DISCLAIMER: todos los personajes de Robotech no me pertenecen (aún) son propiedad de Harmony Gold Corporation y todas sus empresas filiales. No es mi afán lucrar solo es una actividad de esparcimiento que solo tiene por objeto rendirle honor a mis héroes de infancia con los ojos de un adulto.


LIBRO PRIMERO: KARL

Capítulo Primero

La Importancia De Un Buen Nombre.

10 de Marzo, 1989, Hospital de Greenwich, Londres.

- Por favor mantente en calma Donald me estoy empezando a sentir mareada, con tantas vueltas que das.

Le reclamó Betty en un tono bastante nervioso, que sonaba más a una orden que una petición. El oficial la quedó mirando de mala gana y soltando un bufido se sentó a su lado. Cruzándose finalmente de brazos clavó sus ojos en el piso. Ella por su lado seguía rezando en silencio estaba demasiado preocupada por Sarah, hacía más de seis horas que había comenzado con labores de parto y aún no tenían ninguna noticia.- Señor debes permitir que ella salga con bien.- Se dijo para sí; Ella mejor que nadie sabe lo complejo que ha sido todo este proceso del embarazo. Le tocó cuidar de Sarah personalmente, desde que el médico le ordenó permanecer en cama. Fueron esos unos cinco meses muy duros, su concuñada sufrió de terribles dolores y complicaciones que pusieron en riesgo más de una vez, el que este embarazo llegase a término.

- ¿Qué clase de lugar es este?- mirando para todos lados.- Debería al menos alguien dar información ¿No lo crees Betty?

- Trata de conservarte tranquilo, las malas noticias vuelan… si algo malo hubiese ocurrido ya estarían aquí.- suspirando con cansancio.- Tengo fe en que todo saldrá maravillosamente.

Pero éstas no eran más que palabras vacías, que ni ella con toda su fe lograba tragárselas. Había pasado muchísimo tiempo y la única explicación para ello, era que los médicos se encontraron con alguna dificultad. Por otro lado, la salud de Sarah siempre ha sido sumamente frágil. Ya los médicos les habían advertido que un embarazo era muy riesgoso para ella. Pero Sarah no quiso oír razones, ser madre se había transformado para ella en su razón de ser y aunque Donald se había opuesto terminantemente a seguir con esta locura fueron tantos los ruegos de ella que él termino cediendo. Acabando ahora con ellos aquí en una tensa espera, que los mantenía con el corazón en la mano aguardando noticias.

- ¿Por qué no quisieron conocer el sexo del bebé?- le pregunto de improviso como intentando descomprimir el ambiente con un tema más trivial.

- Fue Sarah quien no quiso… dijo que prefería enterarse en el parto. No quería ilusionarse si algo no salía bien.

- Yo soy de la misma idea pero tu hermano era un impaciente, no quiso esperar los nueve meses.- con un poco de nostalgia.- Recuerdo que él se puso loco de alegría cuando supo que era un varoncito.- girándose hacia él.- Dime Donald y tú qué prefieres ¿Niño o niña?

- A todo el mundo le he dicho que me da exactamente lo mismo con tal que nazca sano.- con una leve sonrisa traviesa.- Pero entre nos querida Betty… espero con que sea una niña.

- Vaya Donald me dejas sin palabras… hubiese apostado que querías tener un niño, que siguiera tus pasos y compartiera tus intereses.

- Con Scott he logrado llenar a plenitud la vanidad que conlleva la paternidad del primogénito.- mirando con disculpa a su cuñada.- Tengo claro que Scott siempre será de su padre… pero tú me has permitido criarlo y realmente lo siento como un hijo propio.- Betty iba a hablarle pero éste la interrumpe sin darse cuenta.- Sarah es tan hermosa que sueño con una niña… que sea idéntica a ella… así de dulce y de tierna… seria mi propia princesa.

Un alto y delgado cirujano con su típico traje verde de pabellón. Ingresa a la sala de espera y rápidamente antes de echar un vistazo,se pasa la mano por su rostro tratando de ahuyentar el cansancio que amenaza con dejarlo tirado ahí mismo. Con gran esfuerzo despereza sus ojos buscando al capitán, que no se ha percatado de su presencia y sigue conversando animadamente con su cuñada.

- Capitán… lamento todo lo que ha tenido que esperar, pero sólo ahora hemos salido del pabellón.

Donald al ver al médico se para velozmente y camina hacia él. Sabe que si este se ha dado la molestia de venir desde el quirófano hasta acá para a hablar directamente con él… era porque no traía muy buenas noticias.

- Lo felicito capitán, ha sido padre de una bellísima señorita.

El alto oficial quedó de una pieza. Estaba tan concientizado y preparado para oír malas noticias que no estaba prevenido para esto. Pasaron unos segundos antes que su cerebro fuera capaz de procesar la información, por lo que se quedó mirando al profesional hasta que lentamente se le fue llenando la boca de risa. Y en un movimiento inesperado abraza al médico que bastante sorprendido sólo atina a palmearle la espalda y felicitarlo nuevamente. Betty se acercó tímidamente ya que al igual que él esperaba malas noticias.

- Es una niña Betty… no te lo decía yo… una niña y el médico dice que es hermosa.

- Capitán Hayes si me permite.- interrumpió el profesional con una expresión de contrariedad.- Lamento decirles que no todo son buenas noticias… fue imposible que se pudiera realizar un parto inducido. El cordón umbilical se enrolló en el pie del feto. Por lo que debimos practicar una cesárea de urgencia.- Donald iba rápidamente perdiendo los colores del rostro a medida que escuchaba. Y un terror profundo se apoderaba de su alma.

- Dígame de una vez cómo esta mi mujer.

- Por favor cálmese… La cesárea fue muy compleja… había demasiado tejido estrioso, por lo que fue imposible evitar que se produjera una fuerte hemorragia… que después de varios intentos se hizo insostenible el seguir intentando controlarla.- miró a la mujer de reojo como preguntándose si podía seguir hablando delante de ella. Donald hastiado de tanto rodeo le hace un rudo ademan para que continúe.- Bueno como le explicaba llegamos a un punto en que la vida de la paciente corría riesgo, por lo que no nos quedó de otra que extirpar su útero.

- ¿Pero ella está bien?- le pregunto Donald como si no comprendiera lo que el médico hubiese dicho.

- Si, ella está recuperándose en su habitación.- mirando confundido al oficial.- Supongo que comprende las implicancias de lo que tuvimos que hacer.

- ¡Pero con quién cree que está hablando!… por supuesto que entiendo las consecuencias y ese útero es lo que menos hora me importa ahora. Créame que lo único que me interesa en este momento es que mi mujer y mi bebé estén bien… lo demás son sólo detalles, Sarah y yo sabíamos que esta era una más que probable consecuencia.

- Doctor disculpe a Donald está un tanto alterado, fueron muchas horas de espera.- terció Betty.- Dígame, ¿La bebé está bien?

- Si excelentemente… capitán ha traído al mundo a una luchadora. Desde que la concibieron se aferró a la vida con dientes y uñas. Y es tan fuerte que ni siquiera necesitó incubadora.- dirigiéndose al oficial.- Necesito ahora que me acompañe para que llene algunas formas… y pueda ver a su mujer.

Donald se excusó con Betty y se marchó junto al médico que seguía dándole explicaciones sobre la condición de Sarah. La madre de Scott se quedó en la sala con una mezcla poco feliz de sentimientos. Claramente le regocijaba la llegada de un nuevo integrante a la familia pero ese sueño de Sarah de tener una casa llena de niños ya no sería posible. Y eso la ponía triste.

Unos indiscretos pasitos corriendo en dirección a la sala de espera sacaron a la mujer de sus preocupaciones. Sonrió inconscientemente al ver a su hijo que junto con su amiguito la miraban con sus ojos muy abiertos y expectantes esperando saber de las nuevas noticias.

- ¿Mami ya por fin nació?

- Si amor, ya nació.- acariciándole la mejilla.- Tienes una linda primita… será tu nueva amiguita con la que podrás jugar.

- Entonces es una chica.- intervino el pequeño amigo de Scott.- En nuestro club no pueden ingresar chicas… ¿Qué vamos hacer Scott?- le preguntó con auténtica preocupación el niño, abrazando con fuerza el gran avión que tenía entre sus manos.

- No te angusties Karl.- intervino Betty con dulzura.- Pueden modificar las reglas… mal que mal ustedes son los únicos miembros de su club súper secreto.

Los dos chicos se miraron y sonrieron entusiasmados, el tema ya estaba solucionado. Y como es propio de su edad no se pueden mantener quietos mucho tiempo y sin decirle nada a Betty corrieron por la sala de espera jugando un nuevo invento de Scott. La mujer los quedó observando y lamentó profundamente que los padres de Karl no pudieran haber estado acompañándolos. Donald sólo la tenía a ella y Sarah mantenía una fría distancia con su familia. Eran un matrimonio bastante solitario.

- Tíralo Karl.- le gritó desde el sillón Scott.- Vamos que yo lo atrapo.

- Pero si no lo atrapas se romperá.- le contestó Karl encaramado sobre la librera que daba a la pared.- Scott no creo que esto sea una buena idea.

- Claro que sí… lánzalo con fuerza para que así pueda volar tu avión…

El niño tenía sus dudas, no estaba para nada convencido de que el plan de Scott funcionara. Su modelo era un avión a escala que le había regalado su papá y si este se estropeaba estaría en graves problemas. Pero el otro muchacho era demasiado insistente y persuasivo por lo que termino lanzándolo. Betty que estaba distraída no se percató de esta puesta en escena y cuando lo hizo ya era muy tarde. Sólo pudo ver como el pesado aparato iba directo a estrellarse a la puerta de entrada de la sala. Pero para la desgracia de todos justo ingresa Donald y el juguete lo golpea fuerte en el pecho. Scott asustado se coloca detrás de las piernas de su madre, como resguardándose de la tormenta que caería sobre él. Karl no tuvo tanta suerte trepado donde estaba, no tuvo opción de esconderse y se encontró frente a frente con la terrorífica mirada del rudo oficial.

- Karl… debí suponerlo.- dijo entre dientes, haciendo un magnánimo esfuerzo por mantenerse sereno.- Ya baja de ahí y recoge este tiradero.

