Capítulo beteado por Marta Salazar, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction
2.Noche de brujas
Cinco años… ese era el tiempo que había pasado desde la primera vez que conoció a Kagome. Pero a pesar de que dejaba la ventana abierta todas las noches del 31 de octubre y se quedaba despierto hasta muy tarde, ella solo fue a su casa 2 veces y ya nunca más fue…
Había estado averiguando algo de ella, pero no había registros de ninguna Kagome en el país. Era como si nunca hubiera existido, pero él sabía que ella era real, lo sabía por la carta y el relicario que nunca fue capaz de tirar. Ahora con 20 años, aún la seguía queriendo como cuando la conoció a sus quince.
Díganle ingenuo, tonto o lo que sea, pero siempre había querido a una chica como Kagome y sin hacer mucho, ella apareció en su cuarto como una diosa seductora robándole todo lo que tenía… su corazón…
A Miroku le había pasado lo mismo esa noche hace 5 años. Y pensó que algo no estaba bien. De repente recordó que su abuelo le dijo que el 31 de octubre las brujas bajaban al mundo humano, pero él, aun siendo niño cuando lo escuchó, no lo creyó, ahora sabía que era cierto, sino ¿Cómo explicar la extraña aparición de una chica de ojos escarlata?
Ahora era un hombre y estaba estudiando administración en la universidad, había decidido olvidar lo que había pasado, pero aún así, la ventana de su habitación nunca se cerró.
A veces pensaba que esa bruja se burlaba de él (N/A: no sabe lo acertado que está al pensar eso XD) lo había usado y aún así, a él no le importaba si ella volvía a verlo.
La marca de su cuello nunca se borró, y en su último encuentro -que fue demasiado intenso como si ella se despidiera de él- se dio cuenta que su marca negra se volvía roja cuando ella estaba junto a él. Se sentía como una chica… enamorado de algo imposible y esperando algo que no sería. Así que cuando salió de la escuela comenzó a salir con muchas chicas, pero nunca lo saciaron ni lo llevaron al cielo eso solo lo podía hacer Kagome… las demás chicas eran tan… normales…
A veces se descubría mirando en todas direcciones pensando que la vería otra vez y que él ya no estaría esperándola. Había pensado que cuando la viera no la dejaría marchar, incluso llegó a pensar en un momento de desesperación casarse con ella y tener una familia, todo con tal de que no se fuera… pero la muy maldita nunca volvió a él…
Estaban en la segunda semana de octubre y se sentía ansioso porque fuera la última… se rió de sí mismo por su estupidez.
Todos en la universidad lo admiraban, las chicas, los chicos, los maestros, todos porque él era seguro y firme -además de que era muy atractivo y responsable-. Parecía jefe, nadie lo contradecía y tenía un don de mando. Eso siempre lo había tenido, pero con ella nunca funcionó. Ella era más dominante que él.
Chicas iban y venían en su vida y ninguna le provocaba emoción o ansias como su mujer, sí, era su mujer porque él la había tenido primero, porque ambos se descubrieron y se amaron con locura esa noche que parecía que ella olvidó.
La amaba, siempre lo supo, desde que la vio sobre él, desde que le habló, desde que se besaron, él ya la amaba y sabía que la amaría siempre, porque aunque era demasiado cursi… ella había sido la primera mujer en su vida y la única que amó de verdad y aún lo hacía.
Maldita fuera ella por ser como era, por no ser de su mundo, maldita ella por venir a su habitación y enseñarle lo que era la pasión, la lujuria, el deseo, la desesperación, la soledad y el amor. La maldecía una y mil veces pero maldecía más el que ella se fuera y no volviera más…
— ¡Eh campeón! —Lo llamó Miroku. Él estudiaba contabilidad en su universidad. Sonrió al verlo. Ambos se entendían muy bien, Miroku tampoco podía sacar a la bruja que lo visitó hace 5 años y que lo había vuelto un pervertido de lo peor. Pero era entendible, Miroku quería sacarla de su mente a toda costa y lo intentaba. Él ya no podía… y… no quería…
— ¿Vas a ir a un burdel? —Le preguntó con burla. Miroku se hizo el ofendido. Inuyasha se puso a reír. Cuando Miroku agitó la cabeza vio en su cuello una marca negra con la forma de una cruz celta. Su mirada se ensombreció—. Te dejó una marca… —Miroku se le quedó viendo y ocultó su cuello.
