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El nombre del lugar no era mera casualidad ni un apodo al azar. Era el real y verdadero Castillo de los Lamentos, detrás del Valle de los Lamentos, situada al oeste del Mundo de los Fantasmas y las Apariciones, rodeada de monstruos marinos y olor a cadáver. Se entraba al Castillo cruzando el terreno o escalando unas montañas altas, que eran el mejor atajo.
El Valle de los Lamentos era un campo de almas en pena, un cementerio húmedo, oscuro y nauseabundo. Se conectaba a la laguna maldita por debajo de la edificación, en el centro. Atravesando obstáculos de película se hallaba el castillo tenebroso, pintado de azul oscuro y dorado podrido, recubierto de espíritus malignos y telarañas, que se presentaban sin falta ante los primeros invitados.
Yusuke fue el séptimo, seguido de Kurama y Hiei. Antes de llegar, tomando el camino de las montañas que era mucho menos asqueroso, se encontraron con varias fuentes de yoki, cuyo poder era más que decente para la ocasión. Ni el detective espiritual o el siempre informado Kurama sabían los nombres de al menos tres o cuatro invitados, esperando que la puerta se abriera para dar comienzo a esa extraña reunión.
Mientras Yusuke se alegraba por estar allí, el youko examinaba a los competidores desde lejos. Transcurrieron dos horas hasta que todos llegaron. Y con todos se reducía a doce demonios en total, ellos incluidos. Estaba de más decir que cada uno tenía su nivel de poder a un grado muy por la medida. Y que se contenían por pelear allí mismo. Se declaró que todos estaban presentes, o que ya era la hora, cuando las gigantescas puertas de acero, marca gótica, se desplegaron para darles la bienvenida.
Distante a los recién llegados y de lo más tranquilo en esa inmundicia, Hiei fue despertado por Kurama, indicándole que entrase. Yusuke fue el primero en dejarlos, ganándose la mirada odiosa de casi todos. Solo tres youkai traían acompañante. Por cómo se trataban, Kurama diría que un demonio con cara de cerdo prepotente venía acompañado de su esposa, una china bastante bonita que le miraba locamente enamorada; otro demonio, esta vez un obeso con cara perversa seguido de un viejo cuyo cabello se parecía al estilo de una flor negra, seguro su mentor; luego un hombre joven de cabellos blancos, mas afeminado que Kurama,, cargando una espada muy larga por su cintura, seguido de un niño castaño, que cargaba una cesta con manzanas frescas.
Los solitarios compensaban la falta de compañía con su prominente energía demoníaca. Cuando quiso averiguar más Hiei le dijo, soñoliento y fastidiado, que no debería molestarse, que al final todos serian personajes olvidados. Yusuke coincidió, alegando que importaba solo el oponente con quien fuera asignado, no los otros que resultarían tarde o temprano vencidos por otros.
Antes de decir cualquier cosa, en el interior del castillo, magnifico y lujoso por dentro, en medio de dos escaleras que daban a la izquierda y derecha del segundo piso, se difundió una luz azul cegadora. Nadie tardo en decir que era a causa de una presencia sobrenatural. Al poco rato apareció, rodeado de una luz menos intensa; Al Shikon. Con apariencia de veinteañero, cutis impecable y sereno, de lacios cabellos platinos hasta la columna, apenas abriendo sus ojos grises, fue el objeto de atención de todos. Vestía al estilo de la época japonesa de los emperadores, entre el rojo y el dorado, luciendo más como un rey que como un simpático dueño de casa.
- Bienvenidos al Castillo del Lamento.
"Vaya presentación", pensó Yusuke con ironía.
"No siento malas intenciones en su aura", se dijo Kurama, siempre atento.
"Más vale que aquí den de comer", pedía Hiei en sus adentros.
- Soy su anfitrión, Al Shikon. Tal como indique en el mensaje, las condiciones son regulares y las bases las mismas que en cualquier competencia serio. ¿Alguna pregunta?
- ¡Yo!- grito el demonio obeso- ¿Qué es eso del Deseo Absoluto en el mensaje?