El niño con los ojos llenos de lágrimas ve como su querido avión esta con un ala rota. Baja con el rostro cabizbajo a recoger los pedazos de su juguete. Scott se le acerca y sintiéndose culpable trata de darle animo.- no te preocupes en el taller de tío Donald… ahí donde arma sus barcos en botella. Hay un pegamento que lo pega todo. Esta noche lo sacaremos a escondidas y dejaremos tu avión como nuevo.- El muchachito de castaños cabellos lo miró esperanzado y enjuagó sus lágrimas. Sonriéndole con entusiasmo.

- Estos niños debieron quedarse en SeaMirror.- dijo Donald contrariado.

- Qué más hubiese querido yo, para estar tranquila aquí… pero tú sabes que allá nadie quiere quedarse con ellos… desde el amago de incendio que provocaron en su habitación.- entornando los ojos al cielo.- Cuando estos dos se juntan se transforman en vándalos.- agitando su cabeza y sonriéndole.- No muy distintos a ti y a tu hermano…. Pero no hablemos de eso cuéntame ¿Pudiste verlas?

- Es preciosa.- le respondió cambiando drásticamente de humor.- Mi pequeña niña es hermosa.

- Y Sarah cómo se encuentra…

- Mejor de lo que esperaba, está débil obviamente… pero la vi muy feliz.

- Ella ya sabe… lo de su…

- Sí.- con la mirada sombría.- Tú la conoces como es… no se le puede ocultar nada.- con el ceño fruncido, se queda mirando la nada.- Sabes no sé si no asimila lo que sucedió o está demasiado contenta con la bebe… porque la noticia no pareció afectarle en absoluto.

- Yo pienso que sí...- le respondió Betty.- ¿Dime podremos verlas?

- Por supuesto. Sólo debemos aguardar por la enfermera que nos avisará que Sarah esta lista para recibirnos. Eso si nada de ruidos.- mirando a los niños severamente.- Nada de ruidos.

- Quédate tranquilo que los niños se portarán bien… ellos saben comportarse cuando la ocasión lo amerita.

Donald gruñó por lo bajo, no estaba para nada convencido de las palabras de Betty conocía demasiado bien a ese par. Por eso no era opción dejarlos afuera de la sala… Solos y en un hospital la respuesta era una sola: DESASTRE. Además él sabía que Sarah disfrutaba mucho de la alegría de los niños y si ellos no estaban reclamaría.

- Pero al primer desorden que armen en la habitación. Yo mismo los sacaré de una oreja. ¿Entendido?

Les espetó Donald con los brazos cruzados y su rostro impertérrito. Dando una clara amenaza a los niños. Que al oírlo tragaron saliva y avanzaron detrás de los adultos en sepulcral silencio. No fue mucho lo que tuvieron que caminar hasta llegar a la habitación de Sarah, que los estaba esperando semi recostada en su cama. Y aunque se notaba agotada de sus labios se desprendía una sutil sonrisa. Donald apenas la vio corrió rápidamente a su lado tomándole las manos y preguntándole como se sentía.

- Ahora te entiendo querido.- dibujándose en su rostro una expresión traviesa.- Siento que fui a la guerra y a duras penas sobreviví… Me dicen que ahora traerán a la bebé… aun no puedo verla ¿Puedes creerlo? Me estoy volviendo loca de la impaciencia.

- Es la bebé más hermosa del mundo.

- No ha dejado de repetirlo.- dijo Betty sin poder ocultar su emoción.- Pero no entiendo porqué se sorprende tanto Donald, si con la madre que tiene… esa bebé no tenía otra alternativa.

- Es verdad.- intervino el oficial sentándose en la orilla de la cama de su mujer.- Es tu viva imagen… has hecho un trabajo maravilloso Sarah.

Y en un gesto inusitado le toma las manos y se las besa con reverencia. La joven madre lo observó en silencio. Estas demostraciones de afecto eran muy poco comunes entre ellos. Él no era muy dado a ellas mucho menos en público. Aunque el público sólo fuera la familia. Sarah le acarició su mejilla con afecto, se sentía dichosa y no recordaba cuando había sido la última vez en que Donald estuvo así de feliz y relajado.- ¿O es que alguna vez realmente lo había visto así?- Pensó para sí; y es que no dejaba de sorprenderse con las reacciones de su marido, incluso llego a creer que el hecho de que no fuera varón lo decepcionaría, pero al contrario esto pareció alegrarlo aún más.

De improviso las puertas de la habitación se abrieron. Dando todos un salto, al percatarse de que se trataban de las enfermeras que traían a la nueva integrante de la familia. Donald dando rienda suelta a su chochera impulsivamente se adelanta y pide que le pasen a la pequeña. Él con sus manos bastante torpes le costó trabajo poder tomarla de buena manera. Poniendo a las enfermeras, Betty y por sobre todo a Sarah con los nervios de punta. Pero este padre primerizo estaba demasiado feliz con su hija en brazos para fijarse en esos detalles. Caminó hacia Sarah, pero los niños comenzaron a saltar a su alrededor tratando de poder ver a la bebé y con sus irritantes voces gritaban una y otra vez.- muéstrela… muéstrela por favor.- Impidiéndole avanzar libremente. El oficial ya fastidiado se gira en torno a ellos y los fulmina con la mirada, mientras la vena de su sien palpita amenazante. Los niños al ver esa expresión se callan inmediatamente, bajando la mirada mansamente.

- Sólo queríamos verla un poquitito.- musitó quedamente Karl.

- Quédense quietos y podrán verla.

Sarah no soportando mas la espera le pide a su marido que le traiga a la bebé. Y cuando este la deposita en sus brazos, ella se emociona hasta las lágrimas. Finalmente todos estos años de frustraciones, esfuerzos y sacrificios habían valido la pena. Después de tantas ilusiones rotas por fin había logrado ser madre.

- Donald es hermosa… y es nuestra.- le dice con su rostro lleno de lágrimas y mirándola con adoración.- Te amo pequeña, te amaré cada día de tu vida… lo juro.

El orgulloso oficial escuchó las palabras con una contenida emoción, al igual que Betty que se mantenía más atrás sujetando a los pequeños. Pero sus ojos estaban tan nublados que debió socorrerlos con un pañuelo. Lo que fue aprovechado por Karl que sigilosamente se trepó por la cama y reptando por esta llego al lado de Sarah. Pudiendo por fin ver a la bebé.

- Wowwww tía Sarah que linda es su hija nueva.

Le dijo con los ojos destellantes de la emoción. Seguramente era la primera vez que veía a un bebé tan pequeño y por eso su deslumbramiento. Donald cuando se dio cuenta donde estaba el travieso niño, se giró furioso hacia él, dispuesto a sacarlo de un tirón de la cama de su mujer. Pero Sarah se lo impidió aduciendo que no le molestaba para nada.- En verdad te gusta Karl.- El niño asiente efusivamente y le regala una gran sonrisa que ilumina toda la sala.

- Claro y yo que soy obediente y hago caso… estoy acá atrás sin poder ver a mi prima.- balbuceó molesto Scott.

- Ven acá querido.- le respondió Sarah.- Súbete por el otro lado.

El niño corrió hacia la cama y con gran agilidad se puso al otro lado de su tía observando con mucho interés a la bebé. Era ese un hermoso cuadro, Sarah con su hija en brazos rodeada de los dos pequeños que hacían un sinfín de morisquetas que lograran despertar a la recién nacida. Betty al fin se permitió sonreír y parándose al lado de Donald, daba gracias al cielo que todo había salido bien. A la vez que el oficial la rodeaba por los hombros con su brazo izquierdo.- gracias por cuidar de Sarah.- Ella lo miró levemente y aceptó con una venia las palabras de su cuñado.

- Y ella cómo se llama, tía Sarah.

- Si cómo se llama.

Preguntaron los dos niños que miraban curiosos a Sarah que un tanto desconcertada no supo que responder. Y es que después de tantas pérdidas ya no tenía ánimo de planificar nada y los únicos nombres que había pensado eran para un niño. Por lo que miró a Donald por si el tenía alguna idea.

- Se llamará Elizabeth.

- ¿Elizabeth? No crees que es un nombre demasiado tosco y común para esta criatura tan delicada.- intervino Betty, a quien no le pareció en nada la elección hecha por Donald.

- Por qué quieres llamarla Elizabeth.- le preguntó Sarah sin dejar de mirar a su bebé.- Tendrás que convencerme amor.

- Todas aquellas personas que utilizan el nombre Elizabeth están asociadas a la fortuna y al éxito.- le respondió con expresión solemne.- Y la historia nos da la razón grandes mujeres incluso reinas han ocupado este nombre.- con una mirada de ensueño.- Si… mujeres increíbles, más grande que su tiempo se han llamado así.

- Si hablamos de reinas que ocuparon este nombre tu no deberías consentir Sarah.- volvió a atacar Betty, no dispuesta a que su única sobrina usara ese nombre que ella encontraba tan poco agraciado.- No fue la reina Elizabeth la que mató a tanto católico durante su reinado… incluso mandó a decapitar a ese ancestro tuyo el tercer duque de Norfolk.

- Ay Betty… tienes cada ocurrencia.- celebró divertida Sarah.

- No sabía que Vanity Fair traía ahora una sección de historia.- masculló irónicamente Donald. Que al igual que su cuñada no pensaba ceder, en el tema del nombre.

- Tus palabras no me tocan Donald… y si vamos a hablar de nombre de reinas yo prefiero a la reina Victoria.- con expresión triunfante.- Tuvo un buen matrimonio con muchos hijos… no como la otra casada con Inglaterra... eso es una aberración.

- Elizabeth… ¿No significa la amada de Dios?- dijo de súbito Sarah interrumpiendo la tirante clase de historia que sostenían su marido y Betty.- A mí no me interesan esos destinos grandilocuentes de los que hablan ustedes… pero me gusta la idea que su nombre sea como una bendición. Siento que de esa forma siempre estará protegida.- mirando a su marido.- Está bien Donald, se hará como dices… llamaremos a nuestra hija Elizabeth.

El oficial sonrió ufano mirando victoriosamente a su cuñada que con mohín divertido se giró dándole la espalda.- Como escogen un nombre tan popular habiendo unos tan hermosos.- Seguía refunfuñando por lo bajo mientras se acercaba a Sarah, para poder sostener a su sobrina.

Casi enseguida la puerta de la habitación se abrió, asomándose tímidamente el rostro de una joven enfermera que haciendo el mínimo de ruido posible llama al capitán para que le siga. El oficial bastante contrariado sale de la habitación inquiriendo de inmediato a la muchacha qué era lo tan importante que ameritara su salida.

