Disclaimer: Dad a César lo que es del César…

Capi 2: De noche salen los lobos

En la época feliz en la que James no pasaba cada microsegundo libre sumido en su marisma emocional, era genuinamente capaz de entender una broma. La vida no merece la pena de ser tomada en serio, creedme. Pero un aciago día, la luna roja se acostó bajo un cielo de plomo y el alba despuntó envenenada, las rosas se estiraron sobre tallos duros y espinas de metal, y mi amigo se enamoró.

Si hubiese sido una chica, no hubiesen faltado los listos que dijesen que "floreció". No los faltaron ni aunque fuese un tío. Sirius, para ser más exacto, fue prolijo en metáforas florales. Él cree que entiende a James mejor que nadie, pero se limita a compenetrarse con él. Soy yo el rey de la mesa de disección emocional. Sirius en realidad vive con las cosas o a procura que las cosas vivan con él. A veces me corroe la envidia, lo admito- igual que admito que la expresión está plagiada de una telenovela sudamericana. Hay algo irresistible en las cursiladas chilladas con aplomo por mujeres apasionadamente estúpidas-

Hay que reconocer que al casting de la vida yo debí llegar bastante tarde… Aunque la verdad es que James, materia de triunfador y sino que venga Dios y lo vea, tiene todas las de ganar para ser el prota cool que no se lleva a la chica, con lo que él también había debido caerle mal al director.

James se volvió desgraciado. Le dio un matiz nuevo a todo lo que hacía. Una parte de él iba siempre al borde de pegársela. Me temo que preparaba mis palabras antes de hablarle de según qué temas. Aunque claro, como yo he sido, hasta la fecha, el único individuo razonable al que no considera un completo plasta (y aún así a veces me entran las dudas) y aunque calibro al ridículo al que me expongo al hablar así apenas un año después de cumplir los 16, se ha de admitir que todo el tacto de la parte masculina de Hogwarts me ha sido graciosamente entregado. Me alegra pensar que cuando Lily se carga todas las defensas de James, él viene a mí porque sabe que yo siempre tengo la argamasa preparada.

Aún así me temo que nuestros momentos dorados han quedado atrás. O quizá sólo es Peter el que habla por mi boca -Peter Pan, obviamente-.

Yo creo en que hay cosas que no entendemos, como porqué hay niños que nacen magos, de dónde sale la parte del amor que no es biológica (o si la hay, ya que estamos), que es el aura de una persona, en que consiste exactamente el don de gentes y porqué hay juguetes que se rompen al salir del paquete. En realidad no me fijé en Lily hasta que no tuve más remedio, porque una persona como ella es potencialmente muy peligrosa para mí. No estoy contento con mi suerte. Ella, en cambio, está tan feliz. Me da que sé porqué la odia su hermana. Petunia daría su brazo si oyese que lo normal en Londres es ir manco, y yo... Yo consideraría mudarme, pero no me pasearía por allí con los dos brazos puestos. A James no le afectan esos complejos tontos, así que le da igual que Lily sea fantástica, y la quiere a pesar de eso.

Yo he dejado que James se le eche encima y no me vienen pensamientos rencorosos por los bordes, y una vez más estoy hablando de Sirius. La verdad que se demuestra una vez más que no hacer nada es hacer algo, porque mi subconsciente sabía que iba a cagarla y lo cierto es que no lo ha decepcionado.

Rudy pasó la noche del viernes- o al menos, la segunda mitad- pegando carteles sobre los armarios. Los había hecho con pergamino robado a Sirius Black. Una de sus peculiaridades es que siempre iba corto de material y nunca se le notaba debido a su amplio concepto de la propiedad privada.

Remus le sujetaba los carteles con aire pensativo- a él el alcohol le daba aire intelectual- releyendo de vez en cuando la inscripción "Coto privado de caza de Rudolf Brand".

- ¿Pa que leches teres un coto privao aquí?- si, bueno, sólo era un aire.

- Rems, mi buen amigo. La razón por la que no tienes novia es que eres demasiado cerebral.

