Los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Yo juego con ellos.

Disfruten.


Dudley, temeroso, se dirigió con lentitud hacía donde Albus Dumbledore, ignorando la mirada enojada de su padre y la de indiferencia de su madre. Harry, en tanto, esbozó una sonrisa.

Una vez que estuvo en la tarima, se aclaró la garganta y comenzó a leer.

El Prisionero de Azkaban

Las miradas de todos se dirigieron a Sirius Black, conscientes de que él sería el centro de atención durante el trascurso de la lectura. Y lo que era mejor, descubrirían si él era culpable o inocente de las cosas que se le acusaba, pero para eso tendrían que esperar algunas horas.

Sirius, en tanto, se frotaba la sien. Había varias cosas que le molestaban de ese año, partiendo por los sustos que le hizo pasar a su ahijado y finalizando en esa rata traidora, la cual detestaba y aborrecía desde el fondo de su alma. No obstante, una sonrisa apareció en su rostro luego de pensar aquello, ya que se sentía alegre de que al fin se demostrase su inocencia. Él estaría aguardando impacientemente el momento en que el queridísimo Ministro de Magia se levantase de su asiento, le ofreciera una gran disculpa y mandase a redactar un documento oficial donde se le comunicase a la comunidad mágica el grave error que habían cometido enviándolo a aquella prisión sin haberle hecho un juicio. Así él podría andar libremente en público y, lo que más le importaba, comportarse como al autentico tutor de su ahijado; Harry Potter.

Remus, en tanto, esbozaba una gran sonrisa en el rostro. Su querido amigo Canuto al fin podría demostrar su inocencia, lo cual había deseado desde que lo acusaron y encerraron en Azkaban. Él estaba seguro que nadie podría negar lo que se leyese en el libro, porque todo era una gran prueba contundente de ese hecho. Y lo más importante, ya no se andaría escondiendo como un prófugo. Él esperaba con tranquilidad el momento de la verdad.

—Se demostrará toda tu inocencia, querido amigo— le habló Remus, sonriendo.

—Lo sé, Lunático y es lo que siempre quise demostrar y nunca pude— los ojos de Sirius brillaban de emoción, de alegría. No se parecía en nada a la persona que llegó al inicio del primer libro—. Pero ahora gracias a estos libros, a Harry y sus amigos, todos se darán cuenta de la verdad.

El animago le sonrió a su ahijado, Ron y Hermione. Los tres esbozaron idénticas sonrisas dirigidas a Sirius. Y mientras eso sucedía, Molly, Arthur, Bill, Charlie y Tonks miraban radiantes a Sirius.

—Señor Ministro— dijo, entonces, Harry, captando la atención del comedor—. Usted tendrá muchas cosas que explicar cuando se lean ciertos pasajes del libro y al final, quiéralo o no, deberá comenzar a pensar qué cosa hará con respecto a la libertad de mi padrino.

Fudge sacó un pañuelo y se lo pasó por el rostro, demostrando de esa forma lo nervioso que se sentía por aquel asunto si se demostraba que Sirius Black era inocente. Snape, en tanto, fruncía el ceño, evidentemente enojado. No obstante;

—¡Libertad! — siseó Umbrigde—, ¡Están dementes! ¿O es que acaso olvidan lo que este hombre— apuntó a Sirius— ha hecho?

Muchos se estremecieron, recordando todo lo que se hablaba de Sirius Black. Sin embargo, sabían que tarde o temprano se aclararía todo el asunto.

—Quiere callarse—gritó Harry, mirando con furia a la profesora—, usted no sabe nada sobre lo que pasó, se basa en rumores que nunca fueron verídicos.

—¡Rumores, Potter! — rodó sus ojos Dolores—. Me baso en los hechos concretos, en los testigos que aseguraron que fue Black el que mató a aquellos Muggles y a su amigo, no en fantasías como presumo que tú lo haces.

Harry se incorporó enrabiado, pero Ginny jaló de su túnica y lo obligó a sentarse. Él la miró confundido, no entendía el motivo de su novia para que lo detuviese. Ella, entonces, apuntó a Sirius, quién exhala e inhala agitadamente.

Harry quiso detener lo que vendría, sin embargo, no pudo.

—¡No son fantasías! — rugió Sirius, con los ojos relampagueando de enojo.

Varios evitaron hacer contacto con los ojos del prófugo, mientras la gran mayoría contenía la respiración.

—Lo son, porque la verdad es la que toda la comunidad mágica sabe— sonrió Dolores, parándose de su asiento.

— La verdad — gritó Sirius—, es algo siniestro y oscuro. Usted no tiene la más mínima idea porqué razón fue que aquellos testigos aseguraron haberme visto matando a esos Muggles y ni siquiera sabe qué clase de traidor y malnacido es Peter Pettigrew— escupió el nombre como si fuese veneno—. No comente de lo que no sabe, no tiene derecho alguno de hablar, ¡Entiende lo que digo! — terminó de decir, apuntándola con la varita.

Umbridge se quedó callada, horrorizada por ser apuntada por aquel hombre. Sin ser consciente, retrocedió hasta caer sentada en la silla.

Nadie hablaba o decía algo, porque no esperaban la reacción de Sirius Black con respecto a la persona que había matado.

—Es suficiente— habló Albus serenamente—. En vez de discutir las cosas antes de tiempo, deberíamos comenzar a leer, ¿no lo creen? — todos asintieron—. Entonces, joven Dursley, puede comenzar con el capítulo.

Dudley se volvió a aclarar la garganta y comenzó a leer.

Lechuzas mensajeras

Harry sonrió abiertamente, recordando aquella magnífica noche en la cual por primera vez en su vida se había considerado un chico normal. Eso para él, en ese entonces, había significado un gran cambio.

Los demás lo miraban confundido, preguntándose la razón por la que Harry sonreía de aquella manera; pero luego se dieron cuenta que en el trascurso de la lectura del capítulo lo sabrían. Le hicieron, entonces, un gesto a Dudley para que siguiese leyendo.

Harry Potter era, en muchos sentidos, un muchacho diferente.

—No hay duda de aquello— le sonrió Neville.

Harry agradeció el gesto con una leve inclinación de cabeza.

Por un lado, las vacaciones de verano le gustaban menos que cualquier otra época del año;

Dudley detuvo su lectura y miró a su primo con una expresión de tristeza, ignorando que la gran mayoría se había girado en dirección de sus padres en evidente estado de enojo y repulsión.

Para él no sería fácil leer este tipo de partes porque le demostrarían una vez más lo cruel que fue con Harry al privarlo de tener unas vacaciones placenteras como la gran mayoría de la gente. Suspiró, pensando que esa era una de las tantas cosas que tendría que arreglar. Luego, volvió a aclararse la garganta y siguió leyendo.

y por otro, deseaba de verdad hacer los deberes,

Fred, George y Lee negaron con la cabeza, pero no dijeron nada.

pero tenía que hacerlos a escondidas, muy entrada la noche.

Minerva, Sprout y Flitwich sonrieron abiertamente.

Y además, Harry Potter era un mago.

—No me digas— ironizó Fred, rodando los ojos y haciendo un gesto de impaciencia.

—Eso ya lo sabíamos desde hace bastante tiempo — rió George, imitando los gestos de su hermano.

Harry bufó, al tiempo que la gran mayoría reía por lo bajo. Dudley, en tanto y con una pequeña sonrisa en su rostro, optó por seguir leyendo.

Era casi medianoche y estaba tumbado en la cama, boca abajo, tapado con las mantas hasta la cabeza, como en una tienda de campaña. En una mano tenía la linterna y, abierto sobre la almohada, había un libro grande, encuadernado en piel (Historia de la Magia, de Adalbert Waffling).

Los profesores, nuevamente, sonrieron ampliamente. Mientras tanto, Fred, George, Sirius y otros tantos hacían una mueca de desagrado.

Harry recorría la página con la punta de su pluma de águila, con el entrecejo fruncido, buscando algo que le sirviera para su redacción sobre «La inutilidad de la quema de brujas en el siglo XIV».

Vernon y Petunia bufaron, ¿inutilidad de la quema de brujas?, ¡Qué tontería! Pensaron, rodando los ojos.

No obstante, su bufido había sido tan fuerte que muchos entrecerraron los ojos o rieron por lo bajo.

Todos sabían que no hubiesen hecho eso si hubieran sabido lo que significaba esa quema de brujas. Suspiraron y le hicieron un gesto a Dudley para que siguiese leyendo. El hijo de los Dursley asintió, pero con el leve presentimiento que no le gustaría para nada lo que leería a continuación.

La pluma se detuvo en la parte superior de un párrafo que podía serle útil. Harry se subió las gafas redondas, acercó la linterna al libro y leyó:

Inconscientemente, Vernon y Petunia se acercaron al libro; pero no por curiosidad sino por leer la estupidez de esa quema de brujas.

En la Edad Media, los no magos (comúnmente denominados muggles)

Las miradas de todos se dirigieron a los Dursley, quiénes ignoraron por completo a los magos.

sentían hacia la magia un especial temor,

Vernon y Petunia asintieron con la cabeza. Para suerte de ambos, nadie se fijó en ellos.

pero no eran muy duchos en reconocerla.

Vernon frunció el entrecejo y se cruzó de brazos, en un evidente estado de enojo, ¿cómo se le ocurría poner, a estos magos anormales, que la gente no mágica eran estúpidos en sus textos de estudio? , ¿Qué se creían que eran?, ¿Dioses? , ¿Superdotados?, ¡Por favor! Ciertamente, el señor Dursley no le gustó para nada esa línea del libro, pero fue lo suficientemente sensato para no decir lo que pensaba porque sabía que una avalancha de hechizos se le vendría encima si es que llegaba a decir algo como aquello. Suspiró enrabiado y miró a los magos. La gran mayoría reía por lo bajo, lo que incrementó la furia de Vernon Dursley ¡idiotas! Pensó antes de que Dudley, notando la rabia de su padre, se dispusiera a leer nuevamente.

