Friday
– Mmm…
Hiei abrió un ojo pesadamente, dos preciosas aureolas de jade le devolvieron la mirada. Las caricias en su cabello y el calor que desprendía el cuerpo de Kurama se hicieron más presentes según recuperaba la consciencia. Notó la dulce sonrisa de Kurama a escasos centímetros, y notó también que era él quien inconscientemente lo tenía firmemente sujeto de la camisa tan de cerca.
Lo soltó avergonzado, e intentó alejarse un poco, pero la pared se lo impidió, una corriente de aire frío recorrió el hueco que había dejado entre sus cuerpos. Automáticamente eliminó ese espacio volviendo a pegarse a Kurama, que continuó revolviendo su pelo. Era como si el Youko pudiese entender lo que necesitaba exactamente a cada momento, aunque seguramente estaba esperando una explicación…
– Buenos días –El zorro depositó un beso en su frente – ¿Cómo estás?
Era muy extraño pero no se sentía en absoluto molesto, y Kurama había invadido un poco más de su espacio; acababa de besarlo. Si hubiese sido otra persona, no se lo hubiera permitido… nadie entraba en su espacio de esa forma y lo explicaba. Pero después de lo de anoche, cuando había perdido el orgullo que aun le quedaba frente al Youko, ¿qué más daba ese pequeño atrevimiento? Había pequeñas gemas negras por toda la habitación, signos de su rendición. Además se sentía tan arropado en ese momento… no tenía ganas de moverse, no quería romper aquella aura, y tampoco le apetecía hablar. Kurama debió notarlo, porque había dejado de esperar una respuesta y se había puesto a jugar con su flanco de pelo plateado de nuevo. Se sentían tan bien sus caricias…
TOC, TOC –Shuuichi, ¿estás despierto?
Hiei casi grita del susto. Estaba tan ensimismado con las carantoñas de Kurama y tratando de buscar una respuesta, que no había sentido el reiki de la mujer, ni siquiera la había oído.
– Hai 'kassan. –Miró a Hiei –Un momento, ahora vuelvo.
Se levantó de la cama y se acercó a la puerta de la habitación, corrió el pestillo y entreabrió la puerta.
– Buenos días 'kassan –Besó su frente.
– Oh, Shuuichi… ¿aun estás así? Vas a llegar tarde.
– Tranquila, tengo tiempo.
– Yo tengo que marcharme ya, te he dejado dinero para los tres días en la mesa de la cocina. Pórtate bien, ¿eh?
Por el tono de voz Hiei dedujo que no lo decía en serio, Youko Kurama sabía cuidarse. Kurama… Giró un poco sobre si mismo, alcanzando el lugar donde antes reposaba Kurama, hundió su cara en la almohada aspirando su aroma. Rosas… como adoraba ese olor… el olor de Kurama.
El Youko Paseó por la habitación y cerró la ventana que había quedado abierta la noche anterior. Luego volvió a la cama y se estiró junto a Hiei.
– Supongo que debería irme…
– ¿Eh? ¿Por qué?
– Vas a ir a ese estúpido sitio ningen, ¿no?
– ¿Al instituto? No, quiero hablar contigo antes.
– ¿Y que importancia tiene hablar conmigo?
– Además –Siguió, pensativo, ignorando el comentario –ayer no hice la tarea así que…
– No merezco que te quedes por mí…
Kurama lo miró preocupado – No digas eso… soy yo quien debería agradecerte que vengas.
Hiei lo miró sorprendido, el zorro no podía creer que hubiese sido tan torpe de decir eso. Y si Hiei sospechaba... Bueno, con un poco de suerte aun podría evitar que el pequeño koorime se fuese indignado…
Por su lado Hiei estaba extrañado con la situación. De alguna manera estaba comenzando a valorar la vida ningen del youko, mientras estaba en aquella habitación, como en una burbuja, lejos de todas las preocupaciones, en la calidez de aquella cama, junto a Kurama... Era tan diferente de su propia vida...
Mientras se planteaba los porques de aquella calidez que le embriagaba había vuelto a dormirse. Despertó dos horas más tarde, su estómago quejándose de hambre. Kurama se puso a reír… ¿es que ese estúpido kitsune no dormía nunca?
– ¿Quieres que bajemos a almorzar?
En realidad era una pregunta retórica. Se levantaron y Kurama paró su atención en la ropa de Hiei. Aquella noche no la había visto bien, pero ahora veía que estaba ajada y rota por todos lados.
Rebuscó un poco en su armario y sacó algunas prendas de dos inviernos atrás.
– Toma, será mejor que te cambies. ¿Quieres tomar una ducha antes?
El medio koorime asintió con la cabeza. Después de acompañar al Jaganshi a la ducha y explicarle como funcionaba el "estúpido-aparato-ningen-de-agua" Kurama volvió a su habitación y se cambió. Recogió unos pedazos de tela negra. ¿Qué le pudo pasar a Hiei? Esa pregunta lo atormentaba. Aun era muy pronto, pero si había sido Mukuro… Si esa bruja le había hecho algo… Bajó a preparar el desayuno. No tenía ninguna prueba de que hubiese sido ella. De acuerdo que eso justificaría el estado de sus ropas, y también que Hiei no llevase su katana… Además si ella había traicionado la confianza del koorime… Pero no, no iba a precipitarse. No tenía ninguna prueba… y no la tendría hasta que Hiei QUISIESE hablar. Se repitió la palabra "quisiese" unas cuantas veces, tenía que tenerla presente. Iba a dejar que Hiei explicase lo que le pasaba por él mismo, nada de presiones.
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Eran con diferencia las ropas más incomodas que había llevado nunca. ¿Cómo podían gustarle al youko? No tenía mucha libertad de movimiento, además aquellos pantalones ni tan solo tenían un lugar donde colocar la espada… Bueno eso no importaba mucho ahora que no tenía espada, pero sí el hecho de que le daba la sensación que se le caerían con un único cinturón… Se veía ridículo con esas ropas, pero Kurama se las había dado tan de buena fe… Hn. Tampoco estaban tan mal.
Bajó a la cocina guiándose por el youki de Kurama, en realidad la única parte de la casa que conocía era la habitación de Shuuichi. Se quedó parado en la puerta, conteniendo el aliento.
Algunos rayos de luz entraban en la habitación, y daban indirectamente en Kurama, que revolvía descuidadamente entre los armarios. Aquella luz teñía de un rojo intenso los cabellos recogidos del youko y lo hacía resplandecer, como si fuese una criatura divina. Era tan mágico… irreal… tan fuera de su alcance, tan distinto a él… la forma en que brillaba su blanca piel, aquella luz… y él tan solo era una sombra que a veces ensombrecía la mirada de aquellas preciosas aureolas jade… eran tan diferentes. Kurama era todo lo que él nunca había tenido; la dulzura, la amabilidad, el cariño… el amor… Y él tan solo podía responderle haciéndole daño… realmente no lo merecía.
– ¡Ah, Hiei! –Kurama se giró y le ofreció una de sus más esplendidas sonrisas –Acércate, ven. Quiero que pruebes algo.
– ¿Eh? Uh… ¡ah! ¿Qué es? –Fue una suerte que Kurama hablase, sino se habría asfixiado allí mismo, del rato que hacía que no respiraba. Hiei se sentó en la silla que le había indicado, frente a una taza de extraño contenido de color marrón.
– Chocolate. Pruébalo venga, si no te gusta te haré otra cosa.
Hiei cogió el recipiente con las dos manos y se lo acercó a los labios. Estaba muy caliente. Probó tímidamente aquel extraño líquido, mientras Kurama lo miraba divertido, no quería perderse ni un detalle de su reacción.
