Y bueno yo aquí con otra historia, esta es un poco diferente, ha pasado bastante y la tenia en el tintero pero ya es tiempo de terminarla, espero les guste y a ver como me va en el genero del horror, saludos a todos.
Capitulo 1 : Año dos
La lluvia incesante no se detuvo en toda la noche, aun cuando le ayudo a dormir no era muy agradable pensar que se debería levantar en esas condiciones, más aun dejando a su pequeña, le rompía el corazón verla así de mal. Beso su frente con delicadeza, como si la vida de su pecosa dependiera de ello, susurro unas palabras tiernas frente a sus cerrados y cansados ojos para luego levantarse.
La habitación donde se encontraban ahora era demasiado pequeña comparada con el pasado de ambas, una ventana maltrecha dejaba pasar un poco de luz por entre las persianas rotas, las paredes estaban grises y carcomidas por la humedad y una fina de capa de polvo flotaba en el aire dando la impresión que todo era más viejo que lo que realmente era.
Suspiro, ese sería uno de esos días, lo sabía en su interior, pero la chica rubia que ahora se colocaba su improvisado traje de trabajo que solo correspondía a un largo delantal blanco comenzó a rememorar el pasado, hacía mucho que no soñaba con aquel momento, el momento donde toda esta situación había comenzado.
-amor… - una pequeña voz llamo su atención, era su Anna, en su pijama dos piezas color verde que la miraba – no pudiste dormir anoche de nuevo, lo se… - susurro entre dientes la pecosa bajando la cabeza. La de piel nívea por su parte solo se limitó a sonreír, allí estaba la razón de mantenerse cuerda en este mundo de locos – bueno, aunque no pude dormir, pude ver a un ángel descansando a mi lado, así que debería darte las gracias por despertarme sino no hubiera podido verlo – dijo mientras se acercaba a la pelirroja, acunándola ente sus brazos – no me pidas perdón, no es que lo hicieras porque quisieras.
-Aun así no puedes descansar y necesitas estar atenta a cualquier cosa – susurro entre el espacio del cuello y la clavícula de la más alta hundiéndose más – ¿aun te duele?
La pregunta la tomó por sorpresa, la de piel nívea solo pensó por un momento en el dolor de no poder volverla a ver más, ese aun sentimiento le dolía hasta los días de hoy, - no Anna, hace años que no me duele.
-solo quería saber – susurro en un tono solo opacado por las gotas de lluvia sobre la ventana, suspirando nuevamente la rubia tomo el mentón de la pecosa para fundirse con ella en un dulce y lento beso.
–Debo irme, cuídate y descansa, ¿sí? – dándole un último beso abrió pesadamente la puerta del departamento, debido a la humedad se trababa y generaba un chirrido bastante molesto, recordó a Anna bromeando sobre que ese sería su timbre al recibir visitas y una sonrisa escapo de sus labios antes de cerrar la puerta detrás de ella.
Camino como todas las mañanas desde que la gran epidemia había ocurrido, miles de seres humanos infectados con una extraña cepa de un virus parecido a la meningitis pero que no los mataba, los volvía inmortales y hambrientos, casi como si fueran zombis, la única diferencia era la regeneración que estos tenían y la rápida expansión que habían presentado, pronto los pocos seres humanos que quedaron vivos debieron buscar refugio en distintos lugares, edificios y campos fueron los primeros en ser escogidos pero la infección llego a todos los rincones imaginables, por lo que, organizados en grupos buscaron la forma de defenderse, y la única manera en una ciudad tan grande como en la que Vivian fue la creación de muros alrededor de los edificios más estables que quedaban.
-Buenos días señorita Blocs – saludo amablemente la guardia del edificio donde la de ojos gélidos había estado trabajando desde que se recluyo en aquel especie de "paraíso".
-Buenos días Joan – susurro como todas las mañanas, más amable que fría, por su parte la chica de cabello pelirrojo y ojos grises le sonrió, había notado el cambio de actitud cosa que le alegro el día. Por lo general evitaba mirar a los alrededores cuando entraba en el complejo de salubridad donde trabajaba, era editora de libros, su profesión siempre seria esa pero un apocalipsis realmente no dejaba mucho espacio para la creación de nuevo material, por lo que no tuvo otra opción que comenzar a usar sus habilidades en otros ámbitos, como en el de secretaria que desempeñaba en ese momento.
