CAPÍTULO 2 - ¿Quién eres?
No paraba de bostezar.
Estuvo tanto tiempo despierta la noche anterior, para acabar con una conclusión tan simple como: si, me gusta ese chico el cual vi apenas ayer, y quiero saber quién es.
Pensar otra vez en eso hacia que se le encendieran las mejillas. Se pegó ligeramente la cara para poder calmarse. No quería que Gajeel recordara lo de la anterior noche y continuara fastidiando.
Sin embargo, lo único bueno que podía ver en su cansancio, es que serviría como buena excusa si se le veía tan apagada. Porque aunque lo estuviera, el problema era que desde donde podía ver, no había señal de él.
Sirvió un poco de jugo, sin emoción alguna, y dio pequeños sorbos mientras observaba a Gajeel y Levy conversar, o más solamente ella, ya que Gajeel solo escuchaba mientras desayunaba.
—¿Y van a poner su papel en el Cáliz?— preguntó la peliazul.
—¡Por supuesto que si!— respondió Gajeel inmediatamente.
—¿Y tú Juvia?
Pensando un poco en la pregunta, terminó respondiendo un poco presionada, ya que sabía muy bien que los alumnos que eran elegidos para viajar a la cede del torneo, tenían que ser los mejores candidatos para participar en este, y sin embargo... Juvia no estaba interesada, y debía ser sincera.
—Juvia no está interesada en poner su nombre... en el cáliz de fuego.
Gajeel le dio un pequeño golpe en la cabeza.
—Entonces, ¿para que viniste huh?
—Juvia no vino porque quisiera, Juvia vino porque fue obligada por Madame Ooba.
—Y también te va a obligar a que pongas tu nombre en el cáliz.
—Madame Ooba no puede fijarse si pones el nombre o no en el Cáliz, así que Juvia está tranquila.
—¿Así que tienes miedo del torneo?— le cuestionó Gajeel, con la intención de molestarla.
—No le hagas caso, Juvia, —le dijo Levy. —Yo si tengo miedo de participar, ya han habido casos en anteriores torneos donde los campeones han quedado gravemente heridos, ...o muertos.
—Claro que vas a tener miedo, una enana como tú no podría ni con la primera prueba— le replicó Gajeel.
Levy lo único que pudo hacer fue hacer una adorable mueca de enojo, mientras mordía su pan tostado.
—Si acabas elegido en el torneo Gajeel, ni creas que te voy a ayudar a resolver cualquier acertijos, y no sólo porque seas del equipo enemigo.
—¿Huh? ¿Que insinúas?
—Que eres un cabeza hueca.
—¿Y tú que vas a saber de mi? Si eres tan lista, Ravenclaw, deberías saber que los que estamos aquí es porque destacamos en todo.
—Sí, como digas...
Juvia soltó una pequeña risa al ver como Gajeel y Levy empezaban a discutir; estaban llevándose muy bien, ...o eso parecía.
De no ser porque el prefecto de Ravenclaw llegó en el momento justo, Gajeel hubiera tirado el desayuno a la cara de Levy. Este mismo se intentó componer lo mejor que pudiera, viéndose más sospechoso que normal, sin embargo al prefecto parecía no importarle.
Sus palabras iban dirigidas a los de Beauxbatons.
—Buenos días, mi nombre es Lyon Bastia, y soy el prefecto de la casa Ravenclaw. Espero que hayan desayunado bien, porque seré el encargado de llevarlos por el castillo, al menos hasta que se acostumbren.
Juvia podía sentir la mirada de aquel chico de pelo blanco caer sobre ella, más que en la de los demás estudiantes.
—En unos 10 minutos tienen clase de Transformaciones. Por favor, acaben con sus alimentos para que podamos ir a la aula.
Juvia suspiró. No estaba segura si podía prestar atención con el cansancio que tenía, y la inquietud de no saber dónde se encontraba él.
Fue toda una sorpresa que el mismo director Makarov fuera quien impartiera la clase.
Bueno, tenía sentido, ya que supuestamente el director sabía el temario que llevaba su escuela, como también la de Durmstrang, con quien alternaban las horas escolares.
—Hechizos no verbales— empezó a decir Makarov. —Es muy importante que aprendan a dominarlos, porque...
Juvia dejó de prestarle atención cuando empezaba a observar sus alrededores; la habitación era relativamente pequeña, ya que no eran muchos los alumnos de Beauxbatons. Estaba compartiendo pupitre con Gajeel, quién, después de los comentarios que dijo Levy hacia el, parecía estar más centrado en la clase. Si, cuando iban por el castillo hacia el aula, le escuchaba decir por lo bajo cosas como "ya verá..." "¿quien cree que soy esa enana?" "demonios".
