VERDADES A MEDIAS

El patético silencio no había durado más que para escuchar el tenue graznido de una gaviota que sobrevolaba el barco. Estaba seguro de que no le habría importado para nada que la dichosa ave le picara un ojo en ese preciso instante. Únicamente de esa forma, usaría uno de esos ridículos parches de los típicos piratas de los libros.

– ¡Demonios! – exclamó dando un puñetazo contra la pared – Lo sabía, sabía que esto sucedería algún día. Debí prever las consecuencias de esas malditas cartas y, en especial, debí amenazar antes a ese degenerado pedófilo para que no se atreviera a acercarse a Tomoe en lo que le restara de vida.

– Espera un poco, Souichi-kun. Una vez más, te estás adelantando a los hechos. Quizá te estés equivocando y…

– No hay modo de que esto sea un error. – afirmó de manera tajante – Definitivamente fue ese malnacido quien secuestró a Tomoe. Bien, está decidido: voy a preparar a todos para pelear contra el Himawari esta misma noche.

– ¡¿Eh?! ¿Te has vuelto loco? ¡Ellos son muchos más que ustedes!

– ¿Crees que eso me importa? – aseguró despreocupadamente – Además, es bien sabido que calidad viene antes que cantidad.

– ¿Cómo puedes estar seguro de que se trata de un secuestro? No dejes que se nuble tu razón por tus prejuicios hacia Kurokawa.

– ¿Eres imbécil acaso? Tú mismo lo has visto y, la verdad, yo no necesito más pruebas. Todo es demasiado evidente.

– Antes de que cometas un grave error, solamente quiero recordarte que tu hermano ya hace mucho tiempo que está enamo…

– ¡Ni siquiera lo digas! – frenó esas palabras con un gesto de asco – Tomoe es demasiado ingenuo, y ese desgraciado se aprovechó de su inocencia para engatusarlo y llevárselo.

– Oh, o sea que tú también crees que no se lo llevó a la fuerza, ¿cierto?

– Lo uno o lo otro es lo mismo para mí.

El obstinado pirata dejó la habitación de su hermano y ascendió raudamente hasta cubierta, mientras era perseguido por el astuto intermediario que ya conocía, de sobra, los arranques irracionales del otro. Solía fruncir el ceño más que de costumbre, echar humo por las fosas nasales y dar grandes zancadas; de no ser por la resistencia del pavimento, este hasta podría haber quedado marcado por las huellas de sus botines.

– ¿Qué vas a hacer, Souichi-kun? – inquirió temiendo lo peor.

– Hoy al Himawari le toca cargar combustible y provisiones.

– ¿E-Eh? – exclamó sorprendido el intermediario – ¿Hasta eso sabes?

– ¡Obvio! Tengo controlados todos los movimientos de ese maldito barco y de su depravado cabecilla.

Tras el famoso y potente silbido del capitán, los miembros de su escasa (pero leal) tripulación emergieron del interior en un instante, por temor a ser salvajemente castigados si no obedecían sus órdenes, por más absurdas que fueran, como sucedía en la mayoría de los casos. El intermediario observó cómo la retahíla de piratas se formaba velozmente frente al tirano, al mismo tiempo en que este último se colocaba el ostentoso sombrero escarlata sobre la cabeza cubierta, previamente, por una pañoleta verde.

– Souichi-kun, piénsalo bien. – insistió – Luchar contra el Himawari así de la nada te puede traer serios problemas. De casualidad podrías herir a alguien y…

– No soy estúpido, Isogai. Solamente trataré de amedrentarlo para que me devuelva a Tomoe sano y salvo. Eso será todo, no es necesario que hagas tanto escándalo.