- Lo lamento en verdad, pero el capitán que ve allá, nos ordenó que requería perentoriamente de su presencia acá afuera.

La enfermera apuntó a la entrada al pasillo, donde pudo distinguir a un espigado oficial de extremidades exageradamente largas. Donald sonrió al reconocer que el que estaba parado ahí era su amigo Henry Global, que traía en sus manos un pequeño arreglo floral mientras miraba distraído los informativos colgados en la pared.

- Henry gusto en verte. Pensé que no te habían dado el recado de que hoy Sarah daba a luz… gracias por venir pero no era necesario que me hicieran salir… podías haber entrado Sarah se alegrará de verte.

- Perdona no pude venir antes.- entregándole las flores a lo que el inglés lo mira extrañado.- Como no sabía si era niño o niña… preferí comprar flores.

- Las flores son para Sarah… entrégaselas a ella no mí.- le contestó devolviéndole las flores.- Debes conocer a mi hija es una belleza, como su madre.

- Así que fue una niña… pues felicidades amigo mío.- palmoteándole la espalda amistosamente.- Desde hoy empezarás a sufrir con cada cuervo disfrazado de muchacho que ose acercarse a tu hija.

- No me amargues Henry… aún no… pero vamos entra para que la conozcas…

- Sí, Donald pero espera, antes tengo que informarte de las novedades.- le dijo en tono marcial.- Hay noticias urgentes.

- ¿Qué sucedió?

- Erick Honeker en persona, se ha comunicado por medio de nuestras agencias de inteligencia, con el gobierno para pedir ayuda.

- ¿Ayuda de qué?

- Va a renunciar… y quiere de nuestra colaboración para hacer de puente con Estados Unidos y que se asegure una transición pacífica. Sin derramamiento de sangre.

- Ahora a ese desgraciado le preocupa que no haya un derramamiento de sangre.- dijo Hayes con los dientes apretados.- Este ataque de humanidad es sólo para salvar su pellejo.

- Tienes razón, están absolutamente quebrados el sueño comunista acabó con las que parecían inagotables reservas económicas… y ahora que su pueblo se muere de hambre y amenaza con derrocarlo renuncia.- meneando con pesimismo su cabeza.- Pero sea como sea Donald deberemos prestarle ayuda, es la única forma de impedir que la Unión Soviética intervenga o que países como Checoslovaquia se plieguen a este movimiento con violencia.

- Es verdad.- aceptó con el rostro ensombrecido por la preocupación.- Cuando me entere que Gorbachov implantaría esa reforma económica que bautizó como la Perestroika, de inmediato presentí que este era el anuncio de la caída de la cortina de hierro.- mirando a su compañero.-¿Tenemos alguna orden?

- Por mientras la única orden es que debemos reunirnos mañana, junto al Estado Mayor. Ahí se nos informara cúal será en definitiva nuestra labor.

- Mmmm perfecto.- cruzando sus manos por la espalda e inclinado levemente su cabeza.- Y al fin comenzó a suceder, el muro de hierro finalmente se desmorona.

- Sí, los tiempos están cambiando es de esperar que ahora por fin consigamos la paz.

- Qué optimista eres Henry. Como experimentado oficial pensé que tenías perfectamente claro que la paz es solo una tregua entre dos guerras.- sentenció el inglés con pesimismo.


28 de Marzo, 1989, Cementerio Local, Ándele, Kansas.

Era un mes de marzo particularmente triste para el humilde poblado de Ándele. O por lo menos así lo creía el pequeño niño que parado frente a la sepultura veía como los féretros de sus padres descendían lentamente a campo santo. El niño que no superaba los siete años de edad, hacía enormes esfuerzos por no llorar, estaba harto de los sentimientos de lástima que la gente le profesaba. Que más parecían una respuesta a la morbosidad que a la piedad de su pérdida.

A pesar de lo poco concurrido del funeral, igual éste se prestaba para especulaciones y rumores de dudosa intención.- dicen que él manejaba totalmente borracho… yo supe que ella iba a dejarlo y que él no se lo permitió.- Eran algunas de las historias que llegaba a oídos del niño, que con sus puños cerrados hacia rechinar sus dientes de la impotencia. Sabía a sus cortos años que su padre no era un hombre perfecto y que tenía cierta predilección por la bebida. Pero a pesar de eso, él era una buena persona y su madre lo amaba… estaba seguro.- mamá y papá eran felices.- Se repetía así mismo, tenía la necesidad imperiosa que esa frase se grabara en su cabeza como una verdad incuestionable.

La ceremonia se terminó y la gente comenzó a retirarse, pero nadie se preocupó que sería del pequeño huérfano, que se mantenía inmóvil junto a los sepultureros que comenzaban a cubrir de tierra la tumba de sus padres. Y es que en verdad el pobre chico seguía ahí porque no sabía qué hacer, ni dónde ir. Su casa era rentada por lo que en cosa de días la perdería, del vehículo sólo quedaron chatarras y lo más terrible no había nadie que se hiciera cargo de él. Cortos sollozos escaparon de su boca mientras un miedo terrible recorría su cuerpo.- estoy solo.- Susurró muy despacio mientras las lágrimas caían por su rostro. Pensando que el único destino para él era terminar en uno de esos centros de adopción. Agitó su cabeza con furia negándose a aceptar ese destino… pero cómo hacerlo si su vida hace sólo unos días atrás era perfecta y feliz. Las lágrimas cayeron con más fuerza al recordar los besos de su madre y como él se podía refugiar en su pecho. O los fuertes brazos de su padre que lo sostenían para que él pudiera tocar el cielo.- no es justo.- Pensó, mientras con la manga de su chaqueta limpiaba sus ojos que no dejaban de llorar.

- Que no tienes pañuelo muchacho.

Le habló un hombre de ronca voz y de impresionante envergadura, que desde la altura que le daba su porte lo miraba con una aciaga sonrisa. El pequeño niño bastante sobresaltado no atinó a decir nada, únicamente se fijo que él tenía la mano estirada ofreciéndole un pañuelo. Lo aceptó con timidez mirándolo de soslayo y le pareció que este hombre con su frondosa barba se parecía a los guerreros vikingos que estudió en su escuela. Y luego de un entrecortado.- gracias señor.- Se limpió las lágrimas de su rostro. Lo que inesperadamente provoco la carcajada de este pariente de Olaf.

- Las lágrimas se las lleva el viento… ese pañuelo es para tu nariz… a los mocos no se los lleva nadie.- le dijo el hombre que vio reconfortado como el niño reía débilmente. Por lo que decidió que ya era tiempo de abordarlo.- Tu nombre es Roy ¿Verdad?

- Si señor soy Roy Fokker.

- Señor era mi padre.- le respondió tajante.- Soy Mitchell Hunter, pero todos me conocen como Pops.- mirándolo de forma cómplice.- Tú también puedes llamarme así… este… tu padre era muy buen amigo. Lo conocí allá en Vietnam, un piloto simplemente extraordinario el mejor que yo haya conocido.

- ¿Papá fue a la guerra? No sabía que había sido soldado.

- No lo culpo por no contarte, yo mismo quisiera olvidar que alguna vez fui.- le respondió mientras encendía un gran puro.- Allá en Vietnam tu padre y yo pasamos muchas penurias… en más de una ocasión temimos por nuestras vidas. Por eso nos juramentamos que si a alguno de nosotros nos sucedía algo… el otro se haría cargo de su familia. Y como soy un hombre de palabra aquí estoy. Iremos ahora por tus cosas para que conozcas tu nueva casa.

- Pero… pero señor… pero.

El muchachito pestañeo varias veces pero sus azules ojos no salían de su asombro. Como iba a irse con este vikingo extraño que no conocía en absoluto y que jamás oyó que sus padres nombraran. Que solo se valía de una extraña historia para decirle que se haría cargo de él.

- Ya muchacho cambia la cara y ponte a caminar, son bastantes kilómetros antes de llegar a nuestra casa.- le dio varios empujones poco sutiles por la espalda consiguiendo que el niño caminara dubitativamente con él.- Yo sé que esto es violento para ti y me hubiese gustado conocerte en otra circunstancias. Pero tu padre resultó ser mas irresponsable que yo.- con una mueca de contrariedad.- Ya vámonos Roy, en este pueblo no te queda nada. En el mejor escenario sólo conseguirás una Corte que dictamine que orfelinato es el competente para enviarte. En cambio conmigo tendrás una familia.- apuntando hacia el frente.- Mira ahí esta Joyce mi mujer, ella cuidará de ti, tan bien como tu propia madre.

Roy levantó la vista y vio como caminaba presurosamente hacia ellos una joven mujer de cabellos castaño oscuro y de impresionantes ojos azules, que dejaron al pequeño pegado a ellos, tanto que ni cuenta se dio cuenta como ella lo abrazó y con ambas manos le tomó el rostro para observarlo.

- Eres una fotografía de tu padre.- le dijo Joyce acariciándole dulcemente su mejilla.- Yo era muy amiga de tu madre, nos conocimos como cuando éramos más menos de tu porte… nos queríamos mucho sabes.

- ¿De veras señorita?

- Claro que si.- le respondió sin soltarle el rostro.- Y ahora no tienes nada que temer, nosotros cuidaremos de ti. Ya verás que todo estará bien.- besándole la frente.- Confía en mí, todo estará bien.

El muchacho sonrió por primera vez desde que ocurriera la muerte de sus padres. Y es que a sus cortos años había sufrido más que muchos adultos durante toda su vida. Ahora por fin se sentía protegido nuevamente y aferrándose ciegamente en las palabras de Joyce, se repitió a si mismo que todo estaría bien. Y dejando que su instinto de auto conservación actuara, se abalanzó sobre ella abrazándola por la cintura como si ella fuera el último bote de rescate en su naufragio.

- Bueno, bueno.- interrumpió Pop Hunter.- Dejemos de quemar aceite en este lugar y mejor nos ponemos a caminar. Nunca me ha gustado conducir de noche.

- Sí señor.- dijo el niño soltándose del abrazo de Joyce, pero manteniendo su mano fuertemente tomada de la suya.- Estoy listo para irnos.

- No me digas señor… dime Pops, como lo hace todo el mundo. A Joyce si quieres dile mamá a ella le gustan esos sentimentalismos.

- Está bien Pops.

Respondió con una sonrisa el pequeño Roy Fokker. Y caminando en medio de estas dos personas, dejaba atrás la tumba de sus padres creyendo firmemente que el destino le había dado una nueva chance para partir de cero y comenzar una nueva vida.