Eso le dio las puertas abiertas para pensar en sus propios asuntos, sin estar preocupándose de que Gajeel tratara de molestarla durante clase sobre aquel asunto.
Empezó a pensar en el, en su negra cabellera, sus ojos, su cara... ¿dónde podría estar? ¿Qué estaría haciendo? ¿Que clase podría estar tomando en esos momentos?
Quería saber tanto, pero apenas y sabía como se veía. Tendría que buscarlo aunque fuera hasta el rincón más escondido del castillo. No tenía miedo de perderse si eso significaba encontrarlo.
...o tal vez si tenía un poco de miedo perderse.
Las clase continuó, con Juvia pensando todavía más en su amado.
Su peor temor se hizo realidad. Estaba perdida.
Se paseaba por pasillos con cuadros que hablaban, que no hacían nada más que perderla más.
Agradeció al menos, que su sexto año tuviera tantas horas libres que podría usar para buscar. Al principio parecía una tarea tan fácil, sin embargo ahora incluso pensaba en rendirse.
No supo cómo, pero ahora estaba bajando unas escaleras en forma de caracol después de revisar el aula de adivinación. No parecía encontrarlo. Su atención estaba especialmente fija en alumnos con colores rojo y amarillo, pero no era suficiente para dar con el. Quizá ella esté aquí, y él esté justo al otro extremo del castillo, y cuando ella llegue ahí, el estará justo donde ella ya estuvo. Era frustrante pensar en eso, así que quizo aferrarse al pensamiento de que lo encontraría pronto.
Y cuando lo hiciera, ¿qué más?
Se detuvo en seco. ¿Qué haría? Su corazón empezaba a palpitar más rápido, tratando de imaginarse en esa situación. Tal vez le diría su nombre, pediría el suyo... ¿y qué más? Estaba en blanco, y su cabeza empezaba a acobardarse. No. No debía dejar ir esa oportunidad, porque existía la posibilidad de no verlo nunca más después de que transcurriera su año en Hogwarts.
Una mano tocó su hombro, y ella volteó a encarar al hombre que la saludaba con una sonrisa. Era Lyon Bastia.
—Hola, Juvia.
Parecía saberse ya su nombre; o tenía muy buena memoria, o... pensar en la otra opción le daba escalofríos.
—Hola, Lyon— le saludo cordialmente.
—Es muy probable que estés perdida, ¿no?
Supuso que hizo la pregunta para no ser tan directo.
—S-si... Juvia está perdida...
—¿A dónde querías ir? Puedo llevarte sin problemas.
Juvia no pudo responder, porque no tenía un lugar a donde ir, sino que tenía que buscar a alguien.
—El baño...— mintió.
—Claro, sígueme.
Dicho eso, tomó su mano firmemente y empezaron a bajar las escaleras.
Se sentía un poco incómoda con el repentino contacto, ya que apenas y lo conocía. Pero imaginarse que él fuera quien tomará firmemente su mano...
Que grave error estar fantaseando en ese momento. Inconscientemente había apretado un poco el agarre de Lyon, quien la volteó a ver con una sonrisa.
—No tengas miedo, ya verás que te acostumbrarás al castillo en poco tiempo; verás, cuando estaba en primer año...
Dejó de escucharlo. No tenía ganas de escuchar sus historias, y no era por ser una maleducada, sino por otro asunto que hizo que su corazón se detuviera por un momento.
En una ráfaga de tiempo, como aquella vez, contempló pasar al lado de ella aquella alborotada cabellera negra que la traía loca.
Volteó al instante a ver cómo comenzaba a subir las escaleras en forma de caracol, y sintió una enorme urgencia de seguirlo. Sentía como si dejaba de seguirlo con la vista, podría perderlo para siempre.
Soltó al instante la mano de Lyon, y este la miro confundido.
—¿No querías dirigirte al baño?— le preguntó.
—Juvia olvidó algo arriba, ya le preguntaré a alguien más. ¡Gracias de todos modos!— gritó lo ultimo para salir corriendo hacia las escaleras, dejando a un confundido Lyon, quien aunque hubiera querido seguirla, divisó a unos Slytherin de primer año peleándose.
