DISCLAIMER: Esta historia está basada en los libros escritos por Rick Riordan, los derechos pertenecen a él.


(Artemisa)

Al llegar al campamento noté que todas mis cazadoras estaban reunidas para recibirme. Maravilloso, lo que me faltaba. Traté de cubrir la cara del pequeño Perseo aplastándolo contra mi cuerpo. Lo llevaba en brazos. El chico ni se inmutó y siguió durmiendo tranquilamente. La primera que habló de mis cazadoras fue Zoë.

—Bienvenida, mi señora —hizo una reverencia imitada por las demás chicas. Luego me dirigió una mirada significativa y señaló con los ojos al bulto que cargaba.

Negué con la cabeza y ordené a las chicas que se dispersaran. Me dirigí a velocidad a mi propia tienda de campaña no sin antes informarle a Zoë que me acompañara. Ya dentro, deposité al pequeño en mi cama y me volteé para enfrentar a la teniente de mis cazadoras y mi mejor amiga.

—¿Acaso es un...? —preguntó con una mueca de disgusto.

—Sí, es un chico —le contesté sin rodeos. Mi predicción sobre el dolor de cabeza empezó a hacerse realidad cuando sentí una punzada detrás del ojo. Sería una noche muy larga.

Zoë me miró, claramente esperando una explicación. Solté un suspiro y le conté todo, desde la oración de la madre del chico hasta la petición de Hestia y Poseidón. No me guardé nada, incluso le dije de la bendición que le colocó la diosa del hogar convirtiéndolo en su campeón.

—Entonces… —dijo insegura.

—Sí Zoë. Perseo se unirá a la caza.

Esperé que se enojara, que gritara o algo por estilo pero la chica frente a mí únicamente soltó una sonora carcajada. Se rió como si no hubiera un mañana agarrándose el estómago con un brazo y usando el otro para apoyarse en una silla. ¿Se estaba burlando? Empecé a molestarme.

—¿Se puede saber de qué te ríes?

—Es qué nunca habías hecho una broma tan graciosa Artemisa —dijo entre lágrimas que se le escaparon de tanto reír —, ¿un chico en la caza? —y nuevamente se soltó a carcajadas —, incluso llegué a caer por un instante con toda la historia.

Y la risa le impidió seguir hablando. Crucé los brazos molesta. Entiendo que era una situación difícil de creer, pero esperaba que mi teniente tuviera algo más de confianza en mis palabras. Esperé a que dejara de reírse. Tardó unos buenos diez minutos en controlarse.

—Ahora enserio, ¿qué pasa con el chico? —preguntó mientras se limpiaba las lágrimas restantes.

—Perseo Jackson se unirá a la caza —declaré con autoridad y me aseguré de mantener mi mirada molesta.

Zoë me observó unos instantes antes de palidecer, luego su cara adquirió un tono rojizo.

—Pero mi señora… —trató de rebatir y noté que estaba conteniendo la rabia de su voz.

Pensé en apiadarme de ella y sonreírle, pero recordé su ataque de risa y deseché ese pensamiento. La miré con algo de dureza.

—Se lo informaré a las demás chicas en la cena. Por el momento te quedarás aquí para velar su sueño, es posible que despierte con pesadillas. Ha sufrido mucho —suavicé mi voz un poco y lo miré unos instantes. Se veía tan tranquilo y en paz a pesar de que hace unas horas recibió una paliza y perdió a su madre —, está prohibido que le hagas daño, que lo trates fríamente o lo ignores —dije de manera dura. Entonces alcé mi mano y Perseo brilló unos instantes en color plateado —, ahora forma parte oficialmente de la caza. Trátalo como tu igual.

