Capítulo 2: La paz y la tormenta
(Opening: You´re gonna go far, kid - The Offspring)
01 de febrero. Konoha
Regresamos a Konoha, más precisamente a cierto restaurante muy conocido y concurrido en la aldea, también el lugar favorito del rubio Uzumaki, quien, junto a su sensei y su compañera disfrutaba con gran satisfacción de la comida que allí se sirve.
– ¡Esto está aún más delicioso de lo que recuerdo! – Decía el Naruto mientras a toda prisa devoraba su tercer tazón de ramen.
– Vamos Naruto no seas tan maleducado, no hables mientras comes, ni comas tan rápido, te hará daño – Reprochó la pelirosa un poco molesta por los modales de su compañero, sin embargo, no podía evitar sonreír un poco pues verle así, le traía grandes y lindos recuerdos.
– Lo siento, Sakura – Respondió con un trozo de chuleta entre los labios – Pero Kakashi sensei no suele invitar, debo aprovecharlo.
– Bueno, eso es verdad. Aun así no deberías abusar de Kakashí sensei – Rió un poco mientras terminaba de forma tranquila y educada su tazón. Para luego mirar a su maestro.
– Había olvidado lo mucho que comía Naruto – Comentó algo desanimado mientras contaba las monedas de su bolsa.
– Por cierto, no lo he preguntado, pero ¿A qué se dedicaron durante este tiempo? – Obvió la situación económica se su maestro sin problemas.
– Bueno, yo me dediqué a entrenar con lady Tsunade desde que nos separamos, creo que he hecho muchos avances en mis habilidad, aunque Tsunade suele tratarme como su asistente más que como su aprendiz – Respondió Sakura solo recordando todas las labores que tenía que llevar acabo casi todos los días en la oficina de la rubia Hokage.
– Sí, creo que fuiste un gran alivio para Shizune desde que comenzaste a entrenar, la pobre puede tomarse un descanso ocasionalmente gracias a ti – Agregó el sensei sonriendo mientras agitaba un poco el vaso del que bebía un poco de sake.
– No se burle sensei – Bufó un poco ofendida.
– ¿Y cómo están los demás? En verdad quisiera verlos. Shikamaru, Choji, Ino, Neji, Rock Lee, Tenten, Kiba, Hinata… Y, bueno, creo que ellos eran todos ¿Verdad?
– La mayoría están muy dedicados a sus labores como ninjas, deben estar en misiones en estos momentos, ha habido un aumento en las misiones, últimamente – Comentó pensativo el ninja de la máscara.
– Vaya, parece que todos han estado trabajando muy arduamente, me alegro por ellos – Sonrió de forma sincera el ninja rubio mientras terminaba el tazón – Aun tengo un espacio por llenar.
Al de escuchar eso Kakashí saltó de sus silla dejando el dinero en la barra frente al dueño. Esto antes que Naruto pidiera algo más.
– ¡Teuchi, aquí está el dinero de todo lo que consumieron! – Exclamó rápidamente – Lo siento chicos debo hacer alguna labores, nos vemos luego, cuídense y todo eso. Adiós – Tan rápido como pudo desapareció dejando una pequeña nube de humo y un tronco en su lugar.
– Típico de Kakashí sensei. Sabía que su bondad no duraría tanto – Arqueo la ceja Sakura al verlo irse.
– Kakashi sensei nunca cambiará – Rió el rubio ante esas acciones tan propias de su maestro – Solo bromeaba, ya estoy lleno.
Dicho eso ambos ninjas terminaron se despidieron del dueño del local y su hija para salir del mismo y dar un pequeño paseo por las calles de la ciudad, el medio día ya estaba en su punto, las calles eran concurridas, pero para tener un poco de paz tomaron un camino por una calle más tranquila. Ambos caminaban tranquilamente, Naruto, con las manos en su nunca, miraba todo el lugar sin percatarse de la seriedad de su compañera.
– No sabes cuánto deseaba volver a la aldea Sakura – Comentó de forma alegre Naruto, aun sin notar la seriedad de Sakura.
