Agradezco a BIacksword por su comentario. Muchas gracias, tus palabras me motivaron a continuar. Espero escuchar más de ti.

De igual forma, agradezco a aquellos que se han detenido a leerla.

Sin más, continúo con la historia.

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Los ojos azules de la joven se abren en signo de sorpresa ante tal petición, nerviosa hunde su cuerpo al sillón tratando de guardar distancia del rey oscuro. ¿Cómo pudo percatarse de ello? Siempre ha sido muy cuidadosa, lo ha mantenido escondido detrás de su ropa todo el tiempo que estuvo en presencia de él. Respira hondamente para esconder su sorpresa y temor, con voz trémula responde.

—No entiendo de lo que me esta hablando, su majestad—.Una sonrisa ladina aparece en el rostro del caballero, se irgue observándola con diversión.

—Me temo que fingir demencia no le ayudará en nada, princesa. Se de la existencia de dicho objeto. Tal vez, para cualquier otro ser será difícil de detectar la presencia del sello pero no esta tratando con cualquier sujeto. No lo olvide, princesa—Vuelve a acorralarla en el sillón mientras con una voz grave y dulce exclama—Se encuentra a mi merced—.

Molesta y confundida por la respuesta del rey oscuro, lo empuja para alejarlo de ella mientras se irgue y posa la taza en la mesa cercana. Responde con cierto enojo e indignación—Le sugiero que me guarde respeto, su majestad. Tal vez, nos encontremos en su reino pero yo no dejo de ser la princesa del reino Oceanum.—La joven observa la diversión en los ojos del rey, estando de pie puede percatarse de lo alto que es el joven. Incluso más alto que el príncipe Rubí. Aquella sonrisa ladina no se ha borrado de su rostro.

El joven de cabellos platinados se acerca a la morena, sin que la princesa se percate, descansa su mano derecha en la cintura de la muchacha tocándola ligeramente. La observa fijamente, aquellos ojos iracundos como el océano lo hipnotizan, acerca su rostro mientras su mano izquierda roza suavemente la mejilla de la joven deslizándola por su cuello hasta llegar a su clavícula donde reposa las yemas de sus dedos por unos instantes.

Zafiro no pudo evitar el temblor que viaja por su espina dorsal ante tal tacto osado del rey oscuro. Sus ojos son atraídos por aquellos orbes plateados, no puede alejar su mirada de ellos. Siente que su corazón se ha detenido y su sangre acaba de migrar a sus mejillas. Observa discretamente el rostro delicado y varonil del joven, su nariz puntiaguda, sus pómulos tan suaves y aquellos labios tan tentadores pareciera un ser etéreo.

Poco a poco va perdiendo su sonrisa ladina, sus labios quedan entre abiertos. Expectantes a lo que parece ser inminente, se esfuerza por tomar el control de la situación. Se encuentra en una zona peligrosa, esta jovencita logra despertar en él sensaciones que creyó perdidas hace tiempo. Sutilmente acaricia la cadena antes de revelar aquel amuleto que escondía la princesa. Entrecierra sus ojos plateados admirando el rostro suave y hermoso de la joven hasta toparse con los labios sonrosados y entreabiertos (como los suyos) con voz suave, grave y anhelante responde—Esto es lo que deseo, mi princesa—.

Puede sentir la pesadez del ambiente que los rodea, es asfixiante, la cubre y estruja por completo. Necesita tomar aire para sentirse ligera; tal vez, los labios del joven rey pueden ayudarle. Entrecierra sus ojos azules sin dejar de observar al caballero. ¿Qué es lo que pasa con ella? ¿Cómo puede obedecer a ese despiadado ser? El rey de la oscuridad es mas peligroso de lo que pensó. Es un hombre poderoso, imponente, que puede hacer que te inclines ante él voluntariamente. Ella no debe, no puede caer en su juego. Siente los dedos del rey buscar entre sus ropas la joya del mar, sabe que es lo que desea. Se aleja de él al verse expuesta, los nervios recorren su cuerpo. Toma entre sus manos la joya, sus cejas se contraen en preocupación y tristeza. Temerosa, trata de esconderse de la mirada penetrante del joven. Su voz se escucha tan débil y temblorosa—no puedo—se regaña mentalmente, respira profundamente para normalizar su ritmo cardiaco, se esfuerza en regular su voz—Mi padre me dio esta joya, solo puedo entregársela a aquel con quien pasaré el resto de mi vida—dirige su mirada azulada a los platinados orbes del joven. Suspira mientras cierra sus ojos por unos instantes—debe haber algo más que puedo ofrecerle, su majestad—.

