"Capitulo 2"

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Para Naruto Uzumaki su corta vida no ha sido sencilla, por no decir que era una miseria, con tan solo seis años de edad era víctima de las miradas de desprecio de muchos de los aldeanos, golpes, palabras hirientes que en ocasiones dolían más que los golpes, todo por una razón que el desconocía y que al parecer se le era negada conocer, ya que, cada que lo preguntaba, era golpeado con respuestas monótonas.

"Eres un monstruo"

Las experiencias duras que ha llevado le enseñaron a no confiar fácilmente en las personas que parecían querer brindarle ayuda, como consecuencia siempre terminaba lastimado de una forma u otra; nunca pidió mucho, solo una palabra cálida, alguna sonrisa que no tuviera dobles intenciones, ciertamente estaba perdiendo la esperanza, al menos fue así hasta que ella llego… aquella extraña niña que parecía ser mayor que él, todo en ella le resultaba extraño, comenzando por sus raros ojos de un extraño tono blanco que parecía perlado, su cabello de un raro tono entre azulado y negro, su piel extremadamente blanca, ¿Quién era ella?, no tenía idea, solo sabía que la primera vez que la vio, en aquel parque, ver cómo le brindaba su ayuda lo descoloco, el que no lo repudiara le fue extraño, por eso huyo temeroso y cuando al día siguiente la encontró, o ella a el, donde se dejó abrazar por ella dejándose mostrar débil, escuchando sus palabras que lo dejaron estupefacto

"No te preocupes, yo te protegeré. Siempre lo haré, es mi promesa".

¿Qué significado tenían? No lo comprendía, creyó que era una broma, pero cuando ella se separó de él y le brindo una cálida sonrisa se quedó sin palabras.

—Soy Hinata Hyuga, y a partir de hoy prometo protegerte— declaro ella con convicción

Desde aquel día había hecho lo posible para evitarla, pero donde quiera que él estuviera, Hinata Hyuga aparecía, no entendía porque ella no comprendía que no la quería cerca ¿tan difícil era hacérselo entender?, por mucho que la mirara mal, le dijera que se fuera, ella siempre regresaba con su amable sonrisa, repitiendo las mismas palabras.

"Te protejo, ya te lo dije"

¡¿Qué tenía que hacer para que le dejara?!, la calidez que ella emanaba lo perturbaba, nunca había tenido ese tipo de afecto y que de un día para otro alguien llegara de la nada proclamando protegerlo lo desconcertaba.

Un día caminando por las calles de Konoha, evitando las miradas fulminantes de muchos, se dirigió a una no muy peatonal, casi llegando a la arboleada del bosque, detuvo sus pasos frente a un árbol un poco magullado, el cual utilizaba para, según él, entrenar, acaricio su tronco con tristeza, ¿realmente… realmente algún día lograría su sueño de convertirse en Hokage?, el sonido de un quejido lo saco de sus pensamientos, se acercó a unos arbustos, donde tras de removerlos, la escena que ocupo su campo de visión lo dejo estupefacto.

Hinata…

Pero no estaba sola, un grupo de niños la tenía rodeada, por lo que podía contar eran tres y por sus expresiones no parecían contentos.

—Mira nada más, si es la niña con ojos de muerto— se mofo uno de cabello castaño oscuro— Que fea eres ¿acaso no te ves en una espejo antes de salir de tu casa?

Naruto observo como Hinata apretaba los puños, incluso podía jurar que algunas lágrimas se asomaban en sus ojos.

—Oe ¿acaso no es ella la que siempre esta tras ese niño idiota al que no se nos permite acercar? —cuestiono con burla ahora uno de cabello azabache, los otros rieron asintiendo

—¡Es cierto! ¿Qué tus padres no te enseñaron que es malo pegarse a la peste?

Para naruto todo paso en cámara lenta, aquel niño adelanto su mano para tomar del cabello de Hinata pero ella, sorpresivamente, la agarro fuertemente, ejerciendo tanta presión que notaba como se formaba una marca alrededor.

—Nunca…— Hinata doblo la muñeca de el para atrás sacándole un alarido de dolor—vuelvas a referirte a el así en mi presencia— dándole el ultimátum le soltó la mano, dejándolo caer estrepitosamente en el suelo

Unas extrañas marcas alrededor de los ojos de ella lo espantaron tanto a él como los atacantes, desde su parecer, aquello era un poco tenebroso y hasta cierto punto doloroso. Naruto creyó que todo había acabado, más cuando uno se lanzó contra Hinata, siendo evadido ágilmente por ella, terminando con su rodilla clavándose en el estómago de aquel chico, jadeo sorprendido, ella lo miro caer con una mirada inexpresiva que no le había visto antes, para girarse dispuesta a irse.

—Maldita

Una mueca se formó en su rostro cuando recibió el golpe en el rostro, rápidamente había salido de su escondite al ver el puño de aquel chico aproximarse a Hinata y como posiblemente ella no podría evitarlo, su cuerpo se movió por impulso para protegerla, de soslayo observo su expresión sorprendía, por lo que sonrió, haciendo que abriera los ojos aún más de sorpresa.

—No permitiré que la lastimes —extendió sus brazos a los lados, observando con una mirada determinada al muchacho, el cual, al ver que tenía desventaja se marchó, dejando a sus amigos en el suelo

Naruto bajo los brazos en un suspiro cansado, se giró para ver a Hinata, notando curioso como ocultaba su rostro con su fleco.

