Ojos de luna

Encontrándome en mi balcón, observando lo que fue una vez mi prisión, lo que siempre ha sido mi obligación. Bella eternamente, taimada y paciente. Me recuesto sobre el suelo de piedra lisa, que, a pesar de ser tan frio, no me incomoda. No, solo deseo observarla más, observarme en ella y encontrarme nuevamente con mi yo.

Lo que veo hoy no es más que un reflejo oscuro. Nightmare Moon. Doliente de la noche, enemiga del sol. ¿Cuándo podré verte a los ojos nuevamente? Así, tan calmada como me encuentro yo ahora, me gustaría encontrarte. Mas mi deber me impide llamarte, pues te alimentas de sentimientos oscuros, no puedo permitir una luna sombría de nuevo, no después de mil años.

Sigo mirando el cielo. Esta vez las estrellas, rebosantes de energía, brillando desde una distancia inconmensurable. Casi haciendo un baile de gala con sus luces. Como si fuera yo su espectadora más querida. Ya desearía serlo, las estrellas seguirán bailando aunque no esté, aunque sea de día.

En mi admiración celestial vislumbro algo fuera de lugar. Me pregunto si es una estrella. Una que cae rápidamente. Eso parecía en principio, lo que mis ojos advierten no es un cuerpo celeste. Es un Pegaso, criatura mía, en aparente estado de inconsciencia, débil de alas, pero cayendo a una velocidad intrépida.

Mi cuerpo reacciona sin vacilar. Con la fuerza de mis alas trato de llegar ante el Pegaso que desciende. Logro envolverlo en magia. Inmediatamente, regreso a mi balcón con él. Casi sin pensar, lo suelto en mi lecho, lo observo y rodeo.

Cuando la lucidez hiso acto de presencia en mi consiente. Acudí a la duda para poder explicarme lo que había ocurrido, quiero encontrar las razones por las cuales aquel ser alado descendía de esa manera en mi cielo nocturno. Más no encuentro razón. La ciudad de los Pegaso no se encuentra bastante lejos de aquí. Para llegar a Canterlot con tan débil aspecto debió haber volado durante días.

Despertó. Como si mis pensamientos no le hubieran dejado descansar. Me detuve para observarlo calmadamente.

Melena marrón, muy oscura, crin negra sin arreglar, cola mal cortada y una cutie mark que se componía de una pluma sobre un libro apunto de amerar las hojas con su tinta. No parecía estar herido, al menos físicamente.

Abrió los ojos, igual de marrones que su melena. Los parpados reflejaban gran cansancio, pero ante mi presencia su mirada alarmante me dispuso en precaución.

Me habló. "Princesa Luna" Una voz suave que en inicio sonó grave.

Se observaba calmado. Como si estuviera consiente de su situación, al menos eso me gustaría creer, pues sus siguientes palabras fueron "Debo estar soñando" cerrando nuevamente sus ojos.

Cierto malhumor surgió de mi pecho, traté de comprenderlo. Es evidente que ningún poni esperaría despertarse en la habitación de una princesa, más al ser de noche y yo al ser la guardiana de los sueños no era una suposición tan ilógica. En contra parte, mis otros súbditos son más respetuosos cuando los encaro en el mundo onírico.

"No estas soñando Pegaso"

Al escuchar mis palabras, abrió los ojos inmediatamente, un espasmo sacudió su cuerpo entero. Luego, nervios, lo vi temblar como un pequeño poni ante sus pesadillas más atroces. No me otorgó el tiempo para inquirir en un aporte.

"Esto… no es un sueño…"

Desganado, levantó su mirada hacia mí, ofreciéndome una expresión que no podría adivinar ni aunque pasasen otros mil años. Decir duda era apresurado, decir temor era cruel, decir asombro era egocéntrico. Así que le ofrecí lo único que podía ofrecerle en aquel momento, una expresión de inquietud.

"Lo siento, no pretendía incomodarte"

Atento, a pesar de su reciente situación. Parecía organizar sus pensamientos. Otro silencio entre nosotros, no dejaba espacio para respuestas concretas, al parecer, tampoco para intenciones aclaratorias, pues, me vi envuelta en tratar de recordarlo, saber, si lo hubiese encontrado en noches pasadas durante mis labores.

No hubo respuesta afirmativa, no había nada. Como si se tratase de alguien ajeno, al menos a mí poder. "No eres de Equestria" Sugerí, pues necesito conocer sobre aquel Pegaso que aun reposaba en mi lecho. Aparentemente, no le incomodaba y, por algún motivo, a mí tampoco.

"Estas en lo correcto princesa. Soy de un lugar ajeno. Me permito presentarme…"

Como si de un acto solemne se tratase, al saltar de mi cama, inclinó su cuerpo con torpeza, diría que se encontraba aun en un estado de debilidad. Pero, no lo detuve, muy poco experimento aquella sensación de solemnidad en vigía. Sobre todo en mis propios aposentos. ¡Qué experiencia tan llenadora!

