Epílogo

Se descubre la verdad

Los caballeros dorados unieron sus cosmos una vez más, esta vez para eliminar el mal que asolaba Asgard. Elevaron sus cosmos al infinito y con ello cumplieron la misión que Toei les había encomendado, aunque ellos no estaban ni enterados: vender muñecos en cantidad a base de una serie con pésima calidad de animación.

Cumplida su labor, debían desaparecer una vez más, hasta tanto la productora los necesitara para un nuevo emprendimiento. Uno tras otro se despidieron de Lifia y compañía, rumbo a la oscuridad del Inframundo. En eso estaban cuando Milo notó algo raro en Camus.

—Hey, Camus, ¿estás bien? —le preguntó el escorpiano al ver que detuvo su marcha y comenzaba a sudar copiosamente— Hey, ¿me escuchas? —insistió— No me digas que precisamente a ti te afectó el frío de Asgard.

Camus no respondió. Los dorados restantes notaron lo que estaba pasando y se preocuparon. Se acercaron al par de caballeros rezagados y quedaron mudos ante lo que veían: lentamente, la figura de Camus de Acuario comenzó a fundirse. La armadura dorada se iba desprendiendo del cuerpo a medida que sus miembros se derretían hasta unirse con la nieve sobre el suelo asgardiano.

—¿Qué está pasando? —gritó uno de los dorados.

Milo se acercó a slender Camus, pero cuando intentó tocarlo, el cuerpo se deshizo por completo. La armadura, previamente desparramada en el suelo, tomó su forma de object y salió disparada como un rayo, probablemente hacia los confines del Inframundo, a los Elíseos, por gracia del dios Poseidón.

—¡Camus! —gritaron todos los caballeros.

Milo, indignado, miró hacia el cielo y exclamó:

—¡Toei! ¿Qué clase de broma es esta? —Milo era uno de los pocos que sabía que Toei, aquella fuerza maligna de las leyendas, estaba detrás de esto.

El guardián de la octava casa del zodíaco gritó varias veces el nombre de la productora, pero no obtuvo respuesta hasta que pasado un rato escuchó una voz familiar a sus espaldas.

—Yo puedo explicarles todo, caballeros.

Los once dorados se voltearon y observaron la figura: esbelta, arrogante, con una cabellera de fuego radiante. Ya no portaba su ropaje de dios guerrero. Algunos pocos lo reconocieron, otros no sabían de quién se trataba.

—¡Surt! ¡El amigo de Camus! —exclamó Milo sorprendido.

—¡Infeliz! ¿Cómo es que sigues vivo? —preguntó enfurecido Shura, que aún conservaba en su pecho la cicatriz del espadazo que le clavó el dios guerrero al pobre capricorniano cuando yacía inconsciente en el suelo.

Temiendo un posible ataque, algunos caballeros se pusieron en guardia.

—Tranquilos, tranquilos, la historia ya terminó; no hay necesidad de pelear —les dijo Surt con una sonrisa en los labios.

—¿Cómo es que sigues vivo? —Milo retomó la pregunta de Shura que había quedado en el aire.

—Hum, por más fuerte que haya sido este falso Camus, soy el consentido de Toei. No me eliminarían así de fácil. Además, en caso de una segunda temporada, me necesitarían —afirmó el pelirrojo altaneramente.

—¿Falso Camus, dijiste? —preguntó Mu, curioso por naturaleza.

—Así es. Señores —extendió los brazos y esbozó una franca sonrisa—: se me ha encargado que les diga toda la verdad del asunto. Antes que el resto de las armaduras vayan a los Campos Elíseos, acompáñenme y descubrirán la verdad sobre Camus de Acuario —y dicho esto dio media vuelta y emprendió su camino hacia el norte de Asgard.

Aún estupefactos, los dorados siguieron sus pasos. Indudablemente querían conocer esa verdad de la que hablaba. Como el día estaba despejado y sin tormentas, llegaron a destino bastante rápido. Al norte de las frías tierras de Asgard, en las afueras de un pequeño pueblo, se erigía un precioso sarcófago de hielo que no se derretía ni con el rayo más fuerte del sol.

