Causa Perdida

Capítulo 2: Ella es perfecta

Card Captor Sakura

Lady

Sintió la turbulencia pegando contra el plástico que separaba la ventisca y su rostro, se inclinó un poco pero sin dejar de mirar al frente y frunció el ceño con esa sonrisa altanera. Apretó el manubrio con mayor fuerza e hizo girar el acelerador.

El sonido del motor nuevo lo deleitaba y lo hacía sentir volar, pasando las calles con increíble rapidez, su ropa revoloteaba a su alrededor golpeándolo de vez en cuando pero no le importó.

Comenzó a disminuir su velocidad cuando reconoció donde estaba, hasta que él y su motocicleta entraron al garaje y ahí la detuvo totalmente. Se bajó mientras se quitaba el casco moviendo la cabeza de un lado a otro, su cabello alborotándose y su piel acostumbrándose al frío.

Dejó la moto y su casco atrás.

Ingresó a la iluminada casa con un sentimiento de cansancio desconocido hasta ahora por él que había sentido la adrenalina hacía unos minutos. Por más que intentaba ponerse al día en los estudios todo resultaba inútil, y eso que Seijo estaba atrasada en todas sus materias y ahora todo mundo lo consideraba un erudito.

¡Él, quien había sido catalogado un desastre en Tokio!

Una sonrisa de satisfacción se asomó en sus labios masculinos mientras se dejaba caer en el más amplio sofá de la sala de estar, y apoyó su cabeza con sus brazos por detrás. No podía estar más orgulloso de sí mismo, y hacía mucho tiempo desde la última vez, cuando había terminado la educación básica.

Levantó su maletín de piel y sacó varios cuadernos, con ecuaciones y fragmentos de poesía nacional entre sus hojas. Los revisó con cuidado inspeccionando cada tema, después los dejó a un lado y sacó otros, que lucían mucho más usados pero bien cuidados, los abrió con delicadeza y examinó que le faltaba por lo menos todavía la mitad de cada una.

Acercó más el papel a sus ojos para percibir con mayor nitidez la fina y esmerada letra que pertenecía a aquella chica de ojos verdes.

Era simpática y muy educada, siempre le decía lo bien que hacía los ejercicios de álgebra, las conjugaciones en japonés y traducciones de inglés, las competencias en deportes, las combinaciones químicas, los cálculos de fenómenos físicos, las fechas exactas de acontecimientos en la historia europea y todo tipo de conocimientos que parecía ella dominaba con la misma habilidad que él.

A veces aquella niña resultaba muy callada, pero era mucho más sorprendente darse cuenta de que era siempre la que iniciaba sus conversaciones con él cuando el salón estaba parcialmente vacío y cuando parecía que comenzaba aburrirse de la compañía de su amiga que era inseparable.

Y era algo extraño pues siempre estaba ocupada, siempre yendo de un salón a otro, de una junta a otra y dando anuncios, un ejemplo era el aplazo del baile navideño para gran tristeza de todos.

La otra chica, la de cabello grisáceo también resultaba amigable, más extrovertida que la castaña quien los miraba conversar –a veces pensativa- sobre cualquier tema sin importancia.

Recordaba un día en que terminaron hablando sobre los dulces regionales, comidas favoritas y todo tipo de recetas de cocina.

-¡Me alegra que estés estudiando tanto!-rió desde la entrada Yang, quien entraba tranquilamente a la casa con el portafolio en manos y quitándose el saco y el abrigo que llevaba sobre éste.- Le estás poniendo mucho empeño.

-No tanto como crees-murmuró indiferente, guardando todo en su maletín.- Estaba preguntándome cuando terminaré de ponerme al corriente, nada más.

Yang lo miró con curiosidad mientras se sentaba delante de él en un sofá más pequeño.- ¿Tan adelantados van? Debe estarte costando bastante-esto último lo dijo meditabundo.

-Todo lo contrario-suspiró con cansancio, incorporándose- Me temo que no terminaremos con el programa a tiempo para el final del curso. Pero…-reflexionó antes de hablar y mencionar a la chica de ojos verdes- …Quién me presta los apuntes… Los elabora bastante extensos…

Pensó en la posibilidad de pedirle a Daidouji sus cuadernos en lugar de Kinomoto porque de media página de dictado de cualquier alumno normal, la morena tenía mínimo una hoja y media del mismo título, con anotaciones extras y consejos para sí misma, observaciones que le habían servido a él para comprender cosas que en Tokio jamás hubiera captado.

Pero no podía cambiar de asesora sólo por ése motivo, también sería una descortesía pues la misma Kinomoto era la que se los ofrecía, siempre servicial. Y no era para menos si ella era la prefecta de la generación.

-Oh, bueno, siempre hay personas así en las preparatorias-comentó divertido, abriendo su portafolio sobre las piernas, rebuscó entre los papeles revueltos sin percatarse de que su hijo pasaba una mano sobre su cabello castaño.

-Y que lo digas… nunca había conocido a una persona tan…-miró el techo un momento, buscando la palabra adecuada pero al no encontrarla dijo lo primero que vino a su mente.- …tan esmerada… ¿Y tú, cómo te fue en el trabajo?