Lo siguiente que supo fue que estaba en su departamento, siendo curado por Hinata, ella sin decir palabras lo había arrastrado a su departamento, intento ignorar el hecho de que supiera donde vivía y solo se concentró en observar cada uno de sus movimientos, parecía tener experiencia curando heridas físicas, le untaba algo que no sabía que era pero por el ardor que le provocaba no era agradable, unos minutos pasaron antes que ella se alejara de él, guardando las gazas que uso para curarlo en un pequeño maletín rojo; Naruto contemplo su espalada, a su mente llego el momento en que ella lo había defendido, sus palabras que habían colado dentro de él.

"Nunca… vuelvas a referirte a él así en mi presencia"

Ella lo había defendido, no recordaba una sola vez en que alguien hubiera echo tal cosa por él, un extraño sentimiento se instaló en su pecho, haciendo que una nueva felicidad lo embargara.

—Porque…—la voz de ella fue como un pequeño susurro que de no haber sido por el silencio del lugar no habría escuchado, ella giro lentamente, observándolo con el ceño fruncido —¡¿Por qué hiciste eso?! ¿Estas consiente que pudiste salir aún más lastimado? —ella coloco sus manos sobre sus caderas, formando una expresión seria en su rostro

—Yo…

—Pude haberlo detenido ¿sabes? — ella parecía un poco frustrada—no debiste protegerme… soy yo quien…

—¡Yo nunca te lo pedí! —exaltado se puso de pie, mirándola con las cejas arqueadas —no te necesito, ¡puedo cuidarme solo!...pu-puedo estar bi-bien sin ti…— poco a poco, su voz se fue quebrando, el nudo en su garganta se hizo tan grande que tuvo que cerrar la boca por miedo a quebrarse y soltar sollozos— ¿Por qué? ¿¡Porque todos me odian?! ¡Que hice! Porque… porque…—repetía ya entre lágrimas, dejándose caer al suelo, abrazando sus rodillas oculto su rostro

Lloro descontroladamente casi un minuto, todos sus sentimientos salieron de golpe, no podía soportarlo más, solo quería esconderse bajo su cama, huir de todas esas miradas que deseaban su mal.

Una calidez reconfortante lo rodeo, los brazos de Hinata rodeaban su cuerpo con tal delicadeza, como si temiera romperlo. Alzo la vista para verla, sus grandes ojos perla lo miraban con un sentimiento que no supo descifrar.

—¿Por qué…?—musito apenas, volvió a bajar la cabeza cuando sintió la mano de ella colocarse bajo su barbilla suavemente, alzándosela

—Porque en ti pude ver la persona con el alma más pura que he conocido —le sonrió, revolviendo los cabellos rubios de el— sé que a pesar del sufrimiento que has pasado tu corazón no alberga odio, es por eso que te admiro— Naruto la miro genuinamente sorprendido — tienes la suficiente fortaleza para salir de las penumbras. ¿Sabes?, no tengo duda que te convertirás en un gran Hokage

—E… ¿enserio lo-lo crees? —cuestiono incrédulo

—Claro, y yo, Hinata Hyuga ¡prometo que te acompañare en tu camino! —proclamo alzando su puño

Naruto no pudo evitar sonreír emocionado, soltando algunas lágrimas de felicidad.

—Naruto… Uzumaki Naruto —le dijo, estando consiente que hasta el momento no había dicho su nombre

—Lose, es difícil no saber tu nombre cuando lo gritas a los cuatro vientos —sintió sus mejillas arden furiosamente mientras ella reía encantada— ¿Qué dices?

—¿eh? ¿Qué cosa? —la miro confundido

—¿me permitirás protegerte, estar a tu lado, tomar tu mano cuando caigas? —una radiante sonrisa se formó en las facciones femeninas— o bueno, al menos hasta que te conviertes en el más grande ninja de todas las eras

Impresionado.

Estupefacto.

Asombrado.

Eran muchas emociones que atravesaron los ojos de Naruto, que, sin previo aviso, empezaron soltar lágrimas, se llevó una mano a su rostro para apartarlas. Nunca, jamás creyó que alguien confiaría tanto en él, recibiendo siempre el desprecio de las personas ¿Por qué simplemente llegaba ella a iluminar su vida?, era tan irreal que temía en cualquier segundo desaparecería, por eso la evadía, temor a que solo fuera algo momentáneo, falso que solo terminaría lastimándolo como tantas veces, pero Hinata tenía esa expresión tan honesta que no podía rebatir sus palabras, de verdad confiaba en él. Sintió los delicados dedos de ella apartar sus manos de su rostro.

—No llores, detesto ver esos preciosos ojos inundados de tanta tristeza. Nunca te abandonare, te protegeré de los que quieran causarte daño, tu eres especial, Naruto Uzumaki —ante sus palabras abrió los ojos sorprendido, sintiendo que el aire había dejado de llegar a sus pulmones— sé que en ti hay un legado que marcara la historia shinobi—termino con una dulce una sonrisa

—¿lo… prometes?

—Es una promesa —Hinata alzo el meñique, a lo que naruto confuso ladeo la cabeza, ella rio, tomando el meñique de él y enredándolo con lo suyo, dándole un ligero apretón

El pequeño rubio sonrió ampliamente, lanzándose a la chica, desde que la conoció, era la primera vez que tenía ese gesto de su parte a ella.

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Ya no había más temor, dudas, Naruto logro encontrar en Hinata una persona en quien confiar, alguien en quien sostenerse cuando su mundo parezca derrumbarse a su alrededor…

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A partir de ese momento, una nueva conexión unió a ambos niños, una conexión que evolucionaria con los años, trayendo tanto felicidad como un pago tormento.

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"El amigo es aquel que entra cuando todo mundo ha salido"