¡Holi!
Estoy modificando los capítulos antes de subir el quinto, solo van a ser unos detalles adicionales o descripciones más coloridas pero la historia sigue siendo la misma.
D. Gray Man NO me pertenece, no me pagan por escribir esto, bla, bla, bla…
Bueno, ¡Al grano!
Segunda Noche
Tyki y Kanda iban de bar en bar durante una noche lluviosa, la mejor idea que Tyki pudo tener para encontrar cazadores lo más rápido posible y con discreción. El peli azul traía un paraguas negro, que sostenía firmemente sobre su cuerpo para que no le cayera una sola gota de agua; el vampiro portugués en cambio, disfrutaba de mojarse bajo la lluvia en noches como esta.
Kanda estaba cansado, por haber pasado todo el día despierto; molesto, porque podría estar trabajando solo de no ser por el portugués boca floja y sobre todo sediento, fue una mala, mala idea saltarse la comida, se dio cuenta. Llevaba más de dos días sin gota de sangre fresca. En resumen, su mal humor iba de mal en peor.
Pronto estaban en otro lugar. Un bar solitario y descuidado. Los vidrios de las ventanas con forma de diamante estaban destrozados, seguramente por peleas de borrachos; el piso tenia el aspecto de no haber sido barrido en semanas, incluso había pedazos de botellas quebradas y varias cubetas bajo las goteras que había en el techo. Había tres individuos apostando en un juego de póker a mitad del lugar. A Tyki le pareció que el pequeñín del aura maligna iba ganando. ¡Maldición! ¡Él también quería jugar! Pero tenía que trabajar. Después podría desvestir a cualquiera.
A Kanda no podía importarle menos.
Había otro hombre llorando en la barra, tenía en las manos lo que parecía una cajita de esas que traen un anillo de compromiso dentro, totalmente borracho, exclamando babosadas al azar a la cantinera, quien solo fingía escuchar, respondiéndole "Si Hans, está bien" a todo lo que decía el desafortunado.
-¡Oye Kanda! Deberíamos tomarnos un descanso, ¿Qué dices? – Dijo Tyki con una inconfundible expresión de súplica. No estaba cansado… tenia flojera; pero, ¿Por qué no? El lugar parecía tranquilo y barato.
-Hmph. - Kanda dio su respuesta usual, dando a entender su apatía.
-¡Bien! - Exclamó Tyki alborozado, mas para si mismo. Ahora estaba caminando a la barra, marcando sus huellas en el sucio piso. Se sentó en un taburete, a dos lugares del ebrio, y pidió a la cantinera un whisky, quien le sirvió el trago y después rellenó el vaso del otro tipo. Después de observar a todos los que estaban en la mediocre taberna, Kanda le siguió y se sentó a lado de él.
- ¿Quieres algo, cariño? – Le preguntó la cantinera. Se trataba de una mujer mayor, algo arrugada, de baja en estatura con rizado cabello rubio artificial y ojos grises.
Kanda negó la oferta ladeando la cabeza.
-¿Estás seguro cariño? Hoy casi todo es cortesía. – Insistió la mujer.
-No gracias – Kanda respondió. Si la mujer volvía a llamarlo "cariño", Tyki iba a tener que detenerlo antes de que la tratara de cortar en dos con un cuchillo de cocina, porque olvidó traer a Mugen consigo.
Veinte minutos después, un par de tragos de whisky barato y Kanda siendo comido vivo por el aburrimiento, los dos dejaron el bar. El espadachín desarmado salió bajo su paraguas y ambos resumieron la cacería de cazadores.
Cuando llegaron a su siguiente parada, solamente Tyki fue capaz de entrar. No porque Kanda pareciera menor de edad, pero por sus agudos sentidos, la música de adentro estaba torturando sus oídos. Incluso estando afuera, la música a todo volumen le provocaba dolor de cabeza. Los sentidos de Tyki eran muy buenos también, pero sus habilidades le permitían elegir si las ondas sonoras de la música podían reventarle los tímpanos.
Kanda se quedó afuera del local, protegiéndose de la lluvia bajo el tejado de este.