Salí de la tienda sin esperar respuesta. Sabía que Zoë terminaría aceptando al pequeño, tarde o temprano. Ahora era turno de lo más complicado: el resto de la caza. Si bien tenía algunas chicas que no tendrían mucho problema con un niño tan pequeño, también había una gran cantidad de chicas que eran muy tercas y se opondrían completamente. Sólo esperaba que no llegaran a los extremos de intentar deshacerse de Perseo. Tenía que ser muy clara en mis órdenes. El chico era uno de nosotras y no había forma de cambiar ese hecho.

Caminé hacia la mesa que estaba montada cerca de la fogata y llamé a las cazadoras para cenar. Sirvieron cerdo que cazaron mientras no estaba y frutas que recolectaron. Si notaron que el asiento a mi lado, donde se sienta Zoë, se encontraba vacío no dijeron nada. Continué cenando en silencio, inmersa un poco en mis pensamientos pero sin dejar de vigilar a mis chicas. Parecían alegres y se gastaban bromas las unas a las otras mientras comían, esto era bueno, entre mejor esté su humor, menos problemas me provocarían.

Carraspeé para llamar su atención. Todas dejaron de hablar y enfocaron su mirada en mí, esperando ansiosas a que hablara. Repasé una última vez en mi mente la mejor manera de decirles y después de permanecer en silencio unos minutos me decidí por ser directa. Tenía que manejar el problema con autoridad.

—Hoy se nos ha unido un nuevo miembro a la caza —declaré manteniendo mi voz neutral. La cara de las chicas se iluminó ante el prospecto de una nueva compañera y no pude evitar sonreír malévolamente. Pensé un poco en su reacción cuando les diga que es un chico será hilarante.

—Su nombre es Perseo Jackson, hijo de Poseidón. Trátenlo bien.

Esperé pacientemente a que las mentes de mis chicas procesaran mis palabras, lo cual no tardó mucho. Observé algo divertida cómo sus caras pasaban de confusión a realización. Después en algunas cambiaba a furia, en otras regresaba a confusión y otras parecieron entrar en un estado de estupefacción.

—¡No puede hacer esto, mi señora!

—¡Un chico!

—¡Va en contra de lo que creemos!

—¡Hay que cazarlo, no recibirlo!

—¡Sí, cacémoslo!

Se empezaron a unir en la idea que Febe declaró: cazarlo. Todas compartieron la misma mirada y mi diversión pasó a preocupación. Las conocía lo suficiente para saber que no bromeaban con el hecho de matarlo. Por Olimpo, yo misma las eduqué para que no dudaran al atacar a un chico, sin importar quién fuera.

—¡Debieron obligar a nuestra señora, hay que acabar con la basura! —volvió a hablar Febe. Era una hija de Ares y en momentos como este solía notarse, se dejaba llevar mucho por el enojo y solía tener reacciones violentas. Decidí intervenir antes que las cosas evolucionaran. Las chicas ya tenían sus arcos en mano.

—Nadie le tocará un pelo a Perseo —declaré con autoridad haciendo que toda mi caza se congelara en su sitio para voltear a verme —, es ahora parte de la caza, les guste o no y el atacarlo les traerá el mismo castigo que si alguien atacara a cualquiera de ustedes —dije mirándolas duramente.

—¿Cuál es el castigo? —una niña de alrededor de cinco años preguntó. Su nombre era Claire y la había reclutado hace no mucho, por lo que era normal su pregunta.

—La muerte —dije sin dudar, la pequeña palideció mas no me detuve —, entregada por mí.

Todas palidecieron y, aunque mantuvieron las miradas de furia, dejaron sus arcos y retomaron asiento. Yo, durante toda la discusión había permanecido sentada, mostrándome tranquila pero severa.

—Si bien comprendo que estén molestas, es un hecho que no puedo cambiar —dije y suavicé un poco mi mirada, sabía los conflictos internos que esto estaba generando dentro de las chicas —, es verdad que se me pidió que lo recibiera y en un principio me rehusé, pero llegué a aceptar. Piensen en porqué lo acepté y recíbanlo sin hostilidad —continué mi discurso contándoles un poco de la historia del pequeño y noté que varias de las chicas se ablandaron con el chico, incluso la pequeña Claire empezó a llorar y Febe a su lado la abrazó. Sí, entendía que no iban a ser muy amistosas al principio pero confiaba en que en un futuro lo aceptaran completamente.