El capitán miró de izquierda a derecha a su tripulación conformada por una quincena de personas, entre hombres y mujeres, y en un rango de entre dieciocho a treinta años de edad. Se suponía que casi todos poseían conocimientos básicos sobre combate cuerpo a cuerpo, lo cual era difícil de comprobar, dado que no habían tenido la necesidad de enfrentarse a ningún pirata bandido desde la época de Tatsumi Soujin. Más allá de este aspecto, Souichi se jactaba de contar (según él), con un experto en medicina, una reconocida chef y un especialista en cartografía. Los demás, si bien no tenían mayores estudios tal y como había increpado Taichirou, habían aprendido de todo un poco en esos últimos años a bordo del Hana. Y de más está decir que, dentro de toda su diversidad, compartían una característica inexplicable e inequívoca: una terrorífica fidelidad hacia su capitán.

– Gente. – pronunció de manera arisca.

¿Gente? ¿Es así como un capitán se dirige a su tripulación? Bueno, con tanto tiempo de conocerlo, ya no debería ni sorprenderme.

– La razón por la que los he llamado el día de hoy no es nada grata de anunciar; por el contrario, estoy hirviendo de rabia, así que escúchenme atentamente porque solo lo diré una vez: mi hermano Tomoe ha sido secuestrado.

De manera audible, pudieron oírse desde interjecciones que expresaban sorpresa y miedo hasta murmullos que comenzaban a especular sobre los posibles escenarios en los que habría podido ocurrir semejante eventualidad. A pesar del silencio roto, el capitán prosiguió:

– Por eso mismo, necesito que estén preparados para atacar al Himawari esta misma noche, ya que ha sido el maldito Kurokawa Mitsugu quien lo ha raptado.

Si la noticia del secuestro de Tatsumi Tomoe había caído como una bomba, enterarse del nombre del autor de dicho delito los paralizó. Peor aun, saber que tendrían que enfrentarse a una tripulación que les doblaba tanto en número como en fuerza, les hizo temblar hasta la médula.

– Tatsumi-san, n-no creo que el capitán Kurokawa se atrevería a realizar una acción tan despreciable. A-Además, sus hombres son muchísimos más que nosotros y…

– Vaya, ¿acaso estoy oliendo cobardía en tus palabras?

– L-Lo que dice Yamaguchi-san es cierto, capitán. No deberíamos meternos en problemas por una simple suposición…

Los ojos miel del tirano penetraron la mirada del que se atrevía a cuestionar sus argumentos. Valgan verdades, no era la primera vez que su histérico capitán salía con ideas paranoicas, en particular, cuando se trataba de alguien de su familia. Sus fieles seguidores estaban muy acostumbrados a sus arranques de ira, la mayoría de estos, infundados. Si bien, en algunas ocasiones, sabían que era mejor dejarlo ser y no tomar mucho en cuenta sus rabietas, había momentos en los que temían por su vida y preferían obedecer a rajatabla las inusuales órdenes del feroz individuo. Aunque muchas veces igual terminaban por acobardarse.

– ¿Y tú quién eres?

– ¿Ehhh? Capitán, hace años que me uní a ustedes, ¿hasta ahora no recuerda mi nombre? Soy Tadokoro Shouta.

– Si no te conozco, entonces no te conozco. ¡Ja! Lástima que tarde compruebo que, después de todo este tiempo, son una sarta de cobardes y desleales.

Con el punzante discurso, Souichi estaba casi convencido de que, como cachorritos arrepentidos, todos bajarían la cabeza y lo acompañarían sin rechistar. Al sentir cómo se intensificaba la inquietud en el ambiente, se cruzó de brazos y lanzó con impaciencia, al conjunto de piratas, la pregunta definitiva de esa noche.

– ¿Van a acompañarme o no?

El silencio absoluto fue la única respuesta.


– Malditos piratas… Ah, pero ya verán cuando les toque su salario. Si tengo que hacer esto solo, pues que así sea.

– Aunque sigas ignorándome de manera olímpica con tu monólogo dramático, te recuerdo que estoy yendo contigo para ayudarte, Souichi-kun. – espetó Taichirou descendiendo del pequeño bote del que se valía Souichi en casos de emergencia.

– Pero resulta que tú no eres útil en estas situaciones.

