Hola! Lo siento muchísimo por la demora, muchas gracias a Selene Tonks Tapia y a Angelusa Chika por sus reviews me alegra que les guste la historia les dedico este cap a ustedes. Estoy experimentando algunos problemas con mi computadora y la conexión a internet, desventajas tercermundistas. Espero que disfruten de este capitulo ya tengo el tres casi terminado y la cosa se va a poner interesante en breve.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-


Capítulo 2

Una gentil brisa circulaba en la habitación, el sol comenzaba a asomarse en el horizonte y sus primeros rayos de luz bañaban la oscuridad del lugar con tímido resplandor dorado. Una dulce fragancia entraba por las ventanas abiertas. El lugar estaba decorado de una manera rústica pero suntuosa una combinación difícil de conseguir, muebles grandes, sin cuadros, un espejo enmarcado en madera rojiza. Una cama enorme, con sabanas de seda oscuras y cobertores de terciopelo. Alguna que otra silla tapizada en terciopelo se arrinconaban cerca de una estufa a leña magistral. Enredado entre las sábanas se encontraba un hombre, de aspecto joven, no más de treinta años, cabello rubio y mechas alborotadas.

De pronto en el cielo el resplandor de un relámpago despierta al sujeto, quien salta de la cama. Era de estatura normal y su cuerpo no era la gran cosa, masculino pero no musculoso. Normal. Llevaba solo puesto un pantalón de una extraña tela, una combinación de lino y seda.

-¿A qué debo el honor?- Preguntó y su voz era aterciopelada a pesar de ser un poco arrogante. Una figura se recortaba contra la ventana de espaldas al balcón, llevaba puesta una túnica púrpura en múltiples capas de un material totalmente etéreo y semi-transparente que parecía flotar con la más mínima corriente de aire.

-Tu eres lo que me ha traído hasta tu reino.- Respondió la figura con voz femenina pero profunda. Con pasos lentos pero firmes se colocó delante del hombre. -Tu actitud Jareth, es tu condena. Anoche tuve una visión. El muro de Laneranith se esta resquebrajando, si él se rompe la peste azotara este reino y todos los demás. Eso lo sabes de sobra, verdad?- La mirada inquisitiva de la mujer lo decía todo. El Rey no respondió. -Goblins, faes, faeries, trolls, enanos, elfos, maegi, elementales, semi-dioses, todos caeremos bajo la peste. No seas la Pandora de este mundo Jareth. - Continúo la mujer y sus ojos brillaban con un resplandor violáceo. El aludido tragó saliva.

-¿Qué quieres que haga, Oracle?- Dijo en tono de reproche. -¿Que tape las resquebrajaduras con mezcla?- Se burló y un rayo iluminó amenazante a la mujer oráculo. Haciendo que el rostro sereno del monarca se contrajera con miedo por unos segundos.

-Ese, no es tu trabajo. Debes de buscar a una doncella humana en una mascarada, su disfraz es de camaleón y su máscara es de diamantes. Su voz es una caricia venenosa y su voluntad fuerte. Pero su vida da vuelcos en círculos mientras ella danza. Debes bailar con ella una pieza y media, Jareth.- Ante la mirada atónita del monarca la mujer se disponía a abandonar la habitación por la ventana.

-Oracle! Necesito información más específica! Oracle!- Gritaba. Ella se giró y le tiró algo para que él lo atrapase.

-Llévale esto a Owen. Él sabrá que hacer- Dijo críptica y desapareció.

Jareth tirado en su trono repetía la escena con Oracle una y otra vez, tratando de encontrarle sentido a las palabras que ella le dijo. A veces sus profecías eran comunicadas en verso, con rima y musicalidad, dulces palabras y metáforas románticas y a veces eran solo palabras retorcidas y oraciones sin relación, como delirios de un enfermo mental. Había esperado mucho para encontrar a la muchacha indicada y la chica de aspecto ordinario de la librería no parecía una doncella vestida de camaleón. Jareth resopló enojado cuando unos goblins desparramaron vino cerca de su trono. A veces el monarca se abstraía tanto en sus pensamientos que olvidaba que estaba rodeado de enanos verdes y viscosos que gritaban y pataleaban, derramaban cosas y se peleaban entre ellos, pero con el tiempo había logrado aislar el molesto ruido.