(Percy)

Desperté en un lugar extraño. No era mi casa. Traté de recordar lo que había pasado pero fue un error. En mi mente aparecieron imágenes de Gabe el apestoso golpeándome más fuerte de lo que nunca me golpeó, luego la imagen de mi mamá en el suelo, con sangre. Empecé a llorar. Fue entonces que sentí unos brazos encerrarme y pude ver a una chica con pelo negro y ojos cerrados mientras me abrazaba.

—¿D-Dónde está mamá? —pregunté entre sollozos. La chica abrió los ojos unos instantes y pude ver que eran de color negro, como rocas volcánicas. También pude ver una clase de aro en su cabeza. La chica cerró los ojos de nuevo y me abrazó con más fuerza que antes.

Comprendí que mi mamá ya no estaba y lloré de nuevo. Sentí un suave calor golpearme la espalda y esto sólo me hizo sollozar aún más. Por unos instantes fue como si mi madre me abrazara como solía hacer cuando llegaba del trabajo, o cuando me horneaba galletas azules. Entre mis lágrimas fallé en notar el temblor que sacudió el lugar donde nos encontrábamos. Ni siquiera me di cuenta del fuerte tirón en el estómago. Me llegó un fuerte cansancio y me dejé vencer por él. Quería desaparecer. ¿De qué sirve vivir si mi mamá no está conmigo?


(Artemisa)

Mientras las chicas se encontraban lidiando con la idea de tener un hombre en la caza me dispuse a regresar a mi tienda con un poco de comida en la mano para el pequeño. Seguramente estaría hambriento cuando se despierte.

—Febe, guarda un poco de comida para Zoë —ordené a la chica quien asintió con una sonrisa.

Continué mi camino cuando el suelo empezó a moverse bruscamente. Las chicas callaron cualquier plática que estuvieran llevando, la pequeña Claire asustada buscó el abrazo de Febe que era la chica más cercana. Pasaron unos cuantos minutos hasta que se detuvo y mis cazadoras lentamente volvieron a resumir sus charlas.

Levanté la ceja. El temblor fue anormal, sin previo aviso. Normalmente cuando esto sucede significa que cierto dios marítimo está lanzando un berrinche o simplemente le apetece molestar a su hermano del inframundo enviándole unas cuantas almas pero este no era el caso. Sentí claramente la fuente del poder y ciertamente me aterró un poco. El epicentro del temblor fue mi propia tienda de campaña. Fue obra del pequeño Perseo. Me apresuré a mis aposentos y encontré al pequeño dormido en los brazos de una muy pálida Zoë.

—Mi señora —me saludó aunque la voz le tembló un poco.

—¿Qué pasó? —sé que mi pregunta fue tonta pero no pude contenerme de hacerla.

—Despertó, preguntó por su mamá, lloró y…

No dijo más. Estaba claro que Perseo resultó ser alguien mucho más poderoso de lo que nos esperábamos. Sonreí malévolamente. Ahora era parte de mi caza y eso significaba que todo ese poder estaba a mi servicio, no al de Poseidón, no al del campamento, no al de mi padre. Decidí ignorar por el momento el hecho de que yo sirvo al Olimpo o, más específicamente, a mi padre.

Dejé la comida en la mesita de noche al lado de mi cama e insté a mi teniente a que abandonara y se reunirá con las demás para que pudiera comer algo. Recostó al pequeño sobre la suave piel de león que uso como cobija, le dirigió una tímida sonrisa y salió.

Lo observé de cerca. Perseo se encontraba durmiendo plácidamente, con el ceño relajado y la baba saliendo libremente de su boca. Siendo sincera era una vista adorable aunque jamás lo diría en voz alta.