El rey oscuro toma asiento nuevamente en señal de derrota, suspira con tristeza falsa mientras juega con la taza de té pasando su dedo índice por el contorno—Es una lastima, mi princesa. Es lo único que deseo—Acerca la taza a sus labios sin perder la vista de la joven, deleitándose del sufrimiento y pena que inunda a la hija de Kyogre. Entrecierra sus ojos plateados, vuelve a su rostro aquella sonrisa ladina. Con cierto tono dramático y fatalista declara—Que infortunio ¿No lo cree princesa? Interesante las vueltas que da el destino, el ayer parece tan lejano—La mente de la joven libera una batalla interna entre su deber y lo que es correcto, sus ojos azules observan al rey tomar un sorbo de su té. La voz grave del amo de la oscuridad parece acuchillar su pecho de culpa y pesadez—Parece que ha pasado toda una vida de aquellos días en los cuales corría alegre intentando escapar del abrazo fuerte de su prometido, en un tierno juego de enamorados. Ahora, es usted quien decide si vive o muere—Sonríe al ver el respingo de la joven ante las ultimas palabras —A mi parecer, no debería ser difícil la decisión. Después de todo, usted lo ama ¿No es así?—A su memoria regresa aquella escena en el quiosco, sus ojos azules se llenan de lagrimas. Ella lo ama, lo ama demasiado. Ha esperado tanto por ese día, lo ha anhelado tanto. Entonces ¿Por qué? ¿Por qué esa escena le desgarro el alma? Se abraza a si misma en un intento de consuelo, ese hombre es tan despiadado. Fue una tonta al creer que ella podía resolverlo sola, que podría dominar al rey oscuro. Ahora esta atrapada, ha caído en su trampa. Fue una tonta.

El joven observa como la princesa se irgue poco a poco dirige su ojos azules llenos de lagrimas hacia él, respira profundamente antes de hablar con una voz ligeramente entrecortada—Entiendo las implicaciones de su propuesta, acepto el precio a pagar—El rey oscuro sonríe con deleite ante la decisión de la joven, dejando su taza de lado se acerca a ella murmurando unas palabras irreconocibles por la joven mientras gira su muñeca izquierda. Se detiene a un paso de ella, realiza un ligera reverencia antes de contestar —Tiene mi palabra, mi princesa, salvaré a su prometido—Sin esperar palabra de ella, toma la joya con su mano izquierda (rozando levemente con la yema de sus dedos la clavícula de la joven) arrebatándole el collar. La joven castaña exclama un ligero grito de sorpresa al sentir la fuerza con la que el rey rompe la cadena de su cuello. El muchacho de cabellos plateados observa fascinado la pieza, es un excelente trabajo artesanal pero sobre todo es un sello muy complejo. Su rostro pálido muestra una sonrisa socarrona, es todo un reto sin duda alguna.

Centrado en la joya que yace en sus dedos, exclama distraído.—Descanse todo lo que pueda princesa, mañana saldremos a primera hora—Sale de la habitación sin ni siquiera mirarla. La joven de cabellos castaños se deja caer al suelo permitiendo que las lagrimas se desborden por sus mejillas sin importarle que sus sollozos se escuchen por toda la mansión. El pacto ha sido sellado, el príncipe Rubí pronto se recuperara pero a que costo.

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Entra a su estudio sin dejar de mirar la joya que sus dedos delgados abrazan. Puede sentir la fuerza del sello, es una magia antigua y compleja, la vida de la muchacha ha sido atada a tal objeto pero tiene la certeza que él puede deshacer cualquier magia. Tomará su tiempo pero podrá revertir el efecto del sello y devolver lo que ha sido arrebatado. Los dedos de su mano derecha posa por el lomo de los libros que descansan en el librero de su estudio, las paredes de la habitación se ven tapizada por un sin fin de textos de magia antigua en un idioma olvidado por la humanidad. Pierde la vista del objeto por unos momentos para identificar los libros que necesita para cumplir su tarea, marcándolos con su dedo índice—a parece un símbolo de vórtice en ellos—se gira sin previo aviso para dirigirse a otra sección de la habitación donde un escritorio repleto de artilugios de alquimia, papeles, libros y minerales obstruye su paso. Con un movimiento ligero de su muñeca derecha, los libros previamente marcados aparecen en el escritorio. Lee atentamente cada libro hasta encontrar lo que buscaba, a través de su mirada platinada trata de encontrar el tintero y pluma entre el desorden del escritorio. Una vez localizado, deposita la joya en el espacio más cercano disponible de la mesa. Retira su saco para arrojarlo al suelo, en su mente repasa lo leído en los textos además de intentar recordar lo aprendido hace tanto tiempo de sus clases de magia. Inmerso en sus pensamientos y recuerdos, sus dedos delgados desabotonan su camisa con paso tranquilo como si danzaran al compas de una vieja canción. La camisa blanca es abandonada en el mismo lugar que el saco mostrando así su esculpido cuerpo, su torso, pecho y antebrazo derecho se ve repleto de una caligrafía olvidada por el tiempo. Toma la pluma, remojándola un poco en el tintero, escribe en su antebrazo derecho—en el espacio libre que encontró—el nuevo conjuro que ha perfeccionado en su mente. Terminada la tarea, toma un cuchillo delgado que suele utilizar para las cartas y entierra dicho objeto en su dedo índice. Al escurrir la sangre de su dedo, murmura una palabras antes de pasar su mano por ciertos símbolos localizados en su abdomen. Un sello de magia antigua se ilumina en el suelo, rodeándolo a él y alzando la joya del mar que de igual forma se ve atrapada entre dos orbitas con símbolos y figuras. Siente la magia fluir de él y de la joya, sonríe socarrona mente. Sabía que podría abrir aquellas barreras, aún falta mucho para desaparecer por completo al sello pero logró perforar una parte de la magia.

