Disclaimer: Todos los personajes de Osomatsu-san le pertenecen a Fujio Akatsuka. Yo solo los uso con fines de entretenimiento.

Pareja: KaramatsuxTodoko.

Sin más que decir comenzamos n.n


-¿A dónde me lleva señorita? No hay mucha gente por aquí, será acaso que usted quería pasar más tiempo a solas conmigo, eso me pone…

-Cállese antes de que lo aviente fuera del camino.

Por lo regular en la parte poblada del puerto no había mucha vegetación por lo que decidí traer al señor idiota a este lugar. En las afueras del pueblo se encontraban pequeña colinas cubiertas de abundantes árboles y flores. Yo venía muy seguido aquí ya que a pesar de que disfrutaba de bañarme en el mar, observar su hermoso color azul; la gente me molestaba muchísimo, era muy escandalosa. Es por eso que corría a estos lugares tranquilos, disfrutaba un momento de soledad, disfrutaba ser Todoko y no la princesita del Puerto de Minato.

-Bueno ya viste- me detuve de golpe y gire para verlo- aquí hay abundante flora y hierbas, pasto, cosas así. Me voy.

Caminé de regreso pasando por su lado.

-Espera- sentí que me tomaban la mano- Usted ya sabe que no soy de aquí y soy muy malo recordando el camino, siento que me perdería si volviera solo.

Gire mi cara para verlo a los ojos y decirle que se fuera mucho al carajo, sin embargo…él miraba hacia abajo; estaba avergonzado ¿Tan torpe es? Cuando subió su mirada para toparse con la mía vi algo que me dejo sorprendida; sus ojos eran color café oscuro así como la mayoría de todos los japoneses, pero, tenían algo especial ya que note cierto brillo azulado en ellos…pero…cómo…

-Que bonitos, tus ojos son de color rosa.

De pronto sentí mi corazón latir con fuerza, mis mejillas ardían como el sol que siempre iluminaba al mar. Desvié la mirada rápidamente.

-Estaré allí- señale un lugar un poco alto donde había una roca para sentarse- Avísame cuando termines- comencé a caminar en esa dirección. Ya cuando estaba un poco lejos de él, escuche un grito.

-¡Gracias!

-Idiota…-murmure aun sintiendo mis mejillas arder.

No importa cuanto tiempo había pasado, la vista desde este pequeño lugar era hermosa; desde aquí podía ver parte de la costa y el inmenso mar azul. Sentía que si me perdía de algún detalle que pasaba ante mis ojos era como si hubiera perdido algo valioso que el mundo de regalaba. Así era cuando niña, siempre me gusto admirar el mar desde este lugar, no bañarme en él, no sacar los regalos de que él nos daba…solamente admirar aquella belleza digna de una joya. El mar me gustaba demasiado.

Una pequeña ráfaga de viento hizo que desviara la vista un poco, notando como aquel chico seguía observando una planta de bambú mientras anotaba algo en una libreta que llevaba consigo. Él no era tan feo después de todo, los poco minutos que estuve aquí lo observe aburrida, viendo para que necesitaba tantas flores; lo único que hacía era vagar por el sendero anotando en esa libreta. Lo observe demasiado…su piel era del mismo tono que el mío, blanquecina, tal vez venga de Tokio o alguna ciudad al norte. Su cabello negro, su cuerpo bien formado; tal vez es igual a Karako y guste de hacer ejercicio…pero…lo que más llamó mi atención de él fueron sus ojos. Con un leve movimiento regrese mi vista al mar perdiéndome en aquel azul, igual que los ojos de aquel chico…un azul hermoso…

-Disculpa… ¡Wow! ¡Qué hermoso paisaje!

Me levante de golpe, el tipo había aparecido de repente.

-¡¿Qué haces aquí idiota?! ¡Te dije que me llamaras!- él me ignoro totalmente pues seguía observando el paisaje.

-Es hermoso.