– Si, este lugar no es igual sin ti, Naruto – Comentó con desanimo agachando la mirada – Desde que ustedes se fueron… Solo esperaba volver a verlos.
Al instante el rubio entendió lo que quiso decir deteniendo su paso, al verlo detenerse Sakura también lo hizo mirándolo atenta.
– Sakura ¿Crees que él esté bien? – Cuestionó de forma seria también agachando la mirada.
– Yo, no lo sé – Respondió suspirando – Ya han pasado tres años desde aquella noche, y nadie sabe nada de él o de Orochimaru, a veces he llegado a pensar que cuando lo vuelva a ver ya no será el mismo chico que compartió con nosotros aquellos lindos recuerdos – Solo de pensar en eso no podía evitar que el temor invadiera su cuerpo.
– Sasuke solo está confundido, él es uno de nosotros, un ninja de la aldea de la hoja, de eso no hay duda – Respondió Naruto acercándose a ella y colocó de forma suave su mano en el hombro de Sakura, buscando darle seguridad.
– ¿Y si no es así? Y si Orochimaru le hizo algo, que tal si tomó su cuerpo, no soportaría verlo de esa…– Las lágrimas de preocupación no tardaron en hacerse presentes en sus mejillas, pero antes que pudiera seguir hablando Naruto le interrumpió.
– No digas eso Sakura. Sasuke nunca permitiría que ese maldito tomara su cuerpo, estoy seguro que cuando obtenga lo que quiere de Orochimaru Sasuke lo dejará. Él no es como esa serpiente traidora, él no es un asesino – El ninja rubio miró a su compañera a los ojos, hablando con tal seriedad y seguridad que era difícil no creerle.
– ¿Lo que quiere de él? Eso quiere decir que Sasuke obtendrá el poder que busca, para luego enfrentarse a los Akatsuki en busca de su hermano – La chica seguía aun preocupada, aunque el rubio tuviera razón Sasuke no volvería hasta lograr lo que desea.
– Antes que haga esa locura, yo lo encontraré, y si debe enfrentarse su hermano, estaremos con él para ayudarlo. El equipo 7 es el más fuerte de todos – Tomó suavemente el rostro de la chicas para que le mirara a los ojos, algo que solo causo un leve sonrojo en ella. El rubio sonreía de forma confiada – Antes de irme te hice una promesa Sakura.
– Tu, tu promesa – Logró articular la chica mientras su mirada se perdía en los azules ojos de su compañero.
– Así es, te prometí que traería a Sasuke de vuelta, y eso haré, esa es mi misión más importante ahora. Ya lo veras, yo reuniré al equipo 7 otra vez – Aseguró con su típica enorme sonrisa.
– Naruto – Fue lo único que dijo, en verdad las palabras del chico habían hecho mella en su temor logrado borrarlo.
Antes que Naruto dijera una sola palabra más ella se acercó a y lo abrazó con fuerza. Estar con él le daba una gran seguridad y ánimos, cosa que ese abrazo demostraba, el rubio compartió el gesto correspondiendo al abrazo de su compañera. Sin embargo, y sin que alguno de ellos dos lo hubiera notado, alguien les espiaba, aunque no era una amenaza, era cierta chica de cabellos azules y ojos color perla, quien escondida desde una valla los espiaba.
– Na, Naruto – Se susurró así misma, pero no se notaba alegre, ni mucho menos tímida, como era su costumbre.
La hermosa chica del clan Hyuga había malinterpretado el abrazo entre ellos dos, comenzando a creer que, quizás, había algo más que amistad entre Naruto y Sakura, algo que le causaba cierto dolor en su pecho.
– Acaso ¿tú y Sakura? – Se dijo a sí misma suspirando y agachando la mirada.
Sin que el otro par se percatara de la presencia de Hinata soltaron su abrazo, para proseguir con su paseo por la aldea, dejando de lado esos temas que podían causar preocupación y malos sentimientos, dirigiendo su charla a temas más amenos sobre sus entrenamientos y sus nuevas habilidades. Vaya que disfrutaron de esa gran charla, sin darse cuenta pasaron por diversos lugares de la aldea dejando que el tiempo pasara rápidamente.