A Juvia le daban temor esas escaleras, por no poseer barandal conjunto a un letrero que indicaba "Bajo reparación, tenga sumo cuidado al subir/bajar", sin embargo ese miedo se disipó cuando tenía fresca en la mente el hecho de que por fin podría conocer al hombre que atormentaba sus pensamientos. Estaba tan cerca, y eso la motivaba para correr todavía más por los escalones, e ignorar toda advertencia. Tenía suerte de que no estuvieran tan llenos de gente, dándole paso a acelerar más.
Podía verlo ya a tan sólo pocos escalones, una sonrisa empezaba a surgir naturalmente.
—¡O-oye, espe-!
Estaba tan centrada en él, que no había visto a unos niños que se encontraban bajando las escaleras a la misma velocidad que ella, chocando a su costado, haciendo que Juvia perdiera el equilibrio y estuviera por caer de las escaleras.
El tiempo se detuvo. ¿Hasta aquí llegó? Tan cerca, ¿pero su ansiado encuentro acabaría antes de empezar? Se preguntó qué pensaría él al verla caer hacia el fondo.
Quizo gritar, pero la voz no le salía.
Estaba a punto de caer de la escalera cuando una mano la agarró firmemente y la empujó hacia dentro, chocando cuerpo a cuerpo con alguien que no sabía de quien se trataba, quien la agarraba firmemente de los brazos, recostados ambos contra la pared. Fijó su mirada hacia arriba para ver el rostro de quien le hubiera salvado, comenzando a sentir la cara hervirle al ver de quien se trataba.
Si antes, en su primer encuentro, le pareció relativamente cerca su contacto, esto era DEMASIADO.
Todavía producto del miedo, estaba aferrada con fuerza a la camisa del muchacho, y su respiración seguía alterada, en una mezcla de su nerviosismo por estar con el, y por lo que había sucedido antes.
—Eso estuvo cerca, ¿estás bien?
Su voz sonaba tan bien a oídos de Juvia. Y ver su cara, aunque un poco preocupada, calmada, le inspiraba el mismo sentimiento.
Quizo responder, pero nada podía salir de su boca sino después de unos minutos.
—S-si... J-juvia está... muy agradecida por haberla salvado.
El esbozó una pequeña sonrisa al ver que se encontraba bien. Empezó a levantarse, ayudándola a ella a también hacerlo, viendo que sus piernas todavía temblaban.
—Te ayudaré a bajar.
Le ofreció su brazo y ella lo tomó sin pensarlo dos veces. Estaba en conflicto pues no sabía si el hecho de que su cuerpo se moviera por si solo, era por su deseo de estar más tiempo en contacto con él, o porque ahora estaba aterrada de esas escaleras y ahora no se veía capaz de soltarlo por temor a volver a caerse. Podría ser una mezcla de las dos.
Empezándose a calmar, cuando veía cada vez más cerca el piso, sentía la necesidad de que debía disfrutar más la pequeña oportunidad que estaba teniendo en esos momentos. Se aferró más a su brazo, y se sonrojó al notar que dicho brazo se sentía fuerte, firme. ¿Como se vería...?
¡Basta! No podía estar teniendo esos pensamientos justo enfrente de él.
Una vez tocó el suelo firme, el mismo se desató del agarre de Juvia.
—Ya está. Intenta ser más cuidadosa a la próxima. Adiós.
Veía como volvía a subir las escaleras, y Juvia, todavía en ese extraño trance en el que estaba, reaccionó a tiempo.
—¡E-espera!
Vio cómo se volteaba, mirándola fijamente, arqueando una ceja.
—¿Cómo te llamas?
—Gray. Gray Fullbuster. ¿Tú te llamas Juvia, no?
Escucharle decir su nombre le hizo hacer una amplia sonrisa, inconscientemente. Y también le hizo sentirse un poco avergonzada por su costumbre de hablar sobre ella misma en tercera persona.
—Juvia Lockser. Un gusto conocerte, Gray.
Le respondió la sonrisa, y se despidió con la mano, siguiendo su camino por las escaleras.
Ella por su parte, continuó ahí unos minutos, pensando, hasta que Levy la encontró y se dispuso a ayudarla a llegar al Gran Comedor, disculpándose de antemano por no enseñarle el castillo entero, ya que tenía clase de Pociones.
En su caminata, su nombre seguía revoloteando en su cabeza.
Gray...
Gray Fullbuster.
No olvidaría ese nombre aunque le lanzaran un Obliviate.
Curioso que, en mi memoria, creía que las escaleras que daban al salón de Adivinación no tenían barandal, pero cuando busqué una imagen, resultó que si tenían así que tuve que buscar una manera de arreglar lo que ya había escrito. ...un poco cutre la verdad, pero bueno.
