Somehow
(De Alguna Manera)
A/N: Acerca de cómo se conocen Kagome e Inuyasha… lo verán más adelante en la historia.
Por cierto, realmente no tengo una explicación para los youkai en mi fic. Simplemente existen y coexisten con los seres humanos y ya. Aunque no creo que mencione a alguno que no sea Inu o Koga.
Capitulo #2: Reencuentro
Kagome abrió sus ojos de repente con un salto.
Se había quedado dormida en frente de la puerta, y ya el sol se había alzado en el horizonte. Al menos su abuelo tendría que estar despierto ahora.
Se puso en pie rápidamente y comenzó a mirar a su alrededor. No, su abuelo no estaba por ningún lugar cercano barriendo. Caminó un poco alrededor de la casa, pero ni siquiera Buyo estaba por allí. Volvió al frente de la casa y recordó que la llave estaba en el bolsillo de su falda.
Repentinamente, al buscar la llave se dio cuenta de lo sucia que estaba y pretendió limpiarse un poco sacudiendo su blusa y falda. Notó algunos raspones y moretones en variadas partes de su cuerpo,
La mayoría de esos raspones no tenían nada que ver con haber corrido de madrugada por la calle. La mayoría de esos hematomas eran un doloroso recordatorio de su error.
No quería pensar en ello, aún no podía entender cómo alguien a quien apreciaba y le tenía un gran cariño podía haberla herido tanto.
Finalmente sacó la llave del bolsillo de su falda y abrió la puerta de la casa.
"¡Mamá!" llamó, pero nadie pareció escucharla, porque no obtuvo ninguna respuesta.
"¡Abuelo, Souta!" intentó con los otros dos, pero tampoco respondieron.
Al parecer habían salido, lo extraño era que ella había estado sentada en frente de la puerta todo este tiempo, ¿No habían pasado la noche en casa? ¿Ni siquiera el abuelo, quien era tan terco para salir como una mula para iniciar un viaje?
"Pero, qué raro…" dijo Kagome en un suspiro entrando a la sala.
Aunque no hubiera nadie, el sólo hecho de encontrarse en su hogar la aliviaba; la hacía sentir bien, como en los viejos tiempos.
Subió directo hasta su cuarto y vio que todo estaba ordenado.
Todo estaba intacto.
En su armario se encontraba la otra mitad de su ropa. Y su despertador estaba en su mesita de noche, junto a su lamparita de lectura.
Su escritorio pulcro y todas las cosas en su lugar.
Exactamente como las había dejado cuando se mudó con Koga. Parecía que ni un alma había entrado hacía tres meses. Pero seguramente su madre habría entrado un par de veces para limpiar todo.
Sonrió nostálgicamente y decidió comenzar su día tomando un baño.
Así lo hizo y cuando terminó se puso ropa limpia y empezó a cubrir todos los raspones de su cuerpo pon banditas y vendas, de modo que la que quedó más visible era una que cubría un raspón en su pómulo izquierdo dos centímetros por debajo de su ojo.
Medio secó su cabello con su secadora y bajó a desayunar.
Estando en la cocina algo hizo un ruido, Kagome se detuvo un momento y empezó a ver en todas direcciones. Y al fin sus ojos encontraron el origen del sonido: Buyo, estaba atorado entre alguno de los almacenes de la cocina.
"¡Buyo!" dijo acercándose al obeso felino en problemas "te he extrañado mucho amigo." Lo ayudó a salir de allí y al terminar se dio cuenta de lo realmente hambrienta que estaba.
Cogió tres huevos y los rompió en una taza con cuidado mientras montaba una sartén con aceite en la hornilla.
Cortó algo de queso y jamón y los añadió al tazón con los huevos batidos y antes de que el aceite se calentara demasiado, vertió los contenidos de la taza en la sartén.
Cuando vio que la tortilla estaba lista, la colocó en un plato y la cortó por la mitad. Quizás había cocinado un poco más de lo necesario.
Cortó la esquina de una hogaza de pan y la añadió a su plato. Luego se arrodilló frente a la mesa y justo cuando estaba por coger con sus palitos un poco de la deliciosa tortilla que había preparado, sonó el timbre.
Miró el reloj de la cocina "7:20" leía el reloj.
¿Quién podría ser?
Salió de la cocina para abrir la puerta. Cuando la abrió vio que sólo era el cartero.
