Los personajes pertenecen a SM.

Gracias a la increíble Jean por su increíble beteo.

FELICIDADES A NUESTRA QUERIDÍSIMA LISS!! AUNQUE NO ESTÉ POR EL MOMENTO :P

*NOTA: Vuelvo a repetir que la historia está en "pasado". Todo esto ya lo vivió Edward, está recitando su historia. Por eso habrá o hubo frases como: "Pobre ingenuo", "o eso creí yo", etc.

GRACIAS POR LEER Y POR SUS MARAVILLOSOS REVIEWS, NO LOS CONTESTÉ PORQUE TUVE EXÁMENES PERO INTENTARÉ HACERLO AHORA ¿OK? SALUDOS :D

Después de la boda, todo marchó de maravilla por alrededor de 5 meses. Nos casamos en junio con mis 24 años recién cumplidos y pasamos los primeros 5 meses disfrutando sólo de nosotros. En diciembre, recibimos la llamada de Charlie, la madre de Bella había muerto.

Esto nos afectó, tanto a ella, como a mí. Había aprendido que cada vez que Bella sufría una desgracia, intentaba aislarse. Pero no se lo permitía, no la quería ausente de nuevo. Decidimos ir al funeral y pasar las fiestas con su familia y la mía. Todo el camino Bella no dijo nada. Llegamos y nuestros padres nos acogieron con amor. Mi madre estaba muy feliz de mi matrimonio con Bella y siempre lo dejaba en claro.

El funeral fue sencillo, fue la gente que llegó a conocerla y apreciarla o simplemente gente entrometida que quería comer gratis después de eso. Bella no lloró, estaba ausente. Tomé su mano y besé sus nudillos, indicándole que no le permitiría dejarme solo de nuevo. Ella me miró y pude ver tanto dolor en sus ojos, pero sobre todo miedo.

Su madre había muerto porque habían olvidado cerrar su puerta y se escapó. Tuvieron que utilizar la fuerza y ella murió de un disparo. Sabía que Bella tenía miedo de terminar de esa forma. No sé por qué yo no sentí miedo de eso, todo lo que sabía era que la amaba más que a nada en el mundo y que no la pensaba dejar. Mi mundo giraba a su alrededor.

Terminó el servicio en el cementerio y la gente comenzó a buscar a Charlie para darle sus condolencias. Charlie lucía especialmente pálido ese día. Yo sabía que nunca había dejado de amar a Reneé, a pesar de todo. Entonces me encontré preguntándome si me pasaría lo mismo. ¿A caso seguiría amando a Bella si, por accidente, dañara a mi hija o hijo? ¿Seguiría amándola aun sabiendo que no era ella realmente?

Mi corazón se encogió y supe la respuesta a esa pregunta, era obvio que seguiría amándola. Decidí darle un tiempo a Bella con su padre, por lo que me alejé un poco. Fue cuando vi a Mike Newton fumando un cigarrillo cerca de un árbol. Me vio y sonrió, apagó el cigarrillo y caminó hacia mí.

-Vaya, vaya. Si es el niño estrella. ¿Cómo te ha tratado la vida Cullen?

-Excelente. Me gradué de la mejor escuela de arquitectura, tengo un trabajo estable y una adorable esposa.

-¿Esposa? ¿Te casaste? ¿Es linda?

-La más hermosa de todas -dije sonriendo presumidamente. Mike bufó. –Es Bella -dije esperando ver la sorpresa en su rostro. Y sí, apareció, pero además hubo burla.

-¿Bella Swan? –soltó una carcajada. –Te compadezco amigo, es decir es linda ¿Pero lo vale? Es hija de una loca.

-No tiene nada que ver y te agradecería que no hablaras mal de mi esposa ni de su madre.

-Sólo te lo advierto amigo, ella terminará igual o peor que su madre. Y tú terminarás como el pobre de Charlie Swan.

Con eso se marchó pero alcancé a ver que miraba sobre mi hombro. Cuando me giré Bella estaba ahí. No sabía cuánto había escuchado pero temí su reacción. No dijo nada y sólo extendió su mano. La tomé y nos marchamos a casa de mis padres.

Las fiestas fueron normales, aunque notábamos que Charlie estaba fuera de sí. Ya no era el mismo. No tenía vida, él simplemente coexistía. Cuando nos marchamos, Carlisle y Esme nos prometieron cuidarlo y avisarnos en caso de cualquier cosa.