10 de Abril, 1989, Ministerio de la Defensa, Londres.

- Ya todo está finiquitado. Honeker renunciará en noviembre, asumirá en su lugar Egon Krenz que es una figura no tan antagónica para el pueblo y cuenta con la confianza del círculo de Honeker. Por lo que él es el más idóneo para que lidere la transición de manera tranquila y ponerle fin de una buena vez al muro de la vergüenza.

Fueron las palabras que Donald Hayes le lanzó a Henry Global una vez que salió de la reunión del consejo. Se notaba cansado y bastante hastiado con lo que le había tocado oír. Por lo que invitó a Global a salir del edificio y caminar. Algo de aire fresco le sentaría muy bien.

- ¿Y qué pasará con Honeker?

- Bueno al parecer sí está bastante enfermo.- con un tono bastante sarcástico.- Por eso renuncia. Al menos esa es la información oficial y como comprenderás no es nuestra labor cuestionarla.

- Supongo que nada se habló sobre que ese gobierno va a la deriva y de no darse esta renuncia voluntaria, la misma guerra civil lo haría.

- Obviamente que no, él muy hipócrita dice tan convencido todas estas falacias de que no quiere ningún derramamiento de sangre y que mi pueblo es lo más importante. Que llegó a pensar que él mismo se cree todas sus mentiras.- chasqueando sus labios.- Lo que me molesta es que éste desgraciado se aseguró que ninguno de nuestros gobiernos pueda procesarlo… saldrá libre de todo. Tiene incluso listo y conversado los arreglos para asilarse en un país sudamericano.

- Será el precio que deberemos pagar para tener una transición tranquila.- reflexionó Global en el mismo tono sombrío que su compañero.- Aunque eso no impide que particulares puedan perseguirlo en juicio ¿O sí?

- Es posible pero qué tribunal se atrevería a acoger un recurso contra él.- respondió distraído.

- Qué más se hablo en esa reunión que te dejó tan malhumorado.

- Ya me dieron nuestras órdenes.- le dijo sacando su cigarrillo.- Partimos en cinco días amigo mío. Deberemos organizar y defender la zona del Atlántico Norte nos reuniremos con la flota americana en el punto GIUK. Será un largo viaje de al menos un año.- sentencio con un dejo de pesar.

- ¿Se teme una arremetida de los soviéticos?

- Al contrario… si Alemania cae es porque los soviéticos ya no son capaces de sostenerla.- aspirando largamente su cigarrillo.- En la reunión nos leyeron informes de la CIA en que se nos deja en claro la seria crisis que vive el gobierno soviético. Al parecer Gorbachov quiere dimitir a toda costa pero la presión de los dirigentes comunistas amenaza con trasformar en una masacre dantesca al país si así lo hace. Por eso deberemos estar tanto tiempo… no podremos volver a casa hasta que se haya disuelto la Unión Soviética.

- Es preciso presionar entonces para que eso se produzca.- le replicó Global con asombro. Había supuesto que con estos acontecimientos eso sucedería tarde o temprano, pero nunca pensó que sería con tanta rapidez.- Debemos aprovechar lo de Honeker.

- Eso déjaselo a los americanos… están muy interesados en que así suceda. Su meta es que esto se convierta en un mundo unipolar.

- Vaya así que en eso se resume todo.- sin ocultar su malestar.- Pasaremos de la Guerra Fría al Americanismo.

- Entiendo tu pesimismo.- le respondió sinceramente.- Me preocupa este actuar del gobierno norteamericano. Tienen cierta efervescencia que no coopera en nada a tener un clima de tranquilidad en Europa. Imagínate ahora han infiltrado gente en Alemania Oriental buscando a un grupo de científicos… estamos tan cerca de la paz y ellos quieren arriesgarlo todo por las investigaciones que realizan estos tipos.

- ¿Y qué tan importante puede ser?... Mejoraron los procesos nucleares. O es que descubrieron tecnología que ignoramos Donald

- Lo que ahí explicaban me sonó a ciencia ficción. Pero según ellos ese doctor Zand y su equipo están trabajando en unos proyectos que revolucionara lo que conocemos como guerra para siempre… Pero por lo que oí nuestras agencias de inteligencia les aseguraron a los americanos que Zand y su gente ya no estaban en Alemania… hace una semana que estos salieron rumbo a China.

- Pero ellos no lo creyeron.

- Por supuesto que no… ¿Has conocido a alguien más necio que un americano?- ambos oficiales rieron relajadamente.- Bueno si todo sale bien a nuestra vuelta ya no existiría la Unión Soviética.

- Volvería a ser Rusia.- levantando una ceja.- Esa es una buena noticia.

- ¿Volverías a tu patria Henry?- le preguntó curioso Donald.

- Estoy en mi patria.

Estas palabras no fueron un cumplido para caer en gracia. Sinceramente así lo sentía, su trabajo en la Royal Navy le satisfacía enormemente y el círculo de amigos de Donald lo había acogido muy bien, jamás haciéndolo sentir como un refugiado. Era un país en demasía amable para con un extranjero que fue su enemigo y que hace no pocos años los hubiese atacado sin dudar.

Donald se había alejado un tanto de su compañero. Aunque tenía claro que sus palabras eran sinceras y que efectivamente era leal a Inglaterra sintiéndola como su propia casa. Sabía que lo que había oído adentro no le hubiese agradado a Global. Tanto el gobierno americano como el suyo estaban hambrientos de caerles encima a los soviéticos y mostrar orgullosos al mundo que ellos vencieron.- a nadie le importa alcanzar la paz… sólo la paz en sus propios términos.- Reflexionó con preocupación, ya que de así darse las cosas únicamente se anidaría una fuente de odio en los derrotados que explotaría tarde o temprano con consecuencias incalculables.

- ¿Ese no es tu auto Donald?

Un lujoso Bentley modelo Musudan blindado, se estacionó justo en frente de los oficiales. Sacando abruptamente al inglés de sus pensamientos. Que apenas atina a levantar la cabeza y ver a su ayudante, el sargento Labelle que lo saluda señalándole que el vehículo estaba esperando por ellos.

- Sube Henry, iremos a SeaMirror.- el ruso lo mira sorprendido.- Quiero aprovechar de estar un poco con mi familia… supongo que no tendrás problemas en que hagamos la planificación en mi casa.

- No claro que no.- le respondió, ideando de qué forma podía escapar de esta situación.- Pero Donald tu mujer tiene muy pocas semanas de haber dado a luz, supongo que querrá estar tranquila y eso incluye no tener visitas en casa.

- Pero Henry tú no eres visita.- apoyándose en la puerta del auto.- Ya sube.

Global suspiro resignado y agachando su cabeza camino hacia el auto. Sabía que esta batalla la había perdido y es que los ingleses eran muy reservados en cuanto a su familia y a su hogar, por ello cuando a uno lo invitaban a compartir su intimidad no puede rechazarlo sin arriesgarse a ofenderlo irremediablemente. Así las cosas se acomodó en el Bentley quedando de frente a Donald. Que ya a bordo y como era su costumbre se quitó inmediatamente su gorra dejando totalmente despejada su expresión, que se notaba bastante cansada.

- Noa ira más tarde por tus cosas Henry.- pasándose la mano por su rostro.- Entiendo perfectamente que nuestro trabajo es de vital importancia. Pero mi hija nació hace tan poco y nuestra asignación nos mantendrá tanto tiempo lejos que quiero aprovechar estos días.

- No tienes que darme explicaciones.- le contestó sin mirarlo ya que toda su atención estaba en el tabaco que caía a su pipa.- Eres un padre primerizo yo también pasé por lo mismo…

- No me considero un papá primerizo, cuando Scott llego a la casa no alcanzaba a cumplir el año.- sonriendo con nostalgia.- Ni siquiera gateaba.

- Pero no es lo mismo.

- No claro que no…

Donald no pudo evitar que un vago sentimiento de añoranza lo invadiera al recordar a su hermano Scott. Ya pronto se cumplirían seis años de su partida y él aun no se conformaba. Fueron extremadamente unidos a pesar de lo diametralmente opuestos que ellos salieron. Desde un principio Donald tuvo como norte devolverle el alicaído prestigio a su linaje. En cambio Scott solo quería hacer de su vida una eterna aventura. Contra toda lógica el destino los llevo por caminos bastante similares, ingresaron juntos a la Royal Navy y mientras él a punta de esfuerzo e instrucción ascendía vertiginosamente en el escalafón. Su hermano se llenaba de gloria como piloto de la armada. El respeto y la mutua admiración fue una constante entre ellos, Donald jamás tomo ninguna decisión que implicara a la familia sin la consulta y aprobación de Scott. El cual siempre lo apoyó en todo lo que decidió emprender, aconsejándolo fielmente. El oficial inglés mira a su compañero de viaje y una mueca involuntaria se dibuja en su rostro.- éste extranjero me hace recordarte mucho Scott.- Pensó al analizar por qué había confraternizado tanto con Global.

- Te has distraído largamente Donald. Hay algo que te preocupa.

- Muchas cosas.- ríe irónicamente.- Pero no es eso lo que me distrajo… Pensaba en mi hermano.

- Él era piloto, ¿Verdad?- el inglés asiente.- Bastante distintos eran ustedes al parecer.

- Solo por fuera, Scott salió bendecido con mayores dotes… un buen físico, ingenio agudo y un magnetismo inigualable con las mujeres. Por mi parte la madre naturaleza me dio bastante con que lidiar… tuve una tartamudez no muy compleja, pero que sí me ganó más de alguna burla. Por lo que decidí vencerla yo solo y en menos de un año de trabajo constante… lo conseguí.

- Deber y sacrificio.- apuntó el ruso.

- ¡Lo notaste!

- Era imposible no verlo.

- Esa es otra historia Henry. Y aunque ya en el año que llevas con nosotros debes haber escuchado montones de historias sobre mi familia. Déjame ser yo quien te separe la parodia de la realidad.- buscando la cajetilla en su guerrera.- Nosotros como familia pertenecemos a una larga tradición que ha estado al servicio de la armada. Nuestra historia se remonta al origen mismo de la Royal Navy… por eso nos apodan los fundadores.- fumando largamente.- Yo vengo siendo la séptima generación que se enlista en la Royal Navy. Y si el pequeño Scott decide seguir los pasos de su padre completaremos ochocientos años de tradición…

- Mmmmmmm ósea la marina y tú son una sola cosa.

