Nota de la Autora:
Disclaimers: Los personajes de Big Hero 6 ¡No me pertenecen!, son propiedad de Disney/Marvel. Lo único de mi propiedad es la historia.
Espero disfruten!
.
.
.
Capítulo 1: Atentado.
.
.
.
Narra Hiro
Entré al garaje abriendo la puerta de golpe, dando fuertes zancadas en el proceso y con Baymax pisándome los talones. Me quité el casco con brusquedad y lo lancé al mesón más cercano, sin sutileza alguna, sentía la adrenalina circular por todo mi cuerpo, sintiendo la furia invadirme.
Apreté los dientes fuertemente, en un vago intento de aminorar la rabia que sentía, pero fue inútil…. Suspiré, dejándome caer pesadamente en el sillón, ubicado en una de las esquinas del garaje.
— Parece que estas exaltado, Hiro. Tu presión arterial esta elevada. —habló Baymax de repente, rodé los ojos al ver que comenzaría con su típico análisis.
— Ahora no Baymax. —Lo corté fríamente. Sus palabrerías médicas son lo menos que necesitaba ahora.
— ¿Sigues enojado con Gogo? —La sola mención de su nombre aumentó mi enojo— ¿Qué puedo hacer para ayudar?
— Quiero estar solo Baymax —respondí tajante.
— ¿Dejarte solo te hará sentir mejor? —Preguntó mirándome fijamente.
— ¡Sí! —Solté exaltado, pasando una mano por mi cabello despeinándolo un poco.
— Iré con la tía Cass —eso fue lo último que escuché de mi enorme amigo, viéndolo alejarse en silencio.
Ya completamente solo, intenté relajarme un poco sobre aquel sofá, mis músculos se encontraban demasiado tensos. Cerré los ojos tratando de regularizar mi agitada respiración, deseando tranquilizarme. Pasaron unos cuantos minutos, cuando escuché la puerta abrirse y el sonido de unos ligeros, pero firmes pasos.
Suspiré, sabía muy bien quien era, continúe con los ojos cerrados y juro que mi corazón se detuvo, al tiempo que la sentía sentarse a horcajadas sobre mí.
Su respiración chocó contra mi rostro y sus fríos dedos acunaron mis mejillas, con exquisita suavidad. Sabía que me miraba de manera penetrante, sin necesidad de verla, la sentía escudriñarme con la mirada, en un intento silencioso de decirme que abriera los ojos.
Y así lo hice, luego de unos segundos lo hice, su mirada chocó con la mía y sin poder evitarlo, estreché con fuerza su cintura, atrayéndola hacia mí, para luego sentir sus tibios labios sobre los míos, sintiéndolos moverse incitándome a corresponderle, y la besé con brusquedad, con desesperación, con necesidad…
Y sin quererlo, el miedo me asaltó de nuevo, la rabia regresó. Me separé de sus labios tan rápido como los había juntado, volteando el rostro a un lado, ocultándolo de ella. Ella simplemente suspiró.
— Hiro…
— No —la corté antes de que pudiese continuar, sin atreverme a mirarla— debí estar más alerta, debí…
— Shhush…shhuh —me acalló posando sus dedos en mis labios, haciendo que fijara mi atención en ella— Hiro, estoy bien ¿Si?, escúchame —hizo una breve pausa— No me pasó nad…
— ¡Pero pudo haberte pasado algo! —Grité interrumpiéndola— Pudieron haberte matado Gogo.
— ¡No pasó! —Gritó enojada— Ya basta de dramas Hiro.
— Ah, ¿Ahora estoy siendo dramático? —Me señalé, para luego señalarla a ella— ¿Preocuparme por ti es hacer drama?
La observé renegar, dejando salir un suspiro exasperada, trató de ponerse de pie mas no la dejé, con firmeza la jalé hacia mi impidiéndole hacerlo. Estuvimos forcejeando por un rato, luchando por obtener el control, al final término cediendo ante mi agarre y dejó de moverse. Los años de arduo entrenamiento habían servido de algo después de todo, eso sin contar el gran desarrollo que tuvo mi cuerpo.
