Disclaimer: Kuroshitsuji no me pertenece, es propiedad de YANA TOBOSO.
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Capítulo 1: Ese mayordomo, aparece.
Un nuevo día había llegado y en un cuarto en particular, podía observarse un bulto tranquilo bajo las ropas de cama, que aún reposaba en un sueño profundo. Aira se encontraba sumida en los brazos de Morfeo, sin embargo el horario no la acompañaba así que fue interrumpida por la luz del sol que entraba por su ventana, luego de que su madre hubiese de entrar para correr las ventanas que impedían el paso de los rayos del sol.
-Vamos, querida, no puedes quedarte toda la mañana echada en la cama. Ya son casi las once de la mañana y tú sigues tendida- anunciaba su madre en una voz algo dura, sin embargo manteniendo aquel tinte de voz tan característico de aquello, uno que demostraba bastante afecto hacia su hija. El pequeño cuerpo femenino se removió bajo las sábanas, no queriendo levantarse pero sabiendo que tendría que hacerlo tarde o temprano.
-Es injusto, quiero dormir más- susurró Aira en un tono algo infantil, deshaciéndose de aquellas cálidas ropas que la mantenían cubierta y 'presa' de su cómoda cama, incorporándose mientras observaba a una de las mucamas entrar en la habitación, trayendo el desayuno consigo a través de un pequeño carrito. –¡Eso se ve realmente delicioso!- y es que cuando se trataba de comida, la chica podía olvidarse de cualquier malestar, incluso del sueño. El desayuno de esa mañana consistía en tostadas con queso crema y mermelada, un trozo de pastel de lima y fresas con bastante crema, y jugo de naranja.
La mucama que había traído el alimento hacia la 'joven ama' se había quedado a un lado, observándola comer con una cálida sonrisa en los labios. En esa casa, todos los empleados se sentían verdaderamente agradecidos con la actual familia Phantomhive, sobre todo porque el trato que recibían era mucho más afectivo que el que se tendría con aquellos que trabajaban para servirles. Además, Aira los veía casi como familia, habiendo compartido con la mayoría de los empleados casi la totalidad de los años que tenía, razón por la que incluso ayudaba de vez en cuando con las labores de casa, incluso cuando muchos se oponían a que la señorita se ensuciara las manos con una tarea que les correspondía a ellos. Y es que en verdad, a la chica, no le importaba aquello que ellos llamaban como 'suciedad', en la condición que vivía, normalmente no salía de casa y estar con estudios todo el día tampoco era una opción, algo más tenía que hacer.
Tras aproximadamente veinte minutos, el carrito del desayuno quedó vacío de comida, la que ahora reposaba en un nuevo lugar, siendo el vientre de Aira. La mucama encargada ese día hizo una pequeña reverencia de respeto y salió empujando aquel objeto, dejando nuevamente a ambas 'amas' en la habitación de la más joven, la que había comido en silencio mientras era observada por la mirada curiosa de su madre, que disfrutaba de ver las expresiones que su pequeña hija realizaba con cada bocado que daba a la comida. Como si se hubiese olvidado de algo importante, la mayor se acercó con una nueva expresión en el rostro, una más vívida y alegre.
-¡Aira, lo había olvidado! Hoy tu padre llegará más temprano del trabajo, y me mencionó que saldríamos en un pequeño paseo familiar- el rostro de la interlocutora se iluminó con una gran sonrisa, pensando en que en realidad era pocas veces las que podía salir fuera, incluso contadas con los dedos de una mano las que eran junto a ambos padres.
-¡No se te debía haber olvidado algo tan importante, madre!- reclamó Aira en un reproche animado, levantándose de un brinco de la cama para correr al baño en busca de una ducha. Su emoción era palpable incluso en el ambiente, haciendo reír a su progenitora que decidió dejarla para poder desplazarse a lo que sería la propia habitación, queriendo arreglarse ella también.
La joven se había demorado poco más de media hora en darse la ducha, relajada luego del contacto que el agua caliente había tenido con su piel. Envuelta en una toalla se dirigió a su habitación para buscar lo que sería su ropa para ese día, alguna que complaciera a su deseo y que fuese la adecuada para la salida que tendría con su familia ese día.
Para una familia con dinero, era normal que esas cosas de ropa fuesen tema de las mucamas, sin embargo, desde un inicio, Aira les dejó en claro a aquellas que le servían que eso era algo que podía hacer por ella misma; no le gustaba sentirse demasiado atosigada por las atenciones de los demás, ya que se sentía como una chica que no podía hacer nada por sí sola.