La substancia marrón era realmente dulce. Sorprendido por el sabor tomó otro sorbo, el líquido recorrió su boca dejando una agradable sensación. Bebió un poco más, ahora pensaba que era delicioso.
El youko sonrió, al fin y al cabo Hiei aun era un niño. Tomó un poco de su propio vaso y se lamió los labios. Quizá estaba demasiado dulce, pero él parecía estar disfrutando la nueva bebida.
– ¿Te gusta?
– Hn. Está bien para ser ningen…
El Jaganshi acabó el contenido de su vaso sin pararse a respirar, al igual que el poco que quedaba en el cazo y que Kurama le sirvió.
– ¿Más?
– Bueno…
El kitsune caminó hasta el armario y sacó un sobre. Lo revisó y se giró.
– Lo siento, Hiei, pero con el que queda no hay suficiente. –Hiei lo miró un tanto decepcionado –Bueno, si quieres que vayamos a comprar…
– ¿Salir con todos esos ningen fuera?
– Si quieres puedes esperar aquí, ya voy yo…
Por la cara que puso Kurama dedujo que esa idea le agradaba aun menos. Quizá no era un mal momento para poner su plan "Hacer-conocer-a-Hiei-lo-maravilloso-de-los-humanos" en marcha…
– Esos humanos no van a hacerte nada… hasta puede que lo pases bien. Vale, vale, no he dicho nada, pero mejor vamos, ¿sí?
– Está bien kitsune.
¿Se lo parecía a él o Hiei estaba terriblemente dócil? ¿Era como si necesitase cariño? Y si eso ya era sorprendente, ¿estaba buscando ese cariño en él? Su corazón comenzó a latir más rápido mientras subía la cremallera de la chaqueta que había dejado al semi-koorime, y trató de alejar esas absurdas ideas de su cabeza… solo que esto último no pudo conseguirlo.
¿Cuánto tiempo hacía que amaba a ese youkai? ¿Años? Había estado tan obsesionado con él… necesitaba tenerlo cerca todo el tiempo… pero se había prometido no estar sobre él todo el día, si hacía eso no volvería a saber nada más del youkai de llamas. Así que le daba su espacio, manteniendo sus sentimientos en secreto, le cuidaba y no pedía nada a cambio, más que su amistad. Pero desde esa misma noche que era como si toda la confianza que le había dado estuviese teniendo su fruto… ¿Hiei confiaba hasta ese punto en él? No lo podía creer…
Seguramente había algo más detrás de todo eso. ¿Qué debía de haber pasado para que Hiei viniese llorando en mitad de la noche? Fuese lo que fuese lo había afectado mucho… Hiei tenía una mirada tan perdida… como cuando un niño pierde a su acompañante. Llegaron al semáforo, al otro lado de la calle habían una mujer y un niño.
Una idea sacudió su cabeza. Desde siempre había soñado con eso, pero ¿se atrevería? Odiaba aprovecharse de la inocencia de Hiei pero… hacía tanto que imaginaba, deseaba ese momento… ¿una mentira piadosa?
La luz verde se encendió a la vez que Kurama tendía su mano a Hiei.
– Dame tu mano.
– ¿Eh? ¿Por qué?
– Es una costumbre ningen –El youko señaló hacia delante, y como había previsto la mujer tomó de la mano al niño para cruzar. El youkai de fuego titubeó unos instantes y luego le cogió la mano.
Aquel simple contacto corrió por ambos cuerpos como si se tratase de una descarga eléctrica. Pasear por el mundo humano con Hiei de la mano… ¿Sería que lo estaba soñando todo? Con la mano libre se pellizcó una mejilla. Por Inari*… aquello era real, estaba pasando de verdad. Lo había soñado tantas veces, y cuando despertaba la tristeza lo envolvía porque pensaba que nunca se haría real… Aunque en sus sueños no usaba una mentira para darle la mano, ni se aprovechaba de la reticencia a conocer las costumbres humanas de Hiei… Cht. Estúpida conciencia.
Entraron en una pequeña tienda y cogieron algunas cosas para comer. A la salida la cajera saludó como siempre, un poco más colorada de lo acostumbrado.
– Err… Minamino-kun… ¿ese chico está con usted? – Kurama primero palideció y luego sus mejillas se volvieron rojo incandescente. ¿Qué estaba diciendo aquella chica? Tanto se notaba que… –Es que antes tiene que pagar eso…
¿No era más fácil el verbo "ir"? ¿No podía decir "viene con usted"? Casi le da un ataque… Disculpándose le dio las barras de chocolate de las que Hiei se había apropiado y las pagó. Ahh… que fácil es darse por aludido cuando se esconde algo…
Salieron fuera, no habían dado ni dos pasos cuando lo oyeron.
– Kuu… SHUIICHIIII!!!!
Un chico moreno y otro muy alto de cabellos naranjas los saludaban desde la puerta de un salón recreativo, y se acercaron rápidamente.
– ¡Hola! Que bien encontrarte Kurama, verás… Oye, ¿ocurre algo?
– ¿Eh? No, ¿por qué? –Ahora si que no iba a aguantar un interrogatorio sobre por que estaba tan agitado…
– Como no estás en la escuela… ¿Estás haciendo campanas? –Yuusuke parecía sorprendido
– ¿Y tú? Nah, Yuusuke, necesitaba un descanso.
– Bueno, es igual, escucha: mañana queríamos ir todos a comer al templo de Genkai. ¿Quieres venir? – Bueno esa sería una buena opción para animar a Hiei; ver a su hermana. Se giró para ver su expresión, pero Hiei parecía no haber oído nada, estaba a unos pasos de ellos, ensimismado con el escaparate de una tienda de televisores.
– Además, cocinará mi amada Yukina... –El chico de cabellos naranjas intervino por primera vez –Hablando de Yukina… no es que quiera hacer esto pero creo que lo debo…
El joven caminó hasta el semi-koorime. –Hiei… Nosotros nunca nos hemos llevado demasiado bien, pero… yo… quería agradecerte lo que hiciste por Yukina.
El rostro del Jaganshi cambió repentinamente, de la clara superioridad al absoluto terror. Dio unos pasos atrás titubeante, y luego giró la cara y desapareció. En realidad salió corriendo tan rápido que los ojos humanos no pudieron verlo, dando así la sensación de haber desaparecido.
– Que tipo más borde, nunca más voy a darle las gracias por nada… No sé como lo aguantas Kurama… ¿Kurama? –Miró a su alrededor, el chico de cabellos castaños se encogió de hombros. Kurama también había desaparecido.
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Paró en mitad del bosque, sin aliento. Había seguido al youkai de fuego intentando aguantar su ritmo, guiándose por su youki, aunque sabía que además de ser más rápido el semi-koorime también era más resistente que él. En ese punto se perdía el rastro de aquel youki tan característico… k'so**… si sabía que no lo iba a atrapar, ¿por qué había corrido de esa manera tras él? Más le hubiese valido quedarse con aquel par y intentar averiguar lo que le pasaba a Hiei… pero no, tan pronto había visto como Hiei giraba su cara se había puesto a correr tras él.
Solo había una característica en Youko Kurama que le impedía ser totalmente frío y calculador: su instinto. Incluso él actuaba impulsivamente a veces.
Se acomodó la bolsa de la compra, era una suerte que el papel no se hubiese rasgado con la carrera. No sabía donde buscar al Jaganshi. En situaciones normales lo hubiese buscado junto a Yukina, pero si algo había pasado con ella… ¿Qué podía ser?
Volvió a casa, dejaría la compra y se iría directo a casa de Kuwabara a hablar con él. Puso la llave en la cerradura. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Abrió rápidamente la puerta, y se le encalló la llave, mientras intentaba sacarla le cayó la compra, pero no se paró a recogerla ni a sacar la llave, lo soltó todo y corrió escaleras arriba hacia su cuarto. Su corazón latía apresuradamente, dudó un momento delante de la puerta, y luego la abrió decidido.