—No… es un tatuaje que me hice —Le dijo con una sonrisa nerviosa.
—No me mientas… —Miroku suspiró y asintió. Inuyasha le mostró la suya y Miroku abrió los ojos con sorpresa.
—Pero qué… —dijo este mirando que la marca estaba roja.
—Sí, lo sé, hace años que me la hizo… quedó negra y mi madre me regañó porque pensó que me hice un tatuaje y —Pero Miroku lo golpeó en la cabeza. Inuyasha enojado iba a devolverle el golpe, pero éste indicó su cuello, lo miró y abrió los ojos—. Kagome…
…
Mundo de las brujas
Habían sido los años más divertidos de su vida. Había hecho muchas visitas a muchos hombres en esas noches que se le permitió y a todos los dejaba igual, deseándola intensamente, con desesperación. Rió con malicia y miró su copa para ver a su muy fiel esclavo. Inuyasha… ese niño a pesar de haberse convertido en todo un hombre, aun seguía enamorado de ella. Volvió a reírse sujetando su estómago.
¿Lo visitó cuanto? ¿Dos veces después de la primera? Solo por devolverle el favor, después se cansó de estar solo con él y en los otros años, visitó a otros hombres, los dejó casi sin vida y después buscó a otros hasta que se tenía que ir. Mató a 6 hombres durante esos años. Se encogió de hombros. Ella no tenía la culpa de que fueran tan débiles y no tuvieran energía.
Frunció el ceño. Solo su ingenuo esclavo había tenido la suficiente energía vital para durar tres veces seguidas y no morir al ser sacada su vida. Él había sido fantástico, a pesar de que había sido la primera vez de él. Había sido intensa, y había sacado todo de sí para complacerla. Cuando él terminaba casi desmallado, ella se sentía llena de vida, su esclavo tenía tanta energía… que no estaba dispuesta a que otra de sus compañeras fuera por él. Él era de ella, tenía una marca que hacía que la recordara a ella, que decía que era su esclavo, él mismo lo dijo.
Lo había estado vigilando. Se reía las muchas veces que lo vio con otra mujer tratando inútilmente de olvidarla. "Pobre ingenuo" así lo había llamado y le quedaba bien. Él mismo sabía que no la sacaría de su mente, cuando estaba con esas mujeres, la veía a ella, la estaba deseando a ella, incluso cuando llegaba a la cima decía SU nombre y ella sonreía complacida.
Inuyasha era su mejor amante, su fuente de poder. Ella era poderosa y tenía a un esclavo dispuesto a todo por ella.
Miró por la ventana de su habitación que daba justo hacia la escuela de brujos. Miró con los ojos entrecerrados al hijo que nació de esa unión. Era niño y le había puesto Kiseki. Las madres le daban nombre a sus vástagos cuando los veían por primera vez, después ya no los veían más. Ella desde la primera vez que lo vio supo que era diferente, por eso lo llamó así. En ese momento su hijo la miró y ella notó que sus ojos ámbar también poseían su color escarlata cerca de sus pupilas, tenía el cabello negro y cuando realizaba encantamientos se volvía plateado. Su hijo le sonrió y agitó la mano para saludarla y ella lo ignoró. Su hijo le recordaba a su padre, tenía poder como ella, pero era demasiado… humano…
Cada cinco años las brujas debían traer al mundo a un bebé. Y ella sabía a quién tendría que visitar para eso, aunque la idea no le agradara. Sabía que el siguiente niño que naciera de esa unión sería como el primero. Inuyasha era fuerte, pero tenía un corazón demasiado humano y… la amaba, pésima combinación. El bebé había absorbido esos sentimientos.
