Nota del autor: Aqui les traigo el segundo capitulo de la historia, espero que les guste!
Por favor, no olviden dejar sus reviews para ayudarme a saber como va el curso de la historia, sugerencias o cualquier otra cosa que tengan en mente sobre el fanfic! Despues de todo, ustedes, queridos lectores, son la razon de mis publicaciones! ;)


"…No paso mucho tiempo hasta que la noticia recorrió los 4 confines del mundo. Desde la Isla Everfree hasta Cowrea y desde las Tierras Quemadas hasta el Mar del Velo Cegador, todos los habitantes del mundo se reunieron para la celebración de la gran boda, desde los más pequeños hasta los más grandes, desde los líderes de las grandes tribus hasta el más humilde de los súbditos. Y todos se regocijaron en la presencia de los dos esposos y los padres del mundo, mientras el sol, la luna y las estrellas bailaron a su alrededor..."

El ambiente del día de la gran boda no podía ser mas acorde para el día de la celebración, un sol apenas amanecido bañando el mundo en una luz de una mezcla de suaves tonos anaranjado y rosado que se iban extendiendo en un cielo que desteñía poco a poco su azul profundo y escondía sus estrellas. Aun así, la luz del sol despedía una tibieza suficiente para un amanecer de verano que llenaba los cuerpos de todos con una vitalidad especial.
La gran plataforma de mármol que albergaba el altar y las columnas circundantes se apoyaba sobre dos grandes pilares que los dioses habían tallado en forma de dos estatuas gigantes que representaban a dos alicornios parados sobre sus patas traseras y enfrentados, una blanca esculpida en marfil y la otra negra tallada de obsidiana, cuyos cuernos se tocaban en sus puntas, formando sobre estos y sus cabezas una gran plataforma coronada por el bellísimo altar en el centro, donde estaba ubicada a una altura perfecta para que nadie pudiera perderse la ceremonia.
Del lado derecho de lo mas alto del altar se ubicaba la diosa Diurnal y sus dos hijos, Vulcanus y Marina, que lo flanqueaban desde la escalinata que subía desdela plataforma. La Ama de la Luz era una alicornio de un gran tamaño y brillantes ojos similares a los de Nocturne, pero con importantes diferencias que los distinguían como el hecho de que su cuerpo rodeado por una suave aura luminosa se formaba de un color blanco que iba entintándose de los colores del anochecer a medida que sus patas terminaban en sus cascos, mientras que su melena y su cola se formaban de los radiantes colores de la aurora boreal, alternándose entre ellos y fluyendo constantemente.
Por otro lado, la yegua y potro de honor de la novia eran muy fácilmente reconocibles por los asistentes. Mientras que Vulcanus era un semental alicornio de físico robusto y ojos anaranjados cuya melena y colas se conformaban de grandes llamas que flameaban sin parar en alternados rojo y amarillo, al igual que las plumas que conformaban sus alas. Sus cascos adornados en oricalco negro y patas intensamente coloradas de una tonalidad que iba aclarándose a medida que ascendían por sus patas hasta lograr un suave tono amarillo del que se coloreaba el resto de su pelaje, coronado en sus flancos traseros por una cutie-mark en forma de flama. La pechera que llevaba se adornaba de un gran Rubí de Fuego.
Marina, por otro lado, era una yegua un poco mas grande de la misma especie que se distinguía por la particularidad de que el pelaje de su cuerpo era de un color celeste claro que brillaba imitando los reflejos de la luz en el agua, finalizando sus patas en cascos ornamentados del mismo nácar arcoíris que tienen las ostras de mar. El color de su cuerpo se complementaba en sus flancos con la cutie-mark de unas ondas de agua sobre las que surcaba una ola. Su crin ondulada adornada con flores de plantas acuáticas caía sobre los costados de su cuello era de un celeste apenas mas oscuro, similar al de su larga cola. Sus ojos eran de un azul profundo, casi como el color de la aguamarina que adornaba su collarete. La expresión de su rostro era la de una serena sonrisa, contrastando con el intento serio y solemne de esbozarla por parte de su hermano.
Del lado izquierdo se ubicaba la familia de Nocturnal. La única yegua de honor de Oscuris era su hermana menor Glacia. Una alicornia del mismo tamaño que Marina, pero a la vez sumamente diferente. Su cuerpo era del color blanco puro como la nieve, con la única particularidad de que sus cascos se adornaban de brillante cristal, un color semejante al de su cutie-mark con forma de un gran copo de nieve. A partir de estos el color celeste profundo del hielo se extendía a lo largo de la parte inferior de sus cuatro patas, pudiéndoselo observar en las puntas de las plumas de las alas. Su lacia y larga crin de un color plateado caía a un costado de su cuello adornada en una larga y elegante trenza, haciendo juego con la que tenia hecha en su cola.
Su expresión era lo que mas particularmente llamaba la atención, ya que era extremadamente seria, casi al punto de no mostrar emoción alguna. Sin embargo esa era la naturaleza de la señora de las ventiscas y el invierno. Nadie podía saber si denotaba mucha alegría en esos fríos e intensos ojos plateados, casi tan brillantes como la esmeralda de su collarete.
Por ultimo, sobre el altar y frente a los dos dioses se encontraban Oscuris y su novia, Alumina. Una majestuosa yegua alicornia de su mismo tamaño con un pelaje de color blanco que iba degradándose en un anaranjado oscuro, finalizando en cascos de un color similar al del cielo nocturno en vísperas del amanecer. El mismo degrade de colores que se producía en su cuerno y sus largas y onduladas crines así como en el abundante cabello de su cola, ambas fluyendo constante y suavemente. Sus alas, del mismo color, recordaban a dos nubes cuyo suave fluir se asemejaba a una nube siendo desplazada por la brisa matutina. Sin embargo, no era posible ver su Cutie-mark ya que se ocultaba bajo un hermoso vestido de una larga cola y con bordados en hilo de oro, adornado a lo largo de su color blanco con flores doradas y plateadas adornadas con cristales de varios colores diferentes. Esta se complementaba por un velo exquisito que hacia juego con el diseño del collarete que llevaba, adornado por un gran diamante.
Los dos dioses se hallaban frente a los novios, cada uno frente a su hijo. Ambos siendo los oficiantes de la ceremonia. El primero en hablar fue Nocturnal.

