ETERNO AZUL: REGRESO DE UN VIAJE DISTANTE
CAPITULO I. A UN PASO DE TI
El tic tac imparable del reloj mantenía su curso y el humilde departamento en absoluto silencio, debía tomar una decisión y pronto pues esa convivencia con ella ya no podría ser ahora que sabía perfectamente quién era, pero, por qué le resultaba tan difícil alejarse?
Ella estará bien…siempre ha estado bien sin mí…
El remolino de sentimientos no le ayudaba a pensar con la claridad necesaria, además debía reportarse de inmediato con su mano derecha, después de todo el accidente ocurrió en aquel tren que explotó en Italia cuando intentaba llegar a la costa oeste de Europa para regresar a América.
Si bien sabía que no debía mostrarse ante nadie por más que lo quisiera, mucho menos ahora ante Candy, ahora que sus sentimientos encontrados entre la ternura que ella despertaba y que le recordaba tanto a su hermana fallecida y a la chica que lo había salvado de la oscuridad, a la bella joven de ojos verdes que….
Sentado en la silla de la mesa del comedor apretó su mano intentando eliminar a aquel nuevo sentimiento que seguía sin definir, para qué postergar lo inevitable? Tendría que marcharse y dejarla sola.
- Puppet, es hora de irnos – Le dirigió una triste sonrisa y el animalito se le acercó.
Con un gran pesar en su corazón preparó las pocas cosas que tenía, ya llegaría el día en que podría decirle toda la verdad, quizás si tenía suerte conservaría la amistad de ella para siempre, se conformaría con eso, caminó hacia la puerta y regresó su mirada al silencioso lugar.
- Adiós Candy….. – Habló por última vez antes de que la vieja puerta rechinara cerrándose para siempre.
Mientras tanto en el hospital la referida joven meditaba en los últimos acontecimientos mientras cambiaba la venda a un paciente.
Qué suerte que encontré a Albert cerca del lago o habría caminado empapada hasta llegar a casa, estando con Albert siento que todo estará bien, aún tengo que recuperarme de mi separación con Terry…
Sí, ya no tengo por qué temer a la soledad….diré adiós para siempre a aquellos que ya no volveré a ver, Terry… Anthony… y sanaré mi corazón.
- Candy!
Hoy le llevaré algo de fruta y refresco – Sonrió.
- Candy!
- Eh?
- Te he estado hablando en varias ocasiones, qué ocurre? – Preguntó algo impaciente su compañera Judy.
- Oh lo siento Judy!
- Te decía que se canceló tu turno por la tarde, yo te cubriré.
- Perfecto!
- Eh?
- Lo siento – Se avergonzó de haberse alegrado por salir temprano.
No dijo más y la feliz chica se dirigió de inmediato a su hogar teniendo en mente aquellas compras para la casa que había pensado, quizás hasta lo sorprendería preparando ella misma la cena.
En el elegante hotel Drake recién abierto en Chicago se encontraba Liam Andley, alto e imponente, a primera vista se distinguía su buen porte y buena cuna, totalmente impecable de pies a cabeza, charlando con su mano derecha, Elliot Graham Andley, quien después de haber quedado en la orfandad en Escocia cuando joven, Liam, quien desdeñaba América y odiaba profundamente a la corona inglesa, lo había educado a su manera y ahora eran dos hombres que portaban exaltadamente su orgullo escocés.
- Qué dijo Collin? – Preguntó mientras observaba el licor tinto en su copa de cristal.
- Está más que dispuesto Liam. Organizará una reunión en su residencia con algunos de los miembros para investigar si el proyecto sería aprobado por consenso mutuo.
Liam sonrió como aquel que sabe que tiene el triunfo en su poder.
- La era de los Andley regresará, la era del reinado de Escocia volverá y el rey Jorge tendrá que aceptar la independencia quiera o no, el parlamento escocés resurgirá y Anthony recuperará el condado que nos corresponde, al más glorioso de todos.
- Aún debemos terminar de convencer a la cámara de los 16 Lores.
- No pueden decir que no, ya sus antepasados traicionaron a Escocia cuando votaron a favor de la disolución del parlamento – Su mirada se llenó de odio – Saben bien que después de los Estuardo se encontraban los Andley y como los herederos al trono escocés se verán sumamente beneficiados, mucho más que su posición actual como meros lacayos de Inglaterra.
- Y para eso legitimaremos a Anthony como el sucesor una vez que derroque a…
- Tío! – Ingresó con paso firme el joven vestido en impecable traje azul interrumpiendo al otro – Iré a investigar más a Albert.
- No es aconsejable que estés tan cerca de él.
- Seré cuidadoso – Dijo totalmente serio – Si quiero lograr que el Consejo me aprueba como el sucesor debe conocer bien a aquel que nos ha dado la espalda.
- Anthony, este no es el momento de…
- Iré! – Volteó a verlo con mirada gélida, esa mirada que Liam conocía demasiado bien y que era lo único que lo hacía retraerse un poco.
- No hay poder que te haga cambiar de opinión, lo sé muy bien, sé discreto y ve con Elliot.
Anthony se despidió de su tío y se marchó a toda prisa sin dar pie a esperar al hombre de cabello negro.
Elliot lo observó con un dejo de resentimiento, así había sido siempre pero al fin y al cabo le serviría para sus propósitos.
Minutos después viajaban en el automóvil hacia aquella zona humilde de la ciudad.
La linda sonrisa de la chica llamaba la atención, ya era bien conocida por amas de casa y niños que vivían a su alrededor.
- Se te ve muy bien hoy Candy – Dijo una señora.
- Muchas gracias.
- Albert se pondrá contento, esa fruta es para él?
- Sí, pienso que si se alimenta sanamente más pronto recuperará su memoria!
Continuó con su camino hasta llegar a la casa, tenía seguro lo cual le extrañó un poco, al entrar a la pieza observó las cortinas abiertas, no fue corriendo Puppet a recibirla como siempre, no hubo saludo de Albert.
- No, no está? – Colocó sus bolsas sobre la mesa – Albert!? Albert estás aquí?
No hubo respuesta.
Se dirigió a la que era su habitación ahora vacía y no sucedieron cinco minutos cuando la gente veía correr a una desesperada muchacha gritando algún nombre que se perdía en el ruido de las calles.
El automóvil se estacionó a un par de cuadras de la vivienda y los dos varones bajaron de él.
Rápidamente ubicó el camino, para ironía suya, pensó él, tenía una excelente memoria, al menos de lo que tenía conciencia.
Elliot recorrió con su mirada las calles para corroborar que estuvieran fuera de peligro, molestándose un poco con los infantes que observaban maravillados el elegante automóvil.
- Anthony, podemos continuar desde… - No terminó la frase, volteó a donde se suponía que el muchacho estaba pero éste ya se había marchado – Con un demonio…en dónde está?
Corrió molesto por haberse descuidado, siempre era así con ese joven, por eso su resentimiento al ponerlo en tantos aprietos desde siempre, al dar vuelta en una esquina logró verlo.
- Anthony! Espera!
- Es por aquí… - Le dijo sin voltear a verlo.
- Debiste esperarme.
- No tengo tiempo qué perder, debía perderme entre las personas antes de que llamáramos demasiado la atención – Volteó a verlo como dándole a entender que eso debió haberlo pensado él.
El otro sólo frunció el ceño y lo siguió.
La joven corrió por el parque cercano, sabía que a Albert le gustaba ir ahí.