—Despierta —le dije suavemente mientras lo movía del brazo. Murmuró algo en su sueño mas no despertó.

Volví a intentarlo con el mismo resultado hasta que empecé a perder la paciencia y lo moví bruscamente. Conseguí que despertara sobresaltado y me mirara con miedo. Maravilloso.

—Hola —saludé tratando que el sarcasmo que inundaba mi mente no se colara a mi voz.

—Hola.

No dijo más, simplemente me observó. Sabía que no podía esperar una gran conversación con un pequeño de dos años pero el intercambiar un simple saludo era... triste. Esperaba que el chico me preguntara dónde estaba su mamá o quién era yo pero lo único que hacía era mostrar miedo en sus ojos.

—Me llamo Artemisa.

—Percy

De nuevo con respuestas cortas aunque fue bueno saber que le gustaba ser llamado Percy. Intenté de nuevo.

—¿Tienes hambre?

No contestó pero robó una mirada al plato con comida que dejé en la mesita. Le sonreí en lo que esperaba fuera una sonrisa tranquilizadora y le acerqué el plato, instándolo a que comiera. La tomó con una mano temblorosa y la observó detenidamente unos instantes antes de darle una mordida. En cuanto tragó el pedazo fue a por otro y otro hasta que se terminó todo. Ignoré por el momento los restos de comida que se colaron en mi cama, ya habría tiempo en el futuro para enseñarle modales.

—Gracias —me dijo; al menos ya sabía lo básico de modales, eso decía mucho de él y le haría ganar puntos con las chicas, con eso superaba a más de la mitad de la población mundial masculina —, ¿dónde está la chica bonita de pelo negro? —preguntó con sus grandes ojos verdes.

Eones atrás por esa simple pregunta lo hubiera matado pero ahora solo me provocó risa. El pensar en la cara que pondría Zoë cuando supiera que la primera pregunta del pequeño fue por ella y que la consideraba bonita. Eso sería hilarante. Sin darme cuenta solté una pequeña risita y Percy me miró confundido. Me tranquilicé rápidamente para contestarle.

—Está fuera, comiendo con las demás.

—¿Quién es usted, señora Artemisa? —preguntó de nuevo y era la duda que estaba esperando responder. Era momento de enseñarle un poco de cultura celestial.

—Verás Perseo —se removió incómodamente ante su nombre, sonreí maliciosamente, sería buen arma para molestarlo en un futuro —, soy la diosa de la caza, la luna, los animales salvajes y un montón de cosas más —le respondí casualmente tratando de no saturarlo de información.

Me miró confundido unos instantes antes de que la mirada le brillara y me viera con reverencia. Lo agradable de los niños es que son muy inocentes y le fue muy fácil aceptar mis palabras. Continué mi discurso y le expliqué quién era él. No le costó trabajo aceptar que su padre era Poseidón, de hecho noté un poco de nostalgia en su mirada, probablemente de algún sueño que tuvo antes. Tomé nota de preguntarle después a Poseidón si lo había visitado en sueños.

La conversación se extendió unas cuantas horas más. Traté de responder lo más claramente posible las preguntas del pequeño sin abrumarlo. Decidí dejarlo dormir en mi cama por esa ocasión y me aparecí directamente en mi carruaje lunar. Mientras observaba las distintas vistas desde mi cómodo asiento, rememoré de nuevo todo lo ocurrido durante esa noche.

Si lo miraba en perspectiva me encontraba cambiando por completo la esencia de la caza y para lo que fue creada al aceptar un hombre pero había algo en el pequeño que me daba esperanza que sería diferente a todos los demás hombres. Incluso Zoë se encariñó en cuestión de minutos, aunque le costará admitirlo. Me recosté un poco y dejé que mis pensamientos siguieran fluyendo durante horas.

A primera hora por la mañana, cuando mi molesto hermano empezó su recorrido, me aparecí en mi tienda y encontré a un muy despierto Perseo, que se encontraba escudriñando la tienda con su mirada, para un niño debía ser una vista maravillosa, con decenas de pieles colgabas en distintos lados, cabezas de animales disecados y pinturas de antiguos momentos de la caza.