– ¡Claro que lo soy! Soy el único que puede evitar que lastimes seriamente a alguien. Recuerda que me debes muchos favores, y este es solo uno más de tantos.

– Sí, sí, lo que digas. – expresó de manera burlona.

– Agradece que esté dejando mis asuntos personales de esta noche para escoltarte y encima sin cobrarte un centavo.

– Prácticamente vives en mi barco, esa es suficiente paga.

Esa afirmación era bastante cierta, por lo que el acompañante decidió no responder, sino más bien, retomar el tema trascendente.

– ¿Ya ves? Te dije que tus hombres no estarían preparados para un enfrentamiento de esta clase. Incluso tienen la razón esta vez y lo sabes perfectamente. ¿Qué pruebas tienes tú de que Kurokawa fue el que se llevó a Tatsumi-kun?

– No las tengo, pero lo sé. – aseveró con altanería – Y te lo voy a demostrar pronto.

Una vez que hubieron terminado de desembarcar en la costa, Souichi amarró firmemente el bote al muelle. Cuando levantó la mirada, notó que, efectivamente y según sus previsiones, se podía apreciar, en todo su esplendor, el segundo gran barco más hermoso de los mares: el siempre elegante Himawari. Su nombre se debía a la fascinación de la esposa del primer capitán por los girasoles. Souichi solía burlarse de la ironía de que una embarcación tan despampanante como aquella tuviera el nombre de una flor, aduciendo que, seguramente, todos sus capitanes anteriores habían sido homosexuales justo como su actual capitán.

Sabía de sobra que la tripulación del Himawari representaba el doble de la suya, pero los números jamás lo habían amilanado en lo más mínimo. Asimismo, si bien ambos barcos compartían un pasado tormentoso lleno de atracos delincuenciales, ahora se dedicaban al comercio de comestibles, vestimentas, entre otros; por esa razón, el objetivo del tirano era solo amedrentar a la tripulación del infame Kurokawa Mitsugu.

Sin más ni más, Souichi divisó a un alto jovencito que se encontraba tomando nota de la mercancía lista para descargar. Sin pensarlo dos veces, se le acercó raudamente, lo tomó de la raída camisa y lo miró con rabia en los ojos.

– ¿Dónde está el idiota de tu capitán?

– N-No estoy autorizado para dar ese tipo de informa…

Las reacciones de miedo y sorpresa no se hicieron esperar. Luego del certero golpe en la mandíbula del pobre chico, bajaron unos tres hombres más, seguramente compañeros del que Souichi acababa de noquear. Al mismo tiempo en que lo auxiliaban, uno de ellos se enfrentó a su energúmeno atacante.

– ¿Qué estás haciendo? Si eres uno de esos piratas bandidos, te voy informando que…

– Uchida, no, no, no…

– ¿Qué te pasa, Toma?

– ¿N-No sabes quién es él?

– Pues, no; no he visto a este tipo nunca en mi vida.

Si hay algo que jamás debías ignorar (a menos que estuvieras preparado para morir en un par de horas), era la existencia del pirata más importante de los siete mares de la última década. Souichi era un hombre sumamente orgulloso de sí mismo y de sus hazañas; el ningunearlo de esa forma, por más que dicha acción careciera de toda mala intención, se pagaba con un buen escarmiento: un feroz grito o un doloroso golpe.

El furioso capitán se fue acercando lentamente, cual titán recién transformado, al muchacho que ya se había puesto de pie. Taichirou no podía hacer más que compadecer al novato e inexperto seguidor de su amigo Mitsugu.

– Pero qué irrespetuoso de tu parte no conocer al capitán Tatsumi Souichi. Ah, qué decepción, tendré que darte a ti también una buena lección.

– ¡Espera un momento, Souichi-kun! – exclamó Taichirou colocándose entre ambos hombres – No vas a ganar nada golpeando a los hombres de Kurokawa.

– ¿No estás viendo que me están negando al imbécil ese?