Luego de haber elegido aquella prenda que le había dejado conforme, se dispuso a colocarse primeramente la ropa interior para luego cubrirse el cuerpo con un vestido hasta mitad de muslo, suelto y con un estampado escoces de color rosa. Aquel atuendo sería combinado con unas sandalias de cinco centímetros de tacón, también de un color rosa para hacer juego con el vestido escogido. Sin más caminó hasta lo que sería aquel espejo de cuerpo entero que se mantenía inmóvil en una de las paredes de su gran habitación, logrando observarse por completo con una sonrisa de satisfacción ante el reflejo que aquel objeto le ofrecía.
Aira, a pesar de tener un aspecto algo infantil para sus quince años recientemente cumplidos, era alguien considerada 'bella'. Su estatura no superaba el metro con cincuenta y dos centímetros, acompañada con una figura delgada y hasta frágil, la que se acentuaba por el pálido rosa que coloraba su piel, sin embargo, a pesar de ser su tez clara, no llegaba a considerarse como 'enfermiza', pudiendo lograr un semblante delicado y femenino. El cabello de la chica era de un castaño medio, casi considerándose como un tono chocolate que contrastaba con el azul de sus ojos, combinación algo extraña para verse en Japón, pero ciñéndose bajo aquel legado que había perdurado con el tiempo en la familia Phantomhive, que había llegado desde Inglaterra, país Europeo. Las facciones de su rostro no eran asiáticas, a causa de que su familia, a pesar de vivir en aquel país, seguían queriendo mantener un linaje más 'puro', por la que los casamientos que habían ocurrido había sido entre familiares, sobre todo entre primos (cercanos como lejanos), los cuales solían vivir directamente en el lugar mencionado anteriormente, Inglaterra. Ella misma estaba destinada a hacer su vida con alguien elegido desde antes de su nacimiento, pero con quien aún no tenía la oportunidad de reunirse. La sola idea de saber que no podría ser guiada por el amor, la hacía entristecer, pero mientras fuera por su familia, podría llegar a acostumbrarse a aquella situación.
La atención de Aira se centró en su cabello, permitiendo a sus ideas desaparecer por el momento, con la intención de peinarlo en una coleta alta, inclinada hacia su lado derecho. Dejó que aquel cabello cayera grácilmente entre ondulaciones pronunciadas, dando a relucir el largo que, suelto, llegaba hasta su zona lumbar. Con cuidado se ordenó esta vez su flequillo, que se encontraba recto en su frente, a la altura de sus cejas, no siendo corto pero tampoco lo suficientemente largo como para cubrir su vista. La vista de la joven se desplazó luego hasta sus propios labios, los que cubriría con brillo rosa, siendo el poco 'maquillaje' que utilizaría, y es que en verdad no estaba acostumbrada a usar otro tipo de añadidura.
Ya lista se miró una última vez por completo, quedando complacida con el reflejo que su espejo le ofrecía. No era realmente alguien narcisista, mas no era propio de ella el echarse para abajo, aun cuando su confianza muchas veces flaqueara al estar usualmente sola y en casa (refiriéndose a que no tenía 'amigos' ni 'compañeros' con los cuales compartir).
Sin más demoras salió de su habitación, en dirección a la primera planta de aquella mansión. Durante todo el proceso de arreglo, habían pasado aproximadamente cerca de dos horas, por lo que su padre ya debía de estar en casa. Y sus sospechas se hicieron realidad cuando le vio sentado en uno de los sofás de la sala, conversando con su madre. No pudo reprimir su emoción, y fue por ello que se apresuró para lanzarse sobre la anatomía masculina.
-¡Papá!- gritó en una voz alegre, entre pequeñas risas cuando fue recibida por aquellos cálidos y fuertes brazos de su padre. –Me alegro tanto de verte, sobre todo porque por fin podremos salir los tres juntos- anunció entre palabras atropelladas por la emoción, sin poder evitar que su mirada se desviara hacia su madre, la cual miraba la escena con una propia sonrisa de felicidad al ver a su esposo y a su hija en una situación que pocas veces se podía disfrutar.
