Los fragmentos de canción que aparecen en este capítulo son de "Love on the rocks", interpretados por Neil Diamond.
II
Pasan algunos días con un ritmo normal. Misao ya dominaba rápidamente la rutina que tiene que hacer todos los días con la rutina militar. Ella despertaba un poco antes del alba por el toque del clarín. Se levantaba y se daba un regaderazo rápido para espabilarse porque en punto de las 6:00 am tenía que presentarse para pasar lista.
Ya un poco más tarde, hacía mandados ligeros y correos internos. Por unos ratos, hacía de vigía en la oficina del Coronel en caso que llegara alguna molesta presencia, o de algún jefe supremo o en el menor de los casos cuando en verdad era una emergencia, no tenía más remedio que aceptar la visita.
-Si ve al tonto de Hughes que viene acá, dígale que no estoy para sus estupideces y que se abstenga a verme –le advertía Roy, pero casi la mayoría de las veces de poco o nada servía, de alguna u otra forma forma Hughes se colaba a la oficina.
A veces también ayudaba en la biblioteca junto con Scieska a organizar los libreros, acomodar las repisas y limpiarlas y ese tipo de menesteres.
Alrededor del mediodía, iba al comedor. Llegaba sola, pero en cuanto se disponía a almorzar, casi todos los días Alphonse la acompañaba. En cuanto tuvo ese cómico pero terrorífico encuentro con él, empezaron a formar una gran amistad.
-¿Qué tú no comes? –preguntó ella un tanto curiosa pero a la vez azorada.
-Pues no tengo esa necesidad, ya que mi cuerpo no está aquí. Me encantaría seguir acompañándote, pero tengo que ir con mi hermano a la biblioteca a buscar algunas cosas.
-Bueno, ya de todos modos voy a terminar. Espero verlos después.
Al se retiró y en cuanto Misao iba a comer el último bocado de un pedazo de manzana con yogurt, Hughes se acercó a su mesa y se sentó así sin más, sintiéndose como Juan en su casa.
-¿Quieres ver algo lindo hoy?
-Creo que ya he visto muchas fotos de su hija, por lo menos déjeme terminar mis sagrados alimentos.
-¿Qué acaso ya me volví tan predecible? Bueno, no importa…¡cómo no he de querer a mi pequeño y hermoso girasol! –exclamó feliz mientras mostró una foto en que salía Elysia con un pequeño ramos de girasoles. Misao la vio, pero le importó más engullir el pedazo de fruta que estaba a punto de comer.
-¿Me permite que le diga algo en buen plan? ¡Usted en serio que necesita ayuda! –lo miró a los ojos y enseguida se levantó y se fue.
Rato después regresó a las oficinas a presentarse con la Teniente Riza Haweke, que ella era la que la ponía al tanto de las ocupaciones y deberes como Estatal. Digamos que la Teniente era su jefa más inmediata. En cuanto había alguna novedad o una orden, la Teniente le entregaba todo por escrito. De hecho, esos escritos eran escasos y a veces tenía tiempo muerto.
Ya cerca del crepúsculo y cuando todo el lugar estaba tranquilo, platicaba con algunos otros reclutas y/o jugaba ajedrez u otros juegos de mesa. Lo único que sí estaba estrictamente prohibido por el mismo Coronel eran los juegos de azar. Otro de sus pasatiempos era pelearse con Edward, el hermano de Alphonse. Mientras que ésta le decía enano o microbio, Ed le devolvía el insulto llamándola niña patiflaca. A pesar de esas escaramuzas, ella también lo consideraba su amigo, muy en el fondo. Finalmente, cerca de las 9:30 pm regresaba a su cubículo (porque las mujeres estaban separadas de las habitaciones masculinas), acomodaba su cama y a veces leía o simplemente cerraba sus ojos y no los abría hasta el día siguiente.
En una buena tarde un tanto calurosa, a Misao le encargaron de buscar unos documentos en la oficina del Coronel Mustang. Lo hizo, pero no con muy buena disposición, ya que no quería toparse con él y estando de mal humor.
-El Coronel está con los jefes de arriba –le dijo la Teniente Hawkeye. –Hay un sobre tamaño carta color blanco con un sello grande y está casi a la vista del armario. Ve y tráelo, por favor.
Y así, Misao fue a la oficina. Llegó y abrió el armario, y pues más bien parecía un pequeño almacén, ya que había algunos estantes con cajas. Encontró el sobre. Pero ella no se fijó que la ventana de la oficina estaba abierta y que había dejado también la puerta de entrada, por lo que de repente apareció de súbito una fuerte corriente de aire y la encerró por dentro en el almacén.