- ¿Qué quieres decir con eso? -Remus no tenía las ideas muy claras. ¿Por qué le estarían psicoanalizando así, sin comerlo ni beberlo? ¿Ni beberlo? ¿Qué no había bebido esa noche? Su propia broma le hizo reír (estúpidamente).

- Que eres un témpano. Pero aún eso sería recuperable si no tuvieses la maldita manía de no aprovechar las oportunidades que te proporciona nuestro glorioso colegio. Así que cuando Sirius Black ronda los pasillos…

- Eres tú el que ronda los pasillos, subrayó Remus con mala fe.

- Irrelevante. Rudy argumentaba con la eficaz técnica de desestimar todo lo que dijera el contrario. Aunque Remus le había buscado la cuarta pata al gato (es sabido que algunos gatos mágicos tienen cinco y tres). -Cuando Sirius Black merodea por la zona, los demás haríamos bien en utilizar todos los métodos que la ley pone a nuestro alcance para asegurarnos que no se acerque y destroce el duro trabajo de los que genuinamente tenemos que currar para levantarle las chicas. He dicho.

Remus reflexionó intensamente.

- Rudy, declaró sin amargura tras unos segundos. Eres un hipócrita. No has currado por una chica jamás.

El otro no se inmuto, pero le asestó al licántropo una cachetada amistosa. Él no era hipócrita. Tenía la clave de la vida.

- ¿Ah sí?

- Rudy… Sabes que a veces tienes más pluma que Fawks…

- La auténtica masculinidad no tiene fronteras.

Rudolf se había sentado en el antepecho de la ventana y contemplaba el vacío con la satisfacción del que no piensa caerse por él. Alto, desgarbado, con brazos y piernas demasiado largos para el resto del cuerpo, era moreno y devastadoramente simpático, por mucho que cuando andase sus piernas nunca parecían coordinarse con el resto de su cuerpo y aunque llevaba las manos colgando como si no formasen parte de él. Era voluble, imprevisible, sociable y misántropo al mismo tiempo. Era también uno de los mejores cazadores de la historia de Hogwarts.

Remus le apreciaba una barbaridad y pensaba que era un caradura y le insultaba regularmente por eso. Insultar ya estaba lo bastante lejos de su comportamiento normal para considerarlo en sí mismo una especie de insulto.

James y Sirius habían decidido no dormir. Ahora el ambiente de la fiesta se desvanecía y James se fijó de repente en lo tétrico que podía resultar Hogwarts, Hogwarts y sus fantasmas y sus ventanas góticas, si uno se dejaba llevar por un momento.

- Nunca he comprendido por qué celebrábamos el principio del año, gruñó Sirius, que era un hombre lógico y no veía en que el final de las vacaciones constituía un motivo de celebración.

- Bien se hacen despedidas de soltero, observó James con filosofía. Recogió un cojín del suelo y se puso a hacer toques con la rodilla- Por cierto- añadió con una mirada vaga por la ventana- Que sepas que ya he elegido un sitio bonito para enterrarte.

Sirius se derrumbó en un sofá con un ojo abierto y el otro más hermético que los cofres de Gringotts.

- Agradezco tu preocupación pero me parece prematura. ¿A qué debo está vez el placer de tu cabreo?- Sirius había pasado una infancia demasiado seria para permitirse el lujo de ser serio nunca más.

James creyó ver una mancha blanca caminando por el parque y forzó la vista para asegurarse.

- Sirius, pequeño idiota- dijo recurriendo casi sin darse cuenta a un tic de Rudolf- ¿Por qué no pones un poco de lo tuyo en que me lleve bien con Lily?

- Para fregados sentimentales, te equivocas de ventanilla. Dirígete a Moony. Creo que está de guardia.

- Está colgando carteles y tú le estás dando largas al tema… y aparte, no hace falta que te piques porque nunca te vaya a pedir consuelo. Cuando voy a pedir consuelo lo que necesito es consuelo, no que me llamen nenaza, observó James no sin cierta lógica.

- ¿Tenemos que discutir de esto? Algo en la voz de Sirius sugería que el tema lo tenía hastiado.

-¿Hay vida posible más allá del fondo de la copa?- intervino de Peter, en pleno arrebato místico. Es posible que los otros dos hubiesen olvidado momentáneamente su existencia.