-También me alegro de verte, hija. Hoy nos divertiremos y disfrutaremos del día, desde ahora, así que prepárense para que podamos salir a comer fuera- la voz masculina inundaba el salón, logrando que las sonrisas de las féminas se ensanchase y que, la más joven, se incorporara para dar un pequeño brinco de alegría y emoción, dejando salir todo aquel comportamiento de niña que poseía. Apenas demoraron quince minutos en tener todo listo para luego dirigirse hacia el auto preferido del padre de Aira, uno que se notaba era de familias con estatus social, tanto por calidad como por diseño. Sin más entraron en aquel y se alejaron de la mansión, que sería cuidada por la servidumbre mientras ellos permanecían fuera.
El camino era agradable, la joven Phantomhive no estaba segura de hacia dónde se dirigían, ya que sus padres querían que todo ese día fuese sorpresa para ella, por lo que mantenían todo oculto mientras comentaban lo que habían estado haciendo en la semana. Difícilmente Aira podía verse con su padre a causa de lo temprano que salía al trabajo por la mañana y lo tarde que volvía a casa, cuando ella ya generalmente dormía, así que había muchas cosas que contarse entre sí. La madre de la chica miraba hacia el frente, en el asiento de copiloto, con una cálida sonrisa en los labios, disfrutando de escuchar la conversación que se mantenía entre los otros personajes.
Sin embargo, no todo podía ser perfecto, y de eso se dio cuenta Aira cuando, ensanchando los ojos, veía como un auto a toda velocidad se acercaba a ellos, sin la intención de frenar, casi como si esperasen que la colisión fuese sin escape, ¿Cómo salir de esa situación?... y en verdad no había escape.
El golpe llegó sin miramientos, provocando que el auto de su familia se dirigiera hacia un costado de la carretera, siendo el padre el que perdería el control de aquel y provocando que, a causa de la pendiente que mantenía aquella zona, el auto comenzase a girar, con ellos dentro. El cuerpo de los tres era azotado mientras caían, sin saber cuándo aquello acabaría, sin saber si saldrían con vida.
Los segundos pasaban, hasta que por fin el auto cayó en un sordo golpe contra el suelo de tierra, de cabeza. Para Aira eso había sido eterno y su cuerpo dolía como nunca antes lo había hecho a causa de los múltiples golpes que había recibido, incluso teniendo rasguños a causa de los vidrios que habían sido destruidos con los diversos movimientos de la situación. Quería moverse, pero no podía a causa del dolor, sobre todo uno intenso sentido a la altura de su zona lumbar. Sus ojos tampoco querían cooperar, sin querer abrirse ni tomar información sobre el estado en el que se encontraba, mas, con esfuerzo, intentó igualmente, lográndolo luego de unos minutos… mas hubiese querido no haberlo hecho. Todo estaba destruido, observando desde un ángulo extraño a causa de su posición; con lentitud se desabrochó el cinturón de seguridad, cayendo sin freno hacia lo que sería el techo del auto y el suelo, provocando que un quejido de dolor escapara de sus labios, rasposo. Un hilillo de sangre de deslizó por una de su sienes, y con esfuerzo se arrastró gracias a sus brazos para salir de lo que quedaba de auto, sin ser capaz de mover las piernas, aún sin explicación. Estaba confundida, ¿Cómo una salida familiar podía haberse transformado en eso? Era verdad que un accidente podía ocurrir en cualquier momento, sin embargo cómo había ocurrido ese era sospechoso.
-¿Mamá? ¿Papá?- recién había caído en cuenta de que no era la única en esa situación, sus padres también debían de estar heridos por la caída sufrida. No recibió respuesta alguna desde dentro del auto, y con horror visualizó como de éste comenzaba a salir humo, avecinando un posible fuego que consumiría a todo el objeto, con sus progenitores dentro. –No, no, no, no… Mamá, Papá, ¡Respondan!- gritaba lo que más podía, notando como el humo se hacía cada vez más espeso y negro, mientras veía las siluetas inertes de los que, hace unos minutos atrás, habían estado compartiendo con ella en un viaje que iba a ser uno para recordar felizmente. Sus miedos se cumplieron cuando el fuego abrasador se inició, haciendo que ardiera el auto y provocando que Aira se alejara un poco aún en contra de su voluntad, ayudada de sus lastimados brazos. Las lágrimas caían sin consuelo por sus mejillas, siendo el inicio sus hinchados ojos, sin poder realizar algo que pudiera salvar a lo único que le quedaba de familia, su padre y madre. Sin ellos, no sabía cómo podría continuar, ¿Cómo vivir así?, quizás lo mejor era abandonarse a su suerte. Por lo que podía sentir, sus heridas igualmente eran graves, sobre todo aquella que le impedía mover sus piernas a su voluntad, estaba segura de que si no era atendida a tiempo, perdería la vida igualmente, pudiéndose reunir con sus seres queridos en otro mundo.
