"Hey Arnold!" no me pertenece. Todos los derechos son de su creador Craig Bartlett y Nickelodeon. Los personajes de la serie fueron tomados para crear esta historia. Este material está creado SIN FINES DE LUCRO.
Capítulo 2.- Verde y azul
-Por supuesto que no me dio miedo la película, Helga…- Arnold se metía una cucharada de su helado de chocolate mientras la rubia no paraba de reír.
-¿En serio? Y por qué tenías los pies arriba del asiento…
-Es muy cómodo sentarte así, deberías intentarlo…
-Sí, claro- se burlaba ella -y supongo que tapándote el rostro lograbas ver la película mucho mejor…
-Ya termina eso y deja de molestarme- con un guiño, el rubio señaló la malteada derretida que tenía la chica a medio comer.
Salieron por fin de la fuente de sodas y se encaminaron a la casa de Helga. Entre bromas y risas, los chicos conversaban de todo, desde recordar momentos de su infancia, hablar de fútbol americano, hasta terminar compartiendo opiniones sobre algún libro o película.
No fue hasta que Helga se detuvo en completo automático cuando se dieron cuenta que habían llegado a la casa de la joven. Sin cortar su plática, la chica sacó de la bolsa de su abrigo un juego de llaves. Mientras abría la puerta, Arnold veía la hora en la pantalla de su celular.
-¿Tus padres aún no llegan?
-Siguen en Atlanta- dijo la rubia arrojando su bolso al sillón –Yo regresé porque debía asistir a la escuela, pero ellos decidieron tomarse unas semanas más en casa de la abuela.
Entró por completo dejando la puerta abierta de par en par, encendió algunas luces mientras se sacaba el abrigo. Se dirigió a la cocina para servirse un vaso de agua y fue entonces cuando acordó que Arnold seguía afuera y echó un vistazo a la entrada
-¿Vas a quedarte ahí?- preguntó –Pasa y cierra la puerta cabezón, o mi casa se llenará de mosquitos.
Arnold se quedó unos segundos más en su sitio, haciéndose el distraído con su celular. En realidad sí, quería ser invitado a pasar y no hacerlo por su propia cuenta. Después de unos instantes entró a la casa cerrando la puerta tras él.
Honestamente el entorno sí lo ponía un poco nervioso. Era como la cuarta o quinta vez que entraba a la casa de Helga, la mayoría de ocasiones en compañía de Gerald y Phoebe, pero completamente solo nada más en dos ocasiones y no más de cinco minutos. Una vez había sido para recoger unos libros que él le había prestado a la chica y otra cuando la acompañó para que recogiera sus guantes de béisbol. De ahí en fuera nunca se había encontrado ahí con Helga como su única compañía. No quería decir que se moría por salir corriendo o que buscaría una oportunidad para marcharse, no. Simplemente le intrigaba aquella joven, porque años atrás ni siquiera se hubiera imaginado estar ahí… completamente solo con ella… en su casa... con la puerta cerrada… y ella actuando de manera tan natural, sirviendo dos vasos de agua y ofreciéndole uno a él.
-¿Tienes hambre?- dijo por fin la rubia mientras arrancaba una hoja imantada del refrigerador.
-Mucha, ese helado de chocolate sólo me despertó el apetito.
-Escoge: comida china, pizza o burritos…
-Creo que… - titubeaba el joven mientras se acercaba para ver el menú del volante que la chica tenía en las manos –una grande de peperoni estaría excelente.
Como si lo hubiera adivinado, Helga ya estaba marcando el teléfono de la pizzería. Mientras hacía la orden, Arnold entró a la cocina para examinar mejor todo lo que había pegado en la puerta de la nevera. Había folletos de comida, notas, recados, incluso un dibujo hecho con crayones y firmado en la parte de abajo con una caligrafía muy tierna en el que se leía "Helga G. Pataki". Esto último le sacó una sonrisa al rubio y miró a la joven de reojo.