Cualquiera diría que el cómodo puesto en la pequeña oficina con vista más allá de los muros sería el mejor lugar del mundo en esas condiciones, que equivocados estaban todos al pensar aquello, sentada en primera fila para ver a las hordas de criaturas rondando cada día más cerca del lugar al que le decían hogar solo veía pasar frente a sus ojos informe tras informe de posibles infectados, debía revisarlos, eran personas provenientes del exterior o que simplemente vivían dentro del refugio y tuvieron algún "contacto" con infectados. La rubia sabía perfectamente que todo esto era una puta mentira, ni la mitad de las personas que estaban sobre su escritorio en forma de papel estaban infectadas, se atrevería a decir que ninguna de ellas estaría en esas condiciones, pero ella no era quien gobernaba aquel "paraíso" sino un simple subordinado, que al hacer el trabajo sucio de los superiores tenia protección de la única persona que realmente le importaba en ese momento.
Tomo el primer informe, era un hombre de 40 años, su rostro se veía la mirada de resignación, todos sabían que si la patrulla te atrapaba o caías preso de las tropas de "limpieza", como les decían coloquialmente, eran carne para el matadero. Abrió la primera página y sus exámenes físicos salieron impecables, el radar para detectar fiebre o algún otro síntoma de infección de cualquier tipo además de las muestras de sangre y orina habían salido buenas, casi en la última parte vio el apunte de un superior en el perfil psicológico. Escrito con rojo en letra apurada casi como si fuera una sentencia decía "revoltoso", al ver esta palabra lo entendió, aquel hombre sería ejecutado solo por haber exigido una mejor condición de vida para los que amaba, con lentitud tomo el sello que rezaba "infectado", lo indio en la tinta roja y lo puso sobre la foto del sujeto, sellando su destino. Tomo el informe y lo coloco a un lado en la caja de revisados para seguir con el siguiente.
Aun recordaba dolorosamente la ves que trato de disculpar a un tipo que según su criterio no estaba infectado, no solo tuvo que asistir a su ejecución sino que en un juego macabro por parte del general verdugo de turno tuvieron que jugar a la ruleta rusa, la suerte estuvo de su lado en ese momento cuando vio los sesos del tipo esparcirse junto a un estallido.
Se apresuró a tomar el siguiente, era una mujer de 25 años, en su mirada la misma resignación, en el perfil psicológico la misma palabra, solo la timbro y paso a la siguiente, disculpándose en silencio.
Casi eran las tres de la tarde según sus cálculos, no había muchos relojes pero con un pequeño truco que había aprendido mientras fue exploradora podía saber la hora con la sombra que proyectaba el sol sobre sus dedos tomando un palito lo suficientemente corto para la tarea, no había sentido ni pisca de hambre, ahora que lo pensaba no había comido al salir de su casa tampoco, aunque tampoco era que quisiera comer o tuviera ánimos para hacerlo.
De pronto sus ojos se detuvieron frente a la foto de un niño, en su mirada había solo inocencia, edad 10 años, posible infectado. Refregó sus ojos solo para notar que a todos los anteriormente condenados no eran más que una gran familia, quienes habían sido desalojados solo como excusa para eliminarlos. Sus manos temblaron, no podía condenar a un niño, era una estupidez, una crueldad fuera de precedentes, más allá de la vez que tuvo que mandar al matadero a uno de dos gemelos solo porque se lo ordenaron.
-Buenos días – una voz mayor pero con cierto tono agudo le llamo la atención, en el dintel de la puerta estaba el general verdugo en turno, sir Weselton como pedía que lo llamaran, el viejo estaba completamente chiflado y amaba ejecutar gente, al ver como Elsa se desempeñaba en su trabajo pidió un traslado desde una de las ciudades cercanas para matar a cuanto ser viviente tuviera el infortunio de caer en sus garras.
-Buenos días sir Weselton – rápidamente y para presentar falsos respetos la pelirrubia se levantó de su asiento, adoptando una posición firme con su mano derecha sobre su frente, extendida cual tabla, esperando la siguiente orden.
-Sabes?, cuando llegaste a este lugar nade quería contratarte, pensaban que tendrías mano blanda para los enemigos del orden y lo correcto, pero yo en cambio vi potencial en ti, por eso estas acá Elsa, porque alguien influyo por ti – la sonrisa detrás de esas chistosas gafas le congelo hasta el alma – decidí venir a verte mi Elsa porque supe que has estado dudando sobre la ejecución a ciertos reos, no creo que tenga que recordarte lo que paso la última vez que dudaste.
