A/N: Este capítulo contiene escenas de abuso hacia un menor de edad.
— Hey, Elsie. No queríamos que te perdieras la diversión, por lo que Hans sugirió grabar un vídeo y enviártelo. Gran idea, ¿no? — la luz en la habitación era escasa para ver movimiento alguno, pero Elsa reconoció la voz característica de uno de los amigos inservibles de Hans, moviendo la cámara en una forma tan brusca que apenas podía mantener la toma en un ángulo fijo. — Debo decir, tu hermana es un hueso duro, sí que le enseñaste a dar pelea, aunque eso solo hizo las cosas más interesantes.
La luz pronto se estabilizó, permitiendo ver a Anna tirada en un suelo cubierto de vasos y prendas de ropa interior. Sus manos estaban sobre su cabeza, sus piernas ligeramente abiertas como para distinguir el vello rojizo que crecía entre ellas. Su vestido era un trozo de tela inservible entre su cintura y pechos, teñido en pequeñas manchas carmesí que Elsa no tardó en identificar como sangre. Sus ojos se encontraban cerrados en somnolencia, frunciéndolos solo cuando la luz del flash se acercaba a su rostro.
Elsa no pudo evitar sentir rabia, impotencia y... ¿decepción? Había experimentado ese sentimiento antes, cuando su padre finalmente le habló de hacerse cargo de la empresa familiar para morir tan solo días después, dejando un testamento deshecho. O la vez que su madre trató de enseñarle a tejer y ella a duras penas pudo ensartar la aguja en el ovillo. Esta vez, sin embargo, el ardor en su estómago era diferente. Anna había cancelado su día juntas por escaparse hacia una fiesta, le había mentido e inclusive había tomado de su armario uno de sus vestidos que siempre procuró cuidar.
Anna no era así, no era de las que se escapaban de casa o dormían con tipos en fiestas sin siquiera saber bien sus nombres. ¿Se sentía sola? ¿Había buscado en otras personas el afecto que siempre quiso recibir de su hermana? No quería pensar en las respuestas a todas esas preguntas.
La toma pronto pasó a Hans, su rostro tenía rastros de pelea, con rasguños que iban desde su mejilla hasta su ojo izquierdo. Había estado drogándose, su expresión atontada era muestra de ello junto a la zona enrojecida de sus ojos. Elsa no quería verlo, conteniendo sus ansias de apagar el ordenador y ocultarse bajo las sábanas de su cama, apretando el pecho para hacer frente a su voz ronca y en cierto punto incomprensible.
Sabía lo que iba a decir, sabía lo que había hecho y aun así tenía la esperanza de que todo fuese una simple mentira, caminando hasta la habitación de Anna para encontrarla allí, descansando abrazada a su almohada y sonriendo como la chica de 16 años a la cual Elsa aún debía leerle para que lograse dormir.
— Tu hermana sí que es toda una zorrita — rió limpiando la comisura de sus labios —. Debiste verla, chupando todo mi miembro como si lo hubiese hecho miles de veces.
— ¡Cállate! — Elsa golpeó la pantalla en medio de su arrebato, presionando sus uñas a los costados del monitor. Sintió una sensación amarga recorrer su garganta y esta vez fue ella la que tuvo que limpiar su boca para evitar vomitar.
Con los ojos cerrados extendió la mano para encontrar el mouse y poder así dar pausa al vídeo. Su mente le gritaba que debía ir hasta ya y sacar a su hermana de lo que sea que Hans le esté haciendo pero su raciocinio le hizo recordar todas las cosas horribles que él le había hecho años atrás, cuando ella era una simple estudiante de preparatoria igual que Anna y tenía la esperanza de estar con alguien de su clase y edad.
Recordó las fotografías que le había tomado, vendada y amordazada en la cama de su habitación. Recordó cada uno de los juguetes sexuales que utilizó hasta hacer sangrar su virginal cuerpo.
También recordó la golpiza que le dio al día siguiente de enterarse que todos en la escuela habían visto el material en el que ella aparecía, rompiendo su hermoso rostro y ganándose una suspensión de casi dos semanas.
Elsa antes se veía como alguien que podía defenderse tanto ella como a su hermana menor, ahora se escondía tras hojas milimetradas para no pensar en sus problemas.
Volvió a reproducir el vídeo al recobrar la compostura, observando cómo casi más de una docena de hombres colocaban sus manos sobre el cuerpo puberto de Anna, tocando donde quizás ella nunca se hubiese atrevido a tocar e hiriéndola hasta que sus murmullos inaudibles pasaron a ser gemidos de dolor.
— Dios, como me gustan las pelirrojas — Elsa se sorprendió al ver como Caleb, uno de los tantos hermanos mayores de Hans entraba en la toma, masturbándose hasta cubrir todo el rostro de Anna con rastros de su semen —. Sí que tienes un buen gusto.
— No te encariñes con ella — Hans lo forzó a regresar a su sitio —, sin duda yo seré el primero a quien ella monte.
— Els... — Anna agitó su cabeza, el dolor era más fuerte con cada minuto que pasaba.
