N/A: Muchas gracias... Había olvidado lo que es tener tantos comentarios! Como veis, prometí que volvería y ya tengo el primer capítulo... Voy a intentar alternar un capítulo centrado en el "universo Kurt" y otro en el "universo Blaine" hasta que esa separación sea insostenible por la historia. Espero que no sea confuso o raro, todavía tengo alguna duda de como hacerlo...

Bruja Inocente, muchas gracias. Te respondí en otro fic a este comentario porque... Bueno, no quiero dar muchas pistas de lo que va a pasar... No sé si te gustará, aunque puedes darle una oportunidad... O no, eres libre de elegir... Besos

Fioreeh-VCC, muchas gracias. Bienvenida al loco universo de Darri... Debo decirte que espero no asustarte... O espero que no me abandones si eres KurtLover... Estoy muy loca y se nota cuando escribo...

Siento que no sea lo que esperabas, pero Orgullo y Prejuicio también es uno de mis libros favoritos y no... ¡Nunca! podría hacerle eso... Espero que te guste la historia... Besos


CAPÍTULO 1: KURT ELIZABETH HUMMEL

La canción Born This Way de Lady Gaga comienza a sonar en la habitación. Un joven de cabello castaño y ojos azules se despertaba con ese sonido. Apagó el despertador y se estiró para activar sus músculos. Se levantó algo cansado, era el primer día de su último curso de instituto y tenía sentimientos encontrados.

Por una parte, no quería que comenzase el curso. El verano era su etapa favorita ya que podía pasar mucho tiempo con su novio, Dave. Le encantaba levantarse tarde y salir de casa nada más estar preparado para encontrarse con Karofsky y pasar toda la mañana besándose y... Bueno, muchas veces acababan desnudos en la cama de uno de los dos disfrutando de la soledad de sus hogares ya que sus padres estaban trabajando.

Por otra parte, cuanto antes comenzara el curso, antes acabaría y por fin podría salir de Ohio para dirigirse a Nueva York a cumplir sus sueños. Por suerte, su novio también quería ir a la Gran Manzana. Otro de los motivos que hacían que le gustara el comienzo del curso era que él era el Rey del McKinley. Él era el capitán de las Cheerios y su pareja era el capitán del equipo de fútbol americano y nadie se atrevía siquiera a mirarlos a los ojos.

A pesar de que sus deseos de estar a solas con Dave eran más fuertes que otra cosa, no tuvo alternativa que levantarse y dirigirse a la ducha. Sabía que tardaría mucho en estar listo para clase por lo que no tenía tiempo que perder.

Disfrutó de la calidez de las gotas de agua que caían por su cuerpo mientras extendía el gel con ayuda de una esponja. Dejó su cabello para el final, al que aplicó varios productos para que estuviera tan perfecto como siempre, incluso durante las duras prácticas de las Cheerios que la entrenadora Sylvester solía planificar para torturar a sus alumnos.

Cuando terminó, salió de la ducha y cogió una toalla para secar su cuerpo. La pasó con cuidado por cada parte para que no quedara nada de humedad para después aplicar una crema hidratante para que su piel estuviera eternamente suave. Se cuidaba siempre con gran esmero para estar más que perfecto.

Después se puso el apretado uniforme blanco y rojo que le destacaba entre todos los alumnos del McKinley. Estaba muy orgulloso de todo lo que había conseguido en sus años de estudiante. Había sido duro y difícil, pero por fin lo tenía todo.

Salió del baño totalmente listo y bajó a desayunar. Su padre, Carole y Finn ya estaban en la mesa. Sonrió al ver a su familia, muy distinta a como era tan sólo dos años atrás, pero no podía negar que le gustaba más así.

– Buenos días. – El castaño comentó alegremente mientras se sentaba en el espacio libre que quedaba al lado de los dos adultos y frente al otro adolescente.

– Parece que alguien se levantó con mucha energía. – Burt señaló con una sonrisa.

– Último curso... ¿Quién no estaría encantado de acabar sus clases en ese infierno? – El ojiazul respondió.

– No tengas tanta prisa. El final de tus años en el McKinley también supone que te alejes de mí para siempre. – El padre comentó.

– Nunca me alejaré para siempre... ¡Iré a Nueva York, no al Ártico! – El adolescente comentó divertido.