Nuestra rutina en Phoenix se volvió a instalar. Nos acostumbramos a vivir juntos y éramos felices. Aunque notaba algo en Bella, se estaba conteniendo. Hasta que no pudo más con ello. Su primer ataque lo sufrió a los 22 años. Tres meses después de la muerte de su madre, cuando la tienda en la que trabajaba la despidieron. Fue como si sufriera una crisis nerviosa.

La fuerza descomunal que tenía era impresionante. Gritaba incoherencias y aventaba cosas a diestra y siniestra. Yo lo único que pensaba era en que ella podía salir lastimada. No tuve opción más que tomarla por atrás y retenerla. Si hubiera tenido un poco más de fuerza quizá hubiera ganado. Aunque logré retenerla. Pero entonces comenzó a querer golpearme.

-¡Bella! Por favor amor, vuelve a mí. No me dejes, no te hagas esto -susurraba en su oído. Ella comenzó a luchar con menos fuerza y yo seguí hablando. –Trata de luchar contra esto. Recuerda cuando nos conocimos, ¿recuerdas ese día? ¿Alguna vez te he dicho lo que pensé cuando te vi? –susurré en su oído. Su respiración era agitada y seguía soltando golpes de vez en cuando. –Pensé que eras una muñeca hermosa, la más hermosa de todas. Que eras mí muñeca. Sabía que el propósito de mi vida era cuidarte. Protegerte de todo mal. Y lo hago, incluso si tengo que hacerlo de ti misma -dije eso más para mí. Ya se había calmado. Pero aún luchaba por salir. –Te amo Bella -susurré sobre su cabello. Ella pareció relajarse por completo. Pero ahora era un peso muerto. Estaba desmayada. De inmediato subí al auto y la llevé al hospital.

La ingresaron y preguntaron lo que pasó. Pedí hablar en privado con el doctor. Le conté lo que yo sospechaba que estaba pasando.

-La esquizofrenia no es algo que pueda ser diagnosticado con exámenes Sr. Cullen.

-¿Entonces? –dije nervioso.

-Lo mejor es que por ahora la dejemos volver en sí.

-No quisiera que le dijera que puede tener esquizofrenia. Ella se altera mucho con eso. Su madre murió hace poco y puedo ver como ella se llena de miedo al pensar en terminar como ella.

-¿Cómo quiere que actúe entonces?

-Primero veamos si recuerda algo, si no lo hace puedo inventar algo.

-La única forma de estar seguros sobre su estado es dejarla en observación. Usted tendrá que revisarla siempre. Tendrá que cuidarse de arranques agresivos. Le daré una lista de síntomas.

El doctor se convirtió en el único que sabía lo que le ocurría a Bella. Decidí no contarle a Charlie o a mis padres, ellos no tenían por qué saber si nada estaba ocurriendo todavía.

Bella al despertar no recordaba nada. Le mentí diciéndole que había caído. No tenía nada lastimado, sólo los músculos desgarrados. Los cuales sentía como si hubiera hecho mucho ejercicio.

Volvimos a nuestra rutina, pero ahora cargaba sobre mis hombros un peso más.

Tres años más pasaron, debo decir que fueron maravillosos. Todo en nuestra relación progresaba a la perfección. Bella no volvió a presentar ningún indicio. Y después del primer año me relajé y comencé a gozar de la vida al lado de mi esposa.

Bella consiguió un nuevo trabajo y conseguimos disfrutar de los beneficios de ganar buen dinero. Viajamos a Europa en dos ocasiones. La llevé a esquiar a Canadá y a comer tacos en México. Nuestra luna de miel duró tres años y medio.

Cuando cumplimos cuatro años, decidimos que quizá era tiempo de agrandar la familia. Fue una decisión unánime, que quizá Bella dudó al principio pero después estuvo gustosa. No creímos que hubiera ningún problema y comenzamos a intentarlo.

Al mes nos dieron la noticia de que Bella estaba embarazada. Era uno de los hombres más felices del mundo. Tenía una hermosa esposa y ahora tendría un hijo. Los primeros meses fueron los más sencillos. Bella no presentaba muchos síntomas que nos indicaran el embarazo. Su cuerpo cambió ligeramente. En el cuarto mes se notaba a la perfección su pequeño bulto. Decidimos que quizá era hora de decirles a nuestros padres.

Viajamos a Forks un fin de semana y les avisamos a nuestros padres que iríamos. Bella se vistió con ropa holgada para que no lo notaran. Reunimos a todos en casa de mis padres y fuimos ahí. Esme nos recibió con un enorme abrazo al igual que Carlisle. Charlie estaba serio como siempre, su rostro pálido y más delgado. Su vida se había ido junto con la de Reneé. Lo que no entendía era por qué no salía adelante si tenía una hermosa hija.