Sus cabellos plateados se ondean con el movimiento rápido de su cabeza, su mirada se centra en otra parte de la habitación donde unos estantes con minerales y demás sustancias ocupan el lugar. Suspira, ahora debe enfocarse en la tarea principal—salvar al prometido de la princesa—con cierto desgane y cansancio camina hacia el lugar marcando cada objeto que requiere con el característico vórtice. La magia del sello lo ha drenado un poco pero nada que un descanso no solucione. Sabía que sería una tarea difícil pero nunca rechaza la oportunidad de un reto mucho menos uno tan complicado como el que se le presenta. Hace años que no ha presenciado tal poder y magia antigua. Desde aquel tiempo en que su padre aún vivía. Por tales razones es que aceptó las consecuencias de su pequeño experimento—Un objeto tan inmerso en su portador, es algo peligroso. Puede costarle la vida ¿en qué estabas pensando, Birch?—Murmura para si el rey oscuro.

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Se despierta asustada y desorientada, observa su alrededor mientras las sabanas de seda se deslizan por su cuerpo dejando al descubierto su torso. El tirante izquierdo de su vestido de noche se desliza por su hombro, la habitación se ve iluminada por el fuego de las velas. Las gruesas cortinas cubren las ventanas, su mente trabaja rápido rememorando los eventos ocurridos los últimos días. Toma una posición sentada en la mullida cama y abraza sus piernas mientras reposa su frente en sus rodillas. Todo ha sido real y no una elaborada pesadilla como tanto desea. No puede evitar llorar nuevamente, sus ojos deben estar hinchados y sus mejillas manchadas por las lagrimas derramadas. Le sorprende ver que aun tiene las suficientes lagrimas para continuar su pena, los sutiles sollozos que escapan de sus labios alertan a los demás habitantes. El pokemon de fuego y hielo se acercan a la cama de su querida ama, Toro no soporta la vista desgarradora que se presenta delante de ella con sumo cuidado sube a la cama para lograr abrazarla y traerla hacia si. Tratando vanamente de trasmitirle el calor que su alma necesita, se siente impotente ante las circunstancias que envuelven a su querida princesa. Glaceon se acerca tímidamente a la muchacha restregando su mejilla en su pierna para brindarle consuelo.

Un golpeteo ligero en la puerta llama la atención de los inquilinos, seguida de una voz aguda—¿Se encuentra despierta, princesa? ¿Necesita ayuda para alistarse?— Con una voz ronca por tanto llorar, responde la muchacha de ojos azules—Me vendría bien algo de ayuda—La puerta se abre dejando el paso a dos mucamas quienes deciden ignorar la escena que se presenta delante de ellas y se dedican a sus tareas. La joven sirvienta de cabellos negros revisa las velas del lugar, asegurándose que se encuentren encendidas mientras la segunda muchacha de cabellos castaños se dirige al cuarto de baño para preparar la tina. Desganada, la princesa se levanta de la cama con ayuda de su fiel amiga Toro para dirigirse al cuarto de baño donde la mucama ha terminado de llenar la tina con flores y esencias. Los pokemons esperan a su ama en la pequeña sala del lugar mientras observan a la primera sirvienta acomodar la cama y escoger la ropa de la princesa para después ayudar a su compañera. La joven mujer acomoda unos cabellos sueltos detrás de su oreja, cubre a la joven con una bata, una vez secada por su compañera. La habitante de los mares toma asiento en la silla de la vanidad, inmersa en su pena ignora totalmente el arduo labor que realizan las mucamas para peinarla y maquillarla. En el momento en que una de las sirvientas aprieta el corsé es cuando se percata de la vestimenta tan diferente a su reino. Una ropa tan impráctica a su parecer que lastima y desfigura el cuerpo ¿Cómo es posible que acepten esta tortura? Incluso la estética de este reino logra oprimir su alma.

Toro y Glaceon siguen a su ama quien es guiada por las mucamas a una parte de la mansión, la joven de ojos azules camina con la cabeza gacha. No intenta esconder su tristeza, su pena no le permite percatarse de sus alrededores y sin darse cuenta se ve de frente a una puerta de caoba. La mucama de cabellos cenizas toca ligeramente, al escuchar un adelante abre la puerta para brindarle el paso a la joven princesa. La morena respira hondamente mientras cierra los ojos, exhala poco a poco para mantener su enfoque y despejar su mente. Con una mirada decidida, aparenta seguridad. Deja atrás su pena. Toma entre sus manos la falda del vestido para no arrastrarlo por el suelo y entra a la habitación solo para sorprenderse una vez dentro. Estantes con libros, minerales y sustancias tapizan las paredes laterales. Al frente, observa la espalda ancha del rey de las sombras quien observa a su reino desde la ventana del lugar. La joven princesa se acerca con cuidado hasta toparse con el escritorio del rey, sin dedicarle ninguna mirada le indica con un leve movimiento a la salida de la habitación. Confundida, sigue al joven de cabellos plateados sin cuestionar sus acciones. El rey oscuro se detiene en una de las tantas habitaciones del pasillo, abre la puerta dando el pase a la princesa quien entra mostrándose inmutable y negándose a dirigirle la mirada por lo que recibe del muchacho una sonrisa burlona.