Los ojos gélidos de la rubia parecieron perder todo rastro de luz, estaba aterrada totalmente, sabia y había escuchado que el "duque de la muerte" como le apodaban le enseñaría una "lección de vida" según él.
-Veras mi pequeña – el hombre mayor comenzó a pasear por la habitación llegando hasta el escritorio pasando una mano por los informes ya sellados por la palabra infectado, - si no los ejecutamos, pronto seremos demasiados, teníamos nuestro lugar, nuestro pequeño paraíso, pero hay algunos que no están de acuerdo con las reglas del paraíso.
Levanto sus gafas logrando que un reflejo le iluminara el rostro, sabía que no debía moverse por ningún motivo, - te imaginas ¿ah?, gente que no quiera vivir en un paraíso, esas personas no merecen vivir – el tono final de esa frase le produjo un escalofrió en todo su cuerpo.
-Sir Weselton no volveré a dudar – dijo en tono monótono la rubia, tomando el sello rojo lo remojo en tinta y lo planto sobre el informe de aquel niño.
-Bien bien, me alegro que hayas entendido mi Elsa, pero… dudaste, ven conmigo… - sabía lo que se venía pero no podía rechazarlo, eso sería la muerte instantánea para ella, para su Anna, para la única que le importaba en el mundo. Asintió levemente y dejando todo de lado siguió al hombre por los estrechos pasillos.
-mi Elsa – comenzó a hablar el canoso – es importante para nosotros tu trabajo, como ejecutores no tendríamos tiempo de revisar todos esos tediosos expedientes, nosotros como la palabra lo dice solo "ejecutamos" – al decir estas palabras el hombre de gafas hiso un gesto con los dedos, sin darse vuelta en ningún segundo, sabía que su subordinada lo seguía de cerca.
Quería hablar, pedirle por favor que no la dejara ver esos horrores, por la dirección y los gritos se dirigían a las cámaras de ejecución y tortura, lugar prohibido para no ejecutores pero que ella ya había tenido la desgracia de ver.
-Adelante – el hombrecillo tomo la puerta y la abrió caballerosamente, dejando entrar a la de piel nívea a una habitación blanca, sin ventanas, con una luz en el techo y un gran espejo en el fondo, sentado en la silla se encontraba aquel niño del expediente, mirándola con cara de pregunta, seguramente no tenía idea que estaba pasando.
-Tío Weselton, quien es ella? – el niño se dirigió al hombre quien sonrió como si fuera el más dulce de los abuelos.
-Ella es una amiga mía pequeño, se quedara contigo por un rato mientras voy a buscar los dulces que te prometí, tu mami y tu papi vendrán pronto por ti así que debes portarte bien – le repugnaba, le repugnaba aquel asqueroso ser que de seguro no debía ser un hombre para hablarle así a un niño, condenado a muerte cuyos padres ya deberían a esa hora estar engrosando las listas de enjuiciados.
-Tía Elsa, acompáñeme fuera porque debemos discutir algo y no es para niños – salieron de la habitación dejando la puerta cerrada firmemente.
-Cuanto tiempo llevas trabajando aquí Elsa – dijo el hombre en tono frio y cortante.
-No sabría decirlo sir Weselton, quizá dos años – respondió en tono monótono, tratando de no sobresaltarse al ver tan de cerca a un ser inocente de cara a la muerte.
-Mira Elsa – una mano enguantada se colocó sobre su hombro, como brindándole apoyo pero sabía que ese era un gesto que él ocupaba para demostrar su poderío ante los demás- supe que Anna a estado enferma.
La sangre se le helo por completo, sabia que Anna estaba enferma y al menor síntoma de gripe mandaban a ejecutar toda la familia, sus ojos se ensombrecieron, no podía ser que supieran de ella luego que se había cuidado tanto que no la vieran así.
-Sé que es por alergias, no soy tonto Elsie, pero me interesa que estés centrada en el trabajo y que bueno, ustedes dos estén bien, sin proponérmelo les he tomado algo de afecto, ahhh como ese gato que conocí en mi ciudad paraíso anterior, lástima que tuviera que matarlo, pero protocolo es protocolo – luego de darse cuenta que estaba divagando su ojos y voz se volvieron fríos, - te conseguiré ayuda y protección, por todo el tiempo que quieras, pero debes demostrarme lealtad.