- ALBERT! ALBERT! – Gritó a todo pulmón y observó por todas partes pero no hubo rastro de él.
Se encontró con personas que conocía y preguntó por él pero nadie lo había visto.
Cabizbaja caminó ahora hacia la clínica Feliz.
- Albert – Dijo al borde del llanto – No dijiste que lo compartiríamos todo? Por qué te fuiste así sin ninguna explicación…
Sacudió fuertemente su cabeza, no! No iba a rendirse, no tenía la seguridad de que se hubiera marchado como antes lo hacía.
Con nuevos bríos se alejó corriendo rápidamente por la gran avenida.
Después de estar un buen rato esperando por algún indicio de quien era su tío el joven rubio no observó movimiento alguno en esa casa, quizás no se encontraban hoy ahí? Observó el cielo, pronto oscurecería.
- Quizás pasarán la noche en algún otro lugar – Implicó el otro insinuando bajo sus palabras algo más que eso.
Anthony frunció su ceño, no era de extrañar, claro, si vivían juntos de esa manera liberal.
- Buenas tardes – Dijo una voz a sus espaldas.
Ambos voltearon de inmediato.
- Buenas tardes – Le sonrió levemente – Ocurre algo?
- Me pareció haberlos visto hace un par de días y me pareció extraño que observaran a la vivienda, soy el dueño.
- Oh no se preocupe, es sólo que estamos buscando a alguien.
- A alguien? Y vive en estos departamentos?
- No estamos seguros – Se aventuró Anthony a decir mientras Elliot palidecía – Es un pariente lejano que perdimos hace mucho y por una descripción que recibimos pareciera que vive por estos alrededores. Cree usted que podría ayudarnos?
- Mmmm – Frotó su barbilla – Y cómo es esa persona?
- Es un varón, alto y tiene ojos azules.
- Un hombre alto…
- Es mayor que yo por unos seis años.
- Quizás…Albert! Podría ser él! Dice que es pariente suyo?
- No estamos seguros, pero al tratarse de algo tan delicado no queremos evidenciar nuestra presencia aquí.
- Claro lo entiendo.
- Y esa persona lleva viviendo mucho aquí? – Inquirió el apuesto joven.
- No mucho, él y la joven que vive con él llegaron hace poco a solicitar ese departamento.
- Ya veo, entonces está casado?
- Eh… bueno no – Se incomodó un poco el arrendador – Más bien….
- Le ha dicho de dónde proviene?
- Mmm lamentablemente desconozco su origen, sé muy poco sobre él sin embargo lo estimo mucho. Dígame cree que se trate de quien busca?
- Puede ser, a qué se dedica esa persona?
- Bueno, trabajaba en un restaurante hace poco.
- En un restaurante? – Levantó una ceja.
- Sí como mesero.
Anthony quedó totalmente sorprendido ante tal revelación, no se suponía que debía estar liderando a la familia para bien de todos? Seguramente era un mero capricho, aquellas extrañas aficiones que había sido testigo ante la nobleza escocesa e inglesa. Se molestó ante la desfachatez de su propio tío y decidió que había investigado suficiente por hoy así que para concluir y que con quien hablaba no sospechara nada le dijo:
- La persona que busco tiene el cabello castaño.
- Me apena mucho decirle pero el joven de quien hablo es rubio.
- Es una lástima, pero le agradezco mucho, creo que los reportes recibidos no eran fiables – Estrechó su mano con el arrendatario a quien agradeció sinceramente le hubiera dado esa información.
- Lamento mucho que no haya encontrado a su familiar.
- Descuide, creo que debí empezar con una descripción más completa.
Luego de despedirse Elliot observaba de reojo a Anthony quien caminaba como siempre lo hacía, a paso decidido y rápido.
- Lo que hiciste fue muy arriesgado.
- Pero obtuve valiosa información no es así? – Dijo sin detener su andar.
- Esa jovencita debe ser muy linda como para que el heredero perdiera toda compostura y moral no crees?
- Lo que haga con su vida amorosa no me interesa pero sí lo que refiere a la famila – Fue todo lo que dijo.
Después de haber visto al doctor Martin y éste le dijera que no había visto a su amigo Candy regresó a prisa, quizás para ese entonces ya estaría de regreso, después de todo ya anochecía y él se preocuparía por ella, pensó esto en un intento de recuperar su esperanza aunque en su interior sabía bien que con Albert siempre sucedía lo mismo, aún así se negó a perder sus esperanzas.
Luego de haber recorrido un par de cuadras buscó el automóvil para regresar al hotel, mientras que cerca de ellos la rubia de ojos verdes corría desesperada buscando a la persona que habían ido a investigar.
Anthony estaba por doblar en una esquina acompañado siempre de la mano derecha de su tío.
- En dónde estás Albert?! En dónde!
Los dos hombres caminaban despreocupados hasta su automóvil mientras que la joven intentando localizar con su mirada a su amigo no se dio cuenta de la velocidad con la que corría y cuando volvió a dirigir su rostro hacia el frente vio a una figura alta y de elegante traje que caminaba a prisa pero para entonces ya era demasiado tarde para intentar detenerse por lo que terminó tropezando con esa persona.
Aún en el piso y con los ojos cerrados ante el dolor de semejante caída le dijo:
- Lo siento mucho! – Dijo ella.
- Descuide…. – Tendió su mano para ayudarla a levantarse.
El tono de esa voz le llamó mucho la atención y cuando levantó su vista quedó absolutamente impresionada.
- Se encuentra bien? – Esos ojos azules ya los había visto.
- Eh…sí, lo siento mucho, estoy buscando a alguien.
Es ella… Pensó la figura y pese a su desconcierto trató de recobrar la compostura de inmediato, nunca pensó que podrían encontrarse de esa manera, pensando rápidamente las cosas y lo que debía hacer ante el peligro de revelar su identidad, volteó a ver a su compañero quien para su fortuna no se había dado cuenta ya se encontraba en el automóvil, se tranquilizó de haber prevenido el encuentro de ambos.
- A quién busca señorita? – Preguntó con interés.
- A un amigo – Dijo apurada.
- Podría decirme cómo es? Quizá pueda ayudarla…
- Muchas gracias! Es joven, quizás unos 25 años, tiene el cabello rubio y largo, ojos azules y es muy amable!
El hombre fingió intentar hacer memoria y después su rostro se tornó algo afligido.
- Lo lamento señorita, no he visto a alguien con esa descripción, quizás regresó a su casa no lo cree? Ya está anocheciendo.
- Claro… de cualquier manera le agradezco mucho.
Aquel apuesto hombre de cabello negro y ojos azules y profundos hizo una ligera reverencia y se alejó.
- Elliot!
- Aquí estoy.
- Qué sucedió?
- Nada en especial – Dijo mientras se sentaba en su asiento correspondiente – No viste a alguno de los dos?
- No, supongo que no están como lo has dicho – Dijo con ligero fastidio, colocó una mano en su barbilla y observó las calles a través de su ventana volviéndose a encerrar en sus propios pensamientos como solía hacerlo.
La noche clara y luminosa cubrió a toda Chicago, las familias se reunían a cenar alrededor de la mesa gozosos de estar juntos nuevamente después de largas jornadas de trabajo, era la hora de las últimas travesuras de los niños, de las insistencias de las madres para dormirlos y de parejas enamoradas entregándose al amor, así vivía la población de esa ciudad, en familia y compañía.
