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Lincoln Loud regresa a casa

Salir del callejón había resultado ser más sencillo de lo que esperaba, todo lo que tenía que hacer era alejarse lo máximo posible del cadáver de su antiguo mejor amigo. Creyó que entre más se alejara de Clyde, más culpable se sentiría. Pero no vio razones para sentirse triste. Echaba de menos todos los momentos que vivió con Clyde, y más aun los que podrían haber vivido si esa tontería del video no hubiera estallado en su cara, pero aun así, no podía sentirse triste o llorar por el cuerpo destrozado que había dejado atrás.

Era extraño…

Había tratado el cuerpo de Clyde como trataría el de cualquiera que encontrara tirado por ahí: primero las armas, luego revisar si tiene algo útil. En este caso el dinero. Lincoln no sabía que lo había motivado a tomarlo, pero al no escuchar sonidos de explosiones, disparos y maldiciones, creyó que la purga aún no había iniciado, de ser así, podría tomar un taxi de aquellos conductores suicidas que siempre recogen gente desesperada en las calles una hora antes del inicio de la purga.

A menos que la mierda de Stimbelton le hubiera mentido, lo que dudaba, ese hombre no cree en la mentira. ¿Para qué mentir cuando la verdad es más dulce? Esas habían sido sus palabras. Sólo que lo que el interpretaba como dulce, cualquiera lo identificaría como cruel, sádico y, en su mayoría, bastante crudo.

Seguía sin entender como un hombre así podía seguir vivo después de pasadas doce purgas, trece si se encuentra en una. Buena suerte para cualquiera que le tenga un rencor, él no haría el trabajo sucio, no era como los monstruos que recorrían las calles de Royal Woods aquella noche de depravación.

Él buscaba sobrevivir, los otros buscaban matar, torturar, violar. Aquella noche se vivía el hedonismo… para todo aquel que era un cazador. Pero si eras la presa… sólo podías cagarte en los pantalones y rezar que les dieras tanto asco que no quisieran desperdiciar una bala con tu cuerpo temblante en un montón de basura.

Lincoln era la presa.

Siempre lo había sido, y siempre lo sería.

Pero esto ya no se trataba de presas y cazadores, sino de dar un maldito paso fuera de ese callejón. Algo que en estos momentos parecía imposible para Lincoln. Entre más se imaginaba a si mismo dando un paso del callejón oscuro y repleto de basura lista para servir de refugio contra todo lo malo en el mundo, más ardía su garganta ante por el vómito que no podía dejar de tragarse.

Las cosas estaban mal.

Ya estaba oscuro, ¿Por qué nadie estaba recorriendo las calles preparándose para purgar? Aun si no era media noche, las calles deberían estar atestadas de personas que no pueden esperar por liberar a su bestia. Tendrían que estar dirigiéndose a las casas de sus peores enemigos, sus jefes, algún compañero que los trate mal, un idiota que no les agrade, o cualquier otra persona que simplemente decidan tiene que morir. Todos los dementes tendrían que estar ya preparándose para creer que son los más grandes hijos de puta que hubieran pisado la tierra.

¿Por qué casi no veía personas en las calles? ¿Por qué las pocas personas que recorrían las calles caminaban con indiferencia? Había un cadáver en el callejón tras él, si no había empezado la purga y alguien se había emocionado de más, entonces la purga tendría que estar a punto de empezar.

Un enorme deseo de gritarles que demonios pasaba con todos ellos se apoderó de él, y de haber podido decir una palabra posiblemente lo hubiera hecho. Su capacidad de hablar se había reducido mucho los últimos meses. Todo lo que había recuperado se había perdido y sólo pudo tener una conversación más o menos decente con Albert Puto Stimbelton y Lucy. Pero con los demás su lengua se quedaba trabada.

Ni siquiera había podido cruzar una palabra con sus padres cuando por fin se decidían a visitarlo. Tampoco habría nada que decir… "Hola papá. Hola mamá. Lastimé a Lucy". ¿Le hubieran creído? O lo hubieran tomado como los delirios de un demente.

-Lucy… –Tenía que verla cuando… cuando algo pasó… Una alucinación.

Una versión mayor de él mismo. ¿El "Yo" que hubiera deseado ser? No podía negar que se veía bien… si ignoraba toda la sangre y lo que seguramente eran pedazos de órganos amontonados dentro de una camisa. Quizás era más el "Yo" que tenía ser.

También podría ser cualquier otra cosa. Realmente no le importaba, la mitad de ella se desvanecían cuando se tomaba una pastilla, y la otra mitad cuando se tomaba dos. Tres era lo máximo que podía alcanzar si no quería entrar en estado de coma.

El coma comenzaba a verse como una opción atractiva entre más tiempo pasara dudando en la entrada de aquel callejón. Podía sentir el pequeño cilindro dentro de su bolsillo. Lincoln no podía decir cuando había comenzado a sujetar su frasco de pastillas, pero sus labios resecos y agrietados no dejaban de rogarle por que se llevara una pastilla a la boca a ver que pasa.

Se tambaleó hacia adelante y dio su primer paso fuera del callejón. Su pierna derecha tembló demasiado y cayó sobre su rodilla. El dolor fue instantáneo, por lo general podía ignorar el dolor en su pierna, pero ahora lo sentía cada vez más grande. Le tomó un poco de esfuerzo levantarse y se apoyó contra la pared para no volver a caer.

¿Todo esto para salir de un callejón oscuro? Tenía que dejar de hacer un dilema moral por todo.

Los primeros pasos por las calles se le hicieron algo incómodo, era difícil caminar por un lugar abierto sin que nadie estuviera disparando o persiguiéndolo con un tubo de acero. Su paranoia no dejaba de hacerlo voltear por cada pequeño ruido o señal de alerta. Toda la presión que caminar nuevamente por las calles lo asfixiaba, lo hacía desear no haberse apartado del cadáver de su mejor amigo.

Ahora mismo podría estar hablando con él, ahí, mientras ve como se lo comen las ratas de la basura. –Hola, Clyde, a pasado un tiempo. Perdón por no aceptar tus visitas, pero no quería que me vieras así. Era mejor para los dos terminar nuestra amistad. No podía arrastrarte conmigo. Pero ahora da lo mismo, ¡Estrás muerto! ¿Vez esa rata huesuda entre tus intestinos? Algo me dice que será la más gorda del callejón antes de mañana. Por cierto, ¿Todavía tienes algo por mi hermana? Nunca supe que le veías a Lori. ¿Quieres que hablemos de eso? –Una pequeña risa se escapó de los labios de Lincoln al pensar sobre todas las cosas que podría haber hablado con el cadáver de Clyde. Podrían haber recuperado todo el tiempo perdido en una noche, al menos hasta que las ratas terminaran de comérselo. –Me alegra tanto volver a hablar contigo, Clyde. Es una verdadera lástima que hubieras tenido que morir, pero mira el lado bueno, te liberaste de una mierda de mundo.