"Estimados todoponies" anuncio en una voz imponente y resonante "Nos hemos reunido hoy para ser testigos de la boda entre Oscuris de la Medianoche y Alumina del Alba. Con su alegría no solamente celebramos el amor de estas dos gentiles almas, sino el nacimiento de una nueva época en la que la armonía nos guiara."

"Hoy no solo somos afortunados de ver el nacimiento de los nuevos amos de la noche y el día" continuo Diurnal en una voz mas suave pero no menos resonante como la de Nocturnal. "sino del resultado de una magia muy poderosa: la unión de los opuestos, entre aquellos elementos que si bien en el pasado se enfrentaron sin cesar, hoy se reúnen por la fuerza mas poderosa de todas: el amor."

"Dejad que su amor sea el faro que os guie cuando se sientan perdidos, dejad que su amor sea el escudo con el que puedan protegeros el uno al otro, dejad que el amor os de la sabiduría necesaria para enfrentar todas las dificultades de vuestra vida." Retomo Señor de la Oscuridad, a cuya conclusión era complementado por la Ama de la Luz "Dejad que sea el amor el nutriente de su nuevo árbol familiar, dejad que sea el amor el que os de el valor para no rendirse en los momentos de mayor necesidad, dejad que sea la luminaria que llene de alegría su nuevo hogar."

A continuación, ambos dioses bajaron la mirada dirigiéndola a los novios. "Oscuris de la Medianoche," pregunto Diurnal "¿aceptáis a Alumina como tu esposa, para amarla y cuidarla, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la alegría y la tristeza, hasta el fin de los tiempos?"

Oscuris volteo su cabeza e intercambio una mirada llena de amor y devoción hacia su consorte. Solo pudiendo pensar en la alegría que lo inundaba en ese momento y lo mucho que esperaba poder hacer feliz a su algunpony especial. "¡Acepto!"
"Y tu Alumina del Alba," cuestiono Nocturnal ""¿aceptáis a Oscuris como tu esposo, para amarlo y cuidarlo, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la alegría y la tristeza, hasta el fin de los tiempos?"

Alumina miro a su consorte con un brillo intenso en sus ojos de un suave color dorado, inundada del mismo sentimiento de amor que podía percibir de su pareja. Su sonrisa le hacia sentir una calidez en el corazón, que se traducía en una ternura que sentía por Oscuris y la desbordaba. "¡Acepto!"

Ambos dioses levantaron sus cuernos hacia el cielo hacia las estrellas, a lo que estos se rodearon de auras mágicas y a continuación ocho estrellas brillaron mas intensamente y en un haz de luz, descendieron seis gemas rodeando a dos anillos, los cuales descendieron hasta ser colocados en frente de los novios mientras las seis gemas flotaban a su alrededor. Sin mucha demora, cada uno de ellos uso su propia magia para colocar en el cuerno del otro uno de los anillos. "¡Por el poder del orden cósmico que nos inviste, los nombramos Potro y Yegua! ¡Que los Elementos de la Armonía los bendigan hoy y por siempre!" dijeron ambos dioses a la vez, tocando sus cuernos, irradiando con el contacto una suave luz dorada sobre todos los presentes. La alegría y la efusividad de todos los asistentes se respiraba por doquier, en un mar de risas y vítores para los novios.

"Ahora vuestros corazones laten como uno mismo. Recordad esto siempre y que sea su fortaleza en todo momento." Les menciono Diurnal seguida del gesto de asentimiento de su contraparte nocturna. Los dos alicornios recién casados se miraron y se besaron apoyando el hocico de uno sobre el del otro, rebosantes de una gran alegría demasiado grande para describirse en palabras. Al tiempo que esto sucedía, los anillos en sus cuernos resplandecieron intensamente y comenzaron a cambiar de forma, transformándose en dos coronas, una del mismo color negro de la pechera de Oscuris con amatistas adornándola y otra dorada ornamentada con diamantes. Ambos se dieron cuenta de esto solo después de que interrumpieron su momento de afecto.

"Así como es el deber de los padres dar los mejores presentes para sus hijos en los días de su boda," anuncio Nocturne "es deber nuestro no solamente daros un obsequio que representa todo lo que significa este día."

"Queremos que vuestra unión de la que nacen los Elementos la Armonía sea el regalo para todo el mundo," continuo Diurnal "que todas las criaturas se unan en bajo una gran estrella que los ilumine, la estrella de su unión."

"Una época en la que reinara la paz y la armonía, en la que la esperanza abunde en cantidad como las estrellas en el cielo…"

"Una época en la que serán los esposos los que guíen con su amor a todos aquellos que necesiten de su bondad, protección y socorro…."

"Por el mandato divino del Señor de la Oscuridad y la Ama de la Luz" recitaron ambos dioses de forma conjunta y solemne "Les nombramos rey y reina de Equestria. ¡Que su mandato este lleno de justicia, sabiduría y compasión!" Ambos alicornios volvieron a juntar sus cuernos, que brillaron trayendo consigo la aparición de una aurora boreal y grandes fuegos artificiales. Ante el aclamo de la multitud, los recién casados se miraron y se sonrieron el uno al otro, a continuación se voltearon y acercaron al borde del altar, observando que sus hermanos se inclinaron ante ellos sin abandonar su posición, mirándolos con gesto contento. Ambos respondieron al saludo con una sonrisa y una leve inclinación, tras lo que saludaron a la efusiva multitud que estaba al pie del altar. Sin duda no había habido jamás en la Historia del mundo hasta ahora semejante día festivo. La alegría se respiraba en toda la concurrencia, sin distinción de razas o especies. Ponies, dragones, grifos y muchas otras criaturas se abrazaban o vitoreaban desde la lejanía a los nuevos reyes. La dicha y el gozo se respiraban por doquier y la fiesta en todos los pueblos duro por varios días más. No hubo pueblo, ciudad o aldea en el mundo que no se hubiera enterado de la noticia sin alegrarse por ella, aceptando todos felizmente el nacimiento del gran reino mundial que se llamaría Equestria. Seria el inicio de muchos días llenos de paz y prosperidad, bajo el mandato de los dos monarcas designados por los mismos dioses.

"… Y así nació Equestria, el reinado de los hijos de los dioses. En sus primeros años toda la población conoció la dicha y el gozo, sin distinción de especies. Ambos reyes tenían funciones reales correspondientes, ordenadas por los mismos padres del mundo.