- Hay una frase que siempre me decía mi abuelo, donde Inglaterra combatió siempre ahí estuvo un Hayes defendiéndola.- meneando la cabeza con frustración.- Pero mi padre estuvo a punto de destruir todo eso.- hizo rechinar sus dientes con rabia.- No pudo sobreponerse a la muerte de mi madre y se entregó al alcohol y un sinfín de otros excesos. Protagonizando unos escándalos terribles que hasta el día de doy me llenan de vergüenza. Por la única razón que se salvo de la baja deshonrosa fue en consideración a los múltiples servicios que presto en los años anteriores. Por lo que sólo fue llamado a retiro… pero… eso era sólo el principio SeaMirror estaba casi desvalijado y a punto de que los bancos la remataran.

El inglés encendió su tercer cigarrillo un tanto incomodó. No era dado a dar este tipo de confesiones, pero si salían triunfantes de esta asignación su carrera daría un salto muy importante y quería que Global fuera quien lo secundara. Por lo que debía ser sincero con él antes que su promoción reflotara estas penosas historias.

- Y cómo rescataste SeaMirror.

- Nuestro padre falleció de un oportuno infarto. Los seguros se ocuparon de los bancos. Aunque igual tuvimos que vender un sector del lado oeste, que ahora se llama Little Priors.- sonriendo con cierta ufanidad.- Tengo habilidad para los negocios y Scott confió en mi juicio. Tuvimos ganancias increíbles lo que nos permitió vivir más que tranquilos.

- Qué historia.- mirándolo directamente.- Pero eso no explica tu ascendente carrera, por mucho prestigio que tuviera tu familia… tu padre lo había arruinado. Si esto hubiese pasado en Rusia con suerte lo hubiesen dejado ingresar a la academia naval.

- Sí, tuve suerte.- le respondió apartando su vista y refugiándose en la ventana.- Mucha suerte.

- Lo dices por tu mujer.

- A qué te refieres.- salto Donald, clavándole una mirada llena de animosidad.- ¿Qué pretendes insinuar?

- ¿Tu mujer no pertenece a la familia Fitzaland- Howard? No se les considera a ellos como uno de los grupos más poderosos en cuanto a influencias políticas que hay en Inglaterra.- volviendo a cargar de tabaco su pipa.- Yo conozco tus ambiciones Donald y las respeto… es mas no creo que exista alguien que las merezca más que tu. Pero es difícil destacar entre el mar de oficiales. Para eso es necesario más que habilidades, se necesita influencias.

- Ya sé a dónde quieres llegar… existen ciertos intereses y ciertas familias tocadas en promoverlos. Y uno necesita padrinos.- le respondió con sarcasmo.- Crees que me casé con Sarah solo por la protección que su familia me brindase.

- No creo eso Donald.- apoyando sus codos en sus rodillas y clavándole sus negros ojos sin misericordia.- Sólo te digo que tienes mucha suerte de haberte enamorado de Sarah… o mejor dicho tuviste mucha suerte que una mujer como Sarah se enamorara de ti. Cosas como esa no pasan todos los días.- haciendo una mueca divertida.- Y si tu plan hubiese sido ese, me habrías decepcionado Hayes… de todas las hijas del Duque de Norfolk, escogiste a la mas díscola… según lo que me contaron sus padres se sintieron aliviados cuando te la llevaste a Southampton.

- Estas muy bien enterado de las cosas que suceden aquí en Inglaterra.

- Debo estarlo, es mi país ahora.- le dijo con ironía. Pero cambiando su expresión a una más seria encaró al británico.- No es necesario que tengas que contarme estas historias. Soy un hombre de experiencia y puedo hacerme un juicio cabal solo. Y sea lo que sea que quieras emprender cuenta con mi apoyo. Además también tengo ojos… te he visto a ti y a Sarah, y por más que te empeñes en negarlo sé que estás perdido por ella.

Donald con su rostro rígido y el rictus marcado fuertemente en su frente. Miró hacia la ventana de su auto y en su reflejo pudo recordar esa primera vez que la vio… estaba parada al otro lado del salón. Bellísima en su vestido de fiesta. Pero con una expresión de distante timidez que le hizo a él reconocer de inmediato que ella no estaba en su elemento, que deseaba salir de ahí a como diera lugar.- esta es tu oportunidad.- Recordó que se dijo para sí mientras caminaba hacia ella.

- Henry… te seré sincero, cuando conocí a Sarah fueron muchísimas las razones por las cuales decidí casarme con ella… pero ahora sólo existe una.


10 de Abril de 1989, SeaMirror, Southampton.

- Eres una princesa… la princesa más bella del mundo.

Le conversaba Sarah a su pequeña hija de solo un mes de vida, que le sonreía tiernamente a cada palabra, caricia o estimulo que le prodigaba su madre. Mientras delicados rayos de sol se colaban entre el ramaje que rodeaba la terraza dando atisbos de que la primavera había llegado. Lo que era aprovechado por la joven madre que quería que su pequeña disfrutara al máximo sus primeros días de sol.

Sarah sentía una dicha inmensa. Jamás pensó que ser madre fuera una experiencia tan maravillosa, estaba convencida ahora que esta era la razón por la cual había venido al mundo. Elevando a la bebé en sus brazos la miró con un amor tan profundo. El cual jamás pensó que pudiera ella experimentar y le hizo sentirse tan inocente ante este sentimiento tan irrestricto, avasallador y casi demencial que era la maternidad. Pero que a la vez la asustaba… ¿Seré capaz de cuidarla y protegerla? Se preguntaba constantemente y es que veía tan frágil y vulnerable a su pequeña hija. Que sentía que no podría estar a la altura.

- He traído el té.

- Betty querida, no tenías que molestarte.- sonriéndole amablemente.- No te sentí llegar.

- Pero cómo podrías haberlo hecho, si no has despegado un instante los ojos de tu pequeña.- le respondió su concuñada en un falso tono de reproche.

La mujer le sirvió la taza de té presurosamente. Se notaba intranquila; mordía su labio inferior con insistencia mientras su mano desocupada arrugaba un diario. Y es que aún no estaba convencida si debería hablar con Sarah sobre este tema, su condición era de cuidado y un mal rato podía complicarla de sobremanera. Pero por otro lado, también sería mejor que se enterara por ella antes que de una forma menos apropiada sobre las noticias de su familia.

- Esta delicioso Betty… muchas gracias.

- Sarah este… estuve hojeando el diario de esta mañana.- mostrando el arrugado ejemplar.- Y hay varias noticias que creo que te interesarían.

- No me gusta la prensa amarillista ya lo sabes.- notando que el ejemplar era del periódico Mirror Mirror.

- Hay noticias de Esther.

Los ojos de Sarah se dilataron abruptamente y dejando su taza de té sobre la mesita abrió el diario buscando la noticia a la que hacía referencia Betty. Y después de un par de páginas encontró un enorme titular que rezaba con desparpajo "Condesa De Harwick Pillada Infraganti Con Su Chofer Amante" Sarah sintió que se quedaba sin aliento, las imágenes eran decidoras y bastante grotescas para su gusto. Donde pudo ver a su hermana tendida al sol besándose con el individuo aquel.- menos mal mamá ya no está, sino la desollaría viva.- Pensó tratando de asimilar el escándalo que caería sobre ella y sobre la familia. Nunca se sintió tan feliz que SeaMirror fuese un fuerte inexpugnable para la prensa.

- Al menos es bien parecido.- Sarah la mira con ojos molestos.- Únicamente nos queda tomarlo con humor querida.

- No puedo tomarlo con humor… papá esta de salud muy delicada.- Pasando la mano por su cabellos… y me preocupa la reacción de mi hermano él es como mamá… y está haciendo de cabeza de familia… quizás a donde la mande.

- Se van a divorciar dicen ahí… y que Benjamín… ese es su nombre… es su amante de hace mucho tiempo.

- Es una tragedia Betty… debería llamarla y saber comó está.

- Yo sé que es tu hermana, pero tantas molestias con ella. Que aun ni siquiera te visita o llama por el nacimiento de Lisa.

La mujer quedó mirando a su concuñada extrañada.

- ¿Lisa?

- Sí Lisa.- le dijo sentándose al lado de Sarah y quitándole el diario a su cuñada. Señalando con eso que el tema amarillista estaba cerrado.- Lo he estado pensando desde hace un tiempo… Elizabeth es muy tosco para una criatura tan dulce y a la vez un tanto corriente… si ahora cualquiera se llama así.- Sarah iba a interrumpirla pero ella no se lo permitió.- Por lo que se me vinieron varias ideas a la cabeza. La primera fue Elisa… pero me acorde de Beethoven ¡Y ay! no que tragedia… no. Después pensé en Liz sonaba bastante bien pero mmmmmmm muy de Hollywood. Hasta que finalmente encontré el adecuado LISA, es simplemente perfecto.. suave y sofisticado. No sabes si es un nombre o un apelativo.- con expresión contrariada.- Y como ninguno de ustedes quiso hacerme caso de ponerle otro nombre… si ocupas el apelativo, cuando te enojes o quieras regañarla la podrás llamar por el nombre completo… ¡ELIZABETH!

- Sabías que estas completamente loca.- le contestó Sarah entre risas. Muy divertida ante las ocurrencias de su concuñada.- Pero dime ¿De veras que te tomaste el tiempo en pensar todo esto?

- Por supuesto con un nombre largo debes inventar un apodo. Sino sus amiguitos lo harán y tu sabes cómo pueden ser de crueles los niños.

Sarah echó su cabeza hacia atrás riéndose relajadamente de las ingeniosidades de Betty. Ella siempre conseguía sacarla de sus preocupaciones. Es que tenía una forma tan especial de ver la vida revistiendo de gran seriedad a temas totalmente banales y de los temas serios… reía. La quedó mirando con afecto, era ella su gran y única amiga. Sin ella jamás hubiese sido sencillo acostumbrarse a la inmensidad de SeaMirror.

Sus reflexiones fueron interrumpidas abruptamente cuando sintió como manadas de galgos llegaban los niños corriendo a la terraza.

- Tía Sarah, tía Sarah.- gritaba Scott que alcanzó primero donde ella.- Ya llegó tío Donald… Su auto está dando la vuelta.

