Cha! Nuevo capi :D. Aquí más o menos comienza a desarrollarse la trama, aunque aún quedan unos cuantos capítulos para entrar en verdadera materia (aviso que este fic, en un principio, no será muy largo…aunque…bue, siempre digo lo mismo y después mírenme…¬¬U).

En fin, que espero que les guste :D.

Disfruten!

Solo un juguete…

- Sev!- el hombre continuó caminando por el lóbrego pasillo, aunque aminoró su paso. No le hacía falta girarse para saber a quien pertenecía la aniñada voz. Sin contar que él era el único que se atrevía (y a quien permitía) a llamarle por ese ridículo diminutivo. El chico le alcanzó enseguida y sonrió triunfalmente.

- Por tu cara deduzco que ha ido bien.- comentó Severus, sonriendo imperceptiblemente y refiriéndose al "examen" que el muchacho debía pasar todas las semanas.

- Ya se dominar el hechizo scudo sin mi varita.- se ufanó el chico, ampliando su sonrisa.- Apuesto a que sería capaz de ganarte en un duelo.- le picó, esta vez con una sonrisa maliciosa. "Como un niño..." pensó para sí Severus, alzando los ojos al techo pero sin borrar su sonrisa. Ladeó la cabeza para mirarle y la habitualmente dura expresión de sus ojos se dulcificó. Pasó un brazo por sus hombros y le atrajo un poco hacia él. Solo un poco.

- Te estás convirtiendo en un mago poderoso.- murmuró. Su sonrisa se apagó y la preocupación brilló en sus ojos negros al recordar las palabras de Albus. Harry miró a un lado y otro del pasillo, asegurándose de que no había nadie por las inmediaciones.

- Te cuento un secreto?- susurró. Severus alzó las cejas, curioso, y se inclinó cuando el joven se lo pidió con un gesto de su mano. Lo justo para que su cabeza quedara a la altura de la del chico. Un intenso calor invadió su rostro cuando Harry acercó sus labios a su oído y pudo sentir el cálido aliento del joven en su cuello.

- Más que él.- susurró Harry. Severus giró levemente la cabeza para mirarle con absoluta sorpresa. Y un escalofrío le recorrió la columna al percibir la gélida y casi inhumana mirada de esos ojos verdes.

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Severus se dejó caer en la silla de su espartana habitación de mortífago. Un escritorio, un armario y una cama completaban el resto del mobiliario. En realidad, habitaciones como esa tenían casi nula utilidad, puesto que cada mortífago prefería pasar las noches en su propia casa, lejos de la tensión que producía la cercanía con el Lord. Él mismo poseía unos aposentos mucho más cómodos y completos en Hogwarts, y nadie habría podido reprocharle que pasara allí su tiempo, puesto que, además de profesor de pociones, se suponía que era espía infiltrado en la Orden de Dumbledore. Pero últimamente pasaba cada vez más tiempo en el castillo del Lord, en ese rudo y poco habitable cuarto. Cada vez se dejaba arrastrar más por sus deseos en lugar de imponer sus deberes. Y todo porque en Hogwarts tenía agua caliente, comodidad, servicio élfico las veinticuatro horas del día, sus libros y hermosos terrenos por los que pasearse, pero le faltaba una presencia que en los últimos tiempos se había vuelto indispensable. Todo porque ahí tenía que habitar en un reducidísimo cuarto mugriento, con una cama destartalada, agua helada y extensas manchas de humedad en la pared, pero contando con la posibilidad de cruzarse a cada momento con un par de ojos verdes vivaces y sonrientes que habitualmente le buscaban por el castillo para contarle las anécdotas del día en sus estudios o simplemente para jugar al ajedrez mágico.

Severus apoyó los codos en la estropeada madera de su escritorio y escondió la cabeza entre las manos, frustrado. Preguntándose, como cada día, como había podido llegar a esto. Como había terminado perdidamente enamorado de un adolescente con todas las papeletas para convertirse en el nuevo azote de la comunidad mágica.

Aunque en realidad lo sabía. Claro que lo sabía. Suspiró imperceptiblemente y se mesó el cabello con las manos, aun sin levantar la cabeza.