-Bien, muy bien-dijo, al notar la mirada ausente de su hijo sonrió-Shaoran, quería hablarte de algo importante-el chico asintió sacando de su mente el bonito rostro de su compañera.- ¿Recuerdas que me postularía para la Embajada China en Tomoeda?

-Algo mencionaste-respondió sin mucho interés- ¿Qué¿Buenas noticias?

-Mejor que eso, Kurosawa me mandó una carta y quiere que me postule-dijo con una sonrisa radiante, Shaoran abrió los ojos con sorpresa y parpadeó rápidamente.

-¿De verdad¿No era el que se oponía?-cuestionó incrédulo.

-¡Sí pero cambió de opinión!-Yang parecía realmente feliz, movía la cabeza al son de una canción que llevaba en la cabeza y que aún no se atrevía a tararear.- ¿Sabes que significa¡Que ganaré¡No hay duda!

De pronto la cabeza de Shaoran comenzó a trabajar a mil por hora.- ¿Eso significa no regresar a Tokio?

-Probablemente-dijo despreocupado, sin dejar de esculcar su propio portafolio.- Definitivamente no dejaremos Tomoeda ahora que nos hemos instalado.

-Ah-suspiró nada más, no había sentido en seguir discutiendo porque siempre obtenía el mismo resultado. Nada de dejar el pueblito y volver a su querido Tokio.

-Pero eso no era lo que quería decirte-añadió al ver como el muchacho se levantaba dispuesto a subir a su habitación.- ¡Ajá!-exclamó victorioso, sacando un sobre amarillo, dejó todo lo demás a un lado.- Me gustaría que le dieras un vistazo a esto…-Shaoran levantó una ceja al notar como las mejillas de su padre se sonrosaban.- Ya sabes que, me gustaría mucho que…

Li sabiendo por donde iba tomó el sobre de sus manos y se alejó.- Lo revisaré.

-¡De acuerdo!-respondió, sin dejar su buen humor de lado.- ¿Te gustaría pasta para la cena?

El chico respondía un tranquilo "sí" desde las escaleras. Su cuarto resultaba muy parecido al del departamento en la ciudad, con todo de tipo de lujos que un adolescente podía desear y que no afectaban su vida cotidiana.

El espectacular equipo de audio con repisas vecinas llenas de compactos de música contemporánea y clásica. En contraste el elegante escritorio y su silla que alguna vez habían pertenecido a su padre, en sus inicios en la política en su pequeña oficina. La amplia cama que era mucho más baja que los demás muebles pero era más mullida de lo normal, como a él le gustaba.

Las mesitas de noche adornadas con lámparas que combinaban con el tapizado verde olivo. Un enorme armario con toda la ropa que tenía, y el librero no lleno sino atascado de ejemplares de todo tipo.

Se sentía algo preocupado por lo que le había contado su padre, ese tal Kurosawa resultaba ser un convenenciero –o eso intuía-, no entendía sus razones para ese cambio y tampoco le interesaban. Siempre y cuando no afectara a su padre.

Le dio una vuelta al sobre esperando ver alguna pista de lo que contenía. Se sentó en el borde del lecho y comenzó a abrirlo, rodó los ojos cuando sacó un folleto bien diseñado con un toque aristocrático que llamó su atención.

Leyó con detenimiento la palabra Universidad. Se fijó mejor en la palabra Facultad y después en Leyes.

Dio un largo suspiro de resignación.

No encontraba como librarse de esa petición especial de su padre, seguir sus pasos… su ejemplo… su labor social y todas las cursilerías que significaba pertenecer a una dinastía como lo era la Li.

Desde el antepasado más remoto que conocía hasta su padre –y seguramente él también y sus hijos, si es que los tenía…- habían sido hombres inmersos en la política.

En la aburrida política.

Era un compromiso del cual no sabía como deslindarse… ni tampoco como hacer que su padre desistiera de la idea. ¿Cómo lograría convencerlo? Recordaba perfectamente su último día de quinto de primaria cuando un Yang más joven recogía a su hijo.

-¿Cómo te fue?-había preguntado feliz, pues Shaoran tampoco podía disimular su entusiasmo por el comienzo de las vacaciones de verano.

-¡Perfectamente!-respondió el chico, pasándole la hoja con sus calificaciones.- ¡Hasta deberíamos ir a celebrar!-insinuó con una sonrisa enorme por liberarse de las responsabilidades escolares.

Como todo niño de once años.

Yang se dio cuenta de que Shaoran tenía razón, eran las mejores calificaciones del grado que había visto por parte de su hijo.- ¿Ir a comer?-sugirió, encendiendo el motor mientras el muchachito de abrochaba el cinturón de seguridad.

-¡Quiero café!-corrigió el joven Li, pasando descuidadamente su mochila al asiento trasero del anterior auto del político. Un modelo más familiar.

-¿Café¿No estás muy chico para eso?-cuestionó sin imaginarse como su hijo había tenido acceso a dicha bebida.- Shaoran…

-¡Hay un anuncio de café con chocolate!-se defendió al ver que el hombre sospechaba de su inocencia, cosa que lo ofendía.- ¡Y tiene un montón de crema encima¡Y es helado!

-Ya veo-murmuró aliviado, no quería que su pequeño comenzara a hacerse adicto a algo como eso, y que después no pudiera comenzar el día sin una taza humeante como él.