- A la de Sirius le quedan cinco minutos- dijo James, buen chico, haciéndose la manicura- o haciendo como que se hacía- con la punta de la varita.

- No seas amargado, James. Lily no vale la pena de que me casques la cabeza.

- Tu problema, replicó James, es que todavía no has calibrado que eso lo calibro yo, y si calibro que cabalmente me has jodido toda oportunidad de desconvencer a Lily de que soy una cata de ser humano inferior, soy capaz de cabrearme y calibrar, so capullo, que tu cabeza bien merece ser acardanelada y tú mismo… tú mismo…

- ¿Zo mismo?, dijo Sirius, que no le había escuchado.

- Capado, concluyó James, tan satisfecho con la aliteración que se tumbó boca abajo en un sillón, con los pies en el aire y la cabeza a ras del suelo, y procedió a probar con cuanto whisky podía cubrir la parte inferior de su mandíbula sin derramarlo por el suelo.

- Ah, how delightful, comentó Black, que era un pijo. Oye, ¿sabes que es hora de ronda, verdad?

En ese momento Peter canturreó la canción de Friends.

Pero James se había dormido entre un revoltijo de botellas y de las plumas de un cojín que no había sobrevivido a la fiesta. Sirius le sacó un zapato y se lo metió en la boca, abierta de par en par – al fin y al cabo estaba cabeza abajo-. Obviamente, James se despertó, boqueó como un pez y enseguida le juró a Sirius que iba a enterrar su cabeza en el Bosque Maldito.

Tal vez lo habría hecho, ya que la paciencia de James tenía un límite y Sirius lo había traspasado hacía un par de años. Por otra parte, estaba harto de la hostilidad tenaz que le dedicaba su amigo a más o menos todo el resto del mundo y hubiese dado mucho para que fuese menos egoísta, menos gremiario y un poco más caritativo. Llevaba la idea de que si Sirius hubiese sido gobernante, habría sido tirano persa y no presidente democrático. Lo que probablemente era una injusticia.

- Sirius, dijo, rebajando el tono. El problema contigo es que la mitad de las veces que empiezas una conversación lo que estás intentando es cornear al desgraciado al que le diriges la palabra. Y no estoy hablando especialmente de mí.

Y era verdad, porque en el libro de Sirius, la única manera de conocer a alguien era metiéndose con él.

- James, esto no viene a cuento de nada.

- Macho pero es que estoy cansado de torearte por cuenta de quien sea y que luego te hagas el loco.

Sirius le sacó la lengua.

James le miró incrédulo durante unos segundos y luego se tiró al suelo y se deslomó de risa después de partirse el cráneo. Sirius, que estaba de mala leche, esbozó una sonrisa donde el triunfo, la risa, el cariño y el más puro sadismo se mezclaban como hermanos.

En ese momento llegaron Rudy y Remus desde el retrato. Desde la escalera de los dormitorios de las chicas también asomaron dos parejas de zapatos: los de Danielle, que por su condición de cazadora era la única de las amigas de Lily que trataba a James por derecho propio, y los de la propia Lily.

James y Sirius, que en otra vida habían sido una pareja de cómicos en paro, redoblaron las risas durante unos segundos. De repente James se calló, en posición estrafalaria sobre el suelo, mientras la risa de Sirius adquiría una nota de histerismo y subía una octava, tal vez por eso.

- ¿De qué os reís? Pregunto Remus, que sabía que querían que lo hiciese, pero cuidó de no parecer muy interesado porque el también tenía una imagen que mantener.

James le miró de hito en hito desde el suelo, con un pie todavía sobre el sillón, el otro torcido debajo de la mesa, los brazos separados y un aire vagamente crístico. Sirius dejó su risa morir en una nota alta y procedió a rascarse la cabeza. Se volvían sublimes con la audiencia.

Rudy, que no había nacido para segundario –de hecho a veces aseguraba que sus abuelos eran Charlot, Woody Allen y la totalidad de los integrantes de Monty Phyton, pero nadie le creía porque era evidente que no podía tener tantos- procedió a sentarse flemáticamente y a hacer levitar las plumas del cojín para formar remolinos. Mientras, el único que tuvo a bien responder fue Peter; y aún así con tono mal asegurado.