Pero cómo le gustaba esa chica…
En algún momento llegó a sentirse asustado por tener esos sentimientos. ¿Enamorado de Helga Pataki? Ni en sus más locos sueños…
Sin embargo ahora todo era diferente. A lo largo de los años (por increíble que parezca) los chicos habían hecho una genuina amistad. Helga desde hacía mucho tiempo se había quitado las ataduras, los miedos, esos que no dejaban que se mostrara al mundo tal cual era ella. Sí era ruda, era mandona, era hostil inclusive, pero también era extraordinariamente apasionada, auténtica y libre… y Arnold por fin lo había descubierto y poco a poco se enamoró de ella.
-Tierra llamando a Arnold…
-¿…Qué?- el rubio estaba absorto en sus pensamientos cuando la voz de Helga lo hizo regresar al mundo real.
-Te decía que la pizza llegará en 20 minutos- repitió la chica saltando al sillón. Encendió el televisor y paseó los canales uno a uno hasta llegar a una pelea de lucha libre que atrajo su atención.
El joven caminó hacia ella. Se sentó a su lado procurando no dar a notar el nerviosismo que empezaba a invadirlo.
Era extraño. Helga lograba llevar a extremos opuestos las emociones de Arnold. Así como podían estar conversando de la manera más natural como hacía unos minutos camino a su casa, bien podía hacer que le sudaran las manos, flaquearan sus piernas y dejar su mente en blanco (como en ese instante) sin encontrar palabra qué decirle o saber cómo actuar, todo de un momento a otro.
El chico soltó un suspiro intentando tranquilizarse. Recorrió con la mirada todo lo que había a su alrededor buscando algo que le diera oportunidad de conversar antes de que Helga pudiera darse cuenta de lo nervioso que se hallaba. Fue entonces cuando se topó con una fotografía colgada en la pared de las hermanas Pataki. En ella aparecía la mayor abrazando por la fuerza a una inconfundible niña que vestía un vestido rosa igual que su moño, portando ese semblante malhumorado que para él era tan escalofriante como tiernamente familiar. Arnold sin pensar dejó salir una risa nostálgica al ver aquél retrato
-¿Qué pasa, Arnoldo?- preguntó la joven extrañada pero sin apartar los ojos del televisor
Antes de que pudiera responder, una llamada entró al celular de Helga, el cual estaba justamente en medio de los dos rubios. Parecía que a Arnold le habían robado la palabra porque en vez de hablar permanecía atento a la pantalla del aparato para poder percatarse de quién la llamaba, pero era un número desconocido y no pudo saberlo.
-¿Sí?- atendió el teléfono despreocupada –Aah sí, Bélanger… Sí, soy Helga, ¿qué pasa?
Un poco más fuerte que el rubio hubiese cerrado sus puños y tal vez habría reventado el vaso de agua que tenía en sus manos. No se dio cuenta en qué momento se alteró su expresión evidenciándose con la joven.
"¿Para qué la llama? ¿Qué quiere ese tal Bélanger?" pensó angustiado y a la vez gobernado por la rabia.
-Mmmm, pues no, creo que mañana no tengo nada por hacer. Podemos vernos mañana…
Arnold se sintió morir, sin embargo trataba de mantener la calma…
"A final de cuentas, son compañeros de proyecto" pensaba… "irremediablemente tendrán que verse… pasar tiempo juntos… a solas…" se torturaba el hombre mientras la voz de Helga lo atrapaba de nuevo
-Sí, gracias Adrien. Mañana nos vemos en la escuela… descansa.
Helga terminó su llamada y casi estalla en carcajadas al notar la reacción del rubio. A pesar de que él permanecía aparentemente tranquilo, ella lo sabía… por Dios, lo sabía. Arnold estaba muerto de celos. Lo conocía como a la palma de su mano.
-Invoqué al francesito- dijo coqueta para provocar un poco al rubio
-¿Cómo que lo "invocaste"?- preguntó con fastidio. Su pregunta para nada infería desentendimiento, Arnold sabía lo que significaban las palabras de la chica.