Miró a su hijo por última vez y este la miró con tristeza. Ella frunció el ceño más fuertemente. Una vez había tenido que enfrentar a su hijo. Una prueba que todas las brujas pasaban. Y ella había salido muerta de la rabia, su hijo era débil, no había querido mostrar su poder con ella, y como estaba furiosa le hizo un encantamiento dejándole orejas de perro y una cola, para demostrarle a todos que era un perrito faldero. Le recordaba a su esclavo todos los días. Después de eso, su hijo se había hecho más fuerte, solo para ganar el respeto de su madre, los demás no le importaban, solo su madre.
Después se había enfrentado otra vez y aunque el niño salió lastimado, por lo menos lo intentó y casi la tocó con sus brujerías. Luego de ese día, le quitó las orejas y no le habló más, aunque jamás lo hacía a no ser que fuera para insultarlo o regañarlo por lo débil que era, cosa que no era muy seguido, ya que no le gustaba perder el tiempo charlando.
Miró su copa otra vez y vio que Inuyasha se tocaba el cuello donde su marca estaba roja y maldijo por pensar en el parecido que tenía su hijo con su esclavo. Recordó que al pensar intensamente en él esa marca brillaría, pensando que la dueña lo reclamaba. Sonrió al escuchar lo que pensaba. Que ella estaba cerca, sonrió y soltó una risotada. Una bruja tan poderosa como ella no se rebajaría a pensar en su esclavo con amor… solo pensaba en su hijo, que por desgracia era su responsabilidad y estaba bajo su tuición (1). Por ser hijo de una sangre pura debía ser poderoso así como ella… pero era tan igual al padre. Y los humanos decían que las mujeres eran las sensibles y sentimentales. Quedaba demostrado que los hombres eran mucho peor.
—Kagome Hime sama —dijo un hombre que tenía un ojo tapado y vestía como mayordomo—, se le necesita en el consejo…
—Iré… —Fue lo único que dijo. El mayordomo se retiró sin decir nada más. Le temía a su señora -todos en su mundo la verdad-. Era demasiado poderosa y fría como un témpano de la antártica. Miró a su hijo una última vez y sintió orgullo cuando lo vio tirar a un niño con un rayo salido de su dedo. Kiseki tenía un futuro prometedor y quizás con suerte, el hermano que tuviera no sería así como el padre.
31 de octubre: noche de brujas.
Inuyasha miraba por la ventana, eran casi las 12 de la noche y tenía el presentimiento de que ese día la vería. ¡Dios! Quería tanto besarla y tenerla entre sus brazos otra vez, hacerle el amor hasta quedar agotado como siempre terminaba con ella. Vivir juntos donde ella lo desease, tener hijos, una casa y tenerla a ella era todo su sueño, no pedía más.
Miró hacia el cielo y vio que varias luces caían de ahí. Miró su reloj: 00:00 pm. Sintió su pulso acelerarse cuando vio una luz dirigirse hacia él. Cuando chocó contra el suelo, cerró los ojos por el destello, y al abrirlos vio a Kagome con un vestido rojo semitransparente sin mangas que se ajustaba a su perfecta y deseable figura. El relicario que estaba en su mesita de noche brilló con intensidad y el conjuro quedó hecho: nadie sabría lo que pasaría ahí dentro.
—Kagome… —dijo mirándola a los ojos con emoción. La extrañaba tanto… la necesitaba tanto—. Te extrañé…
—Lo sé —Le dijo sensualmente. En el fondo estaba enojada. En el consejo le habían dicho que su hijo era muy humano a veces y que era una basura como mago y que no parecía suyo. Con la sonrisa más sádica que tenía, había destruido el consejo diciendo "ningún hijo mío es o será una basura" y le demostró a todos que había que temerle a ella, aunque ya sabía que todos le temían. Hace 2 años había matado a la mitad del consejo cuando le ordenaron qué hacer, desde ese día nadie se había atrevido a decirle nada. No se podía matar a una sangre pura simplemente porque era imposible incluso para un mago y su hijo era heredero de su sangre y merecía respeto. Si sabía que su hijo era el príncipe del sentimentalismo, ya que su padre era el rey, pero tenía poder y no dejaría que nadie lo desprestigiara, esos hombres inútiles no tenían ningún derecho a desmerecerlo, ese era su deber de progenitora—. Mmm te vez tan… hermoso. —Le dijo con tono coqueto mordiéndose el labio. Bajo la atenta mirada de él tocó sus senos sobre la ropa—. No sabes lo que he necesitado tus manos sobre mí… —Inuyasha se encendió ante semejantes palabras salidas de la mujer que lo desquiciaba.
