Serie de cuatro drabbles inspirados en palabras difíciles de traducir del alemán.


Heimweh [jaim·vee]: la traducción literal sería "dolor de casa" y se refiere a cuando uno echa de menos su patria.

Era una noche maravillosa. Desde el balcón de su séptimo piso, Caesar contemplaba el movimiento nocturno de la ciudad. Los autos iban y venían, los anuncios empezaban a encenderse y la luz se escapaba por las diferentes ventanas de los departamentos que rodeaban al suyo. La única luz que no tenía un origen eléctrico provenía su cigarrillo.

—¿Estás bien, Caesarino?

—Oh, Joseph —Se volteó para verlo acercarse—. No te escuché llegar.

Caesar amagó a apagar el cigarrillo, pero el otro hizo un gesto para que se detuviese.

—Si tienes la consideración de fumar afuera, yo no tengo derecho a interrumpirte —Se apoyó contra el marco del ventanal que separaba la sala del balcón—. Mientras, puedo esperar aquí.

—Gracias. ¿Qué tal tu día?

—Nada fuera de lo común. ¿El tuyo?

—Tranquilo también. Hoy nos visitó un cliente italiano. Fue agradable volver a hablar mi lengua materna.

Joseph lo estudió unos segundos.

—¿Nostalgia? ¿Añoranza?

—No sabría definirlo, pero creo que sí —Caesar sonrió.

A pesar de haber estado juntos por tanto tiempo, todavía seguía asombrándose ante la capacidad de Jojo para leerlo como un libro abierto. Era agradable, no, fantástico tener a alguien que supiera cómo se sentía sin necesitar explicarle nada. Caesar terminó su cigarrillo y lo guardó en una cajita que siempre tenía a mano para tirar las colillas. La basura iba siempre en su lugar.

—No creo que se pueda comparar con un viaje a Roma, pero, ¿te apetece ir a cenar comida italiana?

Ensanchando su sonrisa, Caesar se le acercó. Le agarró la nariz con los nudillos de sus dedos índice y medio.

—Sólo si tú invitas.

—¡Claro, aprovéchate de mi bondad! —se "quejó" Joseph—. Ve por tu abrigo. Mientras voy al baño.

Blitzkrieg [blits·kriik]: Sería una "guerra relámpago" y se refiere a una incursión militar muy violenta y rápida.

Joseph Joestar, sentado en el sillón, sopesó sus posibilidades. Caesar estaba cocinando en esos mismísimos instantes; por lo tanto, no sería inteligente proseguir con la ofensiva en ese momento. Lo siguió observando. El italiano se separó de la hornalla y se acercó a la alacena. ¿Sería esa la oportunidad que estaba esperando…? No, puesto que Caesar estaba tomando la vajilla para colocarla sobre la mesa. Su ataque tenía que ser sorpresivo, sí, pero también lo más prolijo posible. Y porcelana destruida diseminada por el piso no cabía dentro de los parámetros de la prolijidad.

Sabía que sus acciones tendrían consecuencias, mas lo óptimo era hallar un momento donde el daño colateral fuera mínimo. Cuando vio que Caesar empezaba a apagar el fuego, colocaba la pasta en un recipiente de vidrio y lo dejaba sobre la mesa, supo que la apertura en las defensas de su pareja pronto se haría presente.

Entonces el momento se dio. Caesar se volteó para colgar su delantal, y Joseph saltó del sillón y corrió hacia él.

¡Paf!

Un alarido de dolor, un rugido pronunciando su nombre que sacudió los cielos, un insulto que hizo temblar el mismísimo infierno. Un Caesar Zeppelli con una mano en una nalga, persiguiendo a un Joseph Joestar riendo a carcajadas.

Drachenfutter [dra·jen·fu·ta]: literalmente "comida de dragón". Es el regalo que haces a alguien cuando has hecho algo malo y quieres apaciguar el enfado que tendrá. (Este no lo tomé al pie de la letra).

—Lo siento mucho, Joseph…

No tuvo respuesta. Jojo no se dignaba ni a voltearse ni a mirarlo. Sólo se quedaba parado ahí, cruzado de brazos y enfadado.

—Vamos, Joseph, no puedes estar enojado para siempre.

Caesar suspiró. De verdad lo sentía. Pero, ¿cómo iba a saber que el control de la PlayStation de Joseph volaría por los cielos si le hacía cosquillas? No había sido su intención que el pobre aparato dejara de funcionar, pero la culpa estaba ahí de cualquier manera. Y ese sentimiento sólo crecía entre más duraba el berrinche de Joseph.

Entonces Caesar tuvo una idea. Sin decir nada, cogió las llaves y salió del departamento. Volvió a la media hora con una bolsa de papel enorme entre los brazos.

—Jojo.

—¡Hm!

—Te traje tu hamburguesa favorita.

Por primera vez en un rato largo, Joseph se volteó sólo lo suficiente para mirarlo de reojo.

—¿Viene con el juguete?

—Traje todos. De hecho, todos los de esta colección, sí.

El inglés terminó de dar la vuelta, sonrisa de oreja a oreja; como si nada hubiera pasado. Sin darle tiempo al otro para que apoyara la bolsa sobre la mesa, hurgó en esta hasta dar con una pequeña figura pequeña de Batman.

—Sabes tan bien como yo que aun así me tienes que reponer el control, ¿no?

—Lo sé —suspiró Caesar. Por lo menos el berrinche de Joseph había terminado.

Sandkastenfreund [sand·kas·ten·froint]: Es el amigo que has conocido desde la infancia. Literalmente significa "amigo de caja de arena".

—¡Mira, Caesarino!

El susodicho levantó la vista del libro que estaba leyendo y tomó el teléfono celular de Joseph. La pantalla mostraba una foto de ellos dos de niños. Mientras que Caesar lucía un gesto de satisfacción y triunfo, Jojo tenía cara de pocos amigos. Seguramente producto de alguna broma que le había gastado él mismo. Molestar continuamente a Joseph había sido uno de sus pasatiempos predilectos. Sonrió al reparar en que el karma se la estaba pagando con creces.

—¿Te la envió Lisa-Lisa?

—Seh, está limpiando su apartamento o algo —Se sentó a su lado y, con el dedo índice, corrió la imagen para que apareciera otra.

—¡Ja! Recuerdo esta fiesta de Halloween. La habíamos pasado muy bien —dijo al ver una foto en la que ambos estaban vestidos de superhéroes.

—Habla por ti mismo. ¿O acaso te olvidaste que esa misma noche me empujaste y me caí en un charco de lodo?

—Técnicamente no fue mi culpa —se defendió entre risas.

—Técnicamente tendría que haberte golpeado —protestó—. Tuviste suerte de que mi madre estuviera ahí para detenerme.

Joseph volvió a pasar de foto en foto. La mayoría retrataba momentos que las familias Zeppelli y Joestar habían pasado juntas; y en muchas de ella Caesar sonreía como un zorro travieso mientras que Joseph fruncía el ceño.

—Luego de ver esto, no entiendo cómo es que estamos juntos. Eras insoportable.

—Es que soy irresistible, Jojo —rió Caesar.


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