"¿Se encuentra el señor Souta Higurashi?" preguntó él sin siquiera molestarse en quitar los ojos de una tabla que sostenía en sus manos para mirar a Kagome y masticando goma de mascar de una forma que sólo una vaca o algún animal rumiante podría imitar.
"No," respondió ella gentilmente "pero yo soy su hermana, puedo entregárselo."
"Sí, sí," él suspiró entregándole la tabla a Kagome. "Firme aquí, por favor."
Ella tomó el bolígrafo suspendido de la cuerda atada a la tabla y firmó donde se le había indicado.
El hombre observó rápidamente la firma antes de recoger del piso una caja donde podría caber un libro mediano y pasársela a ella, quien la recibió con una mirada curiosa y confundida.
Al quitar sus ojos de la cajita misteriosa, descubrió que el cartero se había marchado. Cerró la puerta y subió al cuarto de su hermano y colocó el paquete encima de la cama.
De nuevo, se dirigió a la cocina para desayunar.
Y allí estaba, arrodillada nuevamente - una rodilla le dolía-. Casi podía saborear su desayuno cuando tocaron a la puerta.
Kagome envolvió sus palillos en una servilleta y trató de suavizar el gesto de molestia que cubría su rostro. ¿Ahora qué? Pensó mientras caminaba hacia la puerta.
Cuando finalmente abrió la puerta se encontró con un joven que bien podría tener veinte o diecinueve años con un sombrero y lentes oscuros.
"¿Puedo ayudarle en algo?" ofreció ella gentilmente.
"¿Usted es Kagome Higurashi?" preguntó el extraño con una voz seca y grave.
Viéndose en esta situación realmente no sabía cómo responderle, ya que hacía bastante tiempo que no vivía allí y la mayoría de las personas que la buscaban solían hacerlo a su departamento (que realmente no era suyo, sino de Koga, pero ella vivía allá).
"Eh…" después de meditarlo un poco decidió ir con la verdad, "sí."
El extraño tomó nota en una pequeña libreta que sostenía y la guardó en uno de los bolsillos laterales de su sobretodo. Luego registró uno de los bolsillos de su pantalón y sacó algo.
"F.B.I." dijo mostrándole la pequeña placa rápidamente, "¿Le importaría responder algunas preguntas?"
Sí, sí me importaría… respondió ella mentalmente mientras negaba con la cabeza y abría la puerta para que pasara.
El sujeto terminó de entrar y Kagome cerró la puerta tras él. Ambos tomaron asiento en el sofá de la sala. La tensión entre ambos podía pincharse con un tenedor.
El joven la miró antes de hablar, "¿Por qué lo hiciste?" preguntó directamente, soltando una bofetada virtual hacia ella.
"¿Qué?" ella no iba a escupir la sopa tan fácilmente.
"Tú sabes qué."
"No. La verdad no tengo idea de qué es de lo que está hablando." Realmente él no estaba siendo nada específico.
"Por supuesto que lo sabes. No es bueno fingir demencia, será tomado en tu contra en la corte."
"¿Qué? ¿De qué me está hablando? ¿Le importaría ser más específico?"
"Sí."
"Oh." ¡Por qué no me podía tocar un sujeto cuerdo!
"Como sea, ¿Por qué atacaste al infeliz animal?"
Culpa, miedo y sorpresa llenaron la expresión facial de la muchacha. No podía culparlo de que no estuviera siendo específico ahora, no podía inventar cualquier excusa, él seguro sabía lo que había hecho…
De repente una carcajada llenó el vacío que sus voces habían dejado.
Kagome miró con asombro y confusión al joven en frente de ella, ¿esto era una broma?
"Debiste- risas- debiste haber visto tu – risas- rostro. Eso fue genial- risas"
"¿Te estás divirtiendo?" preguntó ella ahora enfadada, por su puesto.
"¿Te parece que me estoy divirtiendo?" ésa era una respuesta llena de sarcasmo, pero familiar.
En ése momento, ésa frase, esa voz, él era…
"¡Inuyasha!" gritó Kagome, llena de alivio, "¡Inuyasha, eres tú!"
"Bien, supongo que hasta allí llegó la diversión." Él se quitó su sombrero dejando que su cabello cayera sobre sus hombros y retiró los lentes oscuros de su rostro permitiéndole a Kagome ver sus hermosos ojos dorados de nuevo después de más de un año.