Se había comportado como un auténtico bastardo con él en su primer año. Era tan parecido a su padre...Tan ególatra. Tan arrogante. O al menos eso quiso creer mientras tuvo oportunidad. Porque después algo sucedió. Vio como, paulatinamente, la oscuridad hacía presa en el niño de once años. Como la seriedad y la apatía se convertían en su eterna expresión. Y, a regañadientes, comenzó a preocuparse. No imaginó, como nadie lo hizo, que la nueva actitud del chico, tan silenciosa, se debía al cambio radical de lealtades que se estaba llevando a cabo en su interior, tras su primer encuentro con el Lord después de diez años viviendo en la inopia. Quizás esa fuera la causa. Quizás debieron explicárselo todo. Si hubiera sabido lo importante que era...

Y no pudo creerlo, simplemente no pudo, cuando el niño desapareció casi al término del curso. Y aun pudo creerlo menos cuando, tras la llamada del Lord, se encontró con el nuevo destino del niño. El sucesor, el heredero del siniestro legado. El niño mortífago. El buen hijo de un mal tirano. Y le odió aun más. Traidor, cobarde.

No, no era como su padre. Porque ni siquiera James Potter habría caído tan bajo.

Cuanto llegó a detestarle...Obligado por el Señor Tenebroso a convertirse en su esclavo, obligado por Dumbledore a convertirse en su favorito. Su más leal mortífago, su sirviente. Su amigo, su protector, su confidente. Mostrándole sumisión solo por cubrir sus espaldas, adivinando en él un tirano aun mayor que el propio Lord. Qué esperar de un Potter? Qué esperar de alguien que le había dado la espalda a aquellos que le habían apreciado? Su odio creció tanto que, por primera vez en sus largos años como espía, creyó ser incapaz de ocultar sus emociones.

Cuantas veces tuvo que acudir velozmente a la llamada de su "amo" para rebajarse a actuar de enfermera para el maldito niño? Aquejado de fiebres, que solían aparecer una vez por año como proceso natural de su crecimiento. Y se había tomado la venganza por su mano. Mezclando pociones, diluyéndolas en agua para mitigar sus efectos curativos. Alargando su sufrimiento tanto como le era posible sin resultar sospechoso, porque el pequeño bastardo lo merecía. Lo merecía. Incluso cuando las fiebres eran tan fuertes que le hacían delirar. Incluso cuando debía continuar con su aprendizaje sin haber curado del todo, siempre arrastrado por el nuevo capricho del Lord, que jugaba a ser padre magnánimo y benevolente, cuando de benevolente no había nada en su naturaleza. Solo un juego, en el que el niño se había visto atrapado desde el mismo momento en que ingresó en las filas del Innombrable.

Y poco a poco, su pequeña maldad comenzó a pesarle en la conciencia. Y las siguientes veces las pociones dejaron de ser diluidas en agua. Y comenzó a preocuparse cuando descubrió que el desarrollo del pequeño no era tan completo como debería ser, porque seguía siendo demasiado bajito y frágil para su edad.

Y, poco a poco, el rol de confidente dejó de ser una fachada para convertirse en su realidad. Su amigo. El único que tenía, porque un pequeño Lord no podía ni debía permitirse el lujo de confiar. Porque, en realidad, tampoco tenía a nadie en quien poder hacerlo. Excepto él, que se había ganado el puesto de favorito mediante engaños y falsedades. Que había sido el único en prestarle algo de atención en su soledad. Que había visto y limpiado sus lágrimas cuando los correctivos del Tenebroso eran demasiado duros.

Tal vez había sido por eso. Porque su misión le obligaba a la cercanía, y la cercanía es siempre peligrosa. Porque, sin querer, siempre sin querer, puedes terminar por encariñarte. Y, maldita sea!, él era un mortífago y los mortífagos no se encariñan con nadie.

