Aclaración, a partir ahora la historia sigue en presente. Es decir, la explica en primera persona Summer, la abuela de la chica del prefacio. De todos modos, al principio del capítulo especificare el punto de vista desde el que se explicara (poniendo el nombre del personaje y POV) porque es posible que mas adelante personajes diferentes sea los protagonistas de algún capitulo. ¿Tiene sentido todo esto? ¿O me explico fatal? jajaja

¡Otra cosa! Si me dejáis alguna review es posible que suba capítulo mas rápido de lo habitual. :)

Capítulo 1. -Sueños repetitivos

SummerPOV

Llevábamos justo una semana en Los Angeles.

Yo había empezado a trabajar cómo camarera en un bar en el barrio dónde vivía, lejos del centro, por supuesto. Los fines de semana de momento.

La jornada fue agotadora, por las noches siempre se llenaba, teníamos un espectáculo de baile de chicas ligeras de ropa que llamaba a todos los hombres de la zona. A mi el puesto de bailarina me lo habían ofrecido, pero jamas aceptaría. Así que, aquella jornada, cómo siempre, consistió en servir cervezas, whisky y chupitos de tequila, a mi siempre me invitaban, pero nunca me los bebía. No me encantaba mi trabajo, pero era lo único que había encontrado por el momento.

Cuando cerramos, Kim, una chica que también era camarera, me acompaño hasta casa. Era una suerte tener a una compañera cerca, las calles de la periferia de L.A no creo que fueran lo mas seguro del mundo.

En un momento estuve en mi cómodo y seguro pisito.

- ¡Hola! ¿Que haces todavía despierto? Mañana es lunes.- le pregunte a mi ojeroso amigo.

- Terminando unas cosas de la universidad.

- Buf… buena suerte. Yo me voy a acostar. Estoy agotada.

Unos ojos que me miraban. Unos ojos color chocolate, muy vivos, brillantes, que me comían.

Toda la maldita noche soñé con esos ojos. ¿Dónde los habría visto? En algún sitio tendría que haberlos visto para soñar con ellos. Y ya hacía varios días que el sueño se me repetía.

El ruido procedente de la cocina me despertó, las nueve de la mañana. Me levante porque ya no valía la pena seguir durmiendo.

- Buenos días por la mañana. Si que has madrugado hoy...

- Es que he vuelto a soñar con los ojos.- mi amigo ya estaba informado de mis reincidentes sueños.

- Van a volverte loca.

- Conozco esos ojos. Los he visto en otro sitio y no consigo recodarlo.

- Quizás solo es tu subconsciente…

- No. Tengo un presentimiento.

Aquella mañana iba a ser buena. Quizás. Tenía que buscar ya audiciones y un agente si quería convertir mi única vocación en una realidad. Por el momento no había tenido suerte y todos los agentes habían rechazado mi book de fotos y mi curriculum.

Rubén se fue a clase y yo aproveche para tomarme una ducha y vestirme con unos tejanos y una camisa de cuadros azules. Dispuesta a que fuera un día provechoso aprovechando que solo trabajaba los fines de semana.

Hacía una mañana soleada. Camine sin rumbo, en un principio, después decidí ir a una cuantas oficinas dónde había enviado cartas a agentes. Si tenían huevos que me dijeran que no me querían a la cara. Y así fue. La gente tiene mas huevos de lo que yo creo.

Caminando otra vez sin rumbo… paf. Esos ojos. Con el sol en ellos parecían mucho mas claros, avellanados. Esos ojos vivos de mirada curiosa. Allí delante. Existían, no solo en mis sueños. Deje de perderme en esa mirada para ver quien era el portador… ¡Demonios! Que mala suerte. El maldito Taylor Lautner era el dueño de esos ojos. ¿Había soñado repetidas noches con los ojos del jodido Taylor? Estaba gafada, o maldita… o simplemente tenía mala suerte.

Aunque estaba plantada frente a el, mirandole con una mezcla de embobamiento y sorpresa, salí corriendo. Algo me decía que corriera, todo lo lejos que pudiera.

Llegue a mi apartamento sin aliento. Había corrido todo el tiempo, por toda la ciudad hasta llegar a mi rinconcito acogedor en aquella gran ciudad.

No podía ser el. ¿Porque los ojos mas bonitos que había visto y con los que había soñado tenían que ser de el? Era imposible que pudiera ser mío. ¡Era imposible ni siquiera tener un contacto mínimo! Los sueños se cumplen en Los Angeles, si, pero solo los posibles. Cómo era una masoca, me pase lo que quedaba de día viendo películas de él. Era así de inteligente yo.

- ¡Estoy en casa! ¡Summer! Tengo cosas que explicarte.- por fin había llegado Rubén para llenar el vacío de aquella estancia.

- Yo también.

- Pues tu primera.

