¡Hola de nuevo! Por fin pude escribir el segundo capítulo, espero que lo disfruten.

Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de RumikoT.

Capítulo 2 :

Inuyasha esperó a que Kagome se quedara dormida, verla en ese estado le dolía a él también; se levantó en silenció y salió de la cabaña, caminó hasta aquella tumba; sobre esta, sólo se encontraban la Banryuu de Bankotsu, el arco de Kikyo y la hoz de Kohaku, ya que sus dueños desaparecieron poco después del momento de su muerte a excepción de Bankotsu, quien se convirtió en cenizas en cuanto le quitaron el fragmento de la Perla. Tres armas sustituían a los cuerpos de sus amos para evitar que sólo existiera una tumba vacía.

El joven hanyou observó con melancolía hacía el horizonte, como si esperara que una serpiente caza almas llegara con la orden de ir al encuentro de su única mujer, de su primer amor; suspiró profundamente y frotó sus ojos para evitar que cayeran las lágrimas que comenzaban a acumularse en estos, después dejó caer con cansancio su mano hacia un costado, estaba cansado y pensó que ya era hora de resignarse, ella ya no regresaría, ya no había huesos de ella para traerla como la vez anterior, aunque si por él fuera…ella estaría de nuevo a su lado, no importaba que fuera sólo un recipiente hecho de barro y huesos, pero él sabía que no era justo para ella. Miró por última vez aquel cúmulo de tierra y las armas de aquellos valientes: el mercenario, el exterminador de demonios y la sacerdotisa.

A la mañana siguiente, Inuyasha y su equipo ya se encontraban haciendo los preparativos correspondientes para la siguiente cacería, habían escuchado rumores de que rumbo al norte varias aldeas habían sido atacadas por demonios, hasta el momento no habían tenido pérdidas considerables, sólo sembradíos y destrucción de casas, pero esta vez se hablaba de el secuestro de un monje, el discípulo de este fue quien dio aviso al jefe de la aldea, que al escuchar de la existencia de un hanyou, un monje, una exterminadora y una sacerdotisa y del trabajo que estos realizaban, no dudo en mandarlos a buscar; esta era la nueva misión del grupo, encontrar y rescatar al monje de ese pueblo y destruir al demonio que se lo había llevado.

La misión había sido llevada a cabo con éxito, el rescate de ese monje elevó la fama del equipo de Inuyasha, todos en la isla y fuera de ella habían escuchado ya acerca de las sus hazañas, las cuales también habían llegado a oídos de Kikyo.


Habían pasado varias semanas, y un confundido muchacho estaba en su sesión con ese extraño médico.

—No entiendo cómo contándole mis sueños puede ayudarme—mencionó el muchacho mientras rascaba su cabeza.

—Los recuerdos están alojados en tu cerebro, sólo tenemos que hacerlos salir a flote y en algunas ocasiones los recuerdos salen relucir por medio de los sueños—

Bankotsu lo miró confundido.

— ¿En serio puede hacer eso? ¿Quiere decir que interpretará mis sueños? —

—Algo así—

—Pues no recuerdo bien, sólo que sentía miedo de la flechas que salían de todos lados, muchas por cierto, tantas que el cielo se oscureció por un instante, fue aterrante, y otra cosa que me estremeció demasiado fue que vi muchos tipos con armaduras, tal vez guerreros y como estos le cortaban la cabeza a seis tipos raros y un tipo grande se acercaba con una espada hacia mí y cuando la levantó para cortarme la cabeza…todo fue oscuridad y desperté. —el muchacho aún se estremecía al recordar su sueño.

— ¿Flechas y espadas? ¿Algo más? ¿Un nombre? ¿Algo? —El hombre estaba intrigado por lo que el muchacho le platicaba.

—No, nada… bueno, también hay una mujer de la que nunca veo su rostro, sólo escuchó su voz diciendo que esta feliz de verme con vida ¿Sabe? Creo que esta no es la primera vez que intentan matarme. El lugar que veo en mis sueños es muy diferente a este, sólo hay cabañas y grandes extensiones de campo, la gente habla como yo, viste de manera sencilla y un poco extraña, no hay construcciones como las que hay aquí, no existen esas…esos… ¿Cómo los llamó Yuka? ¿Esas cosas de acero con ruedas y que ensucian el aire? —Miró que el hombre frente a él sólo anotaba todo en una libreta

— ¿Autos? —

—Sí, tal vez vengo de un pequeño poblado, no lo sé, un lugar donde las personas aún se mueven por su propio pie o con la ayuda de bestias, alguna aldea con pocos…pocos avances, bueno, eso es lo que vi en mis sueños—

—Ya veo, investigaremos un poco más—Comentó dudoso el psiquiatra, ya que hasta en el poblado más humilde de este país los avances tecnológicos a los que él hacía referencia ya eran por demás conocidos, así que atribuyó lo que el muchacho decía a su amnesia.

