Disclaimer: Hetalia axis powers no me pertenece queridas mías. No hago esto con fines de burla ni lucro. Pido perdón por anticipado si esto ofende a alguien.

Personajes: Alfred (Estados Unidos), Arthur (Inglaterra)

Summary: En esta vida hay secretos, algunos más oscuros y difíciles de afrontar que otros. Pero en una relación lo mejor es no guardarlos ¿Cierto Arthur? Mentiras, engaños, traiciones, dudas, miedos... AU UsxHermafrodita!Uk Crack fic. No lemon.

Nota: Mucha información que encontré de esto no me sirvió, así que hay varias cosas que me inventé.

Este fic fue creado básicamente en sociedad, por lo que TheFannishaUsui tiene el honor de presentar a su co-autora… -redoble de tambores-Hana Masuku–sonido de aplausos-

Capítulo 2: "Conviviendo con el miedo"

El inglés había visto miles de veces el desordenado apartamento de su novio, solía reprocharle que todo pareciera un basurero y que cualquier persona normal se enfermaría con solo poner un pie ahí, sin embargo, ahora estaba eternamente agradecido de aquel infernal desorden, pues por esta noche, lo había salvado.

—Pero Artie~ ¿no podemos irnos a acostar? —rogaba el americano mirando a su británico ir de un lado a otro con una enorme bolsa de basura al hombro recogiendo y limpiando toda la inmundicia que había en aquel suelo de tablas de madera—vamos, puedes hacer eso mañana, es más ¡mañana yo te ayudo!

—No Alfred, me niego rotundamente a dormir entre basura—remarcó la palabra 'dormir', consciente de que no era precisamente lo que quería hacer el estadounidense. La odiosa conversación con sus padres no dejaba de darle vueltas en la cabeza ¿por qué no le dejaban operarse?

—Oye, no necesariamente tenemos que dormir…—abrió una lata de Coca Cola nueva, comenzando a beber a grandes sorbos. Unos minutos después, ya la lata se encontraba en el suelo.

—Solo dormiremos, Alfred—declaró con voz grave y afilada, dando a entender que no planeaba dar el siguiente paso esa noche, y mucho menos en medio de la inmundicia. Cuando iniciaron los lloriqueos del menor –que seguramente venían acompañados de su famosa cara de perrito triste-, se metió en la habitación, para continuar limpiando ahí.

Cerró la puerta del cuarto y por un momento se permitió sentarse junto a ésta, con la espalda pegada a la pared. Los pensamientos seguían atormentando su pobre mente. ¡Tenía que decirle! Suspiró infundiéndose valor ¿era realmente la hora? Sentía las piernas de gelatina, no, no quería… Pero, era necesario. Estuvo a punto de usar su cabeza de martillo para terminar de poner un clavo salido de la pared, ¡mierda, era el momento!

Cerró los ojos y en un arrebato de valor se levantó, abrió la puerta de golpe y se plantó frente a Alfred con la mirada más seria y a la vez más preocupada que podía.

—Alfred, tenemos que hablar—declaró con voz casi mecánica, el estadounidense casi se atragantó con su hamburguesa ante esto ¡¿Ha-hablar?

— ¡No me dejes Arthur! —Comenzó a chillar como niño pequeño— ¡No vuelvo a tratar de forzarte a tener sexo, lo prometo! ¡Pero es que entiende, me pones caliente! Veo tu trasero y pienso: "joder, es virgen, debe ser tan estrecho, como me gustaría metérsela…" ¡Porque eres virgen! ¿Cierto? —Sus ojos azules se abrieron como platos— ¡No, espera! ¡Vas a decirme que ya no eres virgen porque un violador te agarró en un callejón y te dio y te dio y ahora estás embarazado de él, así que quieres dejarme para poder irte con ese idiota! —Jadeó, con otra idea muy… Americana, en la mente— ¡Espera! ¡Espera! Si eres hombre no te puedes embarazar… ¡Te violó un extraterrestre! ¡Y ahora tienes sus huevecillos dentro y te quieren llevar y no sabes qué hacer! —Arthur estaba en shock, su novio se acercó a abrazarlo— ¡Pero ahora estás con el hero! ¡Ya verás, te quedarás conmigo! ¡Cuidaré a los pequeños extraterrestres como si fueran mis hijos! —Unas cascaditas bajaron por sus ojos, pero de pronto volvió a sonreír— ¡¿Podemos llamarlos Clark Kent y Diana de Temiscira?(*)

—…—el inglés salió del shock— ¿De qué mierda estás hablando Alfred? —se lo quitó de encima y lo miró con el ceño fruncido—Primera, no te pienso dejar. Segunda, no me han violado—se sonrojó—sigo virgen… Tercera, no estoy embarazado. Cuarta… ¡Los extraterrestres no existen, idiota!