-¡Oigan! ¡Me quedé encerrada y necesito ayuda! –golpeteó la puerta y gritó para que alguien la rescatara. Siguió insistiendo, pero estuvo haciendo eso por casi media hora, nadie pasaba por la oficina ni por error.
Resignada y con la garganta casi seca de tanto alzar la voz, se sentó en el suelo. Cerró los ojos y trató de calmarse. Ya estaba en esas cuando oyó unos pasos que se dirigían a la oficina, de hecho, dos personas caminaban al lugar. Misao vio por el agujero del picaporte y era el Coronel que amenazaba al Teniente Havoc si no dejaba el asqueroso vicio del cigarro.
-Perdóneme, Coronel. Ahora sí que no voy a fumar en estas instalaciones, se lo juro –suplicaba Havoc patéticamente por si vida y casi de rodillas.
-No logro entender por qué estoy rodeado de inútiles aquí –resolló inquieto Roy.
Ella iba a avisarles que la sacaran de ese rincón oscuro, pero se detuvo al ver que Roy se acercó lentamente a su acompañante y lo agarró de la parte del cuello de la camisa y con esa fuerza lo hizo incorporarse.
-¡Ésta es la última que haces, Jean! –le dijo y le plantó un gran beso. Y Misao quedó completamente patidifusa.
Love on the rocks
Ain't no surprise.
Just pour me a drink
And I'll tell you some lies.
Got nothing to lose
So you just sing the blues
All the time...
El Coronel se acercó al escritorio y sacó una pequeña botella a la mitad de whisky del cajón del lado derecho. Le quitó el tapón y dio tres grandes tragos.
-Necesitaba quitarme la odiosa esencia del tabaco de tu boca –dijo él y se quitó el resto de licor alrededor de sus labios con la mano.
-¿No se supone que está aún en horas de servicio? –preguntó Havoc con una sonrisa un tanto maliciosa.
-¡Cállate! Podría decirse que tú y yo estamos en la misma situación, somos un par de adictos. Tú al tabaco y yo a esto –tomó la botella y la volvió a guardar al sitio de donde estaba. –Además –continuó –no soy cualquiera para que me emborrache con sólo unos cuantos tragos.
Gave you me heart
Gave you my soul.
You left me alone here
With nothing to hold.
Yesterday's gone
Now all I want is a smile…
Roy le hizo un ademán a Havoc para que se acercara a él. Él obedeció. Havoc abrazó a Roy y sus labios recorrían su oído, su cuello. En tanto, Misao seguía boquiabierta por la escena que estaba presenciando, pero no pudo evitar ruborizarse ni gustarle todo ese arrumaco. Su mano recorrió su propio cuello y con la otra mano acariciaba sus muslos.
-Tu esencia me envolverá de nuevo, pero quiero que estés aquí conmigo –le susurró Roy a su amante.
First they say they want you
How they really need you, suddenly you find you're out there
Walking in a storm.
And when they know they have you
Then they really have you-
Nothing you can do or say
You've got to leave, just get away
Beyond the storm...
Roy le quitó la camiseta negra que Havoc vestía, lo admiró por unos instantes y sus manos y su lengua hacían las delicias de la pasión. Misao sintió que su temperatura corporal subía y que poco a poco la excitación la dominaba. El clímax llegó y por unos momentos se quedó inmóvil. Pudo ver cómo el Coronel y Havoc no continuaron con la lujuria, pero su amor estaba latente en esa oficina.
Love on the rocks
Ain't no big surprise.
Just pour me a drink
And I'll tell you some lies.
Yesterday's gone
And now all I want
Is a smile...
La chica volvió a quedarse sola y encerrada. De pura casualidad Edward pasó por la oficina y oyó los golpes que provenían del almacén. Embistió la puerta con su brazo de automail y ella salió velozmente.
-¿Por qué tienes la cara roja como un tomate? –le preguntó Ed ya cuando caminaban por los pasillos.
-Pues cómo no iba a estar así de acalorada…¡estuve sin aire por casi una hora! –replicó ella cubriéndose la cara con ambas manos.
Cayó la noche y cuando Misao se disponía a dormir, volvió a recordar lo que había visto, ese cosquilleo en el estomago que había sentido volvió, pero no la había inundado como en aquella tarde.
Continuará…
