Mis hermanos siempre tenían ventaja en todo. Desde nuestro nacimiento hasta en el derecho para jugar. No es justo. Se llama machismo al desprecio a las mujeres por ser mujeres. Tristemente está demasiado arraigado a nuestra sociedad.

—Kenny, Dylan— les saludé.

Todos los que habían prestado una mínima atención clavaron la mirada en mí y mis hermanos, esperando la explicación a todo. Mientras tanto, se habían parado a mi lado, cada uno con una mano en cada uno de mis hombros. Por sus ojos, adiviné las locas teorías que se estaban inventando, como siempre.

— Hi, everybody— Kenny siempre tomaba la iniciativa—. Soy Kendall Ichinose, el hermano de April— tonto, no tenía que enterarse todo el vecindario.

— And I am Dylan, gemelo de Kenny y mellizo de April. Somos trillizos— gracias por la aclaración, Dylan.

— ¿Trillizos?— oí que susurraban. Se había formado un círculo alrededor nuestra.

— ¿Los tres vais a entrar en el club?— preguntó Kazuya, dando un paso hacia adelante.

— No, no puedo estar aquí y en Kyoto a la vez—exclamó Kenny, pero por la cara de todos suspiró—. Soy Kendall, tampoco nos parecemos tanto.

— ¿Qué escuela en Kyoto es tan buena como esta?

— Kenny no hará béisbol, sino baloncesto. En Rakuzan— especificó Dylan sonriente—. Yo estaré en Nekoma y haré volley.

— Repito— espetó Kuramochi cortante—, las chicas no juegan al béisbol.

— Venga ya. Apuesto a que April juega mejor que casi todos.

No se hable más. Siempre tiene que terminar igual. Tras cambiarme con el traje que me prestaron, calenté un poco el hombro. Kenny se había puesto en casco para recibir algunos lanzamientos. Muchos abrieron los ojos de más cuando escucharon el primer sonido ensordecedor de su guante.

— Empieza por ciento cuarenta, te vas a hacer daño— comentó Dylan.

— Creo que no necesitas más— replicó Kenny—. ¿Quién quiere batearle a April?

Ese tal Kuramochi se adelantó y me retó con el bate. Sonreí mordiéndome el labio, malditos creídos. Kenny ocupó el sitio del catcher y Dylan, la primer base. Suspiré y me coloqué. Levanté mi pierna y di una zancada, mi brazó se movió solo como un látigo. Una recta rápida de unos ciento cincuenta kilómetros por hora cruzó la distancia entre el bateador y yo, llegando intacto al guante de Kenny. El bateador solo había observado, por lo menos era prudente.

— No hace falta que mires— le dijo Kenny—, el siguiente será un splitter vertical hacia fuera y abajo.

Escuché los asombrados murmullos del grupo de chicos que miraban. Sonreí, cambiando el agarre, y me dispuse a lanzar otro strike. La pelota volvió a aterrizar justo en el punto deseado y el bateador abanicó en vano. Mis bolas quebradas tenían vida propia, el splitter especialmente.

— Último tiro, April— me animó Dylan—. Haz contacto por favor, me aburro aquí.

— Será un cambio de velocidad, ¿vale?— preguntó Kenny mientras se colocaba en el centro de la zona de strike.

Asentí y volví a cambiar el agarre. Me sentí ligera conforme lo lanzaba, el cambio de velocidad era sin duda, mi tiro favorito. Vi perfectamente la cara agonizada del bateador cuando mi bola quebró. Aquello me satisfacía enormemente, los abanicos al aire.

— Tres strikes, out— anunció Kenny—. Lo siento por ti, Dylan.

Dylan bufó y le devolvió el guante a quien sea que se lo haya prestado. Yo me volví a cambiar. Ahora todos me miraron respetuosos, se lo tenían merecido. No subestimes a nadie hasta que no confirmes sus habilidades, es lo básico.