Todos excepto algunos corazones solitarios que esparcidos habían quedado en esa gran ciudad.
Uno de ellos apagaba las luces de su habitación e invadido de una gran tristeza se dirigía a su cama, un corazón que se había quedado solo nuevamente y, odiaba estar solo, en el fondo lo sabía, detestaba la soledad.
- Albert… tú también te has ido – Apretó fuertemente una de sus almohadas – Todos se van, al final todos se van…
Al recordar cuánto había amado y sus desenlaces se sintió más triste.
- Al menos contaba con tu compañía de amigo…. No puedo agobiar a Archie, a Annie y a Patty con mi soledad…
Recordó a cierto objeto que guardaba como su mayor tesoro y de un brinco corrió por él.
- Mis tres tesoros – Sonrió con ternura pero su mirada era triste.
Procedió a abrir la pequeña caja de madera y tomó el medallón que le había obsequiado la señorita Pony. Después tomó el medallón con el símbolo de los Andley y sonrió ante aquel ya lejano recuerdo de ese joven que había conocido en la colina de Pony.
- Al final nunca supe quién era… - Habló en un susurro – El príncipe de la colina que era idéntico a…
Se detuvo. Volteó a ver aquella fotografía que guardaba, el único recuerdo que de él le quedaba y la tomó en sus manos.
- …A Anthony… - Terminó de decir la frase.
Still... (Quieta)
Inside a funny dream (Dentro de un gracioso sueño)
I'm following you everywhere you go (Te estoy siguiendo a donde quiera que vas)
Sin duda ahora con los años que habían pasado, la imagen de Anthony le parecía tan lejana, ella había crecido ya mucho, sus facciones eran las de una mujer joven y en esa foto Anthony tenía 14 años.
Still… (Quieta)
Inside a funny dream (Dentro de un gracioso sueño)
I'm soaked in tears everywhere I go (Estoy empapada en lágrimas a donde quiera que voy)
Pasó sus dedos con delicadeza sobre la fotografía.
- Si tan sólo estuvieras aquí… - Le sonrió a la imagen.
Era tan fácil evocar aquel dolor a su partida, así pasaran años y años, ella sentiría aquel dolor tan vivo en el presente pero ya había aprendido a vivir con él.
Caught up in this world (Alcancé a este mundo)
Like in a daydream (Como si fuera un ensueño)
Lost in your smile (Perdida en tu sonrisa)
But I wake up to a lonely dawn (Pero despierto en un solitario amanecer)
To know you're gone (Para darme cuenta que te has ido)
My endless love... (Mi eterno amor)
Después recordó a Terry, era inevitable.
- Creo que mi destino es estar sola….
Unas lágrimas escaparon de su rostro recordándole lo llorona que era, se abrazó a sí misma para dejar de sentir el frío de la soledad de aquella habitación.
El sueño llegó a ella conciliador, tranquilo, tomando esa fotografía entre sus manos se acomodó para dormir, pensaba ella que quizás así, se sentiría acompañada por él y el abrumador silencio en esa vivienda no le pesaría tanto.
Still... (Quieta)
Inside a funny dream (Dentro de un gracioso sueño)
I'm following you everywhere you go (Te estoy siguiendo a donde quiera que vas)
Still… (Quieta)
Inside a funny dream (Dentro de un gracioso sueño)
I'm soaked in tears everywhere I go (Estoy empapada en lágrimas a donde quiera que voy)
Esa noche soñaría con el único que recuerdo que le aportaba calor, un sueño con aquella persona que la protegió siempre de todo y contra todos, en un abrazo con el joven de los ojos más amables y tiernos que había conocido. Había días en los que el recuerdo llegaba a su mente con mayor fuerza que otros, hoy era uno de esos días.
- Anthony…. – Su refugio, su paz y su bálsamo.
Caught up in this world (Alcancé a este mundo)
Like in a daydream (Como si fuera un ensueño)
Lost in your smile (Perdida en tu sonrisa)
But I wake up to a lonely dawn (Pero despierto en un solitario amanecer)
To know you're gone (Para darme cuenta que te has ido)
My endless love... (Mi eterno amor)
Al otro extremo de la misma ciudad, un muchacho permanecía sumergido en sus pensamientos, lastimosamente para él no podía cabalgar libre y a toda velocidad como lo solía hacer en Escocia, su escape y su pasión, así que tuvo que afrontar la propia soledad que lo embargaba en ese instante.
Había cenado junto a su tío Liam y otros cuantos caballeros de la élite americana.
Realmente un fastidio, aunque no por ello dejó de interesarse en ciertos temas que le ayudarían mucho cuando ocupara la presidencia de la familia, sentía una gran responsabilidad sobre sus hombros pues de él dependerían muchos y nuevamente se prometía a sí mismo dedicar todos sus esfuerzos a esa noble labor, pensaba él.
Aunque en el fondo esa promesa que se repetía fuera para convencerse de la utilidad de su propia existencia. Después de pasar tres años inválido y sin hacer algo productivo en realidad más que empaparse de libros y estudiando todo lo que él le indicara le ayudaría en el futuro, en realidad no había más, no había más para él más allá de cumplir cabalmente su misión.
Salió al amplio balcón de su habitación pensando que el fresco viento le sentaría bien.
Sin sonreír, sin un gesto de alegría en su rostro solamente se limitó a observar el cielo y las luces de la ciudad.
- Anthony Andley…. Acaso intentas recordar? – Sonrió irónico – Es en vano lo recuerdas?
Sabía que existía el amor de familia, claro que lo sabía! Lo había visto en los trabajadores del castillo, en los pueblos, en la sociedad en la que se desenvolvía en Escocia, lo añoraba pero, él estaba dispuesto a llevar ese camino de soledad, donde no podía confiar ni de su sombra, con tal de que irónicamente la familia que tanto añoraba, esa que quizá podría encontrar en los Andley, no cayera en la ruina.
Suspiró pesadamente, metió una mano en su bolsillo y con la otra quitó de una sola vez su corbata negra y su chaqueta.
- Basta de torturarme más así – Habló molesto y volvió a su habitación para tratar de conciliar el sueño.
Esa misma noche un automóvil viajaba a toda prisa hacia la dirección que el mensaje urgente le había indicado, no podía creerlo, tanto tiempo buscándolo! Toda la angustia que se había vivido dentro de la familia con su desaparición! Él buscándolo en Europa y resultando que él estaba en América, ni más ni menos que en Chicago!
Dios, qué terrible miedo había tenido, ya había perdido a dos, no iba a perder también a Albert, no a la familia que ella tanto amaba, no cuando frente a la tumba de Rosemarie había jurado proteger a su hijo y a su hermano, con su hijo le había fallado y no se lo había perdonado, por mantenerse al margen como la matriarca se lo había ordenado no había podido proteger a Anthony, y después Albert, su hermano, se perdía de su vista, qué cuentas le rendiría a la mujer que en secreto había amado?
Estacionó el carro de golpe y sin perder un solo segundo saltó del mismo y corrió a la pequeña cantina.
- Albert! – Entró gritando su nombre.
- George! – Se levantó de inmediato dejando el pequeño trago que tenía en sus manos – George!
- Albert! No… no puedo creer que estás aquí! Te estábamos buscando en…
- Europa no es así? Es demasiado largo y complicado de contar.
- Qué fue lo que sucedió Albert? – Preguntó George tratando de controlarse, después de todo había aprendido muy bien a mantener una apariencia siempre ecuánime.