—Lo siento, no recuerdo nada más, sólo ese sueño en donde me cortan la cabeza—

—Pero no te la cortaron, así que no puede ser un recuerdo, pero tal vez sea sólo un simbolismo que nos indique tu pérdida de memoria—

—Otra cosa que recuerdo, —intervino el muchacho—es que ese hombre con armadura nos llamó "Siete Guerreros" —

—Eso puede ayudar—El médico lo anotó en su libreta— ¿Algo más? —El moreno negó afligido.

La sesión continuó hasta concluir la hora, durante esta, el médico le mostró imágenes y aplicó varias técnicas para asociar ideas y ver que tanto podía lograr despertar en la memoria del muchacho, pero sólo lograba ver la confusión y la frustración creciendo en el joven, en verdad parecía no recordar nada, ni siquiera el nombre de las cosas que le mostraba, objetos tan conocidos en nuestra época pero nunca antes vistos por él; la alarma del reloj marcó el fin de la sesión —bien es todo por hoy, te espero la próxima semana—el hombre se levantó y le dio la mano a Bankotsu para ayudarlo a pararse, el muchacho ya podía caminar sin la ayuda de las muletas o de la silla de ruedas. —Le comentaré a tu padre lo que me has contado para que continúe con su investigación, esto quedará sólo entre nosotros tres y el investigador, a menos que tú ya no desees continuar con la investigación y tomemos en cuenta la confidencialidad entre médico y paciente—

El moreno negó con la cabeza.

—Deseo continuar de esta manera, odio sentirme como pez fuera del agua, además siento que alguien esta esperándome en algún sitio, no quiero vivir con ese sentimiento, necesito saber quién soy y a dónde pertenezco—

—Haremos lo mejor posible para ayudarte—

—Bien. Me voy, mi padre, el doctor Yasukawa me espera en el hospital y tengo mucho que caminar—

—Puedes tomar un taxi—

— ¿Taxi? Ah sí, los conozco, pero me atemoriza subirme a uno, prefiero ir por mi propio pie, además estuve más de un año sin hacerlo—

—Entiendo, cuídate y te espero la próxima semana—

—Aquí estaré—

Bankotsu salió del consultorio y caminó a paso lento por las calles de esa gran ciudad, por más que miraba todo a su alrededor, nada le parecía familiar, por el contrario, los grandes edificios y el ruido de los autos y todas aquellas personas caminando a toda prisa le atemorizaban, especialmente cuando se dio cuenta de que estaba perdido; pasó por un pequeño parque en el centro de la ciudad cerca de una escuela, los árboles y las pocas flores que había en este, le hacían sentirse más seguro; continuó caminando cuando de repente la vio pasar, era Kagome que salía de la escuela.

Kagome salía a toda prisa del edificio, ella ya no era la misma joven de hace un año, ahora era un poco más solitaria y su mirada parecía perdida, iba como siempre mirando al suelo, cuando sintió que alguien la observaba, levantó su rostro y buscó por todos lados hasta que sus ojos se toparon con la figura de aquel moreno.

— ¡Basta Kagome! Él no es Bankotsu, él esta muerto. —se regaño así misma y continuó caminando en silencio.

El joven supo que ella rehuía a su mirada, evitaba mirarlo a toda costa, tenía la sensación que ella lo conocía y que era cosa del destino que él estuviera justo en ese momento en el parque que estaba frente a su escuela. Se dirigió a donde estaba ella, quien caminaba aún con la mirada clavada en el suelo, se detuvo antes de llegar hasta Kagome, que continuó su camino pasándolo de largo.

—Tú…—Habló el joven haciendo que ella se detuviera. — ¿Me conoces? —

—No, —levantó la cara y sus ojos se clavaron en los de él, era tan parecido—no te conozco—

— ¿Por qué siento que mientes? —

—No lo sé, todo lo que sé de ti, es lo que Yuka me contó.—Ella no mentía del todo, al menos no era consciente de su mentira.