Como una sombra negra, hecho un ovillo al fondo de la habitación, envuelto por un aura negra, Hiei volvía a arroparse en la oscuridad. En el suelo lo rodeaban algunas gemas negras.
Sintió el impulso de correr y abrazarlo, pero se contuvo. Siguió mirándolo, incapaz de romper el silencio.
– Kurama… tú no sabes como me miró… -Fue la voz quebrada del koorime la que rompió el silencio.
Caminó hasta él y se arrodilló a su lado.
– Hiei… ¿Qué pasó?
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~~~~~~ FLASH BACK ~~~~~~
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Acababa de volver de una de las estúpidas misiones de Mukuro, y saltaba de árbol en árbol hacia el templo donde vivía Yukina. Solo quería asegurarse de que estaba bien y no le faltaba de nada, luego iría a visitar al zorro. ¿Por qué seguía visitando a ese estúpido youko? A veces se planteaba eso. ¿Qué era lo que le unía a él? Hacía siglos que no luchaban juntos, que no tenían misiones, que no había ningún pacto entre ellos… Y cuanto más se alejaba más lo añoraba. Estúpidos sentimientos Ningen… Primero corrompieron a Youko Kurama, y ahora a él… Amistad… ¿Qué diablos era eso? Bueno quizá si había un pacto silencioso entre ellos, algo que iba más allá de las palabras…
Un grito lo sorprendió en sus pensamientos. Esa voz… ¡Yukina! Corrió hacia el grito con todas sus fuerzas. Si algo le había pasado a ella…
Solo tuvo que ver la escena; dos youkai de clase A baja, de alguna manera habían superado el control de fronteras y se habían colado en el mundo humano. Uno de ellos tenía agarrada a Yukina por el brazo y el otro se le acercaba peligrosamente, mientras decían algo de haber encontrado una preciosidad en el Ningenkai. Saltó hacia ellos en un acto de irreflexión y golpeó al que la agarraba, haciéndolo volar unos diez metros. Quedó entre el otro youkai y Yukina, una mirada desafiante en sus ojos.
– No sabes con quién te metes, niño. ¡Soy el espíritu más temido por el reikai! ¡El que arrasó una buena parte del mundo humano! –Dios... ¿de que iba ese tipo? Hiei lo miró con asco.
– ¡Cállate! Tú no eres más que un fanfarrón de mierda. –Sacó su katana –Te voy a enviar al Makai a patadas.
Hiei lo atacó con su katana, pero al impactar contra el cuerpo de su oponente se hizo añicos. Lo miró despectivamente, y comenzó a golpearlo con sus puños. Además de idiota el tipo era lento y sin reflejos. No le costó mucho derrotarle, cuando sintió otra vez la voz de Yukina. Se giró y vio al youkai que había lanzado poco antes con el resto de su propia katana en el cuello de la koorime. K'so.
Se dejó golpear durante algunos minutos. El tipo no era gran cosa golpeando, pero tenía que hacer algo para sacar a Yukina de las garras del otro imbécil. En un momento la katana se acabo de romper y la empuñadura quedó sin hoja. En milésimas de segundo youkai que le estaba golpeando yacía noqueado en el suelo, y se lanzó contra el que tenía a Yukina. Lo apartó de un puñetazo, y cuando se levantó del suelo Hiei arremetió contra él.
– ¡¡Ensaaaatsu Rengooookuu Shooooooooou!!
Llamaradas negras abatieron junto a los puños de Hiei aquel individuo, que cayó al suelo sin vida. No debía de ser muy fuerte si no había resistido aquel ataque… una inútil muerte más.
Se giró. Yukina lo miraba desde el suelo, aterrorizada. Acababa de matar delante suyo… Yukina, que apreciaba tanto la vida, incluso la de la gente que le torturaba, acababa de presenciar como mataba a alguien, como arrebataba una vida.
Yukina era tan diferente a él, solo bondad, solo amor, dulzura, comprensión, cariño, inocencia… Y él, alguien con un pasado de sangre y muertes, criado en las sombras…
"Asesino"
Y ahora aquella mirada le inculpaba. La persona que más quería, lo miraba con tanto desprecio… Podía leer aquella palabra en sus ojos, rojos como los suyos, pero tan diferentes… Los ojos… Decepción, odio, miedo, dolor… y lágrimas. ¿La había hecho llorar? Ahora que se daba cuenta… él también estaba llorando…
Oyó pasos que corrían hacia su lugar. Sin duda eran las zancadas torpes de Kuwabara. Miró por última vez a Yukina, parecía que iba a hablar. Desapareció antes de que ella pudiese decir nada. No, no quería oír esa palabra de sus labios, no de labios de Yukina.
"Asesino"
Más lágrimas recorrieron sus mejillas mientras se alejaba lo más rápido que podía de allí. Yukina…
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~~~~~~ END OF FLASH BACK ~~~~~~
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Hiei explicó a Kurama lo sucedido.
– Yo siento mucho haber venido aquí Kurama… pero… no tengo ningún sitio más al que ir… Lo siento. Será mejor que me marche. –El demonio se levantó deshaciéndose de las manos de Kurama, que lo agarraban desde que empezó el relato. Caminó hacia la ventana.
– No… ¡NO! –Kurama se interpuso entre el y la ventana. –Te equivocas Hiei…
– Te agradezco las palabras Kurama. Ni siquiera sé porqué te importas conmigo, pero ya basta. Sé muy bien cual es mi lugar.
– ¡Vamos Hiei, basta! ¿Es que no te oyes? ¡Te estás ahogando en el odio que las personas sintieron hacia ti! No puedes creer de verdad que eres odioso para todos…
– ¡TU NO ENTIENDES NADA! ¿SABES LO QUE SOY? ¿TE LO DIGO? YO SOLO SOY UN ERROR, UN ASQ…
– ¡¡¡ERES HIEI!!! –Unos segundos de silencio siguieron antes de que Kurama siguiese hablando, más perlas golpeaban el suelo –Te lo dije ayer… No importa lo que pasó... tu decides quien eres Hiei.
– Pero ya no hay marcha atrás Kurama… hay demasiado odio, rencor, dolor… Yo ya no puedo volver atrás y cambiar todo lo que pasó, y ahora ella… ahora ella me odia…
– Te ciegas… Yukina es incapaz de odia hasta la persona que más la torturó, seguramente ha sufrido más de lo que imaginamos, y aun así sigue adorando la vida… ella no va a sentir rencor hacia ti Hiei.
Las palabras cayeron como un cubo de agua helada sobre él. Estaba tan acostumbrado a que lo despreciaran, odiaran… Pero Yukina era algo que estaba por encima de aquella gente. Yukina no iba a odiar a nadie nunca… Era demasiado pura, demasiado inocente… Era como la nieve de Noviembre, aquella que llega con la ilusión, aquella que resplandece por su pureza. El medio koorime se sacudió y cayó al suelo, ahogándose en sollozos.
Kurama avanzó hacia él, lo ayudó a levantarse y volvió a abrazarlo, ahora por fin comprendía que estaba pasando. Por muy fuerte que seas, si todo lo que has visto en tu vida ha sido sufrimiento y un total rechazo hacia ti, te creas un sentimiento de auto desprecio, comienzas a creer sus argumentos, comienzas a sentir el odio que ellos sienten hacia ti mismo. Inari… Si Hiei pudiera verse con sus ojos… Si se viera como lo veía él… Lo separó un poco y le miró a los ojos.