- Pensé que lo preguntarían. Es un pedido de ustedes, su deseo, libre de prejuicios y cualquier regla, para que yo les cumpla. Soy capaz de hacer realidad el deseo de cualquiera, yo soy al que buscan cuando tienen metas imposibles. No lo malinterpreten, no soy un genio.
- ¿Cualquier cosa?- Volvió a preguntar el demonio.
- Totalmente libre. Pero eso no es lo que buscan aquí.
- ¿Y entonces que vinimos a hacer aquí?- Se hizo oír un individuo con armadura, a Hiei le pareció ver a Bui en el sujeto, pero este tenía altura promedio y una voz más sonora- ¿A demostrar quién es el más fuerte? No me gusta la idea de entretener a gente enferma.
- Oh, por supuesto que no. Vinieron aquí para ser reconocidos. Miren nada más. ¿Alguno se conoce personalmente o ha oído hablar del que está al lado? Tanto sacrificio para ser fuertes y superarse a sí mismos, y existen quienes son más respetados que ustedes. Yo cambiare eso. Con mi ayuda, tendrán una reputación formidable, tanto que su nombre llegara a los mismos cielos. ..También dije que habrían premios, aunque solo el ganador tendrá su Deseo Absoluto.
Los invitados no estaban convencidos de sus palabras, por más seguro y tranquilo que sonara.
- Siéntase cómodos. Entrar a este valle es sencillo, salir de él...
No hacía falta que lo explicara para que todos cayeran en cuenta que un campo de fuerza delimitaba la zona justo en esos momentos.
- Serán mis huéspedes especiales- exclamo Al Shikon con petulancia, alzando ambos brazos.
La aparición repentina de una mesa de comidas, asientos y sirvientes de traje, dio inicio la velada. Como era de esperarse, algunos se movieron directamente para la comida, en especial el demonio cerdo Soo, el obeso. El anfitrión desapareció en un instante fugaz, dejando a sus invitados con sus declarados sirvientes y el ofrecimiento de comida inagotable.
- Hiei, no seas imprudente- le reprocho el kitsune, tomando el plato que se había servido para examinarlo. Atrás suyo, Yusuke hacia oídos sordos a su consejo- Yusuke, ten cuidado.
- No creo que estén envenenados. Vamos a disfrutar esto.
- Se más serio- pidió, inútilmente. Hiei agarro el plato, mirándolo mal por habérselo quitado, y se fue a una esquina para deborárselo- Esto es demasiado sospechoso...
Los otros participantes del duelo también se acercaron, algunos suspicaces y otros con ansia de hambre. El único que no comió bocado de nada, ni de los cocteles que ofrecía la sirvientela, fue un hombre de voz gritona, con cola de caballo, cargando un arco y flecha, delatándose como el arquero, diciendo que "a él no lo engañaban ni seducían con banalidades",...La comida estuvo exquisita y no se traía nada raro, para sorpresa de Kurama y gozo de los demás.
En el Valle de los Lamentos era difícil saber si era tarde o de noche, porque el sol ni un solo rayo de calor entraba a esos terrenos, por lo tanto, Yusuke no supo qué hora era para llamar a Keiko. No obstante, para Hiei nunca hay horario y apenas acabo el postre se fue a dormir en el pasillo, a la vista de la competencia y Kurama, vigilándole constantemente.
La voz ya conocida de Al Shikon se oyó por todo el recinto, pidiendo la atención de todos los presentes. Se apareció en el segundo piso, mirándolos complacidamente.
- ¿Os agradaría empezar ahora?- Con esa pregunta lo decía todo, de tal forma que la tranquilidad y festividad quedaron en la nada- Afuera hay mucho espacio y... ¿Está durmiendo, en serio?
- Él es así- contesto Kurama, refiriéndose a Hiei, quien por poco fue atravesado por un hacha de no ser porque se trataba de una sombra suya. El verdadero Hiei estaba en la esquina contraria, observando aburrido el sitio donde estuvo antes, cuya pared fue víctima de la gigantesca hacha del hombre con armadura- Cuando crees que lo tienes...