Sarah se pone rápidamente de pie, siempre que su marido volvía a casa ella sentía un gran alivio. La muerte del padre de Scott la había puesto muy aprensiva, pero esto era algo que no compartía con nadie. Sentía cierto pudor de mostrar esa debilidad y ella quería que Donald siguiera considerándola una mujer fuerte.

- Querida qué haces aquí… deberías estar descansando.

- El sol esta espléndido hoy… Elizabeth tenía que aprovecharlo. No son tan frecuentes estos días en primavera.

Le dijo ella con una lenta sonrisa. Mientras él la besaba en la frente y acariciaba cuidadosamente el rostro de su hija que dormitaba. Global se mantenía alejando, ya que se sentía sobradamente incómodo ante la escena del matrimonio británico. Y aunque deseaba haberse mantenido invisible no pasó mucho tiempo antes que Sarah se percatara de su presencia, quien tratando de disipar la incomodidad de sus ojos caminó hacia su encuentro.

- Bruno que gusto verte.- mirando a su marido.- No me dijiste que vendría.

- Fue algo de última hora.- le respondió y tomando a su mujer del brazo.- Mmmm ese afán que tienes de llamarlo Bruno… no haces más que incomodarlo querida. Es como si le refregaras a cada instante que es un extranjero, su nombre ahora es Henry.

- Donald no es necesario. Si Sarah quiere llamarme Bruno puede hacerlo, honor me hace. Sé que su intención no es molestar sino al contrario.- mirando a la inglesa de forma cortés, se dirige a ella.- Disculpe mi venida tan de improviso, pero fue su marido quien insistió en venir a trabajar a su casa.

- Si querida es verdad tenemos mucho trabajo y muy poco tiempo. Por lo que decidí mejor hacerlo acá y pasarlo junto a ustedes.

El oficial inglés se detuvo en seco cuando vio a su cuñada junto a los niños. Que forcejeaban infatigablemente a ambos lados de ella tratando de zafarse de las firmes manos de Betty. Que se esmeraba en sonreír y disimular el fastidio que le daban los pequeños.

- ¿Karl aquí de nuevo?- preguntó Donald con el entrecejo fruncido.

- Amor no pongas esa cara… los Riber andan nuevamente en Australia. Y Margaret me pidió que cuidara de su pequeño no quiere que pierda sus lecciones de piano.- el rostro de Donald se puso de un poco saludable tono rojizo.- No seas así, tú sabes que ella no puede despegarse de John. No todos tienen la suerte de tener una esposa tan comprensiva como yo.- le dijo en una lenta sonrisa que logró aplacar el malhumor de Donald que terminó sonriendo con orgullo.

- Está bien Sarah… pero recuerda eres únicamente su maestra de piano… no quiero que termines siendo su madre sustituta.- le advirtió.

- ¿Riber?- interrumpió Global intrigado.- Es un alcance de nombre o es el mismo famoso John Riber… piloto de pruebas de los prototipos Harrier.

- Es el mismo.- le contestó Sarah.- El muy afamado piloto de la RAF. Por eso Margaret nunca lo abandona… le tiene horror a que algo le pase.- haciendo el ademán para que ingresen a la casa.- Son nuestros vecinos viven aquí al lado en Little Priors.

Global asintió mientras ayudaba a Betty con los pequeños. Y al observar a Karl se quedó un tanto pensativo. Era claro que Donald le tenía una velada hostilidad al niño y creyó ver en Little Priors la razón de ello.


12 de Abril de 1989, Stillwater, Oklahoma.

- ¡Pero mamá como me haces esto!- gritó ofuscada.- Esta es la gran oportunidad de mi vida y lo único que te pido es que cuides por un tiempo del bebé.

- Eso mismo dijiste hace dos años… y yo como estúpida te creí… pero esta vez no dejaré que me engatuses con tus frases hechas.

Le respondió suave pero firmemente la mujer de color. Que sentada en una angosta silla de madera, dejaba en evidencia sus exuberantes proporciones. Bastante bien conservadas eso sí para sus más de cincuenta años. Y aunque sus ropas eran sencillas, algo había en ella que destilaba un aire de aristocrática hidalguía. Lo que contrastaba grotescamente con la imagen de su hija que tenía enfrente. Vestida en un fluorescente vestido amarillo, llena de accesorios en los mismos beligerantes colores.- y Dios qué maquillaje es eso.- Se preguntaba la mujer que la observaba, es que estaba tan rancio que desde donde se encontraba podía sentir aún el olor a cantina de la noche anterior. Sintió la pobre madre cómo sus ojos se le llenaban de lágrimas, no entendía en qué momento había perdido a su hija. Ella la había criado con tanto amor con tanta preocupación para que terminara así cantando en cualquier antro por un par de dólares. Miro cómo las manos de ella temblaban.- eso es alcohol.- Razonó con tristeza, mientras sus ojos se detenían en el moisés celeste que contenía a su nieto, tirado en el suelo a los pies de su hija como si fuera un bulto sin importancia.

- Te lo pido, será la última vez que pediré tu ayuda. Conocí a un productor y prometió llevarme a Los Ángeles donde grabará un disco para mí.- sacando un cigarrillo.

- Apaga eso.- le espetó molesta.- No te das cuenta que le haces daño al bebé.

- No molestes mamá… me la pasé nueve meses sin fumar y beber.- sonriendo torpemente.- ya lo parí… lo traje al mundo sano y salvo… merezco mi premio.

- Qué bien dicho Lorreine… Qué buena palabra. Las mujeres como tú no dan a luz son parturientas… así como los gatos.- levantándose de su silla y caminando por la pequeña sala. Hace dos años dejaste aquí tirada a tu hija.- acercándose amenazadoramente a la muchacha.- Nunca viniste por ella, jamás llamaste o demostraste algún interés. Incluso ahora vienes aquí a arrojarme otro hijo y ni por un instante te has acordado de ella.

- Pensé que habías cumplido tu amenaza y la habías mandado a servicio de menores.

- Yo no soy como tú… qué poco me conoces.- le responde decepcionada. Y girándose hacia el pasillo se asoma por este.- ¡Claudia ven para acá!

Casi de inmediato, apareció en la sala una delgada niña. Bastante espigada para sus casi tres años de edad. Se notaba nerviosa, ya que no dejaba de jugar con sus dedos y mirar de reojo a la extraña que estaba ahí. La mujer mayor tratando de protegerla la atrae a su regazo.- quien es ella Mamá Rose.- Le preguntó en casi un susurro. La aludida dudó un instante en su respuesta quizás esto no era lo mejor para Claudia. Pero los dados ya estaban lanzados y no quedaba más que seguir adelante.

- Ella es tu madre.- empujándola suavemente.- Anda ve a saludarla que vino a verte.

La niña dio un par de pasos con sus frágiles y largas piernas que aún se mostraban inestables al sostenerlas. Miró con el rabillo del ojo a esa mujer que según Mamá Rose era su madre. Y nada de lo que en ella vio le dio confianza… su rostro era extraño como el de un payaso triste, además olía feo. Y aunque le estiraba sus manos para abrazarla, la pequeña niña pudo sentir en su corazón que todo eso era vacío.

- Ven acá Claudia.- dijo finalmente Lorreine, abrazándola con exagerado dramatismo.- Qué bonito nombre tienes….y mírate nada más que linda saliste.

Este artificioso abrazo, algo produjo en Lorreine, fue como un golpe a su conciencia. Y sin saber cómo o por qué empezó a llorar profusamente mientras que nerviosas frases escapaban a pedazos de su boca intentando explicarle a su hija que nada entendía de lo que estaba sucediendo y nerviosa también se puso a llorar. Lorreine por su lado no lograba controlarse; los miedos y culpas estaban haciendo mella en su alma. Y cuestionamientos que jamás sintió la invadían. Su niña era muy linda y tenía los mismos ojos miel que ella.- cómo pude deshacerme así de ti.- Se recriminó internamente estrechando a la niña fuerte contra su pecho.

- Ojala algún día puedas perdonarme… pero lo hice por tu bien.

Le dijo mirándola a los ojos y besándola por todo el rostro. Besos que a la niña le sabían a sal por las lágrimas de su madre y las suyas propias. Que respondían más al miedo que esta extraña le provocaba que a la emoción.

- Mira Claudia aquí tienes algo para ti.

Y sacando una destartalada billetera, se puso a trajinar por todos sus bolsillos hasta que halló un billete de un dólar. Que le entrego a la niña que cada vez entendía menos lo que ahí ocurría.

- Para que te compres un helado.

- No crees que sería mejor que tú fueras a tomarte un helado con tu hija.- intervino Mamá Rose, tratando de que su hija al fin pudiera desapestar.- O mejor por qué no te quedas unos días... podrías aprovechar de compartir con Claudia… los niños crecen muy rápido.

Lorreine miró a su madre con sus ojos brillantes así como era antaño. Lo que lleno de esperanza a la abnegada mujer que le sonrió con ternura. Pero como una funesta noticia, desde el exterior llegó el estridente sonido de la bocina de un vehículo, que de forma cargante empezó a llamar una y otra vez… y el milagro se había roto.

- Oh por Dios Tom ya vino por mí.

Dijo Lorreine bastante inquieta. Y olvidándose completamente de su hija se puso de pie mirando nerviosamente para todos lados. Hasta que se encuentra con la mirada triste y decepcionada de su madre.

- Entonces eso es todo… un abrazo, lágrimas y un dólar ¿Eso es todo lo que tienes para tu hija?

- No seas así.- agachando su mirada.- Volveré a penas termine de grabar el disco… ahí tendré dinero y podré cuidar de mis hijos como corresponde.- vuelve a sonar la bocina.- Ya debo irme.

Y mientras seguía hablando y explicando sus planes de éxito y fortuna, se agachaba a besar a la pequeñita que había vuelto al abrigo de su abuela. Ni siquiera se percató del recelo que esta tenía o del rechazo que el beso produjo en su hija. El único interés de Lorreine estaba en salir luego de ahí y que Mamá Rose sostuviera el destartalado moisés que contenía a su hijo.

- Mamá sólo dos meses te lo prometo.- entregándole el moisés. Pero la señora se negaba porfiadamente a recibirlo.- Mamá no lo hagas mas difícil tu sabes cómo vivo, no puedo llevarlo.- otra vez suena la bocina.- ¡Sólo te tengo a ti!