-Muy bien, Bella y yo queremos decirles algo -dije sonriendo de oreja a oreja y tomando la mano de Bella.

Todos nos miraron y yo vi en el rostro de mis padres amor, mucho amor. Pero en el rostro de Charlie había miedo. Como si previera algo malo. Me puse de pie, atrayendo a Bella conmigo. Ella enmarcó su abultado vientre y sonreímos el uno al otro.

-Vamos a tener un bebé -dijo Bella con la emoción reflejada en su rostro. Esme soltó un gritito de emoción y corrió a abrazar a Bella. Carlisle se acercó a mí y dio unas palmadas en mi hombro.

-Felicidades hijo.

Pero algo faltaba en ese cuadro familiar. Cuando miré a Charlie su rostro denotaba preocupación, dolor, todo menos felicidad o inclusive paz por el hecho de que iba a tener un nieto.

-¿Papá? –escuché la voz de Bella. Se podía decir que se estaba conteniendo de llorar. -¿No estás feliz por nosotros?

-Sí, claro que lo estoy. Pero necesito salir un momento. Lo siento hija -con eso salió de la habitación y se escuchó la puerta de la entrada cerrarse. El motor de la patrulla y después nada. Un sollozo me sacó del estado de shock. Bella se sentó en el sofá y mi madre a su lado.

-No ha sido el mismo desde la muerte de tu madre. Tienes que entender que él la amaba muchísimo.

-¿Y a mí no? Cuando Reneé murió fue como si ambos dejaran de existir. ¿Qué a caso no le importo? –me acerqué a ella y la tomé en mis brazos. Mis padres se fueron en silencio para dejarnos hablar.

-Si yo te perdiera, mi mundo se derrumbaría. No podría vivir sin ti. Te lo digo desde ahora para que si pasa en un futuro, que de verdad espero que no, no me culpes. Te amo más que a nada en el mundo y es por eso -tomé su rostro e hice que me mirara. Limpié sus lágrimas con mis pulgares y besé su frente. –Es por eso que si algo sale mal y me dan a escoger entre tu vida y la del bebé, no habrá elección que tomar. No puedo vivir en un mundo donde no estés.

-Pero Edward, eso es horrible -dijo con los ojos como platos.

-Ya te lo dije, es sólo si algo llega a pasar. Quiero que lo sepas.

-Edward, yo moriría por mi bebé.

-Entonces quieres dejar al niño huérfano. ¿Quieres que viva la misma pesadilla que tú? Un padre al que apenas ve, el que apenas puede expresar sus sentimientos.

-Tú no serías así ¿O sí? –dijo sorprendida. Lo pensé por un minuto. Quizá sí, pero sería porque sin Bella no puedo vivir. Pero entonces estaría deshonrando su memoria.

-No, no podría porque seguro que sería el niño más hermoso del mundo. Se parecería a ti y sería una parte de ti. Lo cuidaría en tu memoria, pero sigo firme en cuanto a lo de la elección. No me vas a hacer cambiar -ella asintió ya más tranquila. Besé sus labios y la abracé con fuerza.

Regresamos a Phoenix ese mismo día. Mis padres nos felicitaron una vez más y Charlie no volvió a aparecer. Bella parecía lastimada, pero era fuerte.

Cuando fuimos a dormir Bella se veía intranquila. La atraje a mis brazos y acaricié su vientre. -¿Te he dicho que eres la muñeca más bella te todas? –dije susurrando en su oído. Ella asintió. -¿Te he dicho cuanto te amo? –de pronto sentí la necesidad de hacerle notar cuanto.

-Dime cuánto -dijo en un susurro. La giré para que quedara de frente a mí.

-Te amo más que a cualquier cosa, cualquier persona, más que todo. Eres mi vida -la besé en los labios y ella comenzó a llorar. -¿Qué sucede? ¿Te lastimé? –dije con horror.

-No tonto, es sólo que me gusta que me digas todas esas cosas. Yo también te amo más que a nada en el mundo.

Sonreí y nos quedamos dormidos como cada noche, en los brazos del otro.

Otro mes pasó, ya el quinto. Empecé a notar que Bella estaba algo ausente y que no dormía lo suficiente. Empezó a tener pesadillas, donde se llevaban a nuestro hijo. Ella lloraba descontroladamente cada vez que soñaba. Decía que lo veía descuartizado y siendo maltratado una y otra vez. Gritaba y se movía.

-Edward, haz que se vayan -me decía antes de dormir. –No quiero verlo de nuevo.

