Love me (or love me not)

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«I can see it in your eyes, taste it in our first kiss»

«You took my hand, you told me it'd be ok»


2.– Take, a present to you (or take me as a present).

Jessica se mira en el espejo y sonríe. Lleva un precioso vestido blanco, con pequeñas flores estampadas en tonos anaranjados y amarillos, un gran pasador en el pelo que le recoge el flequillo y unos zapatitos de charol blancos.

Mete la mano en el bolsillo lateral del vestido y saca un pañuelo. Su pañuelo, el pañuelo que su abuela le dio el año pasado por su sexto cumpleaños, el último regalo que le había hecho antes de morir. Repasa con el dedo las iniciales 'JS' que el pañuelo llevaba bordado en una de las esquinas y las mira somnolienta. De pronto se da cuenta de que está empezando a entristecerse y gira la cabeza a un lado y a otro con fuerza para esquivar ese sentimiento. Recuerda que su abuela le decía una y otra vez que no se pusiera nunca triste cuando pensara en ella, así que mira al frente, a su reflejo en el espejo, y esboza una gran sonrisa.

—¡Jessica, hora de irse! —grita su madre desde la otra habitación, y ella sale de su cuarto, no sin antes haber guardado el pañuelo con cuidado de nuevo en el bolsillo.

Jessica toma la mano de su madre y ambas salen a la calle. Es domingo, y su madre y ella siempre salen a pasear al parque del centro de la ciudad, ese con fuentes con formas y tamaños increíbles y de las que sale el agua de una forma muy artística y esmerada.

A Jessica le encanta ir a ese parque, porque su madre le compra siempre una piruleta y maíz para darle de comer a las palomas y patos del parque. Pero sobre todo, le encanta ir porque sabe que Mike también va siempre los domingos al parque con sus padres, y así puede jugar con él sin que los molesten el resto de niños de la escuela.

Mientras esperaba junto al quiosco a que su madre terminara de comprarle la piruleta y el maíz, Mike la saludó desde lejos y empezó a correr hacia ella. Ya estaba a punto de alcanzarla cuando tropezó y se calló de bruces al suelo. Jessica dejó escapar sin querer un grito del susto y fue junto a él, a ayudarle a levantarse.

—¡Mike! Mike, ¿está bien?

El chico levantó la cabeza e intentó incorporarse cuando vio el hilo de sangre que corría por su rodilla.

—Oh, no. Mike te has hecho una herida.

—Tranquila Jess, no es nada —disimuló él. Pero una lágrima comenzaba a asomar por la comisura de sus ojos, mientras se mordía el labio inferior para reprimir el dolor.

Jessica, sin saber como calmarle, metió la mano en el bolsillo y saco el pañuelo de su abuela. Dando pequeños toques sobre la herida de Mike, limpió la sangre y vendó la rodilla del muchacho anudando el pañuelo alrededor para impedir que siguiera sangrando.

—Ya está —dijo Jessica sonriéndole— ¿mejor?

—Perfecto. Pero tu pañuelo está lleno de sangre. Lo siento mucho, Jessica.

—No, que va. Me alegro que sea útil.

—Te prometo que mi madre lo lavará y quedará como nuevo. Te lo devolveré mañana en clase ¿vale?

—No, no. Quédatelo, te lo regalo —y la pequeña le da un beso en la mejilla.

Mike sonríe aún más que antes y piensa que, si de él dependiera, se caería una y otra vez delante de Jessica, hasta romperse cada hueso del cuerpo si hiciera falta, para que ella le besara de nuevo.

Jessica baja la mirada de Mike al pañuelo, y piensa que no le importa tanto desprenderse de él. No cuando la persona que va a tenerlo es Mike. Y no cuando ha valido la valentía para besarle.

Quizá, aquello que le da valor a las cosas es quién te las da y de la manera en que lo hace, no el objeto en sí.


¿?