-Basta! FUERA, TODOS FUERA!- Gritó Jareth levantándose, su voz era fuerte e imperativa. El eco que ocasionaba asustaba de sobremanera a los pequeños revoltosos y si alguno era sordo la mirada centelleante de seguro los espantaba. Cuando Jareth se enojaba el infierno se desataba en todo el castillo y hasta en todo el reino, incluyendo al Laberinto; los goblins corren erráticamente, impactándose contra paredes, columnas y hasta ellos mismos, haciendo igual o más destrozo que de costumbre. Pero ahora la paz y la tranquilidad reinaban en la sala del trono, sobre todo el preciado silencio aunque el lugar estaba hecho un desastre y era mejor si el rey permanecía echado en su trono. Plumas, huevos, vino, y otras sustancias embarraban el suelo de rústica piedra que en algún momento fue gris.

Había bailado con Sarah una pieza y media, la había encontrado en una mascarada, su vida daba vueltas, era una doncella humana, todo lo que dijo el oráculo lo cumplía, pero nunca pudo elegir el colgante con el orbe de cristal. Había buscado hasta el cansancio, por siglos hasta que dejó el libro con Owen para que él continuara su tarea. No fue porque él no fuera capaz de cumplir con la tarea en carne propia, por supuesto que era suficientemente apto para el trabajo, quizá demasiado apto, sus cualidades eran sorprendentes, era un Rey, después de todo, y que Rey! No, fue por tedio, se cansó cuando por años no encontraba a una sola doncella digna, era aburrido, los humanos se habían vuelto criaturas primitivas y decadentes. Alardeando sobre su tecnología y su ciencia, bah, pamplinas pensaba el Rey, mi magia es mejor, mucho mejor y más perfecta.


Las manos de Armide acariciaban tiernamente las tapas del libro rojo, recién lo terminaba y una lágrima rodaba por su mejilla derecha. Estaba un poco frustrada por el final, no esperaba que Ella no superara su egoísmo, al principio no había contemplado su situación y había deseado que el Rey se llevara a su hermanito, pero, al final, Ella dejó al Rey plantado luego de semejante declaración de amor. Eso si que era egoísta. Destrozó dos corazones en una sola noche, algo a lo que Armide estaba acostumbrada, a veces lo lamentaba, pero, hay dolores que no se pueden evitar. Sonrió ante ésta anotación mental. Cuando uno dice dolor, Armide no puede evitar sonreír, y en sus ojos brilla algo que nadie puede definir, o por lo menos hasta ahora nadie lo ha logrado. Si alguien pudiera meterse en su cabeza de seguro se espantaría, si alguien la viera durante el día jamás podría pensar que es la misma persona que en las noches sale de su casa por la ventana, sino más bien, una gemela, malvada quizás para algunos. Armide es una mujer violenta, siempre lo fue, hasta que comprendió que el arma más dañino es la ignorancia. Quizá su pose, su caminar o su mirada a veces la delaten, pero por lo general, siempre es a la niña tierna e inocente a la que ven y no a Armide. Armide no es un nombre común, viene del latín y quiere decir "guerrero armado", sin embargo muy pocos lo sabían y era un nombre común en su familia, pasaba de generación en generación sin falta. Ella estaba orgullosa de su nombre y haría todo lo posible por hacerle honor a su familia. Aunque algunos fueran un puñado de idiotas, cómo su prima Beatrice, a la cual solo le interesaba algo si era profundamente hueco y superficial, cómo la moda o las celebridades o cómo a su madre que sólo le interesaba que el resto de la gente envidiara su familia, sacando a relucir todas y cada una de las cualidades de sus integrantes y ocultando sus errores y defectos. De todas formas ella iba a hacerlo por su hermano, se lo debía después de todo. Otra lágrima amenazó con escaparse de su ojos pero Armide no iba a llorar por su hermano y parpadeó varias veces, de todas formas dos gruesas gotas rodaron por sus mejillas y ella las limpió rápidamente.