Pero al notar las horas que eran la pelirosa recordó que sus deberes con su maestra no habían terminado ese día así que debía regresar a su oficina, por otro lado el rubio tenía intenciones de regresar al que era su departamento para reacomodar sus cosas. Dicho esto ambos se separaron de momento, no sin antes despedirse. El rubio regresó por las calles en dirección a su antiguo hogar.
Al llegar allí pudo ver a Hinata quien parecía solo pasar por allí de momento, aunque realmente le estaba esperando. El rubio al verla se acercó de forma amable y alegre.
– Hola Hinata ¿Cómo estás? – Saludó él.
– Na, Naruto, llegaste – Respondió, como de costumbre con su timidez y su linda voz, adornado sus mejillas con un leve rubor por estar en presencia de ese chico.
– Si, regresé a la aldea esta mañana. Tú también has cambiado mucho. Ya no eres una niña, te vez muy linda con el cabello largo – Comentó sonriente diciendo lo primero que le venía a la mente, no obstante lo hacía sin ninguna segunda intención.
– ¿En, en verdad lo crees?– Su sonrojó aumentó más al escuchar tales halagos – Me alegra que hayas regresado a la aldea Naruto, te extrañe mucho – Al instante entendió que algo se le había escapado – ¡Digo! Te extrañamos, todos te extrañamos, no solo yo – Trató de arreglar sus palabras rápidamente, lo cual solo aumento el sonrojo en sus mejillas.
– Si, lo sé, yo igual los extrañe a todos – Por suerte para ella Naruto no es tan perspicaz – Espero ver a los demás pronto, bueno, iré a descansar un poco, el viaje fue largo, nos vemos luego Hinata – Pasó a su lado.
– Naruto, espera – Llamó ella llamando la atención del rubio una vez más – Me, me preguntaba algo. Solo por curiosidad ¿Tú y Sakura tienen algo, algo especial? – Cuestionó aún más tímida y algo preocupada por la respuesta al tiempo que jugaba con sus dedos para aminorar su nerviosismo.
– Claro que tenemos algo especial, es mi compañera de equipo, la quiero mucho, diría que es mi mejor amiga – Respondió sin problemas diciendo la verdad.
– ¿Tu amiga, solo tu amiga? – Insistió mirándolo curiosa, la respuesta del rubio era lo quería, lo cual la animó.
– Si, solo mi amiga – Respondió algo extrañado por la insistencia – Tu también eres mi amiga Hinata, y te aprecio mucho. Bueno, nos vemos – Dicho eso se retiró a su departamento.
La joven Hyuga se quedó allí pensativa sobre lo que había dicho Naruto. Solo la veía como una amiga ¿Eso era algo bueno o algo malo? Era confuso como para seguir pensado en ello. No tuvo más opción que retirarse del lugar sin poder hablar más con él.
Ahora regresamos a la otra locación. Donde aquella flota se encontraba. La tormenta había comenzado ya y la lluvia caía incesante sobre las costas del país de los campos de arroz, más precisamente un pueblo costero, posiblemente de pescadores. Tristemente y para desgracia de los habitantes de tan reducido y humilde lugar es allí donde los samurái harían su primer ataque.
Casi toda la flota se había detenido, permaneciendo a pocos kilómetros de la costa, fue solo una tercia de barcos pequeños que se acercaron hasta la playa para comenzar el ataque, estos barcos pertenecen al clan Tokugawa, uno de los siete clanes de la Gran Alianza Samurái. Al tocar la playa la parte frontal de los barcos se abrió cual si fueran puentes, y de ellos desembarcaron rápidamente decenas y decenas de ashigarus.
