El largo camino a Valinor.
Autora:
Adhara Phoenix
E-mail: adhara@arctica.cjb.net
Categoría: Aventuras
Subcategoría: Romance
Rating: R (violencia explícita)
Spoilers:
SDLA: El retorno del rey
DISCLAIMER: Esta historia está basada en personajes
y situaciones creadas por JRR Tolkien, utilizados sin ánimo de lucro.
CAMINO
"Día
primero. Si cabalgo deprisa, puedo llegar a la Ciudad Blanca en poco más
de una semana. La señora Galadriel me dio este cuaderno para anotar mi
camino. "Escribe lo que te suceda, porque lo que está escrito no es
volátil como lo son las palabras. Tal vez dentro de 2000 años la
Tierra Media recuerde a la única cronista elfa de Lothlorien" me dijo.
Pero creo que es una labor demasiado grande para mí. Yo no soy una luchadora,
ni una cronista, ni nada similar. Sólo busco una promesa..."
Galadriel
no sólo le había regalado aquel ligero pero grueso fajo de pergaminos;
también un ligero caballo de crines negras y pelaje gris llamado Vanda,
al que Belial ya conocía. Tenía también su arco, una daga
que sólo utilizaba para fabricar flechas, su capa gris con la ropa de montar.
Y una pequeña bolsita colgada del cuello, escondida entre las ropas...
Evitaría las llanuras abiertas y rodearía Rohan por el camino más
cercano a Fangorn, pero sin llegar a entrar en el bosque. Cabalgaría durante
el día y parte de la noche. O al menos aquella era su intención
en un primer momento.
En el anochecer de su segundo día de viaje
había desmontado y caminaba delante de Vanda, hablándole en voz
alta. Habían cruzado el Entaguas apenas unas horas antes, así que
según sus cálculos ya estaban en Rohan. De repente escuchó
gritos distantes a su espalda. Se giró cargando el arco, y al cabo de unos
segundos vio tres antorchas que parecían volar hacia ella. Eran Rohirrim,
y perseguían a cuatro bultos negros que Belial no consiguió identificar.
Sólo cuando se acercaron más, pudo observar a los perseguidos, que
empezaban a perder su ventaja debido a la velocidad de los jinetes.
Jamás
había visto un orco pero había oído hablar de ellos, y aquella
especie de falsificación de su propio pueblo la provocó una repugnancia
instantánea. Las flechas de los Rohirrim no daban en el blanco. Los vio
correr hacia la protección del bosque, cubiertos con harapos que anteriormente
podían haber sido armaduras, y tras el desconcierto inicial disparó
dos veces. Al ver caer a sus compañeros, los otros orcos se percataron
de su presencia y cambiaron el rumbo. Puede que estuvieran huyendo, pero Vanda
era comida en movimiento, o eso debieron pensar antes de que otras dos flechas
cortaran su carrera en seco. Los jinetes de las antorchas se acercaron a los cadáveres
y miraron en derredor, intrigados. No podían verla. Silbó indicándoles
su posición, y uno de ellos se adelantó hasta alcanzarla.
-
¡Buenas noches! Excelente puntería amigo, aunque ya los teníamos
en nuestras manos - saludó una muchacha desmontando del precioso alazán.
- Me llamo Kurenai y este es mi caballo, Cinder.
Era una joven rubia, humana
por supuesto, con una ancha sonrisa y protegida por un peto de cuero endurecido.
A la espalda llevaba un gran sable. Sus ojos indagaron bajo la sombra, y echó
hacia atrás la capucha de Belial
- ¡Demonios! ¡Si es
una Orejas Puntiagudas! Dembar, ven a ver esto - el llamado Dembar era un chico
algo mayor, pero inconfundiblemente hermano de Kurenai. Tenía el mismo
cabello dorado y los ojos color miel, y era sólo un poco más alto
que ella.
- Me llamo Belial Sinhendu - susurró ligeramente molesta
por el apelativo. Dembar y Kurenai se dieron cuenta y estallaron en sonoras carcajadas,
palmoteándola la espalda.
- Perdona a mi hermana. No sabe mantener
esa bocaza cerrada ni un segundo - exclamó Dembar mientras Kurenai le miraba
enfurecida. Belial no pudo evitar una ligera sonrisa. - ¿Qué hace
un elfo por aquí, si me permites la pregunta?
- Voy a Gondor...
- ¡Caramba! ¡Es una caja de sorpresas! Nosotros también
vamos a Gondor... pero antes vamos a pasar por algunas aldeas para reclutar rezagados.
¿Por qué no te unes a nosotros?
- Yo... creo que sólo
os estorbaría. - musitó. Unirse a ellos sólo retrasaría
su ritmo de viaje... aunque después recordó la fama de los corceles
de Rohan, y viendo los fantásticos animales que montaban Kurenai y Dembar
dudó unos segundos. La amazona rubia aprovechó al instante aquel
resquicio de duda.
- ¿Estorbarnos? ¿Con esa puntería?
Y tranquila, si estorbas los monstruos se ocuparán de librarnos de ti.
No se hable más, en dos días de viaje hacia el Este llegaremos a
nuestra aldea... si para entonces sigues viva será buena señal.
Y
Belial asintió. Después de todo, habían alabado su puntería...