Entraron a la habitación contigua, como sospechaba la de piel blanca como la nieve el lugar esta solo una habitación con espejo doble, a diferencia de la habitación donde habían estado esta estaba poco iluminada, sucia, mohosa, con restos de comida y de basura electrónica por todos lados, controles de televisión y aparatos de reproducción de música. Frente a ella y pegado al espejo falso se hallaban tres botones, blanco, negro y algo parecido al café.
-Perdón por la presentación, no hemos podido encontrar botones de… "colores" – sus palabras lejos de tranquilizarse la ponían más nerviosa. Paso sus ancianos u enguantados dedos sobre los botones. –Uno de ellos, liberara un gas toxico pero no letal inmediatamente, el niño agonizara durante horas sin poder emitir ni un solo sonido debido a la parálisis, el segundo es algo más agresivo, es un tipo de serpiente que muerde los puntos de calor de las personas, te mueves te mueres y el tercero es el más emocionante, se trata de ti, entrando en la habitación y volándole los sesos a ese niño con un arma de corto alcance – la sonrisa desfigurada de satisfacción del sujeto noto que ese no era el final del juego.
-Sir Weselton, con todo respeto pero que pasa si escojo la última opción – dijo la rubia con el tono más monótono de voz que pudo, mostrar ansiedad sería un error fatal.
-Bueno mi Elsa, si escoges la última opción, tu Anna estará tranquila esperando a que su alergia pase, sin siquiera pensar en la paga que se perderá porque llegara a la puerta de su pequeño apartamento, todo será perfecto dentro de nuestro… - tomo la mano nívea de la mujer besándola con suavidad – paraíso.
Elsa por su parte, quien sabía que debía de hacer algo simplemente que nunca hubiera pensado antes solo para salvar a la mujer que ama, apretó el ultimo botón sin titubear, una arma salió en la habitación, era una magnum del mayor calibre posible, brillante era mirada por el niño con curiosidad pero al intentar levantarse no logra hacerlo, algo lo había amarrado a la silla.
-Quiero que cuando estés ahí, lo mires a los ojos… cuando tires del gatillo mires como los que no desean vivir en nuestro paraíso son castigados por nosotros, la mano de Dios y quiero que cuando la sangre te salpique el rostro me mires a través del espejo, así sabré si aprendiste tu lección – la voz del tipo era monótona pero con un tinte de excitación.
La rubia comenzó a caminar, a paso firme y medio, no muy rápido sino el sacrificio no funcionara, no muy lento sino tendría que pasar por otra prueba parecida. El pasillo oscuro le pareció algo eterno pero al llegar a la puerta y tocar el pomo sabía que era el momento, tomo aire, pensó en Anna, en la promesa que se hiso al sentir el caliente y letal metal atravesar su cuerpo, sintió una puntada en su pecho donde la vieja herida le hiso un pequeño flash back, no había vuelta atrás.
Entro lentamente, viendo al niño que lo miraba con inquietud, quería llorar, se le notaba en los ojos pero la rubia, con una mirada fría y calculadora solo tomo el arma, se acercó al menor, apoyo el cañón en la frente del desafortunado ser y sin decir ninguna palabra jalo el gatillo.
La risa histérica proveniente desde el otro lado del vidrio mientras ella miraba su propio reflejo, cubierto de sangre, le confirmo que había entretenido al "duque de la muerte". Aun con la satisfacción interna de que le había dado un regalo muy preciado a su Anna, el tiempo suficiente para recuperarse de su enfermedad, el precio que pago también fue alto.
Puso el arma sobre la mesa y se dio media vuelta encontrándose con el hombre en el pasillo. –Fue hermoso Elsa, simplemente hermoso, como siempre superas mis expectativas – recibió una pequeña palmada en el brazo que ejecuto el disparo, - este brazo debería estar eliminando insectos, no mecanografiando y poniendo sellos, pero es bueno tener a alguien tan competente a cargo de algo tan tedioso.
-Sir Weselton, permiso para cambiarme y limpiarme para volver al trabajo – sentía como la sangre sobre su rostro comenzaba a moverse lentamente, la sensación la estaba sacando de quicio, debía de limpiarse y rápido sino perdería lo poco de cordura que le quedaba.
-Jajajaja, mi Elsie, tomate el día, mañana tendrás más a quienes condenar, por hoy te ganaste tu día libre – llamo a dos cabos que estaban conversando cerca de una de las habitaciones de los condenados, les ordeno escoltar a la de piel nívea hasta su hogar en uno de los pocos vehículos que aun funcionaban, un antiguo y bien cuidado jeep de guerra. Luego de hacer el gesto técnico de saludo procedieron a retirarse los tres, pero la voz del hombrecillo capto la atención de ellos.