— ¿Estas segura? —

—Esta es la segunda vez que te veo—contestó cabizbaja.

—Tenía que preguntar—sonrió de medio lado, estaba un poco decepcionado.

—Lamento si te hice pensar otra cosa, es que tú me recuerdas a un chico—Kagome se reclamó mentalmente, otra vez estaba recordando a Bankotsu y era porque ese muchacho era idéntico a él, tal vez era su reencarnación, lo cual hacía injusto compararlo con su antiguo amor, lo sabía por la experiencia vivida anteriormente con Kikyo e Inuyasha.

—Ya veo—dijo serio e incrédulo—bien, debo continuar—y Bankotsu retomó su camino.

—Sí—Kagome lo vio partir y luego ella caminó hacia el lado contrario del muchacho—No puede ser, hasta su voz me lo recuerda ¡El destino sí que es cruel conmigo!—pensó afligida. Era tan parecido a él, incluso cuando sonreía, cuando hablaba, su manera de caminar tan confiada y firme.


La joven llegó al WacDonals y se encontró con su antigua compañera de secundaria Yuka, quien al verla la llamó animosamente, en verdad que tenían tanto de que hablar y una de las conversaciones de ese momento era la de aquel chico al que llamaba Beny Yasukawa.

—Es un engreído—dijo Yuka un tanto molesta—al principio parecía estar triste, pero ahora que ya puede valerse un poco por sí mismo me ignora y me hace enojar tanto, se cree tan fuerte y autosuficiente, aunque es un poco socarrón y demasiado ingenuo y…—

Kagome sintió que le describían a su Bankotsu. — ¿Te gusta el muchacho? —Preguntó.

— ¿Se me nota? —Yuka se sonrojó.

—Un poco, por la forma en la que hablas de él—comentó un algo decepcionada, no sabía por qué, pero deseaba que dijera que no.

—No he de mentirte, su forma de ser tan altanera, me recuerda a ti y a tu novio rebelde. Beny también es un poco rebelde, además esa forma de mirar tan confusa, el temor con el que ve todo, me hace…me hace querer protegerlo—

— ¿Protegerlo? ¿De quién o de qué? —

—No lo sé, siento que me necesita, se ve tan triste, pero él intenta no parecerlo—

—Ya veo—Kagome vio la ilusión en la mirada de su amiga y pensó que debía estar feliz por ella y se sentía mal por sentir todo lo contrario—me tengo que ir—

— ¿Tan pronto? —preguntó desilusionada.

—Tengo que hacer tareas, estoy muy atrasada… de nuevo, he faltado mucho a clases estos días y…—

— ¿Aún sigues con esas enfermedades? —

—Algo así—sonrió falsamente.

— ¿Sabes? Tus enfermedades fueron la razón por la que me animé a estudiar enfermería—

— ¿Eh? —Kagome no sabía cómo responder a eso— ¿Gracias? —

—Cuídate Kagome y salúdame a Inuyasha—pidió con sinceridad.

—Sí, lo haré, gracias—La joven se levantó y dejó sola a su amiga.


Llegó al templo y el primer lugar a donde llegó, fue a donde estaba el árbol sagrado, estar junto a este le hacía sentir tan cerca de él; se sentó y con palabras casi inaudibles comenzó a platicar con el viento.

—Te odio…te odio Bankotsu ¡Te odio!—miró a la nada.

Inuyasha escuchó sus palabras justo cuando iba llegando hasta ella, llevó su mano hasta el hombro de la joven para llamar su atención, se veía tan dolida.

—Kagome…—susurró el muchacho y acarició el cabello de la joven. —No lo odias—

—Me dejó—

—No es su culpa—

Kagome se lanzó a los brazos de Inuyasha, quien la abrazó con fuerza.

— ¡Lo extraño! —

—Lo sé—

—Necesito verlo de nuevo—comenzó a llorar.

—Ya esta muerto y lo sabes—

—No lo repitas—

—Déjalo ir—

—No puedo… no quiero—

—Tienes que aceptar su muerte…—

—Yo…—lo miró a los ojos— ¿Por qué? —

—Porque eres fuerte y prometiste serlo—

Kagome soltó a Inuyasha y limpió sus lágrimas y se forzó a sonreír cuando vio la tristeza del híbrido.

—Es verdad, soy muy egoísta, Inuyasha también sufre—pensó.

—Inuyasha me gustaría traer a Banryuu a mi época—le dijo seriamente.