Cuando llegaron al glamoroso establecimiento y se sentaron en unos sillones de tipo moderno, el Shaoran niño no tardó en pedir la bebida que había visto anunciada en la televisión, la mesera quedó encantada con aquel chiquillo y su fluidez al hablar que lo hacía ver como un adulto miniatura.

-¡Mira!-la expresión de asombro en el rostro de su hijo deleitaba al hombre, quien miró en la dirección que señalaba el niño. Un estante lleno de libros en venta. Sin preguntarlo siquiera el chico se levantó y se dispuso a buscar algo que llamara su atención.

Sus ojos se volvieron tintineantes y dorados cuando encontró una pasta que tenía la figura dibujada de un detective y una casona que parecía embrujada. Lo tomó con prisa y corrió hasta donde estaba antes sentado con Yang.

-¡Mira esto!-parecía demasiado entusiasmado para darse cuenta de que la orden había llegado, con una apetitosa presentación y un platito de galletas de chispa de chocolate al centro de la mesa circular. Hojeó el objeto de su atención buscando una línea interesante.

-¿De que se trata?-preguntó el político dando después un sorbo largo a su café americano.

-¡Policías y ladrones!-contestó, aquel brillo en sus ojos no había desaparecido. Y sus mejillas infantiles comenzaron a colorearse al ver la mirada interesada de su padre.

-No sabía que te gustaban esos libros…

-¡Me encantan!-gimió a lo que el progenitor de Shaoran asintió.- ¿Sabes¡Me gustaría ser policía de grande!

Yang tragó pesado, su rostro se volvió extrañamente pálido pero el niño no parecía darse cuenta pues estaba muy entretenido contemplando la portada del libro mientras bebía el café con chocolate por el popote.

El hombre dejó la taza sobre el platito que le hacía juego, y miró a su hijo preocupado.- Shaoran…

Levantó su mirada castaña con ese brillo peculiar, su cara aun redonda y tierna tenía aquella expresión interrogante. Yang hubiera jurado que si Shaoran tuviera los ojos negros como él y no hubiera heredado los preciosos ojos de su esposa Ieran, hubiera sido como verse en un espejo a si mismo.

-Quizá nunca…-comenzó pero se interrumpió, reflexionando.- Me gustaría contarte, algo, sobre la familia.

Shaoran asintió vehemente, no había cosa que le gustara más que los libros excepto un fantástico relato de la dinastía Li. La mejor familia a consideración de él, aunque muchos años después cambiara de opinión.

-¿Quieres escucharlo?-inquirió sabiendo la respuesta de antemano. Shaoran movió la cabeza enérgicamente para afirmar.

-El primer Li era un hombre que se dedicaba al campo, como bien sabes… era humilde y honesto. Como tú-Shaoran infló su pecho lleno de orgullo y sus ojos se entrecerraron con la sonrisa altiva.- Pero un día se dio cuenta de que, en su aldea en China, había mucha injusticia.

Eso le interesó al chiquillo quien hacía que su mente desarrollara toda un cuento maravilloso, con su más antiguo ancestro –que en su cabeza se parecía a su padre- como una especie de superhéroe, de inmediato sus ojos viajaron al detective de la pasta.

Su ancestro… ¿un detective? No dio a conocer sus sospechas.

-¿Hizo algo al respecto?-preguntó impaciente al ver que su padre no continuaba con su relato y bebía café.

-¡Oh, claro que lo hizo!-exclamó, asombrado por la pregunta.- ¡Claro que sí…!

-¡Lo sabía!-se levantó entusiasmado, apoyando sus manos en la mesa y acercándose más a su padre, sosteniéndose con las rodillas en el asiento.- ¡Se hizo detective!

-Eh…-Yang sintió su sonrisa temblar y borrarse ante su intento fallido por mantenerla.- No precisamente.- Shaoran parpadeó confundido.

-¿Ah no?

-Nop-volvió a sonreír al ver como su hijo volvía su mirada incrédula a una llena de curiosidad.

-¿Entonces?

Yang se irguió en su asiento, Shaoran volvió a sentarse correctamente mientras esperaba la respuesta.- Se hizo político.

Vaya noticia… tan decepcionante.

-A-Ah…

-¿Y te digo algo más?-el pequeño Li asintió sin estar muy seguro de escuchar, algo le decía que no era buena idea y que debía negarse. Pero fuera por su inocencia o por que no le quedaba otra opción, asintió silencioso.- Cada uno de los miembros varones de la familia Li ha sido político. En China hubo muchos problemas políticos y los Li tuvieron un papel muy importante en cada etapa.

-¿Entonces que hacemos en Japón?-inquirió levantando una ceja, sin creer del todo eso. Por que él no quería ser político, su padre tenía que estar bromeando. Aunque muchos años después se dio cuenta de que Yang nunca lo hacía.

-Bueno, soy una especie de embajador. Eso es ser un representante de tu país en otro-Shaoran sabía eso pero no lo dijo.

-¿Eras embajador en China¿Eso se puede?-insistió, sin comprender muy bien como era posible que su padre trabajara de embajador siendo joven cuando vivía en su tierra natal.