- Nada, de nada.

En realidad llevaban medio picados desde por la mañana. En Estudios Muggles habían tenido que simular entre dos una conversación en la que uno ofrecía algún tipo de oferta relacionada con el mundo muggle (el ejemplo había sido electrodomésticos) y el otro actuaba en consecuencia. El problema era que Sirius se había empeñado en ofrecer servicios pecaminosos con voz aflautada y James había reaccionado en consecuencia, y encima jurando que era víctima de acoso escolar y que si no fuese porque los elfos domésticos le caían bien no pasaría ni una hora más en el colegio.

Remus gruñó su asentimiento y Rudy montó un partido de Quidditch con las plumas del cojín. Lily y Danielle todavía seguían en las escaleras.

- Pues Sirius ha estimado que James no debería responder obscenidades y se ha vengado durante la tarde, explicó Peter.

James, que perdonaba todo lo que le hacía reír, se volvió para jurarle a Sirius que era el tío más retorcido que había conocido en su vida y que le adoraba por ello. De repente se fijó que algo le hacía cosquillas y le pegó fuego a las plumas que Rudy seguía haciendo flotar.

Lily bajó en ese momento y el corazón de James se olvidó un latido, pero estaba habituado al salto de vallas a esas alturas. Lo cierto es que era él el que estaba mágico. Una corona de fuego le rodeaba la cabeza y algunas cenizas negras dispuestas a tiznarle las mejillas le hacían guiñar los ojos, pero Lily era una mujer muy dura.

- Aquí está la dama de tus pensamientos, dijo Danielle hablando de si misma.

James la observó con ojo crítico.

- Atravesaré mares y montañas, decapitaré dragones, talaré selvas y fundiré icebergs por ti, Danielle, si apartas esas luces de mi cara.

Tanto Danielle como los demás contuvieron la respiración, listos para ver quien cedía a la tentación. Fue Rudolf.

- Sí, siempre has sido de pocas luces.

Todos se echaron a reír y James puso cara feroz.

- Rudy, cuando os pongo un juego de palabras tan a huevo, lo mínimo que espero es que aproveches la oportunidad de callarte.

Rudy declaró con voz sepulcral.

- Hola, me llamó Tomás de Torquemada, tú mataste a mi padre, prepárate a morir.

Lily resopló de risa. Cuando se metían con James nunca dejaban las cosas a medias y Sirius imitó –maravillosamente- acento americano sureño para añadir con tono sádico:

- El Gran Brujo del Imperio Invisible ha ordenado que te barbacoen…

James, mucho más acojonado de lo que estaría dispuesto a reconocer, retrocedió a cuatro patas rápidamente y protestó con un tono ligeramente demasiado a agudo. Danielle se echó a reír aún más sonoramente.

- No huyas, James, la luz no duele… Es decir, a la gente normal no les duele…

James les dirigió un insulto colectivo y refunfuñó:

- Sí, soy vampiro, brillo en la oscuridad y encima me como a las niñas pequeñas…

Y se abalanzó sobre Danielle con fingiendo estar muerto de hambre. Eso sí, se paró a más o menos un metro de ella, se alisó la túnica y declaró con frialdad – pero haciéndose el interesante.

- En realidad, los vampiros no brillan.

Aunque obviamente estaba esperando que le preguntasen como lo sabía, Rudolf se agitó y dijo con buen humor.

- James, odiaría incomodarte pero juraría que Lily ha venido a buscarte para hacer la ronda.

La ronda de al menos uno de los pisos era reglamentaria para los Premios Anuales, para verificar que no quedaba ningún alumno de los cursos inferiores fuera de los dormitorios. Eso sí, normalmente no se hacía a la una y media de la mañana pero Lily también había estado de fiesta.

James cambiaba muy rápido de la comedia a la más absoluta seriedad y no era un perezoso. Agarró su varita, le hizo un gesto a los demás y salió de la sala. Lily se encogió de hombros, dijo adiós y le siguió.

Remus respiró hondo y anunció que se iba a dormir. Sirius se levantó para imitarle y la sala quedó vacía, menos en lo que a Rudy y Danielle se refería, que se quedaron mirando al techo con aire pensativo.