La joven reconoce el lugar como la habitación en la cuál sello su destino, un atisbo de tristeza se cruza en los ojos azules de la princesa pero rápidamente desaparece llenándose nuevamente de determinación. A pesar de ello, el rey pudo percatarse del ligero cambio de la joven. Aunque no lo pareciera, el caballero no ha perdido de vista a la habitante del océano por ningún momento. Sin mencionar nada al respecto, entra a la habitación para tomar entre sus manos un orbe de vidrio donde se aprecia los continentes y regiones del planeta pintados magníficamente—¿Es usted zurda o diestra?—La voz varonil del rey oscuro inunda la habitación silenciosa excepto por el suave crepitar de las llamas. La morena sorprendida por la rara pregunta responde algo insegura—Soy diestra.—Por primera vez en todo el día sus miradas se cruzan, la princesa experimenta nuevamente esas sensaciones extrañas que provocan un calor en su cuerpo. Sus mejillas se sonrojan levemente y culpa al corsé por la perdida de aliento, el caballero de ojos plateados jadea imperceptiblemente ante la belleza de la joven en aquel vestido, intenta esconder el tamborileo de su corazón.—Mi princesa ¿Podría prestarme su mano derecha por unos instantes?— Inconscientemente, el rey oscuro suaviza su voz tomando aquel sonido seductor usado en la noche anterior. Un ligero temblor se presenta en la espina dorsal de la joven al recordar los hechos pasados, algo indecisa, extiende su brazo derecho hacia el rey mostrándole la palma de la mano. Sin dejar de mirar aquellos hermosos ojos cual zafiros, se acerca a ella hasta depositar en su mano el orbe. Retomando su voz, señala la pared de a lado—El orbe funciona como una brújula, observe el mapa a lado suyo. Se percatará, que la brújula coincide con las regiones del mapa.— La muchacha sorprendida y curiosa, observa detenidamente el orbe confirmando lo dicho por el rey oscuro. Una sonrisa ligera se asoma por los labios del caballero al ver el rostro maravillado de la princesa. Subconscientemente, le parece de lo más adorable la curiosidad de la castaña. Sin indagar más en aquel pensamiento, continua con su explicación—Debe imaginarse en su mente al lugar donde desee ir, la brújula lo localizará en el mapa y señalará su destino.—Un ligero atisbo de amargura inunda su voz—Le pido su ayuda para localizar el reino de Terra, mi memoria del lugar se encuentra nublada. Hace mucho que no he tenido el placer de visitar el reino de luz.—Nuevamente vuelve a sentir aquella opresión en su corazón al detectar la tristeza del rey, no sabe que le sucede pero desearía borrar aquel dolor que inunda al caballero. Observa el orbe, cierra sus ojos, su mente se llena de aquellos campos tapizados de flores que tanto conoce. De repente, siente un calor desprenderse de su cuerpo al orbe. Sorprendida, abre sus ojos azules ¿Será magia?—Ahora debe colocar el orbe en su pedestal.—La morena sonríe inconscientemente al percatarse de la ligera sonrisa del rey, se dirige al escritorio de su majestad para colocar el orbe. Un ligero brillo y un sonido le indican que puede proceder. El joven de cabellos plateados toma un maletín de su escritorio para abrir la puerta adyacente a ellos de la cual la muchacha no se había percatado hasta ahora—Después de usted, mi princesa.—Sin entender muy bien las implicaciones de su pequeña participación en el hechizo del rey, toma su vestido para dirigirse a la puerta.

Cruzando el umbral se sorprende enormemente al sentir los rayos del sol tocar su piel, el brillo de la luz la ciega por un momento hasta que sus ojos azules se adapten. Se maravilla al presenciar los grandes arboles llenos de un hermoso follaje verde ser mecidos por el viento, al igual que el pasto que sus zapatos de tacón pisan. El dulce aroma de las flores llena sus fosas nasales; reconociendo el lugar, su corazón da un latido de sorpresa y placer. Sin mirar atrás da unos cuantos pasos, cierra sus ojos mientras extiende sus brazos pidiéndole al sol bañarla en su luz. A pesar del regocijo por regresar a su mundo de luz, su corazón siente un atisbo de culpa ante el placer de su cuerpo.

El rey oscuro observa en un silencio absoluto la hermosa vista delante suyo, la princesa de los mares se ve bañada de aquella molesta luz que sorprendentemente ayuda pronunciar la belleza de la joven. El color de sus suaves mejillas entonan con las flores rosadas que inundan el campo, el suave viento juega con las hebras acarameladas mostrando así la espalda desnuda de la princesa. El vestido blanco parece resplandecer con la luz que rodea a la joven dándole una apariencia etérea. Verla así en un campo de flores, bañada en luz, en aquel vestido blanco—el cual, la cola del vestido comienza a llenarse de los pequeños pétalos arrastrados por el viento—no puede pensar más en que la dulce e inocente princesa no le pertenece ni al océano, ni a la tierra y mucho menos a él. Aquel pensamiento provoca un presión en su corazón desconocida por el joven, entender que aquel ser es sublime y él como vil pecador no merece posar su mirada platinada a tal presencia. La voz suave de la princesa de los mares lo saca de sus pensamientos.