Y la tarea de Alumina consistía en traer el día y su radiante fulgor movilizando equilibradamente el sol en el cielo.

Y la tarea de Oscuris consistía en traer la noche y su manto estrellado ornamentado por una brillante luna. Asimismo, protegió al reino haciendo gala de valor y fuerza frente a las fuerzas del caos y el mal que constantemente buscaban arruinar el paraíso terrenal de Equestria, expulsándolas y frustrando sus esfuerzos con continuidad.

Siguiendo las últimas ordenes de los dioses antes del retorno de estos al Plano Celestial, los reyes gobernaron basándose en los principios de los Elementos de la Armonía, enseñándolos a su pueblo y guiando sus vidas por estos. Aun cuando los dioses ya no se encontraban mas en el plano mundano, sus hijos habían logrado ser casi tan amados como ellos, haciendo gala de todo lo bueno que un soberano debe tener. Y así comenzó la Primer Era de los alicornios…

…Y fue con el correr del tiempo que el árbol familiar dio frutos, y así el rey y la reina concibieron dos hijas a las que nombraron Celestia y Luna. Mas la diferencia entre las dos hermanas era evidente, en tanto la mayor tenia gran parecido con su madre, mientras que la menor lo tenía respecto de su padre. Mas los súbditos festejaron la llegada al mundo de las dos princesas con grandes fiestas y festines a lo largo de todo el reino…"

Era una bella y apacible mañana en Equestria. El sol ya estaba surcando el cielo y los pájaros trinaban alegres canciones para todo aquel que tenia la oportunidad de pasar bajo los arboles. Todopony ya se encontraba haciendo sus quehaceres diarios, sin importar si era pegaso, unicornio o pony terrestre.

Sin embargo, la familia real se hallaba un poco mas alejada del bullicio y la muchedumbre de la ciudad, visitando unas verdes llanuras para poder darle al rey y la reina la oportunidad de disfrutar un tiempo de calidad con sus hijas, las adorables princesas. "¡Rápido! ¡Rápido!" insistió la potrita blanca "¡Quiero que papa me enseñe a volar!". Sus ojos de un suave color purpura, similares a los de su padre, brillaban llenos de emoción. Su larga crin y melena, de un color rosado, ondulaba suavemente y no parecían ser una molestia para ella al contrario de lo que uno podría pensar a juzgar por su tamaño.

"¡Espérame Tia!" advirtió la potrita mas pequeña mientras perseguía a la otra que se alejaba entusiasmada. Al tiempo que corría tras de la otra y su melena y su cola color azul ondeaban con el movimiento. A diferencia de la otra, su cuerpo era de un color azul opaco, coronado en su flanco por una peculiar mancha de azul profundo como el cielo de la noche. Sus padres iban a un paso más lento, pero sin perderlas de vista. Ambos no pudieron evitar sonreír ante el entusiasmo de sus hijas.

"Despacio niñas, no se alejen mucho." Las prevenía su madre, al tiempo que arribaban a un gran campo repleto de flores y arboles frutales silvestres. Mas allá de que la ciudad no estaba muy lejos del lugar, la zona parecía haber quedado intacta frente a la urbanización de Canterlot. La pequeña Tia se acercó entonces hacia sus padres. "¡Es hermoso! ¿Como sabias de este lugar papá?"

"Jeje…Eso es sencillo, mi pequeña pony." Le respondió Oscuris con una mirada comprensiva. "este es el lugar especial donde yo y su madre solíamos venir a descansar y pasear antes de casarnos."

"Así es," continuo Alumina poniendo una tierna sonrisa al tiempo que se recostaba sobre la hierba "y por ser un lugar tan especial y mágico para nosotros queríamos compartirlo con ustedes."

"¿Puede ser este también nuestro lugar especial?" inquirió tímidamente la pequeña alicornia azul.

"¡Por supuesto! Porque tanto tu como tu hermana mayor son muy especiales para nosotros, Luna." Dijo al tiempo que se acercaba y acariciaba con su hocico a la pequeña. Tia no tardo en acercarse y momentos después, toda la familia estaba compartiendo un tierno momento de afecto.

Ambas princesas tenían mucho de sus padres, pero curiosamente también eran disimiles entre si al igual que ellos. La primera gran diferencia fue el tiempo de nacimiento, ya que la primogénita había nacido en pleno día, mientras que la menor había sido dada a luz a altas horas de la noche. El presagio de muchos era que esto significaba que las hermanas siempre serian extremadamente distintas en todo, una duda que muchos tranquilizaban dándose cuenta que los propios reyes eran muy opuestos y que pese a ello jamás hubo diferencias en su propia casa, y si las hijas seguirían los pasos de sus padres, nada había que temer. La hija mayor, Celestia, era muy parecida a su madre físicamente con las excepciones que brindaban los ojos de su padre y sus crines. Por otro lado, Luna, la menor, había adquirido rasgos mas cercanos a los de su padre, no solo por lo parecido del color de su pelaje, sino que por alguna razón, su expresión y su rostro se acercaban mas a la de Oscuris que la de Alumina.

Tras romper el abrazo familiar un momento mas tarde, Celestia se dirigió a su padre con los ojos brillantes "¡Papi! ¡Papi! ¿me ayudas a practicar mi vuelo?" pregunto entusiasmada.

Oscuris la miro y respondió con una sonrisa "¡por supuesto mi pequeña! Ven, vamos a esa colina" señaló Oscuris mientras la pequeña Celestia se le adelantaba.

Luna, entre tanto, vio la escena y no quiso quedarse fuera de la diversión "¡yo también quiero! ¡Espérenme! ¡Yo también quiero!"
"¡Luna!" llamo la voz de su madre frenando su reciente impulso "sabes muy bien que todavía no puedes volar, eres muy pequeña todavía."

"Pero…Pero papa le enseñara a Tia… Yo también quiero que me enseñe." Le replico con una mirada suplicante.

"Entiendo como te sientes mi amor…Pero recuerda que para poder aprender, primero tienes que tener tus alitas desarrolladas. Sino, puedes caer muy fuerte y hacerte mucho daño." Le explico al tiempo de que pasaba una de sus pezuñas por la cabeza de luna, acariciándola con suavidad "Por eso papa les dijo que tendrían que esperar hasta cierta edad… Además, Tia ya espero y quiere poder aprender a volar bien, ¿no crees? Deberíamos apoyarla… Después de todo, ¡también ella estará en este lugar alentándote en un tiempo!"