— ¿Quieres que tu hermana esté aquí contigo? — Elsa vio como los sollozos de Anna fueron callados por una mano firme sobre su boca.
— A mí también me gustaría que estuviese aquí — se burló uno —. Las cosas que las veríamos hacerse la una a la otra.
Hans tomó el dominio de la cámara, caminando por toda la habitación y riéndose frente al lente.
— ¿Te gustaría estar aquí, Elsie? Apuesto que estás prendida con ver a tu hermanita de esta forma — Elsa rechinó los dientes para no romper todo en la habitación —. La noche es larga y nosotros aún tenemos muchas ideas en men...
La imagen pronto pasó a fundido negro, sugiriéndole a Elsa una nueva reproducción. Golpeó el teclado con sus puños, cerrando la ventana y sintiendo como las lágrimas empezaban a humedecer sus mejillas. Se maldijo a si misma por ser tan cobarde, tan sumisa, tan Elsa; limitándose a llorar sobre su escritorio conteniendo las náuseas que empezaban a formarse en su estómago.
Pero sobre todo, se maldijo por no poder darle a Anna la familia normal y feliz que siempre se mereció.
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— ¿Crees que ya haya visto el vídeo? — Hans no respondió a la pregunta, reclinando el asiento de su auto para descansar un poco su cuerpo. Estaban estacionados a unas pocas calles de la casa Andersen, aguardando el tiempo necesario hasta tener la seguridad de que Elsa estaba sollozando sobre su cama.
Hans echó un vistazo hacia la parte trasera del auto, Anna dormía acurrucada entre pequeños retazos que antes pertenecían a su vestido, cubriendo su pecho con sus manos en una señal inconsciente de protección. Acarició su rostro delicadamente, como si quisiera memorizar la expresión intranquila que ahora la caracterizaba, sintiendo un enorme atisbo de glorificación.
— ¿Por qué lo hiciste? — su amigo logró bajarle de las nubes.
— Tú conocías la apuesta...
— No, sabes de lo que hablo. ¿Por qué lo hiciste en una forma tan retorcida? ¿Por qué no simplemente acostarte con ella y romperle el corazón diciéndole que nunca la quisiste?
— No parecías quejarte cuando estabas haciéndole sexo oral.
— Estaba drogado, todos lo estábamos.
— Entonces vuelve a drogarte y sácala de aquí — golpeó su pecho con fuerza —. Estoy cansado de tus estúpidas quejas.
Hans vio como uno de sus matones se encargaba de arrastrar el cuerpo de Anna hacia el otro lado de la vereda, aprovechándose para tocar un poco más su cuerpo antes de finalizar su tarea, acomodándola como si se tratase de un objeto sin valor.
— Haces esto por Elsa, ¿no? — lo enfrentó al entrar nuevamente al auto, abrochando su cinturón y observando como Hans conducía a toda velocidad.
No respondió a su pregunta, limitándose a encender un cigarrillo y maldecir por los rasguños en su piel.
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Elsa dormía en un rincón de su estudio, el cansancio le había impedido llegar hasta su habitación, haciéndole desfallecer en medio de proyectos de grado y propuestas en papel. No fue consciente del tiempo que había transcurrido hasta que un golpe brusco en el pórtico le hizo despertar, ajustando su visión para ver que el reloj en su escritorio marcaba las dos pasada veinte minutos. Se incorporó para ir a la otra habitación, tanteando las paredes hasta encontrar el sitio justo donde había colgado sus llaves y así poder abrir el portón, teniendo cuidado de no alarmar a lo que sea que estuviese afuera.
— ¡Anna! — sus pies tocaron las piernas de su hermana menor, tendida en el espacio existente entre los escalones y el inicio del jardín.
Se agachó para tomar su cuerpo y acomodarlo junto al de ella, limpiando rastros de sangre y fluidos de su rostro y acomodando un poco su vestir. La pelirroja estaba semi inconsciente pero de alguna forma se aferraba a Elsa para no dejarse ir, hundiendo su rostro en el cuello de su hermana y respirando cansadamente en el lugar exacto que marcaba su pulso.
Elsa acarició sus brazos para protegerla del frío de la noche, besando la parte superior de su cabeza y dejando que las lágrimas fuesen secadas por los mechones pelirrojos que la caracterizaban.
— No te preocupes Anna, yo estoy aquí — entrelazó su mano con la de su hermana, recibiendo un ronroneo agradable como respuesta —. Yo siempre estaré aquí.
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Ok, más de un mes sin publicar (y sé que el capítulo es mucho más corto de lo previsto) el asunto es que necesitaba un descanso de escribir pero ahora he vuelto con más ideas. ¿Alguna vez llegaré a escribir una historia feliz entre ellas dos? Probablemente no, no les mentiré. Espero les haya gustado, pero sí creen que esto fue triste tienen que leer el final.
Gracias por leer, y dejen un review si gustan.
Reviews:
RenaNiemand: ¿Qué puedo decir acerca del bullying? Aunque Anna es fuerte este parece ser su punto débil, dejándose dominar por más triste que sea (sufrí bullying por casi 10 años en la escuela, y cuando me defendía era peor, me basé en eso para hacer a Anna).