Estos son los soldados de más bajo nivel del ejército, pues no se les considera samuráis aun, para ello deben ganar fama, renombre y habilidad. A diferencia de los samurái, los ashigaru portan armaduras muy escasas y de baja calidad, algunos incluso deben andar descalzos. Su mayor característica es el sombrero de paja que todos deben portar, junto con los colores distintivos del clan al que sirven, en este caso el blanco y dorado, propios del clan Tokugawa. Estos portan como armas las famosas yaris o lanzas, un arma típica de ellos, y otro cuantos llevaban arcos o katanas.
No tenían una gran estrategia realmente, para el hombre que dirigía, esta misión no era más que una simple tarea de acabar con todo lo que tuvieran a su paso, asesinar y saquear. De esta forma los soldados solo tenía una simple orden "Maten y quemen a voluntad". Tras el descenso de todos los ashigaru el general al mando de tal misión bajó.
Era el mismo quien horas atrás estaba en el barco de aquel anciano, un samurái de renombre y muy importante pues se trata de un heredero. Su nombre es Kazuhiro Tokugawa, heredero del clan Tokugawa. A lomos de su caballo y escoltado por su guardaespaldas avanzó tranquilamente por el caos que los Ashigaru comenzaban a sembrar.
Kazuhiro vestía su armadura completa en color blanco, con oro en algunos detalles, además de su larga capa, de momento decidió no usar el casco permitiéndonos ver su rostro y poder darle una descripción. Con aproximadamente 28 años de edad y 1.80 metros de altura, además de una complexión fornida, podemos decir que el heredero Tokugawa es un hombre apuesto, posee un cabello oscuro completamente peinado hacia atrás, ojos blancos como los de su padre, facciones ligeramente rudas y carente de vello facial.
Por otro lado su guarda espaldas era un completo monstruo. Su armadura era similar a la del heredero, salvo que él si portaba el casco, la máscara y no usaba capa. Con 32 años de edad, 2.10 metros de estatura, aunado a una muy desarrollada musculatura, había quienes le llamaban "El Gigante de los Tokugawa". Dicho hombre portaba en su espalda un arma poco común un tetsubo, lo que es un gran y pesado garrote de madera con metal, suele tener pequeñas esferas de acero incrustadas por todos lados. Sin dudas un samurái que imponía gran terror solo con verle.
Ambos avanzan lentamente por la playa en dirección al pueblo donde ya estaban los ashigaru. Sin embargo el guardaespaldas notó la actitud de su amo, quien miraba todo con desinterés y bostezaba.
– ¿Pasa algo, mi señor? – Cuestionó curioso acercándose a él.
– Mi estimado Tetsuo. No me lo tomes a mal, pero, dirigir este ataque es por mucho lo más aburrido que pude hacer – Comentó suspirando con aburrimiento.
– Pero, mi señor, su padre lo eligió a usted para ser el primer samurái en tocar las tierras ninjas, es un gran honor ¿No lo cree? – Comentó el gigante.
– Lo sé, lo se amigó, debería estar agradecido por tal honor, pero solo mira esa aldea, no hay nada de interés estoy seguro que no hay uno solo de esos famoso "ninjas" que se supone rigen este mundo – Agregó mirando con desprecio el pueblo, que comenzaba a sufrir incendios.
– Es probable, igual usted podrá izar nuestro estandarte en la cima del ayuntamiento o lo que sea que tengan similar – El gigante, a diferencia de su amo, se notaba más animado y con cierta emoción.
– Sabes, creo que incluso puede ser humillante – Alegó algo serio, pensando en lo que hacía – Ningún otro heredero o samurái de cualquier nivel aceptó venir a este asalto ¿Eso me convierte en un samurái inferior? – Cuestionó frustrado.
– Claro que no, mi señor. Usted es un heredero, un general y un samurái poderoso. Incluso los guerreros más fuertes debemos hacer cosas de bajo nivel en ocasiones – Decía tratando de animar a su señor.
En eso otro hombre pasó justo a un lado de ellos, este caminaba en vez de montar un caballo, sin embargo destacaba por el hecho de no llevar nada de armadura, ni uniforme. Vestía la parte superior de un kimono en color blanco, unos pantalones hakama negros, sobre esto un haori negro, en su cintura una cinta en color rojo en la cual coloca su katana, además calza unas sandalias de madera junto con los típicos calcetines tabi en color blanco.