—Dijiste que vendrías… cada noche de brujas —Frunció el ceño imperceptiblemente. Recordó a su hijo cuando en una efímera oportunidad le había dicho "mamá, tú dijiste que vendrías el día del examen". Soltó un suspiro. Aunque no quisiera sabía que Inuyasha era el único que podría fecundarla.
—Si estás enojado y quieres que me vaya… —Se dio la vuelta lentamente esperando. Caminó unos pasos antes de sentirse atrapada en unos brazos fuertes. Sonrió sabiendo que siempre lo podría manipular.
—No te vayas… —Le dijo contra su cuello—. Perdóname es que… ha pasado tanto tiempo desde que nos vimos… habías dicho que vendrías… pero solo lo hiciste dos veces más y ya después no te vi… —Kagome soltó un suspiro bajo y miró hacia el cielo, frunció el ceño al escuchar que su hijo la estaba llamando.
—"Por todos los infiernos" —Se dijo enojada. Si no era el hijo era el padre—. ¿Qué pasaría si yo te dijera… —Empezó ella a hablar, algo muy poco frecuente, ya que odiaba hablar tanto—, que tenemos un hijo? —Inuyasha la soltó de inmediato sin poder creer lo que decía, ella sonrió. Él estaba confundido y no podía pensar en nada más que en sus palabras… al parecer estaba asimilando la noticia—. Que después de la primera vez que estuvimos juntos yo tuve un hijo tuyo que se parece demasiado a ti…
—Yo… —Cuando por fin pudo asimilar la noticia la abrazó fuertemente y la besó tomándola desprevenida. Abrió los ojos y no supo qué hacer, por primera vez en su vida la gran princesa Kagome no tenía idea de cómo reaccionar con el beso de un humano insignificante—. Diría que es la mejor noticia que me has dado… pero… —Le dijo sujetándola de los hombros—. ¿Por qué las veces que viniste después no me lo dijiste?
—Porque no era importante en ese momento… —dijo simplemente tratando sutilmente de soltarse de su agarre.
—Claro que es importante… lo has criado todo este tiempo tú sola… —Le dijo sintiéndose culpable.
—No es como si yo lo hubiera criado… ¿va a una escuela sabes? Yo casi ni lo veo — ¿Para qué estaban hablando de su sentimental hijo?—. De todos modos no es importante ahora…
—Entonces ¿por qué me lo dices? —Le preguntó apretando su agarre.
—Porque pensé que te gustaría verlo y quedarte con él —Ahí estaba lo que ella quería. Ya no soportaba a su hijo en el mundo de las brujas, él no era para vivir ahí, con suerte después de esta noche tendría un hijo menos sentimental y Kiseki se podría adaptar mejor en el mundo humano.
—Querrás decir quedarnos con él —Le corrigió. Kagome asintió fingiendo que eso era lo que quería—. ¿Entonces cuándo vendrán?
—"Pobre ingenuo" —Sonrió con malicia. ¿Su pobre esclavo aun no aprendía nada verdad? ¿Qué pensaba? ¿Qué se quedaría en el mundo humano y jugarían a la familia feliz? Por supuesto que no… ella no estaba para vivir con las escorias del universo… solo quería que su hijo estuviera en un lugar donde pudiera estar bien… no es que le preocupara de todos modos, pero era su hijo y tenía que ver que se adaptara.
— ¿Cómo se llama? —Le preguntó sonriendo feliz. Ahora ya tenía lo que quería, Kagome y su hijo estarían con él y ella nunca más se marcharía… no podía ser más feliz que ahora—. ¿Qué edad tiene?