-Cantaré toda la noche si eso hace que se vayan tus pesadillas, estaré aquí envolviéndote en mis brazos. Nada pasará, ¿de acuerdo? –ella asintió. Cumplí mi palabra y por suerte no tuvo pesadillas. O al menos no se movió ni se despertó temblando.

Las pesadillas desaparecieron por completo por el sexto mes. Pero hubiera preferido que continuara con ellas si eso significaba poder tener a mi hijo en brazos en este momento.

Nuestra habitación tenía un enorme ventanal que nos hacía despertar con el sol en la cara. Cada mañana repetíamos la misma rutina. Yo me despertaba, la miraba por un rato y después abría los ojos. Y haciendo gala de levantarnos con el sol en la cara, nos decíamos el uno al otro "Good morning sunshine"

Pero esa noche estuvo lluviosa. Una de las dos o tres noches lluviosas en Phoenix. Fue como si la madre naturaleza lo supiera, o como si nos estuvieran advirtiendo que una desgracia más se avecinaba. Nos dormimos como cualquier otro día. Pero en un momento dejé de sentir el cuerpo de Bella a mi lado. Me desperté lo suficiente para ver que se encontraba de pie frente a la ventana. La luz de los rayos me permitía ver su figura.

-Bella, amor. Vuelve a la cama -dije recostándome.

-Creo que algo sucede con el bebé, Edward, -en su voz escuché muchas cosas. Miedo, pánico, dolor. Tanto que me impregnó de ello.

-¿A qué te refieres? –dije sentándome en la cama.

-No lo siento, no se mueve -dijo en un sollozo. Me asusté y fui a su lado al instante. Me miró, podía sentir su mirada. –Ellos vinieron por él -susurró. Pero no lo comprendí en ese momento, lo único que podía mirar era el charco de sangre bajo sus pies y sus manos cubiertas de esa sustancia que a mi Bella de la infancia hubiera mareado hasta el desmayo. Pero de nuevo no tenía a mi Bella frente a mí.

Comenzó a caer y la tomé en brazos. Corrí al auto y llamé a Ben para que tuviera todo preparado. Cuando llegué al hospital ya nos esperaban con una camilla y un grupo de enfermeras. Se la llevaron y Ben me dijo que debía esperar y me recomendó llamar a mis padres o al de Bella.

Así lo hice. Carlisle y Esme tomaron el primer vuelo junto con Charlie. Ahora sólo cabía esperar. Ben vino un par de horas más tarde. Su rostro me lo decía todo. Algo malo, una desgracia más se adjuntaba al libro de nuestras vidas.

-¿Cómo está? –dije en cuanto se acercó.

-Está delicada, pero bien.

-¿El bebé? –dije con un nudo en la garganta, sabiendo de antemano la respuesta. Él solo me miró y negó. Ben sabía lo ilusionados que estábamos. Traté de ser fuerte, de no llorar. Pero el hecho de pensar que mi bebé, el fruto de nuestro amor ya no estaba me hizo caer en la silla y comenzar a sollozar.

-Edward, hay algo más que tengo que decirte. Sé que estás pasando por un momento difícil. Pero tienes que acompañarme a mi oficina -asentí y lo seguí. ¿Cómo le diría a Bella? Ella estaba dispuesta a morir por su hijo. ¿Me culparía por lo que dije? ¿Creería que escogí su vida en lugar de la del bebé?

Cuando llegamos me senté en la silla y lo miré.

-Esto no es fácil, pero tengo que decírtelo. ¿Recuerdas que te dije que Bella podía sufrir de esquizofrenia? –dijo serio. Asentí. –Bueno, pues creo que lo que ocasionó el primer ataque de Bella hace años fue la muerte de su madre junto con el despido. Hechos fuertes marcan su vida, marcan su comportamiento. Lo cambia dependiendo del ambiente. Si está sufriendo de algo tan traumatizante como la pérdida de un hijo, hay dos probabilidades. Una, que se encierre en ella misma como tú mismo me has contado que hace. O puede que despierte esa bestia que ha tenido guardada tanto tiempo. La dejó salir una vez, puede hacerlo de nuevo. Tú lo viviste.

-¿Qué sucede si ocurre la segunda? –dije casi temblando. No de miedo, sino de dolor. De ver a Bella tratando de lastimarse o lastimar a otros.

-La única solución sería un hospital psiquiátrico -dijo bajando la mirada.

-Jamás, no la dejaré para que se hunda en su desgracia. Es mi esposa -dije casi molesto.