En las raras ocasiones en que capturaban a un auténtico brujo o bruja, la quema carecía en absoluto de efecto. La bruja o el brujo realizaba un sencillo encantamiento para enfriar las llamas y luego fingía que se retorcía de dolor mientras disfrutaba del suave cosquilleo.

Vernon apretó sus labios con fuerza, comenzando a ponerse morado. A su lado, Petunia no se encontraba en mejores condiciones. Ambos pensaban que esa bruja provocaba a la gente no mágica, y lo que era peor, los estaba dejando como tarados. Ese hecho no les gustó a ninguno de los dos Dursley, quiénes, finalmente, entrecerraron los ojos indignados, ignorando las molestas risas de podían escuchar a lo largo del comedor.

Dudley prefirió, luego de esa indignación de parte de sus padres, seguir leyendo.

A Wendelin la Hechicera le gustaba tanto ser quemada que se dejó capturar no menos de cuarenta y siete veces con distintos aspectos.

—Wow— exclamó un estudiante del primer año de la casa de Hufflepuff, asombrado.

Muchos asintieron de acuerdo con él, ya que era toda una hazaña para esa bruja, aunque los muggles hayan quedado mal. Los únicos que no se encontraban sorprendidos eran Vernon y Petunia, ambos seguían con los ojos entrecerrados.

Dudley los miró fijamente, negó con la cabeza y siguió leyendo.

Harry se puso la pluma entre los dientes y buscó bajo la almohada el tintero y un rollo de pergamino. Lentamente y con mucho cuidado, destapó el tintero, mojó la pluma y comenzó a escribir, deteniéndose a escuchar de vez en cuando, porque si alguno de los Dursley, al pasar hacia el baño, oía el rasgar de la pluma.

—No lo oímos para nada— rió Dudley, deteniendo su lectura—. Y es increíble que te hayas saltado las normas para hacer tus trabajos del colegio.

Harry le sonrió, mientras él se encogía de hombros. Dudley quería seguir demostrando que había cambiado su perspectiva después del ataque de aquel dementor, pese a que sus padres no estaban contentos con ese cambio. Y en efecto, Vernon y Petunia tenían los puños ligeramente cerrados y sus ojos cerrados.

Explotarán en cualquier momento Pensó Dudley, suspirando Mejor seguiré leyendo.

lo más probable era que lo encerraran bajo llave hasta el final del verano en el armario que había debajo de las escaleras.

—Ni se te ocurra, Dursley— sisearon Sirius, Remus, Tonks y los señores Weasley por lo bajo, mirando a Vernon enojados.

Y no eran los únicos que se encontraban de aquel modo, Hermione, Ron Seamus, Dean, Hannah, Neville y Luna entrecerraban los ojos.

Pero Vernon y Petunia, que se encontraban demasiados enrabiados con las líneas anteriores, no se percataron de las miradas que estaban recibiendo ni mucho menos del siseo de los adultos.

Dudley, para alivianar el enojo, volvió a leer.

La familia Dursley, que vivía en el número 4 de Privet Drive,

Vernon prestó toda la atención a esa línea, al igual que Petunia. Ambos mantenían el ceño fruncido mientras esperaban a que su hijo continuase leyendo.

era el motivo de que Harry no pudiera tener nunca vacaciones de verano.

Algunos gruñeron y otros entrecerraron los ojos. Todos todavía se sentían enfadados porque Harry no tuviese unas vacaciones de verano como cualquier otro.

—Lo siento— murmuró Dudley por lo bajo, pero no fue escuchado.

Mientras tanto, Vernon y Petunia veían al libro con desdén e indiferencia. A ellos no les importaba lo que el libro dijese, de hecho, estaban enojados con su hijo por el cambio que demostraba.

—Dudley— habló Harry, apretando los puños y mirando a sus tíos muggles enojado—. Sigue leyendo.

Su primo asintió y volvió a leer.

Tío Vernon, tía Petunia y su hijo Dudley

Es raro nombrarte a ti mismo en tercera persona Pensó Dudley antes de seguir leyendo.

eran los únicos parientes vivos que tenía Harry.

—No seremos parientes de sangre— dijo Sirius, esbozando una sonrisa—, pero consideraba a James Potter un hermano, por lo tanto, tanto él como Lily, y tú son mi familia.

—Lo mismo digo— concordó Remus, sonriendo—. Los merodeadores somos hermanos, así que, nosotros somos tus tíos y estamos vivos. No son sólo ellos— apuntó a Vernon y Petunia con desprecio. Ellos apretaron los puños en respuesta.

—Lo sé padrino y tío— le sonrió Harry—. Lo supe desde que nos conocimos.

Los tres se sonrieron ampliamente, pensando casi de idéntica manera Algún día, cuando esto acabe, formaremos la familia que tanto nos merecemos.

Los demás se limitaban a sonreír. Todos podían notar el gran cariño que le tenían Sirius y Remus a Harry, y aunque, en el caso de Sirius la gente aún estaba aterrorizada por sus arrebatos, debían de reconocer que se comportaba como un autentico padre para Harry. Y eso era, por el momento, lo más importante.

Dudley, parado sobre la tarima, veía satisfecho y con cierta culpabilidad la escena Nunca fuimos buenos familiares con Harry. Siempre tratándolo como una paria, siempre maltratándolo, siempre humillándolo. Él, de entre todos, se merece tener personas que lo quieran, lo cuiden y le hagan tener una adolescencia casi normal. Me duele ver y percatarme de aquello a consecuencia de leer estos libros.

Luego de pensar eso, suspiro algo lastimado antes de seguir leyendo.

Eran muggles, y su actitud hacia la magia era muy medieval.

Muchos asintieron con la cabeza, los restantes gruñeron. En cuanto a Vernon y Petunia, ignoraron a los magos.

En casa de los Dursley nunca se mencionaba a los difuntos padres de Harry; que habían sido brujos.

Lo que yo le decía a mi primo. Ojalá que en estos libros se mencionen. Pensó Dudley mientras la gran mayoría entrecerraba los ojos irritados con la actitud de los Dursley, especialmente de Vernon y Petunia.

Durante años, tía Petunia y tío Vernon habían albergado la esperanza de extirpar lo que Harry tenía de mago, teniéndolo bien sujeto.

Sirius apretó los puños y entrecerró los ojos, obligándose así mismo a no hechizar a ese par, que con cada mención de ellos en libro, le provocaba querer estrangularlos por todo el mal que le hicieron a su ahijado tanto en su infancia como en el presente.

Remus, notando la reacción, le puso una mano en el hombro de su amigo, tranquilizándolo brevemente. A él tampoco le gustaba leer las partes donde se mencionaba algún maltrato a Harry porque le hacía sentir más culpable que antes, y lo que menos quería era sentirse de ese modo.

Ron, al igual que Sirius, mantenía los puños apretados. A él no le gustó enterarse de todo el maltrato que había recibido su mejor amigo y estaba dispuesto a maldecir a aquellos dos muggles por haberlo tratado así.

Hermione, sentada al lado de Ron, maldijo entre dientes. Tampoco le gustaba el trato que había recibido su amigo.

Ginny apretaba los puños evidentemente enojada. Le hubiese gustado pararse en ese instante y hechizar a Vernon y Petunia, pero corría el riesgo de recibir el mismo trato que Umbrigde. Para tranquilizarse, le tomó la mano a Harry y trató de esbozar una sonrisa, la cual pareció más una mueca que una sonrisa.

Los demás, imitaron los gestos de los cinco, aún furiosos por aquella barbaridad.

Dudley, notando esas reacciones y viendo a sus padres temblar de miedo, siguió leyendo.

Les irritaba no haberlo logrado

—Cosa que nunca podrán hace dado a que no se puede extirpar lo que uno tiene de mago, ya que es sanguíneo— siseó Hermione, mirando con odio a Vernon y Petunia.

Varios asintieron, de acuerdo con las palabras de ella. Los tíos muggles de Harry tragaron saliva, asustados.

Dudley prefirió seguir leyendo antes de que a sus padres les diera un ataque o algo parecido.

y vivían con el temor de que alguien pudiera descubrir que Harry había pasado la mayor parte de los últimos dos años en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

—Y fue lo mejor que me pudo haber pasado— declaró Harry, sonriendo ampliamente.

Esta vez nadie quiso decir algo, pero miraron apenados a chico que vivió.

Lo único que podían hacer los Dursley aquellos días era guardar bajo llave los libros de hechizos, la varita mágica, el caldero y la escoba al inicio de las vacaciones de verano, y prohibirle que hablara con los vecinos.

Estúpidos muggles Maldijo Sirius, volviendo a apretar los puños.

Y no era el único que se encontraba de aquella manera, los demás igual estaban enojados y deseaban maldecirlos, pero se debían controlar de momento.

Vernon, en tanto, entrecerraba los ojos Pobre de ti sobrino si sacaste esos objetos sin mi permiso, pobre de ti si lo haces Sentenció irritado.

Para Harry había representado un grave problema que le quitaran los libros, porque los profesores de Hogwarts le habían puesto muchos deberes para el verano. Uno de los trabajos menos agradables, sobre pociones para encoger; era para el profesor menos estimado por Harry, Snape,

Exacto. Mismo sentimiento Pensó Snape, cruzado de brazos.

que estaría encantado de tener una excusa para castigar a Harry durante un mes.

Nuevamente, tienes razón Potter. No obstante, no sabía de aquellas cosas en aquel tiempo, si lo hubiese sabido, quizá lo habría entendido y no te castigaría…¡Ya basta!, no trates de compadecer a Potter, Snape. No vuelvas a hacerlo Severus entrecerró los ojos, maldiciendo su pensamiento agradable.

Mientras tanto, Sirius y Remus volvían a apretar los puños y miraban con odio al profesor de pociones. Severus, luego de retarse por ese pensamiento, miró a los dos merodeadores de igual forma.

Todos contuvieron la respiración. Sabían que podría iniciarse una pelea por esas miradas. El odio mutuo era tremendo para pasar desapercibido. Dudley, viendo aquello, dedujo que debía seguir leyendo.