—Me ha sorprendido, su majestad. Pensé que nuestro viaje sería más largo. Recuerdo muy bien que el recorrido que tome para llegar a usted me llevó mucho tiempo.— El rey oscuro responde con una sonrisa ladina.—Soy el rey del reino oscuro, viajar a través de él es algo tan sencillo de hacer para mí. Además, soy partidario de las artes antiguas. Viajar entre reinos, es como un juego de niños.—Huye su mirada platinada de la de ella, se ve tan brillante y majestuosa erguida delante de él que le es difícil concentrarse. Aquella ligera sonrisa y ojos curiosos lo están provocando, lo incitan a dar un paso. La joven lo observa sin entender sus intenciones, ladea ligeramente su cabeza provocando que sus cabellos castaños se meneen con el movimiento. El rey oscuro, sin percatarse de sus acciones se acerca a ella sigilosamente como rodeando a una presa. La morena siente un cambio en el ambiente, sin saber la razón, su cuerpo se estremece en estado de alerta.

Toro y Glaceon que acaban de salir por la misma puerta observan los acontecimientos delante de ellos. El pokemon de fuego y hielo, preocupados por su ama, deciden actuar para detener a aquel indeseable ser solo para ser detenidos por una fuerte opresión. Al levantar la vista, se percatan de la fuerza del rey oscuro. El joven de cabellos como la luna, se acerca cada vez más. Observa lo frágil y hermosa que se ve la princesa de los mares rodeada de aquella luz, se percata del intento de la joven por mantenerse segura al acercar sus manos a su pecho. Al encontrarse unos cuantos pasos de ella y sin pensarlo dos veces, extiende su brazo izquierdo para tocar la suavidad de la piel morena de aquel ser etéro pero se ve interrumpido bruscamente por el filo de una espada que hábilmente logra esquivar dando un paso de lado. Al reconocer a su atacante como un soldado del reino Terra, se ve acorralado por un grupo de samuráis quienes lo apartan de la princesa de los mares para rodearlo con sus espadas. Logra ocultar su sorpresa con una sonrisa ladina mientras despreocupadamente pasa su mano izquierda por sus cabellos plateados, exclamando con cierto sarcasmo—Había escuchado que el recibimiento de los habitantes de Terra era muy cálido pero nunca me imagine que tanto. No tenían que haberse molestado—.

La joven de cabellos acaramelados, preocupada, intercede por él.—¡Deténganse, por favor! ¡No le hagan daño! ¡Él es un invitado mío!—El líder del grupo la observa de soslayo, sin dejar de amenazar al rey oscuro con su espada, responde—¿De qué esta hablando, princesa? Él es el rey de las tinieblas, es el causante de tanta pena y sufrimiento de los seres de la luz. Debería estar desangrándose en el suelo hasta morir—.

—Eso sería muy penoso, creo que pasaré esa parte—. Es interrumpido por la voz burlona del rey oscuro quien recibe a respuesta una mirada de muerte del líder del grupo.

—Entiendo su consternación y lo importante que es para usted atrapar al rey oscuro pero él es el único que puede salvar al príncipe Rubí. Por favor, le ruego coronel Fujitaka que deje de lado sus penas por el bien del príncipe. Al menos, hasta que se recupere.—La princesa se acerca al líder del grupo, posa su mano derecha en su hombro mientras le implora por el bienestar del joven. Fujitaka dirige su mirada a los profundos ojos azules de la morena, aquellos orbes son tan cautivadores que lo dejan mudo por unos instantes. El rey oscuro frunce sus cejas plateadas ante la escena delante de él, sin pensarlo, toma la mano de la princesa para acercarla a él. Tomando de sorpresa a todos, coloca su mano izquierda en la cintura de la joven mientras se posiciona delante de ella, en una forma protectora, para alejarla del líder.

Responde con cierto tenor de molestia—No es necesario que se moleste princesa, yo me encargaré de esto.— La joven sorprendida por las acciones del rey, solo atina a observarlo con sus ojos bien abiertos.—Puede creerme que venir a este lamentable reino no sería mi primera opción pero si estoy aquí es para cumplir con los deseos de mi amada princesa quien es tan misericordiosa y ha decidido interceder por el príncipe de fuego. Al menos que usted desee la muerte del siguiente al trono del reino Terra, será mejor que me permitan pasar.—Exclama el rey con actitud altanera y menospreciando al coronel.

El coronel Fujitaka responde con una mirada llena de odio y rencor hacia el rey oscuro pero la plegaria de la prometida de su señor lo obliga a bajar su arma siendo seguido por sus compañeros.—Más vale que sus intenciones con el príncipe Rubí sean nobles. De lo contrario, no me perderé la oportunidad de atravesarle el corazón con mi espada.—

—Si es que puedes tomar la oportunidad.—Responde con soberbia el joven de cabellos plateados.

—Coronel Fujitaka, ¿Sería tan amable de escoltarnos al palacio?— La morena se interpone entre los dos para aliviar el ambiente tenso. El samurái realiza una reverencia ante la joven para después guiarlos hacia el palacio del reino Terra.