– ¡Es la verdad, Tatsumi-san! – dijo otro compañero desde atrás – Nuestro capitán se fue a resolver un asunto importante, incluso nos permitió descansar hoy. Es tan buena persona que…

– ¡No me interesa eso! ¡Ese tipo acaba de raptar a mi hermano! Saben lo que sucederá con él ahora, ¿no?

– Nuestro captain jamás cometería un acto tan infame. – soltó un joven con un marcado acento irlandés, pero se arrepintió segundos después al notar cómo el tirano avanzaba hacia él como un zombie come cerebros.

– Bien, entonces no se opondrán a que yo revise este maldito barco, ¿cierto?

Souichi fulminó a Taichirou con la mirada, y este no tuvo más remedio que acompañarlo. Uno que otro integrante del Himawari quiso intervenir para evitar la invasión, pero sabían muy bien que no valdría de nada hacerse el héroe frente al capitán Tatsumi. Si guardaban el secreto, todo estaría bien, ¿verdad? Después de todo, su capitán siempre había sido el reverso de la moneda si lo comparábamos con aquel déspota individuo que ahora ascendía las plateadas escaleras del gran Himawari.

– El capitán no debe enterarse de esto. – susurró uno en el oído de otro compañero.

Por más que tratase de ocultarlo, Souichi sería el más grande mentiroso si hubiera dicho que no se había inmutado al encontrarse, por vez primera, en el interior de tan majestuosa leyenda tangible como era ese barco. A medida que avanzaba, se iba dando cuenta de por qué la historia antigua y actual aseguraba que era un placer y un honor pertenecer a una tripulación que navegara en una embarcación como aquella.

El Himawari poseía un diseño único en su clase. Si bien era ligeramente más pequeño que el Hana, la distribución de los espacios, así como la aplicación de los colores, era ciertamente impecable. Cada detalle le daba ese toque de distinción que lo había convertido en el orgullo de cada uno de los capitanes que había tenido la dicha de poseerlo en su época.

Bajaron hacia los camarotes acompañados de un tal Nick, ya que su fidelidad y obediencia le impedía radicalmente traicionar a su buen capitán dejando que un desconocido violara la privacidad de su amado barco y, de paso, la de todos sus ocupantes. Apoyó una oreja en cada puerta que hallaba, pues era poseedor de un agudo oído, en compensación por su defectuosa visión.

– Como puede ver, Tatsumi-san, no hay nadie aparte de nosotros aquí hoy. Si desea entrevistarse con nuestro capitán, le ruego que regrese el día de mañana en la tarde.

– Y mientras tanto, ¿qué proponen que haga sin mi hermano, estúpidos?

Al no recibir respuesta alguna, el tirano emergió de la embarcación echando chispas y regresó al bote junto con Taichirou, quien hizo un par de venias disculpándose por el mal comportamiento del que consideraba su amigo, aunque su amistad no fuera correspondida del todo. Observó cómo el bote era desamarrado con fiereza, mientras que el sombrero pirata se estrellaba contra las tablas en evidente muestra de la frustración que carcomía las entrañas del joven capitán. Seguidamente, este se quitó también la pañoleta y agitó su cabellera, como si dicha acción fuera a darle alguna pista de cómo y dónde podría encontrar a su querido hermano.

– Rayos, en mala hora no le compré un celular a Tomoe. O, por lo menos, debí haber comprado uno para mí…

– ¿Me estás hablando en serio? – cuestionó estupefacto el intermediario – ¿En pleno siglo XXI, ni tú ni tu hermano usan celular?

– ¿Y qué querías que hiciera? – repreguntó ofuscado – Si le permitía tener uno, ese Tomoe se la habría pasado llamando y mensajeando al tipejo ese. ¿Entiendes mi decisión ahora?