Una guerra de miradas se llevaba a cabo entre los dos. No duró mucho, ya que segundos después, nuestros labios se estamparon sin piedad alguna, mis manos se deslizaron a sus nalgas, apretándolas con fuerza sobre la tela de su traje, apegándola más a mí, ella soltó un gemido y este quedó atrapado en mi garganta. Aprecié como tiraba de mi cabello, ladeando mi cabeza, permitiendo que nos besáramos con más profundidad.
Al separarnos, Gogo atacó mi cuello, mordiéndolo con rudeza, ocasionando que soltara un ronco gruñido, sentí mi miembro aprisionarse debajo de la armadura, era increíble como lograba excitarme tan rápido, con tan poco.
Llevábamos tres años de relación, nos hicimos novios unos meses después de que yo cumpliera 16, lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Esa vez estaba tan nervioso por confesarle mis sentimientos, creí que me golpearía, sin embargo su reacción fue algo que nunca imagine, todo lo opuesto, ella no dijo nada y simplemente se fue.
Sip, se fue, quien lo diría, quedé como un idiota y duramos semanas sin hablar, hasta que en una misión, resultamos atrapados en un laboratorio abandonado, no pudimos seguir huyendo, platicamos e increíblemente, ella correspondía mis sentimientos, no me lo había dicho antes porque no estaba segura de que lo nuestro funcionara, después de todo ella era mucho mayor, siendo ilegal a los ojos del mundo y para ser sinceros al principio no fue fácil, tuvimos que mantenerlo en secreto de nuestros amigos, no teníamos ni idea de cómo tomarían la noticia si se enterasen, al final fue inevitable seguir ocultándolo por tanto tiempo, incluso la tía Cass se enteró.
Nos sentimos como unos tontos cuando todos ellos no se opusieron y en vez de eso nos apoyaron, claro que con una que otra charla de mi tía sobre la sexualidad y... ¡Ni hablar de Baymax! Cada que podía, sacaba el tema de las hormonas, que métodos anticonceptivos usar o el ciclo menstrual ¡Dios! Hasta recordarlo es vergonzoso. Bueno, finalmente Gogo y yo acordamos que no lo haríamos, sino hasta estar completamente seguros.
Lo hicimos meses después de cumplir nuestro segundo año, en ese momento decidimos dar ese salto y desde entonces no hay día en que no ansíe estar con esta mujer…
— ¡HIRO! —Escuché como la tía Cass me llamaba, sobresaltado, me levanté, tirando sin querer a Gogo en el proceso— ¿Hiro? ¿Estas allí?
— Si tía Cass —le respondí, a la vez que ayudaba a mi novia a ponerse de pie, mientras esta me reclamaba un poco molesta. Escuché la puerta abrirse y mi alocada tía apareció con una sonrisa, interrumpiendo el reclamo de mi novia.
— Oh, Gogo que agradable sorpresa —mi tía casi corrió a abrazar a mi consternada novia, sin darle tiempo de escapar, a Gogo aun le costaba acostumbrase a los afectivos arranques de la tía Cass— ¿Qué tal la misión? —Suspiré.
— Bueno, atrapamos a los malos —le contestó Gogo, la tía Cass chilló con emoción.
— ¡Eso es! ¡Esos canallas no pueden contra mis niños! —expresó emocionada haciendo poses y muecas raras. No pudimos evitar reír.
Si, definitivamente la tía Cass es única. Fue hace un año, más o menos, que se enteró que éramos los Grandes Héroes. Casi me mata por no decirle, bueno eso es algo exagerado, la verdad es que se la pasó haciendo drama y diciendo cosas sobre que debió haber leído un libro, creo… Ah, casi se come todas las donas del negocio. Al final terminó aceptándolo, claro que ahora debemos visitar una vez al mes el "Lucky Cat Café", darles autógrafos a los clientes y tomarnos algunas fotos con ellos. Son los mejores días para el Café de la tía Cass. No me quejo, me da gusto poder hacerla feliz.