- Puedo sentir que hay enemistades aquí- comento Yusuke, con los ojos puestos en cada monstruo- No me suena a un duelo por la victoria, sino a un duelo de rivalidades.
- Tu también- Apunto el guerrero a Yusuke- Tu cabeza será la próxima.
- Inténtalo, tipo de armadura. Estoy seguro que todos tienen algo contra mí.
- Ni que lo digas- suspiro el único albino allí, con la voz tan delicada, como de una mujer- Por tu culpa se ha roto la norma primordial y ser demonios ahora significa degradarse por los humanos.
- No me involucren en esas políticas. He venido aquí a luchar, no a hablar de leyes.
- El corazón joven no ha establecido sus fronteras para el camino de la vida- recito un joven alto, cabello gris y ojos verdes, vestido estrafalario y lleno de colores- Es un manjar de proeza la que siento junto a ustedes, señores.
- ¿Que tonterías dices?- replico Yusuke, sin entender a qué venia eso de repente.
- Soy un poeta. Mi nombre terrenal es Zakuroto, mientras que mi nombre espiritual es Shanti.
- No me importa cómo te llames o te hagas llamar.
- Señores- intervino Al Shikon- ¿Quienes desean ir afuera para un primer duelo? Debo advertirles que cualquiera que empiece ahora influiría después.
- ¿A qué se refiere con "influirá después"?
- Mas adelante lo descubrirán- respondió sin inmutarse, abriendo las puertas para salir a la intemperie. El escudo de fuerza continuaba allí, se notaba por lo nítido de su protección, pero había suficiente espacio, más que el necesario para una arena y dar lugar a un enfrentamiento- Me gustan los juegos. ¿Qué tal un sorteo?
Yusuke carraspeo por la elección, mientras Kurama observaba una entrada secreta por la que los sirvientes ingresaban con bandejas, rebosantes de utilería usada. Minutos después, con Al Shikon al mando, se anunciaron los dos primeros nombres que dieron comienzo al Duelo de la Victoria.
Los protagonistas del primer duelo fueron Soo, cuyo peso no lo hundió en el pasto de pura suerte, y un monstruo delgado, con aspecto de alga y completamente cubierto por una malla violeta, cuyo nombre no vale la pena recordar porque acabo perdiendo contra el vientre de hierro de su adversario, sin afectarle en lo más mínimo sus ataques con garras de acero. El perdedor quedo tieso y aplastado en el suelo, luego que el pesado y sucio ganador cayera encima de él a propósito.
Ninguno se desanimó en el segundo turno. Los nombres del arquero William, alias el "Gritón", y un youkai de naturaleza perruna fueron los siguientes: dieron una decente batalla que acabo en un empate. William grito todos los insultos del diccionario en inglés y el demonio can se fue debajo de una parrilla a descansar, agotado y oliendo a perro sudado. En cada pelea, Al Shikon miraba con vivo interés a los competidores, de una manera que todos consideraban normal de un sujeto que iba a otorgarles un título de honor a sus cabezas, excepto Kurama, quien tenía el fuerte presentimiento de que los estaba probando adrede.
A distancia, pudo saber que alguien más compartía su sospecha. Se trataba del andrógino que se hacía llamar Yui, conversándolo con su sobrino, el pequeño de la cesta de manzanas. Usando su habilidad de leer los labios, pudo saber que Yui hablaba del hecho de que no era nada al azar que dos demonios muy opuestos, como lo fueron los primeros en el duelo, que usaban su cuerpo como arma, se enfrentasen para probar superioridad. A su vez Shanti, el demonio poeta, murmuraba cosas para sí mismo, ya que no tenía a nadie al lado para compartir sus versos.
Las batallas de sorteo tomaron dos horas enteras. Todos eran excelentes candidatos para un título de renombre pero de una u otra manera acababan perdiendo o empatando. Al Shikon, fiel a su palabra, pidió a los vencedores que fueran a un lugar a reclamar su premio, fortuna pirata y mujeres pagadas, mientras que a los empatados los felicito como si hubieran ganado.