Así que, durante la primera semana de vacaciones, Harry aprovechó la oportunidad:

Vernon levantó una ceja, comenzando a hiperventilar de rabia; mientras que Petunia ladeaba su cabeza para mirar al hijo de su hermana con los labios ligeramente apretados.

Sirius, en tanto, agarró su varita luego de ver esas reacciones. No quería que nada le pasase a su ahijado. Remus, imitó a su amigo. Ron, Hermione y Ginny miraron a los Dursley con odio.

mientras tío Vernon, tía Petunia y Dudley estaban en el jardín admirando el nuevo coche de la empresa de tío Vernon (en voz muy alta, para que el vecindario se enterara)

—Engreídos, arrogantes, pretensiosos— murmuró Ginny enojada, agarrándole la mano a Harry, mientras él le sonreía para que se tranquilizase un poco. Ella se relajo un poco, pero aún así sentía rabia contra esos tipos, que sus insultos se quedaban casi en nada.

, Harry fue a la planta baja, forzó la cerradura del armario de debajo de las escaleras, cogió algunos libros y los escondió en su habitación.

— ¡Maldito mocoso! — gruñó Vernon colérico, parándose de su asiento y apuntando con su dedo gordo a Harry—, ¿Cómo te atreviste a colarte en la alacena la cual se te había prohibido?, ¿Es que acaso quieres recibir una buena tunda por haber desobedecido lo que se te ordeno? — Vernon se encontraba en frente de Harry con la mano alzada. Él había olvidado por completo que se encontraba en Hogwart y que un caos se armaría luego de esto, sin embargo, el haberse enterado de que su "sobrino" le desobedecía era un insulto para él, un insulto que no iba a tolerar y que lo hacía olvidar de adonde estaba parado. Harry, en tanto, contaba mentalmente, aferrado a la mano de Ginny para no abalanzarse sobre su tío muggle—, ¿Eres tan estúpido para haberlo hecho?, ¿crees que no te castigaré después de saber esto?, ¿crees que saldrás airoso ahora?, ¡Responde, mocoso insufrible!

Harry soltó la mano de Ginny absolutamente enojado y se estaba a punto de enfrentar a su tío cuando;

—No te atrevas a ponerle un solo dedo encima a Harry, Dursley, ni siquiera oses en insultarlo— gruñó Sirius, poniéndose de pie y agarrándole con fuerza el brazo a Vernon Dursley, obligándolo a que lo mirase. Ambos estaban exaltados—. Nadie trata de esa forma a mi ahijado en mi presencia, maldita morsa— escupió el insulto—. Él tiene un padrino que está parado ante ti y que no dejará que alguien como tú, muggle horrendo, se atreva a levantar la mano en contra de él, ¡escuchaste!

Vernon retrocedió un paso, atemorizado por la mirada penetrante que le estaba dando Sirius. En tanto, el comedor contenía la respiración; pero enrabiado, especialmente Albus, Minerva, Hagrid y, sorprendentemente, Snape. Este último tenía el ceño fruncido y recordaba su infancia, ¡Cuán parecidos eran Potter y él en ese sentido! Gruñó luego de pensarlo.

—Yo lo s…— tartamudeó Vernon, retrocediendo otro paso.

—Tu nada, maldito Dursley— gruñó Sirius—. No vuelvas a tratar mal a mi ahijado en mi presencia. No responderé si algo malo te sucede, ¡entiendes!

—Esperamos tu acción, Canuto— interrumpió Remus, gruñendo. La totalidad del comedor tenía la varita levantada.

—Un poco de paciencia, Lunático— respondió Sirius con un brillo malicioso en su rostro—. Quiero divertirme con este muggle antes de hacer algo.

Vernon se estremeció y alejó un paso más mientras el comedor reía sagazmente por la suerte que correría el infeliz muggle.

—Apresúrate— le pidió Remus impaciente, alzando también su varita.

Vernon tragó saliva, nerviosamente, ¿lo hechizarían? Lo dudaba porque la carta lo había prohibido. Cuando pensó eso, esbozó una sonrisa y comenzó a reírse, dejando al comedor perplejo.

—Se puede saber de qué te ríes, muggle— siseó Remus aún con la varita levantada.

—No pueden hechizarme, la carta lo ha prohibido— la risa triunfante se extendía de oreja a oreja por el rostro de Vernon Dursley.

—Pero la carta ha dicho que no han intervenido en algunos casos porque se lo merecían y tú claramente te lo mereces— rió Sirius— conjuntivitis— añadió.

El hechizo provocó que Vernon se tapase los ojos y chillará.

—Mis ojos…mi vista…¡Párenlo! — pidió, tirando en el suelo y quejándose.

—Ni en tus sueños, Dursley— gruñó Remus— densaugeo.

Vernon, que seguía revolcándose en el suelo, cambio las manos de posición. Las apartó de los ojos y se tapó la boca.

—Petunia— tartamudeó, sintiendo que sus dientes crecían y crecían—. Mis dientes.

—¡Querido! chilló Petunia, abriendo los ojos aterrorizada y ayudando a su esposo a incorporarse.

Los dientes de su marido habían crecido tanto que su rostro se comenzaba a asemejar a un monstruo con la boca excesivamente grande.

Dudley, en tanto, miraba atónito a su padre, mientras que Harry, medio riendo medio serio, ladeaba la cabeza de lado a lado.

—Y tú querido marido debe sufrir más por lo que le intentó hacer a Harry— añadió Molly fuera de sí —Locomotor Mortis

Vernon se tambaleó y Petunia le rodeó la cintura, evitando que cayera al suelo.

—Y si creías, muggle, que terminaría tu sufrimiento, pues qué equivocado estabas— escupió Arthur—Mimble Wimble

La lengua de Vernon Dursley se enrolló de tal forma que de la boca del muggle sólo se oía pequeñas lamentaciones y quejidos. Petunia sintió tanto miedo por esos sonidos que emitía su marido que lo soltó.

—Y antes de que el comedor pueda lanzarle maleficios a este muggle, me toca a mí— dijo Tonks, alzando su varita—.Mucus ad nauseam

De la nariz de Vernon Dursley comenzó a salir un líquido verdoso, mejor conocido como mocos. El tío muggle de Harry se pasó un brazo por la nariz, provocando el asco de la gran mayoría.

Luego de aquello y con la señal de Sirius Black, hechizos de todo tipo comenzaron a volar en dirección a Vernon, quién al cabo de quince minutos estaba irreconocible.

Madame Pomfrey lo tomó de un brazo, le lanzó una mirada envenenada y partió con él a la sala ubicada en el extremo derecho del comedor.

En cuanto Vernon y Pomfrey desaparecieron de la vista, la gente comenzó a reír sin control hasta que una explosión hizo callar a todos. Una carta flotó en medio de la sala.

Con los dedos temblorosos, Sirius abrió la carta y empezó a leer.

Estimado Hogwart:

¿Qué advertimos sobre NO hechizar a nadie? Dijimos que si alguien hechizaba a otra persona se tendría que atener a las consecuencias.

Profesores, alumnos, aurores y adultos tragaron saliva.

Pero creemos, y dado a lo que sucedió antes de que los hechizos comenzaran, que Vernon Dursley se merecía ese castigo.

La gente suspiró aliviada y comenzó a reír nuevamente. Sin embargo, Sirius ahogó un grito y volvió a callar al comedor.

—Escuchen esto— dijo Remus, quién en todo momento estuvo al lado de Sirius y leyó lo que venía.

El comedor miró confundido y espero a que se siguiese leyendo.

No obstante, esta es la última vez que permitimos que Vernon Dursley salga lastimado por causa de ustedes. Diga lo diga, haga lo que haga, quién se atreva a hechizar a cualquier de los Dursley será expulsado de la lectura y no podrá volver jamás.

Todos abrieron sus ojos, horrorizados. Ninguno quería ser expulsado del comedor.

Esto también va para quién se atreva a hechizar a cualquier persona. De ahora en adelante cambiarán las cosas.

La gente tragó saliva. No se esperaban esta carta, en lo absoluto. Umbrigde, en tanto, esbozada una sonrisa Es exactamente lo que andaba buscando. Expulsar a algunas personas, partiendo por Black y toda su prole…Piensa, Dolores, piensa en algo para que esos se vayan del comedor Sus pensamientos fueron cortados por la voz de Sirius que volvía a leer.

Y recuerden, el futuro está en sus manos. Feliz lectura.

Cuando se terminó de leer la carta, un silencio tenso se apoderó del comedor. Nadie podía creer que si hechizaban a alguien serían expulsados de la lectura. Nunca lo hubieran imaginado. No era posible.

Los minutos comenzaron a pasar lentamente y nadie era capaz de articular palabra alguna. Todos se encontraban sumidos en sus pensamientos y lo siguieron estando hasta que un ruido los sobresaltó: Pomfrey volvía con Vernon totalmente curado.

La gente soltó un bufido mientras que Vernon caminaba lentamente a su asiento.

—Eh, Sirius, Remus, Tonks y señores Weasley— habló, entonces, Harry, captando la atención de los cinco adultos—. No estuvo bien eso, pero agradezco que me hayan defendido — concluyó, encogiéndose de hombros. Ginny, a su lado, le besó la mejilla.

—No tienes porque agradecer— murmuró Sirius—. Soy tu padrino y como tal debo defenderte de los maltratos de ese sujeto.

—Y no te quepa duda alguna que lo seguiremos haciendo mientras estemos contigo— aclaró Remus, mirando con odio a Vernon.

—Lo haremos siempre—añadieron Molly, Arthur y Tonks, asintiendo con la cabeza.

—Gracias— sonrió Harry.

Nadie quiso decir algo por el intercambio de Harry y los cinco adultos, pero se permitieron esbozar una sonrisa antes de que Dudley, quien miraba a su padre negando con la cabeza, volviese a leer.

Mientras no dejara manchas de tinta en las sábanas, los Dursley no tendrían por qué enterarse de que aprovechaba las noches para estudiar magia.

—Y me alegro de que no se hayan dado cuenta— siseó Sirius aún enojado.