-Entré en el servicio nacional extranjero en China-explicó serenamente- Y me mandaron a diferentes países, hasta que me mandaron a Kyoto. Ahí conocí a tu madre.-Shaoran asintió, Yang guardó silencio recordando inevitablemente el nacimiento de su hijo en aquella ciudad y la muerte de su esposa.- Y después nos mudamos aquí, a Tokio ¿Recuerdas?-el chiquillo volvió a afirmar.

-¿Puedo ser embajador yo también?-preguntó señalándose como si no lo creyera posible.

-¡Claro que sí!-dijo alegremente.- Pero tendrás que representar a Japón como yo lo hago con China.

El pequeño Li frunció el ceño, él no quería representar a Japón, quería como toda la dinastía Li trabajar para China. Si es que llegaba a dedicarse a la política, claro…

-¿Y por qué?-cuestionó.

-Por que eres japonés-respondió, entendiendo sus objeciones.- Pero también eres chino… Aunque me gustaría más que fueras un político japonés, es mucho más interesante… Además, ésta es la tierra natal de tu madre-un silencio se apoderó de los dos, Shaoran bajó el rostro disimulando tomar su café dulce- A ella le hubiera gustado, estoy seguro.

-Sí…

Al terminar los dos con sus bebidas el niño había corrido tristemente a dejar el libro del detective en su lugar.

Sus recuerdos se desvanecieron al escuchar los gritos de su padre desde la planta baja, pidiéndole ayuda para poner la mesa.

-¡Ya voy!

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El camino a la escuela no parecía tan reconfortante como siempre, ni el aroma a flores, ni la tranquilidad que se sentía ahí podía relajarla. Su cerebro trabajaba a toda velocidad sin llegar a ningún lado.

Tenía un mal presentimiento.

Mordió sus labios cuando se adentró por los pasillos de Seijo hasta su casillero, saludos huecos y simples llegaron hasta ella, y solamente se limitó a dar cabezaditas ajenas.

Miró de reojo a la chica de a lado quien la había saludado y se disponía a sacar y guardar otras cosas en su bolso. La reconocía como una compañera de salón que siempre dejaba sus cosas olvidadas para la hora de deportes…

Entonces distinguió un destello en su cabello negro y liso, que brillaba sin ningún tipo de luz adicional. Un adorno de piedritas rosadas acomodaba ligeramente un mechón de cabello. Era lindísimo, ella no tenía el dinero suficiente para comprar algo así, necesitaría varios meses de ahorro de la pobre mesada que le correspondía, lo admiró en silencio sin que la otra joven se percatara.

Cerró el casillero silenciosamente y dio la vuelta.

-¡Hey Sakura!-miró sobre su hombro a Chiharu corriendo hacia ella arrastrando consigo a Yamazaki quien sonreía como si nada sucediera. Detrás de ellos venían Eriol, Tomoyo y sus demás amigas.

-Buenos días-saludó amablemente, cuando llegaron todos a su lado.

-¡¿Es en serio lo del baile?!-cuestionó Naoko quien parecía muy sobresaltada, como si no pudiera captar la información.

Kinomoto afirmó, recordando no haberla visto algunos días.- ¿Estás mejor?-preguntó desviando el tema. La castaña de anteojos asintió con sus mejillas encendiéndose, Sakura le sonrió tenuemente.- Menos mal.

-Sólo fue un resfrío…-murmuró avergonzada Yanagizawa.

-¡Aún no nos explicas porque fue aplazado!-Sakura la miró como si no comprendiera de que hablaba, Chiharu chilló.- ¡El baile!

-Oh…-abrió la boca pero volvió a cerrarla de inmediato.- No puedo contarles, asuntos confidenciales.-dijo sin más, comenzaron la marcha de nuevo hacia el pasillo de terceros.

-¡Pero somos amigos!-insistió.- ¡Nadie se enterará!

Sakura dudó aquello pues era casi seguro que si se lo contaba a Chiharu esa mañana, para el final de clases toda la escuela estaría enterada.

-Déjala tranquila-pidió Rika, temiendo molestar a la castaña que lideraba el grupo.- Además ¿No te da más tiempo para comprar un vestido?

-¡Tienes razón!-razonó, más entusiasmada.- Pero aún así, me gustaría saber…

-Todo a su debido tiempo, miss Mihara.-sonrió Eriol, con esa afabilidad que sonrojó a las chicas, esputando a Sakura que no lo miró por ver al frente.

-¡Presidenta!-la misma niña rubia cargada de cuadernos se acercaba a la ojiverde dispuesta a rendirle pleitesía y presentarle un informe completo de todas las actividades a realizar.- Quería recordarle que es necesario que hable con el director sobre…-miró hacia todos lados, ante las miradas ofendidas de Chiharu y Naoko se acercó a Sakura para susurrar y decir confidencialmente.- …Los robos que ha habido… Hay que ponerle una solución…

-Lo sé perfectamente-dijo con algo de frialdad, que dejó pasmada a la jovencita.- Y creo que debo recordarte por milésima vez que quien tiene que decirme todo esto es mi vicepresidenta.

Pasó de largo siendo seguida por los demás, la mirada furibunda y azulada de la niña se clavó en Tomoyo, quien también la observó.