"Es verdad" se resigno la pequeña Luna, sentándose cabizbaja.

"Vamos, Luna… No querrás decepcionar a Tia cuando espere nuestros animos, ¿no?" le consoló Alumina dándole suaves caricias en las crines de la pequeña con su pata delantera.

Entre tanto, mas alejados, Celestia observaba a su padre agitar sus alas y despegar para alzarse un par de metros del suelo y quedar suspendido posteriormente en el aire frente a la potrita. "Lo primero que debes saber, Tia, es que para poder empezar a volar debes recordar dos cosas: nunca dejes de mover tus alas, y siempre hazlo al mismo tiempo."

"Hum… ¡esta bien!" respondió Celestia agitando sus alas intentando sincronizarlas para despegar, sin mucho éxito. La jovencita intentaba con más esmero con tal de poder despegar, pero no lograba siquiera despegar un poco del suelo. "¡No me sale! ¿Por qué no despego?" protesto algo decepcionada.

"Solamente necesitas encontrar la sincronía de tus alas." Le remarco su padre mientras aterrizaba frente a ella. "Mira, vamos a hacerlo juntos desde cero. Haz todo lo que yo haga, ¿si?"

"¡Si papi!" respondió obedientemente Celestia con una sonrisa.

Oscuris devolvió la sonrisa antes de comenzar "Muy bien, primero, abre tus alas así." Dijo al tiempo que abría sus alas de par en par. La pequeña no tardo en imitar la posición "Ahora, muévelas hacia abajo, las dos a la vez, de esta forma." Continuó el gran alicornio en tanto ella lo copiaba posteriormente. "¡Muy bien! Ahora mi princesa, mueve las alas arriba y abajo, arriba y abajo. Hazlo así hasta que sientas que puedes agitar las dos al mismo tiempo y lo mas rápido que puedas."

La potrita comenzó a hacer tal y como su padre le había indicado, hasta que después de un momento de intentos fallidos, logro agitar sus alitas lo más rápido que podía. Como resultado de su sincronización, comenzó a despegar unos centímetros del suelo sorprendiendo a una incrédula Celestia. Mientras se elevaba hasta un metro de alto, el lento despegue tenia sus altibajos, bajando algunos centímetros por cada tantos otros que lograba subir.

"¡Mira papa!" indico con una voz agitada por el esfuerzo que estaba realizando "¡estoy volando! ¡Estoy volando!"

"¡Así es hijita! ¡Bien hecho!" le respondió con una gran sonrisa en el rostro. "¡Sigue así, lo estas haciendo muy bien!".

Mientras la pequeña Celestia seguía elevándose poco a poco y cayendo unos centímetros cuando no acertaba con el tiempo de los aleteos ante la orgullosa mirada de su padre, del otro lado del campo Luna miraba junto a su madre miraban con alegría la proeza de su hermana.

"¿Haz visto mami? ¡Tia lo logro!" exclamo excitadamente al tiempo que daba saltitos en el lugar.

"Así es Lunita. ¡Sabia que Tia aprendería rápidamente!" le respondió con una gran sonrisa.

Luna se detuvo por un momento y se sentó "¿Y si yo no termino aprendiendo tan rápido como ella?" inquirió preocupada.
Alumina no pudo evitar darle una tierna sonrisa para luego acomodarse al lado de ella y abrazarla "¡Anímate mi pequeña pony!" la alentó su madre mientras le daba una caricia con su hocico "Estoy segura que un día aprenderás de tu padre tan bien como lo hizo tu hermana, ¡y ese día yo estaré ahí para alentarte igual que la alenté a ella hoy!"

La pequeña potrita de oscuros colores miro a su mama luego que esta la libero, y sintió que podía confiar en lo que le decía su madre, esa confianza que nunca era superada por otra cosa, salvo tal vez por su padre, así que devolvió la tierna sonrisa despejando sus dudas y acariciando con el hocico a la Yegua del Amanecer. "¡Gracias mama!" respondió con una sonrisa.

"…Y los años que siguieron fueron prósperos para el reino, pues la riqueza y la dicha de sus habitantes no conocía limites. La comida no faltaba en ninguna mesa y la paz reinaba en los mares, en los cielos y en la tierra. Bajo la guía celestial de los reyes y la protección contra la oscuridad que Oscuris ejercía con esmero, el mal se había mantenido relegado al Tártaro, donde toda la oscuridad y el caos del mundo habían permanecido confinados desde los días de la creación…

…Mas la oscuridad y el caos no se habían desvanecido del mundo, y no desistían de su afán por volver a envolver al mundo ahora cubierto de luz. Y en los años siguientes intento avanzar mas y mas, haciendo difícil la tarea para el Guardián de la Medianoche día tras día."

Equestria era un reino que vivía una eterna época dorada. Aun con más de 500 años cumplidos desde su fundación, sus reyes guiaban a su pueblo con toda la sabiduría, el amor, la benevolencia y dedicación que se podía esperar de los monarcas de un reino mundial. Estos cumplían siempre con el deber de ambos, trayendo Alumina el resplandeciente brillo del día mientras que Oscuris envolvía el reino bajo el sereno manto de la noche.
Para no sobrecargar a los gobernantes con los asuntos del reino, estos eran auxiliados por el Gran Consejo Alicornio conformado por sus hermanos. Los reyes supremos les encargaban a estos el control de las fuerzas naturales en su nombre así como la protección de grandes regiones del mundo en su representación.
A Glacia, Princesa de los Vientos de Occidente y las nieves invernales, le fue dada a su cuidado la región noroeste, gobernando desde Vaporia: un gran país creado por la misma Glacia en las nubes, hábitat de pegasos, grifos y numerosos habitantes del aire.
A Vulcanus, Príncipe de los Fuegos del Sur y el calor del verano, le fue entregada a su cuidado la sudoeste del reino, donde estableció Magmare: una ciudad en medio de las Tierras Quemadas, hogar de Dragones y Firemanes, ponies de melenas de fuego que eran los únicos que podían soportar el inhóspito terreno.
A Marina, Princesa de las Mareas del Este y las lluvias de otoño, le fue otorgada a su guardia el sudeste, estableciendo su hogar en Marelantis, una ciudad submarina en medio del Mar Silencioso, hogar de los Ponies de Mar y numerosas criaturas del océano.
Finalmente, el Rey y la Reina gobernaban el Firmamento del Noreste y la brisa primaveral, reinando desde la capital de Canterlot. Una ciudad que ambos construyeron junto a los ponies y cuyo grande y lujoso castillo era el asiento de la casa real.

