Capitulo dos: todo.
(Edward P.O.V.)
Manejé más rápido que nunca, era bueno que todos los policías estuvieran ocupados en el desastre del instituto de Forks, así ninguno me detendría y me pasaría una infracción por exceso de velocidad.
-Tranquilo hermano, todo saldrá bien, ella estará sentada dentro de unos meses en tu cómodo sofá con un libro entre sus manos y la música de tu piano sonando por toda la casa- pensó Alice; pero yo no sabía si lo pensaba para facilitarme mi dolor o porque en realidad lo había visto.
Cuando llegamos al hospital le lancé las llaves a Jasper para que estacionara mi Volvo, yo corrí a una rápida velocidad humana en busca de Carlisle para que me informara. Lo vislumbre al final del pasillo, un hombre de cabello castaño y con un uniforme de policía estaba junto a él.
-Doctor Cullen, yo confió en usted, yo sé que usted es un excelente médico, por eso le pido que la salve, ella es mi única hija, es todo lo que me queda, ella es todo para mi, por favor sálvela, no permita que mi Bella se muera- decía aquel policía con las lagrimas dificultando sus palabras.
-Charlie, tu hija es fuerte, logró mantenerse con vida, ella podrá salir de esto- argumentaba Carlisle en forma tranquilizadora.
-¿Que tan grave está?- Pregunto el padre de Bella
-Tienes que ser valiente Charlie, el pronóstico no es muy bueno, hay hemorragias que logramos detener, pero tu hija tiene lesiones demasiado grave, sus costillas hicieron orificios en sus pulmones, uno de sus riñones está inutilizable, su hígado no resistirá tanto daño, necesita un trasplante urgente-. Expresó Carlisle atento a la reacción del jefe Swan.
Charlie pasó una de sus manos por su frente, su rostro se veía demacrado, quizás como el mío, el dolor de su alma se reflejaba en sus ojos, acababan de decirle que su única hija iba a morir, que las probabilidades que sobreviviera eran nulas, nunca iban a conseguir órganos compatibles para Bella en un lapso tan corto de tiempo.
-Doctor Cullen, los análisis de la señorita Isabella Swan están listos- comunicó una de las enfermeras entregando un sobre grande a Carlisle. Éste se fijo finalmente que yo estaba del otro lado del pasillo escuchando todo, "hijo, ven aquí", me dijo en sus pensamientos; yo rápidamente fui hasta él, "déjame hablar a mí", pensó cuando yo ya estaba a su lado.
-Charlie, este es mi hijo Edward, él a pesar de su corta edad sabe mucho sobre medicina, sería de gran ayuda tenerlo en nuestro equipo- dijo Carlisle. Yo entendía que en realidad esto era para que Charlie no sospechara de la cercanía que tendría con su hija estos días, además yo ya había estudiado dos veces la carrera de medicina, mi opinión tendría valor después de todo.
Vi por las ventanas que Alice y Jasper habían decidido esperar afuera, me concentré en lo que Carlisle le explicaba a Charlie; le harían otra operación a Bella, sus pulmones no se encontraban tan mal después de todo, iban a tratar de salvar todos los órganos posibles, pero seguían sin descartar la posibilidad de un trasplante.
Charlie salió de la oficina de Carlisle, Alice lo localizo a mitad del pasillo y tras explicarle rápidamente el cariño que le tenía a Bella aun sin conocerla, Charlie accedió a la compañía de Alice y Jasper. Sabía que Alice podría confortarlo y que Jasper le daría un poco de tranquilidad.
Yo me quede en compañía de aquel medico con siglos de experiencia, sabía que él era el único que podía salvarla, el debía salvarla.
-Carlisle, ella también lo es todo para mí, sálvala Carlisle, por favor sálvala- le dije.
-Tú sabes que tenemos dos caminos Edward- me señaló Carlisle -podemos ponerle los órganos de un donante o podemos transformarla-.
-¡No!- exclamé -ella es un ángel, no la condenaré a ser una bebedora de sangre toda la eternidad, ella no merece esto, ella merece una feliz existencia humana, ella merece vivir- dije exasperado.
-Lo sé Edward, pero ¿Qué pasará con ella si no aparece un donante?, tu sabes que eso es posible, ella puede morir, aunque su corazón es fuerte, cada minuto que pasa ella está más cerca de la muerte, tiene fracturas, hemorragias, su cuerpo no lo resistirá por más tiempo y dejarla morir no sería lo más correcto, si en verdad la amas, dale la oportunidad de vivir otra vida, dale la oportunidad de existir-. Dijo Carlisle, "por favor hijo, piénsalo" murmuró en su mente.
-Estaré con ella- mascullé saliendo de la oficina de mi padre.
Me dirigí a la unidad de cuidados intensivos no sin antes cubrir mi boca y mi nariz con una mascarilla quirúrgica, sabía que quizás adentro podía haber enfermos con heridas expuestas y no quería correr riesgos.
Afortunadamente para mí, aquella unidad estaba casi vacía a excepción de un anciano diabético y mi Isabella, la cual yacía inconsciente en una de las camas y conectada a múltiples cables que ayudaban a prolongar su vida.
-¡Hey! joven, usted no puede estar aquí- me dijo una de las enfermeras dispuesta a sacarme a patadas si yo no obedecía.
-Lo siento, yo soy hijo del Doctor Carlisle Cullen, él me envió a evaluar el estado de la paciente Isabella Swan- dije sonriéndole a la enfermera esperando que se hubiera tragado mi mentira. Por supuesto, ella me creyó todo y me dejo en paz para estar con Bella.
Su expediente médico estaba en una mesita contigua, Carlisle la había sedado, le habían hecho una pequeña intervención para detener una hemorragia, la intervendrían de nuevo y ella era primera prioridad nacional para un trasplante.
Tomé su mano, una que estaba libre de vías intravenosas, la acaricie sutilmente disfrutando del escaso calor que quedaba en ella, acerque mis fríos labios para besarla y grande fue mi sorpresa al percatarme que sedada y todo aun seguía con fuerzas para ruborizarse, seguía sin oír sus pensamientos, pero podía jurar que los efectos de el sedante que Carlisle le había puesto estaban disminuyendo, ella parpadeo débilmente, estaba despertando.
-Bella, ¿puedes oírme?, le pregunte- ella no me habló pero le dio un ligero apretón a mi mano que sostenía la suya.
-Te pondrás bien Bella, te lo prometo, no dejaré que nada malo te pase- le dije acariciando su mano. Me pareció verla sonreír, mi inmóvil corazón se lleno de un exquisito calor al ver la luz que irradiaba su sonrisa, ella era así, un ángel de luz, ella no merecía morir, pero tampoco ser condenada por toda la eternidad.
La misma enfermera rondaba la cama
contigua mirándome en señal de que ya era hora de irme.
Debo
salir de aquí Bella, volveré pronto, lo juro, le dije besando su
mano por última vez; una sensación eléctrica recorrió mi brazo al
darme cuenta de que ella hacia inútiles esfuerzos por retener mi
mano.
-No te asustes Bella, juro que volveré, estaré ahí para cuando me necesites, no tengas miedo-. Le susurré en su oído para luego besar su frente, -volveré pronto-.
Al salir de aquella sala me encontré con mis hermanos y el padre de Bella, pero yo no estaba tan deprimido como ellos, Bella me necesitaba, ella me quería a su lado.