Sus piernas se detuvieron en el momento de escuchar sirenas de policía tras él. No se había alejado muchas cuadras del lugar del crimen, por lo que podía ver las luces rojas y azules de las patrullas de policía. Su corazón casi saltó de su pecho al escucharlas. No por miedo a ser culpado o terminar detenido, sino por incredulidad de siquiera verlas. Por lo general la policía nunca tenía que actuar las horas antes de la purga, la mayoría de las personas podían esperar unas cuantas horas antes de comenzar a matar al prójimo. Y era inexistente durante la purga.

Sólo podía significar una cosa…

Lincoln se alejó un poco más rápido de las patrullas tras él.

Además de la revelación de que no podía ser la noche de la purga, había algo un poco más preocupante. Una simple idea que se había colado dentro de su cabeza un segundo después de llegar a la conclusión de que su trasero estaba a salvo de ser profanado, una vez más. Y era que la policía había sido demasiado rápida.

No es que se quejara mucho del sistema policial, pero Lincoln estaba seguro de que no pudo pasar ni una hora desde que encontró el cuerpo, y la muerte se veía reciente. ¿Cómo la policía pudo haber llegado tan rápido? No recordaba que las personas acostumbraran dar paseos nocturnos por los callejones.

Quizás era su paranoia otra vez, pero la idea de que la policía había sido informada era algo que se negaba a irse de su cabeza.

¿Por qué? No encontró una razón válida, y no tendría que buscarla siquiera. Sólo tenía que salir cojeando de ahí y esperar que la policía estuviera demasiado distraída con el cuerpo de Clyde como para notar al joven cojo vestido de paciente de ala psiquiátrica y con un frasco repleto de pastillas de loco.

-¿Qué dices tú, Clyde? ¿Tengo la imagen de ser un asesino loco? –Se imaginó nuevamente junto al cadáver de su mejor amigo en ese callejón; aquella rata en sus tripas ya había ganado unos buenos kilos, y otras ya estaban mordisqueando sus dedos. –¿No te parece demasiado conveniente que la policía hubiera llegado al lugar del crimen tan rápido? Me recuerda a esas series de detectives que solíamos mirar cuando éramos pequeños, ¿A ti no?

-No lo sé, Lincoln. Por si no lo notaste, estoy muerto. –Le respondió el cadáver ya en estado de descomposición dentro de su mente. –Y ni siquiera puedes decir que estés hablando con un cadáver ahora amigo, ¿Qué te dice eso de tu salud mental? ¿Cómo sabes que no fuiste tú quien me mató? –Lo acusó de forma dura el cadáver de Clyde. –Ni siquiera tendrías que estar en la calle maldito infeliz. En estos momentos tu linda hermanita tendría que estar jalándotela en su habitación.

-No fastidies, Clyde. Yo no te hice eso. –No tenía sangre en sus manos, y mucho menos su ropa. No había nada que lo indicara como el asesino. Sólo estuvo ahí. De alguna forma. Sólo terminó en el lugar equivocado el momento equivocado. Le sonó a la peor excusa de los asesinos en serie.

-¿También quieres que te la jale, Lincoln? ¿Quieres que te la jale? –El cadáver de Clyde suspiró, pero a Lincoln le pareció que expulsaba el resto de los gases dentro de su cuerpo por la boca. –Lo siento hermano, esto de estar muerto es desagradable. Y mírame, ¿Qué tipo de muerte fue esta? Se nota que sufrí mucho. ¿Dónde estabas amigo? Sólo llegaste cuando todo terminó, ¡Y me robaste! ¿En serio somos hermanos?

-Lo siento… Y no es como si planeara siquiera estar ahí. Creo que me drogaron o algo. –¿Qué otra explicación podía haber? Desde esa pesadilla de Asylum había tratado de estar atento hacia cualquier pastilla que se llevaba a la boca, pero parece que no le fue muy bien en eso. –Me confié.

-¿Te emocionó la idea de acostarte con tu hermanita de nueve años?

-No comiences, o te pondré una rata bajo la lengua. –Lincoln se levantó del montón de basura imaginaria en la que se había sentado dentro de su cabeza y se acercó a Clyde. –Sólo quería que sintiera mi dolor, Clyde. Creí que eso me aliviaría, ¿Qué más podía hacer?

-Pudiste tragarte el maldito cilindro dentro de tu bolsillo y amen. –El cuero se levantó de golpe y quedó frente a frente con Lincoln. Lincoln tenía que admitir que Clyde se había vuelto muy alto, mucho más que él. –Y ahora eres el perro de una de las perras que te traicionó, Espera, ¿Por qué hablamos de que te coges de lo lindo a tu hermana de nueve? Hablamos de mi muerte, Lincoln. –Clyde le gritó en la cara. Algo de carne podrida cayó sobre su mejilla y parte de sus labios. –¿O era como no habías sentido nada mientras me veías todo triturado en el piso? También pudimos hablar sobre el robo o las locuras que pensaste antes de decidir dar un mísero paso lejos del callejón. –Se rio de forma grotesca. –No hablamos de nada, Lincoln. Tu mente trastornada vive cambiando los temas o escudándose en otros.

-Sólo quiero hablar un poco, Clyde. Hace años que no hablamos.

-Hace años que no hablas con Clyde, y eso es porque te negaste a recibir sus visitas hasta que se hartó y se buscó un nuevo mejor amigo. –El cadáver de Clyde suspiró y se tiró de espaldas, una docena de ratas del tamaño de un perro salieron disparadas desde la basura y se dirigieron a la fuente de carne descompuesta más cercana. –Ni siquiera hablamos ahora, estas teniendo otro delirio, Lincoln. Todavía estas caminando en las calles mientras tratas de no mirar atrás.

Lincoln miró hacia atrás, y en lugar de ver pilas de basura imaginaria sólo vio las patrullas de policía frente al callejón. Era verdad, no se había quedado en el callejón y no había hablado con Clyde Cadáver McBride.

-¿Recuerdas cuantas pastillas te tomaste hoy, Lincoln? ¿Lo recuerdas?

-¿Tres? –Le respondió dudoso. –¡Tres! –Le gritó con fuerza. Habían sido tres. Se tomó una aquella misma mañana para evitar las alucinaciones vespertinas, eso ya era seguro.