– Tú no eres lo que la gente dice… Eres tan diferente a ellos... Después de todo lo que has sufrido, y aun tienes un código Hiei… Tienes esa nobleza, esa inocencia… Te pareces más a ella de lo que crees.
Sintió que se perdía en aquellos ojos de fuego, en aquella mirada. Pasó sus dedos por la mejilla aun húmeda del koorime, trazando el recorrido de las lágrimas: los ojos rojos, la piel suave, los labios… Se acercó un poco, mientras levantaba la cara de Hiei. Sus manos resbalaron hasta su espalda y lo atrajo un poco más hacia si, cerró los ojos.
Acercaron sus labios, por instinto Hiei también cerró sus ojos. Apenas un roce, una suave caricia, un dulce beso.
Se separaron, entonces Kurama reaccionó. Se separó de un salto, y se alejó unos pasos.
– Y-Yo... N-No... Pe-perdona... No quería... –El Jaganshi lo miró inexpresivo. –Es… es solo que… que… lo siento... yo… ahora vuelvo.
Kurama había dado unos pasos y había desaparecido de la habitación. Hiei se tocó los labios. ¿Qué había sido eso? Miró su mano y se percató de que estaba temblando. Sintió también que todo su cuerpo ardía, sobretodo en su cara… de pronto tenía mucho calor. ¿Pero qué estaba pasando? ¿Él era un demonio de fuego o qué? La sensación de aquellos labios… en los suyos… lo superaba. ¿Por qué se sentía así? De pronto había sentido como perdía el conocimiento y ya todo lo que conocía era Kurama, y aquellos labios… ¿Qué había hecho ese kitsune? Su sangre también avanzaba más deprisa por sus venas. Y lo peor de todo… lo había adorado. Había adorado esa sensación. Se estaba volviendo loco… o algo así.
Salió de la habitación… ¿Dónde estaba Kurama? Sintió su youki al final del pasillo. ¿Por qué había hecho aquello? ¿Kurama, la criatura más perfecta de los tres mundos, besando a un youkai como él? Quizá tan solo fue un impulso… un instinto… al fin y al cabo, era un Youko, ¿no?
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Corrió fuera de la habitación, entró en el lavabo y cerró la puerta.
"Estúpidos instintos de Youko"
Abrió el grifo y se mojo la cara.
"Estúpidos impulsos… ¿Por qué justo cuando más lo necesito soy incapaz de controlarme? Si Hiei piensa que se me he aprovechado de la situación… si él se enoja… Si no quiere saber más nada de mí… Si me odia…"
Cogió una toalla y se secó, mirándose al espejo, mientras recodaba aquel beso. Apretó más la toalla contra sus labios, pero no pudo contener una sonrisa…
"¿Qué debería decirle: que ha sido un impulso, un error? ¿O me rindo y le digo la verdad?" Soltó la toalla y le sonrió al espejo "Kurama, cada día estás peor… llegará el día en que no puedas ocultar todas las cosas que escondes" Se repitió las palabras que un día le dijo Hiei.
Salió del lavabo, no se atrevía a decir la verdad y arriesgarse a perder a Hiei, pero tampoco quería mentir. Y tampoco podía dejar las cosas así… tenía que hablar con él… Avanzó por el pasillo y entró en la habitación. Hiei no estaba allí… ¿Había huido? Sintió un peso en su pecho… pero no… Hiei estaba en la casa, podía sentirlo… Bajó las escaleras y giró a mano derecha.
– Hiei… – Kurama aguantó la risa hasta que no pudo más. Se había olvidado por completo de la puerta, de las llaves y la compra… y del chocolate, del que ahora se había apropiado el koorime. –Parece que es un poco tarde para merendar ¿no? Prepararé algo de cena.
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Estaba entretenido en las verduras que cortaba y luego echaba al caldo. De vez en cuando volvía la vista a Hiei, sentado en la mesa atrás de él, que examinaba extraños objetos; un sacacorchos, un salero, el servilletero… extraños para quien no los ha visto nunca, claro.
Al final no habían aclarado nada. Quizá Hiei prefería ignorar lo que había pasado… fuera como fuese no parecía enfadado. Incluso creía… estaba seguro de que cuando daba la vuelta sus ojos se ponían en él… ¿Imaginaciones?
– Hiei… estuve hablando con Yuusuke hoy.
– Ya me di cuenta.
– ¿Sabes que me dijo? –el Jaganshi contestó con un "Hn" de negación. –Mañana quieren comer todos en casa de Yukina.
– ¿Y? –Hiei intentaba parecer impasible, pero su voz se notaba nerviosa – ¿Qué tiene eso que ver conmigo?
– Hmm… Había pensado que quizá fuese una buena ocasión para hablar con ella…
– No quiero hablar con ella. – El koorime se puso en pie.
– Las cosas no se pueden simplemente ignorar ¿sabes? Hay que hablarlas si se quieren solucionar… – Kurama se preguntó si eso sonaba demasiado a una indirecta.
– No es fácil hablar de cosas así para mí ¿sabes? –Hiei había repetido su mismo tono de voz… ¿le estaba devolviendo la indirecta?
– Aunque no sea fácil… deberías hablarle… si es importante para ti… Te estás arriesgando a perderla…
– La quiero… y me da miedo lo que piense de mí, por eso no soy capaz de hablar con ella… si me dice que me odia… No quiero que me odie, Kurama.
– Ella no va odiarte. –"Porque eso es imposible…" –Ven mañana, y mira su reacción. Seguro que ella también quiere hablarte.
– Hn. –Ese "Hn" era afirmativo.
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"Se ha dormido…"
Después de cenar Hiei había encontrado en el comedor el aparato que le llamó la atención en aquella tienda ningen; un televisor. Después de intentar comprenderlo, y asociarlo a las pantallas informáticas del Makai, se había quedado profundamente dormido… sobre Kurama, que estaba sentado y sostenía la cabeza del demonio en sus rodillas. Se le veía tan lindo durmiendo… Probó a cambiar de postura, se estiró y lo puso sobre si mismo, para verlo mejor. Le acarició el pelo. Le recordaba a un niño…
Lo abrazó, tenía tantas ganas de protegerlo… si tan solo pudiese parar el tiempo… si tan solo siempre fuese así…
Mientras pensaba en todo eso, cayó dormido también…
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¿Corto? ¿Dije corto? Si que son 4 capitulos, pero es que son larguisimosss!!! (Es que si no fuesen así de largos no podría explicar toda la historia ^^U) Weno aqui teneis lo que pasó el viernes. Si les soy sincera, pensaba cortarlo justo antes del Flashback, pero si alguna autora me lo hiciese a mi... La mataba XDDD Así que como odio los fics que te cortan en lo mejor, yo no hago esas cosas (^^ si en el fondo soy buena...)
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Weno, contestu reviews (Asias wapisimax)
Yukina *^^* : Asias!! Aqui tienes el episodio 2 ^^ Espero que te guste, aunque ya te dije lo q iba a pasar ^^U
Yuuki : Asias por darme tiempu, pq no lo tengu... weno, por suerte he podido acabar este episodio kilometrico... ah, si te dejo reviews es pq me encantan tus traducciones!! Tu si q lo hases bien!!
Ieiran Jaganshi : Wee ya lo he continuado pronto (dentro de lo que cabe) Si que es lindo el Hiei... pobechito... suerte que tiene a Kurama para consularse ^_~
Azusa Hino : Me alegra que te guste!! Lo mismo que a Yuuki con lo del review!! Tenemos que apoyarnos todas ^^ Ahh, y aunque tenga 4 episodios, largo es un rato...
Reiko Noriko : Si que estoy ocupada... pero aqui está que lo disfrutes.
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Asias a todos los que leen!! Un besazo!!!