Lily salió de la sala común dándole vueltas al hecho de que Sirius sacase a colación el Ku Klux Klan con tanta tranquilidad de espíritu, ya que los mortífagos eran básicamente kukluxklaneros entintados y era sabiduría popular que gran parte de la familia de Sirius le tenía afición a esa clase de actos vandálicos de grado de barbarie variable.

Pero Sirius era un dandy… lo que probablemente había intervenido tanto como cualquier factor altruista en ganarle a la política del live and let live. Lily, que le juzgaba a veces más duramente de lo que merecía, tenía sin embargo algo de razón al pensar que no defendía los muggles en tanto a seres humanos individuales, sino en nombre de valores abstractos.

En cuanto a James, la esperaba apoyado contra la pared, con las manos hundidas en los bolsillos, el flequillo sobre la frente bajada y los ojos brillando con cierta dosis de hostilidad. ¿O quizá era solo la impresión que le daba la luz de las antorchas? Lily recordó los neones de su antiguo colegio, que de noche parecía un loft industrial destartalado…

- Hola, le saludó como si tal cosa. Tenía sentido porque no había pronunciado una palabra desde que había bajado con Danielle a la sala común. Aún así, saludarle después de haber pasado juntos los 10 últimos minutos le dio un cierto toque íntimo a la conversación.

Él no se movió, o tal vez se encogió imperceptiblemente de hombros mientras esperaba a que llegase a su altura. Ella intuyó que le perturbaba el que los pasos que daba en el corredor desierto no tuviesen otro objeto que acercarse a él.

No parecía con ganas de hablar pero hizo una pregunta, posiblemente para plegarse a las convenciones de los encuentros en los pasillos.

- ¿Qué tal las vacaciones?

Resultó muy banal, para sorpresa de ambos.

- Bien… En Grecia.

- ¿Con la comunidad maga o por libre?

Lily sonrió.

- ¿No iría por libre entre los magos?

James no pudo evitar pensar que no, que para nada. Pero había respondido a una pregunta por otra y cambió de tema.

- ¿Tú qué vas a hacer el año que viene?

Mientras tanto, se habían dirigido hacia el cuarto piso, el que les tocaba a los Premios Anuales patrullar. Con el título venían más responsabilidades que privilegios. Aunque sabían prácticamente todas las contraseñas del colegio, divulgarlas era muy mala idea y James había tenido que resistir la tentación. Tenían derecho a los baños de prefectos, y como todos los alumnos de séptimo, a estudio propio. Eran los primeros en elegirlo y tenían un margen más amplio en el momento de decorarlo, pero a las horas de patrullas, organización y castigo, la recompensa era la gloria –en palabras de James-.

- Todavía no lo tengo claro. Ni siquiera sé si voy a seguir en el mundo mago.

James se paró en seco, mucho más sorprendido de lo que aparentaba.

- ¿Volver con los muggles?

Lily se sintió vagamente ofendida.

- ¿Sí, que pasa? Adivina una cosa, Potter, el mundo también funciona sin ayuda de magia y muchas veces igual de bien.

Había algo casi blasfemo en decir que la magia no era indispensable, pero la sinceridad con la que reaccionó respondía sobre todo a la idea de que Lily tuviese la intención de apartarse de su mundo.

- Evans, por Merlin, los muggles son como un bebé al que hubieses amputado los dos brazos. Aunque se las arreglen con los pies, sigue siendo triste que no tengan conciencia de que les faltan un par de extremidades… por mucho que dibujen genial con los dedos de los pies y eso.

La pelirroja se echó a reír sin demasiada amabilidad.

- Podrías tener razón, pero te equivocas. No tienes ni idea, pero supongo que no es culpa tuya. Ni el mago más progre ha oído hablar de Platón, ni de Graham Bell, de Newton, de Gauss, de Tennyson, de Shakespeare... ¿Y sabes qué significa eso? En el mundo mago, nada, pero en el mundo muggle, sois unos catetos. Y seguiría sin pasar nada porque eso no es tan raro, pero es que ni siquiera sabéis quienes son los Beatles y sois de Londres, cosa que en mi familia requeriría meterse debajo de una piedra y ni siquiera, porque hace 15 años que todas ruedan y meten un escándalo de la hostia. Si os pusiesen un casette en la mano lo usaríais de posavasos y con un vinilo jugaríais al frisbee. Y hace seiscientos años que los magos se visten como en la edad media.

