Disclaimer: Todos los personajes de—Death Note—pertenecen a Tsugumi Ōba y Takeshi Obata así como a su editorial, por lo que no obtengo beneficio alguno al escribir esta historia además de pasar un buen rato de ocio.

.

.


.

.

De celos y obsesiones.

II

.

.


.

.

Un cumpleaños en el Wammy´s House era un día tan aburrido y normal como cualquier otro, un cumpleaños en aquel lugar era solo un recordatorio de que sus vidas no eran lo que esperaban, si no como debía ser. Era el saber que estaban solos y de que con cada año se acercaba el momento en que realmente se tendrían que valer por sí mismos, en que sus habilidades estarían puestas a pruebas, donde sabrían el verdadero significado de ser un genio en aquel mundo donde reinaba la ignorancia. Por eso un cumpleaños no era especial. Ni para él, ni para nadie. Demasiado trivial para darle un verdadero valor. Y era por eso que aquella frase sonó demasiado fuera de lugar, casi como una ofensa, aunque quizás exageraba, quizás era por la persona que la decía, quizás era por la sorpresa.

— ¡Feliz cumpleaños, Near! —Ahí estaba ella, esa molestosa chica con la sonrisa cantarina dibujada en su pálido rostro, intentando sacarle de quicio con aquel parpadeo ocasional y el rubor tiñendo sus mejillas, quien, al parecer, esperaba alguna respuesta de su parte, una que no daría.

— Pensaba darte algo—Reveló sonriendo con timidez pero Near no volvió a decir nada, se limitó a observarla mientras estrujó un mechón de sus blancos cabellos. Ella estaba perdiendo su tiempo.

— Aunque realmente no sabía que darte y…Mello dijo que no sería necesario—Ante la mención del rubio él solo abrió los ojos con extraña sorpresa, aunque no entendía bien el porqué, después de todo, los había visto platicar momentos antes.

— Tenía razónSe limitó a decir e hizo ademan de querer irse.

— Pero no le hice caso—La chica sonrió y extendió una caja forrada de color azul la cual él observó por unos momentos— No es muy grande —Se disculpó con un sonrojo—Mello no estaba de acuerdo…pero él fue quien me consiguió el regalo, espero te guste.

Near no apartaba su mirada del paquete ¿Mello lo había conseguido? ¿Por qué? Él no le agradaba al rubio, no había razón para que Mello hiciese tal cosa a menos que su interés por la fea chica frente a él fuese más serio de lo que pensaba ¿Tanto le gustaba? Tomó el regalo y lo sacudió levemente causando un ruido en su interior, la chica soltó una risilla que llamó su atención.

— Si lo abres te será más fácil saber que es—Sus ojos negros escudriñaron a la chica, alta y delgada con el cabello ahora hasta los hombros seguía siendo fea. Una conclusión a la cual llegó de forma apresurada, sin ser del todo objetiva, nublada quizás por el sentimiento de molestia que le provocaba aquella chica pero que de igual forma tenia arraigada sin querer desengañarse o reconsiderar sus juicios previos. No quería, no tenia porque. La joven frente a él se movió incomoda ante su mirada tomando un color rosa brillante en su habitual pálido rostro, eso le desagradó tanto como la sonrisa tímida y el brillo acuoso que se alojó en aquellos grandes ojos castaños, dándole esa apariencia de muñequita de porcelana que tanto le molestaba y que parecía tener un efecto enternecedor con cualquiera que estuviese a su alrededor.

Ternura. Ella parecía desprender ese sentimiento por cada uno de sus poros como si fuese hecha únicamente de ello ¿Era eso lo que gustaba a todos? Él nunca en su vida había experimentado aquella sensación o alguna parecida y nunca había deseado sentirlo. Tal vez se estaba mintiendo a sí mismo, probablemente era una hipocresía de su parte negar su necesidad humana de amor y los sentimientos derivados de este, pero no era inteligente de su parte y de nadie aceptar debilidades de ese tipo. Además él se negaba de forma rotunda a decir, aceptar o tan siquiera pensar que Linda, la fea y molestosa chica que le gustaba a Mello, podía hacerle sentir aquello que consideraba un tema Tabú.

Ella era fea y molestosa. ¿Por qué le gustaba tanto a Mello?

— No me gustas—Silencio. Esperaba, quizás, que ella preguntara el porqué de esa confesión, sus razones, unas a las cuales no encontraba pie ni cabeza porque ella tenía el don de hacerle sentir estúpido. Porque ella era molesta…y fea. Siguió retorciendo aquel mechón de cabello, sus ojos fijos en aquel rostro que había adquirido una expresión tan inmutable como la suya, sin su sonrisa traviesa, sin aquel brillo vivaz en su mirada. Ella solo permanecía ahí, de pie, con la respiración pausada. Como simulando ser una muy hermosa escultura de mármol.

— No me gustas—Repitió por segunda vez, saboreando aquellas palabras como si lo fuesen todo. Pero por una extraña razón, que se obligó a catalogar como efecto de su disgusto, se vio en la necesidad de recordarse por que le había dicho aquello. El trato especial, las confesiones de adoración, Mello. Razones simples, sin fundamentos, sin nada solido con lo cual apoyarse. Mentira. Si las había, él las veía frente a sí, tan palpables como los dulces en su bolsillo o el regalo entre sus manos. Ese regalo que Mello había conseguido solo porque ella se lo pidió. No lo entendía ¿O era que no quería entender? No, tonterías. Siempre era así. No había nada que pensar, él nunca se equivocaba.

Minutos después Linda solo se encogió de hombros y volvió a su habitual expresión risueña y respondió:

— Ya lo sabía.

.

.

.