– Mmm…
Hiei abrió un ojo pesadamente, dos preciosas aureolas de jade le devolvieron la mirada. Las caricias en su cabello y el calor que desprendía el cuerpo de Kurama se hicieron más presentes según recuperaba la consciencia. Notó la dulce sonrisa de Kurama a escasos centímetros, y notó también que era él quien inconscientemente lo tenía firmemente sujeto de la camisa tan de cerca.
Lo soltó avergonzado, e intentó alejarse un poco, pero la pared se lo impidió, una corriente de aire frío recorrió el hueco que había dejado entre sus cuerpos. Automáticamente eliminó ese espacio volviendo a pegarse a Kurama, que continuó revolviendo su pelo. Era como si el Youko pudiese entender lo que necesitaba exactamente a cada momento, aunque seguramente estaba esperando una explicación…
– Buenos días –El zorro depositó un beso en su frente – ¿Cómo estás?
Era muy extraño pero no se sentía en absoluto molesto, y Kurama había invadido un poco más de su espacio; acababa de besarlo. Si hubiese sido otra persona, no se lo hubiera permitido… nadie entraba en su espacio de esa forma y lo explicaba. Pero después de lo de anoche, cuando había perdido el orgullo que aun le quedaba frente al Youko, ¿qué más daba ese pequeño atrevimiento? Había pequeñas gemas negras por toda la habitación, signos de su rendición. Además se sentía tan arropado en ese momento… no tenía ganas de moverse, no quería romper aquella aura, y tampoco le apetecía hablar. Kurama debió notarlo, porque había dejado de esperar una respuesta y se había puesto a jugar con su flanco de pelo plateado de nuevo. Se sentían tan bien sus caricias…
TOC, TOC –Shuuichi, ¿estás despierto?
Hiei casi grita del susto. Estaba tan ensimismado con las carantoñas de Kurama y tratando de buscar una respuesta, que no había sentido el reiki de la mujer, ni siquiera la había oído.
– Hai 'kassan. –Miró a Hiei –Un momento, ahora vuelvo.
Se levantó de la cama y se acercó a la puerta de la habitación, corrió el pestillo y entreabrió la puerta.
– Buenos días 'kassan –Besó su frente.
– Oh, Shuuichi… ¿aun estás así? Vas a llegar tarde.
– Tranquila, tengo tiempo.
– Yo tengo que marcharme ya, te he dejado dinero para los tres días en la mesa de la cocina. Pórtate bien, ¿eh?
Por el tono de voz Hiei dedujo que no lo decía en serio, Youko Kurama sabía cuidarse. Kurama… Giró un poco sobre si mismo, alcanzando el lugar donde antes reposaba Kurama, hundió su cara en la almohada aspirando su aroma. Rosas… como adoraba ese olor… el olor de Kurama.
El Youko Paseó por la habitación y cerró la ventana que había quedado abierta la noche anterior. Luego volvió a la cama y se estiró junto a Hiei.
– Supongo que debería irme…
– ¿Eh? ¿Por qué?
– Vas a ir a ese estúpido sitio ningen, ¿no?
– ¿Al instituto? No, quiero hablar contigo antes.
– ¿Y que importancia tiene hablar conmigo?
– Además –Siguió, pensativo, ignorando el comentario –ayer no hice la tarea así que…
– No merezco que te quedes por mí…
Kurama lo miró preocupado – No digas eso… soy yo quien debería agradecerte que vengas.
Hiei lo miró sorprendido, el zorro no podía creer que hubiese sido tan torpe de decir eso. Y si Hiei sospechaba... Bueno, con un poco de suerte aun podría evitar que el pequeño koorime se fuese indignado…
Por su lado Hiei estaba extrañado con la situación. De alguna manera estaba comenzando a valorar la vida ningen del youko, mientras estaba en aquella habitación, como en una burbuja, lejos de todas las preocupaciones, en la calidez de aquella cama, junto a Kurama... Era tan diferente de su propia vida...
Mientras se planteaba los porques de aquella calidez que le embriagaba había vuelto a dormirse. Despertó dos horas más tarde, su estómago quejándose de hambre. Kurama se puso a reír… ¿es que ese estúpido kitsune no dormía nunca?
– ¿Quieres que bajemos a almorzar?
En realidad era una pregunta retórica. Se levantaron y Kurama paró su atención en la ropa de Hiei. Aquella noche no la había visto bien, pero ahora veía que estaba ajada y rota por todos lados.
Rebuscó un poco en su armario y sacó algunas prendas de dos inviernos atrás.
– Toma, será mejor que te cambies. ¿Quieres tomar una ducha antes?
El medio koorime asintió con la cabeza. Después de acompañar al Jaganshi a la ducha y explicarle como funcionaba el "estúpido-aparato-ningen-de-agua" Kurama volvió a su habitación y se cambió. Recogió unos pedazos de tela negra. ¿Qué le pudo pasar a Hiei? Esa pregunta lo atormentaba. Aun era muy pronto, pero si había sido Mukuro… Si esa bruja le había hecho algo… Bajó a preparar el desayuno. No tenía ninguna prueba de que hubiese sido ella. De acuerdo que eso justificaría el estado de sus ropas, y también que Hiei no llevase su katana… Además si ella había traicionado la confianza del koorime… Pero no, no iba a precipitarse. No tenía ninguna prueba… y no la tendría hasta que Hiei QUISIESE hablar. Se repitió la palabra "quisiese" unas cuantas veces, tenía que tenerla presente. Iba a dejar que Hiei explicase lo que le pasaba por él mismo, nada de presiones.
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Eran con diferencia las ropas más incomodas que había llevado nunca. ¿Cómo podían gustarle al youko? No tenía mucha libertad de movimiento, además aquellos pantalones ni tan solo tenían un lugar donde colocar la espada… Bueno eso no importaba mucho ahora que no tenía espada, pero sí el hecho de que le daba la sensación que se le caerían con un único cinturón… Se veía ridículo con esas ropas, pero Kurama se las había dado tan de buena fe… Hn. Tampoco estaban tan mal.
Bajó a la cocina guiándose por el youki de Kurama, en realidad la única parte de la casa que conocía era la habitación de Shuuichi. Se quedó parado en la puerta, conteniendo el aliento.
Algunos rayos de luz entraban en la habitación, y daban indirectamente en Kurama, que revolvía descuidadamente entre los armarios. Aquella luz teñía de un rojo intenso los cabellos recogidos del youko y lo hacía resplandecer, como si fuese una criatura divina. Era tan mágico… irreal… tan fuera de su alcance, tan distinto a él… la forma en que brillaba su blanca piel, aquella luz… y él tan solo era una sombra que a veces ensombrecía la mirada de aquellas preciosas aureolas jade… eran tan diferentes. Kurama era todo lo que él nunca había tenido; la dulzura, la amabilidad, el cariño… el amor… Y él tan solo podía responderle haciéndole daño… realmente no lo merecía.
– ¡Ah, Hiei! –Kurama se giró y le ofreció una de sus más esplendidas sonrisas –Acércate, ven. Quiero que pruebes algo.
– ¿Eh? Uh… ¡ah! ¿Qué es? –Fue una suerte que Kurama hablase, sino se habría asfixiado allí mismo, del rato que hacía que no respiraba. Hiei se sentó en la silla que le había indicado, frente a una taza de extraño contenido de color marrón.
– Chocolate. Pruébalo venga, si no te gusta te haré otra cosa.
Hiei cogió el recipiente con las dos manos y se lo acercó a los labios. Estaba muy caliente. Probó tímidamente aquel extraño líquido, mientras Kurama lo miraba divertido, no quería perderse ni un detalle de su reacción.