"Está pensando en ese idiota…" se dijo en silencio sin poder evitar sentirse furioso y reprochándose en el acto. Le molestaba que el estómago se le revolviera de esa forma
-La verdad estaba pensando en la clase de ciencias en lo que tú veías atento mi pared- mencionaba delatora –no quiero poner en peligro mi nota con Lawrence- continuó -me da gusto saber que a mi compañero le interesa aprobar ciencias tanto como a mí-
-¿Y lo verás mañana…?- poco le faltó al rubio para pronunciar esto último con la mandíbula cerrada. Cuando se dio cuenta de la tensión que hacía en sus dientes se relajó. No, de verdad no quería que ella se diera cuenta de su estado…. Pero estaba más que claro que al único que engañaba, era a él mismo.
-Sí…- la chica se encogió de hombros -me dijo que si quería ir a su casa mañana después de clases para empezar el "proyecto"- dijo entrecomillando la palabra con sus dedos y levantando ambas cejas en señal de sarcasmo.
Arnold de nuevo tensó la quijada. Una mudez muy abrumadora para él, pero que encantaba sumamente a Helga, los envolvió por breves segundos.
-Helga- dijo por fin –ese tipo a la menor provocación querrá pasarse de listo-
La chica miró fijamente al rubio, y aunque lo hizo de manera muy tranquila, tal cosa provocó que Arnold se pusiera en alerta. ¿Qué seguía? ¿Iba a golpearlo? La rubia era magníficamente impredecible. Incluso con ese perfil templado que adoptó no podía ser sorpresa que le propinara un buen golpe. Y es que de ninguna manera debía olvidar con quién estaba hablando.
En efecto, la menor de las Pataki tenía en ella gran parte de las miradas de los chicos (y por qué no, de una que otra chica) de la preparatoria. Pero la rubia no era una persona que se conociera por su fácil y constante apertura con los hombres, sino todo lo contrario.
Después de unos segundos de tener sus ojos clavados en Arnold no pudo aguantar más y perdió seriedad al soltarse a reír
-Pues qué lástima, porque una cirugía reconstructiva de nariz es bastante costosa- dijo burlona regresando sus ojos a la pantalla.
Helga siempre dejaba muy en claro su papel. Todos en la preparatoria lo sabían. Y aunque no faltaba el pobre diablo que se atrevía a coquetear con la chica, no recibía más que una sonrisa lastimosa de parte de ella. Pero pobre de aquél que intentara alguna cosa poco inteligente.
No había que olvidar aquella vez cuando Wolfgang (bastante ebrio, cabe señalar) había tenido la nada brillante idea de intentar besar a Helga en una fiesta de cumpleaños de Rhonda. El tipo cuando acordó ya tenía la cara llena de sangre, el tabique roto y un diente flojo. Afortunadamente para él, fueron pocas personas quienes presenciaron tan penosa escena, entre ellos Arnold. Pero aún así no se hicieron esperar los rumores al día siguiente. Así que se sabía que si alguien tenía la osadía de intentar algo estúpido con La Pataki, probablemente no viviría para contarlo.
Arnold bebía su último trago de agua cuando escuchó ahora la voz de la rubia romper ese silencio angustioso que se aparecía de nuevo
-No te preocupes, cabeza de balón, no es una cita…- La joven ya no pudo evitarlo más. Y aunque lo hizo parecer sólo una broma, era evidente que no fue tan inocente. Quería provocar una reacción diferente en Arnold.
En realidad, se preguntaba una y mil veces por qué el hombre no hacía nada, por qué no sólo le decía que le gustaba y ya...
"Realmente no lo sabes, ¿verdad?..." se repetía en sus pensamientos cada vez que comprobaba que simplemente el chico no se daba cuenta de que ella estaba derretida a sus pies desde hace años.