El arquero William quiso tomar revancha, insistiendo de que no estaba cansado a pesar de su visible aspecto extenuado por el esfuerzo, esta vez con otro contrincante, pero apenas dijo esto el anfitrión negó con la cabeza y lo rechazo.
- Es tiempo de receso. Han peleado cuatro hoy y estoy maravillado. Les sugiero seguir a los sirvientes para les indiquen sus habitaciones.
- ¿Habitaciones?- repitieron todos, atónitos.
- Claro que sí. Se quedaran en el Castillo del Lamento. ¿Pensaban pasarlo a la intemperie como perros? Sin ofender, señor Toui- agrego, refiriéndose a un invitado que lo miro mal- Mañana continuamos. Tómense la noche para descansar.
Desapareció, no sin antes dejar un rastro de su brillante color tras de él.
- ¿La noche?- se preguntó Yusuke, mirando el cielo que en ningún momento había cambiado de color, ni de brisa.
- ¿Dentro de este castillo?- A Kurama eso no le daba seguridad.
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A más de uno le sorprendió el tipo de habitación que les fue elegida. Hasta el orgulloso arquero quedo sin habla (o al menos, no grito una silaba) mientras los demás se jactaron eufóricos por el cuarto amplio y lujoso que les dieron. Existía un cuarto adherido para acompañantes, curiosamente con acceso directo entre ellos. Estas fueron para el demonio cerdo y su esposa, quienes se lo tomaron de distintas maneras, a él le pareció muy adecuado para sus exigencias de lujo y extravagancia mientras que a ella no le gusto que la tirara al otro cuarto, lejos de su lado, porque quería catalizar su energía para el día siguiente.
Otro cuarto similar se le asignó al dúo de aprendiz y maestro, que habían estado callados todo el rato, antes y después del duelo, incluso en el festín ni se hablaron entre ellos. El siguiente fue para el demonio Yui y su sobrino, quien no dejo dormir a su tío por las tantas cosas que comenzó a decir, alabando sin fin el trato especial, en tanto el demonio con voz de mujer se devoraba cinco manzanas de la cesta.
En un cuarto casi tan esplendoroso como el de ellos, de detalles antiguos y mucha estética oriental, Kurama le tendía frutillas a Hiei por la boca, acomodado sobre su regazo, luciendo una expresión relajada, con las piernas flexionadas.
- Ni el hotel de cinco estrellas al que fuimos por el Torneo Oscuro nos trató así- comento, distraídamente.
Hiei apenas abrió un ojo para ver la caída de esas suaves hebras rojas, llegándole a la cara.
- Sueles tener ideas conspiradoras sobre lo que sea.
- No soy el único que piensa así.
- Eres el único que piensa en trivialidades.
- ¿A qué te refieres? ¿No te preocupa?- Cogió otra fruta y la paso tentativamente por la boca del Jaganshi, manchada de rojo frutilla- Pueden estar observándonos justo ahora.
- Mi Jagan puede ver más allá de ese débil campo de fuerza. Tampoco me preocupo porque de todas maneras sucederá. Ya sea si este es una competencia de verdad o solo una pantalla para encerrarnos a los más fuertes en una trampa, no importa. Ese tipo se delatara o lo descubriremos, después lo solucionamos.
- ¿Y cómo lo solucionaremos?- le pregunto con curiosidad, pasando la mano libre por su cabellera de estrella.
- ¿Falta decirlo?- Hiei palmeo la funda de su espada sutilmente- Cortando por lo sano.
- No te falta originalidad.
Sin llegar a ningún acuerdo, quedaron en silencio y permanecieron en la misma posición. Hiei a veces parpadeaba o movía la cabeza de lado mientras el zorro divagaba por su corta cabellera, buscando la contextura más suave, lo que ocasionaba que acabara pasando por su frente, rozando la venda del Jagan. Solía preguntarse si Hiei sabía que su tercer ojo brillaba cuando lo tocaba, porque siempre que se le ocurría besarle en esa zona el demonio se quejaba de que le ardía. Acariciarlo con la punta de sus dedos era un secreto implícito.