Por supuesto, toda paz requería sacrifico. Ambas princesas habían pasado sus vidas enteras hasta el momento sin salir demasiado del palacio, puesto que su educación desde muy jóvenes había sido muy rigurosa. Los reyes de Equestria habían considerado que las responsabilidades de sus hijas como futuras soberanas requerían muchísima preparación, por lo que una variedad de tutores diferentes de los cuatro rincones del mundo les impartía clases a lo largo de todos los días: Geografía, Etiqueta, Magia, Herbología, Biología, Lengua y Literatura entre tantas otras. Ambas anhelaban salir al mundo para conocerlo mejor y tener la oportunidad de hacer amigos, pero las únicas veces que habían podido viajar había sido en visitas oficiales a los castillos y palacios de sus tíos, y cuando lograban salir, estaban custodiadas todo el tiempo por guardias y algún edecán de la familia real. Sin embargo, en los años las princesas habían encontrado sus medios para hacerse tiempo para ellas con mayor o menor dificultad…

Celestia daba su paseo matinal por los jardines de palacio, como era su costumbre. El hecho de que estos eran atendidos durante las tardes era una de las grandes ventajas de tener sus lecciones durante ese momento del día, ya que por las mañanas se podía pasear en los jardines sin ningún sirviente de palacio que anduviera siguiéndola para preguntarle si necesitaba algo cada 5 minutos. Había pasado ya un tiempo desde los días en que sus padres las llevaban a ella y su hermana a pasear por la ciudad. Ahora siendo una alicornia adolescente, solía buscar sus momentos especiales privados. Eso, por supuesto, siempre y cuando Luna se lo permitiese. El poder bañar sus alas al sol y dejar que su larga crin rosada ondear al viento era suficiente para llenarla de vitalidad para el resto del día. Sus paseos nunca se hacían aburridos, ya que se entretenía sintiendo la fragancia que emanaban las múltiples flores y plantas del lugar, observándolas de tanto en tanto y hablándoles de tanto en tanto. Si bien se trataba de un pequeño paraíso formado en la tierra. No había pony alguno que tuviera el tiempo necesario para detenerse y ver toda la vida que la luz del sol generaba, desde el mas pequeño insecto que se posaba en los pétalos de las flores hasta los fenixes que residían en las copas de los arboles mas altos. Sus padres le habían enseñado a atesorar cada vida, por mas insignificante que pareciera.

"Buen día hermoso lirio, ¿disfrutas de tu baño de sol?" le pregunto mientras se detenía por un momento frente a un gran lirio amarillo que sobresalía sobre el resto de su arbusto percibiendo su perfume posteriormente, a lo que segundos después resumió su paseo.

"Sabes… Si sigues hablándonos, un día terminaran pensando que estas loca…" respondió una misteriosa voz que provenía de la flor que acababa de saludar. Celestia sonrió por un momento mirando de reojo al lirio que ahora tenia un rostro que sonreía pícaramente. Esta era la razón principal por la que el siempre disfrutaba los paseos a solas.

"El día en que yo escuche a una flor darme una advertencia, yo misma reconoceré que he enloquecido." A lo que giro su cabeza hacia el costado "¿Nunca puedes aparecer de un modo mas normal, Discord?" el rostro de la flor desapareció, y a su costado fue materializándose una figura, primero la cabeza, luego su inusual cuerpo y posteriormente sus patas y cola. No se trataba de un pony, sino de un joven draconequus, cuyo cuerpo se componía de partes de varios animales. Ni Celestia ni nadie podía explicar con exactitud que era un draconequus, un ser que por su nombre básicamente se trataba de una fusión de dragón y equino, pero con la particularidad de que su cuerpo se componía de partes de varios animales: Las patas traseras de lagarto y de cabra, las delanteras de águila y de león, alas de pegaso y murciélago, cola de serpiente y cuernos de ciervo y cabra.

"¿Dónde esta lo divertido en hacer las cosas con normalidad?" respondió el recién llegado mientras flotaba hacia donde se encontraba Celestia.

"Para empezar, me ahorraría mucho tiempo buscándote." Le respondió antes de dar un suspiro "Después de todo, cada vez tengo mas lecciones, y no me será fácil seguir viniendo todos los días."

"¿La princesa esta cansada de su vida de realeza? Quien lo creería…" respondió Discord negando con la cabeza "Si tanto te fastidian tus tutores, solo dime y hare llover chocolatada en tu salón durante las lecciones."

Celestia no pudo evitar reírse un poquito "No seas tonto Discord… La ultima vez que hiciste eso, no solo tuve que asumir la responsabilidad del "accidente", sino que tuve que pasar horrores para limpiarme las crines de la chocolatada que me empapo."
"Ouch… ¡me hieres!" dramatizo juntando sus patas delanteras sobre el pecho "y yo aquí creyendo que mis heroicos intentos eran bien recibidos…"

"Discord…"

"¿Que?"

"Deja de jugar al príncipe del drama. Podría creerlo de cualquiera, pero no de ti." Le respondió con un escéptico gesto, a lo que el draconequus desarmo su pose y la miro con un gesto burlón "¿tan malo soy? Que triste… Mi sueño de ser actor de teatro clásico se derrumba como castillo de naipes." menciono antes de chasquear los dedos y hacer que un arbustito cercano se transformara en un pequeño castillo de naipes, este se derrumbo momentos después de ser creado "Corrección, no califico ni para actor, ni para arquitecto…". Celestia se rio para sus adentros, pero su gesto no fue pasado de alto por su acompañante.

"Jeje… Ya Discord, regrésalo a la normalidad."

"Esta bien, esta bien…" respondió con algo de renuencia, mientras chasqueaba los dedos y la pila de naipes desparramada volvía a tomar la forma del arbusto original. "Al menos logre mi objetivo."

"No me digas… ¿cual?" cuestiono nuevamente haciendo un gesto de escepticismo.