Luego…

Luego…

-¿Luego?

Se tomó otra, estaba seguro. Tenía que haberlo hecho. Jamás se olvidaría de tomarlas. Recordó el momento en que logró conseguir el compilado de Edgar Alan Poe, ¿No sé tomó una antes de verla? Tenía que haberlo hecho, no podía arriesgarse a comenzar a delirar frente a ella. Ya lo había hecho mucho antes.

-Oh, Lincoln. Sí tan sólo estuvieras seguro de haberte tomado dos buenas pastillas azules antes de encontrarme.

-Cállate. Ni siquiera estás aquí, Clyde.

-Por supuesto que no, amigo. Y ese es el punto. –Clyde suspiró. –Importa poco, ella está viniendo Lincoln.

Lincoln sintió una extraña combinación de emociones al escuchar eso de boca de Clyde Cadáver.

-¿Ella?

-Ya sabes de quien habló. –Clyde se rio. –Ella está despierta, y está muuuy molesta contigo. Y mira que no quieres saber lo que una mujer despechada puede hacer, socio. Ja ja jaja. –Sangre y pedazos de órganos escaparon de la boca de Clyde mientras las ratas gigantes seguían devorando su cuerpo con mayor velocidad. –¿Qué? ¿Creíste que por ser parte de tu mente retorcida y enferma no podría enfadarse contigo? ¿Qué te querría incondicionalmente sin importar qué? Vamos, hermano, las chicas no son tan simples. Especialmente a las que has reemplazado por el culo de tú propia hermana. –Lincoln retrocedió un paso mientras Clyde seguía riendo. Ya no le agradaba este Clyde. –¿Era más dulce el de Lucy? ¿Estaba rico? Siempre me imaginé que se verían como masas esponjosas de caramelo, ¿No te parece? ¿O es porque era más chiquito y estrecho, Lincoln? Te costó mucho meterla la primera vez, especialmente con todos sus gritos y pataleos. ¡Pero valió la pena!

-¡Cállate! –Lincoln tapó sus oídos, pero todavía podía escuchar la risa de su mejor amigo Clyde.

-Oohh no sabes lo molesta que está, Lincoln. –Continuó hablando pese a que una rata le había arrancado la lengua. –Ella lo vio todo… Al principio podríamos decir que hasta le gustó, por fin tenías el control de una de esas perras… Pero te rendiste, te dejaste dominar por ella. ¡Lo peor que pudiste hace fue comenzar a hablar con lo que sólo debería ser un saco de esperma! Un alivio momentáneo de dolor. Un castigo para la puta traidora de nueve años. –La voz comenzó a perderse en el mar de ratas escuálidas, algunas de ellas ya comenzaban a rasgarse y morderse para abrirse camino en lo que quedaba de un cuerpo ya descompuesto. –Entonces los papeles se invirtieron, y volviste a ser el perro obediente de una de las peores putas consentidas de la familia.

-¡Basta, Clyde! –Lincoln le gritó. –Tú no lo entiendes, ni siquiera estás aquí. ¡Estás muerto! ¡Los policías que no vomitaron al verte devén estar sacándole fotografías a tu cuerpo! Te pondrán en una caja de madera y te enterraran en el cementerio. –Su cuerpo tembló. Comenzaba a hacer frío en el callejón, y los sonidos de disparos y gritos empezaban a llenar el ambiente. –Y no lo entiendes… Sólo no lo entiendes, Clyde.

-Entiendo que eres débil. –Clyde finalizó con los últimos restos de su voz. –Entiendo que eres un simple conejo.

Lincoln se apoyó con fuerza en la pared del edificio junto a él. No lo pensó mucho y retiró el frasco de pastillas azules de su bolsillo. Se tragó una de ellas entera y esperó unos minutos antes de continuar caminando. La idea de estar hablando con el cadáver destrozado de su mejor amigo comenzó a sonarle cada vez más a una locura, eso significaba que la pastilla hacia su trabajo.

Después de Asylum creyó que jamás volvería a necesitar pastillas diarias, pero los problemas mentales no son tan simples. Matar personas a las que veía como monstruos no era precisamente algo que haría alguien sano. De hecho, Stimbelton le había prohibido tener visitas por parte de cualquiera que no estuviera obligado a ver por orden de la corte.

Aparte de sus padres no había nadie más.

-Ella está enojada, Lincoln.

-Cállate Clyde.

Su mejor amigo se había vuelto muy molesto.


-Lynn, sólo cálmate un poco. –Luna levantó las manos para tratar de tranquilizar a su hermana deportista. Pero Lynn no parecía estar dispuesta a hacerle ningún caso. –Entiendo cómo te sientes, pero salir a la calle con un bate no arreglará nada.

Lynn sostenía fuertemente un bate de metal mientras miraba a Luna con toda la intención de lastimarla si no se movía de una buena vez de la puerta. Desde que habían escuchado las noticias de la muerte de Clyde en la televisión, todas habían perdido la calma dentro de casa. Lynn en particular había estado paralizada medio minuto antes de subir a su habitación por sus protecciones de fútbol y su confiable bate. Todo le había quedado un poco amontonado sobre su chaqueta deportiva blanca y azul.

-Luna… Muévete. –La voz de Lynn era calmada, pero peligrosa. Ya había estado a punto de perder a su hermano hace algunas semanas, y no parecía estar dispuesta a correr el mismo riesgo. Presionó con más fuerza el mango del bate mientras miraba fijamente a Luna. La amante del rock ahora solía utilizar pantalones rasgados, y actualmente sólo tenía una camisa rasgada que dejaba al descubierto su ombligo.

Luna tuvo la necesidad de apartarse del camino, ella mejor que ninguna de todas sus hermanas, aparte de Lincoln, sabía de lo que Lynn era capaz de hacer cuando se enfadaba. Tendría suerte si la deportista decide dejarle una o ambas manos sanas para poder seguir tocando la guitarra. Aunque por su forma de verla creyó que tendría suerte si al terminar esto podía tocar el triángulo.

Lynn había estado sumamente sensible desde el accidente. Hasta ese momento Lynn nunca había sido consiente de la posibilidad de perder a cualquiera de los miembros de su familia, pero las noches durmiendo junto a la cama de Lincoln mientras veía a sus dos hermanos luchar por sus vidas le habían enseñado lo que Lucy le había estado recitando durante doce años: La muerte no tiene distinciones.

Desde ese día había estado entrenando más de la cuenta, especialmente en lo que se refiere a defensa personal. Sin mencionar que su apego hacia Lincoln había crecido más de lo que Lincoln se había dado cuenta, o quizás prefería ignorarlo.

