Slaine observaba los carros pasar por aquella ventana recostado en un sillón. Estaba aburrido, realmente aburrido. Cerró el libro que tenía en manos pues había optado por dejar de leer y mirar a la ventana unos segundos, eso lo había decidido desde hace media hora y aún seguía mirando.

Suspiro pesadamente.

—Inaho, no creo que sea buena idea ir a tu casa, puede que sospechen de ti— dijo Inko

El castaño se encontraba vendando ahora el tobillo de Troyard pero aquello que pronuncio la chica era correcto, pocos sabían acerca de él, incluso si aún había seguidores de Slaine era imposible que conocieran la verdad, sin contar que había varias cosas que lo apuntarían como principal sospechoso.

—Tienes razón— dijo al final. —Inko, ¿podemos ir a tu apartamento?

—Por supuesto pero…

—Rayet-san— interrumpió.

La pelirroja siguió conduciendo hacia la nueva dirección.

Al llegar recostaron al albino en un sillón poniendo cojines bajo su tobillo. Comenzaron a cerrar ventanas y apagar las luces que no necesitaban.

—Troyard-kun, ¿deseas algo de beber? —Mientras Inaho hablaba con su hermana la castaña aprovecho para preguntar aquello.

Slaine la miro por unos segundos, no sabía si aceptar la oferta o no.

—Nos quedaremos aquí por esta noche; Inko, Rayet-san, descansen por ahora, yo me encargo del resto.

—¿Eh? ¿Pero, en donde dormirás? — preguntaba ella.

—Vamos Inko, debemos descansar.

—¿¡Eh!? Pero, ¡Rayet! — Rayet la llevó casi a rastras a la habitación.

Inaho regreso a la cocina volviendo a salir a los poco minutos, Slaine simplemente quedó absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando salió de ella, ahora el castaño estaba frente a él ofreciéndole una taza y dejando un plato en la pequeña mesa frente al sillón.

Y es que no entendía al chico, ¿no podía moverse y aun así lo obligaba a tomar en sus manos la taza? ¿Es que acaso no entendía la situación? ¿Se estaba burlando de él? Después de preguntarse todo eso fue que le mando una mirada casi asesina al joven, fue entonces que dejó la taza con un poco de leche en la mesa.

—No sé si le agregas algo— camino hacia otro sillón y quitó los cojines; comenzó a colocarlos entre la mesa y el sillón dónde se encontraba Slaine, él solo observaba cada movimiento del castaño.

—¿Por qué? —Lo dijo cómo un susurro.

—¿Qué?

—¿Por qué haces todo esto? — no lo miraba a los ojos, lo estaba evitando.

Inaho no respondió y continuó con lo suyo.

—Intenta moverte un poco— Se levantó y con cuidado movió el pie de Slaine.

Troyard hizo lo que le mandaron y poco a poco fue sentándose, Kaiduka acomodaba nuevamente su tobillo en los cojines.

—Porque quiero hacerlo.

—¿Eh?

—Nada.

Inaho se levantó y fue nuevamente a la cocina dejando a un Slaine confundido por sus palabras, realmente no podía entender al chico.

.

Escucho pasos a su alrededor y un inmenso dolor recorría todo su cuerpo. Aquello ojos aguamarina paseaban por toda la habitación, las paredes eran de un color vivo, la luz solar entraba por la ventana iluminando todo a su paso. Intento moverse pero no pudo.

—¿Dónde…?—Por un momento creyó estar en alguna otra prisión donde le inyectarían alguna cosa para asesinarlo hasta que…

—¿Ya estas despierto?

Una mirada fija color violeta recaía sobre él.

—¡Inaho! —grito.

—Buenos días.

—¿Orenjiiro? —Y es que no lo creía, realmente pensaba que lo que pasó la noche anterior había sido un sueño.

—Komori— Llevaba una bandeja con comida y bebidas.

Intento sentarse esta vez pero su tobillo lo impidió.

—No te sobre esfuerces, Yagarai-sensei llegara más tarde— Inko lo ayudo a sentarse.

—… Gracias…. Emh…

—¡Ah! Soy Amifumi Inko, mucho gusto— termino su presentación con una sonrisa.

