Mascotas
Capítulo único
Era curioso, de alguna manera u otra. De toda la aldea, eran los únicos que habían cambiado constantemente de mascotas y animales de granja a través de los años. Algunos creían que era mero capricho, que simplemente se cansaban de una y por eso conseguían otra. Sin embargo, la razón era algo más complicada que eso.
Más que darse el lujo de tal capricho, la verdad obedecía al hecho de que la hija menor aparentemente era el enemigo público número uno de los animales de Asgard. Grandes y pequeños, voladores o rastreros, ninguno parecía congeniar con ella. Las aves pequeñas le picoteaban salvajemente los dedos si intenta alimentaras, los gansos la perseguían hasta el cansancio cuando salía por la puerta trasera de la casa, las cabras le arrancaban el cabello a mordiscos, los conejos le roían las ropas con furia y las ovejas le daban molestos empujones cada vez que la veían. Solo dos animales parecían no tenerla en su contra hasta el momento. El caballo que le permitía cepillarlo y montarlo sin mayor problema y el cachorro de perro. Éste hasta se animaba a jugar con ella y seguirla adonde fuera. Sin embargo, duró apenas unos meses, pues un lince lo mató durante una cacería.
Actualmente lo que había en la casa era un gato, de esos silenciosos y elegantes. Su pelaje era de hermosos tonos pardos y sus brillantes ojos verdes encantaban a quien quiera que lo mirase. Por nombre le habían puesto Delos y ciertamente se había ganado un lugar como el consentido de la casa. Se restregaba contra la pierna de Yrian(*) apenas lo veía entrar, jugaba con los juguetes que Boreal le fabricaba y hasta se echaba plácidamente frente al fuego para hacerle compañía a Embla y Polar mientras tejían. Hasta ahora, ni siquiera se habían reportado incidentes con Ártica, la verdadera raíz de la situación de los cambios constantes.
Por ello, Boreal no se preocupó mucho cuando vio a Delos posarse sobre la pequeña mesa de la humilde sala, a unos centímetros de donde la pequeña de siete años trabajaba en una tarea escolar. Ciertamente era toda una proeza que ni siquiera tal cercanía desencadenara algún problema entre ellos, así que se dio media vuelta para guardar los platos recién lavados. Estaba a punto de terminar con los vasos cuando escuchó al gato bufar, subirse al marco de la ventana y de un salto salir por ella. El joven se fijó en su hermana menor. Seguía sentada a la mesa con su tarea frente a ella, tranquila.
No, no era cierto. Hacía unos momentos había estado rasgando felizmente el papel con el lápiz pero ahora sólo lo miraba intensamente. Boreal dejó lo que estaba haciendo y se fue a sentar a su lado. Ahí fue cuando notó que la niña se estaba mordiendo el labio inferior y en sus ojos había cierta humedad. -Ártica, ¿qué te pasa?-
-Nada- le respondió la otra en su aguda vocecilla.
-Ártica, no me mientas- le dijo, levantando la barbilla de la niña con su mano. -¿Delos te rasguñó?-
La pequeña apretó los labios. -No-
Boreal enarcó una ceja. -Muéstrame tus manos-
Con resignación, la pequeña Ártica puso sus manos sobre la mesa. Éstas, los brazos y, ahora que lo notaba, las mejillas también, estaban cubiertos de rasguños (1). La piel irritada a sus alrededores parecía brillar en comparación a la de otra manera pálida piel de la niña. -Dime qué pasó-
Ártica miró fijamente su tarea. -Sólo... sólo quería acariciar a Delos. Polar dice que su pelaje es muy suave... y yo quería... quería saber si era cierto... pero Delos no me deja...-
El hermano mayor inspeccionó un poco los bracitos de su hermana. Dejó escapar un suspiro. -Y puedo ver que no es la primera vez que intentas averiguarlo-
Inmediatamente la niña se soltó de su agarre y pegó los brazos a su cuerpo. Boreal se rascó la barbilla. -¿Por qué no nos dijiste que Delos te ha estado rasguñando?-
Ártica se bajó de su silla y le dio la espalda. -Porque cada vez que uno de los animales me hace algo, se tiene que ir... y no quiero que se tengan que separar de una buena mascota como él por mi culpa, como siempre...-
A Boreal se le estrujó un poco el corazón al escucharla decir eso, y de inmediato le dio un abrazo. Le revolvió los verdes cabellos con una mano y le sonrió. -Me agrada tener a Delos, pero si se la pasa arañando a mi hermanita, no es tan buena mascota como yo creía-
La niña se le quedó viendo, su boca torcida en un gesto triste. -Pero...-
-No te preocupes, me haré cargo de este asunto-
Boreal tuvo una pequeña charla con sus padres y a los tres días, Delos encontró un nuevo hogar. Eso sí, Ártica no se quedó con la duda de qué tan suave es el pelaje de un gato, porque su hermana le confeccionó uno de felpa que definitivamente nunca la iba a rasguñar.
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(*)Yrian: el padre de Ártica, Boreal y Polar.