Me quede callada, pues aquellas palabras me habían sorprendido. ¿Había alguien más que gustaba de aquel bello paisaje? En este pueblo era la única que le interesaba la belleza del mar, los demás solamente veían los peces que podían sacar y disfrutar del agua para refrescar sus cuerpos. Nunca me había topado con alguien qué se detuviera un instante para ver más allá de esas cosa.

-¿Lo dices enserio?- le mire arqueando mi ceja.

-Solamente mira ese hermoso color azul- note que sus ojos brillaban con ese peculiar color azul…estaba…emocionado. Soltó una carcajada y me miró.- Por si no lo sabía el azul es mi color favorito, siempre llevo una prenda de ese color- señalo su camisa azul que llevaba debajo de su chaleco negro.

- Ya veo- desvié la mirada hacia el mar.- A mi también me encanta el color azul.

-¿Ah?

-Si bueno…el azul del mar…es el único que me gusta- comencé a caminar de regreso balbuceando como tonta mientras sentía mis mejillas ardiendo por quinta vez en este día.

-¿Qué hay más allá?- me gire para ver hacia donde se refería. El miraba un sendero donde se notaba que podíamos ir más arriba de la colina.

-No lo sé, nunca he ido hacia allá.

-Deberíamos ir, de seguro hay algo hermoso- su mirada se cruzó con la mía, otra vez aprecie esos ojos hermosos que hacían que mi corazón latiera como loco. Desvié la mirada sonrojada ¿Qué hace para ponerme así?- Sin embargo ya está atardeciendo y no quisiera poner en peligro a mi hermosa guía.

-Si ya vámonos- me gire nerviosa para seguir caminando.

-Por cierto señorita, no sé su nombre.

Me detuve de golpe. ¿Por qué apenas se le ocurrió preguntar? Claro yo también no había preguntado, pero él debe de tomar la iniciativa; y ya la tomo pero…está bien. Respire profundo para armarme de valor y poder verlo de nuevo a los ojos, y hacer una presentación decente.

-Todoko Matsuko- dije sintiendo como hablaba rápido y mi voz temblaba; mierda.- Un placer- solté tímidamente.

El sonrió de manera dulce y extendió su mano hacia mi.

-Karamatsu Matsuno, el placer es mío.

Había cambiado, ya no era aquel tipo desagradable que conocí ayer en la playa; ahora parecía un chico muy lindo, agradable y hasta atractivo. Sus ojos eran amables y hermosos. Los sentimientos crecían en mi corazón, ese brillo azul pintaba mi pálido corazón como un pincel sobre el lienzo. Eso estaba mal…no…no lo estaba.

Sin apartar mi mirada de la suya tome su cálida mano apretándola de manera amistosa.

Todoko se estaba perdiendo en un hermoso mar azul llamado Karamatsu.

"Siento que puedo ir a cualquier lugar con tu mano junto a la mía."

-¡Volverás a ver al perdedor!- el grito de Karako casi me deja sorda.

-Pues…si, prometí mostrarle otros lugares del puerto- enrede mis dedos en mi cabello, jugando con aquellos mechones castaños que tanto me gustan cuidar.- Además, no es tan desagradable como pensaba…

Un silbido juguetón sonó por la bocina de mi celular.

-A Todoko le gusta el perdedor- la voz de mi amiga sonó divertida.

-¡No es verdad!- me levante de mi cama haciendo un puchero; como si Karako pudiera verme.- Bueno…tal vez…-comencé a balbucear como tonta otra vez, sintiendo mis mejillas arder al recordando aquellos ojos azules.- Lo único que me gustó de él son…sus ojos.

-¿Qué tienen sus ojos?

-Tienen un extraño brillo azul, me recuerdan mucho al azul que tiene el mar…

-¿Eh?

-Son hermosos- me deje caer en la cama; sintiendo como una sonrisa se dibujaba en mi rostro.

Todoko se iba hundiendo más y más en aquel hermoso mar llamado Karamatsu.

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¡Hola!

Aquí está la segunda parte de esta historia, espero que les agrade.

Muchas gracias a Shiro Honda OwO9 por su review, espero que te siga gustando esta historia.

Sin más me despido, que tengan un lindo día.

Y por ahora…

Sayonara. n.n)/