Los guardianes de las doce casas se acercaron. Surt detuvo su marcha y señaló al ataúd de hielo. Lo que vieron los terminó de consternar: Camus de Acuario estaba atrapado ahí dentro.

—¡Camus! —volvieron a gritar algunos caballeros.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Shura a su verdugo.

—Este es Camus de Acuario, caballeros. El verdadero —aclaró Surt.

Mientras los dorados salían de su asombro, Surt procedió a contarles la historia que todos ya conocemos: la verdad sobre el falso y aborrecible Camus inventado por Toei, hecho a base de un muñeco de nieve construido por el propio Surt, y sobre el verdadero Camus derrotado por este.

—La verdad que eso aclara muchas cosas —comentó Afrodita luego de la explicación—. Mientras estábamos atrapados en ese árbol, le dije a Camus que lamentaba haber muerto antes de hacer arreglar las escalinatas que unen nuestros templos, y parecía no entender de qué estaba hablando —se lamentó.

—¡Maldita seas, Toei! —exclamó Milo enfurecido— ¿Qué necesidad había de arruinar un personaje tan popular como Camus? —en el fondo sentía impotencia, ya que no se había dado cuenta que Camus había sido reemplazado por una réplica. "Debí haberme dado cuenta, el verdadero Camus nunca me atacaría por un estupidez así", pensó. Sus fans no se lo perdonarían.

—¿Y ahora? ¿Qué debemos hacer? —preguntó Saga al dios guerrero— No tenemos tiempo, debemos volver al Inframundo.

Surt escuchó la pregunta y desvió su mirada a Dohko. Cualquiera que haya visto la serie clásica recordará cómo se destruye el ataúd de hielo de un caballero de Acuario desde el exterior. Milo lo recordaba de su enfrentamiento contra Hyoga.

—¡Claro! Hay que usar la espada de Libra —dijo el escorpiano dirigiéndose al joven anciano maestro.

Todos estuvieron de acuerdo en que esa era la única solución. Seguramente Camus canónico seguía vivo ahí dentro, y había que salvarlo a como dé lugar. Sin Camus, los pocos fans que le quedaba se alterarían mucho. Y estos, aunque pocos, son expertos en armar escándalo.

Surt les dio el visto bueno y se alejó unos metros para que el ataque al sarcófago no lo afecte. Lo mismo hicieron los caballeros dorados, a excepción del buen Dohko, que con una ancha sonrisa desenvainó una de las espadas de Libra, se acercó al ataúd y exclamó:

—¡Muy bien, muchacho! ¡Hora de despertar! —y con un grito desaforado lanzó su ataque.

El cubo de hielo se rompió en mil pedazos y más de uno pensó que Camus también, pues el embate de Dohko fue muy potente. Sin embargo, allí estaba Camus canónico, frío como el hielo y tendido sobre la blanca nieve del norte, tal y como estuvo al principio de esta aventura.

—¡Bien hecho, maestro! —dijo Aioria entusiasmado, que para esas alturas ya estaba pensando en el próximo amorío que tendría en la franquicia.

Todos se alegraron de que el ataque haya salido bien. Surt interrumpió el momento y dijo:

—Has hecho bien, caballero de Libra. Podremos usar a Camus en cualquier otra serie que se avecine —se acercó al cuerpo congelado de Camus y agregó—. Dicho esto, hay algo más que deben hacer —recorrió con su mirada cada uno de los rostros de los dorados—, espero no hayan olvidado lo que se necesita para que un cuerpo congelado vuelva a la vida —les dijo y soltó una risita.

Los caballeros se vieron unos a otros. Sí, todos sabían lo que hacía falta, no era necesario que les hagan recordar, pues ni el fan más lego podía olvidarlo. Aquella escena, aquella escena que marcaría a fuego la serie clásica para siempre: la escena… en la casa de Libra.