Arnold abrió los ojos como platos y casi saca por la nariz el líquido que aún no pasaba. Tragó y carraspeó sutilmente la garganta para reponerse. Cada vez era más difícil ocultar su nerviosismo. De no haber estado sentado, el temblar de sus rodillas lo hubiera hecho caer.
Y era ahí donde se hacía consiente nuevamente del sube y baja de emociones que le hacía tener esa rubia.
En más de una ocasión se había sorprendido coqueteando con la joven, ¿por qué en ese momento se sentía tan nervioso? Y de antemano sabía que otra persona sólo por intentarlo hubiera terminado con una costilla rota, ¿por qué él no…?
Dios santo, Arnold… ¿Qué pretendes no saber?
El chico estaba haciendo un gran esfuerzo por hacerle creer a la rubia que su comentario no había logrado en él ningún efecto, y para seguir con su actuación sólo atinó por hacerle a Helga una pregunta bastante directa
-Y lo de hoy, ¿fue una cita?
De repente se sintió arrepentido por escucharse decir eso último y se reprobó… "Pero claro que no fue una cita... somos amigos. Helga nunca se fijaría en mí…" y de nuevo regresaban esos pensamientos en donde Helga era inalcanzable.
Aunque parezca difícil de creer, el pobre rubio de verdad sentía que coquetear con ella era como lanzar una moneda al aire. No sabía si iba a ser correspondido por la chica o si también se estaba ganando las miradas humillantes que eran su especialidad repartir. Sí, así de estúpido y ciego era nuestro querido amigo.
-No lo sé, ¿lo fue?- maldita sea, ella quería que fuera él quien lo dijera. Su mirada se posó firme en aquellos ojos esmeraldas...
"Vamos cabeza de balón, descúbreme…"
Su alma gritaba, ya estaba expuesta, completamente al descubierto… ¿no era suficiente para él? ¿Qué más quería de ella?
Se miraban de tal forma que si alguien más hubiese estado ahí hubiera jurado que ambos rubios estaban a punto de deshacerse en un beso…
Verde y azul se derretían, los dos fundidos en la existencia del otro…
"Lo sabía… para ella sólo somos amigos…" pensaba Arnold triste y desanimado.
El chico creyó que había sido un tonto intento por mostrarle sus sentimientos y por alguna razón notó ironía en esa última pregunta de la chica. Sólo pudo apartar sus ojos de los de ella para después cortar de tajo aquello que estaba pasando
-No, supongo que no.
Dijo finalmente y sus ojos se posaron en la transmisión de la pelea. Y aunque estaba deshecho, en su voz no había un solo dejo de tristeza, más bien se mostraba osado.
Helga soltó un suspiro casi inaudible. Bebió de su vaso por última vez y lo dejó fuertemente en la mesa, de lo cual, el rubio no se percató.
Es que sencillamente no podía creerlo. Aquello había sido lo más cerca que había estado Arnold de sincerarse con ella y cuando por fin da un paso hacia adelante… vuelve a dar tres hacia atrás.
"Parece que estoy destinada a gritar en silencio…" decía la chica para sí.
Fingieron desapego total y ambos se comportaron de forma muy normal… así como si simplemente no hubiera pasado nada.
El timbre hizo que Helga se levantara para recibir la pizza. Sólo comieron y siguieron viendo la televisión. De vez en cuando Helga hacía algún chascarrillo referente a la pelea y Arnold le seguía el juego contestando el chiste y riendo con ella.
Terminó el programa y la chica apagó el televisor al mismo tiempo que Arnold se ponía de pie para estirarse un poco. Sacó su teléfono para poder ver la hora, ya pasaban de las 8 de la noche.
-Creo que ya debo irme. No llamé a casa y la abuela debe estar preocupada-
Se encaminó a la salida y Helga detrás de él. Abrió la puerta y dejó entrar el frío de la noche haciendo que la rubia se cubriera los hombros.