Ella no pudo controlar el flujo de emoción que recorrió su cuerpo al ver a su amigo, en especial después de estos meses de sufrimiento, antes de tan siquiera pensarlo ya se había lanzado encima de él, envolviéndolo en un abrazo.
Inuyasha la había atrapado, y era extraño abrazarla de nuevo después de tanto tiempo sin siquiera hablarle.
De pronto Kagome se tensó en medio del abrazo. Él notó la rigidez que tomó su cuerpo mientras, poco a poco se separaban.
"Disculpa yo, yo no… disculpa." Empezó ella.
"No hay problema. Largo tiempo sin verte."
Ella subió su mirada y sonrió débilmente mientras bajaba la cabeza de nuevo. En ese momento él notó la bandita debajo de su ojo y escaneó su piel, en busca de pistas, de alguna información que ella no le pudiera dar.
"Entonces, ya lo sabes… lo de Koga."
Inmediatamente el rostro de Inuyasha se retrajo un poco, "¿Qué te hizo?"
"¿Qué te hace pensar que me hizo algo?" preguntó ella intentando evadir la respuesta.
Él la miró inexpresivamente durante algunos segundos y ella suspiró.
"Es alcohólico."
"Uh-huh. ¿Qué te hizo?"
"No quiero hablar de eso."
"No estoy preguntándote si quieres hablar de eso. Estoy pidiéndote que lo hagas, es por tu bien."
"Yo no, no me siento lista para hablar de eso con nadie aún." Ella se levantó del sofá escondiendo las lágrimas que repentinamente llenaban sus ojos.
"Pues no puedes retenerlo por mucho tiempo más. Ayer Sango y Miroku me visitaron. Ellos encontraron a Koga, con un puñal atravesándole el pecho. Pero él sigue vivo, por supuesto. ¿Tenías la intención de asesinarlo?" esto último lo preguntó seriamente, y con un tono de curiosidad algo notable en su voz.
"Sólo quería escapar de allí. Quería huir de ese lugar. Tengo que confesarte que no me importaría haber cometido un homicidio si así hubiere sido la única forma de salir de allí."
A él le dolía que esa niña inocente que había conocido hace casi ocho años atrás hablara y pensara de esa forma. Koga la había maltratado física y psicológicamente. La había acosado al punto de hacerla pensar que no tenía opción.
"Pudiste haber llamado a los muchachos. Pudiste haberle dicho a tu madre o incluso a tu abuelo. No tenías que esperar a que tu situación se agravara hasta el punto en el que alguno de los dos pudiese salir tan malherido. Pudiste haber recurrido a mí. Por mucho que deteste a ese idiota no me hace sentir mejor que te sientas de esa manera, ¿¡Cómo es que no notaste lo imbécil que era antes!"
"Basta," dijo ella, notándose en su voz las emociones que intentaba guardar en su pecho, reteniendo lágrimas "quiero que te marches. No me importa que vengas a hacer alguna de tus investigaciones policíacas. ¡Vete! No tengo que contarte nada. Diles que me rehusé a hablar o lo que quieras. Pero vete-"
"No. No me voy a ninguna parte, niña. Tengo una orden de vigilarte por las próximas veinte semanas. Y permiso para quedarme aquí, en el templo. Si vas a alguna parte, allí estaré yo."
"¿¡Qué! ¿Cinco meses? ¿No tienes algo más divertido que hacer?-"
"Para serte sincero, no…"
"¡Inuyasha! ¿Qué pasa con Kikyo? ¿Vas a dejarla sola por cinco meses! ¿O le dieron permiso de venir contigo también?" ella no notó el efecto del nombre que acababa de pronunciar en el joven con el que estaba discutiendo, por lo menos no inmediatamente, pero cuando ya el daño estaba hecho se dio cuenta de que su expresión había sido perturbada por al menos una décima de segundo. "¿Qué sucede?" preguntó ella.
"Kikyo, murió."
Kagome no supo cómo reaccionar ante esto. La atacó un escalofrío y automáticamente no pudo detenerse de decir: "¿Qué?" pero era un tono cargado de sorpresa y tristeza a la vez.
"Hace un año, en un incendio intentando sacar a una niña de un departamento. Cuando entré a buscarla, ya era demasiado tarde…" su voz sonaba nostálgica, como si en su mente se estuviesen reproduciendo las imágenes horribles de aquel incidente.