"Soy un poni observador, me gusta admirar las diferentes maravillas que ofrece este mundo. Ante ti, mi princesa, se encuentra Ramt. Nuevo en Equestria a pesar de mi aspecto."

Sin duda era un nombre foráneo. Me permití un momento más para alimentar el ego antes de pedirle que levantara su cabeza. Aun así, su presentación no era del todo concreta, era obvio, me ocultaba algo. Pero, he de reconocer su esfuerzo en alagarme para lograr desatenderme ante la situación, sin embargo, su propio concepto me hacía dudar de sus palabras, pues, no era incorrecto pensar la arrogancia que, aunque fuese mínima, también era notoria.

"Déjame dudar de tus palabras Ramt. Me conoces, al parecer bastante bien, inquiero en explicar la razón, más aun, en deslumbrar los motivos de tu presencia."

Dicho corcel, aquel Pegaso, era más grande de lo que percibí a primera vista. Casi hasta la altura de mis ojos. Guardó silencio, como si quisiera que nuestras miradas hablasen, ni siquiera esforcé en doblegar aquel ímpetu con el que se atrevía a buscar una debilidad en mí. Ni siquiera fue preciso el ordenarle que hablase.

"De donde provengo, muchos te conocen, conocen Equestria, conocen a tu hermana, la princesa Celestia. A demás, de muchas situaciones las cuales han sido previstas en esta tierra. Pero, no quiero alarmarte, solo espero que trates esta declaración como el simple delirio de un loco."

Estaba muy fuera de sí al pensar que aquellas palabras pudieran ser ignoradas. Es cierto que mi hermana y yo mantenemos equilibrio en este mundo, por lo tanto no es muy difícil el ser atendidas en otros lugares. Pero, por conocer los acontecimientos de aquí, realmente surgió un interés. Quería saber lo que él sabía.

"Me temo que eso no será posible. Insisto en la importancia de conocer más a detalle tu perspectiva, un loco no se encontraría ante esta situación con tal sosiego. No lo repetiré Ramt, quiero escucharte."

Parece que esta vez sí logré doblegarlo. Pues tanto sus orejas como su mirada bajaron. Estaba lista para atender toda circunstancia que surgiera por su parte. En cierto sentido, estaba inquieta.

"Cumpliré con tu demanda, princesa. Si en verdad deseas conocer mis circunstancias, bastará decir que este encuentro pudo haber sido causa de un sueño. Que por aquello mi último recuerdo fue recostarme en mi cama y desear con pasión encontrarme contigo. A continuación, desperté en este cuarto, asumiendo mí sueño realidad, pero con gran cansancio que trate de volver. Hasta que la insistencia de mi princesa relegó cualquier intención del mundo onírico."

Dichas palabras no habían hecho más que surgir dudas en vez de aclarar inquietudes. Ahora, nuestra conversación debería atender a otros hechos. El primero y principal, la razón por la que yo no pude percibir dicho sueño, además, de tener la certeza que esto fue obra onírica, significaría que los poderes que trajeron al Pegaso a este lugar, superan con creces los míos.

Me preocupé, me sentí débil, pero no podía dejar que él lo supiera dicha emoción. Aunque, le permitiría conocer mí no participación en este fenómeno. Estaba dispuesta a entrañar hasta el último rincón de su mente a ser necesario con tal de aclarar la mía, con tal de aclarar mi luna.

"No perteneces aquí, por tanto no soy tu princesa y no eres mi súbdito. Sea cual sea el poder que te trajo, aparentemente pertenece a tu mundo. Pues yo poder no tuve sobre ese sueño. Pero, lo que me inquieta, es tu razón para encontrarte conmigo."

No podía maquinar lo que llevó a este Pegaso para que surgiera el deseo de verme. Solo esperé, paciente, ante su respuesta.

"Quería ver a la luna directamente a los ojos. Tú, eres princesa, eres noche, eres Luna, la luna. Aquella que deseo presenciar cada noche, aquella que inspira mis actos y a veces mis cortos escritos, aquella que me embelesa en mis paseos nocturnos, aquella que deseo escuchar, acompañar y comprender. Por eso eres mi princesa, Princesa Luna."

No encontraría palabras para describir dicha sensación, quizás fuese emoción, alegría, compasión, pesar. No tenía idea, tanto era así que mi rostro esculpió una sonrisa sin razón, casi a carcajada. Lo observé, y, aunque sea difícil de creer, más que sus ojos marrones de un intenso oscuro, me observé, a su vez observé mis ojos dentro del reflejo. Tenía razón, soy luna, y hoy, por fin me observé. Observé mis ojos, ¡mis ojos! Ojos de luna, ¡ojos de Luna!