Pero no vio las señales de peligro. No se percató de la confianza que el muchacho había depositado en él, que le buscaba cada vez con mayor frecuencia, ni quiso admitirse que le divertía el juego de amo-sirviente en que se había convertido su relación. Solo un juego, porque en realidad Harry se había vuelto dependiente de su persona y él lo sabía. Y le agradaba. Y le permitía sus alardes de amo del mundo porque sabía que no eran más que eso, alardes, juegos de niños. Nada serio. Porque el chico era demasiado luminoso como para atarse a la oscuridad que el Tenebroso intentaba inculcarle, siempre a base de crueles castigos y sangre. Aprendió a ocultar sus emociones tras una máscara tan perfecta como inhumana, pero nunca las enterró, nunca pudo ni intentó ser como el Lord en ese aspecto, porque él era, probablemente, el único ser del mundo incapaz de sentir. Y aunque el profundo alivio que sintió Severus ante eso fue la primera señal, no se dio cuenta.

No percibió el peligro ni siquiera cuando buscó el valor para interceder ante el "amo" para que le regalara una mascota al chiquillo por su décimo-tercer cumpleaños, compadeciéndose de su soledad. Y por supuesto tuvo que ser una serpiente. Que otra cosa podía ser tratándose como se trataba del heredero del Tenebroso? La leal Platinus, que se había convertido en fiel amiga y consuelo del chico.

No se percató del peligro aun cuando él mismo comenzó a buscar la presencia de esos ojos verdes. Solo para oír sus progresos, o reír cuando el muchacho intentaba por todos los medios enseñarle algunas palabras en pársel, siempre fascinado ante la silenciosa y bien entendida comunicación que Severus había aprendido a desarrollar con la serpiente, a pesar de no comprender mutuamente sus palabras o siseos.

Y cuando quiso darse cuenta, la fachada ya no era tal. Y realmente se preocupaba cuando las fiebres eran demasiado altas. Y escuchaba con atención la vaga disertación de un jovencito de catorce años. O se sentía intranquilo cuando la oscuridad perduraba demasiado tiempo en el interior de esos ojos verdes. Temiendo siempre que el Lord se hubiera salido con la suya y hubiera terminado por convertir al chico en una copia exacta de si mismo.

Cuando quiso darse cuenta, vigilaba sus pasos a cada instante, le protegía, y encubría sus faltas ante el Tenebroso, a riesgo de recibir algún castigo. Y rabiaba. Rabiaba por dentro cuando veía al "amo" en el papel paternal que él mismo se había auto-impuesto, sabiendo, como sabían los demás, que solo era un juego del que terminaría por cansarse, como ya antes se había cansado de tantas otras cosas.

Rabiaba y se moría cuando veía al muchacho sentado a los pies de su trono, sin darse cuenta de que solo era una vulgar mascota que el Innombrable se vanagloriaba de adiestrar, recibiendo de tanto en tanto caricias benevolentes o algún premio por sus progresos. Rabiaba, se moría y apretaba los dientes con furia cuando ese bastardo se atrevía a ponerle las manos encima. Porque no lo merecía. No merecía tocarle. Y se odiaba a si mismo por permanecer sumiso, con la rodilla clavada en el suelo, fingiendo adoración por un ser que cada día detestaba más. Y su única tranquilidad residía en su conocimiento de que los numerosos y fallidos intentos del Lord por alcanzar la inmortalidad habían terminado por dormir para siempre su virilidad, motivo por el cual se encontraba a menudo de humor homicida. Y en el hecho de que ningún mortífago con dos dedos de frente se atrevería jamás a tocar la propiedad de su amo, por muy bella y apetecible que esta fuera.

De todos modos, todos sabían que el juguete del Tenebroso pronto dejaría de serlo. Porque cada vez más a menudo el tedio y el aburrimiento se dibujaban en las facciones del Lord cuando el muchacho se hallaba en su presencia. Y cada vez menos se preocupaba por sus avances. Y cada vez más a menudo le castigaba por la más absurda falta, hallando más placer en su tortura que en su adiestramiento de mascota obediente.