"Pues hacerte reír, ¿Qué mas? Creo que siempre te vienen bien alguna que otra sonrisa para continuar con el resto del día, ¿no es así?" menciono al mismo tiempo que daba una voltereta en el aire y se ubicaba al lado de Celestia.

"Estoy de acuerdo en eso…Me alegra poder encontrarte seguido y tener estas charlas, siempre me hacen falta tus bromas."

"Pues es un gusto para mi." le menciono al tiempo que le guiñaba el ojo. "Eres muy fácil de hacer reír y eso me agrada mucho de ti. Me diviertes Tia."

"No digas tonterías, no hago nada realmente… Aunque siendo sinceros, tú también me diviertes mucho. Con lo difícil que es tener amigos siendo una princesa… Me alegra poder tenerte a ti." Retruco al mismo tiempo que se adelantaba unos pasos y lo miro "¿Me acompañas?"

"Tus deseos son ordenes, princesa." Contesto el draconequus haciendo una exagerada reverencia en el aire, a lo que siguió el paseo de ambos al sonido de la canción de los pájaros de los arboles cercanos. Ninguno de los dos se había percatado de la nube oscura que comenzaba a asomar por el horizonte...

Mientras tanto, en otra parte del palacio, una reunión se llevaba a cabo en la sala de audiencias. Oscuris y Alumina estaban sentados en sus tronos, recibiendo a Vulcanus que había venido de visita. Normalmente las visitas oficiales traían buenas noticias y no pasaban mas allá de una hora o dos, dejando luego tiempo para los monarcas para conversar y relajarse junto a sus hermanos. La relación entre ellos era tan fluida que pronto se olvidaron de usar entre ellos el "lenguaje real" y mantenían conversaciones de manera informal. Sin embargo, la expresión seria del Príncipe de los Fuegos del Sur demostraba con su gesto que su visita distaba mucho de tener motivos placenteros.

"La situación es complicada." Mencionó el alicornio de flameantes crines "Hemos tenido problemas con una plaga de cockatrices en la Tundra Jabaliana y basiliscos al noreste de la Chimenea Humeante. Hace unos meses ni existían los basiliscos en esa región. Algo los esta haciendo que estas viles criaturas violentas se multipliquen."

"¿Podría tratarse de una concentración de aura oscura? Últimamente aparece en varias regiones, y siempre traen sucesos como el que describe mi hermano." Inquirió Alumina mirando a Oscuris con preocupación.

"Es posible…" respondió pensante Oscuris "Pero no tiene sentido, la energía oscura no solía replicarse mucho y en tantos lugares como lo ha hecho hasta ahora… He estado en la región suroeste hace dos meses y note que hay aura oscura en varias regiones, especialmente al sureste de las Tierras Quemadas. Vulcanus, ¿No han aparecido monstruos en aquella región?"

"No. Para nada." Respondió negándolo con la cabeza "aunque hemos tenido incidentes particulares en algunas ciudades de la región jabalina. Algunos jefes tribales jabalíes nos reportaron que algunos de sus pares comenzaron a ponerse violentos contra ponies y dragones residentes de algunas localidades. Obviamente fueron traídos a la justicia en Magmare y encarcelados en la prisión Pozo de Lava, pero el problema es que el incidente después se volvió a repetir en otras villas y pueblos…"

"¡Que barbaridad!" exclamo la reina con un tono de voz que indicaba su indignación y preocupación por las noticias "¿Han estado expuestos al aura oscura por mucho tiempo? Podemos purificar a todopony si es necesario…."

"Eso es lo mas inquietante." Volvió a responder Vulcanus "Cuando los magos del palacio de Magmare examinaron a los detenidos, descubrieron que ninguno de ellos estaba imbuido de aura oscura."

La noticia dejo helados a los reyes, que no pudieron reaccionar de otra manera que con un gesto de sorpresa ante la negativa noticia. Usualmente, las conductas violentas o anormales en ponies, cebras, dragones y demás solían ser producto de una exposición extendida a concentraciones de aura oscura, lo cual siempre podía solucionarse purificando a la criatura afectada sin mas problemas.

"¿Estas seguro de eso?" inquirió Alumina esperando una respuesta que no confirmara su shock.

"Completamente" asintió Vulcanus con la cabeza "Fui a ver a estos presos en persona porque tampoco me lo podía creer. Y no lo hice….hasta que lo vi en persona."

"Si es tal cual la describes hermano, esta situación es alarmante. Ningún equestriano hasta ahora había mostrado signos de tal conducta." Reflexiono preocupada Alumina. "Siempre hemos reinado y enseñado sobre los Principios de la Armonía, generación tras generación desde que Equestria se fundo hace mil años… y jamás hubo algún caso así de violencia y discriminación."

"Cierto" continuo Oscuris "al menos, no sin que hubiere energía oscura provocando semejantes desmanes. Lo que me preocupa es la similitud del caso que nos mencionas con el que Marina nos reporto hace dos días, mi estimado hermano. "

"¿Qué reportes?" pregunto Vulcanus intrigado.

"Hace dos días ocurrió un suceso parecido al sur del Puente de la Eternidad, en la ciudad de Fawntaine, respecto a un incidente que armo un grupo de ciervos para echar del puerto a los camellos que trabajan allí. Pensamos que se trataba de una simple exposición, por lo que los magos de palacio podrían hacerse cargo del tema, y aun no tenemos noticia del asunto. Si estos reportes están en lo cierto, me temo que no es un problema de energía oscura, sino que podria un incidente parecido al tuyo… Y esa seria la peor noticia que podríamos tener." Concluyó el Rey, cerrando sus ojos y dando un ligero suspiro que denotaba su preocupación. Alumina noto esto y puso su pezuña sobre la de la de Oscuris, el cual se encontró con una sonrisa para recibirlo cuando se volteo a verla "No tienes que cargar todo el peso solo… Yo estoy para apoyarte y darte mi fuerza."

"Mi amor...Agradezco que te preocupes así por mi, pero ya bastante tienes encima con tus deberes reales trayendo el día y haciéndote cargo de todo el noreste cuando yo voy a disipar la oscuridad a lo largo del mundo… No quiero sobrecargarte mas." Le expreso preocupado mientras su expresión mostraba congojo.

"No seas tonto" le contesto la alicornia negando con la cabeza "Eres mi amado y no voy a dejarte cargar con el peso del mundo en tus hombros solo. Tu y yo somos uno, ¿recuerdas?"