- Ya se de quien es la mirada de mis sueños. Esta mañana me los he encontrado por la calle, a los ojos me refiero.

- ¿Has encontrado en la calle al chico del sueño?

- Si, es catastrofico. Es Taylor Lautner.

- Espera… ¿Te has encontrado a Taylor Lautner por la calle? ¿Y que ha pasado? Yo me habría tirado a su cuello y lo habría violado allí mismo- mi amigo y sus comentarios. Yo le estaba explicando mi gran catástrofe y el solo pensaba en tirarse a alguien.

- Me he ido corriendo. ¿¡No lo entiendes! Estoy atrapada, no podré dormir por las noches por culpa de esos ojos, los cuales no voy a poder conseguir que me miren.

- Incorrecto. Esta mañana te ha mirado y tu has huido cual cervatillo asustado.

- ¿Que me tenias que explicar tu?- le pregunte para intentar cambiar de tema.

- Bah… ya no tiene emoción después de que tu te hayas cruzado con Taylor Lautner… mi historia se queda en la típica anécdota de chico conoce a chico, pero el primer chico tiene novio a millones de kilómetros.

- Aguanta. Piensa en Pablo.- Pablo era el novio de mi amigo, el cual se había quedado en su casa. No podía pretender que el pobre chico lo dejara todo para irse con el, eso solo pasa en los cuentos de hadas y en Disney.

- Si…- suspiro- ¿que quieres de cenar? ¿Pizza?- Rubén era un autentico comedor de pizzas profesional. En realidad no era profesional, pero estaba segura que ganaría cualquier concurso de comer pizzas que le pusieran por delante.

- Me apetece mucho.- y le sonreí, aunque no tenía demasiadas ganas de curvar la boca para formar una sonrisa.

Le ayude a hacer las pizzas, aunque a el le gustaba prepararlas, para mantenerme un poco ocupada y no pensar tanto. No pusimos la mesa, cada uno cogió su plato con sus respectivos trozos y nos tiramos en el sofá.

- Estoy reventado. Me iré pronto a dormir.- dijo mi amigo, para después dar un enorme mordisco a su ración.

- ¿Porque no vemos una película?

- ¿Es que no me has escuchado?

- Podríamos ver Titanic.- sabía que a eso no podía decir que no.

- Maldita, no deberías conocerme tan bien… sabes mis debilidades.

Nos pasamos el resto de las dos horas siguientes llorando, cómo si nos fuera la vida en ello y comentado todo el rato la pena que daba que Jack se muriera, con lo fácil que habría sido salvarse. Solo hacían ese maldito final para que lloráramos sin parar en esa noche de lunes. Conseguí mantener mi cabeza ocupada durante esas dos horas de llantos, pero la película termino y Rubén quito el dvd y comenzó a ir hacía su habitación.

- Tu deberías acostarte.- me aconsejo mi amigo mirandome con esa expresión de saber que estaba pensando.

- No tengo sueño.

- Te caes de sueño. Pero no quieres dormir por si sueñas otra vez.

- Eso es mentira. Ahora mismo me voy a la cama.- la verdad es que estaba muerta de miedo, no quería soñar con esos ojos, ahora sabría con quien estaba soñando. ¿Sería hora de ir a un psicólogo?

- Quizás ya no tienes el sueño… puede ser que solo soñaras eso porque no caías en quien era.

Me sonaba ridícula y poco probable esa explicación pero me tranquilizo un poco, lo suficiente cómo para tener el valor de meterme en la cama.

Martes por la mañana. Por lo menos ya había pasado la noche.

- Buenos días. ¿Que tal tus sueños?- me pregunto el castaño de mi amigo.

- Cómo ayer y antes de ayer y al otro…- si, había vuelto a soñar, su explicación de ayer no era acertada- solo que ahora lo veo a el y no solo a sus ojos. No se si es peor… o mejor. Pero no voy a poder olvidarme a este paso.

- Dios, son las nueve. Llego tarde.

Y salió corriendo con su mochila azul. Recogí lo poco que habíamos ensuciado de la cocina y me tumbe en el sofá. No tenía ganas de nada. Encendí la televisión, solo por hacer algo, no porque quisiera ver alguna cosa. Noticias, documentales… la televisión por las mañanas no valía para nada. Cogí una manta y me acurruque con ella en el sofá. Tenía sueño, era muy pronto, me sentía cansada, pero sobretodo… apática. Si, esa era la descripción exacta. ¿Que me pasaba? Me incorpore rápidamente. Aquello solo lo podía arreglar un capuccino y un croissant mixto del Starbucks. Me puse un vestido azul marino hasta las rodillas bastante ligero y una chaqueta de lana gris, por si hacía frío. Aunque he de decir que todavía lucia el sol en Los Angeles a finales de Septiembre.

A unos ocho minutos andando estaba el Starbuck mas cercano, al que había ido casi todos los días, incluso había una mesa perfecta al lado de la ventana en la que siempre me sentaba.