La substancia marrón era realmente dulce. Sorprendido por el sabor tomó otro sorbo, el líquido recorrió su boca dejando una agradable sensación. Bebió un poco más, ahora pensaba que era delicioso.
El youko sonrió, al fin y al cabo Hiei aun era un niño. Tomó un poco de su propio vaso y se lamió los labios. Quizá estaba demasiado dulce, pero él parecía estar disfrutando la nueva bebida.
– ¿Te gusta?
– Hn. Está bien para ser ningen…
El Jaganshi acabó el contenido de su vaso sin pararse a respirar, al igual que el poco que quedaba en el cazo y que Kurama le sirvió.
– ¿Más?
– Bueno…
El kitsune caminó hasta el armario y sacó un sobre. Lo revisó y se giró.
– Lo siento, Hiei, pero con el que queda no hay suficiente. –Hiei lo miró un tanto decepcionado –Bueno, si quieres que vayamos a comprar…
– ¿Salir con todos esos ningen fuera?
– Si quieres puedes esperar aquí, ya voy yo…
Por la cara que puso Kurama dedujo que esa idea le agradaba aun menos. Quizá no era un mal momento para poner su plan "Hacer-conocer-a-Hiei-lo-maravilloso-de-los-humanos" en marcha…
– Esos humanos no van a hacerte nada… hasta puede que lo pases bien. Vale, vale, no he dicho nada, pero mejor vamos, ¿sí?
– Está bien kitsune.
¿Se lo parecía a él o Hiei estaba terriblemente dócil? ¿Era como si necesitase cariño? Y si eso ya era sorprendente, ¿estaba buscando ese cariño en él? Su corazón comenzó a latir más rápido mientras subía la cremallera de la chaqueta que había dejado al semi-koorime, y trató de alejar esas absurdas ideas de su cabeza… solo que esto último no pudo conseguirlo.
¿Cuánto tiempo hacía que amaba a ese youkai? ¿Años? Había estado tan obsesionado con él… necesitaba tenerlo cerca todo el tiempo… pero se había prometido no estar sobre él todo el día, si hacía eso no volvería a saber nada más del youkai de llamas. Así que le daba su espacio, manteniendo sus sentimientos en secreto, le cuidaba y no pedía nada a cambio, más que su amistad. Pero desde esa misma noche que era como si toda la confianza que le había dado estuviese teniendo su fruto… ¿Hiei confiaba hasta ese punto en él? No lo podía creer…
Seguramente había algo más detrás de todo eso. ¿Qué debía de haber pasado para que Hiei viniese llorando en mitad de la noche? Fuese lo que fuese lo había afectado mucho… Hiei tenía una mirada tan perdida… como cuando un niño pierde a su acompañante. Llegaron al semáforo, al otro lado de la calle habían una mujer y un niño.
Una idea sacudió su cabeza. Desde siempre había soñado con eso, pero ¿se atrevería? Odiaba aprovecharse de la inocencia de Hiei pero… hacía tanto que imaginaba, deseaba ese momento… ¿una mentira piadosa?
La luz verde se encendió a la vez que Kurama tendía su mano a Hiei.
– Dame tu mano.
– ¿Eh? ¿Por qué?
– Es una costumbre ningen –El youko señaló hacia delante, y como había previsto la mujer tomó de la mano al niño para cruzar. El youkai de fuego titubeó unos instantes y luego le cogió la mano.
Aquel simple contacto corrió por ambos cuerpos como si se tratase de una descarga eléctrica. Pasear por el mundo humano con Hiei de la mano… ¿Sería que lo estaba soñando todo? Con la mano libre se pellizcó una mejilla. Por Inari*… aquello era real, estaba pasando de verdad. Lo había soñado tantas veces, y cuando despertaba la tristeza lo envolvía porque pensaba que nunca se haría real… Aunque en sus sueños no usaba una mentira para darle la mano, ni se aprovechaba de la reticencia a conocer las costumbres humanas de Hiei… Cht. Estúpida conciencia.
Entraron en una pequeña tienda y cogieron algunas cosas para comer. A la salida la cajera saludó como siempre, un poco más colorada de lo acostumbrado.
– Err… Minamino-kun… ¿ese chico está con usted? – Kurama primero palideció y luego sus mejillas se volvieron rojo incandescente. ¿Qué estaba diciendo aquella chica? Tanto se notaba que… –Es que antes tiene que pagar eso…
¿No era más fácil el verbo "ir"? ¿No podía decir "viene con usted"? Casi le da un ataque… Disculpándose le dio las barras de chocolate de las que Hiei se había apropiado y las pagó. Ahh… que fácil es darse por aludido cuando se esconde algo…
Salieron fuera, no habían dado ni dos pasos cuando lo oyeron.
– Kuu… SHUIICHIIII!!!!
Un chico moreno y otro muy alto de cabellos naranjas los saludaban desde la puerta de un salón recreativo, y se acercaron rápidamente.
– ¡Hola! Que bien encontrarte Kurama, verás… Oye, ¿ocurre algo?
– ¿Eh? No, ¿por qué? –Ahora si que no iba a aguantar un interrogatorio sobre por que estaba tan agitado…
– Como no estás en la escuela… ¿Estás haciendo campanas? –Yuusuke parecía sorprendido
– ¿Y tú? Nah, Yuusuke, necesitaba un descanso.
– Bueno, es igual, escucha: mañana queríamos ir todos a comer al templo de Genkai. ¿Quieres venir? – Bueno esa sería una buena opción para animar a Hiei; ver a su hermana. Se giró para ver su expresión, pero Hiei parecía no haber oído nada, estaba a unos pasos de ellos, ensimismado con el escaparate de una tienda de televisores.
– Además, cocinará mi amada Yukina... –El chico de cabellos naranjas intervino por primera vez –Hablando de Yukina… no es que quiera hacer esto pero creo que lo debo…
El joven caminó hasta el semi-koorime. –Hiei… Nosotros nunca nos hemos llevado demasiado bien, pero… yo… quería agradecerte lo que hiciste por Yukina.
El rostro del Jaganshi cambió repentinamente, de la clara superioridad al absoluto terror. Dio unos pasos atrás titubeante, y luego giró la cara y desapareció. En realidad salió corriendo tan rápido que los ojos humanos no pudieron verlo, dando así la sensación de haber desaparecido.
– Que tipo más borde, nunca más voy a darle las gracias por nada… No sé como lo aguantas Kurama… ¿Kurama? –Miró a su alrededor, el chico de cabellos castaños se encogió de hombros. Kurama también había desaparecido.
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Paró en mitad del bosque, sin aliento. Había seguido al youkai de fuego intentando aguantar su ritmo, guiándose por su youki, aunque sabía que además de ser más rápido el semi-koorime también era más resistente que él. En ese punto se perdía el rastro de aquel youki tan característico… k'so**… si sabía que no lo iba a atrapar, ¿por qué había corrido de esa manera tras él? Más le hubiese valido quedarse con aquel par y intentar averiguar lo que le pasaba a Hiei… pero no, tan pronto había visto como Hiei giraba su cara se había puesto a correr tras él.
Solo había una característica en Youko Kurama que le impedía ser totalmente frío y calculador: su instinto. Incluso él actuaba impulsivamente a veces.
Se acomodó la bolsa de la compra, era una suerte que el papel no se hubiese rasgado con la carrera. No sabía donde buscar al Jaganshi. En situaciones normales lo hubiese buscado junto a Yukina, pero si algo había pasado con ella… ¿Qué podía ser?
Volvió a casa, dejaría la compra y se iría directo a casa de Kuwabara a hablar con él. Puso la llave en la cerradura. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Abrió rápidamente la puerta, y se le encalló la llave, mientras intentaba sacarla le cayó la compra, pero no se paró a recogerla ni a sacar la llave, lo soltó todo y corrió escaleras arriba hacia su cuarto. Su corazón latía apresuradamente, dudó un momento delante de la puerta, y luego la abrió decidido.