Dicho hombre no se veía como un samurái común, tenía el cabello muy largo, llegando hasta su espalda, además de bastante alborotado, sus cejas pobladas daban un aire muy serio a su mirar, aunados a un par de ojos negros totalmente. Su bigote muy poblado, su barba algo larga y desaliñada. Con una altura de l.80 y su edad a alrededor de 38 años.
– Que puede saber de fuerza este niño, solo está aquí por su padre, no por sus habilidades. Nunca ha tenido que pelear por su vida. Incluso tiene el descaró de pesar que esto es un juego, cuando personas están muriendo – Fue lo que comentó pasando a un lado del heredero. Su voz sonaba bastante grave y muy seria.
No dijo más y siguió su camino sin presar atención a la reacción del heredero.
– ¡Como se atreve ese maldito! – Gruñó más que molesto al oírlo – Él es un traidor y sigue con vida, debería estar más que agradecido que mi padre lo aceptara después de ser desterrado por los Ashikaga.
– Bueno, a decir verdad, no todos lo consideran un traidor, y aquellos que sí, creen que sus servicios son suficientes para perdonarlo. En una leyenda de las guerras pasadas, por eso su padre lo aceptó. Obtuvo incluso el perdón del mismo daimyo Ashikaga – Comentó el gigante a su amo.
– ¡No me importa! – Exclamó aún más molesto Kazuhiro – ¡Es un hijo de puta traidor, no merece llamarse samurái, no merece pertenecer a nuestro clan y no merece seguir con vida! – Siguió maldiciendo a dicho hombre teniendo solo a su guardaespaldas como escucha.
Ahora avanzamos pues a la ciudad donde los gritos, llantos y suplicas son el sonido ambiente. Los ashigaru, sedientos de renombre y sangre atacaban indiscriminadamente a todos los que se encontraban a su paso. Los aterrados aldeanos trataban de huir, pero las lanzas de sus atacantes eran agiles y salvajes, atravesaban a cualquiera que pudieran, lo hacían caer para ejecutarlo en el suelo cual animal en matadero.
Con patadas furiosas irrumpían en las casas, jalaban de la ropa, del cabello o de las piernas a cualquiera arrojándolo a las calles, donde no había suplica que detuviera a esos asesinos sin piedad, cortaban cabezas cual si fueran objetos. Sin piedad, sin resentimiento.
Los cadáveres comenzaban a acumularse por las calles, la sangre se mezclaba con el agua de lluvia creando verdaderos ríos rojos que surcaban las calles, desembocando en los sembradíos de arroz, tiñéndolos de carmesí. La crueldad y barbarie cometida por esos hombres solo era superada por la indiferencia que Kazuhiro y su guardaespaldas sentían al pasar entre esas vil carnicería, como si caminaran por un campo de rosas, no sentían nada.
Mientras eso ocurría, aquel hombre que se atrevió sin problemas a ofender al heredero también deambulaba entre la masacre, su mirada fría solo observaba la brutalidad cometida por aquellos que se supone son sus compañero, sin embargo, a pesar de estar entre ellos en ningún momento sacó su espada, en ningún momento atacó a alguien, era un mero testigo de lo que ocurría.
Mientras caminaba pudo escuchar algo entre un callejón, con curiosidad se acercó a allí, había algunas cajas y barriles, movió las cajas descubriendo a un grupo de civiles escondidos, eran una mujer adulta, entre 25 y 30, en sus brazos tenía un pequeño bebé envuelto en telas y a su lado un niño no mayor a los 6 años. La mujer le miró con tal terror como si viera a un demonio a los ojos.
– Por favor, por favor tenga piedad no nos lastime – Suplicó aterrada mientras cubría al bebé.