—Si eso te hace feliz, entonces iré por ella en este momento—Él quería saber el por qué le pedía traer a Banryu ¿Qué ganaba? Pero no quería hacer preguntas en ese momento.

Kagome asintió y limpió sus lágrimas.

El hanyou corrió hasta el pozo y saltó.

—Gracias…Inuyasha—Y espero con paciencia hasta el regreso del joven, quien salió del pozo varios minutos después.

—Esto sí que pesa…—se quejó al tratar de levantar la alabarda.

Kagome miró con ternura a Inuyasha, en verdad él se estaba esmerando en ayudarla.

—El bastardo sí que era fuerte, lo reconozco…—con dificultad sacó a Banryuu del pozo—Oye Kagome ¿En dónde la quieres? —

La joven sonrió nerviosa.

—En la bodega de mi abuelo—

— ¡¿Qué? ¡Eso queda al otro extremo de la casa! —Inuyasha se contuvo de inmediato al ver la triste expresión de Kagome—esta bien, llevemos esto antes de que me arrepienta—

—Gracias—sonrió ampliamente—Inuyasha ¿Te gustaría ir a comprar sopa ninja? —

Las orejas del híbrido se movieron al escuchar esas palabras.

— ¿En serio? —

—Sí—Ella sabía que era una buena forma de compensarlo.

— ¿Qué esperas entonces?


Bankotsu estaba sentado en una banca del parque, durante largo rato miró aquel aparato que su padre le había dado en caso de alguna emergencia, apretó algunos botones, encontró el nombre de Yuka y recordó:

—Grabaré mi número, llama si tienes algún problema—

Entonces el chico oprimió otro botón que decía llamar y ella contestó.

— ¿Bankotsu? —Yuka estaba sorprendida.

—Perdona yo… estoy perdido—

—No te preocupes, mira los letreros en las esquinas y dime como se llaman las calles, iré por ti—

—Estoy algo lejos de los letreros, espera un poco—comenzó a caminar para llegar a la esquina.

—Mejor pregúntale a alguien en dónde estas—

El muchacho se acercó a una señora y esta tomó el teléfono del chico y le explicó a Yuka el lugar exacto en donde se encontraban; él agradeció con una reverencia.

La señora lo miró con curiosidad, la forma de hablar del chico era tan extraña que por un momento pensó que él era extranjero.

Pasaron unos minutos, cuando Yuka llegó corriendo hasta donde él estaba, parecía preocupada, se lanzó hasta su cuello y lo abrazó.

— ¿Estas bien? —

El muchacho estaba confundido, según su punto de vista, ella estaba siendo demasiado cariñosa.

Yuka se sonrojó al ver la incomodidad del joven.

—Lo siento, estaba preocupada—y comenzó a caminar—vamos, te acompaño a tu casa—

De repente Yuka alcanzó a ver aquella cabellera plateada y reconoció también la voz de Kagome.

— ¡Basta Inuyasha! Me estas avergonzado— Gritó molesta la joven sacerdotisa al ver como Inuyasha olfateaba emocionado cada puesto o tienda de comida por la que pasaban.

— ¡Hola Kagome!—saludó Yuka, estaba emocionada de verlos de nuevo juntos.

Bankotsu miró fijamente a la joven y a su pareja.

Kagome sintió un escalofrío recorrer su espalda al reconocer aquella voz, rogaba en silencio que ella no hubiera visto a Inuyasha haciendo esas cosas tan vergonzosas para ella.

Kagome volteó y se quedó paralizada al ver que la enfermera se aproximó hasta ellos, pero lo que realmente la dejó petrificada fue verla junto con aquel chico llamado Beny Yasukawa.

Inuyasha estaba tan entretenido olfateando los pastelillos, que no se dio cuenta de que tenían compañía.

—Kagome ¿Me compras…?—volteó hacia Kagome, quien dejó caer los paquetes que llevaba en sus brazos; se sintió confundido cuando la vio tan pálida y miró hacia donde ella estaba viendo; por un momento también el sintió que perdía el aliento y caminó hacia ella.

Yuka estaba confundida, no sabia de que manera interpretar la reacción de los dos chicos, pues estaban actuando demasiado sospechosos y ninguno de ellos decía nada.

Bankotsu arrugó el ceño, la mirada de ese muchacho lo hizo sentir incómodo, además le provocaba cierto enojo.

Fueron segundos en silencio, pero para los cuatro parecían interminables.

— ¿Sucede algo que quieras decirme Kagome? —Yuka rompió el silencio.