-Quiero que antes que se vayan caballeros, pasen a la armería y enfermería, habrán dos paquetes allá para la señorita Elsa, luego de retirarlos deben llevarla a su hogar – girando sobre sus talones el hombrecillo comenzó a caminar por el pasillo tarareando una alegre canción, era su turno al mando y disfrutaría cada grito de agonía, cada lagrima y suplica, solo como el "duque de la muerte" podría hacerlo.
El viaje de vuelta fue un poco más liviano de lo que pensó, estos nuevos soldados eran amables después de todo, y solo platicaban alegremente el uno con el otro, sin molestar a la abatida Elsa cubierta de sangre que iba atrás con dos enormes cajas, no le habían permitido asearse en las instalaciones por lo que tuvo que regresar simplemente en esa forma, con la sangre de un inocente esparcida por todo el cuerpo.
Los cabos la dejaron en la puerta del departamento, ellos cargaron con las cajas cosa que siempre se los agradecería en secreto, tomo su llave y giro el pomo para entrar. El silencio seguido por un ligero ronquido le dio la ubicación de su pequeña flama, no quiso ni asomarse, le avergonzaba las cosas que debía hacer por sobrevivir, pero nadie les cuidara en el mundo como estaba.
Entro con cuidado dejando las cajas a un lado de la puerta, cerró, se dirigió al baño a paso veloz y quitándose toda la ropa procedió a abrir el grifo del agua para ducharse. Recordó tristemente que ese beneficio había venido de la mano de condenar a un padre de familia, solo porque según el duque no era "apto" para el paraíso, los ojos de odio del hombre se grabaron a fuego en su piel. Dio a toda su potencia aquel aparato, noto que no era agua helada sino tibia, seguramente otra recompensa por la entretención de este día.
Se quedó pensando, mirando al vacío, ¿Cuánto más tiempo duraría su pequeño trato con sir Weselton?, temía que en cualquier momento el viejo enloqueciera y saliera lastimándola a ella o a su Anna.
-Anna… -susurro la de piel nívea mientras su voz era opacada por las gotas, estaba agotada, mental, física y espiritual mente, esta era demasiado para su mente, quería golpear, gritar y mandar todo al demonio pero no podía.
-Supe lo que hiciste hoy – una voz tras la cortina de baño llamo su atención, la sombra que proyectaba su Anna contrastaba con la luz proveniente de una ventana del salón, había dejado la puerta del baño abierto sin haberse dado cuenta. –Siempre he sabido que haces cosas así, Weselton siempre me llama para contarme sus "hazañas".
El agua de pronto se volvió pesada, el aire abandono sus pulmones, la tapadera de dos años había sido descubierta desde hace tiempo, todos los sacrificios hechos en ese tiempo, en parte se sentía como nulos. Sin contenerse más estallo en llanto, dejando que el agua se mezclara con sus lágrimas, limpiando los últimos vestigios de sangre. Su llanto fue de ira, de rabia y pena, pero no emitió ningún sonido de sus labios, solo las lágrimas corrieron bajo sus mejillas.
Unos brazos la tomaron por la cintura, eran pecosos y morenos, desnudos como los suyos, un rostro se apoyó en su espalda, se notaba caliente en sus mejillas pero en especial en la zona de sus ojos.
-No puedo creer, que hayas hecho tantas cosas por mí – la voz suave de la pelirroja fue mejor que cualquier bálsamo o calmante en su vida, por primera vez en mucho tiempo se sintió en casa.-No debiste hacerlo, pero, gracias por pensar siempre en mí.
Un casto y puro beso fue compartido bajo el chorro incesante de líquido, la de piel nívea pudo notar la pena de la pelirroja al ver sus ojos rojos de tanto llorar, tomo ese rostro pecoso que en el pasado rebosaba de alegría y lo fundió a ella en un apasionado beso y por un momento sintieron que nada de aquello estaba pasando, que todo era solo un mal sueño por las noches de chocolate a las 3 de la mañana por desvelarse para ver películas.
Se separaron del beso y casi al mismo tiempo que el agua se cortara. Frente a ella empapada y sonriente estaba su razón para seguir, y esa razón era Anna, costara lo que costara.