– Todavía no me has dicho si compartirás apartamento con Rachel y conmigo. – Hudson intervino.

– No lo sé... Tengo que pensarlo... Cuando tenga una respuesta te la daré... – Kurt mintió. Él ya sabía que no compartiría apartamento con su hermanastro y la enana gritona que tenía por novia. No entendía por qué Finn hacía eso con su vida. Él había sido popular y había salido con Quinn, una de las mejores Cheerios y además era la más hermosa. Sin embargo, sacrificó todo por el coro del instituto y ese Hobbit con aspiración a diva fracasada y con un gusto dudable en cuanto a vestuario.

Los dos hermanos salieron de la casa cuando terminaron el desayuno, dispuestos a hacer frente al primer día de clases. Se montaron en el coche y se dirigieron a casa de los Berry para buscar a Rachel. Desde que esos dos comenzaran su relación, había tenido que ceder el asiento del copiloto a esa imitación barata de Barbra Streisand.

Cuando ella salió por la puerta, Kurt se cambió de sitio para dejarle a ella sentarse junto a su novio. La verdad es que odiaba tener que ser amable con ella pero no podía hacer otra cosa ya que no quería dañar a su hermano.

– ¿No es increíble? ¡Nuestro senior year! ¿No estáis emocionados? Espero que por fin New Directions consiga su campeonato nacional... ¡Nos lo merecemos después de tanto esfuerzo! Además, contamos con los dos más talentosos del mundo entero... Sé que Blaine y yo vamos a estar fantásticos en estas competiciones porque por fin se ha dado cuenta de que la solución está en cantar canciones de Broadway en vez de elegir canciones de Katy Perry, Maroon 5 o Pink... ¡No sé en qué estaba pensando!...

La joven siguió hablando mientras su novio asentía y le decía que estaba de acuerdo con ella de vez en cuando. Hummel decidió desconectar de la conversación en cuanto escuchó hablar de "Don Perfecto". Blaine Anderson era una persona que siempre le había costado entender... Tenía una vida perfecta, unos modales perfectos, unos amigos perfectos, una voz perfecta, una belleza perfecta, una forma de vestir perfecta... Y eso era lo que más odiaba del otro Hobbit del McKinley. Nadie podía ser tan perfecto.

Por fin llegaron al instituto y Kurt se bajó rápidamente gritando un "nos vemos luego" mientras se alejaba a toda prisa. Quería encontrar a su novio cuanto antes.

Mientras caminaba por los pasillos, empujó a varios nerds contra las taquillas e, incluso, consiguió un Slushie para tirárselo a alguien... Y para su fortuna, ahí estaba Blaine... No podría haber planeado nada mejor. Lanzó el líquido helado de color morado sobre la cara del líder de New Directions.

– ¡Buen comienzo de curso, Frodo! – El castaño gritó y pronto escuchó unas risas tras él. Se volvió para ver a Dave y Azimio que se acercaban a él.

– Ha sido buena... Os dejo parejita. – Adams exclamó antes de marcharse.

– Hola, bebé. – Karofsky besó a su novio sin importarle que Anderson se alejaba dejando un camino de gotas moradas que iban cayendo de su cara.

– Hola amor... ¿Listo para el primer día de clase? – El ojiazul cuestionó.

– Ahora que te veo, totalmente listo. – El más alto comentó antes de agacharse para besar a su novio otra vez en los labios con dulzura.

Los dos caminaron por el pasillo de la mano, haciendo que todos se apartaran de su camino sin siquiera tener que pedirlo. Ellos no tenían que molestarse en cosas como esa, no mientras siguieran siendo la realeza del McKinley.

Las clases fueron normales, con Kurt sentándose siempre con sus amigas animadoras o con los miembros del equipo de fútbol... Aunque no con todos. Sam, Puck, Mike, Brittany y Kitty formaban parte del Nerd Team porque estaban en el Glee Club y eso era algo que no podía tolerar. Sólo Finn se libraba y eso era porque era su hermano.

Cuando la última clase terminó, salió al pasillo junto a su novio y Sue Sylvester se acercó a él con una expresión muy seria. La verdad era que no sabía que esperar de esa mujer.

– Porcelana, el director te quiere en su despacho ya. – La rubia dijo muy seria y el joven la acompañó hasta el despacho del director Figgins totalmente intrigado por el motivo por el cual tenía que estar allí.