— Vine a buscarte para cenar —dijo para luego voltearse y mirar a Gogo— espero que nos acompañes querida.
— Ehmn…yo…Claro —respondió nerviosa, sabía muy bien que era imposible negarse a la tía Cass, ya lo había intentado muchas veces, ninguna vez tuvo éxito por supuesto.
— ¡Bien! Los espero arriba —dijo dirigiéndose a la salida— Nada de trajes de superhéroes en la mesa.
Gogo y yo reímos ante esto último, viéndola irse. Me acerqué al mesón, donde estaba mi casco, noté que el de mi novia estaba a un lado, supuse que lo habría dejado allí antes de acercarse a mí. Se lo tendí sin mirarla, esta lo tomó sin decir nada y yo me dispuse a colocarme el mío, para después deslizar mi muñeca por el centro de mi pecho, un pitido se accionó junto a una luz morada y mi armadura comenzó a auto plegarse, hasta guardarse en el dispositivo hexagonal que traía puesto como collar en el cuello, dejando ver la ropa que tenía puesta antes. Una camiseta roja, jeans negros y unos tenis negros con detalles en rojo.
Miré a Gogo y la observé hacer lo mismo, quedando con su chaqueta de cuero favorita, vistiendo bajo esta una camisa azul, en la parte de abajo llevaba puesto unos leggins negros que ceñían sus trabajadas piernas y unas converses azul marino. Sencillamente hermosa para mí.
— ¿Qué? —Soltó de manera brusca, sacándome del trance que me provocó su cuerpo.
— Nada —desvíe la mirada y me rasqué la nuca con nerviosismo.
Toda mi irritación se había disipado, quedando en el olvido, no podía estar molesto con ella por tanto tiempo.
La oí suspirar y se acercó a mi hasta situarse enfrente, tomó mi mejilla, la observé desde arriba, siendo yo ahora mucho más alto que ella, segundos después, la miré ponerse en puntillas para darme un beso, acerqué mi rostro acogiéndola gustoso. El beso se tornó salvaje, provocando que nos uniéramos mucho más, aferrándome en sus caderas y ella enredando sus dedos en mi rebelde pelo. Nos separamos agitados, pegando nuestras frentes, ambos con una gran sonrisa.
— Quédate hoy conmigo —pedí sin despegarme de ella, la percibí dudar por unos momentos, pero luego asintió derrotada— vamos… la tía Cass nos espera—agarrándola de la mano, encaminándonos a la salida.
.
.
.
.
Devoraba mi plato como si no hubiese comido en días, la tía Cass había preparado sus famosas alitas de pollo con esa salsa picante que las caracterizaba. Cass y Gogo platicaban animadamente mientras comían. Baymax miraba la televisión con Mochi dormitando en su regazo. Me encantaban estos momentos así y más aún cuando mi novia formaba parte de ellos.
— Ah, tía Cass—llamé, interrumpiendo sea lo que sea que estuviesen hablando, ella respondió con un sonido de garganta, posando su mirada en mí— Gogo se quedará a dormir esta noche.
— Oh… no hay problema—contestó feliz— ¿Avisaste a Honey que te quedarías acá querida? —Preguntó mirando a Gogo.
— Le envíe un mensaje —respondió Gogo sonriéndome, le devolví el gesto con una sonrisa de oreja a oreja.
— Bien —tía Cass hizo una breve pausa— Solo me queda decirles, que usen condón y nada de no dormir, mañana tienen clases.
Escupí el jugo que tomaba cuando escuché eso último, oyendo a Gogo soltar una fuerte carcajada ante mi reacción, la miré como diciendo ¿Es enserio? Y mi novia se mordió los labios tratando de contener la risa.