En cierta forma fue un poco doloroso para Luna, ya que había veces en que Lynn parecía olvidar que ella también estuvo en peligro de muerte aquella noche, como ahora. Lynn ya le estaba gritando por hacerse aún lado para buscar a su hermano. Lola estaba detrás de ella, sosteniendo una sombrilla y un casco más pequeño. Un poco fuera de lugar con su vestido rosa, no era el usual de princesa, Lola había superado esa etapa hace tiempo. Era un hermoso vestido de normal con bordes blancos.

Lana no se quedaba atrás, ella estaba parada con la gran Berta fuertemente sujeta en ambas manos. Esa vieja llave oxidada parecía a punto de partirse por la mitad ante cualquier ligero impacto. Ella estaba usando pantalones azules, una camisa azul, una chaqueta marrón oscuro y su usual gorra roja.

Al menos las dos parecían controlarse lo suficiente para escucharla.

No podía ver a Lucy por ninguna forma, y eso en cierta forma la aterraba. Su hermana gótica podría aparecer en cualquier momento para darles un susto que terminaría con el ambiente peligroso y desencadenaría una pelea. O peor, podría ya estar caminando por las calles en busca de Lincoln.

-¡Suficiente! –Ella era mayor. Tenía autoridad, y Lynn tendría que reconocerla. –Lynn, entiendo que estés preocupada por Lincoln. ¿Crees que yo no? Literalmente luchamos por nuestras vidas hace una semana, ¿Cómo crees que me siento al saber que podría estar en peligro ahora? ¡Estoy aterrada! ¡Quiero salir ahora mismo a las calles y gritar su nombre hasta quedarme sin voz!

-¡¿Y porque no lo haces, Luna?! –Lynn apuntó a su pecho con su bate.

-Porque no puedo dejar que todas ustedes arriesguen sus vidas allá afuera, Lynn. –Golpeó la punta del bate y Lynn sintió como si una terrible fuerza la empujara. El bate salió disparado de sus manos y chocó contra la pared. –¡No las puedo dejar que ustedes se lancen a un barrio donde hubo un ataque ghoul! –Luna no pareció darse cuenta de nada mientras seguía gritando. –¿Y crees que Lincoln querría eso? ¿Crees que le gustaría regresar y encontrar que la mayoría de sus hermanas fueron devoradas o desaparecieron por salir en la noche a buscarlo? Lincoln estaría devastado si algo les ocurre. ¡Se culparía a si mismo toda la vida!

-¿Y si es él quien está en peligro? ¿Y si ahora mismo está sólo y asustado en medio de algún callejón mientras es perseguido por ghouls gritando para que lo salvemos? –La imagen de un Lincoln moribundo con heridas similares a las que tuvo en el hospital era algo que no había podido salir de la mente de Lynn desde que aquella noticia salió por la Tv.

-Lincoln es más fuerte que eso, Lynn.

-¡Tú no lo viste-

-¡Yo estuve ahí Lynn! ¡Yo estuve luchando por mi vida igual que él! ¡Yo estuve muerta tantas veces como el murió bajo el mismo cuchillo, perra! –Luna nunca había llamado a ninguna de sus hermanas de esa forma. El impacto de sus palabras las hizo retroceder a todas. –¡Eso es algo que aparentemente no dejas de olvidar, Lynn! –Se acercó peligrosamente a su hermana. Lo había notado últimamente, y era algo que le gustaba ignorar, pero en momentos así realmente quería lastimar a Lynn. De todas sus nueve hermanas y un hermano pequeño, a veces sentía que Lynn la obligaba a sacar lo peor de si misma. –Mira Lynn, no tiene que gustarte, pero mientras yo esté a cargo harás lo que te digo. ¡Y si no lo haces juro por Dios que te meteré ese bate muy profundo dentro del culo hasta que te calmes!

Luna respiraba con dificultad una vez terminado su estallido. Comenzaba asentirse mal por haber utilizado ese tipo de vocabulario con su hermana, pero ahora no podía echarse para atrás. Tenía que mantener la autoridad, cualquier pequeña duda destrozaría todo como un castillo de naipes, y sus hermanas saldrían a la calle.

Y por la expresión cambiante de Lynn, parece que realmente tendrían que entrar en una pelea.

-¡Ya basta! –Lola gritó muy fuerte mientras tiraba su sombrilla al piso. –¿Quieren dejar de pelear las dos? La policía dijo que no encontraron a nadie más ahí… Quizás esté bien, tal vez esté corriendo hacia aquí en estos momentos. –Dijo con desesperación. Para tener diez años, Lola era más madura y lista que muchas niñas de su edad, algo que a veces parecía ser opacado por una actitud mezquina y egoísta. Pero se preocupaba por Lincoln, ella lo había demostrado mucho en el pasado. –No tenemos que pelear entre nosotras. –Parecía estar a punto de llorar.

Lana se acercó a ella y la tomó del brazo.

-Opino lo mismo… Lincoln no querría que lucháramos entre nosotras, mucho menos que arriesguemos nuestras vidas así. –Volvió a guardar a la confiable de Berta y ayudó a Lola a quitarse el casco.

-Ni que nuestra figura de autoridad y ejemplo a seguir utilizara ese tipo de vocabulario frente a sus fraternas más jóvenes. –Lisa bajó por las escaleras. A sus ocho años de edad no había cambiado mucho su apariencia. Aun utilizaba un suéter verde y pantaloncillos. –Pero tengo que concordar con nuestra figura de autoridad actual, salir ahora sólo nos pondría en un riesgo innecesario. Lo mejor que podemos hacer es confiar en las autoridades.

-¿Y desde cuando la policía a hecho algo, Lisa? –Lynn rugió hacia ella. Poco a poco lo que quedaba de paciencia se estaba agotando. Las palabras de Luna la afectaban, pero a la vez la hacían enfadar más. Ninguna parecía poder entender como sentía, ni siquiera ella lo sabía. Sólo sabía que Lincoln había salido con Clyde, y ahora Clyde estaba muerto y Lincoln no aparecía. ¿Qué más razones pueden necesitarse para salir? Era su hermano pequeño.

-El FBGC ya fue informado sobre un adolecente de unos quince años con un grave caso de poliosis, Lynn. Ellos están mejor entrenados y equipados para hacer frente a una amenaza ghoul. –Lisa se ajustó los lentes mientras llegaba al final de las escaleras. Para sólo tener ocho años, su inteligencia desmedida ya colocaba su mentalidad al nivel de un adulto. Aunque no por eso dejaba de disfrutar de los placeres que sólo podía tener un niño, como mirar las caricaturas y comer comida chatarra. –Perder el control sólo hará que las cosas se compliquen aún más, Lynn. E iniciar un conflicto es lo peor que podrías hacer ahora para mejorar el ambiente en nuestro hogar.