James se rió también, pero con ganas, y una dosis de alegría inesperada. El fuego que Lily había puesto disipó el mal humor que llevaba a cuestas, y sobre todo, había dejado de creer que fuese a dejar la magia. La gente como ella solo defendía con tanto fuego aquello por lo que no pensaba optar.

- ¿De qué te ríes? Tú no te enteras más que cualquier otro.

- No, reconocía James con voz llena de ternura. Enséñame cuando quieras.

- ¿Cómo?

- ¿Por qué no? Te puedo sacar de aquí ahora mismo y llevarte a Londres. Las noches aquí empiezan pronto. Podríamos llegar a tiempo de pasear por las calles, ver muggles, vestir ropa muggle, beber bebidas muggles y bailar música muggles mientras me enseñas un poco de que va.

Lily le miró fijamente.

- ¿Por qué iba a hacer eso?

No se había negado de plano y era una buena señal.

- Porque te apetece, le dijo con gentileza.

- ¿Contigo? Preguntó pensativa. James asintió con la cabeza esperando que la noche, la fiesta recién acabada y la nostalgia de Londres transformasen un plan de locos en una buena idea.

- ¿Es peligroso?

- ¿Londres muggle? No. El ministerio autoriza a los hijos de padres magos mayores de 16 a utilizar la magia fuera del recinto de Hogwarts, en el marco de una política contra el Señor Oscuro. Lo siento, añadió, y efectivamente parecía pesaroso, tanto por la discriminación como del uso que le estaba dando a la ley.

- ¿Cómo iríamos?

La causa estaba ganada y James sonrió de triunfo y de alegría. Lily se fijó y estuvo a punto de retirar lo dicho, pero él le cogió las manos y sonrió:

- Tu déjame a mí.

Estaban en el 77 y había un grupo en Londres especialmente digno de verse. Usaron magia y codazos para hacerse con entrada y con hueco y desde el primer segundo fue una noche inolvidable. Ella les veía por tercera vez y tardó menos de cinco segundos en desconectar el cuerpo de la cabeza. James, en cambio, no había oído nunca nada parecido y tardó un rato en superar la sensación de imbecilidad, durante el cual vagó con los brazos bajados, arrastrado por corrientes de gente. Al cabo se acordó de quien era, localizó a Lily, bebió lo bastante y tiró de improvisación para compensar que se había metido en un live de los Sex Pistols sin saber quiénes eran ni que leches tocaban. Ahora bien, a ratos eso no lo sabían ni ellos así que daba igual.

Alguien le volcó algo que olía a cerveza solo a medias en la espalda y por poco llegan a las manos, pero Lily le agarró por el pelo y se lo llevó hacia atrás, cosa que después le reprocharía mucho porque no hubo manera de recuperar terreno. Él mismo, respecto a ella, siguió una línea de conducta aleatoria –que nunca consiguiese nada con ella respondía a que casi nunca era coherente consigo mismo- entre protegerla con su cuerpo o empujarla de rompe olas. Jugó con su pelo, y lo dejó hecho una maraña pegajosa que otra chica (una que no fuese maga) hubiera tenido que cortar.

Salieron con los oídos silbantes y mirando el cielo con cara inquieta porque se habían ido sin reloj. De hecho James por poco se iba en túnica. Mientras volvían al translocador 100% ilegal que los Merodeadores habían fabricado a base de experimentar con ratones blancos, James se dedicó a examinar los troncos de los árboles asegurando que la disposición del musgo indicaba la hora.

Lily sabía que algo no iba bien pero no acaba de conectar el qué, pero luego James decidió que en los castaños el musgo indicaba las siete y cuarto de la tarde.

- ¿Las ocho? Lily abrió mucho los ojos.

James lo encontró muy gracioso y se puso a chillar a coro y a hacer el mono por los bordillos. De repente, se paró en seco y dijo:

- ¿Qué me has llevado a ver? Estoy como si me hubiesen pasado alternativamente de 100 m bajo el agua a 100 m en el aire durante toda la noche.