Harry no quería problemas con sus tíos y menos en aquellos momentos, porque estaban enfadados con él,

Sirius, Remus, Molly y Arthur les gruñeron a Vernon y Petunia. Y estos últimos se estremecieron.

y todo porque cuando llevaba una semana de vacaciones había recibido una llamada telefónica de un compañero mago.

Ron enrojeció hasta la médula, mientras que Harry, Hermione y Arthur reían por lo bajo. Vernon, en tanto, fruncía el ceño enojado. A él no le había gustado para nada esa llamada.

—Veamos cómo se las arregla Ron con el teléfono— dijo Colin, esbozando una sonrisa.

A nadie se le había olvidado que en el último capítulo de "La Cámara de los Secretos" hubo una referencia a una llamada de teléfono y la gran mayoría pensó que esta era esa. Así que, aguardaban con paciencia a que se leyese esa parte. No obstante, entre los sangre pura aún existían dudas sobre esa cosa llamada teléfono.

—Pero, ¿qué es un feletono? — preguntó Pansy desde la mesa de Slytherin confundida y en nombre de todos aquellos que no comprendían qué cosa era.

—Teléfono— corrigió automáticamente Hermione—. Es un sistema de comunicación, como el de las lechuzas de Hogwart, solo que en el mundo muggle no es en carta sino que es instantáneo debido a que a través de un auricular la persona escucha lo que la otra le dice— concluyó, satisfecha de sí misma.

Pansy y otros sangres puras abrieron sus bocas formando una perfecta "O", entendiendo en algo ese sistema de comunicación. Luego, se encogieron de hombros y le hicieron un gesto a Dudley para que continuase leyendo.

Ron Weasley, que era uno de los mejores amigos que Harry tenía en Hogwarts, procedía de una familia de magos. Esto significaba que sabía muchas cosas que Harry ignoraba, pero nunca había utilizado el teléfono.

—Lo cual fue una tortura— reconoció Ron ruborizado—. No es chistoso— agregó cuando escucho a la gran mayoría riendo por lo bajo.

—Lo que digas— rió Colin, alzando la mano para pedirle a Dudley que siguiese leyendo.

Dudley siguió, riendo entre dientes, recordando aquella escena.

Por desgracia, fue tío Vernon quien respondió:

Todos gruñeron o fruncieron el ceño. No les había gustado para nada esa línea.

¿Diga?

Harry, que estaba en ese momento en la habitación, se quedó de piedra al oír que era Ron quien respondía.

Las maldiciones se extendieron por el comedor, ¿Por qué Merlín no llegó Harry primero a contestar antes que Vernon Dursley? Pero sabían también que esto era pasado y que no podían hacer nada para cambiarlo.

¿HOLA? ¿HOLA? ¿ME OYE? ¡QUISIERA HABLAR CON HARRY POTTER!

Dudley gritó aquella línea como si fuese Ron quién las dijese. A consecuencia de eso, unos pocos rieron a carcajadas y otros negaron con la cabeza, provocando que Ron se ruborizase completamente.

Vernon, en tanto, miraba enojado en dirección al libro.

Ron daba tales gritos que tío Vernon dio un salto y alejó el teléfono de su oído por lo menos medio metro, mirándolo con furia y sorpresa.

Al imaginarse esa expresión en el rostro de Vernon Dursley, todos rieron a carcajadas. Esta, sin duda, se estaba convirtiendo en la mejor llamada telefónica del siglo.

Vernon seguía maldiciendo y gruñendo mientras Petunia intentaba calmarlo sin éxito alguno.

¿QUIÉN ES? —voceó en dirección al auricular—. ¿QUIÉN ES?

¡RON WEASLEY! —gritó Ron a su vez, como si el tío Vernon y él estuvieran comunicándose desde los extremos de un campo de fútbol

—¡Por el amor de Merlín! — exclamó Sirius riendo—. Esto es único.

—Exacto— rieron Fred y George.

Ron continuaba tan rojo como su cabello, mientras que el colegio seguía riendo.

. SOY UN AMIGO DE HARRY, DEL COLEGIO.

La risa cesó abruptamente dando paso a un silencio tenso. A ninguno le hizo gracia aquella línea.

—No debiste decir eso, Ron— le regañó Hermione cruzada de brazos.

—Lo sé— susurró Ron, agachando la cabeza. Ese había sido un tremendo error de parte de él y se sentía avergonzado de haber dicho eso.

—Pero no podemos hacer nada para cambiarlo, ya lo saben— apuntó Harry, encogiéndose de hombros.

Ron y Hermione asintieron, sin decir ninguna palabra antes de que Dudley siguiese leyendo.

Los minúsculos ojos de tío Vernon se volvieron hacia Harry; que estaba inmovilizado.

Sirius, Remus, Tonks, Arthur y Molly gruñeron.

¡AQUÍ NO VIVE NINGÚN HARRY POTTER! —gritó tío Vernon, manteniendo el brazo estirado, como si temiera que el teléfono pudiera estallar—. ¡NO SÉ DE QUÉ COLEGIO ME HABLA! ¡NO VUELVA A LLAMAR AQUÍ! ¡NO SE ACERQUE A MI FAMILIA!

Miradas enojadas y coléricas se dirigieron hacía Vernon Dursley, quién se estremeció ligeramente.

Sirius, Remus, Tonks, Arthur y Molly aferraban fuertemente sus varitas para no abalanzarse sobre Vernon, el cual pedía a gritos que le golpearan por lo que había hecho.

Colgó el teléfono como quien se desprende de una araña venenosa.

Los magos y brujas entrecerraron los ojos, pero no dijeron nada.

La bronca que siguió fue una de las peores que le habían echado.

Sirius y Remus, nuevamente, agarraron con fuerza la varita.

¡CÓMO TE ATREVES A DARLE ESTE NÚMERO A GENTE COMO... COMO TÚ! —le gritó tío Vernon, salpicándolo de saliva.

—¡Dursley! — siseó Sirius, poniéndose de pie en evidente estado de furia—. Estás rebasando todos los límites de mi paciencia— Vernon tragó saliva recordando lo que había pasado hace unos segundos atrás. No quería que se repitiera. Mientras tanto, el comedor, nuevamente, alzaba la varita, apuntándole directo al pecho—. No seguiré tolerando tu presencia si insistes en tratar así a mi ahijado.

—Ya te dimos tu merecido, pero si lo haces otra vez, atente a las consecuencias. No es una amenaza, es una advertencia— añadió Remus, obligando a Sirius a sentarse y a los demás a dejar las varitas de lado. Harry mientras eso sucedía, negaba con la cabeza.

Sirius se sentó y el comedor bajó sus varitas. Vernon, en tanto, temblaban mientras Petunia lo abrazaba intentando calmarlo.

Dudley, en cambio, suspiraba resignado Papá, tarde o temprano cambiarás. Si no lo haces, sufrirás. Lo sé. Pensó antes de volver a leer.

Ron, obviamente, comprendió que había puesto a Harry en un apuro, porque no volvió a llamar.

Ron asintió mientras Vernon lo miró enojado. Esta acción provocó que los Weasley levantasen sus varitas en dirección al muggle, quién se encogió de hombros nervioso. No quería volver a sufrir con los hechizos.

La mejor amiga de Harry en Hogwarts, Hermione Granger, tampoco lo llamó. Harry se imaginaba que Ron le había dicho a Hermione que no lo llamara,

—Exactamente— dijeron Ron y Hermione al mismo tiempo, sonrojándose de paso.

Molly, Tonks y Ginny esbozaron idénticas sonrisas en sus rostros antes de seguir escuchando la lectura.

lo cual era una pena, porque los padres de Hermione, la bruja más inteligente de la clase de Harry,

Hermione sonrió al tiempo que los demás, incluyendo profesores y aurores, asentían con la cabeza.

eran muggles, y ella sabía muy bien cómo utilizar el teléfono, y probablemente habría tenido tacto suficiente para no revelar que estudiaba en Hogwarts.

—Claramente hubiese tenido tacto para no revelar que soy amiga de él. Lamentablemente, por Ron no pude hacerlo— negó con la cabeza Hermione.

—Y lo siento— añadió Ron, agachando la cabeza.

—Y yo ya he dicho hartas veces que esto es pasado y que no pasa nada— apuntó Harry, suspirando lenta y pausadamente.

Sus dos amigos asintieron antes de que Dudley siguiese leyendo.

De manera que Harry había permanecido cinco largas semanas sin tener noticia de sus amigos magos, y aquel verano estaba resultando casi tan desagradable como el anterior.

La mitad del comedor gruñó; el resto, entrecerró los ojos.

Sólo había una pequeña mejora: después de jurar que no la usaría para enviar mensajes a ninguno de sus amigos, a Harry le habían permitido sacar de la jaula por las noches a su lechuza Hedwig.

—Permitido— se burló Sirius —¡No me digas, muggle!

Vernon, en respuesta, tragó saliva.

Tío Vernon había transigido debido al escándalo que armaba Hedwig cuando permanecía todo el tiempo encerrada.

—Así se hace Hedwig— aplaudieron Tonks, Seamus, Colin, Dean, Neville y Luna.

—Eres la mejor mascota que se pueda tener— añadieron Sirius, Fred, George y Remus.

Vernon entrecerró los ojos, irritado antes de que Dudley, apiadándose de su padre, volviese a leer.

Harry terminó de escribir sobre Wendelin la Hechicera e hizo una pausa para volver a escuchar. Sólo los ronquidos lejanos y ruidosos de su enorme primo Dudley rompían el silencio de la casa.

Mientras el comedor reía por lo bajo, Dudley se sonrojaba ¡Gracias a Dios pedí leer! Pensó antes de volver a leer.

Debía de ser muy tarde. A Harry le picaban los ojos de cansancio. Sería mejor terminar la redacción la noche siguiente...

Varios asintieron, aunque estaban deseosos de saber qué hora era.

Tapó el tintero, sacó una funda de almohada de debajo de la cama, metió dentro la linterna, la Historia de la Magia, la redacción, la pluma y el tintero, se levantó y lo escondió todo debajo de la cama, bajo una tabla del entarimado que estaba suelta.