—Sí Kagome ¿Hay algo que quieras contarnos? —Preguntó Inuyasha, se podía notar el enojo y la decepción en su voz.

Pero ella continuó en silencio, sus ojos estaban fijos en los de aquel moreno, aquellos ojos azules que sólo mostraban confusión e incertidumbre. Kagome bajó la mirada.

—No—susurró.

Inuyasha trató de reconocer la esencia del otro muchacho por medio de su olfato, sin embargo el único olor que llevaba en su memoria era el de cadáveres y tierra.

Sólo Shippo había detectado su verdadero aroma, ya que su olfato era mucho más fino que el de Inuyasha, pues el pequeño zorrito era un demonio completo.

— ¿Es por él? —preguntó Inuyasha.

Kagome levantó la cara y volteó a ver a Inuyasha, luego a Bankotsu y por último a Yuka.

— ¿Qué? —preguntó la joven.

— ¿Es por culpa de él que has estado llorando? ¿Es por él que querías a Banryuu en tu casa? —

—No, estás equivocado…yo…—Inuyasha se dio media vuelta y se fue corriendo.

Yuka miraba atónita a su amiga.

— ¿Llorar por culpa de…Beny? —

—No Yuka, aquí hay un mal entendido, yo…—

—No digas nada…—el rostro de la chica se ensombreció—veo que ustedes ya son muy amigos, de lo contrario…tú—señaló a Bankotsu—no lo verías—señaló a Inuyasha— con tanto desagrado y tú Kagome…—la joven estaba levantando la voz.

—Yuka, espera no es lo que tú crees, yo no…—Kagome interrumpió a Yuka.

—No lo esperaba de ti Kagome ¡Tú sabías de mis sentimientos! —La joven enfermera se sentía traicionada, se dio la media vuelta y comenzó a caminar aprisa para alejarse de esos dos infieles.

Kagome la alcanzó y trató de detenerla.

—Yuka espera, no es fácil de expli…—La miko se vio interrumpida cuando chocó con la espalda de Bankotsu.

Yuka estaba tan molesta con Kagome, que ella volteó con toda la intención de abofetear a aquella traidora, pero Bankotsu se interpuso entre las dos chicas y la mano golpeó al muchacho.

— ¿Ya te sientes mejor? —preguntó él.

La enfermera recobró la compostura.

—Me lo imaginé, son tal para cual—Lo miró con desdén y reclamo.

— ¿Disculpa? ¿Acaso yo te prometí algo? —preguntó con severidad.

La enfermera retrocedió y sonrió amargamente.

—Es verdad…no lo hiciste—

—Yuka, si me dejaras hablar—Kagome pidió de nuevo.

—No Kagome, el chico rebelde no merecía esto, yo tampoco—y se alejó de ellos.

La sacerdotisa se quedó sin palabras, tal vez no era lo que Yuka imaginaba, pero tenía razón, Inuyasha no merecía esto. Miró al muchacho que estaba parado a un lado de ella.

—Yo también quiero saber qué sucedió aquí—

—Lo siento, esto ha sido una simple confusión—

—Ya veo…un triángulo amoroso—sonrió de medio lado.

La joven palideció ante sus palabras, pues estas le recordaron el primer encuentro con su mercenario.


Kagome desesperada por la tardanza del híbrido decidió buscarle, los celos inundaban su mente con imágenes de ellos dos juntos, no lo permitiría, iría a buscarlo.

No camino demasiado cuando pudo ver a lo lejos las serpientes caza almas, allí lo encontraría, ni siquiera pudo salir de aquella barrera pura cuando alcanzó a escuchar los escandalosos gemidos y jadeos de aquella pareja. Su cuerpo se paralizó, no quiso saber más. Ellos ni siquiera la detectaron, ni a su aroma, ni los fragmentos que con ella llevaba.

El que busca…encuentra—Esas palabras la sacaron de sus pensamientos, esa voz ya la había escuchado antes, volteó y quiso gritar, pero una fuerte mano le apretó el cuello ahogando así todo sonido que su garganta quisiera emitir. — ¿Sabes que no es muy educado espiar a los amantes mientras hacen el amor? —

Kagome lo miró llena de terror, observó aquellos ojos azules y esa sonrisa malévola le hicieron recordar en donde había visto antes a ese hombre, además el fragmento de Shikon que llevaba en su cuello le indicaba que estaba en lo cierto.