-Lynn, sólo cálmate. –Luna la tomó del hombro sobre la protección de fútbol. –Si no es por mí, o por tus hermanas menores… Entonces piensa en Lincoln.

-…Estoy pensando en Lincoln, Luna. –Lynn murmuró. Comenzaba asentirse muy cansada de sólo hablar.

-Entonces sabrías que él no querría que pusieras en riesgo a tus hermanas pequeñas… y mucho menos a ti misma, Lynn. –Un comentario arriesgado, tomando en cuenta la presencia de las menores detrás de Lynn, y por las expresiones de Lola y Lana, no había sido de su agrado. Pero valdría la pena si Lynn lograba calmarse. –Déjame quitarte esto. –Luna le quitó el casco de fútbol y lo tiró aún lado.

Toda la fuerza que Lynn había tenido parecía haberla abandonado sólo pudo suspirar.

-Lo siento… –Fue todo lo que pudo murmurar por lo bajo. No estaba muy acostumbrada a disculparse, y mucho menos con alguien que la había insultado, pero sintió que era lo correcto.

-Está bien, yo también perdí la calma hermana. –Luna le quitó las protecciones de los brazos y la abrazó con cuidado. En cierta forma le dio un poco de gracia pensar que Lynn realmente creía que eso la protegería de un kagune. Ella los había visto personalmente… y sabía peligrosos que podrían llegar a ser.

En el peor de los casos hubiera tenido que pelear con Lynn para mantenerla dentro de la casa.

-¿Ya terminó? –Lily apareció detrás de las escaleras. La linda niña de cinco años salió tímidamente de su escondite, tenía puesto un vestido purpura y sus brillantes ojos azules aún se veían preocupados.–¿Ya no necesitas el paralizador, Lisa? –Sacó una pequeña pistola de aspecto futurista detrás de su espalda.

Lisa tosió sobre su puño un poco antes de ajustar nuevamente sus lentes. –N-no Lily, el plan B se cancela… Por favor, pon eso de nuevo en su lugar. –Lisa pareció ruborizarse un poco después de que su plan de contingencia fuera descubierto.

-¡Sí! –Lily pareció muy feliz de no haber tenido que dispararle a sus hermanas sobre las escaleras. La idea de saltar de la nada y comenzar disparar rayos láser era atractiva para la niña, pero no cuando los "malos" eran sus hermanas". Ella también estaba muy preocupada por Lincoln, pero confiaba en su hermano mayor. Ella sabía que Lincoln era listo y fuerte, y que ningún monstruo podría con él.

Pero eso no impedía que Lily aun estuviera asustada. Posiblemente no dejaría de estarlo hasta que Lincoln regresara.

-En serio, sólo era precaución. –Las miradas de Lola y Lana comenzaban a alterar un poco a Lisa.

-Entonces… ¿Eso es todo? ¿Esperamos a que Lincoln esté bien? ¿Qué entre por la puerta en… ahora? –Señaló a la puerta esperando un milagro. Pero los milagros eran para las películas y cuentos infantiles. –Valía la pena intentarlo.

-Tenemos que llamar a mamá y papá. –Sus padres habían salido a cenar. Ahora que el número de hijos se había reducido y los mayores es habían vuelto más responsables, la pareja tenía más tiempo para si mismos y su matrimonio. Los hermanos habían creado una tabla de apuestas de cuando tendrían un nuevo hermano o hermana. –Esto no les va a gustar nada…


Coloco su cabeza contra el teléfono dentro de la cabina. Le había tomado su tiempo encontrar uno, y había llegado a temer que por fin los hubieran retirado todos. Escuchó sobre eso cuando era más joven, como la ciudad estaba considerando retirar las cabinas telefónicas por todos los aumentos en la red.

Pero ahí estaba… triste y solitaria, esperando a que sus raíces de cable fueran arrancadas de su tierra de cemento. Aquella cabina tenía todo el aspecto de no haber sido usada en meses, ni siquiera creyó que los vagabundos se metieran para comprobar si alguien había olvidado una mísera moneda.

Recordando las monedas, de los treinta y cinco dólares y quince centavos que le robó a Clyde sólo tenía tres monedas de un dólar y los quince centavos. ¿Cuánto tiempo obtendría por eso? Por el modo en que los enfermeros solían quejarse por los aumentos en los impuestos no mucho. Pero quizás sea suficiente para salir de las calles. Entre más oscuro se tornaba todo, más nerviosos se ponía. Sentía una terrible necesidad de vaciar su frasco dentro de su boca y dejarle el resto a los paramédicos que encontraran su cuerpo comatoso a la mañana siguiente.

-Respira, céntrate… y marca el puto número.

Marcó los números con cuidado. El ambiente comenzaba a hacerse más frío, y sus ropas de hospital no eran las indicadas para pasar la noche en las calles.

El número marcado es inexistente. Por favor, asegúrese de haber marcado correctamente cada número y vuelva a intentarlo, gracias.

-¿Eh? –Lincoln miro la bocina del teléfono con confusión. ¿Había marcado mal? Volvió a marcar el número con cuidado, esta vez esperando un segundo antes de pasar al próximo. No podía desperdiciar monedas en esta tontería.

El número marcado es inexistente. Por favor, asegúrese de haber marcado correctamente cada número y vuelva a intentarlo, gracias.

Lincoln colgó con fuerza, luego volvió a introducir las monedas y lo intentó nuevamente. Por cada intento perdía centavos, y continuó perdiéndolos hasta quedarse sin más monedas. Todo lo que le quedaron fueron los quince centavos que la maquina le devolvió por ser insuficientes para pagar sus minutos.

-¡Hijo de puta! –Golpeó la maquina una y otra vez con la bocina. ¿Stimbelton le había dado un número falso? Se supone que era su número personal, tendría que comunicarlo directamente con él sin importar donde estuviera. Y en lugar de eso le salió una de las grabaciones más molestas que pudieron haber colocado dentro de una maquina obsoleta.

Ni siquiera sabía que lo llevó marcar el número de ese demente. Lo mejor que pudo haber hecho fue llamar a un taxi… Por otro lado, ¿Cómo siquiera le diría donde está si no podía hablar? Y aunque se encontrara uno en el camino, ¿Qué iba a hacer? ¿Jugar un pequeño juego de mímicas? Sería más sensato noquearlo y robarle el taxi. Si supiera manejar un auto.