- No sabemos cuánto tiempo tenemos hasta que te llamen. Aquí no hay nada que indique si es de día o no.
- Conozco ese tono. ¿Que vas a hacer?
- Indagare. He visto a los empleados usando puertas secretas, no es algo nuevo tener entradas y salidas de ese tipo en un lugar así, pero no está de más investigar hasta donde llega la privacidad.
- Ese Shikon desaparece y reaparece donde sea. Te descubrirá.
- Yo me encargare- Sonrió enigmáticamente, a lo que su compañero abrió ambos ojos para mirarlo- Sera como en los viejos tiempos.
- ¿Robaras algo?
- ...Depende- contesto con una sonrisa traviesa- Este castillo debe tener posesiones tentadoras.
- No hables como Youko. Suenas loco cuando lo haces.
Le entrego la última frutilla con un ademan cariñoso, lo beso fugazmente y se separó, decidido a saber más de la situación en el castillo. Justo cuando salía de la cama, de sabanas extremadamente finas, la puerta fue abierta de golpe, con el detective espiritual detrás de ella.
- ¿Dónde están los modales para tocar la puerta?
- Me dijeron que aquí estaban- Yusuke ignoro el reproche, entrando a la habitación, sin sorprenderse por la decoración. Seguro su cuarto era igual- ¿Interrumpo algo?
- Iré a investigar. ¿Me acompañas?
- No lo creo. Sabes que llamaría mucho la atención, todos tienen los ojos sobre mí, esperando matarme sin duelo.
- Entonces, iré solo. ¿Y qué te trae por aquí?
- He hablado con Keiko hace un rato. Dice que a Kuwuabara no se lo ve por ningún lado.
- No me digas...
- Estoy seguro que tratara de entrar aquí.
- Kuwuabara no es así.
- No, pero...- Se acercó a Kurama y le susurro en la oreja:- Keiko me dijo que Kuwuabara estaba hablando solo sobre los privilegios y seguridad que poseería si tuviera un título en el Makai. Imagínatelo. Si Kuwuabara se vuelve el Amo o Dios de que sé yo, de los idiotas más feos tal vez, entonces nadie se atrevería a tocar a Yukina si esta con él. "Créate fama", como dice el dicho.
Se separó y el pelirrojo suspiro, incrédulo.
- ¿De verdad piensas que Kuwuabara vendría hasta acá solo por su orgullo herido?
- Es un tonto- contesto, como si eso lo resumiera todo- Estaré vigilando, desde mi cuarto, la entrada por si llega.
- Yusuke, recuerda que hay otras entradas. Puede estar en cualquier parte. Ahora que lo pienso no hay guardias sino sirvientes, podrían hallar a Kuwuabara antes que se aparezca por aquí. No sabemos cómo reaccionaría nuestro anfitrión con un humano no deseado.
- Si me lo encuentro primero, yo lo arreglo- dijo Yusuke, despreocupado- Aunque, si te lo encuentras por el camino...
- Te aviso.
- Bien. Por cierto, ¿Que acaso esta habitación no es compartida? No veo una segunda puerta.
- Es una habitación única.
- Que curioso- A Yusuke le genero más gracia que suspicacia la idea- Supongo que yo y Hiei nos quedaremos hasta que regreses. Este lugar es como un laberinto.
- Háganlo- declaro, dando por concluida la charla para salir por la puerta que Yusuke dejo abierta.
Una vez a solas, el moreno miro hacia el relajado demonio en la cama, que pretendía dormir para no dirigirle la palabra.
- ¿Sabes que le pasa a Kurama últimamente? Lo noto extraño.
- Hn- Hiei se sentó contra la cabecera al no tener el regazo de Kurama como almohada, buscando otro pote de frutillas en la mesa de luz- Su instinto está emergiendo.
Yusuke lo miro, atónito.
- ¿Youko?
Hiei carraspeo y no le dijo nada.
"No, su afición a controlarlo todo"
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