Nota: este fic se da luego de Last stand, aunque en realidad es AU ya saben, diferencias horarias entre personajes y esas cosas. Además metí a Quill y Avalancha, solo por capricho.


Pyro POV

La misión era sencilla: buscar un grupo de mutantes con ciertos poderes que Magneto consideraba útiles para la causa, convencerlos de que podían cambiar la situación de nuestra comunidad y evitar que Charles Xavier llegue antes que nosotros. Lo usual.

Avalancha y Quill me flanqueaban. Eran dos idiotas, pero me caían bien y eran buenos soldados. Además, siempre estaban molestos por ser mis subordinados. Nunca comprenderé por qué es un niño les parecía un buen argumento, si aún podía patearles el trasero. Pero en fin, solo me hacían sentir bien conmigo mismo, por ser respetado.

—Ya saben qué hacer —les recordé, cuando llegamos a la casona que parecía estar abandonada.

—¿Mantenernos callados? —preguntó Quill.

—¿Parecer simpáticos? —dijo Dominick por su lado.

Puse los ojos en blanco, llevándome la mano a la frente con frustración. Quizás no eran tan buenos soldados, pero la Hermandad se estaba conformando con muy poco, luego de Alcatraz. Y encontrar tipos listos, dispuestos a la revolución, no era tan fácil.

—Solo… —Iba a recordarles el plan, pero me rendí antes de comenzar. Si luego de repetirlo seis veces, obligarlos a decírmelo en voz alta y volver a recordárselos, no entraba en sus mentes, dudaba que hacerlo una vez más funcionara—. Sí, permanezcan callados y parezcan simpáticos.

Llamé a la puerta. Era de noche, no esperaba que respondiera alguien, especialmente porque esos mutantes habían elegido una casona abandonada para ocultarse. Por eso me sorprendí, cuando una muchacha de mi edad abrió la puerta.

—¿Sí? ¿Qué necesitan? —La chica era bajita, de cabello azabache. La vi arquear una ceja cuando paseó su mirada por Quill y Avalancha. Los miré de reojo, solo para cerciorarme que sus estúpidas sonrisas, que intentaban ser simpáticas, tenían un tinte psicópata que debía espantar a cualquier chica, de noche.

—Somos de los tuyos. —Sonreí tranquilo. Alguno tenía que transmitirle seguridad a esa niña, sino podría recibir un portazo en mi rostro y arruinaría la misión, porque no me quedaría otra opción que incinerar la casa, con ellos dentro—. Queremos hablar contigo y tus compañeros.

—¿Quiénes son? —Su semblante se ensombreció. Dio un paso hacia atrás, tensándose.

—Soy Pyro —me presenté sin abandonar la sonrisa—. Ellos son Avalancha y Quill. —Señalé a cada uno de los zopencos. Quill sacudió la mano en el aire para saludar.

—¡Hay mutantes aquí! —gritó hacia adentro, sin quitarnos los ojos de encima. Seguramente, los otros estaban tomando posiciones defensivas. Debíamos tener cuidado—. Díganme, cuáles son sus poderes, ahora —nos ordenó con la mandíbula tensa.

—Será un placer. —Encendí mi guante de chispa, con la palma hacia arriba. Hice que la flama tomara la forma de una rosa—. Manipulo el fuego. —Seguía sonriendo. No iba a fallar en la misión, tenía que empujar mi arrogancia hacia atrás, con mucho esfuerzo—. Quill —lo invité a hacer lo propio.

Quill no respondió. Él ya no sonreía, no le gustaba que una niña bonita le diera órdenes. Lo sabía, pero de cualquier forma, se cubrió de espinas, sin mediar palabras.

—Yo creo terremotos —se apresuró a decir Nick, cuando lo miré—. No puedo demostrártelo. —Se encogió de hombros.

—Bien, ahora ¿nos dejaras pasar para hablar?

—Adelante —nos invitó con desconfianza.

Ya dentro, se presentó como Lisie. Se negaba a decirnos cuál era su don, al igual que los otros mutantes que la acompañaban: Chuck, un niño de cabello rubio y ojos negros; y Martin un muchacho gigantón de cabello verde.

Usé todas las artimañas vende-revolución-y-utopía que escuché de Magneto y Mystique, a lo largo de los años. Todas las frases de reclutamiento que conocía y la manipulación de la que era capaz. Pero no parecía estar funcionando con esos tres.

—Quiero que se larguen —Chuck le hablaba a los otros dos. Tenía un aspecto aniñado, no debía ser mayor de 16.

—Estoy de acuerdo —aceptó Martin—. Nuestros poderes no pueden servirles en una batalla —nos decía a mis soldadas y a mi—. Pueden irse.

—Los acompañaré a la puerta —nos avisó Lisie, poniéndose de pie, sin dejarnos hablar.

Cuando intenté detenerla para seguir, un jadeo aterrado de Chuck interrumpió.

—¡Vienen más! —gritó aterrado.