Lincoln comenzó a golpear la maquina con la bocina una y otra vez mientras pensaba en eso. ¿Qué se supone que haría ahora? Se sentía nuevamente abandonado en medio de la ciudad sin tener ni idea de si va o viene, ¿Por qué? ¿Esta vez porque linda razón fue dejado en medio de un callejón con el cuerpo en descomposición de su mejor amigo? ¿Otro juego macabro? Se arrojaría desde un décimo piso antes de volver a meterse en algo como Asylum.

La máquina dejó salir un sonido de corto circuito y una pequeña cantidad de monedas cayó a sus pies. Por esa cantidad, la máquina no sólo no era muy usada, sino que tampoco pasaban muchas personas a recoger las ganancias mensuales.

Salió de la cabina pateando algunas monedas, ni siquiera se molestó en recogerlas.

-Tendré que buscar a la policía… –Las manchas de sangre en su camisa de hospital no lo hacían una idea agradable. ¿Pero qué harían? ¿Encerrarlo en prisión? ¿Darle la pena de muerte? Era legalmente inimputable, podía matar a cuantas personas quisiera por la calle y sólo le darían un adelanto de sus pastillas y un "no vuelvas a hacerlo". Sería lo mismo que te den nalgadas por atropellar perros. –Ni siquiera recuerdo de donde vine. Maldición.

Está bien, sólo tendría que encontrar alguna pastelería del camino y romper sus vidrios. La alarma haría el resto.

-La oscuridad lo cubre todo. La luz es engullida por las sombras y da paso a sus hijas.–Pasos comenzaron a escucharse en las oscuras sombras que lo rodeaban. –La noche es el momento en que los temores de la humanidad toman forma y recorren las calles en busca de alimento. –Era una voz profunda.

Los músculos de Lincoln se tensaron mientras volteaba hacia el origen de la voz. Dependiendo de lo que viera tendría que optar por correr o pelear. El sentimiento de amenaza no le daba muchas esperanzas de arreglar las cosas con un charla, especialmente porque no podía hablar.

-En esta hora dada a nosotr- ¿Lincoln?

-¿Lucy? –Fue algo que simplemente salió. La antigua imagen de su hermana menor fue lo primero que pasó por la mente de Lincoln al momento de ver a aquella joven de piel pálida. El sentimiento de decepción lo siguió al instante.

La chica frente a él debía tener al menos quince años, su cabello negro recorría todo su camino hacia su espalda y unos mechones al frente ocultaban su ojo izquierdo. Su forma de vestir era un vestido negro que dejaba al descubierto sus brazos y llegaba un poco más arriba de sus rodillas. En su brazo izquierdo poseía un guante de seda que llegaba hasta su hombro, mientras que en el derecho sólo tenía una pulsera con pequeños adornos de murciélagos y serpientes. Sus piernas estaban cubiertas por medias negras de red que se perdían dentro de su falda y dos zapatos con tacones purpura oscuro le daban unos centímetros, y finalmente, en su mano izquierda mantenía sujeta una sombrilla negra que mantenía abierta sobre su cabeza.

Era hermosa a su estilo. Su piel no parecía tener imperfecciones, y sus rasgos asiáticos le daban un toque exótico y misterioso. Sus pechos eran más grandes que el promedio de las chicas, y aun parecían seguir desarrollándose. No es como si se fijara mucho en dos bultos que solían causarle repugnancia al recordar a cierta dama de rojo.

-¿Lincoln? –La chica se acercó con algo de dudas. –No, es diferente. Pero idéntico, y a la vez diferente… neutro. –¿Qué tanto balbuceaba aquella chica? La chica frente a él se sujetó el mentón mientras lo miraba atentamente con su único ojo libre. –Tu apariencia es… idéntica, pero no lo es. Como la imagen distorsionada de un espejo roto. –Se acercó un poco más. –Ojos que ven al vacío; ojos que rechazan el vacío. –Ladeó la cabeza un poco. –Eres Lincoln, pero no eres Lincoln. Una paradoja de del yo, un ser que no corresponde. ¿Qué eres? ¿Eres Lincoln? ¿Qué haces aquí? ¿Y qué pasó contigo?

Lo que le ocurre a cualquier chico que vive casi dos años a base de puré de papas, vegetales verdes, carne hervida y vitaminas en píldoras. ¿De dónde lo conocía aquella chica? ¿Por Lucy? Se parecía a ella, al menos en el estilo gótico. Aunque Lucy no había mencionado mucho sobre sus amistades, no es que le diera oportunidad la primera vez, y al final ya no importaba quienes habían sido.

-Me conoces, el nombre que este mundo me ha dado, soy Haiku.

No, no la conocía. Si Lidy pudiera hablarle, sin lugar a dudas le estaría gritando que se alejara de ella.

-Déjame llevarte a casa, Lincoln.

Casa. Lo único que se le venía a la mente cuando esa palabra salía a tema eran cuatro paredes, un piso y un techo cubiertos de colchones.

Negó con la cabeza. No iba a confiar en alguien que acababa de conocer en medio de la noche en una parte de la ciudad que no conocía. No iba a ser tan ingenuo como cuando era niño. En esa época todavía creía que había personas buenas dispuestas a ayudar a un niño perdido por las calles, todo lo que encontró fueron dementes sedientos de sangre que formaban filas para partirle el culo en el sentido más literal de la palabra.

-¿Por eso partiste el de Lucy?

-Que te calles, Clyde. –¿Tenía que tomarse una tercera pastilla acaso? Albert le había advertido que su cuerpo podría volverse resistente a la droga, pero no esperó que fuera tan pronto.


-El miedo es la fuerza que le a permitido a la humanidad sobrevivir más años de lo que se podría esperar de una frágil existencia en un mundo oscuro y sin esperanzas, ¿Dónde obtuviste tanto miedo, Lincoln? –Haiku se acercó un poco. –Hacia mí… por lo general lo vería como un alago, pero debo confesar que un miedo tan profundo y primigenio de parte de ti me hace sentir… cierta incomodidad. –Haiku detuvo su paso. La chica lo miró fijamente. Para ella la apariencia de Lincoln tenía tanto sentido como la mescla de emociones que parecían salir de ojos tan muertos como el cadáver más reciente. En todo lo que pudo pensar fue en un experimento de Lisa, ella misma había sido parte de algo así en el pasado… cuando trataron de crear una especie hibrida vampírica al intentar combinar a un murciélago con el busto de Edwin en una máquina de fusión. ¿Pero esto? ¿Un accidente? ¿Un experimento fallido? No podía darle un nombre.

Era sólo diferente.

Si tuviera que nombrarlo lo llamaría No-Lincoln. Un nombre simple, pero adecuado. Era Lincoln y a la vez no.