-¡Mira quien viene!-la voz de Yamazaki sonaba entusiasmada, y levantó un brazo para darse a notar entre la multitud.- ¡Por acá Li!

Sakura sintió que su cara se contrajo mientras mordía su labio inferior, apretó tanto sus puños que dolieron sin embargo se giró lentamente con su brillante sonrisa.

-Buenos días-saludó en general, reconociendo todos los rostros jóvenes del grupo. Reparó un momento en el de Sakura, notando que se veía preciosa como cada mañana pero despegó sus ojos de inmediato, pues Eriol le habló.

-Parece que a alguien se le hizo tarde-su acento hizo reír disimuladamente a Shaoran quien asintió con la cabeza.

-No oí el despertador-explicó, comenzando a avanzar.

Los tres varones caminaban juntos, escoltando al montón de jovencitas, Chiharu y Naoko discutían altivamente sobre los motivos del aplazo del baile, Rika las oía silenciosa. Tomoyo caminaba junto a Sakura quien parecía seria.

-Te noto extraña-se estaba comenzando a acostumbrar a ese humor tan raro en su amiga castaña, quien generalmente siempre estaba accesible y agradable, pero había sustituido eso por silenciosos tan largos que la exasperaban. No la comprendía aunque la conocía tan bien como la palma de su mano.

Sakura era un libro abierto para ella y seguía haciéndolo hasta que evitaba mirarla a los ojos, o se quedaba callada. Es cuando sabía que algo estaba mal…

Y ella, su mejor amiga no podía hacer nada por pura ignorancia. Pero ¿Qué podía hacer si ella no le confiaba sus problemas?

-Es tu imaginación-la evadió Kinomoto, sin dirigirle si quiera una mirada de soslayo.- Tomoyo…-llamó, la amatista asintió para dar a entender que la escuchaba.- Pensé que ya habíamos hablado…

Daidouji sabía que se refería a esa niña insistente que quería su puesto.- No creas que por ser mi amiga tendrás siempre la vicepresidencia, te la ganaste pero la estás descuidando mucho.

Tomoyo bajó su rostro blanco y en sus ojos había cierta sombra de tristeza.- Lo siento Sakura… pero…-apretó con fuerza las asas de su bolso, colgando de su hombro.- No creo estar segura de querer continuar… en mi puesto.

Lo dijo tan lentamente como si esperara que una bomba estallara pero eso no sucedió, fue mucho peor. Sakura se detuvo abruptamente y se giró para verla de frente.

-¿Cómo puedes decir eso?-su voz aparentemente serena hacía que la piel de Tomoyo se enchinara, era mucho peor que escuchar gritos o una mirada reprochadora.- Luchaste mucho y…

Pero Daidouji la interrumpió, sin importar que hubiera tanta gente ahí parada, algo alborotada e incrédula, tanto que no les prestó atención.- Son muchas responsabilidades, y quiero estudiar para mi examen en la Universidad.-aclaró, con las mejillas rojas.- Además, quiero… probar cosas nuevas.

El resto del grupo, mucho más atrás, no se percataba de su conversación pues las suyas propias los tenían más entretenidos.- ¿Cómo cuales?-sonrió tenuemente, esperando con eso que Tomoyo confiara en ella y confesara.

-Pues…-parecía que no podía hablar, como si un nudo se hubiera formado en su garganta. La paciencia de Sakura estaba acabando con ella.

No había ruegos ni nada parecido, pero la actitud pacífica de la castaña estaba acabando con sus nervios.

Sakura levantó una ceja al ver de pronto los ojos perdidos de Tomoyo, su amiga tenía la boca abierta y casi creía que tocaría el suelo si no le avisaba. Frunció ligeramente el ceño al ver que ya no le estaba prestando atención y se dio la vuelta para ver que la había distraído.

Sus ojos verdes se abrieron como platos y su boca se secó, algo caliente en su vientre viajó hasta su rostro que comenzaba a quemarle. Un sentimiento intenso e insoportable se presionaba contra su pecho, algo como furia.

Tembló y no solo por el dolor de su mandíbula apretada o de sus dientes rechinando silenciosamente.

-No puede…-susurró Tomoyo, todavía demasiado impresionada.

-…Ser…-terminó Kinomoto, con un hilo de voz que nadie escuchó. No se enfadó cuando Chiharu chocó contra su espalda, ni siquiera se inmutó, como si no hubiera sentido nada.

Mihara adquirió la misma expresión en su rostro, después Naoko y Rika. Los chicos extrañados también miraron en su dirección.

La conmoción fue general, por un momento Shaoran se quedó con la cabeza en blanco sin saber como comportarse ante ese nuevo suceso. Uno que no se había visto antes…

Enmarcado en madera reluciente y con un fondo verde y aterciopelado estaba un cuadro, en el medio de la pared. La foto de Tomoyo con su sonrisa de oreja a oreja estaba en una esquina sostenida con las tachuelas doradas, debajo rezaba Tomoyo Daidouji. A un lado y con las mismas tachuelas estaba colocada la foto de Sakura, con esa sonrisa angelical, pacífica y bien conocida por todos lados, su nombre estaba ahí también. Pero lo más sorprendente era la que estaba arriba de éstas dos con el rostro de un castaño, uno conocido por su nuevo ingreso. De expresión seria se notaba que sólo se había tomado la foto por mero trámite.