Pero la señora seguía en la negativa y la bocina no dejaba de llamar. Lorreine desesperada deja el moisés sobre el sofá y sale corriendo de la casa. Su madre trata de darle alcance pero su incipiente displacía en las caderas le hizo perder la carrera siquiera antes de comenzar. Ya para cuando llego al pórtico de entrada vio la nube de polvo que dejó el vehículo que se llevó nuevamente a su hija. La mujer con su rostro contrito por la tristeza se quedó varios minutos mirando la polvorienta calle haciendo un gran esfuerzo en tragarse las lágrimas por su hija. Que estaba completamente pérdida en su destino.

- Quién es ese bebé, Mamá Rose.

Le preguntó la pequeña Claudia, que en sus frágiles manos traía a duras penas el moisés que cargaba a su hermano. Mamá Rose le sonríe cálidamente a la vez que toma la cuna contemplando al lindo bebé que portaba en su interior.- este angelito tampoco trae papeles.- Concluyo para sí y caminando con resignación entro junto a Claudia a su casa.

- Ve a traerme el libro de la iglesia.- le ordenó mientras se sentaba en el sofá junto al pequeño.- Pero apúrate niña.

- Sí Mamá Rose.

- Bueno jovencito ahora serás un Grant… pero lo primero es lo primero.- le dijo al pequeño que con suerte tendría unos cinco o seis meses de edad. Claudia a su vez obedientemente le dejaba el libro en sus piernas.- Vamos a pedirle a Jesús que te regale un nombre ojalá escoja uno bonito para ti.- y cerrando los ojos dejó caer su dedo en algún lugar de la hoja.

- ¿Qué dijo Jesús Mamá Rose?- preguntó ansiosa Claudia.

- Dijo que tu hermanito se llamará Vincent.


13 de Abril de 1989, SeaMirror, Southampton.

Los pájaros trinaban alegremente en la ventana, anunciado con sus cánticos que hoy sería otro bello día de sol. Henry los miraba maravillado, al igual que el bello paisaje que se enmarcaba en su ventana. Que tenía una vista privilegiada al lago.- es un cuadro tan surrealista, como salido de un cuento.- Se dijo para sí y es que debía admitir que había algo mágico en el aura que envolvía a SeaMirror, bañándolo con un dulce misticismo. Incluso él mismo se sentía distinto, como si lo hubiesen trasladado a otro tiempo, a uno en que la vida era más sencilla y se necesitaba de muy poco para ser feliz. El ruso trato de sacudirse esta sensación… lo incomodaba; Y elevando sus ojos al cielo abovedado de la habitación, fijó su mirada en cientos de aplicaciones en madera que cubrían las uniones.- es un bellísimo lugar… no importa donde uno mire.- Pensó con una distraída sonrisa y ajustando su reloj se decidió a hacer abandono de su pieza.

Mientras realizaba el trayecto hacia el despacho de Donald iba mirando con más detalles lo que eran las dependencias. Y llegó a la conclusión que era verdad lo que su amigo le había dicho… "Este lugar se concibió como un hogar no como un fuerte o castillo" Y es que en verdad eso se notaba en cada detalle, sus grandes ventanales sus cuidadas e íntimas habitaciones y lo acogedor de la decoración. Salvo claro está, el salón principal y el comedor que dejaban en claro a los visitantes quienes eran los Hayes en Inglaterra.

Las observaciones del ruso se detuvieron abruptamente cuando sus ojos se concentraron en una de las terrazas de la casa, donde Sarah se encontraba con su pequeña que parecía gargajear feliz en su coche. Global guiado como por una mano invisible atravesó el ventanal quedándose solo a unos pasos de Sarah, que no se había percatado de su presencia. Miró sus manos tan esbeltas y blancas, con sus dedos finos y alargados que parecían tener vida propia. Nada en ellas había cambiado seguían siendo tan hermosas como cuando las vio por primera vez deslizarse con propiedad en el piano allá en los salones del Conservatorio de Moscú.

- Bruno… me asustaste.- girándose levemente para verlo.- Blimey… esto sí que es una sorpresa.- Sin ocultar su hilaridad.- Del tiempo que te conozco, esta es la primera vez que te veo sin estar calzando tu uniforme.

- Global siente que su rostro se acalora repentinamente. Y tratando de ocultar la incomodidad que lo abraza. No acierta a decir nada y da dubitativmente un par de pasos, para sentarse frente a ella.

- Debo decir que así vestido, te ves hasta amable Bruno.

- Supongo que es un halago.

- ¿Un halago?... eso es demasiado para ti.- levantando la vista levemente.- Digamos mejor que es una cortesía.

- Pues gracias.- asintió más relajado.- Dime… ¿Sabes dónde está Donald?

- Anda en Shamreck Quay.- le respondió mientras acomodaba su cabello tras su oreja. Notando que su invitado la miraba sin comprender prosiguió.- Es uno de los club de veleros de Southampton… como andará tanto tiempo fuera de casa, no quiere que yo o Betty tengamos que lidiar con el encargado de mantenimiento del velero.- esto lo dijo con un dejo de tristeza en su voz.

- ¿Te complica que se vaya por tanto tiempo?

- No me hace feliz claro está.- mirándolo por primera vez directamente.- Pero él es un oficial de marina y esta es su vida. Así lo conocí y así me enamore de él.

Estas últimas palabras produjeron un sorpresivo escozor en el interior del oficial ruso. Que tuvo que agachar su mirada para no quedar en evidencia. Para su fortuna Sarah estaba más concentrada en sus recuerdos, que en lo que pasaba con él.

- Lo conocí en un baile que se hizo en mi casa.- le empezó a decir cuando una lenta sonrisa se dibujó en su rostro.- Era en honor a los oficiales que partirían a defender las Falkland… fue todo tan relámpago… apareció del otro lado del salón, con su porte gallardo y su mirada despejada.

Sarah se levantó de su asiento y camino al barandal dándole la espalda a Global que la observaba atento. Pero ella no quería que él la viera con esta expresión. No quería que descubriera que se había enamorado de Donald desde el primer día, desde el primer momento en que lo vio cruzar el salón hacia ella en Norfolk House… fingiéndose tímido… fingiendo que no la conocía. Sarah cerró sus ojos con tristeza, no sabía en qué momento había adquirido semejante convicción. Al parecer había sido un tiempo después de la boda, cierto día cuando él explicaba la astuta maniobra política que ocuparon los laboristas para aprobar una ley. Entonces se despertó la idea en ella.- esto me recuerda algo ¿Qué?- Y ahí se dio cuenta que en esencia se trataba de la misma táctica que empleara Donald con ella. Contra su propia naturaleza ella aceptó este hecho sin la menor sospecha, como si se tratase de algo que hubiese sabido desde siempre pero que sólo en ese momento surgiera del subconsciente a la conciencia. Sarah dejó que todo el aire se escapara de sus pulmones, aceptar esto no fue doloroso, pensó para sí. O tal vez no tan doloroso comparado con la segunda verdad que descubrió después… Donald no la amaba… o al menos no la quería con la misma locura que ella a él… y no sabe bien si por espíritu de conservación o porque en verdad era así, concluyó que su esposo no era capaz de sentir semejante amor. Que la capacidad de amar era exclusiva y desgraciada herencia suya. Amar con tal desesperación, con tal intensidad no era frecuente en una mujer. Con ese cúmulo de pensamientos en su cabeza se giró en dirección al oficial ruso y se entristeció al darse cuenta lo superficial e infantil que fueron sus sentimientos por él al compararlo con la abrumadora avalancha que era lo que sentía por Donald. Daría por él la vida sin dudarlo… mentiría por él… conspiraría por él… sufriría por él. Pero su esposo no quería grandes sacrificios, sólo deseaba su simpatía, compañía y comprensión… Bueno aparte de las ventajas que le otorgaba su cuna obviamente.

- ¿Dónde estabas Sarah…?

- ¿Perdón?

- Tus recuerdos… dónde te llevaron.- puntualizó Global.

- Sí… perdona que te haya abandonado unos instantes. Recordaba mi historia con Donald, es increíble cómo pasan los años.

- Supe que fue una gran boda.- tratando de forzarla a hablar. Sentía una mal sana curiosidad.- Me contaron que fue el evento del año.

- Bruno quien te dijo eso claramente exageró.- riendo suavemente.- Tuvimos una linda boda… aunque al principio fue complicado.

- ¿Por qué?

- Mamá opuso bastante resistencia en consentir a Donald.- endureciendo repentinamente todas sus facciones.- Se quejó diciendo que era sólo un vulgar oficial sin futuro… además sus antecedentes familiares no eran los adecuados para una señorita de mi condición.- Miró a Henry un poco incómoda pero él le hace el gesto que está enterado.- Blimey… como me abrumó con su constante discurso de: "tu hermana Sussan tan linda casándose con el connotado senador Farraday o Esther que chica más lista casarse con el Conde de Harwick el partido de la temporada".- con gesto de fastidio.- Pero no cedería… yo iba a casarme con Donald… tuviera o no su aprobación.

- Por supuesto que no Sarah, yo sé que debajo de ese modo dulce y suave duerme una voluntad férrea e inflexible.

- Qué bueno que lo recuerdes.- le respondió con orgullo y volviendo su cabeza continuó con su relato.- Por lo que de mala gana mamá tuvo que ceder… aunque no dejó de fastidiarme. Puedes creer que hasta el mismo día de la boda, decía "en fin con tu rebeldía y carácter… esto pudo ser peor"

- Por supuesto que podría ser peor, podrías haber tenido un vergonzoso amorío con un oficial soviético.

Sarah levantó su rostro de forma violenta y con evidente disgusto clavó sus ojos verdes que mas parecían dos navajas, que no se molestaban en ocultar el profundo desagrado.

- Ese comentario fue totalmente innecesario… y de más está decir lo poco afortunada que ha sido tu intervención Bruno.

- Yo… lo lamento.-

Le respondió con evidente indiferencia. Lo que terminó exasperando aún más a la joven mujer inglesa que con sus nudillos blancos de apretados hizo un soberano esfuerzo por controlarse. Y luego de respirar hondo lo afrontó con una sarcástica expresión en su rostro.

- Y finalmente para terminarte la historia… logré casarme con Donald… mi vestido era de raso y seda, con encajes maravillosos traídos de Bruselas… todo el mundo dijo que me veía bellísima.- con una expresión de desafío en su sonrisa.- Salí en un par de revistas… tuve seis damas de honor y dos pequeños pajes… en fin todos los accesorios imprescindibles para una boda de sociedad… Todo eso que a ti tanto te acompleja, bajo tu falso discurso comunista.