La taparé cuando pueda volver a casa Pensó Vernon, gruñendo.

Se puso de pie, se estiró y miró la hora en la esfera luminosa del despertador de la mesilla de noche. Era la una de la mañana.

Los más pequeños abrieron sus ojos espantados. Los adolescentes, rodaron los ojos.

Harry se sobresaltó: hacía una hora que había cumplido trece años y no se había dado cuenta.

—¡Cómo no te habías dado cuenta de que era tu cumpleaños! — exclamó Neville conmovido

—No lo sé— respondió Harry, encogiéndose de hombros, mientras que el comedor lo miraba atónito y con los ojos abiertos. Sirius y Remus, en tanto, entrecerraban los ojos.

Harry aún era un muchacho diferente en otro aspecto: en el escaso entusiasmo con que aguardaba sus cumpleaños. Nunca había recibido una tarjeta de felicitación. Los Dursley habían pasado por alto sus dos últimos cumpleaños y no tenía ningún motivo para suponer que fueran a acordarse del siguiente.

El comedor gruñó en dirección de Petunia y Vernon, sobre todo Sirius y Remus. Mientras tanto, Dudley agachaba la cabeza, apenado.

Harry atravesó a oscuras la habitación, pasando junto a la gran jaula vacía de Hedwig, y llegó hasta la ventana, que estaba abierta. Se apoyó en el alféizar y notó con agrado en la cara, después del largo rato pasado bajo las mantas, el frescor de la noche.

—Una agradable sensación— susurró Ginny.

—¿Lo has hecho? — preguntó Harry suspicazmente.

—Sí, aunque un poco más temprano que tú.

Harry rió por lo bajo, le besó una mejilla, le rodeó la cintura y le pidió a su primo que siguiese leyendo.

Hacía dos noches que Hedwig se había ido. Harry no estaba preocupado por ella (en otras ocasiones se había ausentado durante períodos equivalentes), pero esperaba que no tardara en volver.

Y no se tardo Pensó Harry, tratando de no reír por lo que venía a continuación. Él no quería levantar sospechas antes de tiempo.

Era el único ser vivo en aquella casa que no se asustaba al verlo.

Varios agacharon la cabeza, apenados. El resto miró con odio a los Dursley, especialmente a Petunia y Vernon.

Aunque Harry seguía siendo demasiado pequeño y esmirriado para su edad,

—Genes Potter— rió Sirius, chocando la mano con Remus.

Harry rodó los ojos algo ruborizado.

había crecido varios centímetros durante el último año.

—Igual que James— dijo Remus, negando con la cabeza y recordando su tercer año en el colegio Parecidos físicamente. No hay duda de eso.

Sin embargo, su cabello negro azabache seguía como siempre: sin dejarse peinar. No importaba lo que hiciera con él, el pelo no se sometía.

—Nunca lo hará— rieron Sirius y Remus, medio divertidos medio apenados, recordando una anécdota con referencia a eso.

James, Sirius, Remus y Peter caminaban de vuelta a su sala común luego de haber estado en el despacho de Dumbledore. Los habían castigado por haberle gastado una pequeña e inofensiva broma a Snape, la cual terminó con el Slytherin convertido en un canario rosado y con plumas amarillas.

Jamás olvidarían la expresión asustada y amarga en el rostro de Quejicus cuando estaba a punto de ser convertido en ese animal. Y ahora que se dirigían a la sala común, no podían evitar reír y seguir riendo.

De eso modo llegaron a su acogedora sala y se dejaron caer en los sofás.

Le vieron el rostro— rió Sirius.

Pues claro, parecía que se quería esfumar lo más rápido posible— añadió James, chocando las manos con su amigo.

Fue muy brillante— aplaudió Peter, mirando admirado a sus tres amigos.

Pero se nos pasó un poco la mano— dijo Remus, mirando a James, quién hizo un gesto de impaciencia.

No lo creo— le contradijo James, aún riendo—. Y tenemos que planear la siguiente broma.

Ya estoy pensando en algo, señor Cornamenta— aseguró Sirius, frotándose las manos.

Y espero que sea así, señor Canuto— asintió James con la cabeza.

Y prometo que ayudaré en cuanto pueda, señores Cornamenta y Canuto— añadió Remus, sonriendo.

Hecho, mis señores— concluyó James, sonriendo ampliamente—. Y yo los dejaré, me iré a dar una ducha. Tengo cosas muy importantes que hacer en estos momentos. No me esperen despierto.

Sirius, Remus y Peter lo miraron confundidos al tiempo que James desaparecía en las escaleras.

¿Qué se traerá entre manos? — preguntó Peter nervioso.

Pues, algo referente a Lily— contestó Remus, negando con la cabeza.

Y nuestro amigo sabe que nada sucederá con la pelirroja— suspiró Sirius.

Hay que tener fe en él, ¿no? — dijo Peter, comiéndose las uñas.

Si en cinco años no ha podido salir a una cita con ella, dudo mucho que en este curso lo logre— rió Remus.

Aún así — tartamudeó Peter, mirando nervioso a la escalera.

Nada, él no…— el argumento de Sirius quedó en el aire por el grito que se había escuchado desde arriba.

Sin perder tiempo, los tres amigos corrieron para llegar al dormitorio del sexto curso, pero al llegar y mirar a su amigo, no pudieron hacer otra cosa que reír escandalosamente.

El cabello de James Potter se había convertido en rosado y parecía totalmente pegado.

¿Qué te pasó? — preguntó Sirius entre risas.

Intenté que mi cabello quedase liso porque le iba a pedir una cita a Lily y para eso tenía que verme formal y maduro.

Lo que digas— dijeron Remus y Sirius riendo a carcajadas.

Entonces, hice un hechizo y resultó mal…quedé con un chicle en la cabeza y mi cabello de color rosado— concluyó furioso.

Sí sabes que tu cabello es indomable, ¿para qué te molestaste en hacerlo? — rió Peter.

Porqué quería estar presentable— respondió tímidamente James Potter, ruborizado completamente.

Sus tres amigos seguían riendo tanto por el cabello de James como por la expresión de Cornamenta.

—Se pueden dejar de reír, Sirius y Remus— pidió Harry, sacando a sus dos tíos de sus pensamientos—. Ya sé que mi cabello es indomable y no deberían reírse por aquello.

Sirius y Remus se miraron mutuamente perplejos. Al parecer no se habían dado cuenta que todo el comedor los miraba atentamente y con la boca ligeramente abierta.

—No nos estábamos riendo por eso, ahijado— respondió Sirius, riendo entre dientes.

—Solo por un viejo recuerdo que incluye un canario rosa con plumas amarillas y un cabello color rosa con chicle— añadió Remus, intentando ponerse serio.

La totalidad del comedor los miró confundido, a excepción de Snape, quién entrecerraba los ojos, enojado.

—Sigue leyendo, Dudley— apuntó Sirius, aún riendo.

Dudley asintió y se dispuso a leer nuevamente.

Tras las gafas tenía unos ojos verdes brillantes,

Los ojos de Lily Evans Pensaron Sirius, Remus, Minerva, Snape, Albus y Petunia a la vez.

y sobre la frente, claramente visible entre el pelo, una cicatriz alargada en forma de rayo.

Harry gimió.

Aquella cicatriz era la más extraordinaria de todas las características inusuales de Harry.

Miradas incrédulas y estupefactas se dirigieron a Harry, quién se encogió de hombros.

No era, como le habían hecho creer los Dursley durante diez años, una huella del accidente de automóvil que había acabado con la vida de los padres de Harry,

Nuevamente, las miradas enojadas se dirigieron a los Dursley, quiénes se estremecieron.

porque Lily y James Potter no habían muerto en un accidente de tráfico, sino asesinados. Asesinados por el mago tenebroso más temido de los últimos cien años: lord Voldemort.

—Otra vez no— gimió el comedor.

Harry se volvió a encoger antes de que Dudley siguiese leyendo.

Harry había sobrevivido a aquel ataque sin otra secuela que la cicatriz de la frente cuando el hechizo de Voldemort, en vez de matarlo, había rebotado contra su agresor. Medio muerto, Voldemort había huido...

—Cobarde— siseó Sirius, entrecerrando los ojos. Le dolía la pérdida de sus amigos por culpa de ese maldito ser y quería venganza. Sabía que pronto la tendría, pero para eso faltaba un poco.

Pero Harry había tenido que vérselas con él desde el momento en que llegó a Hogwarts. Al recordar junto a la ventana su último encuentro, Harry pensó que si había cumplido los trece años era porque tenía mucha suerte.

—Los buenos siempre son recompensados— dijo Albus con sus ojos brillando intensamente—. No es suerte.

La mitad del comedor quedó perplejo y no entendió al director; la otra mitad levantó la ceja intentado hallarle sentido a esa frase.

Pero Harry, sonrió ampliamente. Él sabía a qué se refería.

Miró el cielo estrellado, por si veía a Hedwig, que quizá regresara con un ratón muerto en el pico, esperando sus elogios.

Marietta y Cho hicieron una mueca de desagrado.

Harry miraba distraído por encima de los tejados y pasaron algunos segundos hasta que comprendió lo que veía.

—Sigue leyendo, Dudley— se apresuró a decir Harry cuando se dio cuenta que la gran mayoría se veía confundido y la otra parte intentaba preguntarle a qué se refería.

Dudley asintió y leyó rápidamente.

Perfilada contra la luna dorada y creciendo a cada instante se veía una figura de forma extrañamente irregular que se dirigía hacia Harry batiendo las alas.

Harry sonrió con cariño. Amaba a su lechuza. Era la mejor mascota que podría haber tenido.

Se quedó quieto viéndola descender. Durante una fracción de segundo, Harry no supo, con la mano en la falleba, si cerrar la ventana de golpe. Pero entonces la extraña criatura revoloteó sobre una farola de Privet Drive, y Harry, dándose cuenta de lo que era, se hizo a un lado.

—¿Hedwig? — preguntó Sirius.