– Creo que es el peor lugar que pudiste elegir para esconderte – Dijo con una voz muy amable, por extraño que fuera, aunque su fría mirada no daba nada de confianza – Dime ¿Hay alguna aldea cercana a la que puedas escapar con ellos? – Preguntó.
La mujer se sorprendió ante esa pregunta, dudó un poco, pero decidió decirle. Se puso de pie, aun temerosa y desconfiada. Señaló un muro bastante alto al fondo del callejo el cual les impedía el escape.
– En esa dirección, a algunas horas hay otra aldea – Comentó con una temblorosa voz.
El hombre asintió y se acercó a dicho muro, lo tocó, de alguna manera calculó la fuerza que necesitaría, levantó su pierna y con una simple y algo floja patada logró derruirlo. Volvió la mirada a los civiles.
– Dense prisa, creo que aún pueden escapar – Comentó tranquilamente.
Sin pensarlo dos veces la mujer tomó a los niños y salió corriendo. Pasó a un lado de ese raro y bondadoso samurái.
Espera – Llamó él para que la chica se detuviera. Se acercó a ellos y se quitó su haori. Se lo dio al niño para que se cubriera – Lo noche será fría, busquen un lugar donde esconderse de la tormenta.
– Muchas gracias señor, salvó nuestras vidas – Sonrió enormemente al ver su esperanza y un hombre que no era un asesino, que parecía un milagro que la encontrara ella y los niños. La mujer emprendió su camino tan rápido como podía alejándose los más que pudo hasta perderse en la distancia.
Por otro lado, luego de acabar con la mayoría de los aldeanos, el heredero y sus hombres se reunieron en la entrada de una empalizada. Sobre una colina cerca del pueblo había una especie de fuerte rodeado por una empalizada de madera, allí había una parte de los aldeanos escondidos y encerrados.
– Si lo desea puedo abrir la puerta fácilmente mi señor – Sugirió Tetsuo tomando su gran garrote.
– No Tetsuo, no me interesan las vidas que hay allí – Comentó tranquilamente le heredero mirando el lugar analizándolo.
– ¿Les perdonará la vida, mi señor? – Cuestionó sorprendió el guardaespaldas.
– Claro que no. Los mataré a todos – De forma perversa rió ante la pregunta de su guardaespaldas – ¡Ashigaru arqueros, al frente, preparen!
Con esa orden un grupo de arqueros se colocó en filas. Cargaron sus arcos y apuntaron, solo esperaban la especificación de su amo.
– Vuelen el lugar en pedazos – Ordenó sonriendo esperando tan magnífico resultado.
Los arqueros soltaron una roda de flechas, aproximadamente cien, buscando que todas cayeran dentro del lugar sin preocuparse de si le daban a algo, solo importaba que estuvieran dentro. Pero la acción no acaba allí.
– Arte yumi, Estilo de fuego. Flecha explosiva – Esto lo dijeron todos los arqueros al unísono.
Las flechas hicieron lo que debían, explotaron cual bombas destrozando el lugar, y a quien estuviera dentro, solo se oyeron gritos desgarradores durante los primeros momentos, luego de que las explosiones terminaron todo quedó en silencio, el silencio que queda cuando decenas de vidas desaparecen en segundos.
– Excelente estrategia mi señor, sin dudas no quedó nadie con vida allí dentro – Felicitó el gigante a su amo.
– No hay nada de gloria en asesinar insectos. Espero que los ninjas supongan un mayor reto – Comentó con desprecio mientras se retiraba del lugar dando vuelta a su caballo – Envíen la señal a los barcos, la flota puede atracar.
Continuara…
(Ending: Dont say goodbye - Skillet)
Fersaw: hola mis estimados lectores. Espero que estén bien, yo estoy de maravilla y por ello traigo, en menos de 24 horas, el siguiente capítulo de este proyecto. Este es el primer capítulo con un poco de acción y espero lo hayan disfrutado leyendo, tanto como yo escribiéndolo. Realmente no tengo mucho que decir, aun el inicio de este proyecto, el cual espero sea de vuestro interés. Dicho esto, nos vemos la próxima.