Como una sombra negra, hecho un ovillo al fondo de la habitación, envuelto por un aura negra, Hiei volvía a arroparse en la oscuridad. En el suelo lo rodeaban algunas gemas negras.
Sintió el impulso de correr y abrazarlo, pero se contuvo. Siguió mirándolo, incapaz de romper el silencio.
– Kurama… tú no sabes como me miró… -Fue la voz quebrada del koorime la que rompió el silencio.
Caminó hasta él y se arrodilló a su lado.
– Hiei… ¿Qué pasó?
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~~~~~~ FLASH BACK ~~~~~~
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Acababa de volver de una de las estúpidas misiones de Mukuro, y saltaba de árbol en árbol hacia el templo donde vivía Yukina. Solo quería asegurarse de que estaba bien y no le faltaba de nada, luego iría a visitar al zorro. ¿Por qué seguía visitando a ese estúpido youko? A veces se planteaba eso. ¿Qué era lo que le unía a él? Hacía siglos que no luchaban juntos, que no tenían misiones, que no había ningún pacto entre ellos… Y cuanto más se alejaba más lo añoraba. Estúpidos sentimientos Ningen… Primero corrompieron a Youko Kurama, y ahora a él… Amistad… ¿Qué diablos era eso? Bueno quizá si había un pacto silencioso entre ellos, algo que iba más allá de las palabras…
Un grito lo sorprendió en sus pensamientos. Esa voz… ¡Yukina! Corrió hacia el grito con todas sus fuerzas. Si algo le había pasado a ella…
Solo tuvo que ver la escena; dos youkai de clase A baja, de alguna manera habían superado el control de fronteras y se habían colado en el mundo humano. Uno de ellos tenía agarrada a Yukina por el brazo y el otro se le acercaba peligrosamente, mientras decían algo de haber encontrado una preciosidad en el Ningenkai. Saltó hacia ellos en un acto de irreflexión y golpeó al que la agarraba, haciéndolo volar unos diez metros. Quedó entre el otro youkai y Yukina, una mirada desafiante en sus ojos.
– No sabes con quién te metes, niño. ¡Soy el espíritu más temido por el reikai! ¡El que arrasó una buena parte del mundo humano! –Dios... ¿de que iba ese tipo? Hiei lo miró con asco.
– ¡Cállate! Tú no eres más que un fanfarrón de mierda. –Sacó su katana –Te voy a enviar al Makai a patadas.
Hiei lo atacó con su katana, pero al impactar contra el cuerpo de su oponente se hizo añicos. Lo miró despectivamente, y comenzó a golpearlo con sus puños. Además de idiota el tipo era lento y sin reflejos. No le costó mucho derrotarle, cuando sintió otra vez la voz de Yukina. Se giró y vio al youkai que había lanzado poco antes con el resto de su propia katana en el cuello de la koorime. K'so.
Se dejó golpear durante algunos minutos. El tipo no era gran cosa golpeando, pero tenía que hacer algo para sacar a Yukina de las garras del otro imbécil. En un momento la katana se acabo de romper y la empuñadura quedó sin hoja. En milésimas de segundo youkai que le estaba golpeando yacía noqueado en el suelo, y se lanzó contra el que tenía a Yukina. Lo apartó de un puñetazo, y cuando se levantó del suelo Hiei arremetió contra él.
– ¡¡Ensaaaatsu Rengooookuu Shooooooooou!!
Llamaradas negras abatieron junto a los puños de Hiei aquel individuo, que cayó al suelo sin vida. No debía de ser muy fuerte si no había resistido aquel ataque… una inútil muerte más.
Se giró. Yukina lo miraba desde el suelo, aterrorizada. Acababa de matar delante suyo… Yukina, que apreciaba tanto la vida, incluso la de la gente que le torturaba, acababa de presenciar como mataba a alguien, como arrebataba una vida.
Yukina era tan diferente a él, solo bondad, solo amor, dulzura, comprensión, cariño, inocencia… Y él, alguien con un pasado de sangre y muertes, criado en las sombras…
"Asesino"
Y ahora aquella mirada le inculpaba. La persona que más quería, lo miraba con tanto desprecio… Podía leer aquella palabra en sus ojos, rojos como los suyos, pero tan diferentes… Los ojos… Decepción, odio, miedo, dolor… y lágrimas. ¿La había hecho llorar? Ahora que se daba cuenta… él también estaba llorando…
Oyó pasos que corrían hacia su lugar. Sin duda eran las zancadas torpes de Kuwabara. Miró por última vez a Yukina, parecía que iba a hablar. Desapareció antes de que ella pudiese decir nada. No, no quería oír esa palabra de sus labios, no de labios de Yukina.
"Asesino"
Más lágrimas recorrieron sus mejillas mientras se alejaba lo más rápido que podía de allí. Yukina…
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~~~~~~ END OF FLASH BACK ~~~~~~
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Hiei explicó a Kurama lo sucedido.
– Yo siento mucho haber venido aquí Kurama… pero… no tengo ningún sitio más al que ir… Lo siento. Será mejor que me marche. –El demonio se levantó deshaciéndose de las manos de Kurama, que lo agarraban desde que empezó el relato. Caminó hacia la ventana.
– No… ¡NO! –Kurama se interpuso entre el y la ventana. –Te equivocas Hiei…
– Te agradezco las palabras Kurama. Ni siquiera sé porqué te importas conmigo, pero ya basta. Sé muy bien cual es mi lugar.
– ¡Vamos Hiei, basta! ¿Es que no te oyes? ¡Te estás ahogando en el odio que las personas sintieron hacia ti! No puedes creer de verdad que eres odioso para todos…
– ¡TU NO ENTIENDES NADA! ¿SABES LO QUE SOY? ¿TE LO DIGO? YO SOLO SOY UN ERROR, UN ASQ…
– ¡¡¡ERES HIEI!!! –Unos segundos de silencio siguieron antes de que Kurama siguiese hablando, más perlas golpeaban el suelo –Te lo dije ayer… No importa lo que pasó... tu decides quien eres Hiei.
– Pero ya no hay marcha atrás Kurama… hay demasiado odio, rencor, dolor… Yo ya no puedo volver atrás y cambiar todo lo que pasó, y ahora ella… ahora ella me odia…
– Te ciegas… Yukina es incapaz de odia hasta la persona que más la torturó, seguramente ha sufrido más de lo que imaginamos, y aun así sigue adorando la vida… ella no va a sentir rencor hacia ti Hiei.
Las palabras cayeron como un cubo de agua helada sobre él. Estaba tan acostumbrado a que lo despreciaran, odiaran… Pero Yukina era algo que estaba por encima de aquella gente. Yukina no iba a odiar a nadie nunca… Era demasiado pura, demasiado inocente… Era como la nieve de Noviembre, aquella que llega con la ilusión, aquella que resplandece por su pureza. El medio koorime se sacudió y cayó al suelo, ahogándose en sollozos.
Kurama avanzó hacia él, lo ayudó a levantarse y volvió a abrazarlo, ahora por fin comprendía que estaba pasando. Por muy fuerte que seas, si todo lo que has visto en tu vida ha sido sufrimiento y un total rechazo hacia ti, te creas un sentimiento de auto desprecio, comienzas a creer sus argumentos, comienzas a sentir el odio que ellos sienten hacia ti mismo. Inari… Si Hiei pudiera verse con sus ojos… Si se viera como lo veía él… Lo separó un poco y le miró a los ojos.