—Entonces seria Amifumi-san.

La chica asintió con la cabeza.

Inaho los observo por unos segundos, dejo la bandeja sobre la mesa y fue en dirección a la puerta.

—Me adelanto.

—¿O-orenjiiro?

—Volveré más tarde. Rayet-san, por favor.

Salió con la chica dejado a Slaine e Inko en un silencio casi sepulcral.

Esa fue la primera vez que se quedó a solas con Inko, con el tiempo descubrió que era una persona alegre y muy atenta, una chica muy linda.

Los carros seguían pasando, realmente la soledad te hacia recordar cosas, aunque a decir verdad eso había paso hace una semana.

—Bien Troyard-kun, Yagarai-sensei dijo que debías estar en reposo, cualquier cosa que quieras llámame, ¿sí?

—Seguro.

El doctor hace unos minutos que se había ido. Slaine no se podía quejar de nada, realmente lo había tratado bien a pesar de todo, ¿o sólo estaba fingiendo su amabilidad? Una expresión de tristeza se formó en su rostro.

—¿Sucede algo?

—No, nada.

—¡Ah! Seguramente estas aburrido, ¿verdad? Prenderé la televisión, ¿algún canal en específico? —Le pregunto tomando el control remoto en sus manos.

—No es necesario, estoy bien.

La chica encendió el televisión y le dejo en un canal aleatoriamente.

—¡Oh! Mira la hora, debo salir un momento. Inaho no debe tardar en regresar, ¿estarás bien solo?

Slaine asintió.

—Bien, nos vemos más tarde.

Y así la chica salió. A él no le quedó más remedio que mirar la televisión y ver aquel programa en el cual salían los créditos, bonita su suerte, había terminado ya. Suspiro y continúo observando.

Un noticiero dio inicio en ese momento, vio los avances de las noticias.

"¿Seguramente mi fuga será lo último?". Vio el último avance pero en ningún momento lo mencionaron, "¿por qué?", término de ver el programa más que nada por compromiso y curiosidad pero nada, cosas buenas, malas, las maravillas de Aldoah, un bombero rescatando a un gato, una pastelería incendiada, descubrimientos nuevos, pero nada referente a él o alguna fuga.

—Estoy de regreso.

Alguien se anunció al abrir la puerta.

—¡Orenjiiro! —le tomó por sorpresa y casi por acto reflejo apago el televisor.

—¿Sucede algo? ¿Inko donde esta?

—Amifumi-san salió.

—Tarje algo de ropa, espero que te quede.

—¿Eh?

—¿No querrás seguir usando eso que traes puesto, cierto? También compre algo de ropa interior, creo que tú y yo somos de la misma talla por lo tanto no debe haber mucho problema.

¿Cómo podía decir eso sin siquiera inmutarse? Slaine tenía las mejillas completamente rojas mientras tanto él como si nada sacando la ropa que había mencionado antes.

—¿Tienes fiebre? Tu cara esta roja.

—N-n-no, estoy bien—. Con eso termino de enrojecer todo.

Inaho se acercó a él. —¿Estas seguro? — levanto su mentón y puso su frente sobre la del albino.

—¿Q-qu-que estás haciendo?

—Quizás debas descasar un poco.

—Te estoy diciendo que estoy bien.

—Entonces tomaras una ducha.

—… ¿Eh? —De todas las cosas extrañas que había dicho, esa se llevaba el oro.

—Para que descanse un poco tu cuerpo y baje la fiebre.

—Ya que dije que estoy bien, no necesito una ducha.

Inaho lo observo fijamente.

—Después de tanto tiempo en aquella mansión, encerrado… ¿Realmente no la necesitas?

—Para tu información, si podía ducharme.

—Pues ahora no hueles exactamente a rosas.

—¿¡Qu..!?

—Te llevare hasta ella.

Y ahora, cargándolo de esa manera tan vergonzosa llevándolo hasta la ducha, ¿Por qué tenía especial cuidado en cargarlo así? ¿Cómo si fuera una princesa? Sintió sus mejillas calientes, no quería admitirlo ante sí mismo pero estaba sonrojado.