—Sí— respondió Harry, sonriendo ampliamente—. Primo, sigue leyendo— añadió, poniéndose ansioso.

Dudley asintió una vez más y continuó leyendo.

Tres lechuzas penetraron por la ventana,

—¿Tres? — interrogó Remus perplejo.

—Sí, por algo el capítulo se llama: "Lechuzas mensajeras"— dijo Harry, haciéndole un gesto a su primo para que continuase leyendo. Él lo hizo sin demoras, curioso por aquello. Vernon, en tanto, frunció el ceño enojado.

dos sosteniendo a otra que parecía inconsciente.

Las mujeres emitieron un gesto de horror mientras los hombres rodaron los ojos.

Aterrizaron suavemente sobre la cama de Harry, y la lechuza que iba en medio, y que era grande y gris, cayó y quedó allí inmóvil.

Llevaba un paquete atado a las patas. Harry reconoció enseguida a la lechuza inconsciente. Se llamaba Errol y pertenecía a la familia Weasley

—¡Errol! — exclamaron los Weasley, poniéndose tan rojos como sus cabellos, mientras que el comedor reía por lo bajo.

Harry se lanzó inmediatamente sobre la cama, desató los cordeles de las patas de Errol, cogió el paquete y depositó a Errol en la jaula de Hedwig. Errol abrió un ojo empañado, ululó débilmente en señal de agradecimiento y comenzó a beber agua a tragos.

Molly sonrió con gratitud. Ginny, en cambio, le dio un pequeño beso en los labios a Harry. Él siempre era tan preocupado que provocó en ella ternura y cariño.

Harry volvió al lugar en que descansaban las otras lechuzas. Una de ellas (una hembra grande y blanca como la nieve) era su propia Hedwig. También llevaba un paquete y parecía muy satisfecha de sí misma.

Harry sonrió mientras las mujeres miraban con ternura al libro, imaginándose a aquella hermosa lechuza.

Dio a Harry un picotazo cariñoso cuando le quitó la carga, y luego atravesó la habitación volando para reunirse con Errol. Harry no reconoció a la tercera lechuza, que era muy bonita y de color pardo rojizo, pero supo enseguida de dónde venía, porque además del correspondiente paquete portaba un mensaje con el emblema de Hogwarts.

Los profesores sonrieron, satisfechos con esa lechuza.

Cuando Harry le cogió la carta a esta lechuza, ella erizó las plumas orgullosamente, estiró las alas y emprendió el vuelo atravesando la ventana e internándose en la noche.

Harry se sentó en la cama, cogió el paquete de Errol, rasgó el papel marrón y descubrió un regalo envuelto en papel dorado y la primera tarjeta de cumpleaños de su vida.

Neville, Luna, Seamus, Dean y Colin miraron apenados a Harry. Jamás pensaron que el niño que vivió, como lo habían apodado, no recibiese tarjetas ni regalos ni felicitaciones por su cumpleaños.

Sirius y Remus, en tanto, entrecerraban los ojos al igual que Ron y Hermione, quiénes temblaban de rabia.

Abrió el sobre con dedos ligeramente temblorosos.

Las miradas enojadas, nuevamente, se dirigieron en dirección de los muggles, quiénes tragaron saliva.

Cayeron dos trozos de papel: una carta y un recorte de periódico.

Supo que el recorte de periódico pertenecía al diario del mundo mágico El Profeta porque la gente de la fotografía en blanco y negro se movía. Harryrecogió el recorte, lo alisó y leyó:

FUNCIONARIO DEL MINISTERIO DE MAGIA RECIBE EL GRAN PREMIO

—Ya sabía yo que Ronnie le enviaría ese recorte a Harry— dijo Fred, negando con la cabeza.

—Eres tan predecible, hermanito— añadió George, poniendo sus codos sobre la mesa.

—¡Cállense! — exclamó Ron, ruborizado.

La mitad del comedor rió, el resto ladeó la cabeza de lado a lado antes de que Dudley decidiera volver a leer.

Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles, ha ganado el gran premio anual Galleon Draw que entrega el diario El Profeta.

Arthur sonrió ampliamente, orgulloso de aquel premio. Sirius, en tanto, aunque se sentía feliz por él, fruncía el ceño. Esa noticia había sido la causante de que huyera de Azkaban. Suspiró, ya que no sabía cómo sentirse por aquel recorte porque aun cuando gracias a esa acción su ahijado había conocido la verdad, también mostraba a esa rata traidora libre. Sus sentimientos encontrados le hacían sentir rabia de todo lo que había pasado desde que James y Lily murieron. No paraba de maldecir a aquella rata, que merecía la cárcel. Volvió a suspirar una vez más antes de que volviese a prestar atención al libro.

El señor Weasley, radiante de alegría, declaró a El Profeta:

«Gastaremos el dinero en unas vacaciones estivales en Egipto, donde trabaja Bill, nuestro hijo mayor, deshaciendo hechizos para el banco mágico Gringotts.»

La familia Weasley pasará un mes en Egipto, y regresará para el comienzo del nuevo curso escolar de Hogwarts, donde estudian actualmente cinco hijos del matrimonio Weasley.

—Fueron unas buenas vacaciones— dijeron los Weasley, sonriendo.

—Egipto es fascinante— añadió Hermione—. Me gustaría conocerlo.

Varios asintieron con la cabeza, dándole la razón a Hermione antes de que la voz de Dudley les indicara que la lectura seguía.

Observó la fotografía en movimiento, y una sonrisa se le dibujó en la cara al ver a los nueve Weasley ante una enorme pirámide, saludándolo con la mano.

La misma sonrisa que los Weaslwy reproducían en el comedor.

La pequeña y rechoncha señora Weasley, el alto y calvo señor Weasley, los seis hijos y la hija tenían (aunque la fotografía en blanco y negro no lo mostrara) el pelo de un rojo intenso.

Una vez más, los Weasley sonrieron ampliamente.

Justo en el centro de la foto aparecía Ron, alto y larguirucho,

—¿Alto y larguirucho? — preguntó Ron con las orejas rojas, mientras el comedor reía por lo bajo.

—Lo siento— dijo Harry, encogiéndose de hombros y haciéndole un gesto a su primo para que continuara leyendo. Él lo hizo de inmediato.

con su rata Scabbers sobre el hombro

Sirius, Remus, Harry, Ron y Hermione gruñeron y sus ojos adquirieron un negro intenso tras la mención de aquella rata asquerosa y traicionera. Esa mirada oscura logro estremecer a la gran mayoría del comedor, aunque varios se preguntaron la razón por la cual Harry, sus amigos y tíos reaccionaban así, pero sabían que pronto lo descubrirían.

y con el brazo alrededor de Ginny, su hermana pequeña.

—Con qué pequeña, ¡Eh! — le susurró Ginny al oído, jugueteando con los cabellos de Harry.

—Ya no más— le respondió Harry, besando su cuello.

—Ya lo sé— rió Ginny, depositando un pequeño beso en los labios de su novio antes de que Dudley volviese a leer.

Harry no sabía de nadie que mereciera un premio más que los Weasley, que eran muy buenos y pobres de solemnidad.

—Gracias, Harry querido— le agradeció Molly en nombre de todos.

—No hay de que, señora Weasley— le respondió Harry, sonriendo.

Los demás miembros de la familia igual le sonrieron.

Cogió la carta de Ron y la desdobló.

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños!

Siento mucho lo de la llamada de teléfono. Espero que los muggles no te dieran un mal rato.

—Le hicieron pasar un mal rato— contradijo Sirius, entrecerrando los ojos.

Los demás, imitaron el gesto.

Se lo he dicho a mi padre y él opina que no debería haber gritado.

—Exacto— dijo Hermione, negando con la cabeza.

—Ya aprendí la lección, Hermione— se cruzó de brazos Ron, malhumorado.

Hermione rodó los ojos antes de volver a prestar atención a la lectura.

Egipto es estupendo. Bill nos ha llevado a ver todas las tumbas, y no te creerías las maldiciones que los antiguos brujos egipcios ponían en ellas. Mi madre no dejó que Ginny entrara en la última.

Ginny gruñó. Eso había sido tan injusto.

Estaba llena de esqueletos mutantes de muggles que habían profanado la tumba y tenían varias cabezas y cosas así.

Dudley leyó esa parte tartamudeando. La gran mayoría se rió de la reacción del hijo de Vernon y Petunia.

Cuando mi padre ganó el premio de El Profeta no me lo podía creer. ¡Setecientos galeones! La mayor parte se nos ha ido en estas vacaciones, pero me van a comprar otra varita mágica para el próximo curso.

—La necesitaba— habló Seamus.

Todos asintieron. En eso no había discusión.

Harry recordaba muy bien cómo se le había roto a Ron su vieja varita mágica. Fue cuando el coche en que los dos habían ido volando a Hogwarts chocó contra un árbol del parque del colegio.

—Una hazaña épica, pero terrible— reconoció Sirius, negando con la cabeza.

Una vez más, le dieron la razón a Sirius. Todavía sentían temor al recordar cómo habían chocado contra ese árbol.

Regresaremos más o menos una semana antes de que comience el curso. Iremos a Londres a comprar la varita mágica y los nuevos libros.

¿Podríamos vernos allí? ¡No dejes que los muggles te depriman! Intenta venir a Londres.

Ron

—Ni lo dudes— rió Harry, recordando el incidente de tía Marge y cómo había ido a parar a Londres.

—Y cómo llegaste— apuntó Ron, riendo.

—Chicos— meneó la cabeza Hermione.

La gente miró a los tres amigos confundidos, pero no quisieron decir nada porque pronto lo sabrían, o al menos eso pensaban.

Posdata: Percy ha ganado el Premio Anual. Recibió la notificación la semana pasada.

Percy sonrió, orgulloso de sí mismo. Los gemelos rodaron sus ojos.

Harry volvió a mirar la foto. Percy, que estaba en el séptimo y último curso de Hogwarts, parecía especialmente orgulloso.

Exacto. Sigo estando orgulloso de mí, Harry Potter Pensó, ensanchando una gran sonrisa.