-Quizás… esa sea la solución- murmuró en una débil voz, sin embargo tenía miedo, tenía miedo de morir. Le dolía enormemente la pérdida de sus padres, sobre todo porque estaba limitada a un poder humano, simplemente siendo espectadora de como el fuego consumía todo aquello que ella quería. Sabía que si sus padres pudieran estar vivos, le dirían que siguiera adelante, que se hiciera una mujer digna del apellido Phantomhive y avanzara en su propio camino. –No quiero, no quiero morir… ¡AYUDA!- lo último lo dijo con una fuerte voz, aguantando todo el dolor que sentía por dentro, tanto físico como emocional. Una creciente opresión comenzó a nacer en su pecho, intentando calmarla al dar bocanadas de aire, no quería abandonar la vida, no quería decepcionar a sus padres… deseaba seguir ahí.
Una oscuridad sobrenatural comenzó a rodear a la chica, provocando que ésta alzara la cabeza para intentar vislumbrar lo que ocurría, sin embargo no pudo ver más que negro, negro y negro. –¿Qué es… esto?- murmuró para sí misma, por lo que se sorprendió al escuchar una segunda voz en el lugar, profunda y no humana.
-Tú me llamaste, ¿Qué es lo que deseas tanto como para invocar a un demonio?- las palabras fueron acompañadas de, esta vez, un par de ojos carmín, siendo lo único visible por el momento entre todo el negro.
-¿Yo? Yo…- no estaba segura de lo que estaba ocurriendo, ¿Tanto había sido su deseo de vivir que su gritó terminó por traspasar las leyes de lo humano, para traer a un ser sobrenatural en ayuda? Estaba confundida, tanta información estaba haciendo un caos en su cabeza, mas de lo que sí estaba segura, es que si esa era una oportunidad de vivir, no la desaprovecharía. –Quiero vivir, quiero llegar a ser feliz… por mis padres- anunció, intentando mantener la compostura aun cuando se mantenía tirada en el suelo, sin ser capaz de incorporarse.
-¿Eso es lo que desea? Debo informar que no saldrá gratis, tendrá que pagar un 'pequeño' precio- dijo la voz masculina, que a pesar de no ser de ese mundo, se podía notar como de aquel género. El tono de aquel era tentador, incluso con cierta gracia; sin dudas era un demonio, de aquellos que provocaban a los humanos para seguir sus instintos.
-¿Qué es lo que necesitas? Tengo dinero para darte, tierras, lujos… sólo pídelo y será tuyo- intentó convencer a su interlocutor, con algo de desesperación. Sentía que la vida se le iba de las manos, no quedaba mucho tiempo y necesitaba llegar pronto a un hospital o todo acabaría para ella.
-No me interesa aquello tan mundano, lo que yo deseo es algo mucho más apetecible y único- la voz se hizo más profunda conforme continuaba con la oración, casi siendo palpable una sonrisa aun cuando no podía observarle, sólo sus ojos. –Lo que yo deseo, es su alma-.
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Aquí les traigo el primer capítulo del fic, espero que les guste como va quedando la historia c:
La verdad es que he estado leyendo MUCHOS fic sobre Kuroshitsuji, exactamente de Sebastian x OC, sin embargo, me he dado cuenta que tienden a hacer sus personajes muy parecidos a lo que es Ciel, tanto en actitudes como acciones. Es por eso que intenté hacer a una chica completamente diferente, es decir, alguien que no hará un contrato exactamente por venganza, y que no será una mimada y atendida, caprichosa y todo eso demás que suele ser el pequeño Phanthomhive(?).
Muchísimas gracias a las dos personas que me dejaron review, a pesar de ser sólo dos, me alegró mucho que hubiesen comentado… al menos sé que la historia no quedará en el olvido ;/;.
Tengo pensado hacer un dibujo de Aira, así que espérenlo con ansias 3.
Por ahora sólo, eso.
¡Cambio y fuera!
PD: Dejen comentarios, para saber sus deseos e inquietudes~.