—¿Quieres que te ayude?

—No, puedo hacerlo solo— Lo dijo enfadado.

—Bien, iré por una bolsa para ponerla en la férula.

No dijo nada, no podía pensar en nada que no fuera el dulce aroma del castaño, estar tan cerca de él, poder notarlo... Comenzó a sacar aquella playera por encima de su cabeza y la sostuvo un momento en sus brazos, miro al espejo y observo aquellas cicatrices, aquellas que marcaban su pasado. Bajo la mirada.

—Aquí tienes una bolsa, procura que esté bien amarrada alrededor de tu pie.

—¿¡En que momento entraste!? —Se puso nuevamente la playera azul cielo que lo había acompaño durante los últimos meses.

—Hace un momento.

—Gracias —agarro la bolsa que le ofrecían junto con una toalla. Inaho salió después de eso.

Slaine actualmente estaba sonrojado, al recordar aquello creaba ese efecto pero aun más que eso la sonrisa que adornaba su rostro era más que evidente.

—Cuando termines ve a la habitación, te dejare la ropa ahí.

Escucho al otro lado de la puerta, ¿por qué era tan atento? Eso lo confundía, era su enemigo, aun después de rescatarlo y darle libertad, libertad que creyó perdida, aún era su enemigo, ¿pero por qué hacía todo eso? Realmente lo confundía y por un lado no quería saberlo, pero le daba curiosidad.

Escucho como tocaban la puerta y como fue abierta.

—Aquí tienes.

—Gracias, Rayet-san.

—No es nada.

—Pasa.

—No, debo hacer algunas cosas. Nos vemos.

Escucho toda la conversación, ¿Qué es lo que había llevado?

—Voy a pasar— escucho que abría la puerta—Te dejo esto aquí también.

Después de eso salió nuevamente, ¿eso que había escuchado era fierro chocando? ¿Acaso le había llevado…?

Termino de bañarse y fue que miro a la puerta, efectivamente, eran unas muletas las que le había llevado. Se enredó la toalla alrededor de su cuerpo y brinco hasta ellas, se sostuvo y abrió la puerta. Fue hasta la habitación y sobre la cama encontró el cambio de ropa. Dejo caer la toalla lentamente, sintió como recorría su cuerpo, nuevamente miro al espejo y las observo, sus marcas que representaban aquellos momentos que quería olvidar pero a la vez le llenaban de orgullo ya que gracias a ellos ahora era quien era.

—¿A eso te refrieras cuando mencionaste la tortura y humillación en tu cuento? —Inaho cerraba la puerta tras su espalda.

—¿Por qué entraste? —Tenía la mirada baja.

—Sólo quería ver si estabas bien —le daba la espalda, se acercó mientras ponía nuevamente la toalla sobre su cuerpo.

—Ya lo hiciste, por favor retírate— cerro sus puños

—Lo siento.

—No tiene nada que ver contigo— lagrimas comenzaban a juntarse en sus ojos imposible de contenerlas.

Inaho se separó un poco.

—Debió ser difícil para ti.

En ese momento se sintió sin fuerzas, sus piernas comenzaron a temblar y no pudieron sostener su peso. No pudo adivinar el momento en el cual Inaho lo sostenía evitando que cayera.

—Gracias por todo. Ahora puedes retírate, ya estoy bien, puedo hacerlo solo, no necesito de ti.

—¿Cuándo dejaras de hacer esto?

—¿Hacer qué?

—Fingir—acercaba su cuerpo más a él.

No respondió nada. Inaho comenzó a recorrer sus brazos por encima de la toalla, el corazón de Slaine comenzó a palpitar y nuevamente un sonrojo adornaba su expresión.

—Suéltame por favor.

Inaho hizo lo que le dijo.

—¿Te podrías retirar? Necesito cambiarme.

El castaño intento acercase nuevamente pero algo dentro de sí lo impidió. Camino de regreso hasta la puerta y salió por ella.

Al escuchar la puerta cerrarse dejo caerse creando un ruido sordo, se abrazó a sí mismo y es así como comenzó a llorar, ¿Realmente que pasaba con ese sujeto? ¿Por qué tantas atenciones? Esas y más preguntas se formaron en su mente, intentando buscar una respuesta.