Lo llevé de la mano a la mesa principal donde mis cazadoras ya se encontraban reunidas. Todas lo voltearon a ver al mismo tiempo y, a pesar de que algunas tenían una clara mueca de disgusto, nadie hizo ningún comentario. Claire, la más pequeña de mis cazadoras se acercó, le tomó la otra mano y lo sentó a un lado de ella. Sonreí ante la imagen.

—Chicas, les presento a Perseo —lo introduje formalmente. Todas le dieron un saludo con la cabeza e incluso algunas le sonrieron, entre ellas noté que se encontraba Zoë.

—Percy… —murmuró.

—¿Qué? —preguntó Zoë.

—Me gusta que me llamen Percy.

Volvieron a asentir las cazadoras.

—De acuerdo, Perseo —el chico se removió incómodo mas no se atrevió a decirme nada. Chico listo. —Es hora de que tomes tu juramento —declaré con vehemencia. Zoë me dirigió una mirada confundida.

—¿Juramento, mi señora? Es un chico. El juramento no aplica para él —me dijo. Levanté la ceja.

—Yo decido a quién aplica y a quién no el juramento. Se unirá a la caza y, por lo tanto, tiene que tomar un juramento. No será el mismo —me volteé hacia Percy y lo miré fijamente, el chico me devolvió la mirada con nerviosismo —repite después de mí: "Yo, Perseo juro sobre Artemisa a abandonar los hábitos repugnantes del hombre promedio, siempre honrar a la caza, seguir órdenes y jamás lastimar a una chica" —finalicé.

El pequeño me miró con sus grandes ojos verdes y repitió el juramento palabra a palabra. Al finalizar chasqueé los dedos y su atuendo cambió. Ahora se encontraba con unos pantalones de camuflaje, una playera de manga corta color plateado y unas botas de combate para mejor movilidad. Pensé en el atuendo tomando como referencia lo que mi hermano solía calificar como 'ropa de batalla'. Tuve que reprimir el impulso de ponerle una falda, aún era muy pequeño para ese tipo de bromas.

A la espalda le agregué un carcaj con flechas plateadas y un arco sencillo. En cada muslo se encontraba un chuchillo de caza plateado. Me paré con solemnidad, hecho que mis cazadoras duplicaron y miré con fiereza al chico.

—Bienvenido Perseo Jackson, hijo de Poseidón, campeón de Hestia, a las cazadoras de Artemisa —declaré con orgullo.


Buenas gente

Estamos en el segundo capítulo de Cazador, espero les guste. Les recuerdo que sigo indeciso si hacer esta historia Percy/Artemisa ó Percy/Thalia. Espero en sus comentarios me digan cuál pareja les agradaría más leer ^^

En otras noticias, abrí una encuesta en mi perfíl sobre la segunda historia de Percy Jackson que estaré trabajando simultaneamente. Está decidido que trabajaré otra pero les doy opción a escoger cuál. Las opciones son:

-Héroe y dios del pasado (Percy viaja al pasado, a la era de la antigua grecia)
-Demonio del mar (Un crossover entre Percy Jackson y Highschool DxD)
-Surcando los mares (Un crossover entre Percy Jackson y One Piece)
-Tú decide (me dejan a mí la elección)

Quiero dejar en claro que todas las trabajaré y publicaré en algún punto, la cosa es ver cuál quieren leer primero. Un poco sobre el proceso que me llevaron a crear esas historias y sipnosis completas también se encuentran en mi perfíl.
No olviden seguirme en twitter, suelo dar actualizaciones así como informar cual historia es la próxima a actualizar.

Agradecimientos eternos a mi querida beta kathitha. Si gustan comentar saben que tienen la caja de reviews, sepan que me encanta leerlos ^^

Un saludo
ReyAlex