El calor que transmitía su reina no tardo en hacer mella en todo ese velo de preocupaciones que pesaba sobre la mente de Oscuris, traduciéndose en una sonrisa "Lo recuerdo… Gracias mi preciosa Mina."

"¡MAJESTADES! ¡MAJESTADES!"

El momento fue interrumpido por una voz distante que parecía estar a los gritos por los pasillos de palacio, lo que provoco que los tres alicornios presentes dirigieran su vista hacia la entrada de la sala. La apertura del portón por los guardias apostados afuera revelo que se trataba de uno de los vigías de las torres de observación palacio. El unicornio de pelaje gris oscuro y crines blancas se acercó rápidamente, pero se detuvo a una respetuosa distancia de los miembros de la casa real, luego haciendo una reverencia. Resultaba impresionante que a pesar de estar agitado y con una gran premura, mantenía las formalidades que se requerían de todo guardia de palacio. "Mis disculpas por interrumpir vuestra reunión… ¡traigo noticias urgentes de la torre sur!"

"Serenaos, noble guardia." Contesto Oscuris haciendo uso de la voz real canterlotiana mientras se incorporaba de su trono "¿Que ocurre?"

"Avistamos una concentración de nubes oscuras que se dirigen hacia la ciudad desde el suroeste a una velocidad considerable. Sospechamos que sean Penumbras."

La noticia hizo que los tres alicornios reaccionaran con un gesto de sorpresa "¡¿Qué habéis dicho? ¡¿Penumbras?" replicó Vulcanus en un tono tan severo que hizo que el guardia sintiera un ligero escalofrío. "Eso me temo, Milord Príncipe." Respondió sin perder la compostura.
"¡Guardias!" el llamado del rey retumbo en todo el salón, tras lo que segundos después los guardias de afuera rápidamente entraron y se pararon firmes a los costados del mensajero.

"¡Tú!" menciono dirigiendo la mirada hacia el unicornio de la izquierda, quien se puso mas firme de lo normal. "¡Comunicad a todos los guardias de la ciudad que acudan a sus puestos! ¡En cuanto a los del palacio, los quiero apostados en el frente de palacio en diez minutos! Y tú," volteo la mirada hacia el guardia de la derecha. "Buscad a mis hijas y traedlas al salón del trono. ¡Asignad 30 de los ponies mas veteranos para su protección!"

"¡A la orden, su majestad!" exclamaron ambos guardias a coro mientras hacían una venia y luego salían galopando rápidamente de la habitación. Alumina se levanto de su trono y se puso al lado de su Potro. "Habéis hecho un buen trabajo, levantaos." continuo Oscuris, mirando al vigía, el cual se incorporo luego de oír la orden, levantando luego la mirada. "Volved a vuestro puesto y sigan manteniéndonos informados, Tocad la campana cuando estén a no menos de 5 millas de la ciudad."

"¡Si, su majestad!" concluyo el vigía, tras lo que realizo otra venia y rápidamente se retiro del salón.

"¿Quien creería que una mancha de porquería del Tártaro seria tan osada de ir por esta ciudad…?" pregunto escépticamente "Uno pensaría que esos cobardes buscarían un objetivo mas fácil…"Sin embargo, Alumina miro preocupada a su Potro "¿No será raro entonces? Tal vez se trata de un exiliado…"

"Solo podremos saberlo cuando lo tengamos a la vista…De todas formas, tenemos que prepararnos para lo que venga en la nube de penumbras. En marcha." Ambos alicornios asintieron y comenzaron a dirigirse hacia la entrada junto al rey.

En otro lugar, Celestia se hallaba descansando a la sombra de una glorieta junto a Discord conversando, cuando ambos se dieron cuenta la gran nube oscura que se avistaba en el cielo acercándose por la lejanía. Discord observaba con intriga mientras se hallaba recostado contra uno de los postes de la glorieta "Vaya, no recuerdo que las nubes de tormenta se movieran por su propia cuenta… Al menos, no las que no son mías."

"No lo hacen… Y jamás había visto una nube como esa, no es una nube de lluvia." Observo Celestia pensante "No puede ser otra cosa que una nube de penumbras."

"Penumbras, ¿eh?" cuestiono Discord "¿Cómo es que se les escapan tantas cosas del Tártaro?"

"Mi padre esta a cargo de vigilar que no se escapen muchas cosas de ese lugar… El problema es que sus deberes de traer la noche se cruzan con ellos y no puede estar vigilando constantemente sus limites."

"Ya veo... Aunque de todas formas, me parece que es una pena." Dijo al tiempo que enroscaba su barba de chivo con uno de sus dedos

"A veces hace falta un poco de caos para condimentar tanta paz. A la larga pierde su sabor, ¿no lo crees?"

"No lo creo Discord," Refuto Celestia "hay muchos ponies y criaturas que dependen de la paz y la armonía para que sus días sean plenos. Es muy importante que esa paz se mantenga, o de otra forma se generaría un gran malestar en el reino."

Discord dio un resignado suspiro "Exageras Tia…Nadie ha perdido la vida por un poco de desorden."

"¡PRINCESA! ¡PRINCESA CELESTIA!" llamo una voz en la entrada del jardín. La sorpresa hizo que ambos se sobresaltaran.

"Wow…se nota que te extrañan. No te vas ni un rato y ya hay alguien buscándote." Comento el draconequus mientras se incorporaba algo fastidiado, al mismo tiempo que Celestia. "Oye, ¿crees que pueda llegar mas rápido si transformo el camino en jabón?"

"No Discord, espera." Lo pauso al tiempo que daba unos pasos hacia la dirección de donde venia la voz. "Seguramente tiene que ver con esta nube de Penumbra. Además no puedes revelarte así, ni siquiera saben que estas en el palacio, ¡necesitas esconderte rápido!"

Discord frunció un poco el ceño, a lo que se volteo dando un suspiro "Esta bien, esta bien. Nos vemos Tia." dijo de mala gana por la molesta situación, mientras se desvanecía en un rápido destello. No paso más de unos segundos hasta que un guardia había aparecido a la vista de la glorieta. "Majestad," anuncio agitadamente y con una breve reverencia el unicornio tras detenerse cerca de la pequeña construcción "su padre me ha enviado a buscarla para ponerla a resguardo. Por favor, acompáñeme".