- Será mejor sentarnos, esto no puedo contártelo frente a ellos – Señaló a un grupo de hombres, contactos de los Andley.
- De acuerdo.
- La tía ya lo sabe?
- Así es, y se ha decidido realizar tu presentación como el jefe de los Andley cuanto antes, he mandado el aviso al consejo incluyendo a Liam.
- Liam! Tengo mucho que no lo veo.
- Sí, también estará en la presentación, a estas alturas ya debe estar por tomar su barco – Dijo mientras observaba la hora en su reloj de mano – Es hora de irnos.
Albert asintió.
- Entonces estuviste en…
- Estuve viviendo con Candy todo este tiempo…
- Con la señorita Candy? – Abrió mucho sus ojos.
El alto rubio hizo una pequeña sonrisa y después volteó al cielo con expresión totalmente distinta, para esas horas Candy ya debería estar en casa, dormida, para estas horas ya se habría dado cuenta que había desaparecido de su vida una vez más, pero quizás, si la suerte estaba de su lado no por mucho tiempo, sólo esperaba que lo perdonara en esta ocasión.
Los días transcurrieron en suspenso para todos, mucho se estaba preparando detrás de este teatro que es el mundo salvo sus protagonistas que apenas podían observar la punta del iceberg.
- Su salud ha mejorado notablemente – Señaló el médico que la revisaba.
La anciana suspiró, cómo no iba a mejorar su salud cuando había perdido a quien sustituiría a su sobrino si algo le llegaba a pasar, todo le había resultado al revés, había perdido a su nieto primero y ahora llevaban meses buscando al heredero del clan, por qué a ambos? Para su corazón ya marcado por tantas amarguras eso fue lo último, por eso últimamente tenía tantas jaquecas pero con la noticia de George le había devuelto la vida.
- Entonces ya puedo salir?
- Sí, me parece que ya puede retomar su vida habitual.
Días después se reunía por primera vez con William después de tanto tiempo, estaba emocionada, mucho, pero ni siquiera semejante emoción la hizo que perdiera su frialdad natural.
- William… - Avanzó hacia él.
- Tía! – Llegó sonriendo con la anciana – He vuelto.
- Por lo menos tú has regresado William – Dijo con dolor – Sólo falta Stear.
- Stear… - Se quedó meditando unos segundos, básicamente él le había dicho que hiciera lo que su corazón le dictara y ahora se encontraba en Europa luchando en la guerra – No se preocupe tía, Stear volverá al igual que yo.
- Si tan sólo pudiéramos hacerlo regresar con el poder que tienen los Andley – Se sentó preocupada – No quiero perder a nadie más.
- Ánimo tía, a Anthony no le gustaría verla así – Le sonrió confiado.
- Tienes razón – Corrigió la expresión de su rostro – Creo que no tendrás ningún problema al tomar la jefatura cuando te demos a conocer a la sociedad, sabes bien que ya no podrás escapar como lo hacías.
Albert suspiró.
- Al menos no de la manera que lo hacía.
- William! – Lo retó.
- George, en cuanto sepas algo de Liam avísame por favor, me encantaría saber qué tanto le agradará mi nueva asignación jajaja – Rió divertido.
No pasaba un solo día en el que no se viera sumergido en infinidad de libros, ya que por lo pronto su presencia en la ciudad debía pasar totalmente desapercibida no tenía mucho en realidad qué hacer así que decidió invertirlo su tiempo de la mejor manera.
Informes le llegaban en gran cantidad a través de Elliot sobre los negocios de la familia, era cuando su rostro tenía una expresión que nadie ni Liam que lo había acompañado todos esos años sabía definir, inmediatamente se daba cuenta si era un buen negocio o no, si algo convenía o no hacer, sólo sabía Liam que Anthony hacía dos pilas de documentos, aquellos que rechazaba y los que aprobaba pero nunca supo descifrar mientras leía el documento si le parecía o no hasta que colocaba el papel en una de las dos filas, no sonreía pero tampoco mostraba su desaprobación.
Así se encontraba en ese momento, llevaba puesto su pantalón negro, camisa blanca cuyas mangas había doblado hasta sus codos y procedió a quitar su chaleco gris.
Una solitaria rosa blanca en un pequeño florero, el único elemento que ayudaba un poco a la masculina decoración de su habitación le llamó su atención.
Todos los muebles eran de caoba oscura, con uno que otra elegante figura que decoraba el lugar en tonos verde oscuro, ámbar y rojo.
En esa tarde de primavera el sol comenzaba a ocultarse y su habitación se había tornado más oscura con tímidos rayos del sol iluminando el lugar a través de las cortinas que había cerrado, el delgado hilo de luz se había posado sobre esa rosa dándole un efecto de brillo blanco en medio de la oscura habitación.
Hacía mucho que no contemplaba la belleza de la naturaleza, donde se sentía él mismo, esa rosa vino a recordarle algo pero no supo qué.
Estiró su mano para intentar alcanzarla, cuando sus dedos estuvieron a punto de tocarla su mente resonó con risas, muchas risas, risas de chicos y de una chica, quedó completamente inmóvil.
Abrió sus ojos enormemente y llevó una mano a su cabeza.
- Qué fue eso? – Aquellos sonidos lejanos ya se habían marchado – De dónde provenían aquellas risas?
Aún alterado se levantó de su escritorio y caminó veloz hacia el balcón abriéndolo de un solo golpe, necesitaba aire.
Había logrado imponer su raciocinio sobre todas las cosas, después de respirar pausadamente por un par de segundos recuperó la compostura.
En ese momento tocaron a la puerta.
- Pase.
- Buenas tardes señor – Habló el encargado de su habitación con perfectos modales – Ha llegado hoy esta carta para usted.
Anthony se acercó a la bandeja de plata donde se encontraba la carta y la tomó rápidamente.
- Gracias.
El encargado hizo una reverencia y se marchó sin decir más.
- Es… una carta de Grace.
Nunca pensó que le escribiría tan pronto, una ligera sonrisa se formó en sus labios ante el recuerdo de la joven.
Mi querido Anthony,
Has llegado bien a América? Yo me encuentro aún en Londres, la temporada ha sido realmente deliciosa pero no la he podido disfrutar como el año anterior cuando fui a tu lado, desearía que estuvieras aquí.
Dentro de poco nos reuniremos con su Majestad, mi padre insiste en que debemos mejorar nuestra relación con él y de alguna manera lograr nuestra independencia, supongo que no tendré más opción que ir.
Después de todo, tengo que prepararme muy bien para cuando regreses a Escocia, debo conocer de política para poder apoyarte cuando regreses como el patriarca del real clan Andley.
Te extraño mucho amor, lograr ver tu sonrisa es algo muy raro que suceda y tengo tu sonrisa grabada en mi mente siempre, sé que no faltará mucho para estar verte, en estos momentos tengo el boleto para el viaje a mi lado, Vivian me reta demasiado diciéndome que no sea tan impaciente, pero supongo que así son las damas de compañía que siempre velan por nosotras.
No quiero perderme de tu nombramiento por nada.
Espérame.
Grace Campbell
Acto seguido a leer esa carta se dejó caer en el enorme sillón de su pequeña biblioteca resoplando ligeramente fastidiado.