Kaiduka al cerrar la puerta se deslizo por ella hasta llegar al piso, tenía la mirada fija a un punto inexistente en la pared, ¿Qué era todo aquello? ¿Por qué sentía aquella inquietud cuando estaba cerca de él? ¿Realmente, qué pasaba con él?

.

Slaine dejo el libro a un lado sin dejar de ver a la ventana. Se levantó lentamente con ayuda de las muletas, realmente ya no las necesitaba, ya habían paso días y sin embargo Inko seguía preocupándose e insistiéndole en que tuviera especial cuidado hasta que llegara Yagarai-sensei, que, por lo que le había dicho Amifumi ya estaba llegando tarde.

Fue hasta la cocina para servirse un vaso de agua pero antes que llegara tocaron a la puerta.

—En seguida voy— grito para emprender camino lo más rápido que pudo pues realmente aún no se había acostumbrado a llevar las muletas. Llego a la puerta abriéndola lentamente. —Yagarai-sensei, disculpe hacerlo espe…—Su mirada la había tenido baja por lo que no se había dado cuenta de quien había llegado. —Orenjiro.

—Komori.

Slaine abrió paso dejando entrar al castaño.

—Hola, Troyard-kun. Lamento la demora, tuve un poco de trabajo antes—se disculpó y paso dejando los zapatos al entrar.

—No se preocupe, entiendo.

—Bien, hoy dejaras por fin esas muletas sin embargo, no tienes por qué sobre esforzarte, ¿de acuerdo? — Dejaba su pequeña maleta con todos los artefactos que utilizaría sobre una mesa. —Siéntate y ponte como, te aseguro que será rápido.

Aun en la mente de Slaine se preguntaba por qué necesariamente tenía que ir directamente el doctor hasta la casa de Amifumi cuando bien podían llevarlo. Sentia que olvidaba algo importante cuando se preguntaba aquello. Se acomodó en la silla.

—Espero que Amifumi-san no se enoje si le ensuciamos un poco los muebles—llevo una mesa pequeña hasta donde el albino y uso sobre ella su pierna.

—Tendrá que limpiar sensei—Dijo Inaho con una bolsa en sus manos.

—Gracias— La agarro y puso sobre la mesa donde ahora reposaba la pierna de Slaine. —¿Preparado?

Yagarai saco de su maleta algo que Slaine no pudo identificar. Conecto aquello y nuevamente fue hasta él.

Los colores de su cara se fueron al piso al momento de escuchar la hoja de aquella sierra.

—¿Asustado? —Una ligera sonrisa adornaba el rostro de Inaho.

—Por supuesto que no—Su respuesta fue contundente, intentando sonar seguro de sí mismo.

—Yagarai-sensei, ahora que lo recuerdo.

—¿Hm? ¿Sucede algo, Inaho-kun?

—Olvido poner el vendaje de protección, ¿no es así?

—¿¡Eh!?

—Ahora que lo mencionas… Ciertamente regrese con ese vendaje pe…

—Se-sensei, ¿está bromeando, cierto? —Lo interrumpió.

—Pero era el que me sobro después de ponerle a Troyard-kun— Yagarai tenía una sonrisa al igual que Inaho. —Tranquilo, no pasara nada, tendré especial cuidado solo porque Inaho-kun me lo pidió— comenzó a acercar la sierra a su pierna y automáticamente se escuchó como comenzaba a cortarse el yeso.

Inaho se acercó más a ellos.

—Si aún tienes miedo no veas— Inaho tapo los ojos del albino con sus manos.

—O-orenjiiro—Puso sus manos sobre las de él, eran cálidas.

—No tengas miedo— le susurro.

—¡N-no lo tengo, por lo tanto, puedes quitar tus manos! —Su corazón comenzó a palpitar aceleradamente.

—Sólo si quitas las tuyas.

—¡Ah! Lo siento— retiro sus manos junto con las del castaño.

—No importa—Inaho no dijo nada acerca de eso, claramente se veía asustado y prefirió quedarse así.