Se había colocado la medalla del Premio Anual en el fez que llevaba graciosamente sobre su pelo repeinado. Las gafas de montura de asta reflejaban el sol egipcio.

Luego Harry cogió el regalo y lo desenvolvió. Parecía una diminuta peonza de cristal.

—Chivastoscopio— murmuró Alastor, mirando detenidamente al libro. A él no le gustaba aquel objeto porque pensaba que era un fiasco de los grandes. Pero era un regalo después de todo, no podía decir nada. Así que, siguió escuchando la lectura.

Debajo había otra nota de Ron:

Harry:

Esto es un chivatoscopio de bolsillo. Si hay alguien cerca que no sea de fiar, en teoría tiene que dar vueltas y encenderse.

Cuando hay algún sospechoso Añadió Alastor en su mente, recordando la vergüenza que había pasado hace algunos años por culpa de ese tipo de objetos.

Sin embargo, Harry, Ron y Hermione entrecerraban los ojos. Si tan sólo hubiésemos creído en la alarma de aquel objeto, quizás las cosas hubieran sido distintas. Pensaron, suspirando pesadamente antes de seguir escuchando el capítulo.

Bill dice que no es más que una engañifa para turistas magos, y que no funciona,

Alastor asintió con la cabeza. Para él era un engaño de objeto.

porque la noche pasada estuvo toda la cena sin parar. Claro que él no sabía que Fred y George le habían echado escarabajos en la sopa.

Hasta pronto, Ron

La risa se extendió por lo menos unos cinco minutos. La imagen mental de escarabajos en la sopa, aunque era asquerosa y repugnante, les provocó una risa sofocada.

Luego de aquello, la lectura siguió.

Harry puso el chivatoscopio de bolsillo sobre la mesita de noche, donde permaneció inmóvil, en equilibrio sobre la punta, reflejando las manecillas luminosas del reloj. Lo contempló durante unos segundos, satisfecho,

Satisfacción que se reflejaba en los rostros de Sirius y Remus. Se sentían alegres de que Harry fuese felicitado por su cumpleaños.

y luego cogió el paquete que había llevado Hedwig.

También contenía un regalo envuelto en papel, una tarjeta y una carta, esta vez de Hermione:

Harry le sonrió a su amiga. Ese regalo había sido uno de los mejores.

Querido Harry:

Ron me escribió y me contó lo de su conversación telefónica con tu tío Vernon. Espero que estés bien.

—En ese momento, si lo estaba— dijo Harry, aún sonriendo.

Hermione, en respuesta, suspiró satisfecha de sí misma.

En estos momentos estoy en Francia de vacaciones y no sabía cómo enviarte esto (¿y si lo abrían en la aduana?), ¡pero entonces apareció Hedwig! Creo que quería asegurarse de que, para variar, recibías un regalo de cumpleaños.

—Una lechuza muy inteligente— alabó Hagrid.

Los profesores asintieron, de acuerdo con las palabras del profesor de Cuidado de las Criaturas Mágicas.

El regalo te lo he comprado por catálogo vía lechuza. Había un anuncio en El Profeta (me he suscrito, hay que estar al tanto de lo que ocurre en el mundo mágico).

Fugde y Umbrigde asintieron con la cabeza, aunque esta última de mala gana.

¿Has visto la foto que salió de Ron y su familia hace una semana? Apuesto a que está aprendiendo montones de cosas, me muero de envidia... los brujos del antiguo Egipto eran fascinantes.

Los gemelos rieron por lo bajo, mientras que Hermione se cruzaba de hombros indignada. Ron, al percatarse de aquella acción en su amiga, le tomó la mano con suavidad, intentando que se relajara. Ella, al sentir la mano de Ron, se relajó un poco y le sonrió. Le gustaba cuando él tenía ese tipo de gesto con ella.

Aquí también tienen un interesante pasado en cuestión de brujería. He tenido que reescribir completa la redacción sobre Historia de la Magia para poder incluir algunas cosas que he averiguado. Espero que no resulte excesivamente larga: comprende dos pergaminos más de los que había pedido el profesor Binns.

—Hermione— gimió la mitad del comedor, mientras la otra la miraba perplejo.

Hermione se encogió de hombros al tiempo que los profesores sonreían satisfechos.

Ron dice que irá a Londres la última semana de vacaciones.

¿Podrías ir tú también? ¿Te dejarán tus tíos?

—Sí y sí— respondió Sirius, mirando detenidamente a Vernon, quién miraba sereno en dirección a su hijo.

Espero que sí. Si no, nos veremos en el expreso de Hogwarts el 1 de septiembre.

Besos de Hermione

Posdata: Ron me ha dicho que Percy ha recibido el Premio Anual. Me imagino que Percy estará en una nube.

—Lo estaba— reconoció Percy, ruborizando.

Los demás rodaron sus ojos.

A Ron no parece que le haga mucha gracia.

Ron asintió de acuerdo con él mismo, mientras Percy rodaba los ojos.

Harry volvió a sonreír mientras dejaba a un lado la carta de Hermione y cogía el regalo. Pesaba mucho. Conociendo a Hermione, estaba convencido de que sería un gran libro lleno de difíciles embrujos,

Sirius, Fred y George gimieron.

pero no. El corazón le dio un vuelco cuando quitó el papel y vio un estuche de cuero negro con unas palabras estampadas en plata: EQUIPO DE MANTENIMIENTO DE ESCOBAS VOLADORAS.

—Increíble— murmuró Sirius atónito.

—Impresionante— apuntó Fred.

—Maravilloso— añadió George.

—El mejor regalo de todos— concluyeron los amantes del quidditch, babeando.

Hermione volvió a sonreír, satisfecha de sí misma; pero ruborizada.

¡Ostras, Hermione! —murmuró Harry, abriendo el estuche para echar un vistazo.

—Una buena reacción— rió Fred.

—¡Oh, cierra tu boca, Fred! — dijo Harry, haciéndole un gesto a su primo para que siguiese leyendo.

Contenía un tarro grande de abrillantador de palo de escoba marca Fleetwood, unas tijeras especiales de plata para recortar las ramitas, una pequeña brújula de latón para los viajes largos en escoba y un Manual demantenimiento de la escoba voladora.

—¡Wow! — exclamaron los jugadores de quidditch, abriendo sus ojos.

Después de sus amigos, lo que Harry más apreciaba de Hogwarts era el quidditch,

Igual a James Pensaron Sirius y Remus con nostalgia. Ambos estaban seguros que si su amigo estuviera aquí, se sentiría orgulloso de su hijo.

el deporte que contaba con más seguidores en el mundo mágico.

Los seguidores asintieron.

Era muy peligroso, muy emocionante, y los jugadores iban montados en escoba.

Harry era muy bueno jugando al quidditch. Era el jugador más joven de Hogwarts de los últimos cien años.

Gryffindor aplaudió.

Uno de sus trofeos más estimados era la escoba de carreras Nimbus 2.000.

Harry agachó la cabeza en memoria de su Nimbus 2.000

Harry dejó a un lado el estuche y cogió el último paquete. Reconoció de inmediato los garabatos que había en el papel marrón: aquel paquete lo había enviado Hagrid, el guardabosques de Hogwarts.

Hagrid miró con curiosidad al libro. Quería leer cómo se las había arreglado Harry con "El Monstruoso libro de los Monstruos", aunque comprendía que no sería agradable saberlo.

Harry, aunque se sentía furioso con aquella penosa escena, rió por lo bajo. Sería humillante y divertido a la vez leer eso, por lo que le hizo, nuevamente, una seña a su primo para que continuase leyendo.

Desprendió la capa superior de papel y vislumbró una cosa verde y como de piel, pero antes de que pudiera desenvolverlo del todo, el paquete tembló y lo que estaba dentro emitió un ruido fuerte, como de fauces que se cierran.

Dudley miró atónito aquellas palabras, preguntándose qué cosa era ese regalo. Y a juzgar por la mirada de los demás, ellos también se hacían la misma interrogante. Rápidamente, volvió a leer.

Harry se estremeció. Sabía que Hagrid no le enviaría nunca nada peligroso a propósito, pero es que las ideas de Hagrid sobre lo que podía resultar peligroso no eran muy normales:

—Exacto— dijeron Minerva, Arthur, Molly, Sirius y Remus.

Hagrid se sonrojo.

Hagrid tenía amistad con arañas gigantes; había comprado en las tabernas feroces perros de tres cabezas; y había escondido en su cabaña huevos de dragón (lo cual estaba prohibido).

Dudley chilló al leer la última parte, preguntándose la razón por la que su primo conocía aquellas cosas de Hagrid. Pero sabía que tendría que preguntárselo a Harry para saberlo. Suspiró y volvió a leer.

Harry tocó el paquete con el dedo, con temor. Volvió a hacer el mismo ruido de cerrar de fauces. Harry cogió la lámpara de la mesita de noche, la sujetó firmemente con una mano y la levantó por encima de su cabeza, preparado para atizar un golpe. Entonces cogió con la otra mano lo que quedaba del envoltorio y tiró de él.

—Excelente, Harry— aplaudió Hagrid.

—Todavía falta, Hagrid. No cantes victoria— le aconsejó Harry, volviéndose color rojo y pidiéndole con la mano a su primo que continuase leyendo.

Todos lo miraron confundidos, incluyendo a Dudley. Este último asintió y continúo leyendo.

Cayó un libro. Harry sólo tuvo tiempo de ver su elegante cubierta verde, con el título estampado en letras doradas, El monstruoso libro de losmonstruos,

Los alumnos de tercero, cuarto y quinto gimieron. Ese libro había sido un dolor de cabeza para ellos.

Hagrid se encogió de hombros ruborizado antes de que la lectura siguiese.

antes de que el libro se levantara sobre el lomo y escapara por la cama como si fuera un extraño cangrejo.

Oh... ah —susurró Harry.

Buena reacción— rió George.

Harry, en respuesta, pidió a Dudley que continuase. Él lo hizo sin demoras.