Pasados pocos minutos de que Tyki entrara, un hombre de unos 2 metros de altura apareció frente a Kanda. La mayor parte de él estaba escondida en las sombras del callejón de donde salió, pero Kanda alcanzaba a distinguir la grisácea piel desnuda bajo una gabardina abierta de color obscuro, ojos sin iris y una paleta de caramelo que crujía entre los dientes de quien identificó como Skinn Bolic.
- ¿Qué coño haces aquí, lameruzo?(1)- Preguntó el japonés irritado.
- Es Skinn Bolic, Kanda. - Dijo bastante enojado. El inmenso vampiro odiaba ser llamado "lameruzo" y el peli azul estaba bien consiente de ello.
-Como sea, ¿Por qué estás aquí? Se supone que deberías estar en América. - Kanda repitió.
- Me perdí. - Skinn Respondió, como si estar perdido en un lugar totalmente diferente del cual debería estar fuera cosa de todos los días.
"Es un verdadero idiota", pensó Kanda. No era la primera vez que escuchaba eso del goloso cabeza hueca. Estuvo a punto de sugerirle al grandote que regresara al arca cuando el aroma a sangre invadió su nariz.
Skinn se acercó a Kanda, de manera que la luz de la ahora vacía calleja lo iluminara completamente. Kanda entonces supo la fuente del fuerte olor. El otro vampiro estaba bañado en sangre. No su propia sangre, pero de todas formas, la lluvia arrastraba el liquido carmesí del cuerpo de Skinn y aunque débil, formaba un rastro tras el enorme vampiro.
-¡¿Qué demonios hiciste?! – El vampiro de la cola de caballo preguntó, a pesar de que el shock le quebraba la voz.
-Acabo de cenar. Había un montón de humanos juntos en el callejón pasado. - Respondió. Después escupió el palito de la paleta. Tomo otra del bolsillo exterior de su gabardina y la puso en su boca para luego masticarla.
-Al menos los mataste a todos. ¿Cierto? - Controló su voz lo más que pudo. Kanda esperaba que Skinn tuviera el sentido común de haberlos matado a todos, dejar testigos estaba rotundamente prohibido; los testigos eran augurio de que habría un sacerdote o cazador pronto. No todo vampiro puede defenderse de uno, mucho menos vencer a uno. Era una manera de protegerse mutuamente como raza.
-Dos de ellos escaparon, pero las heridas no los dejaran vivir lo suficiente. - Dijo el inmenso vampiro a la ligera.
- Estúpido lameruzo, ¡Sabes que está prohibido dejar cualquier tipo de rastro atrás! - Kanda explotó.
- ¡Cállate! – Le gritó Skinn, al tiempo que lo tomaba por el cuello. Skinn lo azotó contra una pared del bar, y lo azotó de nuevo, y otra vez, y otra vez. Kanda no tenía la fuerza para defenderse. ¡Maldición! Si solo hubiera tomado algo de sangre antes de salir.
El goloso continuó azotándolo contra la pared, la cabeza del japonés sangraba, la pared de piedra de la tasca estaba manchada al igual que el piso. Hasta que un gran martillo golpeo al cabeza de azúcar y lo mandó volando al otro lado de la calle. Kanda cayó al frío suelo e hizo un esfuerzo por levantarse, el cual terminó a medias, pues solo pudo llegar a apoyarse en su antebrazo; la herida de la cabeza afectaba su visión, haciéndole ver borroso, y su equilibrio.
-Hi Ban: Gouka Kaijin. - Dicho eso, una serpiente de fuego surgió del martillo y golpeo a Skinn, quien no tuvo tiempo para levantarse del ataque previo y fue tragado por el vórtice de fuego, desapareciendo en las cenizas.
Kanda supo en ese instante. El cazador que tenía que matar era ese pelirrojo del ojo parchado.
Kuando el cazador lo vio, sus ojos (bueno, ojo, el otro estaba cubierto por un parche) lo escaneó de pies a cabeza con una expresión seria, casi fría. "Maldición, sabe que soy uno también", Kanda pensó lo peor, pero el fuego que se tragó a su compañero nunca llego. En lugar de eso…
-¡STRIKE!- El ojo del cazador tomó forma de corazón. Lo único que Kanda pudo pensar de momento fue "¿Qué coño?".
-¿La lastimó ese fenómeno, señorita? – Le preguntó el pelirrojo a Kanda mientras lo ayudaba a sentarse. El cazador seguía teniendo un corazón en lugar de un ojo.