-No salgas, está helando…- el chico quedó un escalón abajo girándose un poco y quedando frente a Helga
-Tranquilo Arnoldo- dijo ella mientras le despeinaba el cabello con una mano, lo que hizo que el dije en forma de mariposa de una pulsera que la chica tenía en la muñeca, exactamente igual a una que tenía Phoebe, se enredara en las hebras doradas del chico
-Auch…- se quejó él al sentir el jalón accidental de la chica cuando quiso apartar su mano de su cabeza
-Ash, déjamelo a mí- ayudándose con la mano que tenía libre, la rubia intentó separar el agarre provocado por el accesorio aferrado a los cabellos de Arnold.
Para deshacer el nudo, Helga se acercó tanto al rubio que éste pudo inhalar profundamente el perfume olor vainilla que la chica llevaba impregnado en el cuello. Naturalmente, Arnold era más alto que la Helga. Pero por el escalón, y gracias también a que Helga estaba parada de puntitas para alcanzar a ver sobre la cabeza del chico, ahora estaba ligeramente más alta que él.
El rubio trataba de no concentrarse en el dulce aroma de la piel de Helga.
-Déjame ayudarte…- Arnold alzó la mano para intentar desenganchar el dije de su pelo y separarse por fin, interviniendo en la maniobra que Helga hacía.
-Casi lo logro, no te muevas…-
Arnold quitó la mano y resopló impaciente, esto hizo que la chica sintiera el aliento tibio del rubio abrazar su cuello, haciendo que su piel se erizara de una manera impresionante. Intentó darse prisa para por fin liberarse del enganche porque inevitablemente aquello estaba poniéndola muy nerviosa.
Después de unos segundos que parecieron horas, la chica logró desatar la pulsera al fin.
-¡Listo!- dijo notablemente agitada por tener a Arnold respirando en su cuello. La chica se dejó caer en sus talones y quedó exactamente al nivel del rubio quién la miraba embelesado.
Y de nuevo ahí estaban, verde y azul entrelazados. Rogando algún día poder ser libres…
-Helga…
-¿Sí…?
"Sólo dilo melenudo…"
Arnold se adueñó del silencio unos momentos…
"Demonios Helga, me encantas…"
-Gracias por salir conmigo hoy- dijo por fin –la pasé muy bien…
Helga cerró los ojos dando un paso hacia atrás para recuperar el espacio que se había perdido entre los dos.
-Gracias a ti cabeza de balón- dijo regresando hacia la puerta –me divertí…
El chico terminó de bajar los escalones sin dejar de mirar a la rubia.
-Hasta mañana, Helga…
-Descansa, Arnold.
La chica cerró la puerta antes de que su amigo se fuera, pero no se hizo esperar para asomarse (para variar) por la rendija del correo. Y ahí estaba ese chico, mirando al horizonte haciéndose mil preguntas…
Dicen que tarde, pero sin sueño, jaja. No! En verdad les pido una disculpa por descuidar de esta manera el espacio que FanFiction me brinda y el tiempo que ustedes se tomaron para leer mis líneas. Me pasaron muchas cosas un poco complicadas de enero para acá pero poco a poco tenemos que ir tomando ritmo de nuevo para que todo fluya. No voy a descuidar mi historia, tampoco he dejado de leer fics, he leído unos cuántos muuuy buenos que me han inspirado cosas nuevas.
Quiero también hacer pequeñas aclaraciones antes de continuar con los caps. Mi historia se desarrolla en base a la serie tal cual la conocemos. Lo que quiere decir que el beso en Industrias Futuro, el viaje a San Lorenzo y el regresó de los padres de Arnold, todos esos sucesos en esta historia no se tomarán en cuenta. Lo que pretendo es conservar la esencia de los personajes pero ahora en su adolescencia, francamente así es como los imaginé a cada uno de ellos al paso de los años. Nuevamente gracias por leer y espero que les guste mucho el capítulo.
Ya no los mareo, jaja. Denme amor! n_n'