Ahí, en la cúspide, declarando su primer lugar.

Shaoran sintió las mejillas arder cuando se percató de todas las miradas sobre su figura y frunció el ceño, comenzando a avanzar sin esperar a alguien, pues aún parecían demasiado estupefactos.

No le interesaba ser el centro de atención. Y tampoco toparse con la mirada de verdosa de Sakura, que seguramente como todas las niñas patosas y matadas lo miraría con enojo y le retiraría la palabra.

¡Pues al diablo! A él… No le importaba.

Se apresuró pero ya sentía la pesadez de todas las miradas llenas de curiosidad pero sobre todo de admiración. ¡Había superado a la presidenta!

El salón estaba parcialmente vacío, con algunos que seguramente ya habían visto la tarima con su nuevo brillante lugar en la sociedad estudiantil pues lo miraban fijamente.

Incómodo se sentó en su sitio y prefirió mirar por la ventana, la vista estaba obstruida por las ramas pelonas de los árboles. El fastidio que le causaban los cuchicheos estaba por colmarlo cuando se detuvieron.

Volteó para encontrar a Sakura en el marco de la puerta, quien disimulaba buscar algo en su bolso. Tenía el rostro tan rojo que había tenido que ocultarlo con su flequillo, Tomoyo la seguía silenciosa sin saber que decirle.

Cuando levantó la mirada sus miradas se encontraron, había un bonito color avellana con esa profundidad chocolate y el destello del día en sus ojos. Los preciosos ojos que acababa de descubrir no parpadearon ni se apartaron.

Shaoran pasó saliva dificultosamente al detectar el verde esmeralda, ya podía imaginarla dando grandes zancadas y con una expresión frenética en su rostro, lista para sacar su lado fiero –y desconocido- y aunque eso le causaba cierto nerviosismo también le entusiasmaba.

Muchas veces intentó imaginarla en sus ratos libres, pero nunca lo logró.

Kinomoto avanzó como si nada sucediera, como si no le afectara…

¡¡Cuando en realidad en su interior un monstruo estaba creciendo y rugiendo colérica, iracunda y loca!! Intentaba contener la sangre en su rostro, muchas personas sonrieron al notar como cerraba los ojos con las mejillas sonrosadas: lucía tímida y hasta tierna y nadie podría sospechar que en realidad trataba de contener un montón de gritos para ordenarles que dejaran de mirarla.

-Li-llamó con una suave voz, todos los observaban esperando ver la reacción de su presidenta ante su segundo lugar por primera vez.- Lo hiciste genial, te felicito.

Se quedó sin respiración y el asombro y la incredulidad se apoderaron de él. Ella se sentó tranquilamente y comenzó con Tomoyo a arreglar un montón de cosas referentes a la administración que le correspondía, Daidouji miraba de soslayo a Li quien intentaba hacerse el desentendido mirando por la ventana.

El día transcurrió de lo más normal, Sakura hablaba como siempre, sonreía como siempre, se mostró hábil en deportes como siempre. Todo como siempre. ¿De verdad no estaba resentida?

Descartando esa duda fue sincero cuando le correspondió con un gesto igual mientras se despedía, sentía como algo se inflaba en su pecho, algo parecido a la felicidad, algo como la satisfacción y la tranquilidad de no sentirse culpable.

Sakura era una joya.

Guardó sus cosas lentamente después de ver las espesas y oscuras nubes en el cielo, mejor darse prisa, pensó. Tomoyo se había despedido mucho antes que Sakura diciendo que tenía ensayo en el coro. Incluso eso sorprendió a su amiga quien no se esperaba caminar hasta la dirección sola.

-Tomoyo… sobre…-pero la amatista la interrumpió.

-¿Hablamos luego?-parecía con demasiada urgencia, ella apenas asintió y Daidouji salió disparada por el umbral.

-"Me gustaría ayudarle"-pensó sin saber de donde había nacido esa solidaridad, que no era fingida. De pronto sentía que esa niña necesitaba de todo el apoyo posible. Ya no veía a la jovencita que le prestaba los cuadernos, ahora veía a quien realmente era…

Había encontrado una palabra para describirla.

Perfecta

Sólo alguien así podía dejar de guardar rencor, el mismo que cualquiera sentiría –podría ser que hasta él mismo… en otras circunstancias- si había sido arrojado del pedestal.

Y Sakura estaba en uno demasiado alto.

Pero a ella parecía no importarle, parecía impropia del mundo que la rodeaba como si ignorara toda la presión que llevaba sobre sus hombros, lo que la gente esperaba de ella y todo eso lo sustituía por ser ella, por ser una persona común y corriente.

Simplemente, una chica. Como cualquier otra.

Una que resultaba perfecta por sí misma.

Suspiró sin poder creerlo aún, tomó su maletín y salió a los solitarios pasillos, pensó que Seijo lucía mejor sin tanto alboroto. Bajó un montón de escaleras, a las que pronto se había acostumbrado, el sonido de las gotas de agua golpeando las ventanas era lo único que corrompía el silencio.

Se paró frente a la entrada principal de cristal, observando el diluvio que caía.