Yagarai termino de quitar la férula.

—Listo. Inaho-kun, ¿podrías pasarme la crema que tengo en la maleta, en lo que yo quito esto?

—Claro, sólo si me sueltan de las manos.

—¿Eh? — Todo ese tiempo se habían sostenido de las manos—¡Ah! Claro, lo siento— de lo preocupado que estaba ni siquiera se había percatado de ello.

Inaho fue hasta donde estaba la maleta y saco la crema.

—¿Es esta?

—Sí, ¿podrías colocársela? Debo hacer algo.

—Claro, el baño está detrás de aquella puerta—señalo.

—Gracias— desconecto la sierra y se dirigió hasta la puerta que le habían mencionado.

Inaho se inclinó hasta quedar a la altura de la pierna de Slaine, giro la pequeña tapa y fue dejando una línea de aquel producto sobre ella. Comenzó a esparcir la crema con sus manos dando, al mismo tiempo, un masaje, recorría gentilmente toda la superficie, Troyard se sintió extraño, ni siquiera Harklight había hecho algo como eso, tanta sutileza en sus acciones, nuevamente su corazón comenzó a palpitar rápidamente.

—Está listo, con esto debe ser suficiente.

El doctor, que había salido minutos antes, junto sus cosas y se retiró dando unas pequeñas indicaciones antes de salir por la puerta.

Inaho estaba en la cocina mientras Slaine veía nuevamente televisión, al fin podría quitarse esos pantalones de su antiguo uniforme de prisionero, era lo suficientemente holgado para usarlo cuando tenía el yeso, pero ahora podría usar pantalones normales.

—¿Deseas algo en especial?

—¿Para qué?

—La cena.

La pregunta le tomó por sorpresa.

—¿Omelette o rollitos de jamón con huevo?

—Rollitos.

—Pues hoy tendremos omelette.

—¡No preguntes si vas a terminar por hacer lo que te plazca!

Miro nuevamente el televisor, en aquel momento pasaba un Drama, de aquellos que veían las mujeres jóvenes, de aquellas ideas donde el amor lo pintan como lo mejor del mundo, esas cosas deberían estar prohibidos por vender hermosas ilusiones falsas. O eso era lo que pensaba pues él hizo lo que pudo para salvar a su princesa y no sirvió de nada.

Se preguntaba si ese tipo de cosas pasaban en la vida real, que las personas estén predestinadas para estar juntas. Siempre era lo mismo, el chico era atento, cariñoso, comprensivo, ¿realmente existían chicos así? ¿Pero en que estaba pensando? Subió sus pies al sillón y poco a poco fue juntando sus piernas hasta que pudo abrazarse. Él mismo era un chico así, ¿no? Pudo demostrarlo con dos princesas, aunque con uno fue fingido, y no pudo conquistar a la otra… Okay, era un fracaso con princesas. Miro de reojo hacia la cocina, y lo vio, cocinando, ¿aquel sujeto pudo enamorar a la princesa, verdad? También le gusta a Inko, ¿qué tenía de especial alguien como él? ¿Era porque sabía cocinar? Aunque realmente era una buena persona. Sus miradas se cruzaron y Slaine volvió su mirada rápidamente al televisor, un pequeño sonrojo cubrió sus mejillas en ese momento. Él era amable, atento, un gran estratega, ¿quizás ese tipo de cualidades enamoraban a las personas? Él, sin embargo, era impulsivo, rencoroso, posesivo, pero también era amable. Los dos eran completamente dos caras de la misma moneda y aun así, podrían notarse las diferencias a simple vista.

¿Qué era lo que realmente quería el castaño de él? ¿Cuál era su verdadero objetivo? ¿Se vengaría de él? ¿Acaso todo sería una mentira? Pero quería confiar en Inaho, quería hacerlo, después de todo ya lo había salvado dos veces, ¿estaba interesado en él? ¿Pero en qué sentido exactamente? ya habia sido una semana con ese tipo de atenciones y realmente quería conocer todo acerca de él, aunque tuviera miedo de lo que encontraría en el camino, incluso si existía alguna señal que lo ayudase, él quería encontrarla.