— Tomar precauciones evitará traer un bebe no deseado —salió Baymax de la nada— existen todo tipo de métodos anticonceptivos que pueden usar, como por ejemplo…
— ¡No puede ser! —solté frustrado, pasando una mano por mi rostro, viendo como Baymax mostraba una pantalla en su pecho, explicando todo tipo de métodos. Estos dos nunca se cansarían de avergonzarme y por lo visto ahora mi novia se les había unido— estoy jodido…
.
.
.
.
Esperaba a Gogo, acostado boca arriba en mi cama, vistiendo nada más que un bóxer color negro, quedando con mi pecho al descubierto, mi cabello estaba húmedo por la reciente ducha. Gogo disfrutaba su turno para ducharse en aquellos momentos, la habría tomado gustoso junto a mi novia pero ella cerró la puerta antes de que pudiese escabullirme. Bufé aun cabreado por ese hecho, miré de reojo como Baymax se recargaba, totalmente absorto de lo que sucedía a su alrededor. Fue una suerte que su nivel de energía hubiese llegado a cero, deteniendo su parloteo salvándome de la eminente gran vergüenza, por ahora claro.
Distraído posé mi brazo frente a mis ojos, apreciando el brazalete morado luminiscente, uno de mis mejores grandes inventos, diseñado con nano tecnología junto al collar con forma de hexágono, que traía en mi cuello siempre. Dicho brazalete activaba el collar, provocando que el mismo desplegara la nueva y mejorada armadura de héroe, que diseñé, por todo el cuerpo. Gracias a esto, evitaríamos perder tiempo colocándonosla y la llevaríamos con nosotros en todo momento, lo mejor de todo es que ambos objetos estaban programados para leer y funcionar con la firma genética de su portador, evitando ser utilizado por alguien más en caso de ser robados. Creé cinco de ellos, uno para cada miembro del equipo con su respectivo traje. Le coloqué un dispositivo algo parecido a Baymax, solo que él no necesita de un brazalete para accionarlo, podía hacerlo a voluntad propia, cuando quisiera con su código de programación, equipándolo con su armadura en tan solo 10 segundos.
Evolucionamos con el pasar del tiempo, tuvimos que hacerlo, a medida que íbamos derrotando enemigos otros más fuertes y despiadados aparecían. Elegimos ser verdaderos héroes y entrenamos duro para lograrlo, ahora somos más fuertes, mucho más seguros y mejores trabajando en equipo, sin olvidarnos de nuestras vidas como estudiantes por supuesto.
— ¿Qué tanto piensas nerd?… —su dulce voz interrumpió mis pensamientos, la busqué con la mirada y la encontré de espaldas, envuelta en una toalla, buscando algo en el mueble donde guardaba mi ropa, viéndola escoger un bóxer blanco y una camisa negra, dejó caer la toalla ofreciéndome el placer de deleitarme con su cuerpo, mientras se colocaba lo ya elegido anteriormente. — Si quieres te doy una foto, dura más… —murmuró con burla acercándose a mi lentamente.
— Tengo algo mucho mejor que una foto.
— Ah ¿sí? —sonriendo coqueta se recostó encima de mí, poniendo sus brazos a cada lado de mi cabeza.
— Ujum —respondí estrechándola entre mis brazos, atacando su cuello besándolo y mordiéndolo a mi antojo, causando que soltara suspiros de placer, empezando a mover sus caderas sobre mí ya erecto miembro, haciéndome gruñir plenamente excitado. Desesperado, le arranqué mi camisa atacando sus pechos, haciéndola gemir un poco más fuerte. Bajé mis manos a sus nalgas masajeándolas, despegué mi boca de sus senos, solo para besarla, correspondiéndome esta de inmediato.
Sin apartar nuestras bocas, nos hice girar, posicionándome sobre ella para tomar el control, rompí el beso y fui bajando por su cuerpo besándolo en el recorrido, extasiándome con el sonido de sus gemidos, al llegar a su vientre, la agarré de sus tobillos, obligándola a separar sus piernas, permitiéndome dejar su intimidad al descubierto, completamente a mi merced.