- El sucesor de la una antigua familia real que huyó de la persecución inglesa no? – Dijo con el ceño ligeramente fruncido – Grace… me pregunto si…
Decidió que lo mejor era responderle de inmediato, pese a ser un tanto frío no era de caballeros hacer esperar a una dama.
- Escribiendo a Grace? – Escuchó a una voz que se acercaba, conocía bien ese andar y el sonido del elegante bastón.
- Así es, me ha escrito y vendrá dentro de poco.
Liam sonrió, nada mejor que los Andley aliándose con los Campbell, tenían el suficiente poder como para lograr una sublevación contra el trono.
- Haces bien – Después observó un par de libros a la derecha de su escritorio – Con tus estudios en derecho no te será difícil convencer al resto de de los miembros, conozco demasiado bien tu empeño en lograr las cosas.
Anthony volteó a verlo y ambos sonrieron.
- Lamento que no puedas salir por ahora hijo.
- Eso no es ningún problema, por lo menos ahora puedo moverme con libertad – Dijo haciendo referencia a su previa invalidez.
- Tus años de lucha no han sido en vano Anthony, créeme, yo lo sé, todo se ha preparado para un solo objetivo en tu vida, recuérdalo.
- Cuánto tiempo más estaremos aquí? – Hizo a un lado el sinsabor que las palabras de su tío le habían causado, tu único objetivo en la vida…
- Mañana te lo diré, me reuniré con Colin, Adam y Morgan.
- Ya les dirás de mi existencia?
- Es hora de mover las piezas de ajedrez – Sonrió de lado y se alejó de la habitación del muchacho.
Sabiendo que mañana tendría el día libre decidió que buscaría de nueva cuenta al sucesor de la familia, quizás podría obtener más información relevante para él.
La siempre elegante mano derecha de Albert había ido a buscar se había citado con unos contactos en uno de los más lujosos restaurantes para hablar sobre la iniciación del sucesor de los Andley de lleno en los negocios, debía preparar todo el terreno para a quien quería tanto.
Cerca de su mesa otro solitario joven desayunaba algo apresurado un poco de fruta y café.
- Entonces con la presentación oficial de quien es su presidente las acciones del banco subirán.
- Es la estimación que tenemos, así es – Dijo tranquilo George.
- Aunque siendo el patriarca me parece algo tardía su presentación, con la edad avanzada que ya debe de tener.
George tomó la taza de café negro en su mano.
- Descuiden, por eso no habrá ningún problema – Les sonrió levemente e hizo el ademán de tomar su café cuando su vista se desvió ligeramente a la derecha.
Un perfil conocido, un elegante joven rubio dejaba su taza de café y se ponía de pie. No lo pudo observar bien más que ligeramente el perfil de su rostro y después le dio la espalda mientras se alejaba hacia la salida.
- Ocurre algo George? – Preguntó uno de los hombres.
- Enseguida vuelvo… - Les habló sin desviar su mirada de aquel joven y dejaba su taza rápidamente en su silla.
Caminó apresurado.
Juraría que es William pero con cabello corto… debo estar loco…
Cuando se dirigió al lobby del hotel lo perdió de vista, gente entraba y salía del hotel, había perdido su rastro.
Un poco contrariado, pensó que su mente le había pasado una mala jugada, dejó de darle importancia, tenía que regresar y dejar tranquilos a los inversionistas.
El humo del tabaco se podía percibir en cuanto se ingresaba a esa habitación, su color grisáceo permanecía flotando alrededor de ese grupo de hombres que sostenían elegantes copas de vino.
- El chico está vivo!? – Casi tiró la copa Colin Andley.
- Nos lo pudiste decir antes Liam – Le recriminó Adam – Por qué hasta ahora?
Liam no se inmutó ante sus reproches.
- Algo que recriminarme Morgan? – Preguntó la vez que fumaba su tabaco.
- Ninguno – Cerró los ojos – Elliot me informó de todo.
- Decidí ocultar al muchacho hasta saber que sería de utilidad a mis propósitos.
- 7 años…
- Cuando me lo llevé a Nueva York no sabía si sobreviviría, después supimos de su invalidez, si él continuaba así no tendría ningún caso, la imagen de los Andley debe ser de fortaleza y no debilidad.
- Y cuál es tu plan entonces Liam?
- En el estado actual de William, nadie de la cámara de los 16 Lores lo aceptará como el sucesor al trono escocés.
- Entonces es verdad que se planea una sublevación.
- No lo llevaría a ese extremo – Tomó un poco de su vino – Pero es el mejor momento ante la debilitada imagen de Jorge, no podrá negarse con todos los favores recibidos.
- Y ya que los Estuardo no están, entonces sólo queda una familia con herencia real…
- Nosotros – Habló orgulloso el hombre de cabellos plateados.
Los tres hombres se miraron entre sí, Liam les ofrecía un poder como nunca antes lo hubieran soñado y acordaron con él en apoyar su plan si todo funcionaba tal como él se los había dicho.
Le pidió al carruaje que se detuviera y se asomó por la ventana.
- Aquí está bien – Salió de un brinco del mismo.
Observó las calles a su alrededor y comenzó a caminar.
- Sólo he venido dos veces y creo que conozco el camino, si mi memoria tuviera la virtud de recordar mi pasado tal como recuerda este camino a ese departamento…
Era sábado, si era el día de descanso de su tío tendría más oportunidades de observar sus movimientos. Había cambiado su vestimenta por una más sencilla y acorde al lugar que visitaría con un pantalón beige y un suéter azul con una delgada línea blanca y sin corbata.
- Estoy seguro que es hacia allá…
Estaba a punto de terminar de cruzar un parque cuando una persona llamó su atención y se detuvo inmediatamente.
- Es ella… la pareja de él… - Trató de observarla mejor aunque lamentablemente estaba algo lejos de ella.
Con su bolso blanco sobre el hombro caminaba despacio por las calles, prefería salir a quedarse en casa recordando su soledad, aún estaba muy preocupada por Albert pero sus esfuerzos por encontrarlo habían sido en vano.
Su rostro se veía afligido en ese momento y él lo percibió.
Qué habrá ocurrido? La vio con sospecha y la observó en silencio alejarse, cerca ya más de su departamento ella decidió que no podía pasarla triste todo el tiempo y volteó al segundo piso del edificio donde ella vivía.
Ánimo Candy, todo va a estar bien! Se detuvo, sacudió su rostro para despejarse de tristes pensamientos y volteó de nuevo con una sonrisa grande en su rostro hacia aquel viejo edificio. Albert no querría que yo estuviera así!
Continuó con su camino con nuevos ánimos que se reflejaron en su lindo rostro.
Seguramente va con él, debe estar entonces en esa vivienda… Ahora volteó a ver el edificio también, después de un rato no hubo señales de él ni de esa chica.
- Qué extraño… - Levantó una ceja mientras meditaba qué hacer – Es muy extraño que no haya aparecido él.
Después de otros minutos más vio que su espera sería en vano así que decidió marcharse del lugar.
Candy se asomó por su ventana ligeramente recostada en la silla, tendría que ser fuerte ese día también. Las personas iban y venían por la calle de su casa que llevaba a una de las avenidas principales, a lo lejos observó una alta figura rubia, no se detuvo mucho en ella, de inmediato volteó a observar los edificios que a lo lejos se veían.
- Dices que no está? – Volteó Liam a verlo.
- En mi opinión no se encuentra ahí – Dijo frustrado.