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El rey del reino de Terra responde con cierto enojo ante los débiles intentos de sus mejores doctores por aliviar el dolor de su primogénito. No puede creer la incompetencia de esos ancianos, tantos años de estudio y tanto dinero invertido por ellos parece no ser suficiente para curar el mal que acongoja a su querido hijo. Alzando la voz aún más declara—Mi hijo esta perdiendo cada vez más minutos de vida con el tiempo que se tardan en resolver su enfermedad. A este paso, él estará muerto antes de que consigan la cura. ¡Para esto e invertido tanto en ustedes, le he colmado de riquezas y brindado todo los libros raros que han querido! ¡Para que fracasen rotundamente en el momento de demostrar su valía!—. Los doctores, asustados por la ira de su rey, responden entrecortadamente.

—Su majestad, debe entender que el mal que padece el príncipe Rubí es uno desconocido. Ninguno de nuestros textos muestran enfermedades con síntomas similares, es difícil encontrar una cura si no sabemos que es lo que perjudica a nuestro señor.— El rey se prepara para otra gran reprimenda cuando es detenido por su viejo y querido amigo de cabellos castaños.

—Norman, creo que es suficiente por hoy. Debes permitirles seguir investigando, amonestarlos no les dará la cura ante la enfermedad que padece el joven Rubí. — Toma del brazo derecho a su amigo para guiarlo a la entrada de la habitación. A regañadientes, el rey de Terra sigue a su amigo. Dejando atrás al grupo de ancianos. Al llegar al pasillo y antes de que pudiera decirle algo a su amigo, es interrumpido por un guardia del palacio.

—Mi señor.—Realiza una reverencia antes de hablar.—Hemos encontrado a la princesa de los mares.—No puede continuar con su mensaje por que es interrumpido rápidamente por el hombre de cabellos castaños.—¿Dónde se encuentra mi hija? ¿Se encuentra bien? ¿No le ha pasado nada malo?— El hombre toma por los hombros al guardia exigiéndole el paradero de la princesa con suma preocupación e histeria. El rey de fuego separa a su amigo del guardia, tratando de calmarlo.

—Permítele hablar primero, lo importante es que la han encontrado.—Se gira hacia el desorientado guardia.—Por favor, continua.—El guardia sale de su sorpresa para responderle a su rey.

—Sus majestades, la princesa de los mares se encuentra bien pero se les solicita su presencia en el trono. La princesa ha traído un invitado al palacio, asegura que él puede salvar la vida del príncipe Rubí.—Los reyes, sorprendidos por lo dicho por el guardia, salen corriendo del pasillo hacia la sala del trono.

Se detienen ambos bruscamente al encontrarse delante de ellos aquella distinguible cabellera plateada, perplejos, los soberanos solo atinan mirar con sorpresa a su más ferviente némesis quien al sentirse observado se gira para mirarlos con picardía.

—Me temo que el tiempo ha hecho mella en ustedes, sus majestades.—Exclama con cierta burla el rey oscuro mientras realiza una reverencia a forma de juego. Zafiro, al escuchar las palabras del joven se gira para encontrarse con los reyes del reino Terra y Oceanum completamente sorprendidos, asustados y molestos. Intenta hablar pero es interrumpida por el rey Norman.

—¡Guardias! ¡Atrápenlo!—Ante la orden de su rey, los guardias se disponen a acorralar al joven pero la princesa intercede por él.—¡Deténganse! ¡He dicho que es un invitado mío!—Pero su participación es interrumpida al ser arrastrada lejos del rey oscuro. La joven exclama un grito de sorpresa y dolor por el fuerte apretón que su padre le proporcionó al tomar su muñeca para alejarla del joven de cabellos plateados.

—Pero ¿Qué crees que estas haciendo, Zafiro? ¿Qué no sabes quien es él? ¿Por qué te encuentras a lado de tan insufrible ser?—Exclama fuera de sí el rey de los mares quien sin percatarse del daño que le provoca a su hija, le exige respuestas mientras aprieta más su agarre a causa de la furia que se desborda por sus venas. La muchacha responde con cierto dolor.—Padre, me estas lastimando.—Pero el soberano de los océanos no escucha su plegaria y le exige respuestas.

—La joven le ha pedido claramente que la deje ir, caballero.—El joven rey sale en su defensa mientras exclama con extrema frialdad y entre dientes tratando de controlar su ira delante de los soberanos de Terra y Oceanum.

—Guarda silencio. Este asunto no te concierne a ti, bastardo.—Sin poder controlarse más, un circulo de invocación se dibuja debajo del rey de cabellos plateados donde una fuerza oscura con forma de Absol aparece y arrastra consigo al soberano de los mares, lanzándolo así hacia la pared. Sin esperar respuesta de su rey, los guardias acorralan entre espadas, nuevamente, al joven de orbes de acero. Steven cierra sus ojos tratando de controlarse por medio de ejercicios de respiración.

La princesa de los mares observa sorprendida al joven rey antes de dirigirse a lado de su padre quien es ayudado por unos de los sirvientes del reino.—¿Te encuentras bien, padre?—Pero la joven es ignorada por él quien no deja de observar con odio a Steven.

—¡Fue suficiente!—La fuerte voz de Norman se impone en el salón.—No permitiré que arruinen mi sala del trono ni que mancillen el honor de mi reino. Ahora seré yo quien tome las riendas de la situación, quiero saber la razón por la que osas venir a mi reino rey oscuro sabiendo que no eres bienvenido.—El joven lanza un resoplido antes de responder con enojo.—Si el Neandertal que tienes como amigo no hubiera actuado como el incivilizado ser que es, podríamos haber resuelto este asunto como es debido.—Dirige su mirada de acero hacia los ojos negros cual carbón del rey de fuego.—Podemos continuar nuestra conversación en un lugar más cómodo, una taza de té no estaría de más.—Exige sin lugar a replica el muchacho. El rey Norman solo gruñe ligeramente antes de aceptar.