Apenas hubieron subido al Hana, el frustrado jovencito se dejó caer en la fresca hamaca y comenzó a balancearse distraídamente con los ojos cerrados. Hacía esto cada vez que necesitaba encontrar respuestas o cuando simplemente tenía la urgencia de hallar paz en su ajetreado ritmo de vida. Su amigo a la fuerza se recostó al borde del barco, en silencio, mientras lo observaba detenidamente. Al cabo de unos minutos de reflexión, rompió el mutismo:

– Por cierto, Souichi-kun, ¿hace cuánto que conoces a Kurokawa?

– Pues creo que hace un año cuando, lamentablemente, tuve el desagrado de encontrar una de esas malditas cartas que el pedófilo empezó a mandarle a Tomoe y…

– ¿Y…? S-Souichi-kun, ¿por qué estás sonriendo como un demente?

– Porque se me acaba de ocurrir una idea fantástica. Primero, contéstame, Isogai, ¿por casualidad tienes una foto de Kurokawa?

– ¡Claro que no! ¿Qué me crees? – cuestionó indignado como cada vez que su hombría era puesta en duda.

– Ya, ya, pero al menos tú sí sabes cómo es físicamente, así que toma. – dijo extendiéndole un lapicero y un bloc de notas.

– ¿Para qué me das esto?

– ¿No es obvio? Necesito una descripción detallada de ese tipo: talla, peso, cabello, ojos… Ah, y no olvides sus gustos y los lugares que más frecuenta.

– Espera un poco, ¿me estás diciendo que nunca lo has visto en persona? ¿Qué pasó con eso de "Tengo controlados todos sus movimientos"?

– Sí, pero no es mi culpa que las caras de las personas me importen tan poco como para querer o poder recordarlas; especialmente, la de alguien como Kurokawa.

– Sabía que no eras nada fisonomista, pero esto sí que es el colmo.

– ¿Vas a ayudarme o no?

– Está bien, está bien.

Con cierta duda (y no es que fuera remordimiento), Isogai Taichirou escribió una descripción aproximada de su cliente y amigo. No estaba seguro de estar obrando de la manera adecuada, pero prefería seguir manteniéndose en el centro, como el intermediario conveniente que hasta ahora era. Además, no podía negar que esa situación se estaba volviendo de lo más divertida, y él tan solo deseaba ser el espectador número uno que ingresaba gratis al cine y que comía pop corn y chicha morada en la primera fila de la sala.

Ya bien entrada la noche, cuando todo el mundo hubo caído en el sueño profundo, y tras un agotador sermón por parte del iracundo capitán, este último volvió a desembarcar. Rato después, ya se desplazaba sigilosamente por las calles de Nagoya. Como era de esperarse, para no ser descubierto por nadie, había optado por disfrazarse. En primer lugar, había recogido bien su cabellera en una especie de moño, para luego cubrirla con un gorro negro; igualmente, se había vestido con las prendas más holgadas que guardaba en su armario y que, por cierto, jamás usaba: un pantalón, una camisa y un abrigo en tonalidades diferentes de marrón.

Observó el papel una vez más y, por fin, se detuvo abruptamente. Al parecer, había llegado al sitio que tanto había estado buscando en esa noche tibia. Tan solo de ver, desde cierta distancia, el aspecto del establecimiento y la clase de gente que entraba y salía de este, sintió náuseas.

Así que este es el lugar de mala muerte que frecuenta este pervertido, ¿eh? Juro por mi honor pirata que si se ha atrevido a traer a Tomoe a este antro de perdición…, ¡lo castro!


Hello, Jane is back!

Vaya, sí que me tardé en actualizar esta historia, pero necesitaba estar inspirada para traerles un segundo capítulo de calidad. Les recuerdo que este cuarto fanfic es mi primer AU de Koisuru Boukun, por lo que utilizaré lo mejor de mi inventiva para poder presentarles situaciones originales según mi propio estilo.

Estaré esperando sus valiosas opiniones sobre los sucesos de este capítulo.

¡Muchas gracias por leer!

Para el cap 3:

Pista: Alcohol

Pregunta: ¿Souichi podrá encontrar finalmente a Kurokawa?

じゃねぇ❣

**Jane Ko**