— ¡Sí existen!

— ¡¿Podrías dejar de decir sandeces y escucharme? —Jones se quedó callado como una tumba, más por el hecho de que su novio no le había negado nuevamente su existencia que por el enojo de éste—Solo quería decirte…—se puso pálido, recordando de súbito lo que iba a ir a decirle—la discusión que tuve con mi padre es porque…—tomó aire para volver a infundirse el valor necesario y miró a la nada, seguramente teniendo un duelo de miradas con sus amigas hadas— ¡Lo-que-pasa-es-que-quiere-que-te-diga-que-tengo-dos-sexos-pero-yo-no-quería-porque-temía-tu-reacción-entonces-me-mandó-para-acá-y-no-me-dejará-ir-a-casa-hasta-que-te-diga-y-yo-entenderé-si-no-me-quieres-volver-a-ver-porque-te-repugno-pero-quiero-que-sepas-que-te-amo-y-me-gustaría-seguir-con-esto-si-tú-lo-permites,-a-pesar-del-engaño-que-he-matenido!—habló tan condenadamente rápido que luego ni él mismo recordaba con exactitud lo que acababa de decir.

—…—contuvo el aire esperando que le dijera algo, pusiera cara de asco, lo insultara, lo corriera de su apartamento, terminara con él, difundiera el rumor, lo o- — ¿Qué dijiste?

—Eh… Yo…—solo era el inicio de la reacción, o eso creía—entenderé si me quieres echar o…

—No, enserio, ¿qué dijiste? No te entendí—en su cara solo se leía la inocente confusión y curiosidad. Arthur pasó de un pálido mortal a un rojo sofocante— ¿Podrías repetirlo?

— ¡No! ¡Porque si te enteras me odiarás! —salió corriendo y se encerró en el cuarto del menor, sintiéndose avergonzado por hacer tamaño numerito que no correspondía a un caballero como él, sino a una niña de cinco años…

Alfred con su fuerza monstruosa de estrella de fútbol americano comenzó a golpear la puerta y gritar, pidiendo entrar, preguntando si estaba bien y queriendo averiguar qué rayos acababa de pasar ¿Por qué Arthur se había comportado así? Se llevó la mano al mentón, haciendo con sus dedos como si acariciara la barba que no tenía.

Arthur cerró con llave y se encaminó a la cama King Size para acurrucarse bajo la manta y así ignorar los intentos de su novio. ¿Cómo rayos se había arrepentido tan rápido de contarle su verdad? Se bajó los pantalones y la ropa interior un poco, levantándose a mirar sus genitales en un espejo, ¿Qué demonios tenía de bueno tener doble sexo? Tenía más puntos erógenos quizá, pero él cambiaría toda capacidad de tener un orgasmo con tal de ser normal. Irónicamente, se sintió una pequeña indefensa y se volvió a acurrucar debajo de las mantas, quería llorar, no de miedo, de impotencia, quería llorar de esa impotencia que le daba de no poder decirle a Alfred lo que le pasaba.

El estadounidense se encontraba recargado en la puerta del otro lado, tratando de recordar lo que acababa de ocurrir, como una forma de saber qué le pasaba al británico. ¿Qué había sido toda esa perorata que había soltado? Cerró los ojos y trató de recordar… Uhm… Hamburguesa… Hace tres horas que no comía una… Se levantó y fue a buscar una a la cocina, mientras la comía empezó a recordar, pero entre las palabras tan rápidas solo fue capaz de entender unas pocas.

