Disclaimer: El Potterverso pertenece a JK Rowling. Escribo esta historia sin fines de lucro.
Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Emoción positiva: Amistad.
EL EJÉRCITO DE DUMBLEDORE
Por Azul y Amarillo
II. ¡Ejército de Dumbledore!
Estábamos en pleno octubre. Después de enviar muchos mensajes secretos, recordar la lista de hace dos años y lograr que todos supiesen la fecha de encuentro, allí estábamos. Los más o menos veinte jóvenes que nos rebelábamos frente al dominio del Innombrable.
Los miré a todos, con algo parecido al orgullo. Todos me miraban, como inquiriendo si yo era el nuevo líder, pero siempre que alguien lo decía explícitamente señalaba a Ginny con la cabeza; yo no tenía dotes de líder. Ella sí.
Ese primer encuentro tras casi dos años sin Ejército de Dumbledore empezó con un discurso de parte de la nueva líder. El ambiente era frío, duro. La tensión estaba en el aire. La noticia sobre lo que le pasó a Luna se había difundido con rapidez y la gente estaba algo asustada.
Ginny se aclaró la garganta y empezó:
—Por casi dos años no hemos actuado, no hemos hecho nada. El Ejército de Dumbledore ha vuelto, pero no solo como un grupo de aprendizaje. Debemos ser una familia. Debemos formar lazos de amistad en este lugar si queremos perdurar. Repasaremos lo que aprendimos con Harry, sí, pero hay que estar más unidos en esto. Las traiciones no están permitidas.
Mi amiga dirigió una mirada furtiva y acusadora a las personas que eran de la casa Ravenclaw en la Sala Multipropósito, como si fuera su culpa que Marietta Edgecombe nos hubiese traicionado años atrás. La mayoría de ellos se encogió de hombros o mostró absoluta indiferencia. También vi que Zacharias Smith se movía su corbata de Hufflepuff con nerviosismo, como si hubiese pensado en traicionarnos o algo así.
—Bueno —terminó Ginny, con una leve sonrisa en sus labios—. ¡Ejército de Dumbledore! —chilló, como una firma de nuestra identidad.
Fue como si nos sincronizásemos. Los otros veinte y yo gritamos, al unísono, el mismo grito de guerra que la menor de los Weasley dio. Como si fuésemos una familia que se conocía tan bien como para saber en qué momento sonar a la par.
Sonreí. La amistad no tardaría en llegar al ED.
— ¡Ejército de Dumbledore! —grité junto a otros pocos que habían querido revivir ese momento de unidad.
Quien sabría que, meses después, en el amanecer de un tres de mayo, yo gritaría esas mismas palabras frente al mismísimo Innombrable.
Esas palabras significaban la unidad, la amistad que se había formado entre nosotros. Porque teníamos nombre, no éramos solo nosotros, no; éramos los revolucionarios, los que luchaban por los cambios.
Éramos el Ejército de Dumbledore.