Antes de que alguien pudiera decirle algo, el maestro Dohko se adelantó:

—Muchachos, que haya ocurrido en mi casa no significa que yo deba continuar la tradición —les dijo agitando los brazos.

Ciertamente, el maestro tenía razón. Además, al ser el más anciano, todos le tenían respeto. ¿Quién más podría ser? La mayoría no tenía una relación profunda con el acuariano, y nadie quería arder hasta morir por él. Nadie, excepto…

—¡Milo! —gritaron algunos dorados— Tú puedes hacerlo —acotó Deathmask sonriente—. ¿Es tu amigo, no?

El escorpión se puso tenso y comenzó a gritar incoherencias.

—Cierto, todo el mundo sabe que Camus es tu mejor amigo —comentó Afrodita entre risas.

—¡Claro que no! ¡Solo es un camarada! —exclamó ofuscado el escorpiano.

—Dile eso a los miles de fans alrededor del mundo que los emparejan —dijo Deathmask, quien también conocía, al igual que Milo, sobre la Toei y el mundo paralelo de fans enardecidos que había creado.

—No me hagas hablar de parejas —amenazó Milo para hacerle recordar al cangrejo sus propias andanzas en el mundo del yaoi. El canceriano se quedó callado— ¿Y qué hay de ti, Shura? —retomó Milo.

—No voy a ser tan hipócrita como tú para decir que Camus no es mi amigo. En verdad pasamos muchas cosas juntos —dijo con la mano en el mentón, pensativo—. Pero no estoy dispuesto a arriesgar mi pellejo por él —dijo categóricamente. El español no olvidaba el enfrentamiento que había tenido con el francés hacía unas horas. Aunque el pobre Camus canónico nada tenía que ver, terminó recibiendo el resentimiento del capricorniano.

Milo se dio cuenta de que se estaba quedando sin opciones. Todos tenían razón: él era la persona ideal para revivir a Camus, por lo menos a los ojos del mundo. Realmente pensó que no tenía otra alternativa. Suspiró y giró como para dirigirse al cuerpo inerte del acuariano, cuando notó que este yacía en los brazos de Surt.

—¿Siempre son así de indecisos, caballeros? —les preguntó Surt— Ya se les acabó el tiempo. Yo me encargaré de Camus —se sentó sobre una gran roca cercana, limpia de nieve, y tomó en sus brazos al acuariano, como una madre acuna a un niño recién nacido—. Lo siento, Milo, perdiste tu oportunidad de hacer felices a miles de fans —y dicho esto comenzó a hacer arder su cosmos.

—¿Lo harás tú? —preguntó uno de los caballeros.

—Es una forma de enmendar mis errores. Después de todo, mi amigo Camus, el falso, fue un rotundo fracaso —algunas gotas de sudor comenzaron a perlarle la frente—. Ya váyanse, el inframundo los espera. Camus los seguirá luego.

En un segundo, las armaduras de Sagitario, Virgo, Leo y Libra se deprendieron de sus dueños y salieron despegadas como lo hiciera la de Camus hace unos momentos. Poseidón había cumplido su promesa.

—Vámonos —dijo al fin Saga, y todos lo siguieron. Milo fue uno de los últimos en partir. Al verlo, Shura posó su mano sobre el hombro derecho del escorpiano y le dijo:

—Es inútil llorar por la leche derramada, ¿entiendes?

Milo lo miró sin comprender y siguieron su marcha hacia el Inframundo. Y Surt permaneció allí, calentando con su cosmos a un moribundo Camus. Un Camus que no se imaginaba la que le esperaba una vez descongelado. Por suerte, el dios que mueve los hilos del universo, aquel dios oculto que las malas lenguas llaman "el dios de la prolongada haraganería y del buen vino", decidió crear justo a tiempo al caballero Mystoria de Acuario. Un caballero fuerte, noble y confiado en el cual los fans pueden ahogar sus penas mientras esperan la reivindicación del clásico Mago del Agua y del Hielo.