Se acomodó el saco mientras se sentaba en unos bancos cercanos, esperando a que se disipara un poco. Era como una cortina espesa de agua. Pensó con frustración en la motocicleta que estaba escondida en ese mismo instante en un parque cercano.

Esperó mucho tiempo… miraba a cada rato el reloj, estaba preocupado. Su preciado regalo estaba ahí expuesto y la lluvia no disminuía su intensidad.

-¡Hoe!-

-"¿Hoe?"-volteó un momento y vio que la castaña bajaba las escaleras, con el saco en el brazo, la camisa blanca desfajada y la corbata sin nudo. Iba casi arrastrando el maletín. Shaoran pensó que aún así lucía atractiva y con un aire más distraído y fresco.

Ella no se había percatado de su presencia, siguió bajando.- ¡Parece que se cae el cielo! Y yo que tengo que…-dijo para sí pero se interrumpió cuando advirtió a Li, quien la miraba extrañado.

¡Demonios!

Se mordió un labio delicadamente, estaba a punto de descubrirse a ella misma comenzando a comportarse como Sakura Kinomoto. Había sido un mal día, ambos pensaron eso, y también ambos coincidieron en que esa era la excusa para su inusual comportamiento –y apariencia-.

-No sabía que te ibas tarde-le dijo sonriendo, acercándose al muchacho quien ladeó un poco la cabeza.

-En realidad no, es la primera vez-respondió, viendo como ella se sentaba a su lado, con todas sus cosas sobre su regazo y lanzando un suspiro de fatiga fingida que Shaoran a penas percibió.

-Tendremos que esperar si no queremos resfriarnos-opinó mirando por la puerta traslúcida. Sin querer ambos levantaron su mano derecha para fijarse en la hora, y ambos la bajaron al mismo tiempo.- Es…-susurró tímidamente.- …Bastante tarde…

-Si…-un incómodo silencio se apoderó de ambos, Li pasó una mano por su cabello revolviéndolo más de lo que ya lo llevaba. La miró de reojo, ella jugaba con una manga de su saco. No pudo aguantar las ganas de preguntar.- Kinomoto…-ella le puso atención.

-¿Si?

El moreno se mordió la lengua.- ¿No… estás molesta por lo de…?-Sakura parpadeó, pretendiendo no comprender de que hablaba.

¿Qué si estaba molesta?

Molesta era poco.

-¿Lo de ésta mañana?-inquirió, inspirándole confianza con esa sonrisa mediana. Cerró sus ojos para agrandarla.- ¡Claro que no!

¡Se moría del coraje!

-¡Me alegra mucho que haya gente tan inteligente como tú!-abrió los ojos para observarlo.- ¡Es increíble que haya gente así en la preparatoria!

¡Hasta ahora nadie como ella!

-Lo mismo…-parecía bastante sorprendido, y ella no comprendía que podía estar pasando por ese cerebro. Estaba segura de que si no fuera por su ayuda ese hombre estaría estancado y sufriendo por ser un perdedor.- …pensé yo… Eres en verdad asombrosa…

Ella lanzó una risita, pasó un mechón de su cabello por detrás de su oreja. Shaoran la miró embelesado… ¡Era maravillosa!

-No, doy mi mejor esfuerzo… -lo volvió a ver directamente.- …y lo hago por que mucha gente confía en mí.

-No debe ser fácil ser presidenta.-murmuró admirando su actitud tan positiva.- Eres responsable ¿eh?

-¡Oh, lo intento! Pero a veces es muy difícil…-bajó el rostro sonriendo tenuemente.- Muchos creen que soy como… mh…

-¿Perfecta?

Ella lo miró inquisitiva.- ¡No lo creo!-rió disimuladamente. Su orgullo volvía a incrementarse.

-Yo…-se giró para mirar otro punto y no hacer evidente esa confesión del respeto que ahora le tenía, pero al no conseguirlo ocultó sus ojos bajo los mechones gruesos de cabello.- …Creo que lo eres…

Sakura parpadeó y su rostro se puso rojo como una cereza.- ¡No digas eso por favor¡Soy… humana!-estaba abochornada –de verdad- pero no entendía la razón, era muy diferente que te lo dijeran así, a solas y con tanta modestia.

-"Como sí él no lo fuera"-pensó amargamente.- "¡Gracias a mí!"-chilló para sí, aunque Shaoran sólo podía ver un rostro sonrojado y una sonrisa quebradiza. Para él, ella se estaba muriendo de vergüenza.

Quizá un poco…

-Disculpa, no quise hostigar-sonrió, Sakura con la boca ligeramente abierta lo observó. Ni siquiera Eriol tenía una sonrisa tan bonita y aunque masculina iluminaba sus facciones y lo hacía lucir más juvenil, más apuesto… más tierno, más amable y cordial.- Seguro escuchas eso todos los días.

-¡No, no, no!-agitó las manos apresuradamente, apretando fuerte los ojos.- ¡Te equivocas!

Él amplió su sonrisa haciendo que su rostro enrojeciera aún más.

-"Es un… un…"-una desesperación la embargó desde la punta de los dedos de los pies hasta las puntas de su cabello.