—Díganle a Misake que nos lleve unas tazas de té a la sala de reuniones.—Habla dirigiéndose a uno de sus guardias para proceder su vista al inesperado invitado.—Por este lado, por favor.—Los invita a seguirlos por los pasillos, el rey oscuro se detiene al escuchar las palabras del soberano del mar.

—Tu no iras a otra parte que no sea tu habitación, hablare contigo más tarde de todo este asunto.—Molesto por las acciones de su hija, la amonesta.

—Me temo que eso no será posible, viejo.—Padre e hija observan aquellos ojos platinados observar al rey del reino Oceanum con odio y desprecio.—Yo no iré a ninguna parte sin la princesa.—El soberano del mar se propone a responder el atrevimiento del muchacho cuando es interrumpido por su querido amigo.—Déjalo, Birch. Ya tuve suficiente drama por hoy, solo quiero respuestas y las quiero ahora.—

La joven observa tímidamente a su padre antes de proceder a seguir al rey del fuego pero es interceptada por el joven quien con un ademan ofrece escoltarla. Sus ojos azules se abren de sorpresa y un leve sonrojo inunda sus mejillas, se siente observada por los dos viejos reyes. Dudosa, acepta el gesto del muchacho para continuar su camino hacia la sala. No se atreve a mirarlo a los ojos, agacha su mirada en el trayecto. Solo logra percatarse que el joven tomó una flor de uno de los tantos floreros del lugar.

El joven de cabellos platinados toma una camelia en su mano derecha, concentrando su energía en la flor, logra que su tallo se enrosque para formar una pulsera. Sin soltar la flor, deshace el nudo de su corbata para enrollarla en el tallo de la flor. Se ha percatado del deplorable estado de animo de la joven, no sabe porque pero verla así le provoca una sensación de pesadez en su pecho. Le gustaría tanto poder borrar aquella tristeza de sus hermosos orbes azules.

Toma la muñeca lastimada de la joven entre su mano izquierda, la acción a causado un repentino dolor en la muchacha quien a respuesta emite un ligero gemido de dolor. Preocupado, intenta no realizar movimientos bruscos. Con sumo cuidado, enrolla su corbata en la herida seguida de la flor. La joven princesa observa sorprendida y sonrojada las acciones del rey oscuro.—La camelia puede estar cortada pero aun conservaba algo de vida, lo único que hice fue brindarle un poco más de energía para mantenerla viva. De esa forma, podrá pasarte su fuerza y curar tu muñeca lastimada. Una vez transmitida la energía, morirá de acuerdo a su tiempo de vida normal.—Habla con una voz suave y amable. Terminado su tarea, se ve atrapado por los hermosos océanos de la joven quien se sonroja más al ver las acciones del rey y escuchar su hipnotizante voz.

Su pequeña interacción no pasa desaperciba por uno de los soberanos, sus ojos castaños se entrecierran con cierta molestia.

El rey de fuego entra a la sala tomando asiento en uno de lo cojines, los invitados toman sus respectivos lugares. Una de las sirvientas les entrega su respectiva tasa de té mientras observa sorprendida a la joven princesa, no se esperaba encontrarla en esta reunión. Sin ánimos de hacer enojar ha su rey, realiza una leve reverencia para retirarse del lugar. Impaciente por respuestas, Norman toma la palabra.—¿Pueden explicarme qué esta pasando aquí?—Dirige su mirada intrigada y molesta a la morena.—¿Qué es lo que estabas pensando, Zafiro? Te desapareces del reino por varios días sin decirnos nada acerca de tu paradero para luego regresar con el rey de las sombras aclamando que él puede ayudar al Rubí. Pensé que querías pasar los últimos días de vida de tu prometido a su lado.—Lo último lo expresa con un tono de reproche. La joven princesa, avergonzada y nerviosa pide la palabra.—Si me permite explicarle, yo no podía soportar más ver al príncipe Rubí sufrir tanto.—Habla con una voz temblorosa sin despegar la vista de su taza de té, no quiere llorar más pero las lagrimas se empiezan a acumular en sus ojos azules.—Me era insoportable verlo así, si había algo que pudiera hacer por él lo haría sin pensarlo más.—Sus dos orbes observar con tristeza a los ojos color carbón del rey de fuego.—Logre escuchar entre murmullos a uno de los médicos de la corte, decía que la enfermedad que atormenta al príncipe es inusual. Ellos no podrían saber como curarla, que si tuvieran los libros de magia oscura podrían salvar al príncipe pero que el único ser con ese conocimiento era el rey oscuro.—Nerviosa, intenta explicar mejor sus acciones.—Se que estaría corriendo un gran riesgo pero si existía la mínima posibilidad de salvar al príncipe Rubí no podía dejarla pasar. Así que decidí tomar el asunto en mis manos y fui en busca del rey de las sombras para implorarle por su ayuda.—El nerviosismo y la desesperación causan que su voz se vuelve frágil y hable entrecortadamente.—Es interrumpida por su padre quien más calmado intenta guardar la compostura.