-Hija, estas estudiando?- Su madre golpeó la puerta dos veces haciendo que Armide casi se caiga de la silla al saltar por la sorpresa. Rápidamente abrió un libro de Voltaire y guardó el pequeño libro con tapas rojas en uno de los cajones.

-No madre. Puedes pasar- Contestó ella secándose los ojos y acomodándose en la silla de nuevo. Su madre entró y se sentó en la cama.

-Tu Tía Abuela Margarita se encuentra muy enferma. Voy a ir a cuidarla y tu padre quiere acompañarme. Pero no queremos dejarte sola.- Comentó su madre un poco triste.

-No se preocupen, ya estoy grandecita, me parece- Contestó Armide revoloteando los ojos.

-No es eso, es que, el barrio se esta poniendo peligroso. ¿Y si alguien quiere entrar y estas sola? Por lo menos ahora somos tres y bueno, si es uno o dos y no tienen armas quizá podamos evitar que entren. Pero estando sola...-

-Madre- Cortó la muchacha. -Te olvidas que he estado estudiando defensa personal. Soy perfectamente capas de defenderme solita, además, eso es probable que no pase. Pueden quedarse tranquilos e ir a cuidar a la Tía Margarita, ella no tiene más familia que nosotros. Los acompañaría, pero tengo un examen importantísimo el jueves sobre los ideales de la revolución francesa y un ensayo sobre la incidencia de la religión en las culturas indígenas de norteamérica que tengo que entregar el Sábado por la mañana. Y ya es Martes, así que es imposible pero mándale muchos cariños de mi parte.- Su madre asintió y no dijo más. La Tía Margarita era la hermana del padre de Edna, y ella, su padre y su madre eran la única familia que ella tenía, ya que Edna era hija única y Margarita nunca se había casado y los padres de Edna habían muerto unos años después de que Armide naciera en un atentado terrorista, por tanto su Tía había pasado a ser una especie de abuela para los hijos de su única sobrina.

Una vez que su madre abandonara el cuarto, ella abrió el cajón donde había guardado el libro rojo y lo tiró dentro de su mochila. Luego abrió el fondo falso de otro de los cajones del escritorio y sacó la Guía del Viajero. El libro era mucho más pesado de lo que parecía pero no había tenido tiempo de leerlo todavía y por miedo de que sus padres la descubrieran leyéndolo había decidido pasar por la tienda del Sr Owen a buscar ese collar con el pendiente de orbe, ahora tenía otro significado para ella, por las descripciones del "Laberinto" sentía como si ese fuera uno de los orbes con los que Jareth, el Rey de los Goblins, hacía su magia. Puso el dinero en su bolsillo, llevaba una cantidad considerable, puesto que pretendía comprar algunas cosas más. Colocó su tapado largo en la mochila cuidadosamente doblado para que no haga mucho bulto y con los dos libros dentro de la mochila también, bajó corriendo las escaleras. Su padre aún no llegaba del trabajo, puesto eran las 3 de la tarde y el no llegaba hasta las 5 y su madre estaba en la cocina, preparando algunas cosas para el viaje.

-Madre, tengo que ir a la biblioteca a empezar ese ensayo, no se a que hora vuelva, quizás me quede hasta que la biblioteca cierre. Me tomo un taxi de vuelta!- Gritó Armide desde la puerta principal. Su madre asomó la cabeza desde la puerta de la cocina.

-Ten cuidado! Nos vamos mañana a la mañana de seguro tu padre esta demasiado cansado del trabajo y se tomo dos semanas de vacaciones que le sobraban del verano. Ten cuidado!- Le respondió Edna. Armide le sonrió como tranquilizándola y cerró la puerta cuidadosamente.