—Su nombre es Kiseki… y tiene 4 años casi cinco… —Miró hacia el cielo por el balcón de la habitación—. Tiene tus ojos… —Sin querer su voz sonó muy suave como si disfrutara hablar de su hijo y así lo percibió Inuyasha. Ella siempre le había dado la impresión de ser muy fría en ocasiones, pero al parecer tenía un corazón. Cuando Kagome captó los pensamientos de Inuyasha se dio cuenta de que hablaba como si estuviera contenta de que tuviera los ojos de él—. "¿Qué demonios?"
—Lamento no haber estado ahí contigo… —Le dijo acariciando sus hombros.
—Ya te dije que no es como si yo lo hubiera criado —Le dijo a la defensiva apartándolo de ella con un manotazo. ¡Se estaba ablandando por todos los diablos! Ella no era así… tanta junta con su hijo y su esclavo le estaba deteriorando el cerebro—. Pero ahora a lo que vine… —dijo mirándolo con deseo. El cuerpo de Inuyasha inmediato reaccionó y la marca ardió.
—Espera… —Le dijo en un susurro—. ¿No te irás después cierto? ¿No te marcharás para siempre después de que traigas a nuestro hijo?
—"Nuestro hijo" —Sonaba tan bien dicho así… ¡No! ¡Espera! ¡No! Ella no hablaba así… no pensaba así…—. Por supuesto… —Le dijo ignorando su lucha interna. ¡Le estaban apareciendo emociones! ¡Emociones! ¡A la princesa de hielo!
—No sabes cuánto te he extrañado… —Le dijo él acariciando sus mejillas con ternura, una ternura que le tocó el corazón.
—Puedo imaginarlo… —murmuró dejándose acariciar—. "¿¡Qué me pasa!? ¡No puedo dejarme dominar así! ¡No tengo sentimientos por nadie! ¡Por nadie! Y menos por un estúpido esclavo" —Cuando Inuyasha intentó besarla ella esquivó sus besos y besó y mordisqueó su cuello con lujuria—. "Eso es lo único que hay entre nosotros esclavo…" —Pensó mientras le sacaba la polera que llevaba puesta y besaba su tórax—, estás ardiendo esclavo… —Le dijo con voz sensual. Inuyasha sonrió cuando la escuchó hablarle como antes… le encantaba que ella lo dominara… adoraba que ella lo tratara así…
—Por ti Kagome… —Le dijo levantándola de un salto y haciendo que ella lo rodeara con sus piernas. La apoyó contra la pared y comenzó a mecerse sobre ella haciendo que comenzaran a rozarse sus centros. Ambos estaban excitados y se necesitaban (aunque Kagome no lo veía como una necesidad amorosa).
Inuyasha le sacó el vestido por la cabeza y el sujetador lo mandó a volar por la habitación. La deseaba y por dios que la amaba con toda su alma… no había podido sacarla de su cabeza… de su corazón… ella era la dueña y ahora lo tenía más que claro.
Kagome se dejó inundar por un sentimiento nuevo que le era completamente extraño, no hizo preguntas, no dijo nada, solo se dejó manejar por él por primera vez.
Cuando ambos estaban desnudos y aun contra la pared Inuyasha la miró a los ojos transmitiendo a través de ellos todo lo que sentía… todo lo que deseaba compartir con ella… y Kagome no pudo más que apoyar su cabeza contra su hombro al no poder transmitirle nada…
Cuando Inuyasha entró en su interior se sintió mejor que todas las veces en las que estuvo con alguien… y eso no podía ser… porque ahora estaban mezclándose sentimientos que no podían ser… que no debían ser… se estaba ablandando y eso no estaba bien… cuando empezaron a moverse se prometió que sería la última visita, pero a medida que él entraba con fuerza en su interior comenzó a dudar de su decisión.
—Te amo Kagome… te amo, te amo, te amo… —Ella solo podía gemir mientras él besaba sus pechos y envestía contra ella con fuerza sacándole gemidos altos y alguno que otro grito.
Cada vez que él entraba sentía más energía rodearlos como cuando lo hicieron por primera vez… de esa unión había nacido Kiseki y… no quería… que pasara otra vez… cuando estaban a punto de llegar a la cima comenzó a recitar el conjuro.
