosa que he visto en mi vida, mis mejillas se colorearon al instante, voltee el rostro hacia la salida y al ver que estaba abierta avance sin volver a voltear. Esos ojos, eran de un color dorado extraño, semejantes al oro, pero más tostados. Era la primera vez que veía unos ojos así.
Iba tomando el volante con fuerza, y respiraba algo turbada. Fueron las palabras de sango las que me sacaron de mi turbación.
—Ay, esta porquería no sirve— Decía mientras le daba un golpe al aparato. —Crees que sería muy costoso comprar uno nuevo…—espero pero al no haber respuesta volteo a verme— Kag, estas roja, ¿estás bien?— Pregunto mientras toco mi frente.
—Si… si…— respondí sonriendo a medias, —Es solo que me ha dado algo de calor, no te preocupes— Sango, me miro por un momento, luego se encogió de hombros y miro por la ventanilla.
Tiempo después llegamos al campus, nos bajamos rápidamente del auto. Mientras caminábamos no podía quitarme esa mirada del pensamiento.
—Mmm, sango tu viste al chico que salió de la casa donde se están mudando…— Pregunte casualmente como a quien no le importa mucho.
—¿Un chico?, no solo a las personas de las mudanzas, porque hay un ¿chico nuevo?— Pregunto con curiosidad, quizás pensando en una próxima conquista.
—Solo lo vi de pasada… es solo curiosidad— Sonreí y me despedí con un gesto mientras caminaba a mi clase.
Al llegar, estaban ya todos tomando los apuntes, mientras el profesor habla sobre algunos autores franceses reconocidos. Tome asiento junto a ayame una amable chica que comenzó al mismo tiempo que yo, no la conocía mucho sin embargo hacíamos los trabajos juntas y compartíamos juntas en la universidad.
Así paso mi tarde, como cada día de universidad, investigaciones, biblioteca, comer algo en el almuerzo junto a sango y ayame, y de nuevo a los estudios. Sin embargo, a diferencia de otros días, esos ojos seguían rondando por mi mente. Era estúpido, ni siquiera sabía quién era, ni como se llamaba… ¡nada!, y aun así no lograba olvidar esa mirada. Ya al final de la última hora me encontraba tan ensimismada en mis pensamientos que cuando me di cuenta mi cuaderno está lleno de ojos, que me miraban de manera extraña, cerré mi cuaderno de golpe y Salí de carrera.
—Dios, lo que me faltaba, locura, primer paso para terminar de ser diferente— Me burla de mi misma, mientras caminaba guardando mi cuaderno en mi mochila. Iba por uno de los pasillos de la universidad, rumbo a buscar a sango, cuando impacte contra lo que para mí fue una pared de piedra, y empecé a caer hacia atrás.
Cerré mis ojos de manera automática esperando el golpe, que seguro me daría, sin embargo lo que sentí fueron unos fuertes brazos a mi alrededor, y una sensación de calma infinita, sango no me mataría por tener que volver a curar alguna de mis heridas, solía caerme mucho, un símbolo de torpeza que sufría.
Poco a poco fui abriendo mis ojos, y casi volví a caer desmayada, pero fue de la impresión, al ver de nuevo mi mirada chocaba con ese ámbar; me sentí pálida y por un momento me tense, el me miraba intensamente, como queriendo leer mis reacciones. Respire profundamente y me incorpore alejándome dé el, mis mejillas se colorearon, pues las sentía febriles.
Hice una reverencia y casi tartamudeando —Lo siento, no vi por donde iba— Me di un puntapié mental, y agache la mirada, aun organizando el desorden en mis manos por el aparatoso traspié.
Al elevar mi vista, el me miraba fijamente aun, yo me ruborice aún más si es posible, y volví a agachar la mirada —Gracias por salvarme de esa caída— Dije bajito y alce el rostro y le sonreí de la manera más natural que pude pues moría de nervios. El, me vio sonreír y vi como levanto una ceja como asombrado, pero no sé si realmente lo vi o fue mi imaginación, pues cambio rápidamente de semblante, hizo una reverencia, y luego de un momento mirándome fijamente a los ojos, dijo —Ha sido mi culpa también, mis disculpas— Y sonrió de medio lado.
¡Por todos los dioses!, este chico era endemoniadamente guapo, sentí que mi respiración se cortó en cuanto vi esa sonrisa, y escuche esa voz tan aterciopelada y varonil, mi corazón latía tan rápido, que estoy casi segura que él podía escuchar los latidos. Después de un momento, Asentí gentilmente, y me dispuse a escapar rápidamente, me turbaba seguir cerca de él, avance unos pasos.
—Un placer Kagome…— Escuches un susurro bajito cerca de mí, me erguí de manera autónoma y voltee, sin embargo él ya iba lejos, andando en dirección contraria a la mía, mas podría jurar que escuche eso de su voz, sacudí mi cabeza varias veces. —Estoy demente— suspire y seguí mi camino. Aunque sentí cierto escalofrió por mi nuca, que no paso para nada desapercibido.