Cayó de la cama produciendo un golpe seco y recorrió con rapidez la habitación, arrastrando las hojas. Harry lo persiguió procurando no hacer ruido.

La gente rió por lo bajo, imaginando a Harry tratando de atrapar al libro.

Se había escondido en el oscuro espacio que había debajo de su mesa.

Rezando para que los Dursley estuvieran aún profundamente dormidos,

Lo estábamos Pensó Dudley, sonriendo.

Harry se puso a cuatro patas y se acercó a él.

¡Ay!

El libro se cerró atrapándole la mano y huyó batiendo las hojas, apoyándose aún en las cubiertas. Harry gateó, se echó hacia delante y logró aplastarlo.

El comedor seguía riendo, mientras Harry escondía su cabeza en el pecho de Ginny.

Tío Vernon emitió un sonoro ronquido en el dormitorio contiguo.

Y no lo escuche Se lamentó Vernon, entrecerrando los ojos.

Hedwig y Errol lo observaban con interés mientras Harry sujetaba el libro fuertemente entre sus brazos, se iba a toda prisa hacia los cajones del armario y sacaba un cinturón para atarlo.

El comedor rió a carcajadas. Había sido muy gracioso aquello.

—¡Vamos! — siseó Harry—. A puesto que ustedes— apuntó a sus compañeros de quinto—, también les sucedió algo parecido.

Al instante, esos alumnos se callaron, ya que él tenía razón. A ellos les había costado frenar a ese libro.

Satisfecho con su intervención, Harry le pidió a su primo que siguiese leyendo.

El libro monstruoso tembló de ira, pero ya no podía abrirse ni cerrarse, así que Harry lo dejó sobre la cama y cogió la carta de Hagrid.

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños!

He pensado que esto te podría resultar útil para el próximo curso.

Los de ese año asintieron, mientras que Sirius, Remus, Bill, Charlie, Molly, Arthur y Tonks miraban confundidos al libro.

De momento no te digo nada más. Te lo diré cuando nos veamos. Espero que los muggles te estén tratando bien.

Con mis mejores deseos,

Hagrid

A Harry le dio mala espina que Hagrid pensara que podía serle útil un libro que mordía,

—Y lo fue— reconoció Harry, sonriendo.

Hagrid se ruborizo.

pero dejó la tarjeta de Hagrid junto a las de Ron y Hermione, sonriendo con más ganas que nunca. Ya sólo le quedaba la carta de Hogwarts.

Harry frunció el ceño. Esa carta era buena, pero había resultado mala.

Percatándose de que era más gruesa de lo normal, Harry rasgó el sobre, extrajo la primera página de pergamino y leyó:

Estimado señor Potter:

Le rogamos que no olvide que el próximo curso dará comienzo el 1 de septiembre. El expreso de Hogwarts partirá a las once en punto de la mañana de la estación de King's Cross, anden nueve y tres cuartos.

A los alumnos de tercer curso se les permite visitar determinados fines de semana el pueblo de Hogsmeade.

Harry gruñó en dirección a sus tíos muggles. E increíblemente, Sirius, Remus, Hermione, Ron y otros tanto, imitaron ese sonido.

Vernon y Petunia se miraron antes de estremecerse y tragar saliva. Los magos no iban a estar contentos con lo que sucedió. De eso no había duda alguna.

Le rogamos que entregue a sus padres o tutores el documento de autorización adjunto para que lo firmen.

Sirius le envió una mirada envenenaba a Vernon, quién tembló.

También se adjunta la lista de libros del próximo curso.

Atentamente,

Profesora M. McGonagall

Subdirectora

Harry extrajo la autorización para visitar el pueblo de Hogsmeade, y la examinó, ya sin sonreír.

Harry suspiró resignado, ignorando el centenar de miradas que se dirigieron a él.

Sería estupendo visitar Hogsmeade los fines de semana; sabía que era un pueblo enteramente dedicado a la magia y nunca había puesto en él los pies. Pero ¿cómo demonios iba a convencer a sus tíos de que le firmaran la autorización?

Vernon y Petunia se volvieron a mirar. No sería nada bueno para la integridad de ellos.

Sirius y Remus, en tanto, entrecerraban los ojos.

Miró el despertador. Eran las dos de la mañana.

Decidió pensar en ello al día siguiente, se metió en la cama y se estiró para tachar otro día en el calendario que se había hecho para ir descontando los días que le quedaban para regresar a Hogwarts. Se quitó las gafas y se acostó para contemplar las tres tarjetas de cumpleaños.

Sirius y Remus sonrieron. Les gustaba que su ahijado tuviese amigos tan buenos.

Aunque era un muchacho diferente en muchos aspectos, en aquel momento Harry Potter se sintió como cualquier otro: contento, por primera vez en su vida, de que fuera su cumpleaños.

Harry sonrió al igual que más de la mitad del comedor.

—Es el final— anunció Dudley, suspirando y entregándole el libro a Albus.

—Gracias, joven Dursley— le sonrió Dumbledore.

Dudley se ruborizo y se fue a sentar al lado de sus padres. Le había gustado leer un capítulo.


Hola a todos

Volví y siento el retraso, pero la Universidad, sus clases y la práctica me tienen ocupada. Pero bueno, ya esta el capítulo.

Y quiero agradecer a todos mis lectores, me han hecho muy feliz...es que no me creo...89 review...89...veo mi cuenta y me asombro, ya que pensé que por ser un preámbulo serían a lo menos 40 a 50 comentarios, pero me equivoqué. Se han pasado, en serio...me siento feliz de que tanta gente lea esto...Y añado y reitero, por favor, y de rodillas, no enviar review pidiendo actualización porque me estresan más de lo que ya estoy...no añadan un peso encima...recuerden que siempre, aunque me demore, actualizaré.

En fin, respondo review anónimos.

-Juliana: Hola!, Sí, es genial empezar otro libro. Se siente muy bien. Espero que sea tan excelente como los dos anteriores, pero de ante mano habrá muchas sorpresas y cosas que no esperan para nada. Bueno, me demoré un poco en subir el primer capítulo de lectura, sin embargo, ya lo hice. Gracias a ti por leer y por este review. Besos.

-Jazminblack: Hola!, Me siento bien de comenzar este libro, que por lo visto es el favorito de muchos ( me incluyo). Ya seguí, pero saben que siempre tienen que esperar a que su autora pueda conseguir un rato libro para escribir, ya que demanda mucho tiempo. En fin. Besos.

-ileiza: Hola! Me alegra haberte hecho feliz con la actualización. Yo te entiendo cuando dices que la U es una tortura, así que, nada más que decir. Gracias por no presionarme a actualizar. Ya todos saben que no me gustan las presiones porque todos tenemos una vida por detrás y muchas cosas que hacer. Es un peso extra el que se te pone en la espalda cuando te insisten en que actualices, en fin…. Gracias por respetar la decisión de la mayoría por incluir a Teddy. Oh, espera y verás las sorpresas ( no spoiler). Besos.

-JENFER: Hola!, dije que avisaría cuando empezaría la historia y cumplo con lo que digo. Me alegro también que te hayas divertido por un rato. Y sí, cuando tengo tiempo escribo, que en estas últimas semanas ha sido escaso. Los estudios son lo más importante en estos momentos para mí, gracias por entender. Besos.

-Alejo Lestrange: Hola!, Muy maravilloso, como bien dices, es empezar este libro. Es uno de los favoritos de la mayoría. Ya está el primer capítulo. Besos.

-caro: Hola! Yo igual estoy emocionada con este libro, me gusta. Y ya lo estás leyendo. Por lo menos ganó la opción que quería, ¿no? Besos.

-erandy c: Hola! Sí, genial con este libro. Y espero que no haya sido tan impaciente la espera.

-CapaPluma279: Hola! A mi también me gusta el tercer libro ( no es sorpresa para nadie XD) Y ya empezó. Disfrutalo. Besos.

-CHI:Hola! me alegra saber que estás feliz porque empiece y porque venga Teddy. Besos.

-Andres: Hola! A ti y a muchos otros nos encanta este libro. Gracias por el halago, me pongo roja. Besos.

-Jackeline M: Hola! Yo igual esperaba empezar pronto. Me alegra saber que a ti también. Besos.

-KamiiLupinBlack: Hola! Me alegra saber que te encante la historia y todo lo que pasó en los dos libros anteriores. Yo espero que con este sea lo mismo. Besos.

-Jessie Potter Bl: Hola! Me alegra que te encante. Y ya comenzamos con este libro, espero que lo disfrutes...¡En serio extrañabas a Umbrigde? Sin duda la cara de sapo es chistosa...jajajajaj XD. Besos.

-vale: Hola!, ya continúe. Besos.

-Potter Evans: Hola! No podía contentar a todo el mundo, pero me conformo con que sigas leyendo. Besos.

-Krishie26: Hola! ya actualice. Espero lo disfrutes. Besos.

-mell straberry: Hola! y wow, el tuyo fue uno de esos review que me estreso porque justo estaba haciendo un trabajo en la sala de computación de la Uni...lo siento, pero soy franca. Espero no te moleste, sin embargo, ahora que lo leo mejor, la primera línea es chistosa...jajajaja XD ¿me darás el abrazo igual?Pongo una cara parecida a la del gato con botas...Besos.

-guest: Hola! Paciencia, ya actualice. Besos.

-Ariana: Hola y ya actualice. Besos.

-Guest 2: Hola! Ya sabes porque no actualizo. Besos.

-Ann D.A: Hola! Me alegro que te haya conquistado mi idea. Me pone feliz saberlo y más cuando me dicen que re leen la historia, esperando a que actualice. Es genial. Vendrán más sorpresas y reacciones. Paciencia. Gracias por las felicitaciones. Besos.

-ARI123: Hola! ya lo hice. Besos.

-katesnape: Hola! Me alegro que te guste la historia. Y me encantaría avanzar más rápido, pero no se puede. Ya verás cómo sigue avanzando la relación Harry y Dudley. Besos.

-Fiore: Hola! y ya actualice. Besos.

Y a todos los demás, besos y nos leemos en los review. Los amo.