-Que humilde-dijo más para sí. Ella agachó el rostro sin discutir más. Un sentimiento muy diferente al de la vanidad la invadió, pero se sentía muy bien. Nunca nadie había sido tan genuino al hablarle.

Observó su reflejo en el cristal, el miraba la pared blanca frente a ellos que estaba iluminada por la luz blanca de las lámparas del techo. Entrecerró la mirada para detectar una silueta con una sombrilla y en la entrada, cortando la lluvia como si fuera un cuchillo, se levantó de golpe.

-Tengo que irme-anunció apresurada, poniéndose el saco y pasando el bolso por su hombro.

-¡Ah!-Shaoran la imitó.- ¿Te… Te acompaño a tu casa?-Sakura lo miró con curiosidad. Tenía las mejillas sutilmente sonrojadas.

Eso nunca. ¡Nunca!

-…Es peligroso para una chica ir así…-esa era el único pretexto que se le ocurría para tal atrevimiento. Era mejor que pensara que era caballeroso y no que sospechara que realmente quería un poco más de su compañía.

-N-No hay problema-señaló hacia fuera a la figura bajo la sombrilla.- Mi hermano pasó por mí. Cuando salgo tarde siempre lo hace.

-Y más con éste tiempo-apoyó.- Pero---

-Nos vemos mañana-dijo alejándose, cruzó la puerta y corrió hasta donde estaba quien la esperaba.

-Adiós-se despidió demasiado tarde.

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-¡Tardaste mucho!-gimió la pequeña figura cuando la vio llegar, Sakura sonrió pasando una mano por el cabello azabache de su hermano de nueve años y tomó el paraguas para protegerse también.- ¡No hagas eso!-protestó.

-Vamos a casa-pidió, mirando secretamente aún a Shaoran que seguía ahí de pie, como pensando que hacer. No fuera a ser que se le ocurriera querer acompañarlos sólo por que su hermanito era un niño.

-Como vine por ti, harás la cena-sentenció, comenzando a caminar a su lado. Notó que la chica no lo estaba escuchando e indignado se fijó en la dirección en que miraba.

Ahí en el edificio estaba un muchacho.

¿Un muchacho?

Frunció el ceño y apretó los labios en una mueca.- ¿Por eso te tardaste?-cuestionó enojado, ella lo volteó a ver sin comprender.- ¡Un chico!

-¡Claro que no!-caminaron rápidamente perdiéndose de la vista de Li.- Me lo encontré por casualidad. Su hermano la examinó de arriba a abajo.

-¿Con esa facha?-parecía sorprendido de que Sakura se hubiera dejado ver así y más frente a una persona del género masculino. La miró sospechosamente.- ¿Te descubrió?-cuestionó ansioso.

-¿Con quien crees que estás hablando?-preguntó a modo de respuesta.- Pero estuvo muy cerca…

-Deberías dejar tu juego-gruñó, acomodándose mejor la mochila a la espalda.- Es ridículo.

-¡Hoe¡Por supuesto que no!-luego sonrió y volvió a alborotar el cabello del niño- Deberías estarme agradecido, te estoy dando un lugar para cuando entres a la preparatoria.

-Falta mucho-se limitó a protestar.- Además ¿De que me sirve? Tú nunca has llevado amigos a casa y yo tampoco puedo ni podré: mis amigos siempre me preguntan si eres mi hermana… Creen que vivo en un orfanato e invento que tengo una.

-Touya… es muy importante mantener la imagen.

-Pero la casa está bien.-insistió.

-Es muy pequeña, sería un desastre-explicó tranquila.- Quizá el siguiente año…

-Siempre es el siguiente año…-comentó ásperamente, en un reproche. Sakura suspiró mirando con algo de culpa a su hermanito, sabía que sin querer se estaba equivocando.

Lo estaba criando erróneamente.

¡Pero ella no sabía nada de eso¿Cómo podría hacerlo?

Y tenía muchos problemas ahora como para tener su pequeñísima casa llena de chiquillos inquietos –iguales a Touya- tenía que pensar, pensar, pensar.

¿Cómo haría para arrebatarle al traidor su gloria?

Ahora todos veían a ese Li como quién había superado –por fin- a la presidenta Kinomoto. ¡No era justo!

¿Estudiar más duro¿Practicar más? Ya no podía ser posible, ya había llegado al límite de su capacidad y cada vez se hacía más duro. No era costoso fingir pero últimamente -¡Y más con ese Li metiendo su narizota!- se volvía más cansado y difícil.

Esa tarde había tenido un gran riesgo, por ejemplo.

-"Déjalo ya, Sakura"-se dijo mentalmente. Buscando en que entretenerse metió la mano en su bolso y sacó algo brillante que llamó la atención de Touya.

-¿Qué es eso?-preguntó lleno de curiosidad. Encontró en la mano femenina una brochecito de piedras rosadas.- ¿De donde lo sacaste? Te gastas toda la mesada en dulces.

-Me lo regaló Tomoyo-mintió sin notar como las mejillas de su hermano se coloreaban, lo colocó en su cabello miel.- ¿Se ve bien?

Touya se encogió en hombros.- Pues sí-dijo como si no le quedara más opción.- Tu amiga tiene buen gusto, supongo. Es lo único que podría explicarlo.

-¡Eres un monstruo!

Continuará.