Kagome repitió esas palabras en su cabeza, como si por un momento no entendiera de lo que hablaba aquel hombre.

Sin soltar a Kagome de su agarre el volteó hacia donde estaba aquella escandalosa pareja. No había duda, eran Inuyasha y aquella sacerdotisa con la que días antes se había topado.

No lo entiendo—Dijo él con una sonrisa en sus labios, al ver el miedo y el dolor en la joven —creí que él era tu pareja…o eso me dijeron—

Kagome tenía agarrada las manos del guerrero, forcejeaba inútilmente para quitarlas de su cuello.

Ya veo…un triángulo amoroso—Por fin dejaba libre a la chica.


—Oye…niña ¿Estas escuchando? —tocó el hombro de la chica.

Kagome reaccionó cuando sintió aquel roce.

—No lo entenderías, nadie lo entiende—dijo con mucho pesar

— ¿Por qué ese tipo dijo que llorabas por mi culpa? Tú me conoces, ya no mientas más—

Kagome comenzó a caminar a grandes pasos para alejarse de aquel chico, no quería darle falsas esperanzas ni confundirlo aún más.

Bankotsu la agarró firmemente del brazo haciendo que ella lo mirara.

— ¡Habla! ¿Por qué siento que los conozco a los dos? —

—Él ya esta muerto, nosotros lo enterramos y tú…tú… ¡No eres él! —

El moreno se quedó paralizado cuando escuchó a la joven.

—No lo entenderías—susurró.

— ¡Explícame entonces! Si sabes quien soy yo, entonces dímelo—suplicó.

— ¡No lo sé! Apenas te conozco. —la joven estaba a punto de llorar.

— ¿Quién era él? ¿Quién esta muerto?—preguntó más calmado.

—Era mi novio—

— ¿Y te lo recuerdo cada vez que me miras? —

—Eres idéntico a él—

— ¿Es eso posible? —

Kagome meditó aquella pregunta y recordó todo lo vivido en la época antigua, cuando todo mundo la confundía con la sacerdotisa Kikyo, incluyendo el mismo Naraku.

—Tal vez—contestó cabizbaja.

—Bien…pues deja de hacerlo, yo no soy él—ordenó molesto.

—Lo sé—lo miró detenidamente, quería grabar su rostro en la mente.

—Deja de mirarme—ordenó al sentirse analizado.

—Lo siento—

—Sólo…sólo deja de hacerlo—exigió.

Ella sentía como si hubiera perdido una batalla contra Naraku, se sentía derrotada, así que decidió continuar su marcha.

Bankotsu la observó alejarse, ahora estaba más confundido que nunca, pero algo le decía que ese tipo sabía algo más y que esa chica estaba mintiendo. Miró al suelo y encontró los paquetes que esos dos llevaban, no podía dejarlos allí, así que los recogió.

— ¡Oye! ¡Espera! Olvidaste tus cosas—

Ella lo ignoró, no deseaba darle falsas esperanzas acerca de su pasado, tampoco quería enamorarse de una persona sólo por su parecido con Bankotsu, ese chico tampoco merecía ser tratado de esa manera.

Bankotsu la siguió en silencio, de esa manera mataría dos pájaros de un tiro, dejaría las compras de la chica y también encontraría el lugar y al anciano que lo había encontrado.

La observó subir las escaleras y corrió para darle alcance, notó que ella entraba a aquella pagoda, subió a la entrada del pozo y se lanzó a este.

— ¡No, espera! —trató de tomarla del brazo, pero no la alcanzó, abrió ampliamente su mirada cuando se asomó al pozo y este estaba vacio.

Continuará…

¿Qué tal eh? ¿Les gustó? Bueno espero que si, antes de despedirme quiero hacer un breve comentario acerca de Bankotsu del por qué habla un poco raro y que él viene de la época antigua y su forma de hablar es un poco antigua, no el japones antiguo, sino el que esta entre este y el moderno, bueno no quiero meterme en cosas de historia y lengua, soy mala para dar explicaciones.

Bueno quiero agradecer a las personas que apoyan las locuras de esta autora y ellas son: The most delicious poison, AllySan, Gata de la Luna, Miss Sixty Cullen, TIFF, Earanel, yumi-sora, Lucecita23, KANAME, Minako Uzumaki. Pero sobre todo, gracias AllySan.

Claro que continuaré con este fic, no se me desesperen, lo mismo digo con Laberinto de sombras.

Bueno, nos vemos pronto,

Besos.

Axter.