Severus no era estúpido. Llevaba demasiados años al servicio del gran bastardo como para adivinar sus intenciones. Y la preocupación y la ansiedad se habían convertido en fieles compañeros de cama en los últimos tiempos, porque intuía que el juego pronto terminaría con funestas consecuencias para el chico. Y odiaba que él no se diera cuenta y continuara intentando alcanzar al Lord en sus conocimientos. Odiaba que continuara acatando sus órdenes como el juguete que era. Sin percibir jamás que las miradas del Lord se tornaban cada vez más desconfiadas, cada vez más crueles y oscuras porque, por una vez, el muy estúpido se había percatado del error que había cometido al enseñar y entrenar a un muchacho con vistas a convertirse en uno de los magos más poderosos del mundo. Había comprendido lo imprudente de erigir a un nuevo Lord Oscuro que en cualquier momento podría volverse contra él. Porque ahora su mascota predilecta ya no era un cachorrito salvaje, sino un feroz león que en cualquier momento podría morder la mano que le había dado de comer.


Ja! Que a saco, eh? Teniendo en cuenta las vueltas y media que le doy siempre a los sentimientos de estos dos, supongo que no deja de ser refrescante que ya haya…"algo". Sip, recuerden que este fic, aparte de romántico, es dramático (y cuando algún fic mío no lo es?), así que eso es lo que pueden esperar a partir de ahora, drama, drama y más drama… Aunque tranquilos, porque yo siempre hago finales felices :P (aunque aún no hayan visto ninguno…¬¬U).

Yue-Sayuri: Pues sí XD. Se verá a Voldemort desde mi punto de vista, aunque no por mucho tiempo :D. Así es como yo creo que es, y como considero que debió ser el de Jk, y no un tio medio ido de la pinza que de tanto en tanto fastidia al personal cuando se aburre (que fue la impresión que me lleve de los libros…¬¬).

Catherine Black: Pues sí, es algo que nunca puedo dejar de hacer, aunque tarde en actualizar :P. Gracias por leer y espero que te guste :D.

BEA SNAPE: XDDD. Todo a su tiempo XDD. Bien, sobre lo correcto e incorrecto trata este fic, sobre que a veces lo que creemos que lo es no lo es y viceversa ( que bien me explico…¬¬). Severus va a tener que lidiar mucho con eso y puede, solo puede, que les de pena su sufrimiento, pobre hombre…

Andra: Siempre es bueno saber que hay gente que no me lanzará maldiciones asesinas a mi paso :D. Con las lechuzas que caen en picado sobre mi cabeza tengo suficiente…¬¬U. Gracias por leer :D.

Kaixo: El de Llámame Severus de momento está en pause, lo siento v.v. Por eso saqué este, para compensar un poco. Los demás, estoy trabajando en las actualizaciones :D.

GabyKinomoto: Final feliz? Por supuesto! XDDD. Yo encantada de que te guste :D.

Bellatrix Snape: Hombre…innovador innovador… XDD Mucha gente ha escrito sobre un Harry dark, pero me gustaría creer que le doy un vuelco diferente (porque de no ser así sería plagio y lo tendría que quitar XDD).

Paulina: A sus ordenes! XDD Aquí está la continuación y espero que te guste tanto o más que el primer capi :D.

Enide Kant: Eso eso! Animo! XDD Que falta me hace para alimentar cinco fics! (en que saraos me meto…)

Aurasly: XDDD. Vaaale, se hará lo posible :D.

Velia: XDDD. Y yo aceptaré gustosa tus reviews anónimos, aunque cuando los reciba ya sabré que has sido tú XDD. Espero que este fic también te guste .

Lordaeglos: Pues este es mi próximo capitulo :D. Corto también sí, pero en breve comenzaré ha hacerlos más largos, no desesperéis XD.

Nadesiko04: Pues esta vez no he tardado mucho…merezco un premio!? (ojitos brillantes)

MYsweetAngel: Graaacias! Por leerme y encima que te guste :D.

LunaEstrella: Por supuesto, un nuevo capi para que empieces a ver de que va este fic :D.

Reviews? Mis neuronas se enamoran de sus comentarios y forman grandes familias felices :D. No querrán dejarlas sin pareja, verdad? (que gran ida de olla por dios!)