—¡¿Fue una emboscada?! —nos acusó Martin, al tomar la mano de Chuck, para ocultarlo detrás de él, en un gesto protector.

—¡No! —traté de explicarles—. No son de los nuestros.

Magneto me había dejado en claro que nadie interferiría en la misión, solo podía tratarse de los X-men.

Quill corrió hacia la ventana.

—X-men —fue toda su advertencia al cubrirse de espinas.

—Avalancha, distráelos. —Nick corrió para obedecer a mi orden. Apenas unos segundos después, el suelo comenzó a temblar—. Ellos no son de los nuestros —le explicaba a Lisie, que aún dudaba en lo que debía hacer, mientras los otro dos mutantes insistían en huir—, ellos protegen a los humanos que nos quieren destruir y luchan contra nosotros para que no logremos obtener lo que nos merecemos…

Se estaba desatando una batalla afuera. Quill fue a cubrir a Nick cuando le dediqué una mirada significativa.

—Nos vamos —le advirtió Martin, tomando a Chuck.

La tomé del brazo con fuerza, cuando retrocedió un paso, acercándose más a los dos mutantes.

—¡Suéltame! —me ordenó, ahora molesta y firme.

—No, debes quedarte. Sé que quieres hacerlo.

Avalancha atravesó la puerta, a mis espaldas. Coloso lo había golpeado, enviándolo a volar.

La escena no era buena para un reclutamiento.

—¡Suéltame! —volvió a gritarme, llevando la palma de su mano a mi rostro.

Solo puedo decir, que su don apesta.

Sentí lo mismo que cuando Rogue te tocaba. Cómo la energía te abandonaba, sintiéndote morir. Frío, dolor, y el deseo de que te soltara. Todo se volvió negro. Sentí el golpe en mis rodillas, mis piernas deben haber dejado de soportar mi peso, haciéndome caer. Mis oídos zumbaban, como si una bomba hubiera estallado a mi lado y el frío me calaba en los huesos. Quería gritar por ayuda, pero mi cuerpo no respondía.

No sé cuánto tiempo pasó, antes de comprender que yacía recostado en el suelo, desplegándose una batalla entre los X-men y mis hombres, frente a mí. Estábamos perdiendo y ni siquiera podía ayudarlos.

Cerré los ojos un momento. El aturdimiento y debilidad no me abandonaban. Cuando los volví a abrir, me encontré con Quill tratando de levantarme, sin éxito y Nick a sus espaldas, deteniendo a los X-men. Los dos idiotas aún no habían escapado.

—Largo… —Hice mi mejor esfuerzo para que mis palabras pudieran ser comprendidas, aunque no lograron ser más que un balbuceo patético—. Es una orden, soldado… Déjeme. —Lo último que vi, fue la expresión consternada de Quill, luego todo se volvió negro.


Bobby POV

—¿Por qué nadie me deja matar al pirómano? —refunfuñaba Logan—. No es como si alguien fuera a extrañarlo o algo.

Los otros dos habían huido, dejándolo atrás.

—Siempre dices que somos unos niños y no merecemos estar peleando —la vocecilla de Rogue habló, mientras estaba de rodillas junto a Pyro, quien permanecía inconsciente—. Pues John tiene nuestra edad —coronó su argumentó con una sonrisita. Todos sabíamos que Logan no podía ganar contra ella.

—Tiene pulso —dijo Kitty, que estaba revisando los signos vitales del tipo inconsciente—. Aunque su piel está fría. —Arrugó el entrecejo.

—¿Fría? ¿Cómo cuando tienes una hemorragia? —un tono de preocupación tiñó la voz de Coloso.

—No. —Sacudió la cabeza—. Quiero decir… John siempre tenía la piel caliente y ahora está… normal —la última palabra sonó más a una pregunta que a una afirmación.

—Es Pyro… —balbuceó la voz ronca del tipo de cabello castaño mientras se removía.

Rogue y Kitty dieron un respingo, antes de levantarse de sus lugares, para tomar posiciones junto a nosotros. Todos tomando posiciones defensivas alrededor de Pyro.

—Genial… —Se sentó con dificultad, tomándose la cabeza con una mano, con una mueca de dolor—. No sabía que en su escuela les enseñaban a mantener prisioneros… a no ser que pueda irme… —Sonrió arrogante al mirarse la mano derecha, que descansaba en su rodilla—. No creo que teman de mí ahora que tienen mi guante de chispa. —Su mirada gris se posó sobre mí, a sabiendas de que yo lo había tomado.

—Cierra la boca, Flamitas —le ordenó Logan, caminando hacia él para tomarlo del hombro de su chaqueta, obligándolo a ponerse de pie.

Pyro gruñó, tambaleándose y casi cayendo de nuevo, si no fuera por el agarre de Coloso a último momento.

—Rayos… —maldijo—. Creí que era como tu don, Rogue, pero prefiero mil veces tu toque antes que el de esa idiota.

—¿Qué parte de que cierres la boca no entiendes? —Wolverine puso sus garras en su garganta, sin soltarlo—. Ahora dinos ¿Dónde están esos niños?