—Podrías habernos dicho y habríamos enviado un grupo especial para comunicarnos con él. No era necesario que tu fueras, te arriesgaste demasiado. Fue muy imprudente de tu parte, Zafiro. Eres la heredera al trono de Oceanum; sí algo te hubiera pasado, el reinos se quedaría sin soberano. Creí que eras más sensata, no me malinterpretes, me alegra mucho que vieras por tu prometido pero recuerda que tu obligación esta para tu pueblo.—El rey de los mares seguiría amonestando a su hija si no fuera por el joven rey que interrumpe su diatriba.

—Te equivocas, viejo.—El padre de la princesa lo observa con odio ante su despectiva forma de referirse a él.—Si hubiera ido una comitiva, habría creído que era una declaración de guerra. El hecho de que la princesa quisiera entrar a mis dominios solo con su compañero, me dio a entender que sus intenciones eran nobles.—Explica el joven rey seriamente para después proceder a tomar de su tasa de té.—A mi parece, la princesa fue sensata.—Dirige su atención al soberano del reino de Terra para interceder por la muchacha.—Le prometí a la princesa que salvaría la vida del joven Rubí y pienso cumplirlo. Podemos tomar mi estadía en este lugar como un cese al fuego temporal, nuestra enemistad no se perdonara con esto, es solo una pausa ante un evento inesperado.—Juega con el borde de la taza de té mientras habla. Norman lo escudriña con la mirada mientras responde con cierto escepticismo a las intenciones del joven. —¿Cómo se realmente que esto no lo ves como una oportunidad para lastimar al príncipe Rubí y sacar ventaja de esta guerra?—

Sonríe ladinamente el joven de cabellos como la luna, respondiendo a su pregunta despreocupadamente.—No puedes estar seguro de eso.—Su sonrisa burlona se ensancha más ante sus siguientes palabras.—Pero no te queda otra opción, ¿o sí?—Molesto ante la situación en la que se ve envuelto, Norman intenta tomar las riendas nuevamente.—De acuerdo, aceptaré la tregua temporal.—Zafiro deja escapar un suspiro, se encontraba tan preocupada por la respuesta del padre de Rubí que no se dio cuenta que retenía la respiración, sus labios dibujan una leve sonrisa. El rey oscuro observa de soslayo el gesto de la joven lo cual causa una sensación de tranquilidad y alegría en su pecho, dirige su mirada al rey de fuego para mostrarle una sonrisa de suficiencia al verse ganador.—Siempre creí que eres una persona inteligente, Norman. Me alegro ver que no estaba equivocado.—El rey de fuego gruñe levemente ante la sonrisa del joven.—No creas que podrás moverte libremente, tendrás a un guardia que te acompañará a todos lados.—Es interrumpido por el joven rey.—Sobre eso Norman, me temo que la princesa y yo llegamos a un acuerdo.—Comenta con falsa pena y culpa.—No es que quiera burlar tu autoridad pero el trato es con la princesa de los mares, seguro lo entiendes ¿no es así?—La sonrisa burlona del rey oscuro provoca molestia al rey de fuego y preocupación y vergüenza a la muchacha. El soberano de los mares estaba apunto de interceden cuando es detenido por su amigo quien le señala que guarde silencio.

Frunce sus cejas oscuras mientras se irgue su espalda en su posición sentada para demostrar su autoridad.—¿En que consiste ese acuerdo?—El joven rey sonríe, toma un sorbo más de su té antes de responder.—Una parte esta cumplida, la princesa me aseguró que habría un cese al fuego. Mi estadía aquí debe ser bien vista pero se que pedir eso sería demasiado. Así, que no se preocupe por esa parte. No le pediré que cambie su actitud ante mí, prefiero la sinceridad aunque no lo crea.—Comenta despreocupadamente.—Acerca de la escolta, accedí a tener una siempre y cuando sea la princesa de los mares quien será mi acompañante.—El soberano de los mares intercede rápidamente.—Eso no pasará, Norman. No puedes aceptar eso.—El rey de fuego vuelve a callar a su viejo amigo, dirige su mirada al castaño para responder a sus reclamos.—Zafiro estará en nuestro palacio por el tiempo que dure la recuperación de Rubí, me haré cargo de su bienestar mientras ella se encuentre en mi reino. Te doy mi palabra, viejo amigo.—El padre de la chica se propone a contestar pero la mirada de su amigo no le da lugar a replica, molesto, observa con odio y desprecio al joven que ha causado en menos de un día la humillación de su persona. El rey de las sombras le sostiene la mirada mientras sonríe con cinismo.—Me imagino que primero querrás establecerte antes de visitar al príncipe, así que uno de mis sirvientes te escoltara a tu alcoba.—La puerta de la sala se abre dando paso a una joven sirvienta quien realiza una reverencia antes de señalar el corredor. Los jóvenes se irguen para seguir a la sirvienta no sin antes dar una ligera reverencia (tímida y nerviosa por parte de la castaña y burlona por parte del joven) a los reyes de fuego y agua. Los dos viejos amigos quedan solos en la sala. Norman suspira al ver la mirada de su amigo, sabe que será una diatriba larga.

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Saludos :)