Acercando lentamente mi cara a su entrada, mirando sus ojos de manera penetrante, ella me miró expectante, con las mejillas sonrojadas y su boca entreabierta esperando a mi siguiente movimiento, ya cerca de su centro, me dispuse a repartir suaves besos por sus pliegues, sin apartar la mirada de la suya. Observé como mordió sus labios evitando gemir, retándome silenciosamente a sacárselos de puro placer, me dediqué a lamer toda su vagina con mi diestra lengua y los gemidos por parte de ella no se hicieron esperar, sonreí victorioso continuando con mi labor, degustando su sabor lamia y mordía su vagina a mi deleite.
— Ah…ah-hh… Hi-ro… mierda… y-ya casi…—pronunció a duras penas, entre gemidos, retorciéndose de placer. Esto me animó a seguir con más ahínco— ¡AH HIRO!
Miré satisfecho todo su cuerpo temblar por el orgasmo que le di, me incorporé un poco, para recostarme en su plano vientre, escuchándola intentar regularizar su agitada respiración.
Minutos después, sentí como me jalaba hacia arriba, para arremeter sus labios con los míos, en un húmedo y pasional beso.
— Mi turno nerd. —me empujó a un lado poniéndome de espaldas a la cama, Sin darme tiempo a reaccionar, se subió sobre mí, con una agilidad impresionante. Besó mi pecho, chupándolo en el proceso, dejando unos cuantos chupetones, que horas más tarde se convertirían en moretones, descendió hasta quedar frente a mi rígido y muy animado miembro, cubierto aun por el bóxer.
Pasó su lengua por encima de la tela, haciéndome suspirar, me miró traviesa y de un jalón me despojó de mis bóxeres, liberando mí gran erección, para después tomarlo entre sus pequeñas manos y empezar a masturbarlo, con su lengua acarició la punta de mi pene, empezando hacerme sexo oral y juro que casi hace que acabe al hacerlo.
— Le-i…Lei…ko Dios… —rechiné mis dientes ahogando un grito de placer, ahora era ella quien me tenía a su merced— N-no…no púe…do… mas…
Y de repente, se detuvo, quitándome el tan anhelado orgasmo, iba a reprocharle, sin embargo mis reclamos quedaron atrapados en mi garganta, cuando esta tomó mi miembro y lo introdujo en ella, gruñí de éxtasis, oyendo como ella casi gritaba al recibirme dentro, inicio el vaivén de sus caderas lentamente invitándome a hundirme en la lujuria de su cuerpo, me moví debajo de ella a su ritmo, penetrándola con profundidad. Perdidos en nuestros más bajos instintos, seguimos así por un buen rato, hasta que tuvimos la necesidad de acelerar las embestidas, buscando el clímax. Nos hice girar una vez más, sin dejar de penetrarla, quedando arriba de ella, envistiéndola con mucha más fuerza, perdido en mis sentidos.
— Te…ah…amo...Hmnn —murmuré en su oído, al sentir como sus paredes me apretaban haciéndome explotar, llegando con ella al mismo tiempo, me dejé caer pesadamente sobre ella.
Permanecimos así unos minutos, recuperando el aliento, totalmente sudados, luego salí de ella sacándole un pequeño gemido en el proceso, me recosté a su lado cansado y la sentí acomodarse en mi pecho, con un último esfuerzo, nos arropé a ambos.
— Buenas noches…princesa… —susurré dándole un beso en su frente.
— Buenas noches, mi amor…
.
.
.
.
Corría asustado sin saber a dónde iba, pasando por varios callejones, algo familiares. No tenía control de mi cuerpo, me sentía angustiado pero no tenía ni idea de porque, hasta que me detuve en una gran bodega, se veía abandonada y algo sombría. Me encontré adentrándome en ella pesadamente, aun con aquella punzada en mi pecho que no se iba.
Bajé mi vista, al percibir el sonido de pisar un extraño líquido, solo para darme cuenta de que eso no era agua, sino sangre y de un momento a otro, todo se tornó rojo, las paredes manchadas de sangre, charcos interminables de aquel líquido, el olor a oxido invadió mis fosas nasales.