"¿Qué ha ocurrido?" inquirió intrigada la princesa "¿Tiene esto que ver con esa nube de penumbra?"

"Me temo que no podría confirmárselo, pero es muy posible alteza. Ha enviado tanto por usted como por la princesa Luna."

"¿Y mi madre? ¿Esta con ella?"

"La reina ha decidido acompañar a su majestad junto al Lord Príncipe Vulcanos." Contesto rápidamente, antes de darle una mirada insistente "Alteza, por favor, permítame escoltarla al salón del trono cuanto antes."

Celestia reflexiono por un brevísimo instante, y luego volvió a mirar al unicornio una vez mas. "Entiendo, vamos." Respondió, al tiempo que se ponía en marcha a paso apresurado, escoltada por el agradecido guardia. Si bien sus padres eran bastante protectores, el hecho de que ordenaran su protección era evidencia que la situación distaba mucho de ser normal. Sin embargo, las preguntas debían esperar. La pobre de Luna no estaba acostumbrada a este tipo de situaciones agitadas sin su madre para transmitirle tranquilidad. Era necesario que su hermana mayor estuviera ahí para calmarla.

Mientras tanto, en la entrada de palacio la agitación provocada por la movilización de todo el destacamento de la guardia real había apostado un numeroso grupo de efectivos a lo largo de toda la entrada del castillo. Desde el patio, las ventanas, las torres, el muro y los portones se habían apostado ponies en doradas armaduras y cascos con penachos de color blanco y negro.
Los oficiales estaban presurosos en tener dispuesto todo el arreglo necesario para enfrentarse a cualquier amenaza que viniera con esa oscura nube. Armados con lanzas, espadas y jabalinas entre otras armas, la guardia parecía haber sacado el arsenal de castillo afuera, incluso alistando las catapultas que había en los muros.
Sin embargo, todo cambio al abrirse los portones de palacio el tumulto rápidamente silencio, dando lugar a una gran organización con toda la guardia en posición de saludo para recibir a los reyes que salían al pórtico del palacio, junto al Lord Príncipe. Los oficiales de la guardia real, encabezados por el comandante Stalwart Shield, se adelantaron e hicieron la venia delante de la realeza, que aguardaba en lo alto de la escalinata.

"Comandante Stalwart Shield." Exclamo Oscuris, en la resonante voz real canterlotiana "¿Se encuentra la guardia real en posición?"

"En posición y alerta, su Majestad." Contesto solemnemente el unicornio de pelaje blanco y crines grisáceas. "Las defensas del muro de la ciudad como las de palacio ya se han movilizado. Estamos listos para lo que sea."

"Buen trabajo. ¿Habéis corrido la alerta a la población?"

"Por supuesto. Hemos apostado guardias en la ciudad para que adviertan a la gente y la ayuden a buscar refugio."

"Perfecto. Agradezco vuestro encomiable esfuerzo." Agradeció el rey mientras asentía mostrando su agradecimiento.

"Como siempre, es un honor su alteza." Respondió el veterano comandante con una reverencia, seguida por la de todos los oficiales que lo flanqueaban.

"¡ALERTA! ¡SE ACERCA LA PENUMBRA!" se oyó gritar a uno de los vigías del puesto de observación de palacio.

"¡Muy bien, todoponies a sus puestos! ¡Protejan a sus majestades!" Exclamo Stalwart Shield al tiempo que se ponía el casco de rojo penacho. A la orden del comandante, los oficiales comenzaron a vociferar órdenes y los soldados tomaron sus posiciones de batalla. Al mismo tiempo, tres filas de guardias se ubicaron detrás del comandante, formados con lanzas en mano.
A los pocos instantes, la nube sombría traspaso los límites de la ciudad a una gran velocidad, sobre las cabezas atónitas de los guardias de las puertas, continuando su trayecto hacia palacio. Tras pasar los muros externos de palacio, para caer en picada hacia el suelo y aterrizando con un gran estruendo, desparramándose hacia todas direcciones.
Algunos de los guardias se vieron obligados a cubrirse por lo imposible que se les volvió seguir mirando hacia adelante. Solamente el rey y el comandante de la guardia mantenían la mirada fija sin parpadear hacia adelante.

"¡No cedan la posición!" vocifero el comandante al tiempo que su cuerno comenzaba a brillar "¡lanzas al frente! ¡Lanzas al frente!"
Siguiendo la orden de su comandante, los guardias que se interponían entre el impacto y la realeza apuntaron sus lanzas hacia el lugar del impacto.

Finalmente, cuando la bruma negra se disipo, se revelo una silueta de pony. Tanto el rey como la reina no pudieron evitar sobresaltarse. La figura que se escondía en la bruma, ahora a la vista de todos, era nada menos que un alicornio grande y corpulento, de un pelaje negro como el petróleo, con crines y una larga cola que llameaban alternando los colores negro y violeta. A medida que sus patas se acercaban a sus extremos, el pelaje se hacia mas largo, terminando estas en cascos negros como el carbón. Su Cutie-mark se componía el de un ojo que miraba hacia arriba, y cuya pupila era circular con una pupila vertical dentro de esta y con tres aros que colgaban de la parte inferior del ojo asemejándose a lagrimas. Su atavío consistía en una armadura de formas igual de tétricas, con una pechera que simulaba la cabeza de un demoniaco equino, con un gran ónice en su frente. Lo particular de este alicornio era que sus alas no estaban emplumadas, sino que eran unas alas de piel, como las de un murciélago. Fue que cuando abrió sus parpados que se revelo otra gran particularidad: dos ojos de un color amarillo intenso, con negras pupilas verticales como las de las serpientes. El alicornio observo a sus alrededores encontrándose con un panorama considerablemente hostil, con guardias mirándolo atentamente.

"Vaya… No me imagine encontrarme con una comitiva tan amistosa." Luego dirigió su mirada hacia arriba, observando al rey a los ojos y con una expresión despreocupada, contrastando con la de incredulidad de este otro.

"Cuanto tiempo sin vernos, mi querido hermano…"

"…Y fue en los días en que las sombras comenzaban a acechar en el reino, que el Caído volvió y se revelo ante los reyes de Equestria. Sin embargo, los reyes poco sabían de la razón por la cual había vuelto, ni la razón de por que había decidido finalmente aparecer ante ellos después de tantos años. - Génesis de Equestria, Pergamino Segundo."