-No te alteres Edward, sólo te digo lo que es. Siempre puede que no pase eso con ella. Tendremos que esperar a que despierte.

Salí del consultorio de Ben y llegué a la sala de espera. Mi madre me abordó con un abrazo que no esperaba. Estaba llorando.

-¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Bella? ¿El bebé? –soltó de golpe mientras me miraba.

-Lo perdió, ella está bien. No sé lo que sucedió, me desperté y ella estaba de pie sangrando. Decía cosas sin sentido… -me callé al instante, no quería que mis padres sospecharan. Pero vi en los ojos de Charlie que lo sabía. Él lo había presenciado una vez. Mi madre me abrazó y lloró conmigo. Era el consuelo que necesitaba en ese momento.

Una hora después mi padre tuvo que llevarse a mi mamá, pues estaba cansada tanto emocional como físicamente. Me pidieron que les avisara en cuanto Bella despertara. Yo me quedé solo con Charlie. Él no había dicho una palabra desde que llegó.

-¿Ha comenzado, no es cierto? –dijo de pronto, sacándome de mis pensamientos.

-¿A qué se refiere?

-Lo mismo que su madre, está sucediendo de nuevo. Reneé comenzó después de dar a luz. Decía y hacía cosas sin sentido. No sabía qué era lo que pasaba. De pronto encontraba a Bella llorando a todo pulmón porque no había sido alimentada ni cambiada en todo el día. Reneé simplemente se iba al patio trasero y hacía cosas extrañas. Decía algo sobre gente que venía del espacio. O sobre lobos enormes que a la vez eran humanos. Creí que quizá estaba cansada y había visto muchas películas -puso la cara en sus manos y comenzó a sollozar. –Jamás me perdonaré el no haberla llevado con un médico.

-¿Por qué?

-Bueno, supongo que para estas alturas debiste ver la cicatriz que tiene Bella debajo de uno de sus pechos -lo miré entre sorprendido y sonrojado. –No me mires así. Lo sé porque cuando era bebé, Reneé la cortó -dijo sin mirarme. –Fue cuando supe que algo no estaba bien. Fui con un médico y me dijo que la única solución era que me mudara a un trabajo más tranquilo y le dedicara más tiempo. Fue cuando nos mudamos a Forks.

-Pero recuerdo a Reneé, ella no actuaba de forma extraña cuando la conocí.

-No, porque el hecho de estar en un lugar pequeño le ayudó mucho. Pero no era la cura. Reneé fue empeorando de poco a poco frente a mis ojos, pero yo me hice el ciego. No quería… -sus ojos se llenaron de lágrimas y guardó silencio por un momento. –No podía ver a mi esposa, mi vida, ser llevada a un hospital. Saber que debía estar ahí debido a una estúpida enfermedad. La controlaba cuando tomaba pastillas, es cierto. Pero tú mismo viste lo que pasaba cuando no. Esa vez, cuando dañó por segunda vez a mi niña, supe que no podía hacerme de la vista gorda, ya no. Si algo más le pasaba a Bella por mi culpa, no me lo perdonaría. Llamé al hospital después de que tú llamaste, por suerte tenían un camión de emergencia en Forks. Llegaron rápido, la amordazaron… -guardó silencio de nuevo antes de hablar. –La forzaron a ponerse una camisa de fuerza. Se la llevaron, frente a mis ojos -en todo el relato, él parecía distante, pero entonces me miró. –Quiero que sepas Edward que no he vivido nada más difícil aparte de su muerte, que verla siendo sometida por un par de gorilones. Tu padre tuvo que sostenerme para no abalanzarme sobre ellos. Y ahora la cosa se repite.

-Bella no terminará como su madre -él sonrió tristemente.

-Eso creí yo. La abuela materna de Bella sufrió de lo mismo. Esa maldita enfermedad que destruye a valiosas mujeres generación tras generación. Cuando Bella se casó contigo y se mudaron, sentí una horrible satisfacción de saber que no lo viviría de nuevo. No de primera mano. Sé que soy egoísta, pero ver a una mujer que amo de esa manera es suficiente.

-Yo no creo que Bella termine así, ella es fuerte. Sólo comenzó a escuchar voces porque tuvo un trauma fuerte. Eso fue todo, ella no avanzará más allá.

-¿Cómo lo evitarás? ¿Mudándote y poniéndole atención? No funciona Edward -me miró muy serio y puso una mano en mi hombro. –Tienes que entender desde ahora que el amor no es suficiente. Nunca lo es.

Se fue por un café mientras yo que quedaba pensando. El amor tenía que ser suficiente para nosotros, tenía que serlo.