Me giré al escuchar sollozos detrás de mí, era la silueta de Honey Lemon sentada en el piso, me acerqué a ella lentamente y antes de tocarla, esta se volteó mirándome de una manera que nunca la creí capaz, con lágrimas en sus ojos, completamente manchada de sangre.
— ¡ES TU CULPA!
— ¿Qué?... —no pude continuar, ya que de repente, distinguí a mis otros amigos mirándome de la misma manera y fue ahí cuando me di cuenta, unos metros más allá, yacía un delgado cuerpo tirado en el piso, totalmente inerte.
Sin poder creerlo fui acercándome, con aquel malestar en mi pecho, haciéndose cada vez más intenso. Mi corazón se rompió en pedazos, allí tirada en el piso, se encontraba mi amada novia, en medio de un gran charco de sangre…
.
.
.
.
— ¡NO!
Desperté de golpe, sentándome en la cama, empapado indiscutiblemente en sudor con el corazón desembocado, giré mi rostro aterrorizado a un lado, me invadió un enorme alivio al verla allí plácidamente dormida.
Pasé una mano por mi cabello, tratando de calmarme. Necesitaba beber algo, salí de la cama, busqué mi bóxer y me lo puse, para después salir de mi cuarto.
La casa se hallaba en silencio y a oscuras, aun así no necesitaba encender las luces para saber por dónde iba, la conocía como la palma de mi mano, bajé a la cocina despacio, no quería despertar a la tía Cass y mucho menos quería preocuparla con el semblante que debía tener en aquellos momentos.
Abrí el refrigerador con las manos temblándome, casi derramo un poco de leche al intentar servirme en el vaso de cristal, debía relajarme solo había sido una horrible pesadilla. Bebí del vaso a grandes sorbos hasta dejarlo casi vacío, respiré profundo y me quedé de pie allí mismo por un momento.
Pip…pip…pip… ¿De dónde diablos venia ese extraño sonido? Recorrí la cocina con la mirada, tratando de encontrar de dónde provenía aquel ruido. Fue entonces cuando vi una caja encima de la mesa, juraba que la misma no estaba allí antes, fui donde estaba y decidí abrirla.
Dentro había un dispositivo cuadrado con una cuenta regresiva.
— Pero que… ¿Una bomba? —Pronuncié preocupado, sin pensarlo dos veces corrí arriba— ¡tía Cass! ¡Despierta! Vamos, tía Cass—la zarandeé.
— ¿Hiro? ¿Qué ocurre cariño…?
— ¡Hay que salir de aquí! ¡Rápido!
La jalé del brazo, obligándola a salir de la cama, tomé a Mochi, que dormía a un lado en su cojín, con el otro brazo y nos encamine al siguiente piso.
— Hiro, espera. ¿Qué está pasando? —La escuché balbucear confundida.
— ¡No hay tiempo! —Grité entrando en mi cuarto— ¡Gogo! —La llamé desesperado, la vi incorporarse dejando ver su desnudes, mirándonos adormilada y confundida— Activa tu traje, ¡Deprisa!
No necesité decirle nada más, está ya se encontraba en ello, activé el mío yendo hacia Baymax, para sacarlo de su estado de suspensión.
— Hola, Hiro…
— No tenemos tiempo Baymax. Activa tu traje, tenemos que salir de aquí. ¡La casa va explotar!
6…
5…
4…
3…
2…
1…
Una fuerte explosión retumbó detrás nuestro, mientras volábamos en Baymax, lejos de allí. Volteé mí rostro, viendo incendiarse mi hogar, hecho completamente trizas.
—No…nuestra casa…mi café…no… —sollozó la tía Cass.
Quien quiera que haya sido, lo buscaría, no descansaría hasta encontrar al hijo de puta responsable de esto…
.
.
.
Notas de la Autora:
Publicado:
05 de enero de 2019.
Re-subido:
07 de febrero de 2019. Por corrección de errores ortográficos.