—La magia fluye entre nuestros cuerpos… tu vida me pertenecerá… la energía que recorre nuestra piel fecundará dentro de mí… —El calor la estaba rodeando, la energía estaba saliendo del cuerpo de Inuyasha. Este la miró a los ojos y por primera vez vio lo que estaba pasando, Kagome y él estaban brillando y ella estaba recitando palabras extrañas—. Cada parte de tu cuerpo clama por mí… y la vida se concentrará en el centro de mi ser… la magia más poderosa será para mí… —Kagome lo miró a los ojos y con una sonrisa nada propia de ella lo besó con amor distrayéndolo de todo lo que había escuchado. Cuando terminó la "extracción" de energía, Inuyasha se sentía agotado y solo tuvo fuerzas para acostarla en la cama y caer sobre ella sin romper su unión.
—Te amo princesa… —Ella sonrió. Nunca había sonado mejor ese título. Pero enseguida cerró los ojos y apretó el puño con rabia. No iba a permitir el enamorarse, eso era para los estúpidos y ella no lo era para nada.
—Lo sé —Fue lo único que dijo. Ya lo había decidido…—. Una vez más… —Le pidió tomando el rostro de él entre sus manos dándole un beso en los labios de forma pausada.
Ella lo empujó de los hombros y se sitió sobre él. Inuyasha le sonrió y la sujetó de la nuca con una mano para besarla otra vez, Kagome lo permitió y correspondió con intensidad. Él la sentía diferente como si algo hubiese pasado, pero lo ignoró cuando ella comenzó a balancearse de atrás para delante provocando una deliciosa fricción. Inuyasha la sujetó de las caderas y comenzó a levantar las suyas para envestirla a gusto. Ambos aumentaron la velocidad perdiéndose en la calidez del otro. Cuando todo explotó Kagome supo que todo estaba listo, su decisión estaba tomada y no habría marcha atrás… al demonio con todos…
…
— ¡Inuyasha! —Lo llamó su madre desde el primer piso—. ¡Hijo! ¡Aquí hay alguien que te busca!
Inuyasha se despertó sobresaltado y vio la hora en su despertador. 11:46 am. Miró a su lado y vio que no había nadie. Se levantó de golpe y vio otra nota a su lado. La miró incrédulo y se tocó las mejillas que estaban húmedas. Juraría que no eran de él porque parecían de hace mucho tiempo. Abrió el papel y sintió a su corazón trisarse otra vez…
Inuyasha:
Esto no es posible… no será posible y no puede ser posible jamás…
No puedo estar contigo… ese no es mi lugar… no pertenezco ahí…
Espero que puedas cuidar de Kiseki y darle todo lo que yo no puedo…
Estará temprano ahí y espero que lo cuides bien, aunque conociéndote…
Lo harás muy bien…
Cierra tu ventana y espero que desees que tu marca salga de tu cuello
Porque si lo deseas así será… ya nada te ata a mí…
Pide tu libertad y te la concederé…
Solo quiero que cuides de Kiseki y que nunca le hables de mí…
No importa si sabe que existo… solo no quiero que tenga lazos conmigo…
Deseo que estés bien… no pienses en mí, no desees mi compañía y por favor…
Perdóname…
Atentamente
Kagome
Otra vez lo había dejado solo…
—Hijo aquí hay un niño que pregunta por ti… —Inuyasha miró hacia la puerta y vio a un niño de 4 años mirarlo con sus ojitos brillantes—, dice que se llama Kiseki…
—Hola… —le dice el niño tímidamente estirando su mano.
—Hola… hijo… —Inuyasha le sonríe y lo abraza reconociéndose a sí mismo en Kiseki. Pero no puede evitar llorar con tristeza—. "Kagome…"
—Papá… —dice el pequeño abrazándolo con fuerza—. "Mamá…"
En el aire se escuchan las suaves palabras de una bruja de ojos escarlata…
"Perdónenme"
Continuará?
N/B:
(1) Tuición:significa: "Acción y efecto de guardar o defender". Es el conjunto de deberes y derechos que corresponde a ciertas personas señaladas en la ley o por el juez, respecto al cuidado personal, crianza y educación de los hijos