"…temía tu reacción… …seguir con esto… …engaño…"

Una palabra en específico le hizo tener la piel de gallina, "engaño"… Su… Su Artie… ¿Su Artie lo estaba engañando? El corazón le empezó a latir de forma rápida, lo único en sus oídos era ese incesante latido, de pronto el estómago le dolía y se sentía sudar a pesar de que no tenía motivos para ello. ¡Arthur lo estaba engañando! Un escalofrío lo recorrió. Seguramente eso era lo que quería decirle, oh Dios ¡Arthur le estaba poniendo unos enormes y gruesos cuernos! ¡Estaba tan cornudo que apenas podía levantar la cabeza por el peso! Seguramente todos en la escuela lo sabían y por eso se reían de él cada vez que no sabía la respuesta de "¿Cuánto es 7x8?"

Desde esa noche las maravillosas sensaciones de amor se convirtieron en miedo por ambos lados. Alfred no hizo intento alguno de entrar en su habitación a dormir, durmió en el sofá del comedor… Bueno, realmente no pudo dormir, sus pensamientos no se lo permitieron. Arthur se acurrucó en la cama con el olor de su novio en su nariz, pero sus sueños se volvían pesadillas, donde las risas, el odio y la repulsión eran indiscutibles protagonistas.

Y esa noche, cuando las pesadillas se adueñaron de la cabeza de Arthur, nadie estuvo ahí para consolarlo y decirle que todo había sido un sueño.

Y esa noche, cuando los amargos pensamientos de Alfred no lo dejaron dormir, nadie estuvo ahí para aclarar su mente y tranquilizar su corazón.

Fue la peor noche de la historia para estos dos novios.

La mañana siguiente fue tensa, demasiado, la tensión sólo podía cortarse con una sierra eléctrica. En el desayuno rehuían la mirada del otro, era un silencio incómodo y absoluto que ninguno se atrevía a quitar, porque era un escudo que evitaba que sus peores temores fueran confirmados. Y las preguntas rondaban en la cabeza de cada uno clavando estacas de dudas en sus corazones.

"¿Me engaña?"

"¿Me aceptará?"

Tomaron el autobús a la academia, no quisieron arriesgarse a conducir y que sus mentes torturadas los hicieran chocar, no se lo perdonarían.

En clase sus cabezas estaban en las nubes, de Alfred era normal, pero los maestros pronto se hallaron preocupados del estado actual de Arthur, ¿por qué no atendía la clase? Por dios, que había respondido mal una pregunta en clase de inglés, ¡de inglés! ¡¿Cómo mierda un chico de Inglaterra puede no saber inglés?

Los maestros del chico cejón se reunieron durante el receso y decidieron ir a hablar con el director, para que éste llamara a sus padres para comentarles de aquel extraño comportamiento a ver si tienen algo que ver.

—Señor Kirkland, soy el Director Rómulo (**) de la World academy, quería comentarle algo sobre su hijo Arthur que tiene algo preocupados a sus maestros—habló el hombre de cabello castaño por el teléfono, escuchó medianamente atento unos segundos antes de continuar—sí, bueno… Al parecer a andado distraído todo el día, también tiene cara de no haber dormido bien, ¿acaso tuvieron una pelea anoche? —Preguntó sin mucho tacto, recibiendo una dubitativa respuesta afirmativa—bueno, entonces eso le diré a sus maestros, no se preocupe señor, las peleas de padres con adolescentes han existido toda la vida, no pretendo juzgarlo. Bueno, adiós…—cortó y río levemente, así que Arthur no era el hijo tan perfecto que todos creían…

Mientras tanto, en casa de los Kirkland, Raymond miraba fijamente el teléfono que acababa de cortar y una indescriptible sensación de culpabilidad le pasó por el cuerpo. No tardó en pensar que su hijo había hecho lo que le pidió, y todo había resultado terriblemente mal. Sus ojos hirvieron de rabia y en un dos por tres esa rabia tenía nombre y apellido.

—Alfred F. Jones…

-Fin del capítulo 2-

(*) Clark Kent y Diana de Temiscira: los nombres reales de Superman y la Mujer maravilla respectivamente.

(**) Es el nombre que uso para el abuelo Roma, me gusta porque está sacado de la leyenda de "Rómulo y Remo".

Joe, me demoré mucho y fue corto Uu pero bueno, hago lo que puedo . tengo muchas ideas en la cabeza que se me alborotan =( bueno, tratare de hacer llegar el cap. 3 más rápido.

Bye~