– Tú no eres lo que la gente dice… Eres tan diferente a ellos... Después de todo lo que has sufrido, y aun tienes un código Hiei… Tienes esa nobleza, esa inocencia… Te pareces más a ella de lo que crees.
Sintió que se perdía en aquellos ojos de fuego, en aquella mirada. Pasó sus dedos por la mejilla aun húmeda del koorime, trazando el recorrido de las lágrimas: los ojos rojos, la piel suave, los labios… Se acercó un poco, mientras levantaba la cara de Hiei. Sus manos resbalaron hasta su espalda y lo atrajo un poco más hacia si, cerró los ojos.
Acercaron sus labios, por instinto Hiei también cerró sus ojos. Apenas un roce, una suave caricia, un dulce beso.
Se separaron, entonces Kurama reaccionó. Se separó de un salto, y se alejó unos pasos.
– Y-Yo... N-No... Pe-perdona... No quería... –El Jaganshi lo miró inexpresivo. –Es… es solo que… que… lo siento... yo… ahora vuelvo.
Kurama había dado unos pasos y había desaparecido de la habitación. Hiei se tocó los labios. ¿Qué había sido eso? Miró su mano y se percató de que estaba temblando. Sintió también que todo su cuerpo ardía, sobretodo en su cara… de pronto tenía mucho calor. ¿Pero qué estaba pasando? ¿Él era un demonio de fuego o qué? La sensación de aquellos labios… en los suyos… lo superaba. ¿Por qué se sentía así? De pronto había sentido como perdía el conocimiento y ya todo lo que conocía era Kurama, y aquellos labios… ¿Qué había hecho ese kitsune? Su sangre también avanzaba más deprisa por sus venas. Y lo peor de todo… lo había adorado. Había adorado esa sensación. Se estaba volviendo loco… o algo así.
Salió de la habitación… ¿Dónde estaba Kurama? Sintió su youki al final del pasillo. ¿Por qué había hecho aquello? ¿Kurama, la criatura más perfecta de los tres mundos, besando a un youkai como él? Quizá tan solo fue un impulso… un instinto… al fin y al cabo, era un Youko, ¿no?
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Corrió fuera de la habitación, entró en el lavabo y cerró la puerta.
"Estúpidos instintos de Youko"
Abrió el grifo y se mojo la cara.
"Estúpidos impulsos… ¿Por qué justo cuando más lo necesito soy incapaz de controlarme? Si Hiei piensa que se me he aprovechado de la situación… si él se enoja… Si no quiere saber más nada de mí… Si me odia…"
Cogió una toalla y se secó, mirándose al espejo, mientras recodaba aquel beso. Apretó más la toalla contra sus labios, pero no pudo contener una sonrisa…
"¿Qué debería decirle: que ha sido un impulso, un error? ¿O me rindo y le digo la verdad?" Soltó la toalla y le sonrió al espejo "Kurama, cada día estás peor… llegará el día en que no puedas ocultar todas las cosas que escondes" Se repitió las palabras que un día le dijo Hiei.
Salió del lavabo, no se atrevía a decir la verdad y arriesgarse a perder a Hiei, pero tampoco quería mentir. Y tampoco podía dejar las cosas así… tenía que hablar con él… Avanzó por el pasillo y entró en la habitación. Hiei no estaba allí… ¿Había huido? Sintió un peso en su pecho… pero no… Hiei estaba en la casa, podía sentirlo… Bajó las escaleras y giró a mano derecha.
– Hiei… – Kurama aguantó la risa hasta que no pudo más. Se había olvidado por completo de la puerta, de las llaves y la compra… y del chocolate, del que ahora se había apropiado el koorime. –Parece que es un poco tarde para merendar ¿no? Prepararé algo de cena.
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Estaba entretenido en las verduras que cortaba y luego echaba al caldo. De vez en cuando volvía la vista a Hiei, sentado en la mesa atrás de él, que examinaba extraños objetos; un sacacorchos, un salero, el servilletero… extraños para quien no los ha visto nunca, claro.
Al final no habían aclarado nada. Quizá Hiei prefería ignorar lo que había pasado… fuera como fuese no parecía enfadado. Incluso creía… estaba seguro de que cuando daba la vuelta sus ojos se ponían en él… ¿Imaginaciones?
– Hiei… estuve hablando con Yuusuke hoy.
– Ya me di cuenta.
– ¿Sabes que me dijo? –el Jaganshi contestó con un "Hn" de negación. –Mañana quieren comer todos en casa de Yukina.
– ¿Y? –Hiei intentaba parecer impasible, pero su voz se notaba nerviosa – ¿Qué tiene eso que ver conmigo?
– Hmm… Había pensado que quizá fuese una buena ocasión para hablar con ella…
– No quiero hablar con ella. – El koorime se puso en pie.
– Las cosas no se pueden simplemente ignorar ¿sabes? Hay que hablarlas si se quieren solucionar… – Kurama se preguntó si eso sonaba demasiado a una indirecta.
– No es fácil hablar de cosas así para mí ¿sabes? –Hiei había repetido su mismo tono de voz… ¿le estaba devolviendo la indirecta?
– Aunque no sea fácil… deberías hablarle… si es importante para ti… Te estás arriesgando a perderla…
– La quiero… y me da miedo lo que piense de mí, por eso no soy capaz de hablar con ella… si me dice que me odia… No quiero que me odie, Kurama.
– Ella no va odiarte. –"Porque eso es imposible…" –Ven mañana, y mira su reacción. Seguro que ella también quiere hablarte.
– Hn. –Ese "Hn" era afirmativo.
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"Se ha dormido…"
Después de cenar Hiei había encontrado en el comedor el aparato que le llamó la atención en aquella tienda ningen; un televisor. Después de intentar comprenderlo, y asociarlo a las pantallas informáticas del Makai, se había quedado profundamente dormido… sobre Kurama, que estaba sentado y sostenía la cabeza del demonio en sus rodillas. Se le veía tan lindo durmiendo… Probó a cambiar de postura, se estiró y lo puso sobre si mismo, para verlo mejor. Le acarició el pelo. Le recordaba a un niño…
Lo abrazó, tenía tantas ganas de protegerlo… si tan solo pudiese parar el tiempo… si tan solo siempre fuese así…
Mientras pensaba en todo eso, cayó dormido también…
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¿Corto? ¿Dije corto? Si que son 4 capitulos, pero es que son larguisimosss!!! (Es que si no fuesen así de largos no podría explicar toda la historia ^^U) Weno aqui teneis lo que pasó el viernes. Si les soy sincera, pensaba cortarlo justo antes del Flashback, pero si alguna autora me lo hiciese a mi... La mataba XDDD Así que como odio los fics que te cortan en lo mejor, yo no hago esas cosas (^^ si en el fondo soy buena...)
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Weno, contestu reviews (Asias wapisimax)
Yukina *^^* : Asias!! Aqui tienes el episodio 2 ^^ Espero que te guste, aunque ya te dije lo q iba a pasar ^^U
Yuuki : Asias por darme tiempu, pq no lo tengu... weno, por suerte he podido acabar este episodio kilometrico... ah, si te dejo reviews es pq me encantan tus traducciones!! Tu si q lo hases bien!!
Ieiran Jaganshi : Wee ya lo he continuado pronto (dentro de lo que cabe) Si que es lindo el Hiei... pobechito... suerte que tiene a Kurama para consularse ^_~
Azusa Hino : Me alegra que te guste!! Lo mismo que a Yuuki con lo del review!! Tenemos que apoyarnos todas ^^ Ahh, y aunque tenga 4 episodios, largo es un rato...
Reiko Noriko : Si que estoy ocupada... pero aqui está que lo disfrutes.
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Asias a todos los que leen!! Un besazo!!!