Pero esta no era una noche para hacerse preguntas en medio de la calle. Entre más tiempo No-Lincoln estuviera en las calles, más peligro correría. Dese la muerte de las gemelas, todo el territorio estaba cayendo en manos de Drácula, y hasta que nada fuera decidido todos los ghouls de distintas zonas se matarían por cada rincón oscuro.

Y… pese a que una parte de ella siempre tuvo curiosidad de comprobar el sabor de Lincoln…. el sabor de esos músculos desarrollados, o esa piel blanca carente de las imperfecciones adolescentes, pasar sus manos por sus cabellos blancos y sentir sus labios sobre… Agitó su cabeza de lado a lado, para gran confusión de No-Lincoln. Esos no eran pensamientos apropiados para una hija de la noche hacia un habitante del mundo de la luz.

Además, le tenía mucho aprecio a Lucy, y Lucy le tenía mucho cariño a Lincoln, por no decir un gran amor… Es una lástima que Drácula sintiera lo mismo por ella.

-No… Ya no se puede hacer nada. –Al menos ahora podía hacer algo para impedir que los fantasmas de la tristeza se lanzaran contra su amiga… antes de tiempo.

-Llamaré a tu familia, Lincoln. –Sacó su celular de su vestido. –Los espíritus susurran sobre mis oídos, y me dicen que tus hermanas estarán preocupadas por ti.

Haiku sintió como todo su cuerpo temblaba en ese momento. La mirada de No-Lincoln había cambiado, sus ojos seguían muertos… pero había algo distinto. El sentimiento que la acometía era casi idéntico al que había sentido cuando Drácula en persona la citó en su guarida para hablarle sobre Lucy.

Entonces terminó. No-Lincoln volteó la cabeza y miró a su alrededor como si buscara algo, y al no encontrarlo sólo miró sobre su hombro y abrió la boca como si quisiera decir algo. Sus movimientos eran algo irregulares, y al retroceder cojeó con su pierna derecha. Todo en No-Lincoln era irregular en ese momento. Era difícil saber que sentía realmente.

No-Lincoln volvió a verla y se acercó a ella con su cojera. La miró a los ojos antes de ver el celular aun en su mano, entonces guardó silencio. Metió una mano dentro del bolsillo de su pantalón blanco y retiró un frasco con forma cilíndrica. Con aquel frasco y esas ropas, cualquiera que no lo conociera lo confundiría con un paciente psiquiátrico. Ella misma lo había visto así desde la espalda.

No-Lincoln abrió la tapa del frasco y se metió una pastilla dentro de la boca. Haiku escuchó como le daba una mordida, la mantenía dentro de su boca aguantando el mal sabor que debía de provocarle, y entonces se la tragaba.

No-Lincoln se dirigió hacia el borde de la calle y se sentó ahí. No hizo ningún otro movimiento, sólo se mantuvo sentada con las piernas recogidas mientras miraba un punto en la calle.

Tenía que llamar Lucy.


El ambiente era cada vez más tenso.

Los señores Loud habían regresado de urgencia en cuanto se enteraron de lo que había ocurrido. El golpe fue muy duro para la pareja que ahora se encontraba abrazada sobre el sofá esperando la tan temida llamada de las autoridades. Ningún integrante de la familia Loud sintió tanto miedo de un simple teléfono como ahora.

La más impaciente había sido Lynn, ella había tratado de convencer a sus padres para salir en su búsqueda del mismo modo que lo intentó con Luna, pero con menores resultados. Sus padres supieron manejarla mucho mejor, y ahora Lynn estaba sentada en el sofá con la mirada fija en el teléfono sobre la mesa frente a ellos.

-Hermanas…

-¡AH!

Todos gritaron en sus lugares. La única que pareció mantenerse relativamente estable fue Lisa, quien pudo ocultar su sorpresa en el último segundo y mantener una apariencia fría.

-¡Lucy! ¡No vuelvas a hacer eso! –Lynn le gritó con fuerza. La llegada de Lucy había terminado de destrozar todo el autocontrol que había logrado reunir. –¡Quieres matarnos del susto acaso!

-Calma, Lynn. –Luna se acercó a ella con su mano aun sobre su pecho. Ella había sentido que Lucy podría haber estado cerca, pero al ser algo momentáneo lo había ignorado completamente. –Lucy, estábamos comenzando a preocuparnos por ti. ¿Dónde estabas?

-Los espíritus de nuestros difuntos antepasados me llamaron, y me advirtieron que el peligro rodeaba aquello que apreciamos… –Dijo con su usual tono monótono. Se acercó a su familia aun afectada de forma lenta, su forma de vestir no había cambiado casi nada, aun usaba un vestido negro y medias de colores blanco y negro. La única diferencia era el largo de su cabello y que ahora dejaba al descubierto su ojo derecho. –Lincoln está a salvo…

-Todavía no lo sabemos.

-Yo sí. –Lucy respondió con seguridad.

Lynn bufó ante eso. A veces su hermana se ponía realmente molesta con toda la basura sobre fantasmas. –¿La abuela Harriet te lo dijo, reina de la noche?

-Haiku. –Lucy casi dejó salir una sonrisa al ver el rostro de su hermana. –Mi compañera de las tinieblas lo encontró en las calles… lo está escoltando aquí en estos momentos.

-¿Qué?

Todas sus hermanas comenzaron a rodear a la pequeña gótica y llenarla de preguntas. Lola en particular trató de quitarle el celular para llamar Haiku

-¡Chicas, suficiente! –Sr. Lynn tuvo que levantar la voz para calmarlas a todas. –Lucy, ¿Qué quieres decir?

Lucy tuvo que arreglarse el cabello y controlar algo de su sonrojo mientras arreglaba su vestido, Lola lo había levantado demasiado mientras buscaba su celular entre sus bolsillos.

-H-Haiku lo encontró en las calles… –Por un segundo la niña de doce años perdió su tono profundo. –Ejem, ella encontró el alma confundida de nuestro hermano vagando por la senda de las tinieblas, pudo llegar hasta él antes de que se adentrara más en un mundo que no es apropiado para los ojos mortales.

-¿Y eso en español significa? –Lola preguntó de forma grosera mientras sujetaba sus caderas.

-Haiku encontró a Lincoln confundido y asustado en medio de la calle. –Lucy explicó con otras palabras. –Ahora están de camino aquí, pero…

-¿Pero? –Luna se adelantó un poco más.

Lucy suspiró. –El espíritu de nuestro hermano está herido. Algo está mal con él… Haiku lo describió como No-Lincoln. –Lucy explicó sus hermanas. –Un Lincoln que no es Lincoln, pero a la vez es Lincoln. No-Lincoln.