—No lo sé, Wolverine.

—Los vimos irse un momento antes que los tuyos —le dije—. Deben haberlos alcanzado. Ahora dinos, a dónde los llevaron.

—Púdrete —replicó, logrando que Wolverine lo zarandeara y acercara más sus garras a la garganta, dejando que unas pequeñas gotas de sangre brotaran de la piel—. Solo les di la orden a mis soldados de que se marcharan. No de que atraparan a los mutantes. No era una orden el capturarlos.

—No te creo —gruñó Logan.

—Eso es tu maldito problema.

Wolverine sacó las garras de la garganta de Pyro, solo para darle un rodillazo en el estómago, haciéndolo doblarse. Un segundo después, lo obligó a retomar su posición erguida.

—Podemos hacer un intercambio de rehenes.

Todos miramos a la dirección de dónde provino esa idea. Kitty se sonrojó al ser el centro de atención.

—Si esos mutantes están con la Hermandad, es por motus propio —nos advirtió Pyro.

—Esto es una democracia —dijo Logan, haciendo caso omiso de las palabras del pirómano—. ¿Quién está de acuerdo con Shadowcat? Así evitamos volver a pelear.

Todos levantamos las manos en el aire, a excepción de Storm.

—Esto no es una democracia —le recordó Ororo—. Yo estoy al mando. Así que suelta a Pyro y ni se te ocurra volver a golpearlo.

—¡Ororo! —suplicó Wolverine.

—Logan, el Profesor está rastreando a los mutantes, en este momento. Cuando los encuentre, decidiremos qué hacer. Mientras tanto, Pyro se queda.

—¿Para qué se quedará? —le pregunté sin ocultar mi malestar.

—Porque está bajo los efectos de Lisie. Debemos vigilarlo.

—¿Estoy bajo los efectos de Lisie? —preguntó él, incrédulo. Ya no estaba pálido, seguramente se sentía mejor.

—Sí, ahora vamos.


Pyro POV

Admito que no me esperaba que los boy scouts me tuvieran de rehén. Lo peor que podía suceder era que me mataran, no creí que entre sus tácticas estuvieran el intercambio de rehenes.

Me obligaron a sentarme en el Ave Negra. Dándome tiempo de pensar sobre la mutación de Lisie. La chica podía intercambiar los poderes de los mutantes. Según yo, era una estupidez, pero a Magneto le parecía útil.

Ahora, si yo estaba bajo los efectos del don de Lisie, eso quería decir que no tenía mi don, sino otro. Bien, eso me dejaba en un problema: ¿Cuál era ese don?

El poder de Lisie, le permitía mantener en ella, un don que tomara de otro mutante y depositarlo en otro cuando quisiera, dejando a este último sin su don original. Gracias a mi experiencia, también sabía que, cuando eras su víctima, te sentías morir. Eso apestaba un poco.

Un momento… también cabía la posibilidad de que no tuviera ningún don. ¡Maldita perra! ¿Por qué estuve asumiendo que tenía un don? Quizás ella no guardaba ninguno en ese momento y ahora se está paseando por ahí con mi piroquinesis. Porque ni siquiera puede usarla.

Me sentía más frío y eso era molesto. Pero eso solo significaba que no tenía mi poder.

Estaba entrando en pánico. Yo era un mutante, yo era Pyro. No sabía ser humano, no sabía ser otra cosa. No podía ser otra cosa.

—¿Qué demonios…? —la nota de temor en la voz de Wolverine me hizo salir de mis cavilaciones. Sus cigarrillos flotaban en el aire, frente a él.

No puede ser…

Levanté un poco mi mano hacia él. Los cigarrillos volaron hasta mí.

—Telequinesis —murmuré sonriente.

—Mantente quieto —me pidió inseguro.

—Tú mantente quieto —ronroneé, haciéndolo volar hasta su asiento, abrochándole el cinturón. Luego desaté el mío, sin tocarlo y me puse de pie.

La telequinesis no era tan genial como la piroquinesis, pero me era útil hasta que encontrara a la idiota de Lisie.

Los demás se habían puesto en guardia, pero levanté mis manos a modo de rendición. Aunque me pareció gracioso, no necesitaba mis manos para matarlos, en ese momento.

—No pelearé —les aseguré—. Solo quiero encontrar a esa idiota para que me devuelva mi don. Lo juro.

—¿Por qué habríamos de creerte? —me preguntó Iceman.

—Porque, si quisiera, ya les habría roto el cuello. —Sonreí de lado. Ellos y yo sabíamos que era verdad. Así bajaron la guardia.


Nota: primer capítulo... volví a las andadas con los long fic. Además estoy trabajando en otro que pronto comenzaré a subir :3

Critica, comentario, lo que sea, es agradecido y respondido. Ya saben que no necesitan cuenta.

En el próximo capítulo aparece el querido Quicksilver y la Hermandad. Tratarán de solucionar este problemita del don de Pyro y... un nuevo encuentro con estos nuevos mutantes.

Be free, be happy.