Y sin más tomo a su pequeña entre sus brazos y se encaminó hacia el interior. Global trato de detenerla, pero una sola mirada de ella le basto para entender que la conversación se había terminado.

Con bastante pesar y una desagradable sensación de culpa se quedó el ex oficial soviético parado en mitad de la terraza. Se sobó el mentón nerviosamente tratando de entender por qué había actuado así con Sarah, ¿Por qué le molestaba tanto saber que ella era feliz? De pronto algo en su mente se iluminó… quizás su rabia iba en descubrir que contra todos sus prejuicios Sarah si tenía el temple suficiente como para enfrentarse a los estrictos cánones de su familia y jugársela por alguien como él. Apretó su mandíbula y con un dejo de antagonismo miró todo el rededor que era SeaMirror.- a estas alturas de mi vida es patético que ande sintiendo celos.- Reflexionó para sí mientras sacaba la pipa de su chaqueta.

- Si lo que quiere es fumar aquí puede hacerlo.

Henry se sobresaltó cuando sintió una suave voz muy cerca de su oído, se giró sobre sus talones encontrándose con la cuñada de Donald que lo observaba con una tímida sonrisa en sus labios. El ruso la quedó mirando por un instante y solo ahora caía en cuenta que era bastante joven, sus tristes ojos celestes le cargaban años que no poseía. Se dio cuenta de su bella cabellera rubia que se la llevaba el viento.- es una mujer con atractivo.- Pensó mientras ella acomodaba su bandeja en la mesita.

- Si no le molesta recibir un consejo. Pienso que es muy temprano para fumar. Por qué mejor no me acepta una taza de té, está delicioso… yo misma lo preparé.

- Será un placer probarlo.

- Yo soy una adicta al té.- riendo suavemente.- Este lo traía para Sarah… pero mmmmmmm no sé donde se habrá ido.- le dijo mientras preparaba la taza de té.- Cuántas de azúcar.

- Dos por favor… Sarah salió hace solo unos instantes de acá.

- Debió encontrar que estaba muy fresco para Lisa.- entregándole la taza de té.- Es tan aprensiva, pero quién podría culparla, si con lo que le costó ser madre.

- Sí, algo me platicó Donald.

- Le respondió distraído más por educación que por real interés. Lo que trajo como consecuencia involuntaria, que se activara en Betty el bichito de la poca prudencia. No pudiendo evitar caer en la terrible tentación de querer hablar más de la cuenta.

- Desde antes que yo llegara a SeaMirror Sarah y Donald querían ser padres.- bajando dramáticamente el tono de voz.- Gastaron una millonada en tratamientos… pero en todas partes la respuesta era la misma.

- ¿Cuál?

- Que la salud de Sarah es muy frágil y que su cuerpo no estaba preparado para soportar adecuadamente un embarazo.

- Sarah no se ve una mujer de salud delicada.

- Su salud quedó resentida luego de su estadía en la Unión Soviética.- bajando la mirada.- Desde ahí nunca logro recuperarse completamente.

- ¿Qué le sucedió?- Le inquirió de forma brusca tomando interés repentinamente en la conversación.

- Disculpe pensé que sabía que Sarah estuvo cuando joven por sus tierras.- le respondió, interpretando de forma errónea su reacción.- Se fue becada a una pasantía al Conservatorio de Moscú, ya sabe ella es concertista en piano… sus padres no lo aprobaron… pero Sarah es de ideas fijas y no cambiaría de parecer,. Sacudiendo su cabeza.- Discúlpeme me estoy desviando del tema… Siéndole sincera todo es bastante difuso… Sarah nunca me ha querido hablar de eso. Lo único que manejo es que se extravió por casi tres días en San Petersburgo… cuando la hallaron estaba en pésimas condiciones con una neumonía que casi se la lleva a la otra vida.

La mujer inglésa seguía hablando pero Global no le prestaba ninguna atención ya. Estaba con las manos crispadas aferrándose a la taza. Es que no podía creerlo… su mente era incapaz de asimilar la idea que Sarah casi había muerto por su culpa.- Chert povezlo suka.- Se repetía una y otra vez para sí. Mientras unas ganas de salir corriendo lo invadían. Quería salir y encontrar a Sarah para pedirle perdón. Pero… no podía, no era apropiado.- qué triste es ver en lo que se ha convertido mi vida me es más fácil destruir un buque enemigo que un prejuicio.- Sintió lastima de sí mismo, pero haciendo acopio de esa fortaleza inagotable en él se prometió que más tarde que temprano tendría la oportunidad de aclarar las cosas con ella… y pedirle perdón.

- Henry disculpe me está oyendo usted.

- Disculpe Betty, no sé cómo me distraje tanto en mis pensamientos.

- No se moleste, solo le decía que Donald ya regreso.

El ruso asintió cortésmente y volvió a sus pensamientos, dejando un tanto desconcertada a Betty que salió al encuentro de su cuñado. Pero la cabeza de Global no estaba para atenciones, tenía que ordenar los millones de pensamientos que cruzaban su mente.


15 de Abril de 1989, Kremlin, Moscú.

Tres hombres de apariencia muy similar se encontraban reunidos en una de las más lujosas y escondidas oficinas del emblemático edificio del gobierno soviético. Sus semblantes grises y carentes de casi cualquier expresión, no dejaban entrever cuál era el ánimo que los convocaba. Además era esta una escena extraña, ya que rara vez los tres solían compartir la misma habitación.

- Sólo es cuestión de tiempo para que nuestro régimen caiga.- señaló el que en apariencia era el líder.- Las políticas de apertura de Gorbachov sirvieron únicamente para alentar a los insurrectos y no mejoraron en nada la situación económica de la región.- con expresión de profundo hastío.- Y las revueltas han comenzado, ya en Polonia el Sindicato Solidaridad con sus mesas redondas tiene de rodillas al gobierno. Y esto no para ahí, Hungría, Checoslovaquia y la misma Alemania están al borde de la revolución. Y aunque nos esforzáramos muchísimo lo único que conseguiríamos seria permanecer un tiempo más. Creo que es hora de replegarnos.

- Los sindicatos son muy fuertes y todos sus líderes están con nosotros… podríamos promover una guerra civil aquí en Moscú.

- Es un absurdo lo que propones. ¿Tú crees que los americanos nos darán la oportunidad de recuperarnos?- llenando su vaso con vodka.- Debes ser mejor ajedrecista y pensar mejor en tus movimientos… y el nuestro es el de la retirada.

El interpelado guardó silencio con impotencia. Se negaba a aceptar que hubiesen perdido, justo ahora que junto a sus hermanos habían logrado hacerse del control de la inteligencia, fuerzas armadas y del partido. Maldijo al destino para sus adentros, mientras observaba a sus parientes que al igual que él guardaban silencio. Y aunque ninguno de los tres se consideraba un comunista fanático, sí compartían la convicción férrea y absoluta que su nación estaba destinada a guiar los destinos del mundo. De mostrarle a esté cual era el camino que debía seguir y no trepidarían hasta conseguirlo. Desde que eran pequeños crecieron con las enseñanzas que eran un pueblo de esfuerzo y sacrificio. Y que su moral era intachable… el resto del planeta debía aprender de ellos y seguir su ejemplo. Pero ahora con los occidentales casi entrando a Alemania ya todo estaba perdido.

- Cambien esas expresiones de sentimentalismos. Es momento de ser más inteligentes y ver el escenario con claridad.- intervino el más joven de los tres que había guardado sepulcral silencio hasta ahora.- Si hacemos las cosas bien ésto no será más que una pausa.

- Me alegro que ya estemos viendo las cosas con claridad… esto no es más que la pérdida de un alfil ya es hora de pensar en el siguiente movimiento.- dijo el mayor de forma ceremoniosa.- Y lo primero es saber con qué piezas contamos.

- El coronel Dolza tiene su lealtad irrestricta hacia nosotros… y su gente también nos respalda.- dijo el más joven.- Si pretendemos volver su posición será clave, solo es cuestión de tiempo para que se haga de la comandancia.

- El camarada Derela líder de los Spenatz GRU, también está con nuestra causa y unicamente pide que nos llevemos a su hijo.

El más visceral de los hermanos no estaba aun convencido no quería marcharse de Moscú, sentía que su deber era quedarse junto a sus camaradas dando la lucha. Pero si lo pensaba con frialdad sus hermanos tenían razón habría una revolución y los nacionalistas atacarían con fuerza a todos los dirigentes que se relacionaron con el régimen soviético. Es preferible mantenerse alejado hasta cuando el pueblo se canse de sus líderes que lamen el culo a los occidentales. En ese momento ellos podrían volver.

- ¿Nos iremos a Checoslovaquia?

- No… iremos a China nos reuniremos con un grupo de camaradas alemanes que ya nos están esperando. Por lo que debemos salir de aquí cuanto antes.- mirando al menor de ellos.- Ve por Dolza y Derela debemos definir nuestra red de trabajo.- mirando con desidia.- Si la Unión Soviética ha de caer seremos nosotros quienes definiremos como será su caída.

- Que ellos hagan el trabajo sucio, que de la gloria nos encargaremos nosotros.

Y sacando otras dos copas de la bandeja de la hielera el mayor de los hermanos las llenó hasta el tope haciendo que el vodka escurriera por sus bordes. Todos tomaron sus copas y alzándolas por sobre sus cabezas y con la fe fortalecida por sus convicciones se las bebieron hasta el fondo.

- Por nosotros.

- Y por Rusia.


Hola a todos nuevamente si estas leyendo estas lineas es por que te diste el trabajo de dedicar unos minutos de tu tiempo para

leer este fanfic. Por ello te estoy muy muy agradecida.

La verdad es que no pensaba publicar tan anticipado pero recibí varios mensajes pidiéndome actualizar antes la historia. Pero de verdad el próximo capitulo saldrá el martes de la semana subsiguiente. debo decidir que hacer o mejor no hacer... eso requiere meditación.

Bueno aquí presentamos al resto de los personajes dándoles un marco histórico que justifique sus caracteres y forma de comportarse. Nuevamente muchísimas gracias a ti Fer... sin ti nada de esto hubiese sido posible... todos los capitulo son para ti... incluso amares mismo. también quiero agradecer infinitamente la ayuda de Monica Maldonado... su paciencia en corregir mis severos dramas con la tildación hacen posible presentarles este trabajo de manera mas decorosa.

Nos vemos en el próximo...

Recuerden toda critica es buena incluso la destructiva.