Capítulo 2: Histeria.

Alguien corrió entre los pasillos oscuros verdaderamente asustado. Se había perdido...¡Pero no era culpa suya! ¿Verdad? Entró en uno de los tantos cuartos donde, por mala suerte, no había demasiados muebles y lo único que se le ocurrió hacer fue esconderse tras una silla temblando de miedo. Los gruñidos de los que, al parecer, el muchacho estaba escapando, se oían cada vez más cerca y este temblaba aun más.

- O-Ojalá f-fueras una persona, ¿e-eh, silla? Y-Y consiguieras e-e-esconderme y-y que no me pasara n-nada...T-Tal vez así-...

Pero no pudo continuar, pues el Castillo comenzó a temblar, algo común al parecer. Y el pobre hombre asustado, pensando que estaba comenzando a volverse loco por hablarle a una silla, se abrazó a esta, creyendo que así se le pasaría el terror. Debido al temblor, varios peldaños del techo cayeron, haciendo que la habitación quedara impregnada de polvo y fuera casi imposible el ver. El muchacho, intentando salir de su escondite, se levantó aunque era difícil por el pequeño terremoto que siempre sucedía en el lugar. Sus gafas cayeron al suelo, lo que hizo que su vista se volviera aun más borrosa, pero pudo escuchar una explosión y comprendió que lo que había quedado destruido era la puerta del cuarto.

El temblor había cesado, pero una alta figura se hizo presente al otro lado de la entrada. Su vista no le dejaba ver bien de quien se trataba, pero pudo distinguir sus ojos fríos y crueles a través de la neblina. Solo eso le bastó para averiguarlo y una cosa estaba clara, después de unos minutos, solo había dos respiraciones en la sala. Ninguna pertenecía al muchacho.

Mr. Chair no comprendía lo que acababa de pasar, sin contar con que no veía nada. Confuso comenzó a buscar por el suelo, haber si podía encontrar algo, lo que fuera, que le permitiera distinguir donde estaba. Sin embargo, encontró algo mucho mejor. ¡Unas gafas! Rápidamente, les limpió el polvo y se las pulso, sobresaltándose al ver a aquella "cosa" observándole con seriedad. No quería ni preguntarse de donde había salido el cadáver tras él. La "cosa" simplemente se marchó tras un largo rato de observarle, perdiéndose por el pasillo.

En alguna pequeña estantería de algún cuarto oscuro y cerrado con llave, una estatua de oro había caído al suelo por el temblor y de nuevo relució...