Entre en aquella estancia tan confortable y fui a pedir, al mismo chico que siempre estaba por las mañanas. Capuccino y cafe mixto, aunque el ya suponía que le pediría eso, espero a que yo le pidiera el pedido, por si acaso cambiaba mi gusto, pero yo soy una chica de costumbres. Camine con ese vaso tan característico y el plato en la otra mano hacía aquella mesa, pero me di cuenta que estaba ocupada, aunque el local estaba casi vacío. Tuve que sentarme en otro lado, aunque por supuesto elegí una de las mesas al lado de la cristalera, me gustaba ver pasear a la gente con esa prisa característica de las ciudades grandes. Saque el libro de Stephen King que me estaba leyendo y me acomode. Despegue los ojos de mi libro para tomar un sorbo del cafe cuando vi al ocupante de mi mesa predilecta. Otra vez el. ¿Que hacía allí? Me pillo mirandole descaradamente, se levanto y empezó a caminar hacía mi, con los nervios casi vuelco el cafe, menos mal que no se como conseguí cogerlo y ponerlo en la mesa a salvo.

- Hola otra vez. ¿Puedo sentarme?- preguntaron esos ojos que tanto había visto esa última semana, acompañados de una sonrisa enorme y mas luminosa que el propio sol. Yo asentí con la cabeza, sin encontrar la voz en mis cuerdas vocales. ¿Hola otra vez?

- ¿Otra vez?

- Si, ayer… en el centro.

- Ah si, lo había olvidado.- mentirosa. ¿Cómo puedes mentirle a esa sonrisa? Callate, estúpida mente.

- Yo no.- me quede muda, esperando que el dijera algo mas- bueno, saliste corriendo al verme, cómo si hubieras visto un fantasma. Las chicas suelen correr hacía mi cuando me ven, no en sentido contrario. Me resultaste divertida.- Así que era divertida, pues que gracia, yo lo había pasado fatal. En el momento en el que lo vi sentado en esa maldita mesa del Starbucks tendría que haber salido corriendo otra vez, ahora era demasiado tarde.

- Yo soy diferente a todas las demás chicas.

- ¿En el buen sentido?

- No se que quieres decir con buen sentido, eso es algo relativo.

- ¿Vives por aquí cerca?

- Quizás.

- ¿Que hacías ayer en el centro?

- Haces muchas preguntas.

- Lo se. Me resultas muy misteriosa.- Corre Summer, no caigas en sus trampas.

- Mejor si se queda en un misterio. Tengo que irme.

Y salí corriendo, sin darle opción a decir nada mas. Me encerré en casa, pensando en lo que había pasado. Aquello era demasiado para ser real. Aquello era demasiado peligroso para mi y mi maldita costumbre de amar sin razones, sin lógica, sin descanso, incondicionalmente, no podía amarlo cómo yo sabía amar, porque iba a salir despedazada. Mi móvil empezó a sonar, sacandome de aquellos pensamientos tan negativos.

- ¡Hola puta!- ese era Rubén no había duda alguna- ¿te vienes a comer conmigo? Estoy en la facultad solo, y me aburro…

¿Y que mas tenía que hacer? Me vendría bien salir un rato, hablar de cualquier cosa sin sentido y no pensar, sobretodo eso.

Después de recorrerme unas siete estaciones de metro, llegue por fin al maldito campus. Rubén me esperaba en la cafeteria.

- Me he vuelto a encontrar a Taylor. En el Starbucks. Y me ha estado preguntado cosas, como dónde vivo, etc… se acordaba de mi de cuando me lo encontré ayer en la calle.- explique a mi amigo sin mas preámbulos, sin tener siquiera que saludarle. Ese tipo de cortesías no eran necesarias entre nosotros, nos conocíamos desde hacia mucho como para venir ahora con protocolos.

- No conozco a nadie con mas potra que tu.

- No es potra. Estoy al borde de pillarme… sin tan siquiera conocerle personalmente.

- No es algo tan raro en ti, después de todo…- vale, en eso el tenia razón, yo era muy enamoradiza.

Nos comimos el menú de la cafetería. Sopa de primero y tallarines de segundo, con un flan de postre. Tipico menú. Después de eso decidimos ir a tumbarnos al césped, y allí estuvimos durante una media hora, absorbiendo la vitamina D.

- ¿Crees que te lo volverás a encontrar?- me pregunto este, haciendo que abriera mis ojos.

- No. Por supuesto que no.

Al menos eso esperaba, no podía tener ese tipo de suerte. Había gente que buscaba conocerle y no lo encontraba, y yo en una semana y poco en Los Angeles ya me lo había encontrado dos veces. Al final Rubén tuvo que volver a sus clases y yo hice mi camino de regreso a casa, sin ningún incidente.