Liam bajó un poco su mirada pensando rápidamente, Colin le había dicho que George había estado algo extraño y le había dicho que pronto se haría un anuncio muy importante, debía actuar y pronto, tenía que ganarle esta vez a ese muchacho.
- Elliot! – Le llamó apurado.
- Qué sucede? – Entró de inmediato a la habitación, Anthony y él cruzaron sus miradas.
Por la mirada en los ojos cafés del venerable señor supo que algo andaba mal pero siempre se controlaba frente a Anthony.
- Ordena inmediatamente la búsqueda de William.. – Sostenía con todas sus fuerzas su fino bastón negro – Es imperdonable que después de haber seguido su rastro desde Italia hasta América ahora que estaba justo bajo nuestra mira desaparezca… entendiste?
Su mirada brilló en odio.
- Se hará como tú lo digas – Se inclinó levemente y salió de la masculina habitación.
- No regreses hasta que lo encuentres… - Fue lo último que le dijo al hombre de mirada dura que salía del lugar mientras le daba la espalda.
El rostro de Elliot Andley se contrajo por unos segundos en enojo pero le respondió serenamente.
- Jamás te he fallado y no será esta la primera vez – Dijo antes de desaparecer.
Los planes para tu presentación se posponen hasta nuevo aviso.
Lo que le vino en frustración al muchacho, llevaba encerrado en ese hotel ya dos semanas y no veía la hora de lograr su objetivo aunque por razones muy distintas a las de su tutor en esos años.
- Está bien – Cerró sus puños.
Liam se paró frente a él, colocó su mano sobre el hombro del joven antes de salir de la habitación.
- No me preocupa tu nombramiento hijo, me preocupa que vuelvas a estar rodeado de aquellos que se olvidaron de ti, cuando vean que serás el líder serán amables contigo, me preocupa tu estabilidad.
- Descuida tío, una vez que lo derroque no tendré tiempo siquiera para reparar en algo así.
Liam sonrió.
- Estoy orgulloso de ti, tus primos, esa chiquilla sin prejuicios y Elroy te olvidaron demasiado rápido, además son la clase de persona que apoyarían a William, a ese renegado.
- Iré a caminar un poco…
- Claro hijo, anda, no es bueno para ti pensar en traiciones, te hará bien.
No pudo percatar la mirada vacía y melancólica del muchacho el cual se alejó a prisa del lugar. Un sentido a mi existencia… lo único que me lo da es la misión para la cual nací, de no ser por eso, era tan débil que no signifiqué nada con quienes viví…
Muy temprano a la mañana siguiente, cuando la ciudad aún se encontraba en un casi completo silencio un automóvil propiedad del ejército americano se estacionaba frente a la gran mansión Andley de Chicago.
- Señora…
- Qué sucede tan temprano? – Preguntó la gran dama.
- … el General Marshall solicita verla de manera urgente…
La dama Elroy quedó helada, sabía perfectamente lo que podía significar una visita por parte de oficiales del ejército por lo que se preparó rápidamente y bajó a la sala donde lo esperaba el oficial.
- Señora Elroy…
- General Marshall – Dijo conteniendo el aliento – Se puede saber a qué ha venido a esta hora?
El hombre se puso de pie de inmediato y quedó callado por unos momentos.
- Se trata de Alistear…
Al oír el nombre de su nieto palideció la anciana mortalmente.
En otro extremo de la ciudad un joven de facciones muy parecidas a las del muchacho alojado en el hotel Drake se había dejado caer sobre su amplia cama, aún no sabía definir ese sentimiento por ella, lo tenía muy claro, esa niña que desde siempre le inspiró ternura, el recuerdo de su hermana fallecida, él la había adoptado por Dios! Su amado sobrino la había amado, su mejor amigo actor la amaba aún, estaba seguro.. y al final el qué clase de figura masculina correspondía en la vida de ella? Le tenía un gran cariño sí, pero había algo más?
Recordó cuántas veces la había encontrado sin buscarla pero otros encuentros más no fueron tan casuales, increíble que pese a que se aproximaba el evento más importante para los Andley su mente viajara hacia otro asunto tan distinto, después de pensarlo un poco decidió que lo más conveniente en su relación especial con Candy era revelarle su identidad previo al evento.
- Pero en dónde se lo diré? No quiero perturbarla en su casa…. – Su vista recorrió su habitación hasta llegar a un cuadro lleno de rosas – Lo tengo! Lakewood!
Con una sonrisa en su rostro al tener definidos sus siguientes pasos salió de su habitación cuando vio a George que entraba corriendo.
- William!
- George! Qué sucede? – Se preocupó al ver su palidez.
- Se trata de Stear…
- Stear!
George cerró sus ojos invadido por una gran tristeza, no hubo necesidad de palabras para saber de qué se trataba, finalmente el desenlace que tanto temían había llegado.
Candy se había llevado las manos a su boca para ahogar su grito, sus ojos verdes temblaban y no tardaron en humedecerse.
Archie se había hundido en su sillón y colocaba sus manos en su frente cayéndole su lacio cabello al rostro acompañado de Annie quien lloraba desconsolada.
Mientras que Patricia O'Brian convulsionaba de dolor y llanto en la sala de la casa de los padres de Archie quienes avisaron su regreso inmediato a América.
Dos personas en ese salón recibían un tremendo golpe en la vida una vez más, acaso iban a ser reducidos a nada? Por qué la vida se llevaba a sus buenos amigos, ellos cuatro tenían tantos sueños por Dios!
- Primero Anthony…. – Apenas pudo hablar Archie – Ahora mi hermano, mi hermano! Todos se han ido…..
Candy no supo qué responder a sus palabras y reuniendo de todas sus fuerzas para no llorar se giró hacia la ventana sujetando la cortina apretadamente, como si en ello quisiera descargar su dolor, las lágrimas bajaron despiadadas ante el recuerdo de aquel que había amado tanto y de su gran amigo que con sus ocurrencias había podido superar la ausencia de Anthony. Por qué? Por qué con quienes fue más feliz se habían marchado?
No, no podía darse el lujo de derrumbarse, su amiga Patty la necesitaba, su gran amigo Archie, el único que había sobrevivido a todas esas tragedias.
- Patty – Se agachó para tratar de levantarla.
Ya para ese momento ella no lloraba, su mirada se había quedado vacía y no reaccionaba.
- Patty! – Le habló con más fuerza obteniendo el mismo resultado.
La joven se levantó por su cuenta, alegando que tenía que informar a su familia para asistir al funeral simbólico que realizaría la familia Andley.
Archie tuvo que solicitar al chofer que la llevara hasta su casa ante la negativa de ella de que alguien la acompañara dejando muy preocupados a todos sus amigos.
Leía la nota recién recibida esa mañana durante su desayuno mientras bebía de su café, colocó la taza en la mesa y suspiró.
- Sucede algo tío? – Le preguntó con interés Anthony.
Esto me facilita las cosas, uno menos por el cual preocuparme, mucho mejor.
- Una lamentable noticia hijo, un primo tuyo, Alistear, quien en contra de toda la familia se enlistó en la guerra y se encontraba luchando en el frente, ha fallecido en un ataque aéreo.
- La guerra…. – Recordó todas las noticias atroces que en Escocia estaban recibiendo, ya habían pasado más de dos años desde que había iniciado, una absurda guerra decía él, el último recurso del hombre para solucionar un conflicto.
- Era mayor que yo si recuerdo bien lo que me contaste.