Lily se lo imaginó y pensó que parecía un mix del juego de playstation de buscando a Nemo con el de Tarzán.

- Tú céntrate en que lleguemos a tiempo a Transformaciones.

James se preguntó cómo era posible que los Sex Pistols coexistiesen en el mismo país que la profesora McGonagall, pero no encontró la respuesta.

- 'amos a llegar doa, dijo de mal humor.

- Yaaa. Ha sido idea tuya, recordó ella con mala fe.

- Tengo muchas ideas. Algunas están destinadas a ser malas, respondió él tan tranquilo y Lily se echó a reír.

- Eres un sinvergüenza, constató alegremente.

- Es culpa de mi madre, aclaró él. No podría haber salido tan sinvergüenza sin un mínimo de instrucción.

- "You gotta understand, it's just our bringin' up-ke, that gets us out of hand!" canturreó Lily sin afinar mucho.

James arqueó las cejas y la ignoró:

- ¿A cuánto te ha salido la noche? Te tengo que pagar.

Pero Lily estaba on a roll.

- "Ev'rything free in America, for a small fee in America!"

Le cogió de la mano e improvisaron una coreografía entre Lily, James y la farola, y según jurarían los tres más tarde, no les quedó nada mal.

Lamentablemente, James recordó que lo del musgo era para la brújula y no para el reloj y tuvieron que replantearse la hora que era. Lily aseguraba que era perfectamente capaz de darse cuenta en función de la posición de las estrellas, así que se tumbaron en la acera y se pusieron a mirar.

Ella declaró que necesitaba dibujar, así que sacó un eye-liner. Como la piedra lo desgastaba mucho, James se quitó la camiseta y Lily se puso a dibujar constelaciones sobre su piel desnuda.

James volaba, borracho de alcohol y de muchas otras cosas, y Lily se dejaba tentar. Entraba en el juego y salía como un gorrión que quiere picotear un pan situado al lado de un gato. En el silencio de la calleja, bajo una farola, a principios de septiembre, donde el calor venía de la mente, si James hubiese visto una tienda de tatuajes abierta, Lily hubiese tenido que usar todo su poder de persuasión para que no se tatuase en el pecho un conjunto de triángulos que supuestamente representaban la bóveda celeste y que Lily dibujaba inclinada sobre él, con la lengua ligeramente sacada y la respiración irregular.

Quería agarrar la muñeca que se paseaba por su piel. Era cuanto veía de ella. Pero habría sido levantar la mano contra Lily. La había tenido para sí durante una noche y querer más sería codicia. Aún así, lo habría hecho, pero Lily se rió por lo bajo y la risa salió tan fresca que se calló.

- Son las 4 y media, decidió Lily al cabo, y te va a encantar, pero estamos en fase de asteroides impares y Minerva es el 93.

James la miró con sospecha.

- Estás diciendo chorradas sólo para ver la cara que pongo, ¿verdad?

Lily se rió como una niña pequeña.

- No. Me hago la lista para impresionarte.

James no dijo nada, pero su expresión recordó la que había tenido mientras la esperaba fuera de la sala común. Lily se arrepintió de haber hablado, pero se lo pensó tres segundos con la cabeza inclinada sobre el hombro y se dijo que nada de lo que pudiese decir tenía tanta importancia. ¿Por qué le habría dado por pasar esa noche? Si James aceptaba jugarse el corazón, a ella no le importaba aceptar una partida. Había puesto mucho menos en la mesa.

También había habido cosas que quizás hubiese hecho si el sol no se fuese a levantar al día siguiente y que decidió no hacer.

- No me apetece volver, añadió.

Hacía horas que James pensaba eso mismo.

Habían dejado la piedra que hacía de traslador escondida en un porche, y aunque se confundieron tres veces al buscarla, consiguieron tomárselo con calma.

Se despidieron en la parte inferior de las escaleras, en la Sala Común, tras haber recorrido el pasadizo secreto desde Hogsmeade a la escuela. El cansancio eliminó toda tensión y se dijeron simplemente buenas noches.