"Yo, lo siento tanto, no… no lo sabía, ninguno de ustedes me lo dijo antes…" ésa fue la gota que derramó el vaso. Sentándose de nuevo en el sillón no pudo ocultar las lágrimas que quemaban sus ojos y se escapan de ellos, rodando mejilla abajo. Medio intentó cubrirse y limpiarse con sus manos y se topó con la bandita. Qué amargura tan intensa le produjo el tener la sensación de que esa maldita banda no tendría por qué estar allí, todo era su culpa, ¿Por qué se había involucrado con ese sujeto? ¡Por qué! pedía su mente a gritos, ¡por qué he sido tan estúpida! Hundiendo su rostro en sus manos se le escapó un pequeño sollozo necio, lleno de rabia y dolor.
Inuyasha, al ser tan inútil como lo era frente a las lágrimas simplemente le ofreció un abrazo de consuelo que fue gratamente recibido por la muchacha.
"No importa. No tiene caso llorar. No lo sabías" aunque él no entendía del todo cómo podía causarle tanto sentimiento la noticia de saber que alguien que no trataba demasiado (por no decir con quien nunca se llevó bien) había fallecido. Probablemente era porque en ese momento ella estaba sensible, pero más inteligente era pensar que, como esta era Kagome, a ella le dolería bastante que incluso algún enemigo hubiese muerto.
Ella lentamente fue limpiando su rostro con sus manos y se alejó de Inuyasha para observarlo. Él había empezado a evadir el contacto visual y ella sabía que tenía que cambiar el tema, "Eh… ¿Dónde está tu equipaje?"
Repentinamente él la miró y se puso de pie. "Ah, está al lado de la casa, con Kalbi."
"¿Kalbi?" repitió ella queriendo que se le explicara eso.
Él se dirigió a la puerta, la abrió y silbó. En seguida, el San Bernardo salió corriendo de su escondite para aterrizar en los brazos de Kagome, ni siquiera ocupándose de mirar a su dueño.
"Kalbi, Kagome. Kagome, Kalbi. Conózcanse y ámense." Dijo él sin darle importancia al enorme perro mientras buscaba su valija.
"¡Ah, qué hermoso! Eres hermoso, verdad, muchacho, ¡Qué hermoso eres!" Kagome decía mientras acariciaba al hermoso animal.
Inuyasha se detuvo en el marco de la puerta a observar la graciosa imagen. Medio sonrió recordando tiempos antiguos con sus amigos. La vida era más sencilla.
Caminó un poco para apartar al perro de la chica cuando todos se paralizaron al oír otra voz que no le pertenecía a ninguno de ellos. Voltearon hacia la puerta y se encontraron con un asombrado Souta, seguido de la madre de Kagome y el abuelo.
Souta fue el primero en romper el silencio, "¡Hermanita!" gritó corriendo hacia Kagome para envolverla en un abrazo.
"Souta, qué gusto en verte." No estaba preparada para verlos, no estaba lista para decirles lo que había hecho. Sólo miraba a su madre y a Inuyasha, a este último como rogando la ayudara a salir de la situación en la que estaba, como si él pudiera retroceder el tiempo y detenerla de irse con Koga.
Entre los abrazos y las sonrisas se ocultaba el miedo, el temor. ¿Cómo le explicaba a su madre lo que había hecho?
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A/N: Amm… yo, yo lo siento taaanto. TODO es culpa de mi padre, ¡él formateó la computadora, y luego no servía el WiFi de la casa! Por favor perdónenme, se los ruego, les ruego me perdonen, perdí la mayoría de mis archivos y ya pasó más de un mes desde que subí el primer capítulo. ¡Cómo lo siento!… perdón :'(
Ahora… ¿Qué pensará la madre de Kagome al verla en casa sin su prometido (ya debería decirle exprometido, no?) en compañía de nada más y nada menos que Inuyasha? ¿Será capaz Kagome de decirle a su madre lo que ha hecho? ¿Dónde estaban el abuelo, la mamá y Souta? ¿Saben uds de dónde saqué yo el nombre Kalbi? Y una pregunta MUY importante:
¿Por qué Kagome se fue con Koga? ¿Ella realmente lo amaba?
Descúbranlo en el resto de Somehow…
Por favor, sigan leyendo, ¿si?
Cuídense,
Lyz.