- Así es, un recurso realmente sin valor para la familia, jamás se interesó pese a ser el heredero de su familia por lo que sé.
Anthony parpadeó un par de veces, por lo visto era igual a su propio tío, pero qué clase de libertades tenían aquí los Andley?
- Creo que es una buena oportunidad, iremos al funeral y los observaremos a lo lejos.
- No sería muy arriesgado? – Le cuestionó el rubio.
- No, esto precipitará la presentación de William, si es que ya ha regresado con los Andley, Elliot siguió a George y al parecer se encuentra en otra de las casas de la familia, si esta información es correcta con más rapidez se hará el anuncio, tenemos que asegurarnos.
- Me parece bien – Dijo colocando su servilleta a un lado – Vayamos entonces.
El contraste del brillante y dorado sol en ese triste funeral parecía irónico, sus corazones lloraban pero el cielo azul y claro pareciera que les dijera que todo estaría bien.
Unos padres arrepentidos por no haber conocido mejor a su hijo lloraban sobre la lápida mientras que una jovencita controlaba sus emociones para no dejarse caer sobre ella y llorar todo lo que su corazón necesitara.
Su compañera de ojos verdes estaba a su lado recordando con gran cariño a su amigo y preguntándose una y otra vez por qué? Por qué se marchaban las personas más buenas que había conocido?
Stear… ya te habrás encontrado con Anthony verdad? Quiero verlos! No quiero decirles adiós! – Dirigió su vista al cielo azul, ante tal pensamiento e imaginando a sus seres queridos reunidos las lágrimas volvieron a aflorar.
El hombre observaba con sus binoculares desde otro extremo de aquel panteón, sonrió al reconocer a todas las figuras y le pasó el objeto a quien le acompañaba.
- La figura al frente es Elroy Andley, mi hermana.
El joven frunció ligeramente su ceño.
- Fue por ella que mi madre tuvo todos los problemas que la enfermaron hasta la muerte.
- Así es.
El muchacho no dijo nada, quedó en absoluto silencio observando a la figura.
- El joven de cabello castaño claro es Archibold Cornwell, ahora sí que tendrá que olvidarse de su vanidad y comportarse a la altura, siempre creyó que su hermano se haría cargo de las empresas de Cornwell mientras que él se dedicó a llevar una vida despreocupada, totalmente inepto.
Anthony lo estudió por unos momentos, pudo observar el genuino dolor que le agobiaba a ese primo suyo.
Liam le explicó quiénes eran los padres de Alistear y otros familiares que habían asistido, pudo notar que el funeral se había dado con la mayor discreción.
- La familia lo considera un deshonor… - Dio por conclusión.
- De qué otra forma podía considerarse hijo, un Andley no mancha sus manos con sangre, un Andley está aquí para exigir resultados y llevar a la familia a la gloria, no a la guerra, no como un sucio soldado.
Un pequeño rictus de molestia nuevamente apareció en el rostro de Anthony, realmente él pensaba igual? Sacudió su rostro y volvió a ver a través de los binoculares y fue ahí donde se encontró con aquella figura rubia otra vez.
- Es esa chica… pero qué hace ahí con ellos?
- Quién es? – Le preguntó con interés.
Definitivamente la palabra amante no estaba en su vocabulario, pese a que lo había visto con sus propios ojos.
- La chica que adoptó mi tío.
- La pareja de William! – Abrió mucho sus ojos – Qué descarada es! Cómo se atreve a estar en el funeral de la familia después de lo que ha hecho?! Entiendo que fue conocida de Alistear pero esto es demasiado!
Comenzó a despotricar Liam Andley en contra de ella y de Albert.
Anthony no dijo nada, volvió a ver por los binoculares viendo ahora solamente al pequeño grupo reducido de jóvenes, Archibold, Candice White Andley y otras dos jóvenes que no supo quiénes eran, los vio llorar sobre la tumba de esa persona y marcharse totalmente afligidos, cosa que le llamó la atención.
Una vez que el panteón quedó totalmente solo, caminó lentamente entre las lápidas respetando el eterno silencio que en el lugar había pese a las protestas de su tío, pero igual él lo hizo.
Sus pisadas finalmente lo llevaron a esa sencilla lápida y comenzó a leer el nombre en ella escrito.
- Alistear Cornwell Andley…. – Pronunció pausadamente ese nombre y quedó en silencio como si esperara alguna respuesta que nunca llegó y apretó sus puños – Eras mayor que yo, qué desperdicio – Cerró sus ojos molesto – Las guerras son estúpidas, manejadas por intereses particulares y los que pagan el precio somos nosotros, a qué fuiste ahí? No lo entiendo…
Negando con la cabeza hizo el ademán de alejarse de esa tumba cuando observó a una rosa blanca que habían dejado colocada sobre ella, el único adorno que el concreto gris claro tenía.
La observó intensamente por unos breves segundos para luego alejarse a paso lento del lugar.
No había terminado de subir al automóvil cuando observaron a otro que viajaba en dirección contraria a ellos hacia el panteón.
- Y ese coche?
- De qué hablas William?
- Vi a un joven rubio subir en él, vendría al funeral? Pero se supone que terminó hace una hora.
George observó por el retrovisor para estudiar el automóvil.
- No lo creo, no tiene el emblema de la familia.
Albert volteó una vez más al coche que ya se estaba alejando de ahí, le había llamado la atención aquel muchacho rubio y alto, parecido a… Negó con su cabeza, en qué estaba pensando?
Seguramente fue por todo lo sucedido y los recuerdos de quienes se fueron golpeaban fuertemente en su mente.
Lo único que pudo negociar fue poder ir al entierro siempre y cuando observara todo desde lejos, muy a su pesar George le indicó hasta dónde tenía permitido estar.
- Descuida George – Dijo con un dejo de molestia – Pronto todo esto cambiará.
Albert caminó unos cuantos pasos, su mirada se nubló al recordar a Stear, gracias a su amnesia pudo formar amistad con él y con Archie como Albert, como aquel sin pasado y sin apellido.
- Hermana, recibe por favor también a Stear junto a ti, Anthony… - Una gran frustración y tristeza se había apoderado de él – Ya no están solos cierto? Pero qué clase de maldición es la que recaído sobre esta familia? No lo entiendo…. Stear….descansa en paz amigo mío…
Con el rostro agobiado por la tristeza se alejó de ahí.
Decidió esperarse un poco a que las cosas se calmaran pero ciertamente el encierro en ese hotel lo estaba desesperando así que pese a que su tío le había prohibido salir eso no le había impedido avisarle que lo haría.
- No debes salir aún Anthony! Comprende!
Pero como respuesta la mirada azul y fulminante de Anthony le hizo saber que lo haría pese a su orden, aquella mirada otra vez que Liam tanto detestaba.
Algo no estaba del todo bien, por eso necesitaba alejarse un rato, olvidar el enorme peso y responsabilidad que sobre su peso caían, había vivido para ese día desde que había abierto sus ojos, se había dedicado tan de lleno a eso que ahora sentía que se asfixiaba pero no iba a retroceder ni un solo ápice.
Nunca deseó tanto volver a Escocia y montar su caballo blanco y volverse uno con el viento.
Fue entonces que a su mente le vino la imagen de Grace Campbell y las circunstancias como la conoció, recordó cuan orgullosa estaba ella de su patria y cómo defendía la autonomía de Escocia, vivía por y para eso.
