Asmita.
Ese nombre se había pegado en su lengua por alguna extraña razón. Ahora, casi un par de meses después de aquel breve encuentro, el moreno se había encerrado en su estudio enfrascándose en escribir con frenesí.
La imagen del peliazúl era bastante peculiar, de ser un muchacho quieto y retraído ahora era un torbellino imparable. Los profesores habían acomodado sus instrumentos en un semi círculo a petición de su pupilo, dejando espacio en el medio para que él pudiera moverse hacia un escritorio de caoba donde se hallaban centenares de hojas que el moreno iba llenando de a pocos dependiendo del instrumento que interpretara.
Y así se le veía, moviéndose del piano al escritorio, corrigiendo las notas que no terminaban por convencerle hasta que quedaba satisfecho y cambiaba de instrumento. El entusiasmo del chico era contagioso, los profesores colaboraban al final del día interpretando un par de veces la melodía para él, para que el joven Defteros se deleitara en su obra en proceso. El griego sonreía al final del pequeño concierto agradeciéndoles para luego ponerse a trabajar y después de un par de horas se desperezaba y se escapaba al mar donde podía ser él y lograba olvidarse de la imagen del chiquillo.
Le atormentaba. Había tardado en darse cuenta que el niño era ciego y por ello el día que lo conoció fue tan peculiar.
Defteros le rehuía a cualquier cosa que involucrara contacto físico, no le gustaba, casi podía decirse que odiaba aquello. Su semblante un tanto intimidante era nada mas una fachada para que la gente no se le acercara más de lo que él quisiera, una máscara que había construido con los años y ahora podía lucirla sin problemas, algo que lo hacía sumamente diferente a su gemelo, quien causaba el efecto contrario en las personas que lo veían. Aquello no quería decir que la apariencia del hermano menor fuera desagradable, pero cuando quería podía parecerse mucho a un demonio.
Asmita en cambio era ciego y por ende sus tácticas no funcionarían en él, se había dado cuenta más temprano que tarde.
El pequeño se las había ingeniado para llegar con una cestita hasta su casa, buscándolo porque se sentía agradecido por su ayuda el día que había llegado con sus padres a la isla. La dama que se encargaba de cuidarlo desde niño había respondido al llamado del rubio, quien había solicitado verlo para tratar algunos asuntos personales. Aquello dejó al griego sin saber qué hacer; por lo regular pedía a su nana que despachara a casi todos los visitantes, pero aquella mañana algo lo hizo levantarse del piano con la pluma y las partituras aun en mano y detenerse en el umbral de la sala para contemplar al pequeño, quien se había sentado en uno de los sillones con los ojos cerrados mientras quitaba algunas arrugas imaginarias de su túnica tras lo cual acomodaba la cesta sobre su regazo sin perder su seriedad.
La imagen de aquel niño le enterneció haciéndole sonreír sin poder evitarlo. Dejó pasar unos segundos antes de sentirse incómodo porque en cierto modo lo estaba espiando y entonces entró con un poco de duda en sus pasos.
—Buenos días señor Defteros— dijo la voz melodiosa del chico un segundo antes de pararse de un saltito para hacerle una reverencia.
—Defteros, sólo Defteros por favor... —
—Defteros— repitió la vocecita antes de dar un par de pasos para llegar hasta él y extender los brazos ofreciéndole la cesta. —Esto es para usted. Por favor, acéptelo.— Una curiosa petición a la que el mayor cedió sin titubeos antes de sentarse en el sillón contrario al de su visitante. —Son plantas aromáticas de mi país, la mayoría se usa para preparar té. Son muy preciadas porque se usan como ofrenda para los dioses, nunca sabemos en qué forma pueden llegar y visitarnos.—
El moreno permaneció en silencio por un momento meditando en lo que había escuchado. Dioses. Si el chico estaba intentando hacer una comparación se había equivocado de gemelo, con Defteros tendría que utilizar una figura totalmente opuesta. Si con algo le asociaban los muchos amigos y conocidos de su hermano era con una criatura oscura y terrible.
—Los dioses seguramente usan recipientes mucho mas parecidos a ti que a mi.—
La blanca frente del rubio se arrugó levemente al fruncir sus cejas un tanto confundido.
—¿Que hay de malo con usted? Cualquiera querría estar en su lugar y tener un poquito de su talento para poder crear las melodías que escribe.—
—No me refiero a eso— respondió la tímida voz del griego —nadie querría estar en mis zapatos. No soy el tipo de persona con quien los demás gusten compararse.—
—No hay nada de malo en usted.—
—En ti tampoco Asmita.— El aludido sonrió complacido y el mayor dejó escapar un quejido al darse cuenta que había caído en la pequeña trampa del chico. —Un dios es un ser glorioso que de seguro escogería un recipiente igual.—
—Lo se.—
La voz segura del pequeño le resultaba perturbadora. La comparación le parecía igual o mayor, tanto así que por un momento casi soltó una carcajada porque llamarle dios le sonaba a una de las tontas bromas que a veces le jugaba su hermano. Suspiró buscando cambiar de tema y justo en ese momento la oportunidad se presentó cuando su nana se asomó a preguntar si el visitante deseaba algo para beber puesto que la mesa con el desayuno ya estaba servida. El rubiecito se puso de pie para retirarse y entonces...
—¿Quieres acompañarme? Nunca me ha gustado comer solo.—
Las palabras se desbordaron de sus labios sin poder detenerlas. Tanto él como Asmita parecieron sorprendidos, el niño porque imaginaba que alguien como Defteros tendría la mejor compañía a su disposición y no requeriría de un desconocido para acompañarlo y el mayor porque sin quererlo había dejado que un pedacito de su máscara se despegara de su rostro con aquella confesión. Realmente odiaba comer solo pero no había remedio para su situación hasta esa mañana.
El niño aceptó después de haberle insistido un par de veces y así fue como aquel peculiar visitante poco a poco empezó a colarse en su vida.
Nota del autor:
Saludos desde el mas allá, les está gustando Asmita? Creo que es un adorable acosador, pobre Deft, tendrá que aguantarlo hahahaha.
Y si, mi gemelo es muy tímido pero también sabe lo que quiere, ya lo verán mas adelante. No pienso hacer la historia muy larga o me terminaré desesperando. Gracias por leerme, hasta luego.