-¿De qué hablas, Lucy? ¿Lincoln está herido? ¿Tiene que ir al hospital? ¿Qué pasó? –Lynn se estaba reprimiendo lo mejor que podía para impedir tomar a Lucy de los hombros y agitarla hasta que soltara todo lo que sabía.

-Lincoln está mal.

-Por supuesto que está mal, seguramente vio lo que pasó con Clyde. –Luna respondió. –Debe estar muy asustado por lo ocurrido…

-Miedo primigenio, esa es la forma en que Haiku lo describió. –Lucy miró su teléfono. A Luna no se le escapó la expresión preocupada que escapó de su rostro por un segundo. Lucy podría no demostrarlo mucho, pero ella podría estar tan preocupada por Lincoln como lo era Lynn. Ella era considerada una de las hermanas más cercanas a Lincoln después de Lynn y ella misma. –Podría necesitar ayuda…

-Eso sería obvio para cualquier grado de inteligencia media. –Lisa se metió en la conversación. –Nuestro hermano pudo haber sido testigo de la muerte de Clyde McBride, su aparente escape milagroso también podría haber sido producto de la muerte de su mejor amigo, Lincoln podría sufrir de un gran estrés, combinado con una terrible culpa. –Pareció pensar en algo detalladamente. –Podría requerir de más ayuda de la que pudiéramos ofrecerle.

-Somos su familia, podremos hacer algo. –Lola le respondió con fastidio. La antigua princesa había logrado calmar un poco sus miedos en cuando se enteró de que Lincoln regresaría, y no le agradaban las palabras de Lisa.

-Sólo estoy analizando las posibilidades. –Lisa suspiró. –Lincoln a pasado por mucho en un corto tiempo… Su vida terminó sólo para regresar, eso por si sólo debería haberlo puesto en una grave crisis que, por fortuna, no ocurrió. Y ahora su mejor amigo y alguien a quien consideraba un miembro de su misma familia muere, posiblemente frente a él sin que pueda hacer nada. ¿Qué-

-Suficiente, no quiero seguir escuchándolo. –Lola le gritó. –¿Siempre tienes que ser tan malditamente fría, Lisa?

-Lola, en esta casa no toleramos ese tipo de lenguaje. –Sr. Lynn le gritó a su hija de diez años.

-Lo siento papá. –Lola se disculpó en voz baja y con un tono de voz que dejaba salir tristeza, pero sus ojos mostraban algo muy diferente cuando miraban a Lisa.

Lisa podía tolerarlo, sabía por experiencia que esa era la típica actitud de sus hermanas cada vez que sus hipótesis y teorías no eran de sus agrados. No podía hacer nada más que esperar una oportunidad para ser escuchada, y esperaba que no fuera muy tarde. Ella temía por el estado emocional y mental de Lincoln más que cualquiera, ya que podía entender todo el daño que podría causar traumas como los que Lincoln ya había enfrentado.

-Tampoco sabemos si Lincoln fue testigo de nada… –Lana trató de meterse. –Quizás los dos se separaron a mitad de camino, y Lincoln sólo se perdió.

Una esperanza pequeña, pero podría ser.

-…Haiku mencionó que había sangre en sus ropas. –Haiku se lo había revelado en cuanto Lucy mencionó la noticia de la muerte de Clyde, y no sabía si debía o no mencionarlo a los demás. Quizás no debió haberlo hecho.

Lana retrocedió un paso con una expresión complicada.

-Mierda. –Lynn murmuró.

-Lynn… –Su padre le advirtió.

-Lo siento.

-Y… ¿Qué hacía Haiku tan tarde en las calles, Lucy? –Luna no pudo evitar mencionarlo. No le pareció algo tan importante ahora, pero no podía sacarse esa pregunta de la cabeza.

-Bañarse en las sombras. Refugiarse en el amante sombrío cuyos brazos siempre están dispuestos a recibir a las hijas incomprendidas de la madre noche. El único refugio que se nos ha otorgado a los habitantes de la oscuridad.

-No sé porque pregunté.


Los minutos parecieron horas mientras toda la familia esperaba el retorno del último eslabón. El pilar que siempre mantuvo a aquella familia tan desigual e inestable unida.

Lincoln.

Debió pasar cerca de una hora cuando alguien tocó el timbre de la puerta. Ninguna de las hermanas dudó ni un instante en salir disparadas hacia la puerta, ni por un segundo pensaron que Lincoln simplemente entraría por la puerta principal sin molestarse en tocar. Esta era su casa después de todo.

-¡Lincoln! –Lynn fue la primera en llegar a la puerta, con Luna en segundo lugar, y Lucy detrás de ella.

-Buenas noches. –Haiku saludó a la familia del otro lado.

-Oh, sí. Buenas noches.

-La oscuridad esté en tu corazón, mi amiga. –Lucy saludó a Haiku con su usual tono oscuro.

-Que la oscuridad siempre viva en el tuyo.

Lynn fue la primera en notarlo, pero no en reconocerlo. Detrás de Haiku se encontraba un chico de cabello blanco despeinado y un poco largo, cada cabello se veía reseco y a su piel parecía faltarle algo de color. Sus ropas eran totalmente blancas, aun con las manchas rojas parecían ser las ropas de un hospital.

El pequeño cuerpo frente a ella estaba temblando, y su respiración era cada vez más agitada.

Lynn no podía escuchar a sus hermanas hablando con Haiku, o si alguna de ellas preguntó sobre el chico detrás de ella.

-¿Lincoln? –Fue todo lo que pudo decir mientras se acercaba. –¿Eres tú? –No sabía porque lo preguntaba. El chico frente a ella no podía ser Lincoln, era muy diferente a su hermano. Su cabello podía ser el mismo pero… pero era más joven y… y simplemente era diferente.

La respiración del chico se detuvo y todo quedo en silencio frente a ambos. Fue en ese momento que la cabeza de cabellos blancos del desconocido se levantó y Lynn vio dos profundos ojos muertos que la miraban fijamente. Lo siguiente que vio fue un puño antes de estrellarse contra su nariz.

Antes de que Lynn pudiera preguntarse que había ocurrido, como estaba su nariz, o siquiera detener el sangrado, sintió como dos manos se colocaban alrededor de su cuello y comenzaban a exprimir la vida dentro de su cuerpo.

Toda su familia gritó.

Lincoln Loud había vuelto a casa.


NA: Aquí está el siguiente. Fue entretenido escribirlo, y me dio un pequeño respiro. Ya nos veremos en el próximo.