Sonrió ligeramente, la dulce compañía de Grace desaparecía algunas veces la niebla que cubría su corazón, y éste nuevamente volvía a palpitar, volvía a sentir vida, creía que la amaba.
Cuando se tranquilizó un poco más disminuyó su acelerado paso y se encontró en pleno centro de Chicago donde la gente iba y venía por todas partes. Una pequeña niña se acercó a él.
- Compra una flor señor? – Habló tímida.
Anthony volteó a verla, tendría unos diez años y sus ropas estaban rotas y sucias, no pudo negarse.
- Está bien – Habló con un tono de voz tan desconocido para él mismo, había notado hasta cierta gentileza en su hablar? – Toma, quédate con el cambio.
Los ojos café de la niña brillaron felices y se alejó corriendo después de entregarle la rosa blanca, prácticamente con lo que le había pagado el joven no tendría necesidad de vender flores en al menos dos semanas!
El rubio la observó con una sonrisa en su rostro y suspiró largamente, después observó la flor que él mismo había elegido.
- Otra rosa blanca – Levantó una ceja extrañado, internamente y aunque no lo reconociera no podía negar el llamado desesperado que su yo interior le hacía.
Nuevamente escuchó risas en su mente, cada vez más claras y fuertes, tanto que dejó de escuchar el ruido a su alrededor y comenzó a sentirse mal, como hace mucho no le sucedía.
- Otra vez no…! - Cerró sus ojos y llegó una mano a su cabeza preso de un gran dolor.
Intentó caminar para regresar de nueva cuenta al hotel pero no había dado un par de pasos cuando su visión se fue tornando borrosa y no supo más de él.
Poco a poco, ruidos extraños y el sonido de muchas voces lo fue despertando de su letargo, abrió un poco sus ojos azules pero la luz blanca y brillante del lugar donde se encontraba le molestó demasiado y colocó una mano sobre sus ojos para poder mantenerlos abiertos.
Cuando después de unos minutos pudo recuperarse logró distinguir a dos personas cerca suyo.
- Se encuentra bien?
Sus ojos azules temblaron ligeramente, se dio cuenta que había perdido el conocimiento y lo que es peor no tenía idea de dónde estaba.
- En dónde estoy?
- En el hospital de Chicago, soy el doctor…
- QUÉ? – Se levantó de golpe.
- Tranquilícese por favor, sufrió un desmayo y estuvo inconsciente por más de media hora, esto le ha pasado con frecuencia?
- No – Mintió – Es la primera vez, últimamente he tenido mucho trabajo y he dormido poco.
La mirada del doctor entonces se suavizó.
- Eso lo explica todo, de cualquier manera creo que deberíamos revisarlo y…
- Lo siento pero no puedo quedarme.
Pueden descubrirme, esa chica que vive con él me puede ver y…
Sin preguntarlo el médico se dio cuenta de que provenía de una familia prestigiosa.
- Podríamos llevarlo a una de las habitaciones especiales.
- Debo irme ahora!
- Qué? No puede irse, recién recuperó el conocimiento, por lo menos debe recuparse.
- No, lo siento – Hizo el ademán de sentarse y querer ponerse de pie.
- El médico soy yo! – Dijo un tanto molesto el doctor – Y mi deber es ver por mis pacientes así que yo le ordeno que se quede quieto.
Anthony cerró sus puños, ese médico no le dejaría otra alternativa.
- Señorita Johnson por favor pídale a la enfermera que aplique un poco de suero y revise sus signos vitales.
- Enseguida doctor.
- Cuál es su nombre? –Dijo cuando se retiró la enfermera – Debemos informar a sus familiares.
- No será necesario, me iré solo.
El paciente más enigmático que hubiera conocido, pensó el buen doctor, vio que no obtendría ninguna información de él así que suspiró resignado.
- De acuerdo, pero por favor quédese hasta que se haya recuperado completamente.
- De acuerdo.
Pasaron varios minutos mientras el joven meditaba qué hacer, justamente tenían que llevarlo a ese hospital donde esa muchacha trabajaba, se molestó consigo mismo por haber sido tan débil y ahora ponía en riesgo todo el plan.
Se sentó sobre la cama de la habitación en urgencia y cruzó sus dedos pensando seriamente en qué hacer cuando escuchó la mención de un nombre que lo hizo detenerse en seco.
- Candy?
- Sí jefa! – Llegó corriendo
- Asistirás al doctor Miller, tiene un paciente que fue encontrado inconsciente y ha despertado, ve a revisar sus signos vitales.
- Entendido!
Esto alertó completamente al joven que de un brinco se bajó de la camilla, nunca le pareció que el mundo podía ser tan pequeño, se asomó con cuidado entre las cortinas que lo aislaban del resto de los pacientes, perfecto, ella no estaba ni la jefa de enfermeras, era su oportunidad.
- Candy! No has terminado tu reporte aún verdad? – El aviso del nombre de ella lo hizo detenerse y ponerse alerta.
- Eh… lo siento mucho – Bajó su rostro avergonzado y se tomó de las manos.
- Qué tan difícil puede ser Candy – Suspiró exasperada – Regresa y termínalo.
- Pero y el paciente?!
- Yo lo atenderé.
- Pero…
- He dicho que termines tu reporte.
- S-sí señorita Johnson! – Más valía no hacerla enojar, realmente era de temer.
Anthony pudo respirar más tranquilo y cuidadosamente se alejó del hospital sin que nadie lo viera.
Sus compañeras de trabajo recogían sus bolsos en los casilleros de enfermeras cuando la joven rubia entró también y ubicó a su jefa.
- Señorita Johnson, cómo está el paciente del doctor Miller?
Ella volteó molesta.
- Escapó.
- Cómo que escapó?
- Cuando entré ya no estaba.
- Candy! Lo hubieras visto! Era un joven realmente apuesto.
- Apuesto es poco Julie!
- Jajaja – Rieron todas las enfermeras en señal de acuerdo.
- De hecho se parecía mucho al paciente sin memoria que atendiste Candy – Le dijo Natalie.
- QUÉ? – Candy casi dejó caer su bolso – Cómo era, dímelo Natalie por favor?!
- Pues era rubio, muy alto y tenía ojos muy azules, muy elegante.
- Y dices que había perdido el conocimiento?
- Sí.
- Cómo se llama?
- No quiso decir su nombre pero...espera Candy a dónde vas?!
Candy corrió apresurada hacia el área de urgencia y corrió las cortinas de par en par en donde sabía esa persona había estado pero no encontró a nadie.
- Será posible… Albert….sería Albert?! - Caminó unos pasos.
Un objeto tirado en el suelo llamó su atención.
- Pero si es… - Tomó el objeto entre sus manos.
Su cabeza le dio vueltas.
- Una rosa blanca….. – La descripción del paciente le había indicado que podría tratarse de Albert, sin embargo esa misma descripción, aunado a la rosa blanca que había encontrado la hicieron casi temblar.
Su mente vuelta un caos la hizo salir corriendo por todo el hospital sorprendiendo a médicos y enfermeras.
- Tengo que encontrarlo!
No muy lejos de ahí un joven rubio estaba a punto de tomar un carruaje para alejarse a toda costa de ese hospital.
La rubia volteó en la esquina de esa larga avenida y sus ojos creyeron que su mente le jugaba la broma de su vida.
- ESPERA! DETENTE POR FAVOR!
Corrió a toda prisa, justo como en sus sueños donde sus manos intentaban alcanzar a su más querida persona.