-¿Seño… rita? – Kanda cuestionó, ciertamente enfadado.
- Eh, ¿¡Eres un hombre! – El pelirrojo exclamó sorprendido. Su ojo volvió a la normalidad y su cara se ruborizó.
-¿Por qué coño todo el mundo me confunde con una mujer?-Preguntó el peli azul, confundido, mas a si mismo que al cazador. – Si, ¡Soy varón! – Respondió en tono fastidiado mientras se presionaba la cabeza, podía sentir su propia sangre en su mano y nuca, ¡Joder, podía olerla! Invitándolo a lamerla de sus delos, pero no… el pelirrojo no debía enterarse de lo que era. Kanda luchó contra cada célula de su cuerpo para ignorar el embriagante néctar carmesí.
-Oh, perdón…- El cazador pelirrojo se sonrojo densamente. - …como sea, estas bie… maldita sea, ¡Te mordió! – El pelirrojo apunto a su cuello, incluida la estúpida expresión de preocupación. Kanda puso la mano que tenía libre en su garganta, abriendo sobresaltado los ojos al momento en que sintió más del cálido liquido en sus dedos. Pero no era una mordida; eran marcas de las uñas de Skinn penetrando su garganta. ¡Perfecto! Ahora solo tenía que seguirle el juego hasta encontrar una oportunidad de matar a ese cazador y secarle las venas.
-¡¿Qué… me mordió?! – Dijo aturdido. Apenas audible, como si no pudiera creerlo. La mano que aún sostenía sobre su cuello ahora estaba temblando, ejerciendo más presión sobre la herida causada por las uñas de Skinn. - ¡¿Qué era esa cosa?! – El peli azul fingió otra vez.
- Un vampiro. Puede sonar raro, pero existen. Mi trabajo es erradicarlos. Soy un cazador, me llamo Lavi. – el cazador dijo, sonriendo al final mientras se hincaba a su lado.
- Eso… debe ser… imposible. – Kanda dijo, demasiado pasmado y perdiendo fuerza en su voz. Yu no era malo actuando; la actuación era después de todo una de las más poderosas técnicas de ocultamiento de su raza.
-Deberíamos entrar. ¡Estás sangrando mucho! Por cierto, ¿Cómo te llamas? – El pelirrojo preguntó dulcemente.
-Kan… da. – Y así, el vampiro encubierto se desmayó en serio. Estaba más que exhausto, pero al final estaba cerca de completar su misión exitosamente.
- ¡No espera! ¡No te desmayes ahora, Kanda! ¡AYUDA!
Lavi detuvo al japonés de los hombros para que no cayera al suelo. No había nadie cerca para ayudarlos y era peligroso tener a alguien sangrando tanto donde había aparecido un vampiro hace unos momentos.
Debía hacer algo rápido.
Lavi cargó al hombre inconsciente sobre su espalda, lo cubrió con su capa de viaje para evitar que se mojara y corrió tan rápido como pudo. Tenían que llegar a un lugar seguro primero.
Tyki salió del bar, esperando ver a un Kanda molesto en la entrada. Al no ver al asiático amargado miró a todos lados y sus ojos terminaron postrados sobre el paraguas medio quemado, tirado en una esquina junto a una gran mancha de sangre fresca en la pared- La sangre de Kanda, se dio cuenta por el aroma- y también el débil olor a carne quemada. – ¿Ka… Kanda? – Nadie contestó. Trató de nuevo, un poco más fuerte esta vez. - ¡¿Kanda?!– Y de nuevo, nadie respondió. Joder. El portugués se preocupó. ¿Cómo le iba a explicar al Conde? Ese espadachín era un miembro especial del clan, no podía haber sido asesinado.
La lluvia se volvió más fuerte y a lo lejos, Tyki escuchó el estruendo de un relámpago.
(1) lameruzo es sinónimo de goloso... per realmente no quería usar esa palabra en los diálogos por que en el norte de México tiene un significado... un poco... distinto. /
Siento que ha sido un poco OC…
Comentarios, correcciones, tomates, balas, pulpos…¡DEJEN REVIEW!¡ Onegai shimazu!
¡Gracias X leer!
